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De nuevo, en esta parte de la Costa Oeste (“oil spill in Santa Barbara”)

Escrito por Javier Sanz
28 de mayo de 2015 a las 18:54h

vertido-california--575x323El pasado 19 de mayo se produjo, por causas que todavía se desconocen, la rotura de un oleoducto subterráneo situado en la costa de Santa Bárbara, una turística zona del litoral central de California. Hasta el momento se calcula que se han vertido unos 100.000 galones de crudo (unos 400.000 litros), parte de los cuales han contaminado las aguas litorales afectando a unos 14 kilómetros de la costa (6 kilómetros de playas). Varios centenares de operarios –con sus trajes protectores blancos (cómo me recuerda esto al “Prestige”) comenzaron las tareas de limpieza de la costa y de las aguas adyacentes. La empresa propietaria del oleoducto (“Plains All American Pipeline”) –que transporta crudo para los tanques de almacenamiento de la empresa “Exxon Mobil”- no es la primera vez que ocasiona un accidente de parecidas características pues se sabe que, desde principios del presente siglo, ha generado vertidos de 273.000 galones de petróleo crudo en las aguas o costas de Texas, Luisiana, Oklahoma y Kansas; y, por tal motivo, ha desembolsado más de 23 millones de dólares.

Una vez alertadas las autoridades acerca de la producción del accidente, el dispositivo de emergencia se puso en marcha bajo la coordinación del Gobierno de California a través de su Departamento de Pesca y Vida Silvestre (“Departament of Fish and Wildlife”): la “Oficina de Prevención y Respuesta ante los vertidos” de California, el “Centro de Operaciones de Emergencia”, el “Centro de Información Unificado”…, también los organismos federales: la “Guardia Costera de los Estados Unidos”, la “Administración Oceánica y Atmosférica Nacional” (NOAA), el “Departamento de Transporte”, el “Servicio Meteorológico Nacional”, la “Oficina de Santuarios Marinos Nacionales”, la “Agencia de Protección Ambiental” (EPA)… Por su parte, la titular de la Fiscalía General de CaliforniaKamala HARRIS– trabaja con los fiscales locales en la investigación del suceso con el fin de promover cargos penales y/o civiles. También, el Gobernador de California –Jerry BROWN– ha declarado el “Estado de Emergencia” que permite la rápida puesta a disposición del operativo de todos los recursos disponibles.city_coastal_brochure_cover_375

Siguiendo los planes de contingencia y en aplicación de la “Ley Federal sobre contaminación por petróleo” (Oil Pullution Act de 1990, aprobada tras la catástrofe del “Exxon Valdez”) y de la Ley californiana sobre prevención de vertidos (“Lempert-Keene-Seastrand Oil Spill Prevention and Response Act” de 2014), las autoridades del Estado de California (en especial, la California Coastal Commission) junto con las autoridades federales se han puesto a trabajar para evitar o reducir al máximo los daños al medio ambiente. Por lo pronto, la empresa responsable del vertido tendrá que aportar los recursos económicos necesarios para proceder a las tareas de limpieza de la costa. No se ha podido evitar la muerte por el vertido de varios delfines comunes, pelícanos marrones, leones y elefantes marinos,

Los ecologistas no ha tardado en reaccionar reclamando un cambio en el sistema energético norteamericano hacia la nueva “era post-petróleo” mediante la promoción de las energías renovables. Los grupos radicados en la zona del accidente miran con preocupación este suceso conscientes de que el problema puede volverse a producir ya que enfrente de la costa son varias las plataformas petroleras que bordean el litoral de Santa Bárbara. El director de la organización ecologista “Environmental Defense Centre” (EDC), Owen BAILEY, ha apuntado de una parte que “quedan una cantidad de interrogantes, principalmente por qué este oleoducto relativamente nuevo no tenía un sistema de cierre automático y por qué las primeras medidas para contener la fuga no han sido más eficaces”, y de otra parte, que la zona afectada “alberga una fauna muy diversa, incluidas varias especies de ballenas que están en peligro, además de que esta costa emblemática atrae a miles de personas de todo el mundo”. La directora de la organización ecologista Sierra Club, Kathryn PHILLIPS ha dicho que “ya es hora de que la industria petrolera reaccione”, “¿Cuántas señales más necesitamos para entender que la salud y el medioambiente no están entre sus prioridades?”, se preguntaba.

Vertido en Santa barbara en 1969

Vertido en Santa barbara en 1969

Al hilo de este accidente nos enteramos de que en la misma zona de la costa de Santa Bárbara se produjo en 1969 la mayor marea negra -antes de la provocada por el hundimiento del buque “Exxon Valdez en 1989 (vertido de 11 millones de galones en las costas de Alaska)- pero, sin duda, por debajo de la más reciente catástrofe de 2010 por la explosión de la plataforma de extracción de petróleo “Deepwater Horizon” en el Golfo de México, que produjo un vertido de 210 millones de galones de crudo). En aquella primera ocasión, una plataforma petrolera (perteneciente a la empresa “Union Oil”) cercana a las costas de Santa Bárbara provocó un vertido de más de cuatro millones de galones. Y tal fue la cobertura mediática que cubrió el suceso que dio lugar a un importante movimiento popular de defensa ambiental, instaurándose con tal motivo el “Día de la Tierra” -que celebramos recientemente-, así como la aprobación de importantes leyes estatales y federales de protección y gestión de la costa (como es el caso de la “Ley Federal de Gestión de las Zonas Costeras” de 1972).

Vistas las cosas de esta orilla del Pacífico -y tras haber vivido con gran intensidad la catástrofe del “Prestige”- da la impresión de que aquí el dispositivo de emergencia frente a la contaminación por vertidos de hidrocarburos funciona con mayor eficacia que en España y con una más adecuada coordinación entre las autoridades del Estado afectado y las del Estado Federal. Otra cosa es la política norteamericana de explotación de hidrocarburos en el mar, pues no hay que olvidar que hace pocas semanas el Gobierno federal estadounidense, a través de su Departamento de Interior, ha autorizado a la compañía petrolera holandesa Shell para iniciar las perforaciones en aguas del Océano Ártico, frente a las sensibles costas de Alaska. Lo cual ha provocado la reacción inmediata de todos los grupos ecologistas que ven con esta arriesgada decisión una marcha atrás en la política energética contra el cambio climático.reu_20150520_231621827

Con todo lo dicho, pese a las eficaces medidas y sólidos  instrumentos de los Gobiernos norteamericanos –federal y estatales- en la lucha contra la contaminación marina accidental, son tantos –y tan valiosos- los recursos naturales costeros y litorales que se ponen en riesgo con la explotación de los hidrocarburos en el mar, que, en el momento presente, no alcanzo a ver que, a largo plazo, compensen los beneficios que puede reportar tal explotación a gran escala, sin una seria evaluación ambiental y sin vigorosas medidas de gestión de los riesgos. No cabe duda de que me influye de forma determinante la experiencia gallega sobre vertidos marinos, pero me gustaría que alguien me diese razones para pensar de otro modo.

Un nuevo Derecho Ambiental para el siglo XXI (“megatrends”)

Escrito por Javier Sanz
15 de mayo de 2015 a las 9:14h

sustainability-conference-email-headerLa semana pasada tuve la suerte de poder asistir a una de las más importantes reuniones de –mis colegas- los profesores de Derecho Ambiental norteamericanos que tuvo lugar en Phoenix (capital de Arizona), en la sede de la Facultad de Derecho (Sandra Day O’Connor College of Law que lleva el nombre de una Magistrada, ya retirada, de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos) de la Arizona State University. Nos reunimos más de un centenar de profesores e investigadores de los cuatro puntos cardinales de los Estados Unidos (incluidos varios profesores de la University of Hawai) y varios invitados –como yo- de Canadá, Japón, Korea del Sur, Italia, España, México, etc.

Me impresionó el enorme Campus, sito en el animado barrio universitario de Tempe de la ciudad de Phoenix, lleno de bellos y modernos edificios. Ya casi acabado el curso académico era fácil encontrarse en el Campus con alumnos del último año de la carrera fotografiándose con las características togas académicas con las que muy pronto van a celebrar la ceremonia de graduación.

Yendo al grano, esta “First Annual Sustainability Conference of American Legal Educators” es una buena muestra de las preocupaciones y ocupaciones actuales de los iusambientalistas de este país: cambio climático, derecho de la energía, derecho de aguas, principalmente. Concentradas en un solo día, se desarrollaron más de sesenta comunicaciones en tras sesiones simultáneas por lo que me resultó imposible asistir a todas las que me hubiera gustado. La media de edad era más bien de jóvenes profesores aunque no faltaban algunos como cercanos a la jubilación y me llamó la atención (en comparación con España) un detalle del género: más de la mitad de las intervenciones lo fueron de mujeres.

Daniel ESTY (Yale University)

Daniel ESTY (Yale University)

Como no se trata de hacer aquí la típica crónica sobre el Seminario, me limitaré a recoger en esta ocasión -que hace la numero 200 de mis entradas del blog- algunas ideas que expuso invitado de honor, Daniel ESTY, Profesor de Derecho Ambiental de la Universidad de Yale y Director del “Center for Environmental Law and Policy at Yale Law School”, cuya conferencia llevaba por título: “From 20th Century Environmental Protection to 21st Century Sustainability”. Se trataba de una visión panorámica de las diferencias entre el Derecho Ambiental de la “Environmental Protection” que nació aquí en Norteamérica (a finales de los años sesenta del pasado siglo XX) y el Derecho Ambiental de la “Sustainability” del presente siglo XXI. El Profesor de Yale fue desgranando lo que a su juicio son las “mega-tendencias” (“megatrends”) que mueven o deberían mover el Derecho Ambiental de nuestro tiempo.

