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New York: “Greening the Big Apple” (I)

Escrito por Javier Sanz
25 de julio de 2015 a las 4:45h

IMG_1963De nuevo retomo la redacción de este blog tras varias semanas de transición, desde la finalización de mi estancia en Berkeley hasta el comienzo, ahora, de una corta temporada en la ciudad de New York. Atrás quedan tantos recuerdos de las amistades forjadas en California, de los maravillosos paisajes de la costa (“West Coast”) y de las “Sierras”, del estimulante ambiente intelectual del Campus de Berkeley, de las benignas condiciones climáticas de la Bahía de San Francisco,… En fin, inolvidable experiencia que marcará para siempre mi trayectoria personal y profesional.

Reconozco que el cambio ha sido bastante radical. De vivir en una tranquila ciudad de unos 100.000 habitantes a aterrizar en la ciudad más poblada de los Estados Unidos -que es la aglomeración urbana número 11 del Planeta (con casi 22,000.000 de seres humanos)- la vida –digamos- te cambia un poco. Además tengo la suerte –o quizá, más bien, la desgracia- de vivir en pleno “Midtown” de Manhattan donde se cumple a la letra el dicho sobre la ciudad de New York (conocida también como “Big Apple”) de que es “la ciudad que nunca duerme”. También se dice que un año en Manhattan es –debido al estrés- como vivir tres en un lugar tranquilo.

Ciudad global” –o cosmopolita- por antonomasia, no cabe duda de que mantiene su influencia mundial en el mundo financiero (plasmado en el poderoso “Wall Street”), en los medios de comunicación, en la vanguardia del arte, etc. Esta “megalópolis” es como el Mundo en pequeño, donde personas de todo tipo de razas y pueblos se cruzan y deambulan en sus pobladas calles y avenidas. Podría afirmarse que pocas ciudades del mundo tienen una tan rica “biodiversidad cultural y humana”. Si a esto se añade que es una de las urbes más visitadas del mundo, como más de 40 millones de turistas nacionales y extranjeros cada año, pues resulta que estamos ante una ciudad extraordinariamente interesante (como se suele decir, “uno de los lugares que hay conocer antes de morir”).X33110- NYC

Como he hecho en otras ocasiones no he podido evitar indagar las características y circunstancias ambientales de esta sorprendente ciudad. Muchas son las cuestiones sobre su sostenibilidad ambiental, desde su impresionante densidad de población (de 10.194 hab/Km2) –modelo de “ciudad compacta”-, su incesante tráfico urbano, su constante alto nivel de ruido ambiente, su inmensa huella ecológica, su delicado emplazamiento costero –que le conllevó importantes daños catastróficos con motivo del huracán “Sandy” en 2012-, y una largo etcétera. En las siguientes entradas de este blog intentaré comentar algunas de estas cuestiones y, particularmente, de cómo las está abordando la actual municipalidad metropolitana de New York, con un sistema de gobierno liderado con por Alcalde –Bill de Blasio, del partido demócrata (109 “Mayor of the New York City”)- y un “Consejo de la Ciudad” (“City Council” compuesto por 51 miembros, correspondientes a los cinco Distritos de los cinco “boroughs”: Bronx, Brooklyn, Manhattan, Queens y Staten Island), cuyo presupuesto asciende a 70.000 millones de dólares (superior, por ejemplo, al de Suiza) y que emplea a 250.000 personas.

El pasado mes de marzo de 2015 fue presentado por Bill de Blasio el nuevo “Plan de sostenibilidad” de la ciudad de New York, bajo el título: “One New York: The Plan for a Strong and Just City”, que recoge un sugerente programa de actuación pública colaborativa en los aspectos de la sostenibilidad, recuperación y resiliencia. Con objetivos ambiciosos como la limpieza del ambiente atmosférico, plantación de cerca de un millón de arboles, implantación de varios millones de metros cuadrados de paneles solares, importante reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (que, de hecho, son muy inferiores a la media norteamericana), etc. Dentro de diez años New York cumplirá sus cuatrocientos años de existencia y sus autoridades locales quieren convertirla en la ciudad más sostenible del mundo.

Justamente en estos días -21 y 22 de julio- Bill de Blasio a asistido en Roma a la reunión de alcaldes de las sesenta y cinco ciudades más importantes del mundo (Madrid incluida), convocada por el Papa Francisco a través de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociale. En su inauguración en Papa ha destacado la importancia de las ciudades para promover el cambio que propone en su Encíclica “Laudato Si”. Y es que no debe olvidarse que más de la mitad de la población mundial reside ya en áreas urbanas. También en estos días el Alcalde de la “Big Apple” ha comentado la posibilidad de reducir la flota de taxis privados (de la controvertida empresa Uber) que operan aquí (hasta 21.000), lo cual supondría, según él, importantes beneficios para el tráfico neoyorkino y la reducción de la contaminación.

Tiempo habrá para hablar de estos asuntos. Ahora, como suelo incluir, en otras entradas de este blog, un breve comentario de la bibliografía disponible. No hace falta acudir a la más importante librería de New York –la famosa librería de segunda mano, Strand, situada en la confluencia de la Brooklin con la 12 St.- para caer en la cuenta de que el interés despertado por la “Gran Manzana” no sólo se nota en el mundo cinematográfico sino también en la larguísima relación de monografías, ensayos y trabajos desarrollados sobre diferentes aspectos del medio ambiente neoyorquino. La lista de títulos es interminable: sobre su biodiversidad (New York cuenta con 113 Km2 de espacios verdes, entre ellos el “Central Park”, el más visitado de los Estados Unidos), sobre su pionero sistema de abastecimiento y gestión de sus aguas urbanas, sobre los efectos que puede conllevar el cambio climático, sobre la lucha por la justicia ambiental en las zonas más pobres de la ciudad (el caso del “Bronx”), sobre la recuperación de las aguas portuarias, sobre la gestión del ruido urbano, sobre su peculiar regulación y planificación urbanística, sobre la gestión de sus residuos, y un largo etcétera.

51cuPLtStxL._SX380_BO1,204,203,200_En todo caso, desde una perspectiva más general hay varios trabajos recientes que me han llamado la atención. El ensayo de Betsy McCully, City at the Water’s Edge: A Natural History of New York (Rivergate Books, 2006), contiene una apasionante historia del crecimiento de la más universal ciudad de los Estados Unidos a costa de la naturaleza. El libro colectivo dirigido por el biólogo John WALDMAN: Still the Same Hawk, Reflections on Nature and New York (editado por Fordham University Press en 2012) incluye once ensayos acerca de la relaciones entre el medio ambiente y la realidad pasada, presente y futura de New York. El ensayo de Steven COHEN titulado: Sustainability Management: lessons form and for New Yors City, America and the Planet (Columbia University Press, 2011), nos muestra una sugerente visión de este analista y consultor de la EPA, desde la visión de la gran ciudad, acerca de la compatibilidad entre el crecimiento económico y la conservación “intacta” del Planeta. Finalmente, Eric SANDERSON, director de “Landscape Ecology and Geographic Analisys” en el “Living Landscape Program” de la “Conservation Society” del Zoo del Bronx, nos invita a imaginar en su libro titulado Mannahatta: a natural History of New York (Abrams, 2013) cómo era el Manhattan que descubrieron los primeros exploradores europeos.

¿Conseguirá New York llegar en 2050 lo que desean sus actuales gobernantes: ser la ciudad más sostenible del mundo? El tiempo lo dirá. No obstante, es sorprendente su capacidad de recuperación ante las crisis que ha sufrido y su extraordinario dinamismo. Pocas ciudades cuentan con tantos recursos –económicos, científicos y humanos- para lograrlo.

Universal acogida (“In the wake of the new Enciclic”)

Escrito por Javier Sanz
29 de junio de 2015 a las 17:51h

EPA1724052_ArticoloCon muy pocas excepciones, la nueva Encíclica del Papa Francisco sobre la “ecología integral” ha tenido una extraordinaria  acogida en la opinión pública de todo el mundo. Desde el Presidente OBAMA hasta el Secretario General de la ONU, Ban KI-MOON, pasando por Presidentes de Gobierno y Jefes de Estado, representantes de grupos ecologistas, de organizaciones religiosas, intelectuales, y un largo etcétera.

