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¿Plagas o seres humanos?

Domingo, marzo 17th, 2013

Qué mejor que estos días de uno de los inviernos más normales que recuerdo en los últimos años para visionar en DVD la espectacular serie documental de la BBC Nature: “Planeta helado” (forzen planet, 2011), la última –hasta el momento- dirigida por Sir David ATTENBOROUGH, el popular naturalista y divulgador científico y Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2009.

Tras las exitosas “Planeta Azul” y “Planeta Tierra”, esta “gélida” serie nos permite conocer los misterios de estos inhóspitos lugares del Planeta, desde el menguante ártico hasta el remoto continente Antártico (que contiene el 75% del agua dulce de la tierra y es la concentración más grande de hielo sobre el Planeta). Un viaje extraordinario y un regalo visual hasta los “confines de la Tierra”, a lo largo de las peculiares estaciones climáticas, desde el superlativo y oscuro invierno hasta el corto verano, pleno de abundacia de biodiversidad. Contiene secuencias inolvidables como el trabajo colaborativo de los pingüinos rey para protegerse de las sobrecogedoras ventiscas invernales, o las encarnizadas luchas de los osos polares por conquistar a la hembra. En fin, que no puedes perderte esta nueva joya documental que nos presenta el longevo divulgador británico.

Aun reconociendo mi admiración por David ATTENBOROUGH debo confesar que no me gustaron sus afirmaciones vertidas en una entrevista a la revista Radio Times, a finales del pasado mes de enero, manifestando que “los humanos son una plaga sobre la Tierra” y que, si queremos sobrevivir, hay que poner todos los medios para controlar el crecimiento de la población. No es la primera vez que expresa la idea de que los seres humanos estamos destruyendo el Planeta. En casi todos sus documentales aparece alguna referencia al sombrío futuro que nos espera. En esto me recuerda bastante a su compatriota, el científico James LOVELOCK (“La Tierra se agota” es su último libro publicado en 2011). Los dos comparten un pesimismo existencial, fruto sin duda de un profundo conocimiento del estado ambiental de nuestro Planeta.

Consciente de los muchos y variados problemas ambientales de nuestro mundo –que procuramos reflejar en este blog-  me resisto a calificar a nuestros congéneres como una “plaga”. Hace muchos años que cayeron en mis manos algunas obras de los defensores de la “ecología profunda” (“deep ecology”) con planteamientos similares -sin duda anti-humanistas- que me impactaron en mis primeras lecturas ecologistas. Conforme pasa el tiempo, cada vez estoy convencido de que el ser humano -que origina, en efecto, tan graves problemas- es el único que puede salvarnos de esta situación de crisis ambiental.

Ya sé que algunos ecologistas extremos (ciertos defensores del “biocentrismo”) defienden que lo mejor que puede suceder es que se extinga el último ser humano para que el Planeta no siga sufriendo nuestros desvaríos antropocéntricos. Pues yo me autodeclaro “antropocentrista moderado” que quiero lo mejor para este hermoso mundo –nuestra “casa común”-, para todos los seres vivos, en todos los ecosistemas, hasta los confines del Planeta. Mucho hemos aprendido acerca de la alteración de los procesos ecológicos y del respeto de los ciclos biológicos, y mucho nos queda todavía por aprender para proteger, mejorar y conservar –respetar- nuestro “pequeño mundo”.

Que somos muchos seres humanos en el Planeta -alega David ATTENBOROUGH y otros muchos autores- como causa principal de todos nuestros problemas ambientales no siempre es tan fácil de demostrar. El reciente estudio de la consultora PricewaterhouseCoopers, titulado “El mundo en 2050. Los BRIC y más allá: pronósticos, desafíos y oportunidades” augura que, además de triplicar el PIB mundial a costa de calentar 6º el Planeta, seremos 9.000 millones de personas pero apenas crecerá la población en occidente. Que nos lo digan a la “vieja Europa”.

Sin poner en discusión la innegable “explosión demográfica” en el siglo XX, algunos demógrafos hablan de una “transición demográfica” hasta la estabilización de la población mundial hacia 2100 en 11.000 millones de personas. Y también parece claro que algunos países (generalmente los de mayor desarrollo económico) están comenzando a sufrir una “implosión demográfica” (véase el interesante artículo de David BROOKS en el New York Times expresivamente titulado “the fertility implosion”).