Sin que trate de ser exhaustivo, cuatro ideas-madre fueron puestas de relieve por el Profesor ESTY en su intervención: integración, innovación, colaboración público-privada y aplicación o ejecución del Derecho Ambiental (“implementation”; aunque puede traducirse como “implementación” tal como permite el Diccionario de la Real Academia).

INTEGRACIÓN (“integrated approach”) de las medidas e instrumentos de protección ambiental, frente a la visión mayoritariamente sectorializada y parcial del Derecho Ambiental del siglo XX. Una visión amplia –holística- de la problemática ambiental que se adecúa mejor a la complejidad de los procesos naturales, a la dinámica de los ecosistemas y a la sinergia de las actividades contaminantes. No puedo estar más de acuerdo con esta perspectiva que he podido comprobar en mi tópico preferido de investigación (la “gestión integrada de las zonas costeras”).

ArizonaINNOVACIÓN (“eco-innovación”) en la regulación del medio ambiente pero, ante todo, en la promoción de técnicas que permiten una energía y producción más limpia, con menos residuos (y si es posible, con ninguno), con el mínimo impacto ambiental… Y, junto con esta idea una infinidad de nuevos –o no tan nuevos- instrumentos: análisis de ciclo de vida, mejores tecnologías disponibles (al mejor precio), análisis de riesgos, diseño ecológico, etc. Buen ejemplo de esta tendencia es la llamada “economía circular” a la que nos referimos en este blog semanas atrás.

COLABORACIÓN PÚBLICO-PRIVADA. Idea que no es nada nueva y que se está aplicando en muchos otros ámbitos (no siempre de forma exitosa). Pero se parte de la situación de los límites que tiene la acción pública (las Administraciones públicas ambientales) y la necesidad de contar con la colaboración de los particulares, de la sociedad, de los negocios. Frente a la desmedida confianza en el poder de los Gobiernos en el siglo XX y de su poder de control (“command and control”), la necesidad de incentivar la conductas respetuosas con el medio ambiente, de implicar al mundo de los negocios con la apuesta de la sostenibilidad (no como una mero lavado de cara sino de verdad). Además esta implicación de la sociedad en la lucha por un medio ambiente adecuado puede facilitar el objetivo de la siguiente “mega-tendencia”.

IMPLEMENTACIÓN del sistema de protección ambiental (no sólo de su régimen jurídico). No basta con aprobar normas y reglamentos sino que hay que aplicarlos. Este es el gran reto del Derecho Ambiental en todo el mundo, en los Estados Unidos y en nuestra Vieja Europa lo mismo, y no digo nada de otros países como es el caso de China (avanzada normativa que resulta ser “papel mojado”). Pero, ¿cómo lograrlo? Implicar a la sociedad en la tarea, incentivar su respeto, facilitar su cumplimiento… También proporcionar información a la ciudadanía para que se produzca un “feedback” con las instituciones que han de velar por la protección ambiental. Y, mucha participación, de los ciudadanos, de la sociedad civil, del sector privado.

En el Grand Canyon

En el Grand Canyon

Son algunas ideas que quedaron grabadas de la rica experiencia de mi asistencia a este Seminario y que seguramente son incompletas. De las comunicaciones a las que pude asistir, el gran componente de los temas de política ambiental y de aspectos técnicos (no jurídicos) en las intervenciones de los Profesores de Derecho Ambiental. Como pueden imaginar los lectores, la circunstancia de haberse desarrollado este evento en el Estado de Arizona (uno de los últimos incorporados a los Estados Unidos, nada menos que en 1912) también llamado “Estado del Gran Cañón” –descubierto por los conquistadores españoles en 1540 (por el Capitán García de Cárdenas)- dejó muy grabadas en mis retinas la inmensidad y extraordinaria belleza del Parque Nacional del Gran Cañón (declarado como tal en 1919), que pude visitar con mis buenos amigos y colegas. Felizmente he podido comprobar que, pese a los retrocesos experimentados en la protección ambiental en los últimos años en casi todo el mundo, la “familia iusambientalista” mantiene todavía su vigor y entusiasmo. ¡Hay futuro!

Claves para un “buen Antropoceno” (“Ecomodernism”)

Escrito por Javier Sanz
4 de mayo de 2015 a las 22:32h

Ecomodernist-Manifesto_coverA mediados del pasado mes de abril se hacía público el que se denomina “An Ecomodernist Manifiesto” que está despertando cierto interés en el mundo ambientalista norteamericano pero que, sin duda, está llamado a trascender, por la calidad de sus promotores, a otros países. En realidad buena parte de quienes firman el “Manifiesto” pertenecen a un “think tank” que tiene su sede muy cerca de aquí, en Oakland (en la “East Bay” de la Bahía de San Francisco). Se trata del “Breakthrough Institute” al que ya nos referimos anteriormente. Destacan los nombres de Ted NORDHAUS y Michael SHELLENBERGER, ambos fundadores del citado Instituto y co-autores del provocativo escrito “From the Death of Environmentalism”, así como designados en 2008, por la revista Time Magazine, “Heros of the Environment”. También cabe resaltar la participación del director de cine documental, Robert STONE (por ejemplo, del documental “Pandora’s Promise”, también comentado aquí) o del escritor y periodista británico, Mark LYNAS (autor de libros de divulgación sobre el cambio climático como el titulado “Seis grados: el futuro en un planeta más cálido”), o, más reciente: “Nuclear 2,0“. En total 18 firmantes, pertenecientes a cinco países (Estados Unidos, Australia, India, Canadá y Gran Bretaña), científicos, escritores, investigadores.

El documento del “Manifiesto” –que se encuentra disponible en lengua inglesa en la página web http://www.ecomodernism.org/– consta de una Introducción o Preámbulo y siete puntos programáticos. Se parte de la base de que nos encontramos en nueva fase de la historia que se conoce como el “Antropoceno” o “Edad de los Humanos” (término acuñado y formulado por químico neerlandés Paul Josef CRUTZEN, Premio Nobel de Química del 2000). “Decir que la Tierra es un planeta humano es una realidad cada día más cierta. Los seres humanos proceden de la Tierra y la Tierra es remodelada por las manos humanas”, comienza diciendo el Manifiesto. Y, enseguida aparece la “clave de bóveda” del documento: la convicción de que “el conocimiento y la tecnología, aplicada con sabiduría permitirán lograr un buen, e incluso gran, Antropoceno”. Por supuesto que, todo esto, sin negar que existen importantes problemas en el Planeta y que es preciso “mejorar la vida de los seres humanos”, “estabilizar el clima”, y “proteger el mundo natural”, reduciendo los impactos ambientales y buscando la armonía entre las sociedades humanas y la Naturaleza.

Paul CRUTZEN

Paul CRUTZEN

El documento rezuma un acentuado optimismo y confianza en el futuro del Planeta. Se pone de manifiesto el extraordinario progreso de la Humanidad en los dos últimos siglos (incremento de la esperanza de vida, reducción de la mortalidad, difusión de la democracia, del Estado de Derecho y de las Libertades…), si bien, se reconoce que el desarrollo material se ha cobrado en un caro peaje sobre los recursos y el mundo natural (como por ejemplo, la extinción de especies animales).

Los firmantes del “Manifiesto” están convencidos de que es posible promover un “buen Antropoceno” si se invierten algunas tendencias pasadas y, en particular, disociar –o lo que es lo mismo, “desacoplar”, traduciendo lo más fielmente el término inglés utilizado (“decoupling”)- el desarrollo humano de la producción de impactos ambientales, así como reducir la dependencia de la Humanidad de la Naturaleza. Y, para fundamentar su posición el documento critica, tanto la idea que de los pueblos primitivos eran mucho más respetuosos con la naturaleza, como la influyente tesis del agotamiento próximo de los recursos difundida desde el año 1970 (con referencia clara al Informe del Club de Roma sobre “Los límites del crecimiento”).

“Los ecosistemas de todo el mundo están amenazados hoy porque la gente depende excesivamente de ellos…” proclama el “Manifiesto”. “Por el contrario, las tecnologías modernas –continúa diciendo-, utilizando los flujos y servicios de los ecosistemas naturales de manera más eficiente, ofrecen una oportunidad real de reducir la totalidad de los impactos humanos sobre la biosfera. Pero adoptar estas tecnologías es encontrar caminos para un buen Antropoceno”.

Muy bien esto de desacoplar el desarrollo económico del abuso y deterioro de la Naturaleza. Pero, ¿cómo lograrlo? Pues bien, en cuanto a la población –que suele ser uno de los “caballos de batalla” en el debate del desarrollo sostenible-, en el apartado segundo del “Manifiesto”, se afirma que su crecimiento se estabilizará este siglo (para luego declinar en el próximo siglo) y que su progresiva concentración en las ciudades (hoy más de la mitad de la Humanidad habita en ellas) permitirá reducir el impacto ambiental, al tiempo que cambian los modos de uso de territorio y se extiende el modelo de agricultura intensiva.