Desde aquí, desde los Estados Unidos de América, las palabras de su Presidente son particularmente elogiosas: “admiro profundamente la decisión del Papa de llamar a la acción sobre el cambio climático de manera clara, fuerte, y con toda la autoridad moral que su posición le confiere”. Está bien, es cierto, el Romano Pontífice habla del cambio climático como un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad” (punto 25). Pero hay muchos otros temas que se recogen en la Encíclica que, a mi juicio, ponen en entredicho el tradicional “american way of life”. Reducir la “cuestión ecológica” al vital tema del calentamiento global sería un lamentable  reduccionismo.

No obstante, es claro que en este país –que ya está calentando motores para la próximas elecciones a Presidente, a finales del 2016- la cuestión del cambio climático es controvertida. Muchos de los representantes políticos republicanos rechazan que el calentamiento global sea consecuencia de la actividad humana. De aquí que, quienes se postulan en el partido conservador para la presidencia, Jeb BUSH (Bush III) y Marco RUBIO (hijo de emigrantes cubanos) hayan mirado con recelo la Encíclica, aunque una vez publicada han moderado sus críticas. No hay que olvidar que ambos son católicos practicantes y aquí se viene especulando qué efectos políticos puede tener el documento papal. Pero habrá que ver la fuerza del poderoso “lobby” de la industria del petróleo y el carbón que siempre ha venido apoyando a los candidatos republicanos y que, como señala Rafael NAVARRO-VALS, ha desarrollado un “sabotaje informativo” previamente a la publicación de la Encíclica.FORE logo with line

Polémicas aparte, me parece muy interesante la labor informativa que, en torno a la “encíclica de la ecología integral” ha venido –y viene- desarrollando “The Forum on Religion and Ecology at Yale”, un importante proyecto interreligioso promovido, desde 1996, en el “Yale School of Foresty and Environmental Studies”, por los investigadores John GRIM y Mary Eveleyn TUCKER. Son muy numerosas las publicaciones que este centro de la muy prestigiosa Universidad de Yale han venido editando: la serie de “World Religions and Ecology Series” –que analiza cada una de las grandes religiones y sus implicaciones con la ecología- y varias publicaciones periódicas (Daedalus, Earth Ethics, Ecotheology…) . Pues bien, como decíamos en la web del citado “Forum” se recogen diversas informaciones sobre la Encíclica “Alabado Seas”: además de su texto, una información sobre “frequently asked questions” en torno a la misma, la transcripción de una mesa redonda que tuvo lugar recientemente en dicho Foro en relación con el texto papal y otras interesantes colaboraciones y comentarios. En el apartado de noticias “news” de la citada web se recogen las opiniones vertidas en los medios de comunicación de todo el mundo (aunque en lengua inglesa).

Es cierto que en los Estados Unidos el peso de la religión en la vida pública sigue siendo importante y que son frecuentes las invocaciones a Dios en los discursos políticos y proclamas públicas. Lo cual, contrasta un tanto con el extendido laicismo en muchos países de la Europa continental. Sin ir más lejos, en Claremont, al sur de California y cerca de Los Ángeles, se acaba de celebrar –los pasados días 4-7 de junio- un Seminario titulado “Seizing an Alternative: Toward an Ecolgical Civilization”. Una iniciativa –promovida por la plataforma “Pando Populus”- que aspira a crear una “civilización ecológica” y que está inspirada por John B. COBB, teólogo metodista y ambientalista que, en 1971, escribió un relevante libro sobre ética ambiental titulado “Is it Too Late? A Theology of Ecology”, en el que se pone de manifiesto la importancia del pensamiento religioso en la reflexión sobre la crisis ecológica.

41XQ0BWQ5QL._SY344_BO1,204,203,200_También en los Estados Unidos nació en 1990, con el impulso de la “American Philosophical Association”, la “International Society of Environmental Ethics” (ISEE) –cuya web contiene la más importante base bibliográfica del mundo sobre ética ambiental-, que tiene por objetivo avanzar en la investigación de materia y promover con ello un apropiado uso de la naturaleza por el ser humano, con una actitud de respeto, preservación y conservación así como un mejor entendimiento de la mundo natural. Justo, dentro de un mes se celebra su conferencia anual, en la Christian-Albrechts-Universität de Kiel (Alemania) sobre el tema “Environmental Ethics Between Action and Reflection” y, por la variada temática que acoge, se promete muy interesante.

Personalmente, soy de la opinión de que los valores espirituales son esenciales para buscar soluciones cabales en la senda de la sostenibilidad, permiten unir a personas de diferentes culturas y credos y, lo que para mi es mas importante, ayudan a promover actuaciones verdaderamente responsables para con la Naturaleza. Esas actuaciones cotidianas, sencillas, indispensables que transforman toda una sociedad.

Pienso que la nueva Encíclica sobre ecología, abierta a todos los hombres de buena voluntad (no sólo a los católicos) constituye un hito histórico en la historia de la humanidad ante la crisis ecológica. “Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo –expresa el Papa Francisco- sobre el modo en como estamos construyendo el futuro del Planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos , porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan e impactan a todos” (punto 14).

Una ecología integral (“on care for our common home”)

Escrito por Javier Sanz
22 de junio de 2015 a las 6:13h

laudato-si-itLa publicación -el pasado jueves, 18 de junio- de la nueva encíclica “Alabado Seas” del Papa Francisco había generado una gran expectación en la opinión publica y, en particular, para los que nos dedicamos al medio ambiente. Tras una lectura apresurada de sus casi doscientas páginas lo primero que deseo afirmar es que no me ha defraudado en absoluto y que, a mi juicio, estamos ante uno de los textos más profundos y provocadores que se haya escrito jamás sobre llamada “crisis ambiental o ecológica”. Sin pretensión alguna de analizar ahora su largo contenido, solo quiero manifestar mis primeras impresiones. Tiempo habrá, más adelante, para profundizar en algunos de sus principales planteamientos.

Independientemente de que se trate de un documento magisterial de la Iglesia Católica y que, por tal motivo, para los católicos tenga un especial valor, este documento aborda con exhaustividad todas las grandes cuestiones que afectan al actual estado del medio ambiente en nuestro Planeta que es “nuestra casa común”. Desde la contaminación atmosférica hasta los organismos genéticamente modificados, la protección de los océanos, la gestión de los residuos, la preservación de la biodiversidad… y, por supuesto, el cambio climático. Nada pasa desapercibido para el Romano Pontífice que, además, no deja de repetir que “todo está conectado”.

El texto es una llamada urgente a todo el mundo, desde las Instituciones Internacionales hasta el ciudadano de la calle, para responder al extraordinario desafío que ofrece en la actualidad la delicada situación ecológica de la Tierra. Una muy oportuna llamada de atención en un especial momento histórico, a pocos meses de la celebración de la Cumbre Mundial sobre el Clima, en diciembre en París, de la que se espera un gran acuerdo universal sobre el clima. Pero, lo cierto es que los precedentes en el intento de renovar el Protocolo de Kioto han resultado fracasados. De aquí el acierto de su publicación ahora por parte de quien, para muchos, constituye la máxima autoridad moral.

Haciendo honor a su nombre, el Papa Francisco extrae del gran “Patrono de la Ecología” –San Francisco de Asís– las mejores bases de la espiritualidad católica que vincula a opción preferencial por los pobres y la íntima fraternidad entre todas los seres vivos (el “hermano Sol” y la “hermana Luna”, también) que están el fundamento las políticas ambientales más avanzadas.