Hay muchas plagas que erradicar de nuestro convulso mundo pero no, por cierto, a los sufridos seres humanos. La plaga del “consumismo”, del despilfarro de recursos, de la intolerancia, de la insolidaridad, de la desigualdad, … en definitiva, todo errático indicio de inhumana autodestrucción, eso es lo que, a mi juicio, hay que desterrar para siempre.

Ahorro + Eficiencia… en el futuro de la energía

Domingo, octubre 28th, 2012

Esta noche hemos dormido (o podido dormir) una hora más gracias al cambio horario que, desde aproximadamente el año 1981, se produce en muchos países de Europa en vitud de una Directiva comunitaria que persigue el ahorro energético. En realidad, el “cambio de hora” (“dayling saving time” en su expresión) fue inventado por el constructor inglés Willian WILLET en 1905 y se generalizó por todo el mundo (en particular en el hemisferio norte) a partir de la “crisis del petróleo” de 1974.

¿Realmente se logra ahorrar energía con esta medida? o bien, lo único que provoca es que algunos seres humanos suframos en nuestro “reloj biológico” perjudiciales perturbaciones. En nuestro país, el Instituto para la Divesificación y Ahorro de la Energía (IDAE) se encarga de informarnos cada año, puntualmente, que el ahorro en el consumo de energía eléctrica, entre los meses de marzo a octubre, puede llegar al 5% equivalente a unos 300 millones de euros (90 millones de ahorro en los hogares y el resto repartido entre los edificios del sector de servicios y la industria). Pero hay quien discute con argumentos que tal ahorro es más bien ficticio porque lo que se ahorra por la noche se gasta por la mañana y viceversa.

Sea lo que fuere, lo cierto es que el ahorro energético es uno de los compromisos que la Unión Europea se propuso en 2006 (el “paquete de medidas 20-20-20”) entre los que se encuentra (además de la reducción de las emisiones en un 20% y el aumento de las energías renovables en un 20%) el objetivo de lograr de aquí hasta el 2020 un ahorro del 20% del consumo anual de energía primaria. Ahora bien, el ahorro energético va intimamente unido a la eficiencia energética que se concreta en un conjunto de normas mínimas de rendimiento energético y normas sobre el etiquetado, aplicables a los productos, a los servicios y a las infraestructuras.

Justo antes del verano, a mediados del mes de junio, se logró un acuerdo para consensuar la nueva Directiva Europea de Eficiencia Energética, finalmente aprobada por el Parlamento Europeo y por el Consejo de Ministros el pasado mes de septiembre con el voto en contra del España y Portugal. Esta Directiva ofrece, pese a haberse limitado los objetivos previstos en la propuesta inicial, un gran potencial: reducción de la factura energética de la UE (y por consiguiente de sus dependencia energética), la reducción de las emisiones de CO2, la creación de puestos de trabajo, el impulos al I+D, ventajas para los consumidores, etc. Como han señalado destacados expertos, como Pedro LINARES, la eficiencia es un elemento básico para salir de la crisis.

Como no recordar aquí el enorme impacto que produjo en mi aquella obra ya clásica que bajo el sugerente título: “Factor 4. Duplicar el bienestar con la mitad de los recursos naturales”, informe presentado al Club de Roma por E. U. VON WEIZSÄCKER, L. H. LOVINS y A. B. LOVINS (publicado en España en 1997 por la editorial Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores). Es cierto que sólo el ahorro por el ahorro no es suficiente para lograr los ambiciosos objetivos de la Unión Europea  sino que éste debe ir unido al proceso tecnológico de la  eficiencia energética y de eco-innovación.

En los informes publicados en 2010 y en 2011 por el equipo de Economics for Energy con la colaboración de Bloomberg New Energy, sobre el “Potencial económico de reducción de la demanda energética en España”, se ponen de manifiesto la considerables posibilidades de ahorro de los costes energéticos en el sector público y en el privado, teniendo en cuenta el escenario tendencial existente en la actualidad.  Una reducción de aquí al 2030 que alcanzaría el 26% respecto de la demanda previsible en ausencia de cambios tecnológicos (de eficiciencia energética que de producirse podría suponer una reducción adicional del 19% respecto del escenario previsible en 2030).

Soy de los que piensa que en nuestra sociedad opulenta que parece desmoronarse hay un gran despilfarro de recursos energéticos –que vienen del fuera- que es preciso frenar. Y de nuevo los expertos parece indicarnos que es posible vivir mejor con menos.