An_Ecomodernist_Manifesto_mainQuizá el punto más polémico del “Manifiesto” es el relativo al modelo energético, otra de las grandes claves del desarrollo sostenible. Se subraya –en su apartado 4- que el “acceso abundante a la energía moderna es un requisito esencial para el desarrollo humano y para desacoplar el desarrollo del consumo de naturaleza”. Los firmantes del “Manifiesto” se muestran preocupados por el lento proceso de “descarbonización” de la economía que nos lleva a un peligroso escenario para finales de siglo XXI de no menos de dos grados de aumento de la temperatura. Y la mitigación del cambio climático es, según ellos, uno de los mayores desafíos tecnológicos de este siglo. Pero, como la transición a un nuevo modelo energético (sin emisiones de carbono) no es sencilla, defienden la energía nuclear. “La fisión nuclear representa hoy la única tecnología de cero emisiones de carbono hoy en día con la capacidad demostrada para cumplir con la mayoría, si no todas, de las demandas de energía de una economía moderna (…)” Y, a largo plazo, “la energía solar de última generación, la fisión nuclear avanzada, y la fusión nuclear representan las vías más plausibles hacia los objetivos comunes de la estabilización del clima y el desacoplamiento radical de los seres humanos de la naturaleza”.

Frente a la crítica de una excesiva confianza en la técnica (que en otras épocas ha generado y sigue generando insostenibles impactos ambientales) los autores del documento declaran un “profundo amor y conexión emocional con la Naturaleza”. Pero, al mismo tiempo, defienden que la preservación de la “naturaleza salvaje” (de los paisajes, de la biodiversidad…), que la protección de sus usos no utilitaristas, es una opción “fundamentalmente antropogénica” y que las políticas de conservación se desarrollan según las diferentes preferencias locales, históricas y culturales.

El “Manifiesto” culmina con una reflexión socio-política de su propuesta que debe tenerse en cuenta en el contexto más amplio social, económico y político. Para el “ecomodernismo” que propugnan la modernidad que consiste en la “evolución a largo plazo de los acuerdos sociales, económicos, políticos y tecnológicos en las sociedades humanas hacia la mejora del bienestar material, la salud pública, la productividad de los recursos, la integración económica y la libertad personal”. Y, para ello se requiere, la participación activa de todos los sectores (sector privado y mercado, sociedad civil y el Estado), así como la “colaboración internacional en la innovación y la transferencia de tecnología” (en particular en los ámbitos de la agricultura y energía).51TB9+SHQzL._SY344_BO1,204,203,200_

¿Desproporcionada confianza en la técnica? ¿excesivo optimismo en el futuro y en la capacidad innovadora del ser humano? ¿peligroso antropocentrismo? Son algunas de las cuestiones que plantea el “Manifiesto”. Desde luego que el documento no será aceptado por gran parte del movimiento ecologista (mayoritariamente contrario a la energía nuclear; aunque hay algunos que defiende un “ecologismo nuclear”), por los partidarios del “ecologismo indigenista”, y, posiblemente por los defensores del “decrecimiento sostenible”. El planteamiento del “Manifiesto” me recuerda al de la brillante obra “Factor 4: Duplicar el bienestar con la mitad de los recursos naturales” de Ernst Ulrich VON WEIZSACKER y L. Hunter LOVINS y Amory B. LOVINGS (publicada a mediados de los años 90 del siglo pasado).

Personalmente comparto, como conocen bien mis lectores, el optimismo en la capacidad del ser humano y de la técnica (ésta no como fin sino como instrumento). Y tengo la confianza (o, si se quiere, corazonada) de que en el futuro se mejorarán las condiciones de vida de los seres humanos y que se invertirán algunas de las tendencias que hoy perjudican seriamente nuestro equilibrio y armonía con los ecosistemas. En todo caso, me parece muy saludable que el “Manifiesto” nos permita debatir de nuevo sobre el desarrollo sostenible, abiertamente, sin apriorismos ni dogmatismos felizmente trasnochados.

En armonía con la naturaleza (“A new paradigm”)

Escrito por Javier Sanz
28 de abril de 2015 a las 1:50h

Os aseguro que no me ha pasado desapercibido el “Día Mundial de la Tierra” que se celebra el día 22 de abril, desde 1970 (se cumple por tanto su 45º aniversario). No me olvidé porque ese día se cumplieron mis cinco añitos desde que comenzé a redactar este blog. Para decir toda la verdad, lo celebré con unos amigos con un “lunch” 100% “orgánico” y participando en una de las muchas actividades organizadas en el Campus de Berkeley en la “semana de la Tierra” (“earth week”).

Llegó el momento de asumir el liderazgo” ha sido el “leit motiv” de este año 2015, con la mirada puesta en la Cumbre sobre el Clima de París a final de este año y la preparación del Agenda del Desarrollo con posterioridad al 2015. Y lo cierto es que en esta convulsa -pero apasionante- etapa histórica que nos ha tocado vivir hay una evidente carencia de liderazgo politico (del bueno, claro está) o, al menos, en el asunto que nos concierne, muy pocos son los que, con una visión a largo plazo y con altura de miras iluminan el camino hacia una sociedad renovada en la que se haga realidad la “armonía con la naturaleza”. No piense el lector que utilizo esta bella expresión como típico recurso retórico –tan propio de los que nos dedicamos, como mayor o menor acierto, a este paradigma del desarrollo sostenible-. Resulta que fue el 22 de abril de 2009 cuando la Asamblea General de Naciones Unidas, gracias a la iniciativa del “Estado Plurinacional de Bolivia”, proclamó el “Día internacional de la Madre Tierra” y, a partir, de ese momento, se vienen sucediendo hasta el presente, en el ámbito de Naciones Unidas, una serie de actividades que tienen por objeto reflexionar sobre este “nuevo paradigma”.

Desde 2009, cada año el Secretario General de Naciones Unidas publica un “Informe sobre Armonía con la Naturaleza” (el ultimo –el 5º- es de 18 de agosto de 2014). Asimismo, la Asamblea General de Naciones Unidas promueve unos “diálogos interactivos” sobre el mismo tema. El último documento disponible sobre esta original iniciativa es la Resolución 69/224 titulada “Armonía con la Naturaleza” (publicado en febrero de este año 2015). Tras recoger sus antecedentes –”Declaración de Río de Janeiro” de 1992, la “Declaración de Johannesburgo” de 2002, el documento de Río+20 “El futuro que queremos”, etc.- se declara que: “el planeta Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar y que la “Madre Tierra” es una expresión común en muchos países y regiones, observando que algunos países reconocen los derechos de la naturaleza en el contexto de la promoción del desarrollo sostenible y expresando la convicción de que, para lograr un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza”. Más adelante, se afirma que, segun varios países, se considera que “la Madre Tierra y la especie humana forman una comunidad indivisible y vital de seres interdependientes y relacionados”.

En la citada Resolución hay varias referencias científicas como la relativa la “Ciencia del sistema Tierra” –que desempeña la importante función de promover un “enfoque holístico”-, a los documentados efectos de la actividad humana en los sistemas terrestres, a la “Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica“, etcétera. Se reconoce además que el “producto interno bruto” (PIB) no es muy útil para medir la degradación ambiental procedente de la actividad humana. El documento reafirma que “para lograr el desarrollo sostenible a nivel mundial es indispensable introducer cambios fundamentales en la forma en que las sociedades producen y consumen y que todos los países deben promover modalidades sostenibles de consumo y producción…”. Se reconoce que “muchas civilizaciones antiguas y pueblos y culturas indígenas han demostrado comprender a lo largo de la historia que la simbiosis entre los seres humanos y la naturaleza promueve una relación mutuamente beneficiosa”. Y, considera que “el desarrollo sostenible es un concepto holístico que exige que se fortalezcan los vínculos interdisciplinarios entre las distintas ramas del conocimiento”.

Finalmente, la Resolución invita a los Estados Miembros de Naciones Unidas a seguir profundizando y dialogando –de forma inclusiva e interactiva- sobre la idea de la “armonía con la naturaleza”, a darle la debida importancia en la Agenda para el Desarrollo después de 2015, a mejorar y ampliar “la calidad y cantidad de los datos estadísticos básicos sobre las tres dimensiones del desarrollo sostenible” (es decir, ambiental, social y económica) y adoptar “métodos más amplios de medir los avances, que complementen el producto interno bruto, con el fin de sustentar mejor las decisiones de política…”.

Me parece una sugerente y magnífica idea la del nuevo paradigma de la “armonía con la naturaleza” que está promoviendo Naciones Unidas que, por otra parte, está en la base de los primeros teóricos del ambientalismo (como, por ejemplo, la precursora obra “Man and Nature”, del norteamericano George Perkins MARSH). Sin embargo, a la hora de concretar esta idea surge la problemática dicotomía biocentrismo-antropocentrismo, de cómo interpretar las relaciones entre el hombre y la naturaleza, y que, en el campo del Derecho, ha dado lugar al planteamiento de los “derechos de las naturaleza” (la web de Naciones Unidas recoge una relación de fuentes jurídicas de todo el mundo donde se acercan a este planteamiento). No es el momento de entrar en esta polémica,  pero solo quiero recordar que está inevitablemente presente.