La “clave de bóveda” del documento es, sin duda, la de la “ecología integral” ´y añado yo, integradora-. Una “ecología integral” que se aleja, tanto de una antropología tecnocrática (la desmedida confianza en el progreso tecnológico), como de la postura biocentrista extrema (en que el ser humano es una plaga y el enemigo a batir). Una ecología en que el hombre es consciente de su dependencia e interdependencia con el resto de la naturaleza, y en que su misión en la de ser administrador –cuidador– respetuoso del patrimonio natural recibido. Es también una “ecología integradora” porque cuenta con los avances del progreso científico (aunque sin pretender sustituirlo), bebe en fuentes ajenas a la Iglesia Católica, alaba la tarea emprendida por los movimientos ecologistas en la concienciación ambiental, llama a la interdisciplinariedad de los trabajos en pro del desarrollo sostenible. Y confieso que me ha emocionado las no pocas reflexiones que he encontrado en el documento referidas a la importancia del Derecho Ambiental (las normas que regulan la protección del medio ambiente), a cuya docencia me dedico desde hace varias décadas.cq5dam.web.800.800

Ante todo, la Encíclica “Alabado Seas” es una valiente llamada a la acción, huyendo de “lo políticamente correcto”. Sorprenderá su lectura por la fuerza con que conmina a los poderosos a actuar a favor del bien común. El cortoplacismo de los políticos, el abuso de la posición dominante de las multinacionales, las lacerantes inequidades de la economía de mercado, nada escapa a su aguda crítica ante la realidad que acontece. Es una vigorosa llamada a un cambio de rumbo, a un cambio de modelo económico y social, a redefinir el progreso. Incluso hay una provocadora propuesta de “decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes”.

Al final, si lo que me preguntan: ¿qué es lo que más te ha impactado de la Encíclica?, respondería que es la llamada que hace el Papa Francisco a… ¡una “conversión ecológica”! Es, a mi juicio, la propuesta más revolucionaria. Un cambio en nuestro estilo de vida (de las sociedades “desarrolladas”) alejado del “consumismo obsesivo” (depredador insostenible de recursos), del egoísmo materialista (verdadera “contaminación interior”) y del individualismo insolidario (intergeneracional e intrageneracional). Un nuevo estilo de vida, ejercitando una sobriedad liberadora, saboreando la ternura en las relaciones interpersonales y disfrutando de un ritmo de vida pausado. Y, me encanta leer en el documento que, a pesar de la gravedad de la situación, dice el Papa: “no todo está perdido (…) porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan”.

Trasatlánticas inquietudes (“Transatlantic Trade and Investment Patnership”: TTIP)

Escrito por Javier Sanz
17 de junio de 2015 a las 18:06h

ttipAcabo de presenciar el último partido de la final de la NBA en la que el equipo de la Bahía de San Francisco, los Golden State Worriors de Oakland, acaban de ganar el campeonato tras cuarenta años desde la última vez en que también lo lograron. Lo hemos celebrado con los amigos americanos por todo lo alto, aunque la alegría ha quedado empañada por la trágica noticia de la muerte de seis jóvenes, ayer por la noche, aquí en Berkeley, por el derrumbamiento de un balcón en el que estaban, muy cerca de donde resido.

Volviendo a nuestras inquietudes ambientales experimentadas en la West Coast norteamericana, me ha llamado la atención la reciente noticia de que el Parlamento Europeo había decidido aplazar la votación sobre la aprobación de las negociaciones que se vienen desarrollando entre la Unión Europea y los Estados Unidos con relación al futuro “Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversión” (conocido también por sus siglas en inglés: TTIP). Apoyado por los populares, liberales y reformistas de la Eurocámara pero con el frontal rechazo de los verdes y la izquierda europea, parece que han surgido discrepancias sobre su aprobación por el grupo socialdemócrata.

Como es sabido el TTIP tiene su origen en la Cumbre entre la Unión Europea y los Estados Unidos celebrada en noviembre de 2011, en la que se decidió crear un “Grupo de Trabajo de Alto Nivel sobre Empleo y Crecimiento” al que se encomendó iniciar las negociaciones y diseñar el marco político para fomentar la inversión y comercio mutuos, y, con tal fin, preparar un gran acuerdo global de libre comercio y de protección de la inversión; con esta instrumento se pretende fomentar el crecimiento económico y la competitividad internacional de ambas partes. Desde sus primeros pasos, esta futura alianza comercial trasatlántica –que busca la reducción o eliminación de las barreras arancelarias y no arancelarias entre ambos ámbitos económicos- ha generado el claro rechazo de la izquierda política y de los grupos ecologistas que ven en este proyecto. Se argumenta que de aprobarse el Tratado se favorecerá a las empresas trasnacionales (perjudicando a la mayoritarias empresas pequeñas y medianas europeas) y desde el punto de vista ambiental se reducirán los estándares ambientales comunitarios (más exigentes que los norteamericanos). La “campaña NO al TTIP” recoge éstas y otras muchas críticas.YZYW1sWh

La Comisión Europea –que promueve las aprobación del TTIP- ha rechazado tales críticas y de hecho ha destacado que, en la ronda de las negociaciones, se ha puesto de manifiesto la obligación de que el futuro acuerdo no puede menoscabar, entre otros temas, las normas adoptadas por ambas partes para salvaguardar “la protección del consumidor, el medio ambiente, la salud y la seguridad”. Pese a la confidencialidad con la que se están llevando las negociaciones, ha trascendido la posición de la Unión Europea en materia de “desarrollo sostenible y medio ambiente (documento hecho público el 7 de enero de 2015) y asimismo el 24 de marzo de 2015 tuvo lugar una reunión de expertos en materia de medio ambiente (“Sub-group meeting on environmental issues”) para definir la posición de la Unión Europea en el futuro acuerdo. Y, también, en esta dirección de promover los objetivos ambientales de la UE a través del mercado, puede consultarse el contenido de la mesa redonda celebrada en Bruselas el pasado 3 de junio.

Acontencida la 9ª ronda de las negociaciones -que tuvo lugar el pasado 24 de abril en New York y que consta de tres pilares fundamentales (acceso al mercado, cooperación normativa y reglamentación)- son varios los asuntos ambientales que son objeto de tratamiento conjunto: el cambio climático (propone alcanzar un acuerdo internacional vinculante en el marco de la Convención del Cambio Climático de la ONU), la protección de la diversidad biológica, la gestión sostenibles de los bosques y de los recursos pesqueros, la gestión de los productos químicos y de los residuos que tengan en cuenta el su ciclo de vida, los pesticidas, etcétera. Particularmente conflictivo ha sido el tema de los “organismos genéticamente modificados” que, por ahora, ha quedado fuera de las conversaciones.

Hay-que-parar-el-Acuerdo-Transatlántico-sobre-Comercio-e-InversiónCon relación a la resolución de controversias que acompañan a cualquier acuerdo comercial de estas características, se pretende utilizar los mecanismos del “arbitraje internacional” que ha sido recibido de forma negativa por las organizaciones ambientales por la confidencialidad en el desarrollo de los procedimientos arbitrales y sus laudos. Además, se afirma que, por esta vía, se podría burlar el derecho legítimo de los Estados a regular el interés público y, en particular, la manera en que las políticas públicas, la protección de medio ambiente o la salud pública, podrían influir en la inversión. No obstante, uno de las disposiciones del proyecto de acuerdo trata sobre la “transparencia de los procedimientos” que implicaría la puesta a disposición del público de la información sobre el asunto sometido en su caso al arbitraje.

Todavía queda un largo camino hasta la conclusión del Acuerdo que, posiblemente, no verá la luz hasta el año 2017. Además para su aprobación se necesitará el acuerdo del Parlamento Europeo y de los 28 parlamentos nacionales de la Unión Europea. Seguiremos asistiendo a un enconado debate entre los partidarios de ese gran ámbito económico trasatlántico (con un intercambio comercial de más de un billón de dólares, 4 billones de dólares en inversiones y 13 millones de puestos de trabajo) y los defensores de la idiosincrasia regulatoria y normativa comunitaria en materia ambiental.31xGugUquyL._SY344_BO1,204,203,200_

Como ha puesto de manifiesto magistralmente mi amigo el Profesor belga Nicolás de SADELEER en su magnífica monografía “EU Environmental Law and the Internal Market” (Oxford University Press, 2014), la relación entre la integración económica y la protección del medio ambiente ha estado llena de controversias. En el seno de la Unión Europea ha habido un magno intento de reconciliar el mercado y el medio ambiente con el fin de lograr el desarrollo sostenible. Y, en parte, se ha logrado, no sin dificultades y con numerosas medidas de armonización que integran la dimensión ambiental.