El desarrollo sostenible como “tercera dimensión del olimpismo”

Viernes, agosto 10th, 2012

A punto de terminar en Londres la 30ª edición de los Juegos Olímpicos, quizá sea interesante saber que en su preparación y en su desarrollo se han tenido en cuenta una serie de parámetros que permiten calificarlos de sostenibles.

En realidad la introducción de la perspectiva ambiental en el movimiento olímpico tiene una historia relativamente larga. Justo, poco antes de comenzar los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, tuvo la lugar la histórica Cumbre sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro. En la olímpica Ciudad Condal hubo ya algún guiño ambiental, donde todas las Federaciones Internacionales y Comités Olímpicos Nacionales firmaron “el Pacto por la Tierra” (Earth Pledge), comprometiéndose a contribuir a hacer del mundo un sitio más seguro.

Pero, propiamente, fueron los Juegos Olímpicos de Invierno, celebrados en Lillehammer (Noruega) en 1994, los primeros que tuvieron en cuenta de forma explicita las consideraciones ambientales. Un hito fundamental fue la creación en el seno del Comité Olímpico Internacional (COI) de la “Comisión sobre Deporte y Medio Ambiente” (1995) encargada de velar, en adelante, por la gobernanza ambiental del Movimiento Olímpico. Además el COI entabló desde entonces una alianza con el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) para fomentar en el deporte el desarrollo sostenible (y, desde el 2003, se ha creado en el mismo un área específica de trabajo sobre “sport and environment”).

En 1996 una enmienda de la “Carta Olímpica” (la Carta Magna del movimiento olímpico) introdujo el medio ambiente como el “tercer pilar del olimpismo” junto al deporte y la cultura. El nuevo apartado 2,13 de la Carta añade a las funciones del COI la de velar “porque los Juegos Olímpicos se desarrollen en condiciones que revelen una actitud responsable ante los problemas del medio ambiente y estimulará al Movimiento Olímpico a que se preocupe de estos problemas, tenga en cuenta esta preocupación en todas sus actividades y sensibilice a todas las personas relacionadas con el Movimiento Olímpico sobre la importancia de un desarrollo sostenible”.

Y a partir de aquí, la preocupación por el medio ambiente en los Juegos Olímpicos no ha dejado de crecer y de concretarse en diversos instrumentos: Manual sobre Deporte y Medio Ambiente (COI, 1997), Agenda 21 del Movimiento Olímpico (COI, 2000), Guía de Deporte, Medio Ambiente y Sostenibilidad (COI, 2005)…; periódicas conferencias y congresos internacionales sobre “deportes y medio ambiente” (el último celebrado en Doha, 2011). Las Olimpiadas de Sydney de 2000 ya se diseñaron plenamente desde esta sensibilidad ambiental. Las de Atenas de 2004 se centraron en desarrollar una infraestructura de transportes que redujera la contaminación atmosférica en el entorno de la ciudad olímpica. En China, las Olimpiadas de Beijing de 2008, promovieron un fuerte debate sobre las malas condiciones ambientales para el desarrollo de las pruebas olímpicas, lo cual obligó al Gobierno chino a aprobar medidas drásticas para reducir, al menos durante la celebración de los juegos, de la contaminación existente en el cinturón de la capital china.

Ahora en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 se ha visto el gran esfuerzo que se ha hecho por parte de su Organización a favor de la sostenibilidad ambiental de los Juegos –ya desde su primeros pasos- con la fijación con los grupos de interés de una serie de objetivos prioritarios –que se contemplan en el documento “Pre-games Sustainability Report”-: reducir la huella de carbono de los juegos, lograr el objetivo de “cero-residuos”, promover un sistema de accesibilidad y sostenibilidad del transporte, utilizar los Juegos como un ejemplo de beneficio económico derivado de la sostenibilidad, fomentar un estilo de vida sostenible en la ciudad olímpica que permita visibilizar sus ventajas (también en los que se refiere a la alimentación) y, finalmente, diseñar el “Olimpic Park” como un legado que contribuya a la regeneración de varias zonas urbanas del este de Londres (tambien se ha utilizado la “construccion sostenible” en los diversos edificios de la ciudad olimpica). Y, además, por primera vez en unos Juegos Olímpicos se ha sometido a una certificación ambiental (la British Standard 8901: Specification for a Sustainability Management Systems for Events).