En cuanto a la referencia a las civilizaciones y culturas indígenas, sin olvidar que en muchos casos han pemitido mantener ejemplarmente el equilibrio de los ecosistemas, también hay ejemplos de todo lo contrario como puso de manifiesto la fundamental obra del geógrafo norteamericano Jared DIAMOND (Colapso: por qué unas sociedades perdurar y otras desaparecen, 2004).

Sobre una nueva medida del desarrollo –que reclama la Resolución de Naciones Unidas-, no basada exclusivamente en los datos del PIB, hay varias iniciativas como la del “Sustainable Devolopment Solutions Network” cuya tercera edición del “Informe Mundial de la Felicidad 2015” se acaba de presentar, el pasado día 23 de abril, por medio del Profesor Jeffrey D. SACHS (Director del “Earth Institute” de la Universidad de Columbia), donde se trata de reflejar con mayor exactitud el nivel del “desarrollo sostenible” de los diferentes países del mundo.

En cualquier caso, suscribo totalmente el enorme reto de lograr –o aspirar a- una nueva sociedad en armonía con la naturaleza (con su visión holística e interdisciplinar), pero siempre que concretemos su alcance y contenido, con seriedad y sin apriorismos ideológicos, si no deseamos que tan bella formulación se quede en un mero brindis al sol, o lo que es peor, en un bonito concepto vacío de contenido.

“Fracking-landia” (y II)

Escrito por Javier Sanz
20 de abril de 2015 a las 8:22h

Helen Slottje, Goldman 2014

El “GOLDMAN Environmental Prize –también conocido como el “Premio Nobel Verde”- es un prestigioso premio que se concede anualmente (desde 1990) por la Fundación GOLDMAN –fundada por Richard N. GOLDMAN y su esposa (descendiente del famoso Levi STRAUSS), matrimonio afincando en San Francisco- a los que un Jurado internacional considera mejores defensores de la naturaleza y del medio ambiente en los cinco continentes. Helen SLOTTJE ha sido la ganadora del premio del año 2014, correspondiente a la zona geográfica de América del Norte.  Esta aguerrida abogada viene desarrollando, desde hace una década, una incansable campaña –“pro-bono” (un tipo de asistencia juridica voluntaria y sin remuneración monetaria por el bien del interés publico)- en la zona norte del Estado de Nueva York contra las compañías del petróleo y del gas, promoviendo la aprobación de ordenanzas locales que prohíben el “fracking” en el ámbito de sus jurisdicciones. El area de trabajo de esta abogada corresponde además a la región de los “Finger Lakes” donde se encuentra la “Marcellus Shale”, el mayor depósito de gas de esquisto conocido en los Estados Unidos hasta el momento.

Aunque encomiable labor juridical de Helen SLOTTJE contra el “fracking” parece haber sido efectiva en algunos casos, lo cierto es que la autorización para la exploración y explotación de los pozos e instalaciones del “fracking” corresponde generalmente a la competencia de los Estados de la República Federal, quienes tienen la capacidad de decisión fundamental para su autorización, con preferencia (“preemption”) a las regulaciones y determinaciones locales sobre el uso del territorio.  De hecho son varios los Estados –como Pennsylvania, Ohio y el mismo Nueva York- los que han aprobado leyes para limitar la capacidad de los entes locales para aprobar ordenanzas urbanísticas que prohiben la “fracturación hidráulica”.

En el mundo académico, en campo del derecho ambiental, está de actualidad la polémica doctrinal (“fracking and federalism”) acerca de a quién debe corresponder la competencia principal para controlar estas actividades. Predomina la posición –común a los grupos ecologistas- que defiende mayores poderes sobre las actividades del “fracking” para el Gobierno Federal y para la Environmental Protection Agency (EPA) y, por supuesto, la eliminación de las excepciones existentes para la aplicación de ciertas leyes ambientales (como las relativas al agua potable) en las actividades del “fracking”. A esta posición se suman las ideas en defensa de la autonomía democracia local que ha proliferado en algunas zonas de explotación del “sheil gas”. Por cierto que los grupos “antifracking” son muy activos y ha unido sus esfuerzos en varias organizaciones como “Save the Water Table”, “Shales Shock”, US Water Alliance, etcétera.

En el lado opuesto están los intereses de la industria explotadora del gas, defendidos con muchos recursos económicos por la poderosa “Pennsylvania Independent Oil and Gas Association” (PIOGA) que reúne a casi mil miembros procedentes de las diferentes actividades implicadas en el negocio del “fracking”. Apoyan a los Estados que defienden sus competencias estatales por tratarse -según ellos- de las Administraciones públicas más y mejor conocedoras de las circunstancias geográficas y ambientales de sus territorios. Y ciertamente, las reglamentaciones estatales sobre esta actividad minera han proliferado considerablemente en los últimos años. No obstante, Estados como el de California –que se enorgullece por ser uno de los más avanzados de la Federación en las políticas ambientales- aprobó en septiembre de 2013 la regulación llamada “SB-4 Oil and gas: well stimulation” (que entrará en vigor el 1 de enero de 2015) que, si bien no prohibe el “fracking” (como reclamaban los ecologistas) establece muchas medidas de seguridad y de transparencia par las empresas petroleras. También algunas ciudades de California como Los Ángeles y Berverly Hills se han puesto a la cabeza de la inciativa para prohibir –o al menos aprobar una moratoria- sobre esta actividad minera en sus respectivos términos municipales.

Un breve apunte comparativo respecto de España. En nuestro país, a diferencia del modelo norteamericano, es la Administración del Estado la que tiene la “sartén por el mango” a la hora de las autorizaciones de la “fracturación hidráulica” (favorable, aunque no sin cautelas) y han sido varias las Comunidades Autónomas (Cantabria, Navarra, La Rioja, Andalucía…) las que han aprobado normas legislativas prohibiendo el “fracking” en sus respectivas Comunidades, si bien el Tribunal Constitucional ha declarado en varios casos la inconstitucionalidad de dichas leyes. Mi buen amigo y colega de la Universidad de la Rioja, el profesor René SANTAMARÍA ha criticado muy recientemente con agudeza el contenido de esta jurisprudencia.

Volviendo a los Estados Unidos, el Gobierno del Presidente OBAMA se ha mostrado en los últimos meses reacio a facilitar la expansión del negocio de la “fracturación hidráulica” con su omposición la proyecto “Keystone” de oleoducto desde Canadá (que comentamos en otra reciente entrada de este blog). En el pasado mes de marzo los demócratas han impulsado en el Congreso un paquete de medidas sobre el “fracking” (“Frack Pack”) para exigir a los Estados desde la legislación federal mayores controles y garantías ante los posibles riesgos para la salud y el medio ambiente. Lo cual ha originado una rápida oposición por parte de los Republicanos que, con semejantes medidas, ven peligrar los numerosos puestos de trabajo vinculados con la explotación del “sheil gas” (según algunos medios, cerca de un millón). Y, del mismo modo, se ha opuesto frontalmente la industria petrolera.

Es también muy reciente –el 26 de marzo de 2015- la nueva normativa aprobada –y publicada en el “Federal Register”- por el Departamento del Interior del Gobierno Federal relativa a la regulación para “Support Safe, Resposible Hydraulic Fracturing Activities on Public and Tribal Lands”, que establece más exigentes requisitos que los previstos en la mayor parte de las legislaciones de los Estados para autorizar el “fracking” en los tierras de competencia de la Federación. Aunque en los últimos diez años, solo el 5% de los pozos para extracción del “gas de esquisto” fueron realizados en las tierras de la Federación, al menos se trata de una medida ejemplar que marca la dirección en favor de una “fracking” como mayores garantías para la salud y el medio ambiente.

A todo lo anterior hay que añadir que en los Estados Unidos no existe la propiedad pública del subsuelo (el llamado “dominio publico minero” vinculado a la riqueza nacional) de manera que el propietario del la superficie puede desarrollar la actividad extractiva que desea a cambio del pago de una compensación económica una vez que se le conceda la autorización por la autoridad competente que, como hemos visto, es generalmente la Administración correspondiente del Estado.

Nos guste o no, todo parece indicar que la industria del “fracking” tiene un futuro bastante prometedor, aquí en los Estados Unidos (de hecho casi el 40% del gas que se consume procede del “fracking”) y, posiblemente, en otros países del mundo. Puede que se trate, como algunos plantean, de una nueva “burbuja económica” pero de lo que no cabe la menor duda es que, cuando suba el precio del petróleo (que tarde o temprano subirá), la extracción por “fracturación hidráulica” será más competitiva y una tentación dificilmente resistible para aquellos países que tienen una gran dependencia energética del exterior (como es el caso de España). Que, desde luego, la ansiada economía “hipocarbónica” (o pobre en CO2 procedente de los gases de efecto invernadero) puede sufrir un fatal retraso es harto probable.

A lo que no se puede renunciar es, en mi opinion, a la aprobación e implantación de una normativa rigurosa en cuanto a la evaluación de los riesgos de la actividad de extracción del “gas pizarra”. Cada territorio tiene sus peculiaridades que han de tenerse con cuenta (no vale “café con leche para todos”). Lo mismo que habrán de asegurarse las medidas de prevención ante los potenciales –y reales- impactos de esta actividad, así como el mantenimiento de exigentes regímenes de responsabilidad ambiental. Hemos de aprender de la experiencia estadounidense, como lo hicimos en su momento con la recepción –a través del Derecho Comunitario- de técnicas de protección ambiental, pero no de forma acrítica y, mucho menos, del modelo productivista del recalcitrante “lobby petrolero”.