La futura aprobación de citado acuerdo trasatlántico de comercio e inversión –que va a suponer el reconocimiento mutuo de las normas de los productos de la Unión Europea y de los Estados Unidos o la adopción de normas ambientales comunes– plantea todavía muchas incertidumbres. Habrá que esperar a la conclusión de las negociaciones y a la aprobación por las instituciones comunitarios y los Estados miembros. Pero vistas las cosas desde aquí (los Estados Unidos), soy de la opinión –con el citado Profesor belga- de que, en la Unión Europea, tenemos más claro que la protección ambiental no sólo es un objetivo de los Tratados constitutivos sino una misión fundamental, en igualdad de condiciones, con el crecimiento económico y el mercado interior.

Para un Planeta sano, unos océanos sanos (“World Oceans Day 2015″)

Escrito por Javier Sanz
9 de junio de 2015 a las 2:13h

World-Ocean-day-special-websiteConsciente soy de que el pasado viernes 5 de junio fue el “Día mundial del medio ambiente”. Sin embargo, he preferido dedicar mi escaso tiempo libre a comentar en este blog otro destacado aniversario como es el de hoy 8 de junio, “Día Mundial de los Océanos” que lleva por lema “Unos océanos sanos para un Planeta Sano”.

Como bellamente expresa la publicidad de la campaña de este año 2015 “Los océanos son el corazón de nuestro planeta. De la misma forma que los latidos del corazón hacen que la sangre circule por todo el cuerpo, los océanos conectan a las personas de todo el mundo, con independencia de donde vivan”. Esta clara interdependencia entre los océanos –que ocupan más del 70% de la superficie de la Tierra (de la cual sólo el 1% está protegido)- y el resto de los ecosistemas de nuestro Planeta, se hace más palpable en lo que se refiere a los océanos como “pieza clave al sistema climático mundial”. Irina BOKOVA, Directora General de la UNESCO destaca en este sentido como “a pocos meses de la 21ª Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio Climático (COP21) y de la definición de una nueva agenda mundial para el desarrollo sostenible, este mensaje cobre más importancia que nunca”.

Los problemas que afectan a los océanos y a los mares, así como a las zonas costeras, son de sobre conocidos: pesca ilegal, prácticas de acuicultura insostenibles, contaminación marina, destrucción de los hábitats, introducción de especies exóticas, acidificación de los mares y, por supuesto, los efectos negativos del cambio climático (como la elevación de la subida del nivel del mar).GOC-report-211x300

Con relación a todas estas cuestiones, hace menos de un año, la “Global Ocean Commission” –una entidad no gubernamental promovida por varias fundaciones y grupos filantrópicos- elaboró un importante informe, publicado en junio de 2014, bajo el titulo: “From Decline to Recovery. A Rescue Package for the Global Ocean” (“Del Declive a la Recuperación. Un Plan de Rescate para el Océano Mundial”). En este Informe se ponían de manifiesto, de una parte, los motores del declive: la demanda creciente de los recursos (vivos, minerales, energéticos, genéticos, etc.), los avances tecnológicos (que implica un mayor acceso y una superior capacidad de explotación de los recursos”, el declive de las poblaciones de peces (sobrepesca, sobrecapacidad), los efectos del cambio climático (con la consiguiente pérdida de biodiversidad y de hábitats), y una débil Gobernanza en las zonas del alta mar. Todo ello conlleva una situación de océanos degradados, improductivos y explotados.

De otra parte, la “Global Ocean Commission” propone como motores de la recuperación –para hacer posible un “océano sostenible”- las siguientes medidas: crear una zona de regeneración en el alta mar (entre otras medidas, libre de la pesca industrial); constituir un organismo independiente (“Junta de Rendición de Cuentas para el Océano Mundial”) para el seguimiento del proceso de progreso hacia un buen estado de salud de los océanos; establecer unas normas de seguridad internacionales y unos principios de responsabilidad comunes para las explotaciones de gas y petróleo offshore; luchas contra el vertido de materiales plásticos que constituyen actualmente una grave y extensa contaminación de los mares; lucha contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (es decir, cerrar los mares, los puertos y los mercados a este tipo de recursos); limitar las actividades de sobrepesca prohibiendo la subvención de las actividades pesqueras más dañinas para los recursos marinos; y mejorar la gobernanza del Alta Mar –promover su cuidado y recuperación-, en particular, a través de la reforma de la actuación Convención Internacional para el Derecho del Mar; y finamente, potenciar el objetivo del desarrollo sostenible de las Naciones Unidas para los océanos, con metas detalladas y indicadores específicos.

WOD-FB-Share1-2-480x360Desde el punto de vista oficial, algunas de estas medidas han comenzado a ponerse en marcha como la acordada por consenso, a comienzos del presente año 2015, en el seno de la Organización de Naciones Unidas para iniciar la elaboración de un tratado vinculante para la protección y el uso sostenible de la biodiversidad marina en las aguas que quedan fuera de la jurisdicción de cada país (es decir, mas allá de las 200 millas náuticas). El futuro tratado deberá de reglamentar el uso de los recursos genéticos marinos, la determinación de las áreas marinas protegidas, la evaluación de impacto ambiental de las actividades que se realicen en dicho espacio y la reglas par la transferencia de tecnología marina. Las agrupaciones ecologistas, agrupada para este fin bajo la plataforma “Alianza para el Alta Mar” han celebrado este paso adelante, pero es seguro que hasta su consecución los intereses de las empresas farmacéuticas y pesqueras se harán notar para reducir el alcance de la protección resultante.

Otra novedad significativa es la presentación que en estos días realizará la UNESCO de la nueva “Plataforma Océano y Clima”. Esta entidad, lanzada conjuntamente por varias instituciones de investigación, ONGs y la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO (COI) se propone colaborar a los debates que tengan lugar en el seno de la COP 21 –que se celebrará en Paris del 30 del noviembre al 11 de diciembre próximos- relativos a la interacción océano-clima y abogará por que en las negociaciones se tenga en cuenta que cambio climático implica un cambio oceánico.

Desde el punto del vista científico, se está poniendo de manifiesto la importancia de la contaminación marina por efecto de los miles de toneladas de plásticos que flotan en los océanos de todo el Planeta, así como su incorporación a la cadena alimentación por la ingestión de pescado que contiene microplásticos. Si bien hay al respecto discrepancias cuantitativas en cuanto al alcance de esta contaminación. Véanse en este sentido las conclusiones obtenidas tras la “Expedición Malaspina” –dirigida por los investigadores españoles Carlos DUARTE y Andrés COZAR (2014)- o los presentados por Marcus ERIKSEN y otros (2014) donde se llega a la conclusión de que más de cinco billones de piezas de plástico flotan actualmente en los océanos (con un peso de cerca de 270.000 toneladas).

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Una concreta iniciativa para combatir la sobrepesca y la pesca ilegal es la campaña promovida por la “Environmental Justice Foundation” –bajo el lema “Save the Sea”- que consiste en asociar a los restaurantes con estrella Michelín para recaudar fondos y crear una conciencia sobre la necesidad de una pesca sostenible y bien gestionada así como la promoción de medidas de conservación de la biodiversidad marina y de sus ecosistemas. Asimismo la organización ambientalista Oceana reunió en San Sebastián, a comienzos de este año 2015, a veinte chefs de algunos de los mejores restaurantes del mundo para promocionar su campaña “Save the Oceans: Feed the World”.

Son estos unos meros botones de muestra de lo que se puede hacer para proteger y preservar ese impresionante ámbito de vida marina que rodea nuestra existencia. Todo será poco para mantener la belleza, la riqueza y el potencial que presenta los mares y océanos, vínculo vital de toda la Humanidad.

De nuevo, en esta parte de la Costa Oeste (“oil spill in Santa Barbara”)

Escrito por Javier Sanz
28 de mayo de 2015 a las 18:54h

vertido-california--575x323El pasado 19 de mayo se produjo, por causas que todavía se desconocen, la rotura de un oleoducto subterráneo situado en la costa de Santa Bárbara, una turística zona del litoral central de California. Hasta el momento se calcula que se han vertido unos 100.000 galones de crudo (unos 400.000 litros), parte de los cuales han contaminado las aguas litorales afectando a unos 14 kilómetros de la costa (6 kilómetros de playas). Varios centenares de operarios –con sus trajes protectores blancos (cómo me recuerda esto al “Prestige”) comenzaron las tareas de limpieza de la costa y de las aguas adyacentes. La empresa propietaria del oleoducto (“Plains All American Pipeline”) –que transporta crudo para los tanques de almacenamiento de la empresa “Exxon Mobil”- no es la primera vez que ocasiona un accidente de parecidas características pues se sabe que, desde principios del presente siglo, ha generado vertidos de 273.000 galones de petróleo crudo en las aguas o costas de Texas, Luisiana, Oklahoma y Kansas; y, por tal motivo, ha desembolsado más de 23 millones de dólares.