En definitiva, a la belleza de la actividad humana desarrollada en los Juegos Olímpicos, esta tercera dimensión del olimpismo contribuye a preservar y mejorar el entorno natural en que se desenvuelve la mayor parte de los deportes olímpicos. Y, lo que es mas importante, la concurrencia en las Olimpiadas de la casi totalidad de los países del Planeta es una inigualable oportunidad de promover la conciencia ecológica y la necesario solidaridad entre todos los pueblos.

El Planeta a presión en la “era del Antropoceno”

Sábado, abril 7th, 2012

Los pasados días 26 a 29 de marzo ha tenido lugar en el Capital Hall International Convention Centre de Londres el congreso internacional que ha llevado por título Planet under Pressure: new knowledge towards solutions (aunque todo el mundo ha traducido: “Planeta bajo presión” a mi se suena mejor traducirlo “Planeta a presión”). Más de 3000 participantes –en su mayor parte provinientes del mundo científico- de más de 80 paises se han dado cita en la capital londinense para hablar del estado ambiental del Planeta, de los retos que la Humanidad tiene por delante para su salvaguardia y de las posibles medidas que pueden adoptarse. En realidad esta reunión científica es como un aperitivo de la magna cumbre –más política- que tendrá lugar el próximo mes de junio en Río de Janeiro (conocida como “Rio+20”).

Para los que nos apasiona el medio ambiente hubiera sido un sueño poder estar esos días en Londres con magníficos intelectuales como la reciente premio Nobel de Economía, Elinor OSTROM, cuya antigua –e interesantísima- obra “Governing the commons” me estoy leyendo estos días. Físicos, sociológos, economistas, demógrafos, oceanógrafos y un sinfín de científicos de las más diversas especialidades han estado debatiendo temas tan variados como la seguridad alimentaria, los cambios demográficos, el futuro de las ciudades, el estado de las zonas costeras, la contamimación de los suelos, la geo-ingeniería, la pérdida de biodiversidad… y ¡como no!, el cambio climático. Me ha gustado que, pese al lógico predominio de las ciencias naturales, se han tratado también temas de las ciencias sociales en los que abunda la reflexión sobre la gobernanza de la sostenibilidad global y sobre el tema estrella de la “economía verde”.

Los medios de comunicación nos han regalado algunas de las “perlas” del Congreso: “estamos tan cerca de los límites del Planeta que no tenemos márgen para fallar, hay que actuar ya”; “una buena gobernanza, sobre todo si es global, requiere de imaginación además de liderazgo”; “para liberar la presión en este planeta humanizado hay que cambiar muchas cosas, hay que romper la inercia cultural, política y social”; “la realidad revela que nos gastamos mucho dinero en cosas que no son prioritarias y que, en general, tienen una gran huella ambiental”; “La reinvención de nuestras ciudades es acaso la necesidad más urgente para alcanzar la meta de la sostenibilidad global”,…; y quizá la mejor la pronunciada por Lidia BRITO (copresidenta de la Conferencia y directora científica de la UNESCO –hablando del pretendido chequeo realizado a nuestro Planeta por los científicos: “Y aunque han detectado una alta presión sanguínea, elevados niveles de colesterol y un estilo de vida no saludable, lo cierto es que hay tiempo para dar la vuelta a estas tendencias y seguir la receta para un futuro mejor”.

Y lo de la “era del Antropoceno” es una ocurrencia del premio Nobel de Química, Paul CRUTZEN, que hace una década se refería con esta denominación una nueva fase geológica (aunque propiamente estamos en el “Holoceno”) en la que la acción del hombre está perjudicando seriamente la establidad ecosistémica de nuestro Planeta. Y como vemos ha calado en el mundo científico por su expresividad.

Al final no podía falta una Declaración Final de la cumbre (the “State of the Planet Declaration”). Una llamada urgente a la actuación porque los riesgos que se avecinan son graves y globales y se han acelerado en el último medio siglo. Un cambio de planteamiento que debe pasar por tener en cuenta la interconexión e interdependencia de los aspectos económicos, sociales, culturales y políticas de nuestro mundo. Una apelación a nuestra inapelable responsabilidad en la salvaguardia de nuestro Planeta. La necesidad de un nuevo pacto entre el mundo científico y la sociedad, y entre la investigación y las decisiones políticas. Un serio compromiso con los paises en desarrollo. Una regeneración institucional que permita desarrollar una verdadera gobernanza de la sostenibilidad a nivel mundial. El reconocimiento del valor no monetario de los recursos naturales.