“Fracking-landia” (I)

Escrito por Javier Sanz
16 de abril de 2015 a las 8:40h

Alguno de mis lectores me ha preguntado sobre el tema del “fracking” (o “fracturación hidráulica”) –al que ya he dedicado varios comentarios en este blog- en los Estados Unidos, de cómo se ve aquí. Con motivo de la reciente conferencia del Profesor David SPENCE de la Universidad de Texas –sobre el “conflicto entre los Administraciones estatal y locales en norteamérica sobre las regulaciones del “fracking””- que tuvo lugar en la Facultad de Derecho de Berkeley (a la que tuve la oportunidad de asistir) me he puesto un tanto al día de cómo se precibe este importantísimo asunto. Verdaderamente es un tema de enorme trascendencia que está traspasando las fronteras estadounidenses y que está afectando a muchos países, en particular, a productores de petróleo (Venezuela, Iran, México, Rusia, etc.) y ha abierto nuevas expectativas en otros países que cuentan con reservas de “gas pizarra” o “sheil gas”. Un apasionante fenómeno geopolítico de contínuos vaivenes y perspectivas diferentes.

Podrían escribirse páginas y páginas de esta controvertida cuestión pero aquí voy a dedicar la primera parte de este comentario a la extraordinaria repercusión mediática del “fracking” en los Estados Unidos y en la segunda parte al conflicto entre el Estado Federal, los Estados y los Entes Locales acerca de este tema. Aunque no me gusta inventar palabras, me ha atrevido usar el término “fracking-landia” para referirme a este país en que ha nacido la técnica de explotación del referido “gas pizarra” (comenzó nada menos que en 1949), en cuyas tierras se han perforado más de dos millones de pozos, y en donde se está produciendo una verdadera revolución energética que puede llevarle a su independencia energética en pocos años. Y, todo ello, claro está, con inciertos efectos (o impactos) sobre el medio ambiente y la salud, con defensores y detractores.

La magnitud de actividad económica –que ha crecido exponencialmente desde hace casi una década- se refleja en la abundantísima bibliografía publicada en los últimos años. Sin contar los libros técnicos sobre ingeniería o geología, cada año aparacen nuevos títulos de ensayos a favor, en contra o indiferentes acerca del “fracking” en este país. Por ir a los títulos más recientes, destaca el ensayo del reportero de energía del Wall Street Journal, Russell GOLD: The Boom: How Fracking Ignited the American Energy Revolution and Changed the World (publicado por Simon & Schuster, New York, 2014) contando los episodios de su desarrollo en los Estados Unidos y los protagonistas de esta historia, como es el caso de George MITCHEL, conocido como “padre del fracking”. En parecida línea de análisis se mueve el libro de otro periodista, Gregory ZUCKERMAN, bajo el título: The Frackers: The Outrageous Inside Story of the New Billionaire Wildcatters (publicado por Penguin, Ney Yor, 2014), más centrado en los empresarios implicados en este sustancioso negocio, a modo de la clásica historia americana: “Los éxitos de los arquitectos de la era de esquisto son atribuibles a la creatividad, la bravuconería, y un fuerte deseo de ser realmente ricos”, escribe. “No puede ser más americano que eso”. Poniendo de manifiesto los pros y contras de esta industria, estas dos obras tratan de eludir posicionamientos determinados, aunque, al final, como atrapados por sus contenidos parecen apoyar la “revolución del esquisto”.

Un libro claramente a favor del “fracking” es el del político conservador, el activista canadiense Ezra LEVANT, titulado: Groundswell: The Case for Fracking (publicado por Random House Canada, 2014). Para este autor –que, entre otras cosas, trata de refutar, punto por punto, los argumentos del famoso documental de Josh FOX (“Gasland”)- “fracking” es “una hermosa tecnología con un feo nombre”, capaz de crear una “energía barata, limpia, abundante y democrática”.

No obstante, son mayoría los libros muy críticos a la producción mediante el “cracking”. Es el caso del análisis contenido en el ensayo de Michelle BAMBERGER y Robert OSWALD, desde una perspectiva de su repercusión sobre la salud humana y animal: The Real Cost of Fracking: How America’s Shale Gas Boom Is Threatening Our Families, Pets, and Food (publicado por Beacon Press Books, 2014). Con un rechazo más claro se pueden citar los libros de Seamus McGRAW: The End of Country: Dispatches from the Frack Zone, 2012; el de Richard HEINBERG: Snake Oil: How Fracking’s False Promise of Plenty Imperils Our Future (publicado por Post Carbon Institute, Santa Rosa, California, 2013); el de Bill POWERS y Art BERMAN: Cold, Hungry and in the Dark: Exploding the Natural Gas Supply Myth (publicado por New Society Publishers, 2013), etcétera.

Con una posición intermedia, se puede encontrar la obra de Chris FAULKNERThe Fracking Truth: America’s Energy Revolution: the Inside, Untold Story, (publicado por Buks County, Pennylvania, 2014), quien se muestra partidario del “fracking” pero siempre que se repete la máxima transparencia en su implantación y en los procesos utilizados (por ejemplo, mediante la  publicidad de los productos químicos empleados y mediante la utilización de soluciones más limpias como la llamada “CleanStim”). Por su parte, el especialista en energía y medio ambiente del prestigioso “think  tank” neoyorquino “Council on Foreing Relations” (CFR), Michael LEVI, en su libro: The Power Surge: Energy, Opportunity, and the Battle for America’s Future (publicado por la Oxford University Press, 2013) trata de situar el auge del “fracking” en el contexto más amplio de las políticas sobre cambio climático y en la que es “shail gas” aparece como “combustible puente” que puede sostener el suministro de energía mientras se van potenciando las energías renovables.

Por lo que se refiere al mundo audiovisual ya comentamos con anterioridad el famoso documental anto-frackingGasland” (2010) del cineasta Josh FOX y la película de ficción “The Promise Land” (2013) dirigida por Gus VAN SANT. Más recientemente se pueden añadir a estos títulos el documental “FrackNation” (2013) creado por Phelim McALEER y Ann McELHINNEY -financiado mediante “crowdfunding”- que es una ácida crítica al documental de Josh FOX. Por su parte, Johs FOX no se ha quedado quieto y ha promovido “Gasland. Part II” (2013) en la que se que la presentación de la industria del gas natural como una alternativa limpia y segura para al petróleo es un mito y que en los pozos del “fracking” se producen fugas y que con el tiempo sería inevitable la contaminación de agua y aire, perjudicando a las familias, y poniendo en peligro el clima de la tierra con el potente gas de efecto invernadero, el metano. Además, la película narra la historia de cómo las poderosas industrias de petróleo y gas están, en las palabras de FOX “contaminando nuestra democracia”.

Incluso se han publicado novelas que excitan la imaginación con motivo del fracking: la de expresivo título “Mother Fracker” de Larry Bud MEYER (Morningside Press, 2013) ganadora del “Green Book festival” de 2014. La de James BROWNING: “The Fracking King: A Novel”, 2014; y la de Mark CAMPBELL: “Fracked” (Darkest Hour Publications, 2015).

“Fracking-mania”, revolución energética, retroceso en la política contra el cambio climático, nuevo blanco para los grupos ecologistas, … Todo es posible en este caleidoscópico asunto que todavía no ha explotado en otros áreas geográficas como nuestra vieja Europa. Continuará.

Las claves del futuro de los Parques Nacionales en nuestro cambiante Mundo (“America’s best idea”).

Escrito por Javier Sanz
5 de abril de 2015 a las 10:08h

La pasada semana, los días 25 a 27 de marzo, tuve la oportunidad de asisitir en el Campus de Berkeley al Congreso titulado “Science for Parks, Parks for Science. The Next Century”. Este evento científico -que ha reunido a destacadas personalidades del mundo científico, a gestores del Sistema de Parques Nacionales de los Estados Unidos y varios centenares de investigadores en este campo de la biodiversidad- trataba de conmemorar el primer centenario de una famosa Conferencia sobre la gestión de los parques que tuvo lugar aquí en Berkeley en 1915, organizada por dos ex-alumnos de Berkeley, Stephen MATHER y Horace ALBRIGTH. De aquella histórica reunión -que contó con la asistencia de los administradores de los parques naturales creados hasta entonces, empresarios, científicos, conservacionistas y politicos- surgió la puesta en marcha del “Servicio de Parques Nacionales” (“National Park Service“) en 1916, cuyos primeros directores fueron respectivamente, MATHER (1916) y luego ALBRIGHT (1929).

Como es sobradamente conocido Estados Unidos fue pionero en la creación de los Parques Nacionales, siendo el de Yellowstone el primero de la historia, hasta los 58 Parques que componen el “sistema de Parques Nacionales” y que se encuentran a lo largo de 27 de los Estados, aunque California y Alaska son privilegiados por contar con ocho cada uno. A los anteriores hay que sumar el recién creado por el Gobierno OBAMA, a mediados del año 2014, en las “Islas Remotas de Pacífico” (siete islas y un atolón) que, bajo la soberanía de los Estados Unidos, ha pasado a convertirse en la mayor reserva marina del mundo.  De los 225.000 kilómetros cuadrados que contaba como “monumento nacional”, ha pasado a extender a cerca de 2 millones de kilómetros cuadrados (hasta las 200 millas náuticas de su zona económica exclusiva).