Una vez alertadas las autoridades acerca de la producción del accidente, el dispositivo de emergencia se puso en marcha bajo la coordinación del Gobierno de California a través de su Departamento de Pesca y Vida Silvestre (“Departament of Fish and Wildlife”): la “Oficina de Prevención y Respuesta ante los vertidos” de California, el “Centro de Operaciones de Emergencia”, el “Centro de Información Unificado”…, también los organismos federales: la “Guardia Costera de los Estados Unidos”, la “Administración Oceánica y Atmosférica Nacional” (NOAA), el “Departamento de Transporte”, el “Servicio Meteorológico Nacional”, la “Oficina de Santuarios Marinos Nacionales”, la “Agencia de Protección Ambiental” (EPA)… Por su parte, la titular de la Fiscalía General de CaliforniaKamala HARRIS– trabaja con los fiscales locales en la investigación del suceso con el fin de promover cargos penales y/o civiles. También, el Gobernador de California –Jerry BROWN– ha declarado el “Estado de Emergencia” que permite la rápida puesta a disposición del operativo de todos los recursos disponibles.city_coastal_brochure_cover_375

Siguiendo los planes de contingencia y en aplicación de la “Ley Federal sobre contaminación por petróleo” (Oil Pullution Act de 1990, aprobada tras la catástrofe del “Exxon Valdez”) y de la Ley californiana sobre prevención de vertidos (“Lempert-Keene-Seastrand Oil Spill Prevention and Response Act” de 2014), las autoridades del Estado de California (en especial, la California Coastal Commission) junto con las autoridades federales se han puesto a trabajar para evitar o reducir al máximo los daños al medio ambiente. Por lo pronto, la empresa responsable del vertido tendrá que aportar los recursos económicos necesarios para proceder a las tareas de limpieza de la costa. No se ha podido evitar la muerte por el vertido de varios delfines comunes, pelícanos marrones, leones y elefantes marinos,

Los ecologistas no ha tardado en reaccionar reclamando un cambio en el sistema energético norteamericano hacia la nueva “era post-petróleo” mediante la promoción de las energías renovables. Los grupos radicados en la zona del accidente miran con preocupación este suceso conscientes de que el problema puede volverse a producir ya que enfrente de la costa son varias las plataformas petroleras que bordean el litoral de Santa Bárbara. El director de la organización ecologista “Environmental Defense Centre” (EDC), Owen BAILEY, ha apuntado de una parte que “quedan una cantidad de interrogantes, principalmente por qué este oleoducto relativamente nuevo no tenía un sistema de cierre automático y por qué las primeras medidas para contener la fuga no han sido más eficaces”, y de otra parte, que la zona afectada “alberga una fauna muy diversa, incluidas varias especies de ballenas que están en peligro, además de que esta costa emblemática atrae a miles de personas de todo el mundo”. La directora de la organización ecologista Sierra Club, Kathryn PHILLIPS ha dicho que “ya es hora de que la industria petrolera reaccione”, “¿Cuántas señales más necesitamos para entender que la salud y el medioambiente no están entre sus prioridades?”, se preguntaba.

Vertido en Santa barbara en 1969

Vertido en Santa barbara en 1969

Al hilo de este accidente nos enteramos de que en la misma zona de la costa de Santa Bárbara se produjo en 1969 la mayor marea negra -antes de la provocada por el hundimiento del buque “Exxon Valdez en 1989 (vertido de 11 millones de galones en las costas de Alaska)- pero, sin duda, por debajo de la más reciente catástrofe de 2010 por la explosión de la plataforma de extracción de petróleo “Deepwater Horizon” en el Golfo de México, que produjo un vertido de 210 millones de galones de crudo). En aquella primera ocasión, una plataforma petrolera (perteneciente a la empresa “Union Oil”) cercana a las costas de Santa Bárbara provocó un vertido de más de cuatro millones de galones. Y tal fue la cobertura mediática que cubrió el suceso que dio lugar a un importante movimiento popular de defensa ambiental, instaurándose con tal motivo el “Día de la Tierra” -que celebramos recientemente-, así como la aprobación de importantes leyes estatales y federales de protección y gestión de la costa (como es el caso de la “Ley Federal de Gestión de las Zonas Costeras” de 1972).

Vistas las cosas de esta orilla del Pacífico -y tras haber vivido con gran intensidad la catástrofe del “Prestige”- da la impresión de que aquí el dispositivo de emergencia frente a la contaminación por vertidos de hidrocarburos funciona con mayor eficacia que en España y con una más adecuada coordinación entre las autoridades del Estado afectado y las del Estado Federal. Otra cosa es la política norteamericana de explotación de hidrocarburos en el mar, pues no hay que olvidar que hace pocas semanas el Gobierno federal estadounidense, a través de su Departamento de Interior, ha autorizado a la compañía petrolera holandesa Shell para iniciar las perforaciones en aguas del Océano Ártico, frente a las sensibles costas de Alaska. Lo cual ha provocado la reacción inmediata de todos los grupos ecologistas que ven con esta arriesgada decisión una marcha atrás en la política energética contra el cambio climático.reu_20150520_231621827

Con todo lo dicho, pese a las eficaces medidas y sólidos  instrumentos de los Gobiernos norteamericanos –federal y estatales- en la lucha contra la contaminación marina accidental, son tantos –y tan valiosos- los recursos naturales costeros y litorales que se ponen en riesgo con la explotación de los hidrocarburos en el mar, que, en el momento presente, no alcanzo a ver que, a largo plazo, compensen los beneficios que puede reportar tal explotación a gran escala, sin una seria evaluación ambiental y sin vigorosas medidas de gestión de los riesgos. No cabe duda de que me influye de forma determinante la experiencia gallega sobre vertidos marinos, pero me gustaría que alguien me diese razones para pensar de otro modo.

Un nuevo Derecho Ambiental para el siglo XXI (“megatrends”)

Escrito por Javier Sanz
15 de mayo de 2015 a las 9:14h

sustainability-conference-email-headerLa semana pasada tuve la suerte de poder asistir a una de las más importantes reuniones de –mis colegas- los profesores de Derecho Ambiental norteamericanos que tuvo lugar en Phoenix (capital de Arizona), en la sede de la Facultad de Derecho (Sandra Day O’Connor College of Law que lleva el nombre de una Magistrada, ya retirada, de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos) de la Arizona State University. Nos reunimos más de un centenar de profesores e investigadores de los cuatro puntos cardinales de los Estados Unidos (incluidos varios profesores de la University of Hawai) y varios invitados –como yo- de Canadá, Japón, Korea del Sur, Italia, España, México, etc.

Me impresionó el enorme Campus, sito en el animado barrio universitario de Tempe de la ciudad de Phoenix, lleno de bellos y modernos edificios. Ya casi acabado el curso académico era fácil encontrarse en el Campus con alumnos del último año de la carrera fotografiándose con las características togas académicas con las que muy pronto van a celebrar la ceremonia de graduación.

Yendo al grano, esta “First Annual Sustainability Conference of American Legal Educators” es una buena muestra de las preocupaciones y ocupaciones actuales de los iusambientalistas de este país: cambio climático, derecho de la energía, derecho de aguas, principalmente. Concentradas en un solo día, se desarrollaron más de sesenta comunicaciones en tras sesiones simultáneas por lo que me resultó imposible asistir a todas las que me hubiera gustado. La media de edad era más bien de jóvenes profesores aunque no faltaban algunos como cercanos a la jubilación y me llamó la atención (en comparación con España) un detalle del género: más de la mitad de las intervenciones lo fueron de mujeres.