En definitiva, tan importante evento ha sido, a mi juicio, una llamada de atención del mundo científico a los políticos que se reunirán en Rio de Janeiro los días 19 y 20 de junio, de que deben adoptar importantes medidas si no queremos que el “Antropoceno” acaba con nosotros. No obstante, la larvada “soberbia” que suele anidar en muchos planteamientos científicos, ha sido criticada por el Secretario General de Naciones Unidas, Ban KI-MOON, en su mensaje a la Cumbre que comentamos, quien ha aprovechado para decir que los científicos “son, a veces, poco claros y contradictorios y que, a menudo, viven encerrados en sí mismos” sin percibir otros factores ajenos a su concreta investigación. Pero no dudamos que, con una visión más abierta y generosa y con un enfoque más interdisciplinar,  los científicos son imprescindibles para abordar con éxito los inmensos retos que tiene por delante nuestro Planeta.

Predicar con el ejemplo: la contratación pública verde.

Sábado, febrero 25th, 2012

Lo de menos es que me la haya dedicado -aunque, a decir verdad, me ha hecho una enorme ilusión (y se lo agradezco con toda el alma)-, sino que, en el momento presente, resulta de rabiosa actualidad tratar de la llamada “contratación pública verde”. Como, en efecto, lo hace, con gran acierto y profundidad, mi querido compañero y amigo, el Profesor PERNAS GARCÍA,  en una importante obra jurídica que lleva tal título.

Ahora que se reclama de las Administraciones Públicas austeridad en sus gastos e inversiones, buen gobierno en sus decisiones, transparencia en sus actuaciones, simplificación en sus estructuras, etc., la utilización de los contratos del sector público para promover la sostenibilidad ambiental de obras y servicios resulta de enorme interés en cuanto a su ejemplaridad. Piénsese además que el volumen de la contratación pública (es decir, la promovida por todos los entes u organismos que integran el “sector público” (Administraciones públicas, entidades públicas empresariales, organismos autónomos, y un larguísimo etcétera) supone, nada más y nada menos que ¡cerca del 20% del PIB dela Unión Europea!

Si algunos pensamos que la actual crisis económica va a requerir –para salir de ella- un profundo cambio en el modelo productivo, qué mejor que fomentar en la contratación de las obras, servicios y suministros públicos la inserción de criterios y cláusulas ambientales.  Es obligada jurídicamente la gestión eficiente de los fondos públicos (¡faltaría menos!) pero además es muy conveniente para el interés público la gestión sostenible de los recursos naturales. Y en esta dirección se mueven las recientes normas del Derecho comunitario sobre contratación pública que tan concienzudamente estudia el Profesor PERNAS GARCÍA.

La Directiva 2004/18/CE sobre coordinación de los procedimientos de adjudicación de los contratos de obras, de suministro y de servicios, integran ya las consideraciones ambientales y también sociales en la adjudicación y ejecución de dichos contratos, cuya transposición al Derecho Español se encuentra en la nueva Ley de Contratos del Sector Público; y, más recientemente, en el marco de la política de lucha contra el cambio climático, otra Directiva, la 2009/33/CE, dispone que los poderes adjudicadores y otros operadores públicos habrán de tener en cuenta los impactos energéticos y ambientales (incluidos el consumo de energías, las emisiones de CO2, etc.) a la hora de comprar vehículos de transporte por carretera. 

Si el sector público con sus decrecientes -pero todavía enormes- inversiones sobre la adquisición de mercancías, obras y servicios, logran reducir el impacto ambiental del consumo público, se piensa que esto servirá para, al mismo tiempo,  orientar la conducta de los operadores privados hacia estándares de protección ambiental que vayan más allá de los mínimos fijados en el ordenamiento jurídico y para incentivar nuevas formas de producción y consumo. Incluso, esta orientación puede tener un efecto positivo sobre el fomento de la innovación tecnológica y el desarrollo de las “ecotecnologías” que hoy se considera un sector económico de interés prioritario.