No cabe duda de que esta institución de los “parques naturales”, posteriormente extendida al resto de los países del mundo (en España el primer espacio natural protegido fue el “Parque Nacional de la Montaña de Covadonga”, declarado como tal en 1918; actual PN de “Picos de Europa”) es una de las “mejores ideas” gestadas por la democracia norteamericana: que los más magníficos y sagrados lugares de la Nación debían ser preservados, no para la realeza o los ricos, sino para todos. A su contribuyeron personalidades que algún día comentaré, como Ralph WALDO EMERSON (escritor, filósofo; 1803-1882) en la costa Este, o John MUIR (naturalista californiano y fundador del Sierra Club; 1938-1914) en la costa Oeste. Para una buena aproximación general a los parques naciones en norteamérica son muy recomendables: el libro –profusamente ilustrado- de Ken BURNS y Dayton DUNCAN (“The National Parks: America’s Best Idea”, 2009) y, por supuesto, y la serie documental de TV que, con el mismo título –y bajo de la dirección del citado Ken BURNS-, constituye un documento audiovisual de gran calidad y belleza y comprehensivo de esta institución.

Volviendo al Congreso de Berkeley de la pasada semana. Sus contenidos estaban orientados en orden a tres grandes cuestiones: cuál es la misión –o misiones- del Servicio de Parques Nacionales y su verdadera relevancia en el momento actual; cómo está respondiendo la “Administración de los Parques” (“stewardship”) a los retos del mundo cambiante (incluido el cambio climático, claro); ¿hay un acoplamiento –o desacoplamiento- entre los parques y los ciudadanos? Entre los objetivos del Congreso: crear la “hoja de ruta” de la ciencia para los parques para las próximas décadas; catalizar la excelencia en la ciencia de las áreas protegidas a través del compromiso de los científicos con los parques; y llegar al gran público a través de eventos y programas de gran cobertura mediática (quizá por este motivo en la organización del Congreso la “National Geographic Society” –fundada en Estados Unidos en 1888- ha tenido un papel importante).

Con los Profesores ENKERLIN (UICN, Monterrey) y ACKERLY (Berkeley)

En realidad, con un parecido planteamiento y temas similares, tuvo lugar, en enero de 2012, un importante Congreso celebrado en Washington DC (“America’s Summit on National Parks. Taking Action for a new Century”) una cumbre sobre los Parques Nacionales y las medidas que había de adoptarse en el presente siglo. Su “declaración de principios comunes” proyectaba hacia el futuro algunos de sus retos más importantes: “mantener la promesa de los Estados Unidos a nuestros hijos” (preservar el rico patrimonio que contienen los parques), “proteger y apreciar nuestra herencia”, “promover alianzas ponderosas” (promoción de socios y voluntarios”), “evolucionar con los Estados Unidos que cambia constantemente”, “mejorar la calidad de vida”, “entregar recuerdos duraderos”…

La conferencia inaugural del Congreso de Berkeley corrió a cargo del famoso biólogo estadounidense Edward Osborne WILSON (padre de la “sociobiología”: rama del conocimiento científicos que investiga las bases biológicas de las conductas sociales de los seres vivos) y versó acerca de la importancia de la biodiversidad, sus amenazas actuales, sus retos futuros y la valiosa aportación de los parques naturales para su preservación. Personalmente me gustó especialmente –por ser una de las pocas ponencias plenarias relativas al medio marino- la intervención de Jane LUBCHENCO, Profesora de la Oregon State University, quien es una muy reconocida especialista en la ecología marina y dirigió la importante agencia “National Oceanic and Atomosféric Administration” (NOAA) durante el primer mandato del Presidente OBAMA. También me pareció muy sugerente la charla Gary MACHLIS (profesor de sostenibilidad de la Clemson University) sobre “el futuro de la ciencia en los Parques nacionales”. Todas las sesiones plenarias del Congreso pueden reproducirse en “livestream” gracias a las grabaciones audiovisuales disponibles en su página web.

La conferencia de cierre del Congreso fue impartida por uno de los más importantes organizadores del mismo, Steve BEISSINGER, Profesor de Conservación Biológica de la propia Universidad UC-Berkeley. Subrayó las grandes claves del futuro de la gestión de los parques nacionales: responder a los  cambios ambiental pero también cambios culturales de nuestra sociedad; pensar en una gestión que va más allá de los propios límites de los parques; recuperar el principio de precaución; implicar a la sociedad en la protección de los parques; insuficiencia de la mera monitorización de los parques y necesidad de una protección integral (incluido el sistema social circundante); incrementar el número de investigadores implicados en la investigación sobre la protección de la biodiversidad (en definitiva, de acuerdo con el “leit motiv” histórico del Congreso: implicar a la Universidad en la protección y gestión de los parques).  Concluyó con un pensamiento del mejicano Ernesto ENKERLÍN, presidente de la Comisión de Áreas Protegidas de la Unión Internacional de Protección de la Naturaleza (UICN), quien también intervino en una de la sesiones plenarias del primer día, en el sentido de que en la lucha por mantener la protección de los parques y áreas protegidas no solo está en juego su propia pervivencia sino, lo que es más importante, el logro de las aspiraciones humana en torno a la sostenibilidad del Planeta.

En resumen, para mi fue extraordinariamente enriquecedora la asistencia a este Congreso. De la importancia del trabajo interdisciplinar y de recíproca colaboración Universidad-Administración Pública en la protección de la biodiversidad. De la necesidad de reflexionar sobre el futuro sin dejarse llevar por las inercias burocráticas. De la vital implicación de la sociedad y de la ciudadanía en semejante tarea. Seguro que en este trabajo promovido por Berkeley están muchas de las futuras bases de la protección de los parques nacionales no solo de los Estados Unidos sino de todo el mundo, pues no hay que olvidar que aquí nació –hace casi un siglo y medio- tan magnífica idea.

Agua para un futuro sostenible (“Water 4.0”)

Escrito por Javier Sanz
26 de marzo de 2015 a las 7:24h

El pasado 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua –promovido desde 1993 por Naciones Unidas- y estando aquí, en California –que cuenta con algunos de los mejores expertos del mundo-, no he podido evitar reincidir en el vital tema del agua. “Agua y desarrollo sostenible” es el “leit motiv” de este año mediante el que se pone de manifiesto las mútiples facetas del agua: el “agua es salud” (siempre que no esté contaminada), “el agua es naturaleza” (es capital en el equilibrio de los ecosistemas), el “agua es urbanización” (un servicio indispensable en la creciente población urbana), el “agua es industria” (un grave  problema cuando no se somete a la consiguiente depuración), el “agua es energía” (que proporciona estabilidad a la producción eléctrica), el “agua es comida” (que supone la mayor parte de su consumo por el sector agropecuario), el “agua es equidad” (debería ser un derecho fundamental de cada ser humano).

En el último Informe (de 2014) sobre el cumplimiento de los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas es esperanzador en materia de saneamiento del agua (la “meta 7C” dentro del Objetivo 7º sobre garantía de la “sostenibilidad de medio ambiente”) ya que, se destaca, que se ha cumplido el objetivo de reducir a la mitad el porcentaje de personas que carecen de acceso a “fuentes de agua potable mejoradas”, pero todavía hay en el mundo 748 millones de personas que carecen de dicho acceso, lo cual resulta intolerable. Además, más de 2.500 millones de seres humanos siguen sin utilizar “servicios de saneamiento mejorados”, con todos los riesgos de enfermedades que ello lleva consigo.

En el mensaje del Secretario General de Naciones Unidas, Ban KI-MOON, a propósito del Día Mundial del Agua, sin dejar de referirse a los retos planteados por el cambio climático, señala entre otras cuestiones que “para eliminar los múltiples problemas relacionados con el agua, debemos trabajar con un espíritu de cooperación urgente, con mente abierta a las nuevas ideas y la innovación, y dispuestos a compartir las soluciones que todos necesitamos para un futuro sostenible”.

Nuevas ideas e innovación pues, como parte de la solución de los multiples problemas del agua. Nada más oportuno para responder al estado actual de esta cuestión es el libro que ha caído estos días en mis manos con el sugerente título:  “Water 4.0. The past, Present, and Future of the World’s Most Vital Resource, publicado en 2014 por la Yale University Press, que además cuenta con una propia página web informativa. Su autor es David L. SEDLAK, “Malozemoff Professor” en “Mineral Engineering”, Co-director del “Berkeley Water Centre” y Director del “Institute for Environmental Science and Engineering”, pertenecientes -¡cómo no!- a la UC-Berkeley. Un trabajo que ha merecido la concesión a su autor del galardón “Clarke Price 2014” por parte del prestigioso “National Water Research Institute” con sede en California.