Daniel ESTY (Yale University)

Daniel ESTY (Yale University)

Como no se trata de hacer aquí la típica crónica sobre el Seminario, me limitaré a recoger en esta ocasión -que hace la numero 200 de mis entradas del blog- algunas ideas que expuso invitado de honor, Daniel ESTY, Profesor de Derecho Ambiental de la Universidad de Yale y Director del “Center for Environmental Law and Policy at Yale Law School”, cuya conferencia llevaba por título: “From 20th Century Environmental Protection to 21st Century Sustainability”. Se trataba de una visión panorámica de las diferencias entre el Derecho Ambiental de la “Environmental Protection” que nació aquí en Norteamérica (a finales de los años sesenta del pasado siglo XX) y el Derecho Ambiental de la “Sustainability” del presente siglo XXI. El Profesor de Yale fue desgranando lo que a su juicio son las “mega-tendencias” (“megatrends”) que mueven o deberían mover el Derecho Ambiental de nuestro tiempo.

Sin que trate de ser exhaustivo, cuatro ideas-madre fueron puestas de relieve por el Profesor ESTY en su intervención: integración, innovación, colaboración público-privada y aplicación o ejecución del Derecho Ambiental (“implementation”; aunque puede traducirse como “implementación” tal como permite el Diccionario de la Real Academia).

INTEGRACIÓN (“integrated approach”) de las medidas e instrumentos de protección ambiental, frente a la visión mayoritariamente sectorializada y parcial del Derecho Ambiental del siglo XX. Una visión amplia –holística- de la problemática ambiental que se adecúa mejor a la complejidad de los procesos naturales, a la dinámica de los ecosistemas y a la sinergia de las actividades contaminantes. No puedo estar más de acuerdo con esta perspectiva que he podido comprobar en mi tópico preferido de investigación (la “gestión integrada de las zonas costeras”).

ArizonaINNOVACIÓN (“eco-innovación”) en la regulación del medio ambiente pero, ante todo, en la promoción de técnicas que permiten una energía y producción más limpia, con menos residuos (y si es posible, con ninguno), con el mínimo impacto ambiental… Y, junto con esta idea una infinidad de nuevos –o no tan nuevos- instrumentos: análisis de ciclo de vida, mejores tecnologías disponibles (al mejor precio), análisis de riesgos, diseño ecológico, etc. Buen ejemplo de esta tendencia es la llamada “economía circular” a la que nos referimos en este blog semanas atrás.

COLABORACIÓN PÚBLICO-PRIVADA. Idea que no es nada nueva y que se está aplicando en muchos otros ámbitos (no siempre de forma exitosa). Pero se parte de la situación de los límites que tiene la acción pública (las Administraciones públicas ambientales) y la necesidad de contar con la colaboración de los particulares, de la sociedad, de los negocios. Frente a la desmedida confianza en el poder de los Gobiernos en el siglo XX y de su poder de control (“command and control”), la necesidad de incentivar la conductas respetuosas con el medio ambiente, de implicar al mundo de los negocios con la apuesta de la sostenibilidad (no como una mero lavado de cara sino de verdad). Además esta implicación de la sociedad en la lucha por un medio ambiente adecuado puede facilitar el objetivo de la siguiente “mega-tendencia”.

IMPLEMENTACIÓN del sistema de protección ambiental (no sólo de su régimen jurídico). No basta con aprobar normas y reglamentos sino que hay que aplicarlos. Este es el gran reto del Derecho Ambiental en todo el mundo, en los Estados Unidos y en nuestra Vieja Europa lo mismo, y no digo nada de otros países como es el caso de China (avanzada normativa que resulta ser “papel mojado”). Pero, ¿cómo lograrlo? Implicar a la sociedad en la tarea, incentivar su respeto, facilitar su cumplimiento… También proporcionar información a la ciudadanía para que se produzca un “feedback” con las instituciones que han de velar por la protección ambiental. Y, mucha participación, de los ciudadanos, de la sociedad civil, del sector privado.

En el Grand Canyon

En el Grand Canyon

Son algunas ideas que quedaron grabadas de la rica experiencia de mi asistencia a este Seminario y que seguramente son incompletas. De las comunicaciones a las que pude asistir, el gran componente de los temas de política ambiental y de aspectos técnicos (no jurídicos) en las intervenciones de los Profesores de Derecho Ambiental. Como pueden imaginar los lectores, la circunstancia de haberse desarrollado este evento en el Estado de Arizona (uno de los últimos incorporados a los Estados Unidos, nada menos que en 1912) también llamado “Estado del Gran Cañón” –descubierto por los conquistadores españoles en 1540 (por el Capitán García de Cárdenas)- dejó muy grabadas en mis retinas la inmensidad y extraordinaria belleza del Parque Nacional del Gran Cañón (declarado como tal en 1919), que pude visitar con mis buenos amigos y colegas. Felizmente he podido comprobar que, pese a los retrocesos experimentados en la protección ambiental en los últimos años en casi todo el mundo, la “familia iusambientalista” mantiene todavía su vigor y entusiasmo. ¡Hay futuro!

Claves para un “buen Antropoceno” (“Ecomodernism”)

Escrito por Javier Sanz
4 de mayo de 2015 a las 22:32h

Ecomodernist-Manifesto_coverA mediados del pasado mes de abril se hacía público el que se denomina “An Ecomodernist Manifiesto” que está despertando cierto interés en el mundo ambientalista norteamericano pero que, sin duda, está llamado a trascender, por la calidad de sus promotores, a otros países. En realidad buena parte de quienes firman el “Manifiesto” pertenecen a un “think tank” que tiene su sede muy cerca de aquí, en Oakland (en la “East Bay” de la Bahía de San Francisco). Se trata del “Breakthrough Institute” al que ya nos referimos anteriormente. Destacan los nombres de Ted NORDHAUS y Michael SHELLENBERGER, ambos fundadores del citado Instituto y co-autores del provocativo escrito “From the Death of Environmentalism”, así como designados en 2008, por la revista Time Magazine, “Heros of the Environment”. También cabe resaltar la participación del director de cine documental, Robert STONE (por ejemplo, del documental “Pandora’s Promise”, también comentado aquí) o del escritor y periodista británico, Mark LYNAS (autor de libros de divulgación sobre el cambio climático como el titulado “Seis grados: el futuro en un planeta más cálido”), o, más reciente: “Nuclear 2,0“. En total 18 firmantes, pertenecientes a cinco países (Estados Unidos, Australia, India, Canadá y Gran Bretaña), científicos, escritores, investigadores.

El documento del “Manifiesto” –que se encuentra disponible en lengua inglesa en la página web http://www.ecomodernism.org/– consta de una Introducción o Preámbulo y siete puntos programáticos. Se parte de la base de que nos encontramos en nueva fase de la historia que se conoce como el “Antropoceno” o “Edad de los Humanos” (término acuñado y formulado por químico neerlandés Paul Josef CRUTZEN, Premio Nobel de Química del 2000). “Decir que la Tierra es un planeta humano es una realidad cada día más cierta. Los seres humanos proceden de la Tierra y la Tierra es remodelada por las manos humanas”, comienza diciendo el Manifiesto. Y, enseguida aparece la “clave de bóveda” del documento: la convicción de que “el conocimiento y la tecnología, aplicada con sabiduría permitirán lograr un buen, e incluso gran, Antropoceno”. Por supuesto que, todo esto, sin negar que existen importantes problemas en el Planeta y que es preciso “mejorar la vida de los seres humanos”, “estabilizar el clima”, y “proteger el mundo natural”, reduciendo los impactos ambientales y buscando la armonía entre las sociedades humanas y la Naturaleza.

Paul CRUTZEN

Paul CRUTZEN

El documento rezuma un acentuado optimismo y confianza en el futuro del Planeta. Se pone de manifiesto el extraordinario progreso de la Humanidad en los dos últimos siglos (incremento de la esperanza de vida, reducción de la mortalidad, difusión de la democracia, del Estado de Derecho y de las Libertades…), si bien, se reconoce que el desarrollo material se ha cobrado en un caro peaje sobre los recursos y el mundo natural (como por ejemplo, la extinción de especies animales).

Los firmantes del “Manifiesto” están convencidos de que es posible promover un “buen Antropoceno” si se invierten algunas tendencias pasadas y, en particular, disociar –o lo que es lo mismo, “desacoplar”, traduciendo lo más fielmente el término inglés utilizado (“decoupling”)- el desarrollo humano de la producción de impactos ambientales, así como reducir la dependencia de la Humanidad de la Naturaleza. Y, para fundamentar su posición el documento critica, tanto la idea que de los pueblos primitivos eran mucho más respetuosos con la naturaleza, como la influyente tesis del agotamiento próximo de los recursos difundida desde el año 1970 (con referencia clara al Informe del Club de Roma sobre “Los límites del crecimiento”).