Por ir a ejemplos concretos, la mejora de la eficiencia energética de los edificios públicos, la introducción de bombillas de bajo consumo en el alumbrado público, o la utilización de energías renovables en la prestación de los servicios públicos, no sólo pueden reducir considerablemente la emisión de gases de efecto invernaderos sino que, en muchos casos, pueden suponer un ahorro económico neto para las maltrechas arcas públicas. Y, de otra parte, se pueden generar –aunque no siempre- nuevos nichos de empleo (el denominado “empleo verde”) que tanta falta nos hace.

Felicitamos desde aquí al Profesor PERNAS GARCÍA por su magnífico trabajo y recomendamos su lectura a los responsables públicos y a las empresas que trabajan con el sector público. Se trata de nuevos horizontes que se abren en el mundo económico y en el sistema de producción que, estoy seguro, en el futuro constituirán la norma general.

“Con-su-mismo” y otras opciones personales sostenibles en la cuesta de enero

Domingo, enero 8th, 2012

Ya estamos en el 2012. Y, tras las rebajas, la empinada cuesta de enero de un año que, según los analistas económicos, va a ser muy duro puesto que estamos sumidos en la temible recesión. El nuevo Gobierno del PP ya está empezando a sus medidas: subida generalizada de impuestos, congelación del sueldo de los funcionarios, contención del gasto público, reajustes presupuestarios y un largo etcétera. Y lo que queda…

¿Estamos comenzando una nueva fase histórica? ¿Se ha iniciado el desmantelamiento del Estado de Bienestar? ¿ha llegado el momento para cambiar de modelo productivo? Son algunas de las grandes cuestiones que muchos nos preguntamos pero que nadie, por ahora, es capaz de responder. Los políticos son incapaces de hacerlo por su irremediable cortoplazismo y los economistas –rápidos para alertar de los aspectos sintomáticos- son menos duchos para desvelar las causas profundas de la crisis y, por ende, para ofrecer las recetas adecuadas.

Entonces, ¿qué nos queda?, ¿qué debemos hacer? Quizá, después de varias décadas de un consumismo galopante, ante lo que se avecina, lo más socorrido sea recomendar –medio serio y medio en broma- eso de: a partir de ahora, la fórmula del “con-su-mismo”, es decir, con su misma casa, con su mismo coche, con su misma ropa… hasta que mejore la situación económica. Por si esta solución no convence (y quizá sea contraproducente porque sólo sirve, según los expertos,  para enfriar más la economía) podemos acudir a una abudantísima literatura de autoayuda. Reconozco que no soy muy aficionado a este género literario pero lo cierto es que hay muy buenos libros para todo, para buscar trabajo, para mejorar las relaciones familiares, para evitar caer en el estrés o en la depresión, para adelgazar, para ahorrar gastos superfluos, etc. Muchas veces los mejores títulos rezuman simple sentido común aunque cada vez es el menos común de los sentidos. Por cierto, aprovecho para recomendar la lectura de los magníficos consejos de José Ramón Chaves, recogidos en en su exitoso blog jurídico, para ahorrar (o hacer más sostenible nuestro bolsillo).

Desde hace algunos meses sigo con curiosidad –ciertamente a distancia- una literatura de autoayuda que utiliza en sus títulos la terminología ambientalista: “Inteligencia ecológica”, “Ecología emocional para el nuevo milenio. El arte de reiventarse a uno mismo”, “Reciclaje emocional. Aprende a controlar tus emociones”, etc. Muchos de ellos constituyen excelentes ejemplos de cómo es perfectamente posible aplicar por las realidades personales –de forma simbólica, claro está- muchas de los conceptos que se utilizan en la ciencia de la ecología: que si la “contaminación emocional”, que si “las energías renovables afectivas”, que si los “ecosistemas personales”… incluso se ha publicado una sugerente  obra titulada “Gente tóxica. Las personas que nos complican la vida y cómo evitar que sigan haciéndolo”. Y por supuesto, son innumerables las obras que tienen por objeto el fomento de los hábitos de sostenibilidad ambiental: “Calcula tu huella ecológica”, “Cien maneras de ser ecológico”, “Eco-¡lógico!”, “Como respetar el medio ambiente en tu casa”, “Cuida de tu entorno”… ; en ellos encontraremos un montón de razones –más o menos fundamentadas- de tener una existencia más sostenible.