Son muchos y muy interesantes los ensayos que sobre el agua se han venido publicando en norteamérica en los últimos años y que, en su mayor parte, abordan el tema desde una perspectiva crítica acerca de su escasez y de deficiente gestión en los Estados Unidos: (Fred PEARCE: “When the Rivers Run Dry: The Defining Crisis of the Twenty-First Century” Beacon, 2007); Maude BARLOW: “Blue Covenant: The Global Water Crisis and the Coming Battle for the Right to Water” (New Press, 2009); Robert GLENNON: “Unquenchable: America’s Water Crisis and What to Do About It” (Island Press, 2010); Brian FAGAN: “Elixir: A History of Water and Humankind” (Bloomsbury, 2011); Alex PRUD’HOMME: “The Ripple Effect: The Fate of Freshwater in the Twenty-First Century” (Scribner, 2011); Cynthia BARNETT: “Blue Revolution: Unmaking America’s Water Crisis” (Beacon, 2011); Charles FISHMAN: “The Big Thrist: The secret and turbulent future os Water” (Free Press, 2012)…

David SELDAK

El libro de David SEDLAK, por el contrario, aborda un perspectiva distinta a los anteriores trabajos, relativa a los sistemas urbanos de gestión del agua. Con este fin se remonta 2.500 años antes a la Roma Imperial (primera gran urbe de la historia de la humanidad) que desarrolló el primer sistema centralizado de abastecimiento y distribución del agua, un ingenioso conjunto de acueductos, fuentes y cloacas que al autor denomina como “Water 1.0”. Para la siguiente etapa –“Water 2.0”- habrá que esperar hasta finales del siglo XIX en los Estados Unidos en que, gracias a los expertos del Massachusetts Institute of Technology (MIT), se aplicaron eficaces remedios para evitar la difusión de una fiebre tifoidea por el consumo de aguas contaminadas en las poblaciones de Lowel y Lawrence, ambas situadas en la ribera de río Merrimack (Estado de Massachusetts); lo cual supuso un salto de gigante con la aplicación y difusión en los países desarrollados, desde entonces, de los sistemas del flitrado de aguas residuales y la aplicación de cloro como desinfectante de los gérmenes patógenos. La tercera etapa –“Water 3.0”– se refiere a los vigentes sistemas centralizados de tratamiento biológico y depuración de las aguas de nuestras ciudades, posteriormente reforzados con las primeras regulaciones federales contra los vertidos (la “Clean Water Act” de 1972).

La “revolución pendiente” en la gestión del agua presenta muchos frentes abiertos como los efectos del cambio climático sobre los recursos hídricos (sequías e inundaciones), la imparable expansión de la población urbana y de su “huella hídrica”, la creciente presión sobre los recursos subterráneos, los nuevos contaminantes (productos químicos disruptores endocrinos, nutrientes), etcétera. La nueva etapa –“Water 4.0”- ha de orientarse necesariamente, como señala SEDLAK, hacia una protección integrada de los recursos hídricos –superficiales y subterráneos- que tengan en cuenta la protección de la biodiversidad, el aprovechamiento de las aguas marinas (desaladoras), la reutilización de las aguas residuales, una mayor información al público, y, por supuesto, su uso racional (a través de prácticas que reduzcan el consumo del agua). Pero la gestión del futuro pasa por un considerable encarecimiento del precio del agua, entre otros motivos, por la renovación de las viejas infraestructuras hidráulicas (se refiere a los Estados Unidos), lo cual resulta impopular. En todo caso, se requiere una vigorosa decisión política que invierta las actuales pautas insostenibles de consumo ante las previsibles consecuencias de la inminente escasez del agua.

Bill Gates y el Omni Processor

El autor de Water 4.0 se refiere a las sistemas centralizados existentes que deberán ser mejorados para lograr una mayor eficiencia en su gestión pero también se refiere a los sistemas descentralizados de viviendas y poblaciones  aisladas que pueden llegar a ser autogestionar con eficacia sus propios recursos y necesidades hídricas. Son muchos los retos y las potenciales crisis a las que se enfrenta la gestión del agua en todo el mundo, pero como concluye SEDLAKla historia nos enseña la importancia de las crisis como catalizador del cambio”. Se podría criticar esta obra –como ya se ha hecho- diciendo que sólo se fija en la gestión urbana de agua en los países desarrollados y que olvida los graves problemas de los países en desarrollo en esta materia. Sin embargo, estoy convencido de que las innovaciones y avances técnicos en la ingeniería del agua permitirán resolver muchos de los problemas que asolan a los países con pocos recursos y/o condiciones extremas. Ahí está, por ejemplo, el Janicki Omniprocessor, un proyecto que va a financiar la Fundación de Microsoft (Gates Foundation) y que consiste en la transformación de desechos humanos en agua potable y energía.

Como modesto profesor de Derecho en el Máster en Ingenería del Agua de mi Universidad de A Coruña, el libro de David SEDLAK me ha resultado de enorme interés, tanto como mis habituales  conversaciones con los grandes expertos -y mejores amigos- en ingenería hidráulica de esa Universidad, lo cual me lleva a confiar mucho en una futura gestión sostenible de las aguas urbanas. Ojalá la política hidráulica del futuro esté a la misma altura.

Una verdad inocultable (“Under the dome”)

Escrito por Javier Sanz
17 de marzo de 2015 a las 9:14h

Hace pocas semanas saltaba a la palestra informativa el éxito sin precedentes –“fenómeno viral”- un documental que, con el título “Bajo la cúpula (“Under the dome”, prestado del nombre de una serie estadounidense), ha sido producido y presentado por una conocida periodista china, Chai JING, sobre los graves efectos para la salud de la contaminación en la República Popular China. Hasta al momento este documental ha sido visto por más de 200 millones de personas, incluidos muchos millones de ciudadanos chinos (22 millones, en un solo fin de semana en el youtube chino, “Youku”) hasta que poco después de su emision, el Gobierno chino decidió censurarlo para la audiencia de sus compatriotas.

La presentación del documental –de 104 minutos de duración y que está accessible en youtube con subtítulos en inglés– se parece mucho al famoso documental de AL GORE (“una verdad incómoda”, oscarizado en 2006) pero, a mi juicio, tiene más fuerza argumentativa y un componente humano más atractivo. La periodista narra su propia experiencia cuando al quedar embarazada se detecta que su hija tiene un tumor (aunque benigno) presuntamente debido a la alta polución de las ciudades chinas en la que había trabajado como reportera. Son impresionantes las secuencias fotográficas de varias ciudades del éste de China en las que domina una agobiante niebla de contaminación; son incontestables los datos estadísticos sobre la elevada mortalidad de los ciudadanos chinos que pueblan los núcleos urbanos más contaminados (más de un millón, segun la revista “The Lancet”); es escalofriante la entrevista a una niña que vive en una zona minera de la provincial de Shanxi en la que afirma que nunca ha visto estrellas en el firmamento o el azúl del cielo, son enormes los índices de contaminación atmosférica experimentados en muchas ciudades chinas  que superan con mucho los niveles de seguridad… Son muchos los hechos y datos contados con una gran capacidad divulgativa que captan enormemente la atención del público que asiste a la explicación de Chai JING.

Chen GINING

Ante esta realidad incontestable de tener que vivir “bajo la cúpula” de la contaminación, provocada por el voraz uso del carbon para alimentar el imparable crecimiento económico del gigante país asiático, lleva a plantearse a la autora del documental cómo explicar a su hija el fenómeno de la polución atmosférica, de sus efectos para la salud, de consecuencias para el medio ambiente. No hay una crítica explícita al Gobierno pero, en el fondo, cualquiera se pregunta ¿quién es el responsable de este grave problema? ¿qué hace la Administración Pública para controlar los excesivos indices de contaminación del sector industrial? ¿cómo puede permitirse el sacrificio de tantas vidas en el altar del insostenible progreso económico?

Pese a la censura, poco antes de la celebración del Congreso Nacional del Pueblo, el recién nombrado por el Gobierno, ministro de Medio Ambiente, Chen JINING, ha afirmado al ver el documental que “merecía admiración” y que podia compararse con la famosa obra de la científica norteamericana, Rachel CARSON, “Primavera Silenciosa” de 1962 en donde denunciaba los perjudiciales efectos de los pesticidas para el medio ambiente y para la salud. El flamante responsable de la política ambiental de la República Popular -formado en Europa (Imperial College London) y Director del Departamento de Ciencias Medioambientales de la prestigiosa Universidad de Tsinghua de Pekin- ha dicho que el citado documental “ha jugado un importante rol en promover la conciencia pública sobre asuntos de salud y medioambiental”.

Aquí, en los Estados Unidos, varias instituciones universitarias han venido colaborando con científicos chinos en la reflexión sobre la importancia de una nueva política ambiental en la Republica Popular. Así, por ejemplo, el Center for Environmental Law and Policy de la Universidad de Yale y el Center for International Earth Science Information Network de la Universidad de Columbia, en colaboración con la Chinese Academy for Environmental Planning y la Universidad de la City de Honh Kong, elaboraron hace pocos años un muy interesante estudio titulado “Towards a China Environmental Performance Index”. También el prestigioso WILSON CENTRE, a través de su “China Environment Forum” ha desarrollo varios estudios en este tema y, justamente, hace pocos días organizó un panel de discusión sobre el documental que comentamos (que puede verse en su website). Igualmente, el Gobierno norteamericano, a través de su Environmental Protection Agency (EPA) viene colaborando, desde 2007, con el Gobierno chino en la iniciativa “EPA-China Environmental Law Initiative”.