“Los ecosistemas de todo el mundo están amenazados hoy porque la gente depende excesivamente de ellos…” proclama el “Manifiesto”. “Por el contrario, las tecnologías modernas –continúa diciendo-, utilizando los flujos y servicios de los ecosistemas naturales de manera más eficiente, ofrecen una oportunidad real de reducir la totalidad de los impactos humanos sobre la biosfera. Pero adoptar estas tecnologías es encontrar caminos para un buen Antropoceno”.

Muy bien esto de desacoplar el desarrollo económico del abuso y deterioro de la Naturaleza. Pero, ¿cómo lograrlo? Pues bien, en cuanto a la población –que suele ser uno de los “caballos de batalla” en el debate del desarrollo sostenible-, en el apartado segundo del “Manifiesto”, se afirma que su crecimiento se estabilizará este siglo (para luego declinar en el próximo siglo) y que su progresiva concentración en las ciudades (hoy más de la mitad de la Humanidad habita en ellas) permitirá reducir el impacto ambiental, al tiempo que cambian los modos de uso de territorio y se extiende el modelo de agricultura intensiva.

An_Ecomodernist_Manifesto_mainQuizá el punto más polémico del “Manifiesto” es el relativo al modelo energético, otra de las grandes claves del desarrollo sostenible. Se subraya –en su apartado 4- que el “acceso abundante a la energía moderna es un requisito esencial para el desarrollo humano y para desacoplar el desarrollo del consumo de naturaleza”. Los firmantes del “Manifiesto” se muestran preocupados por el lento proceso de “descarbonización” de la economía que nos lleva a un peligroso escenario para finales de siglo XXI de no menos de dos grados de aumento de la temperatura. Y la mitigación del cambio climático es, según ellos, uno de los mayores desafíos tecnológicos de este siglo. Pero, como la transición a un nuevo modelo energético (sin emisiones de carbono) no es sencilla, defienden la energía nuclear. “La fisión nuclear representa hoy la única tecnología de cero emisiones de carbono hoy en día con la capacidad demostrada para cumplir con la mayoría, si no todas, de las demandas de energía de una economía moderna (…)” Y, a largo plazo, “la energía solar de última generación, la fisión nuclear avanzada, y la fusión nuclear representan las vías más plausibles hacia los objetivos comunes de la estabilización del clima y el desacoplamiento radical de los seres humanos de la naturaleza”.

Frente a la crítica de una excesiva confianza en la técnica (que en otras épocas ha generado y sigue generando insostenibles impactos ambientales) los autores del documento declaran un “profundo amor y conexión emocional con la Naturaleza”. Pero, al mismo tiempo, defienden que la preservación de la “naturaleza salvaje” (de los paisajes, de la biodiversidad…), que la protección de sus usos no utilitaristas, es una opción “fundamentalmente antropogénica” y que las políticas de conservación se desarrollan según las diferentes preferencias locales, históricas y culturales.

El “Manifiesto” culmina con una reflexión socio-política de su propuesta que debe tenerse en cuenta en el contexto más amplio social, económico y político. Para el “ecomodernismo” que propugnan la modernidad que consiste en la “evolución a largo plazo de los acuerdos sociales, económicos, políticos y tecnológicos en las sociedades humanas hacia la mejora del bienestar material, la salud pública, la productividad de los recursos, la integración económica y la libertad personal”. Y, para ello se requiere, la participación activa de todos los sectores (sector privado y mercado, sociedad civil y el Estado), así como la “colaboración internacional en la innovación y la transferencia de tecnología” (en particular en los ámbitos de la agricultura y energía).51TB9+SHQzL._SY344_BO1,204,203,200_

¿Desproporcionada confianza en la técnica? ¿excesivo optimismo en el futuro y en la capacidad innovadora del ser humano? ¿peligroso antropocentrismo? Son algunas de las cuestiones que plantea el “Manifiesto”. Desde luego que el documento no será aceptado por gran parte del movimiento ecologista (mayoritariamente contrario a la energía nuclear; aunque hay algunos que defiende un “ecologismo nuclear”), por los partidarios del “ecologismo indigenista”, y, posiblemente por los defensores del “decrecimiento sostenible”. El planteamiento del “Manifiesto” me recuerda al de la brillante obra “Factor 4: Duplicar el bienestar con la mitad de los recursos naturales” de Ernst Ulrich VON WEIZSACKER y L. Hunter LOVINS y Amory B. LOVINGS (publicada a mediados de los años 90 del siglo pasado).

Personalmente comparto, como conocen bien mis lectores, el optimismo en la capacidad del ser humano y de la técnica (ésta no como fin sino como instrumento). Y tengo la confianza (o, si se quiere, corazonada) de que en el futuro se mejorarán las condiciones de vida de los seres humanos y que se invertirán algunas de las tendencias que hoy perjudican seriamente nuestro equilibrio y armonía con los ecosistemas. En todo caso, me parece muy saludable que el “Manifiesto” nos permita debatir de nuevo sobre el desarrollo sostenible, abiertamente, sin apriorismos ni dogmatismos felizmente trasnochados.

En armonía con la naturaleza (“A new paradigm”)

Escrito por Javier Sanz
28 de abril de 2015 a las 1:50h

Os aseguro que no me ha pasado desapercibido el “Día Mundial de la Tierra” que se celebra el día 22 de abril, desde 1970 (se cumple por tanto su 45º aniversario). No me olvidé porque ese día se cumplieron mis cinco añitos desde que comenzé a redactar este blog. Para decir toda la verdad, lo celebré con unos amigos con un “lunch” 100% “orgánico” y participando en una de las muchas actividades organizadas en el Campus de Berkeley en la “semana de la Tierra” (“earth week”).

Llegó el momento de asumir el liderazgo” ha sido el “leit motiv” de este año 2015, con la mirada puesta en la Cumbre sobre el Clima de París a final de este año y la preparación del Agenda del Desarrollo con posterioridad al 2015. Y lo cierto es que en esta convulsa -pero apasionante- etapa histórica que nos ha tocado vivir hay una evidente carencia de liderazgo politico (del bueno, claro está) o, al menos, en el asunto que nos concierne, muy pocos son los que, con una visión a largo plazo y con altura de miras iluminan el camino hacia una sociedad renovada en la que se haga realidad la “armonía con la naturaleza”. No piense el lector que utilizo esta bella expresión como típico recurso retórico –tan propio de los que nos dedicamos, como mayor o menor acierto, a este paradigma del desarrollo sostenible-. Resulta que fue el 22 de abril de 2009 cuando la Asamblea General de Naciones Unidas, gracias a la iniciativa del “Estado Plurinacional de Bolivia”, proclamó el “Día internacional de la Madre Tierra” y, a partir, de ese momento, se vienen sucediendo hasta el presente, en el ámbito de Naciones Unidas, una serie de actividades que tienen por objeto reflexionar sobre este “nuevo paradigma”.

Desde 2009, cada año el Secretario General de Naciones Unidas publica un “Informe sobre Armonía con la Naturaleza” (el ultimo –el 5º- es de 18 de agosto de 2014). Asimismo, la Asamblea General de Naciones Unidas promueve unos “diálogos interactivos” sobre el mismo tema. El último documento disponible sobre esta original iniciativa es la Resolución 69/224 titulada “Armonía con la Naturaleza” (publicado en febrero de este año 2015). Tras recoger sus antecedentes –”Declaración de Río de Janeiro” de 1992, la “Declaración de Johannesburgo” de 2002, el documento de Río+20 “El futuro que queremos”, etc.- se declara que: “el planeta Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar y que la “Madre Tierra” es una expresión común en muchos países y regiones, observando que algunos países reconocen los derechos de la naturaleza en el contexto de la promoción del desarrollo sostenible y expresando la convicción de que, para lograr un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza”. Más adelante, se afirma que, segun varios países, se considera que “la Madre Tierra y la especie humana forman una comunidad indivisible y vital de seres interdependientes y relacionados”.