No me atrevo a recomendar ninguna de estas obras, aunque en algunos casos no dudo de su utilidad. De todas formas estoy totalmente convencido de que el futuro de una sociedad sostenible pasa por la difusión de hábitos personales de conducta más respetuosos con el medio ambiente (que es manifestación del famoso lema ambientalista “piensa global y actúa localmente”). Y en esta tarea, mucha responsabilidad tienen los medios de comunicación y -lo que es más difícil todavía- el mundo de la publicidad. Sin su implicación mucho me temo que tardaremos algo más en conseguirlo.

Ingenio y sostenibilidad: tributo a Steve Jobs

Viernes, octubre 7th, 2011

Ayer por la mañana desayuné con la triste noticia de la muerte de Steve Jobs que ha conmovido a la opinión pública mundial. “Apple ha perdido a un visionario y a un genio creativo –aparece hoy en el epitafio de su web institucional- El mundo ha perdido a un ser humano excepcional”.

Confieso que soy un empedernido usuario de algunos de los artilugios del imperio Apple, pero lo primero que hice ayer por la mañana fue poner a mis alumnos/as de primero de Grado de Comunicación el famosísimo vídeo del discurso de Steve Jobs en la graduación de los estudiantes de la Universidad de Stanford en pleno corazón del “Silicon Valley”. Un tanto emocionado visioné –con ellos- por enésima vez este documento audiovisual de enorme fuerza: un maravilloso canto a la capacidad de superación del ser humano –a prueba de bombas- y al valor del trabajo bien hecho aun al borde de la muerte.

Desde hace tiempo vengo afirmando que con tres o cuatro genios como Steve se podría sacar adelante la economía de todo un país. Y, por supuesto, me parece un modelo, una actitud a seguir por las jóvenes generaciones, máxime en estos momentos de crisis.

Muy bien hasta aquí, pero ¿tienes algo que decir sobre este genial lider tecnológico desde el punto de vista de tu “pedal” ambientalista? Pues, en efecto, sí quiero aportar algo desde esta perspectiva.

Buscando en internet he encontrado en la misma web de Apple una nota escrita por Steve Jobs titulada “A greener Apple” –que bien podría traducirse como “Apple y su preocupación por el medio ambiente”- fechada, más o menos, en 2007. En este documento, el fundador de Apple reconoce cierta opacidad en la politica de su empresa al comunicar a sus clientes, accionistas y empleados sus planes y proyectos para llegar a ser más verde. Ciertamente fue Greenpeace la que hace pocos años promovió una campaña exigiendo a Apple una mayor concienciación ecológica en sus productos –“Somos Greenpeace pensamos en verde, y queremos una manzana (Apple) fresca y verde… Ahora mismo se están vendiendo en todo el mundo manzanas (Apple) envenenadas llenas de sustancias químicas, como retardantes de llama tóxicos y el peligroso plástico PVC”, afirmaba la campaña-.

Pues bien, Steve Jobs, en la citada nota escrita, va describiendo las actuaciones que se han emprendido –y se emprederían- en su empresa para reducir o eliminar los materiales químicos tóxicos en sus productos, sobre su porcentaje de reciclado (iniciado en 1994), sobre el futuro ahorro energético que implantará, sobre el cálculo de la huella ecológica, etc. Y termina afirmando: “Apple es ya un lider en la innovación y en la ingeniería, y estamos aplicando estos mismos talentos para convertirlo en un líder ambiental”.

Realmente no sé si nuestro admirado Jobs ha logrado que Apple sea hoy lider en la sostenibilidad. Basta acceder al apartado sobre “Apple y el medio ambiente” de su portal para comprobar la muy completa información sobre el cálculo detallado de su “huella medioambiental, su programa de eficiencia energética, sus informes sobre el rendimiento ambiental de sus productos, su programa de reciclaje, el Código de Conducta (de responsabilidad social) de sus proveedores, etc. Impresionante panoplia de instrumentos en pro de la sostenibilidad empresarial que no me han sorprendido lo más mínimo proviniendo de una empresa, liderada hasta hace pocos meses por una mente tan privilegiada.

Y, es que, a mi juicio, lo mejor de la innovación tecnológica no tiene porqué estar  reñido con la sostenibilidad ambiental, sino más bien todo lo contrario. Este “ser humano excepcional” que ha sido Steve Jobs –a quien hoy rendimos este sencillo homenaje- es una clara prueba de la perfecta armonía entre ingenio y sostenibilidad.

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