Se puede afirmar que el ordenamiento ambiental de la República Popular China es moderno y completo pero que, sin embargo, padece de un enorme deficit de cumplimiento. Desde hace mucho tiempo existe una pugna interna entre el Gobierno central y los Gobiernos locales (provinciales y de distrito) para hacer cumplir la normativa ambiental, así como un rechazo de las poderosas empresas públicas industriales reacias a frenar su ritmo de producción y a implementar la legislación ambiental.  Antes de ayer, el Primer Ministro chino, Li KEQUIANG, al acabar la Asamblea Nacional Popular (el máximo órgano legislativo de la República Popular) –que ha respaldado una reducción del crecimiento para este año 2015 al 7%- ha afirmado que “la contaminación es un grave preocupación de la gente y el Gobierno está dispuesto a acabar con ella reforzando las leyes medioambientales y endureciendo las penas para sus infractores-. Ya en el discurso del año pasado había declarado la “Guerra contra la contaminación”. Sin embargo, no bastan las declaraciones institucionales y es muy importante en la solución de los temas ambientales la máxima transparencia y la participación. Por este motivo flaco favor se ha hecho al nuevo Ministro de medio ambiente chino censurando el comentado documental que presenta una cruda e inocultable realidad de la contaminación ambiental del país. En un momento del mismo, la periodista Chai JING, afirma con enorme fuerza: “Es como se hace historia, cuando miles de personas comunes dicen: no, no estoy satisfecho. No quiero esperar. Me levantaré y haré algo. Aquí y ahora”. No se trata de una mera cuestión ideológica porque lo que está en juego son vidas humanas.

Pese a todo, soy optimista viendo a tantos –son miles- jóvenes investigadores venidos de China para formarse en las más prestigiosas universidades norteamericanas y de todo el mundo, algunos son mis colegas aquí, en Berkeley. Estoy convencido de que ellos impulsarán desde dentro del país, tarde o temprano, una nueva política ambiental y el convencimiento de que se pueden hacer mucho mejor las cosas, de que es posible un nuevo desarrollo económico. Es deseable que así lo hagan cuanto antes porque los excesos de la contaminación industrial –los de China, por supuesto- tienen ya una repercusión planetaria.

Ante la pertinaz sequía (“The West Without Water”)

Escrito por Javier Sanz
8 de marzo de 2015 a las 23:19h

Acaba de llamarme un amigo que está pasando unos días en New York, donde me cuenta el extremo frío que está haciendo en la “Gran Manzana” que, por lo que parece, puede formar parte de otro episodio de “vórtice polar”, parecido al ocurrido el pasado invierno. Por el contrario, aquí en California, venimos disfrutando este “invierno” de un tiempo soleado y unas temperaturas que sobrepasan, al mediodía, los 20º. Y, por supuesto, la lluvia es, por estas latitudes, un fenómeno atmósférico cada vez más excepcional. Hablar del tiempo atmosférico es el socorrido recurso que utilizamos cuando no sabes de qué hablar, pero en esta parte de los Estados Unidos la pertinaz sequía que está azotando el Suroeste no es tema de poca importancia. Tampoco es tema menor, en estos momentos, en algunas de las grandes áreas metropolitanas de Brasil (en particular, en la region sudeste, con Sao Paulo y Río de Janeiro).

En particular, California está sufriendo desde 2011 –según los últimos trabajos científicosuna de las más severas sequías de los últimos 1.200 años (que se dice pronto) y, también las temperaturas son las más altas desde que se tienen registros. Parafraseando la famosa canción –de prinicipios de los setenta- del cantante británico Albert HAMMOND bien podríamos afirmar (mejor dicho, cantar) que, al menos, en esta temporada, “It never rains in (Southern) California” (“nunca llueve en California”).

Este fenómeno de la sequía no es nada nuevo en California, como han demostrado las profesoras de UC-Berkeley, Lynn INGRAM y Frances MALAMUD-ROAM -en su trabajo “The West Without Water. What past floods, droughts, an other climatic clues tell about tomorrow” (publicado por University California Press en 2013)- analizado a lo largo de miles de años los datos paleoclimáticos e históricos disponibles y ofreciendo las lecciones que el pasado puede enseñarnos de cara el futuro. Lo que resulta claro es que el fenómeno de la sequía en el Oeste de los Estados Unidos no es algo conyuntural sino que marca una tendencia que, además, se va a agravar. Otro tema es si el calentamiento global está colaborando a agudizar esta situación, lo cual está siendo aquí motivo de debate entre los científicos (Richard SEAGER de la NOAH defiende que se trata de un ciclo atmosférico natural; Noah DIFFENBAUGH de la Universidad de Stanford opina que está causado por el cambio climático de origen antrópico).

Justamente en relación con este tema que estamos comentando, tuvo lugar a finales del pasado mes de enero en Madrid, en la sede de la Fundación Botín, un Seminario Internacional  -coorganizado entre dicha Fundación (su prestigioso Observatorio del Agua) y el Rosenberg International Forum– un muy interesante seminario para comparar cómo se está abordando la gestión de la sequía en California y en España, bajo el título: “Gestión de la sequía y la escasez de agua en tierras semi-áridas: los casos de California y España”. En ella han intervenido destacados especialistas de ambos países, de varias Universidades españolas y, por parte de Estados Unidos, expertos de varios de los campus de la Universidad de California, en particular de UC-Davis).

Son muy sorprendentes las similitudes entre California y España con relación al agua, en cuanto a sus recursos disponibles, pluviometría, volumen embalsado, población consumidora, y una largo etcétera. Esto ha atraído, desde hace tiempo, el estudio por parte de investigadores españoles de los diferentes  aspectos ambientales, económicos y jurídicos de la gestión del agua en el “Estado Dorado”. Desde el relevante trabajo de los Profesores de Pedro ARROJO –máximo exponente de la “Nueva Cultura del Agua”- y José Manuel NAREDO (en su obra La gestión del agua en España y California”, publicado en 1998), hasta los más recientes trabajos sobre “mercados del agua” de la brillante investigadora Vanessa CASADO-PÉREZ, una española que acaba de ser contratada como Profesora de Derecho Ambiental (Lecturer in Law and Teaching Fellow) en la muy  prestigiosa Universidad de Stanford y a quien he tenido el gran gusto de conocer personalmente.

La severidad de la sequía en California llevó al Gobernador del Estado (el demócrata Jerry BROWN) a aprobar en enero de 2014 una serie de medidas de restricción del agua y la aportación de un fondo de 1.000 millones de dólares para ayudas de emergencia. Y, al poco de llagar yo a Berkeley, se celebró el 4 de noviembre de 2014, en el Estado de California, una votación peibliscitaria (coincidiendo con las elecciones de representantes de los gobiernos nacional, estatal y locales) cuya Proposición nº 1 versaba sobre la conveniencia de que el Estado asumiera una deuda de 7.100 millones de dólares para la financiación de proyectos relativos a la calidad, suministro y tratamiento del agua; lo cual fue aprobado mayoritariamente. Se calcula que la escasez de agua ha supuesto, a lo largo de 2014, unas pérdidas –especialmente en el sector agrícola- de 2.200 millones de dólares y de 17.000 empleos de temporada.

Gracias a las infraestructuras construidas en el pasado siglo XX, las grandes áreas metropolitanas de Los Ángeles-San Diego (situadas en una zona semidesértica) y de la Bahía de San Francisco, en las que viven dos terceras partes de la población de California, se ha podido mantener con cierta regularidad el servicio de abastecimiento de las poblaciones urbanas. Pero el problema está en el sector agrario -que consume el 80% de los recursos hídricos- y especialmente en la región de “Valle Central”, impresionante granero de los Estados Unidos que produce más de la mitad de sus productos agrícolas. Durante la anterior gran sequía de finales de los ochenta (1988-1991) el Estado de California desarrolló una nueva política de aguas, impulsada por su DWR (Departament of Water Resources), con muchas medidas innovadoras con el “Banco de Aguas” pero que incidieron en la necesidad de reducir la demanda de agua y de proteger sus usos y servicios ambientales.

De cara al futuro si persiste la sequía, como adelantan las previsiones de los expertos, la presión del poderoso sector agrario va a seguir creciendo para demandar del Gobierno estatal mayores disponibilidades de recursos, lo cual supone importantes obras hidráulicas. Y esta demanda, si se atiende, puede suponer impactos ambientales peligrosos en la zona del Delta, en donde confluyen los ríos Sacramento y San Joaquín, que forma el estuario más grande de la costa occidental de los Estados Unidos y que suministra agua al “Valle Central”. Mientras, los ecologistas recuerdan el emblemático “caso del Mono Lake” (lago ubicado cerca del Parque Nacional de Yosemite) en que sus defensores (reunidos en un Comité) ganaron, a finales de los setenta del siglo XX, la batalla legal al Departamento de Abastecimiento de Agua de la ciudad de Los Ángeles que lo estaba sobre-explotando y poniendo en grave peligro su caudal ecológico.

No cabe duda de que seguiremos aprendiendo mucho los españoles de cómo se gestiona aquí el agua (o más bien, la escasez del agua). Ya hemos aprendido mucho, de la necesidad de medidas de ahorro, de reutilización de las aguas, de un controlado “mercado del agua” en casos extremos (aunque no es la panacea), de la importancia de su valor ambiental, de la importancia de la “gestión de la demanda” (frente a la gestión de una oferta creciente, como ha sido el caso de España), etcétera. En fin, estoy convencido de que, antes de correr el peligro de una catastrófico colapso hídrico, se pueden hacer muchas cosas para un mucho más eficiente uso del agua. Pero, eso sí, con verdadera voluntad política y mediante la concienciación ciudadana sobre el buen uso de nuestro recurso más esencial.