En la citada Resolución hay varias referencias científicas como la relativa la “Ciencia del sistema Tierra” –que desempeña la importante función de promover un “enfoque holístico”-, a los documentados efectos de la actividad humana en los sistemas terrestres, a la “Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica“, etcétera. Se reconoce además que el “producto interno bruto” (PIB) no es muy útil para medir la degradación ambiental procedente de la actividad humana. El documento reafirma que “para lograr el desarrollo sostenible a nivel mundial es indispensable introducer cambios fundamentales en la forma en que las sociedades producen y consumen y que todos los países deben promover modalidades sostenibles de consumo y producción…”. Se reconoce que “muchas civilizaciones antiguas y pueblos y culturas indígenas han demostrado comprender a lo largo de la historia que la simbiosis entre los seres humanos y la naturaleza promueve una relación mutuamente beneficiosa”. Y, considera que “el desarrollo sostenible es un concepto holístico que exige que se fortalezcan los vínculos interdisciplinarios entre las distintas ramas del conocimiento”.

Finalmente, la Resolución invita a los Estados Miembros de Naciones Unidas a seguir profundizando y dialogando –de forma inclusiva e interactiva- sobre la idea de la “armonía con la naturaleza”, a darle la debida importancia en la Agenda para el Desarrollo después de 2015, a mejorar y ampliar “la calidad y cantidad de los datos estadísticos básicos sobre las tres dimensiones del desarrollo sostenible” (es decir, ambiental, social y económica) y adoptar “métodos más amplios de medir los avances, que complementen el producto interno bruto, con el fin de sustentar mejor las decisiones de política…”.

Me parece una sugerente y magnífica idea la del nuevo paradigma de la “armonía con la naturaleza” que está promoviendo Naciones Unidas que, por otra parte, está en la base de los primeros teóricos del ambientalismo (como, por ejemplo, la precursora obra “Man and Nature”, del norteamericano George Perkins MARSH). Sin embargo, a la hora de concretar esta idea surge la problemática dicotomía biocentrismo-antropocentrismo, de cómo interpretar las relaciones entre el hombre y la naturaleza, y que, en el campo del Derecho, ha dado lugar al planteamiento de los “derechos de las naturaleza” (la web de Naciones Unidas recoge una relación de fuentes jurídicas de todo el mundo donde se acercan a este planteamiento). No es el momento de entrar en esta polémica,  pero solo quiero recordar que está inevitablemente presente.

En cuanto a la referencia a las civilizaciones y culturas indígenas, sin olvidar que en muchos casos han pemitido mantener ejemplarmente el equilibrio de los ecosistemas, también hay ejemplos de todo lo contrario como puso de manifiesto la fundamental obra del geógrafo norteamericano Jared DIAMOND (Colapso: por qué unas sociedades perdurar y otras desaparecen, 2004).

Sobre una nueva medida del desarrollo –que reclama la Resolución de Naciones Unidas-, no basada exclusivamente en los datos del PIB, hay varias iniciativas como la del “Sustainable Devolopment Solutions Network” cuya tercera edición del “Informe Mundial de la Felicidad 2015” se acaba de presentar, el pasado día 23 de abril, por medio del Profesor Jeffrey D. SACHS (Director del “Earth Institute” de la Universidad de Columbia), donde se trata de reflejar con mayor exactitud el nivel del “desarrollo sostenible” de los diferentes países del mundo.

En cualquier caso, suscribo totalmente el enorme reto de lograr –o aspirar a- una nueva sociedad en armonía con la naturaleza (con su visión holística e interdisciplinar), pero siempre que concretemos su alcance y contenido, con seriedad y sin apriorismos ideológicos, si no deseamos que tan bella formulación se quede en un mero brindis al sol, o lo que es peor, en un bonito concepto vacío de contenido.

“Fracking-landia” (y II)

Escrito por Javier Sanz
20 de abril de 2015 a las 8:22h

Helen Slottje, Goldman 2014

El “GOLDMAN Environmental Prize –también conocido como el “Premio Nobel Verde”- es un prestigioso premio que se concede anualmente (desde 1990) por la Fundación GOLDMAN –fundada por Richard N. GOLDMAN y su esposa (descendiente del famoso Levi STRAUSS), matrimonio afincando en San Francisco- a los que un Jurado internacional considera mejores defensores de la naturaleza y del medio ambiente en los cinco continentes. Helen SLOTTJE ha sido la ganadora del premio del año 2014, correspondiente a la zona geográfica de América del Norte.  Esta aguerrida abogada viene desarrollando, desde hace una década, una incansable campaña –“pro-bono” (un tipo de asistencia juridica voluntaria y sin remuneración monetaria por el bien del interés publico)- en la zona norte del Estado de Nueva York contra las compañías del petróleo y del gas, promoviendo la aprobación de ordenanzas locales que prohíben el “fracking” en el ámbito de sus jurisdicciones. El area de trabajo de esta abogada corresponde además a la región de los “Finger Lakes” donde se encuentra la “Marcellus Shale”, el mayor depósito de gas de esquisto conocido en los Estados Unidos hasta el momento.

Aunque encomiable labor juridical de Helen SLOTTJE contra el “fracking” parece haber sido efectiva en algunos casos, lo cierto es que la autorización para la exploración y explotación de los pozos e instalaciones del “fracking” corresponde generalmente a la competencia de los Estados de la República Federal, quienes tienen la capacidad de decisión fundamental para su autorización, con preferencia (“preemption”) a las regulaciones y determinaciones locales sobre el uso del territorio.  De hecho son varios los Estados –como Pennsylvania, Ohio y el mismo Nueva York- los que han aprobado leyes para limitar la capacidad de los entes locales para aprobar ordenanzas urbanísticas que prohiben la “fracturación hidráulica”.

En el mundo académico, en campo del derecho ambiental, está de actualidad la polémica doctrinal (“fracking and federalism”) acerca de a quién debe corresponder la competencia principal para controlar estas actividades. Predomina la posición –común a los grupos ecologistas- que defiende mayores poderes sobre las actividades del “fracking” para el Gobierno Federal y para la Environmental Protection Agency (EPA) y, por supuesto, la eliminación de las excepciones existentes para la aplicación de ciertas leyes ambientales (como las relativas al agua potable) en las actividades del “fracking”. A esta posición se suman las ideas en defensa de la autonomía democracia local que ha proliferado en algunas zonas de explotación del “sheil gas”. Por cierto que los grupos “antifracking” son muy activos y ha unido sus esfuerzos en varias organizaciones como “Save the Water Table”, “Shales Shock”, US Water Alliance, etcétera.

En el lado opuesto están los intereses de la industria explotadora del gas, defendidos con muchos recursos económicos por la poderosa “Pennsylvania Independent Oil and Gas Association” (PIOGA) que reúne a casi mil miembros procedentes de las diferentes actividades implicadas en el negocio del “fracking”. Apoyan a los Estados que defienden sus competencias estatales por tratarse -según ellos- de las Administraciones públicas más y mejor conocedoras de las circunstancias geográficas y ambientales de sus territorios. Y ciertamente, las reglamentaciones estatales sobre esta actividad minera han proliferado considerablemente en los últimos años. No obstante, Estados como el de California –que se enorgullece por ser uno de los más avanzados de la Federación en las políticas ambientales- aprobó en septiembre de 2013 la regulación llamada “SB-4 Oil and gas: well stimulation” (que entrará en vigor el 1 de enero de 2015) que, si bien no prohibe el “fracking” (como reclamaban los ecologistas) establece muchas medidas de seguridad y de transparencia par las empresas petroleras. También algunas ciudades de California como Los Ángeles y Berverly Hills se han puesto a la cabeza de la inciativa para prohibir –o al menos aprobar una moratoria- sobre esta actividad minera en sus respectivos términos municipales.

Un breve apunte comparativo respecto de España. En nuestro país, a diferencia del modelo norteamericano, es la Administración del Estado la que tiene la “sartén por el mango” a la hora de las autorizaciones de la “fracturación hidráulica” (favorable, aunque no sin cautelas) y han sido varias las Comunidades Autónomas (Cantabria, Navarra, La Rioja, Andalucía…) las que han aprobado normas legislativas prohibiendo el “fracking” en sus respectivas Comunidades, si bien el Tribunal Constitucional ha declarado en varios casos la inconstitucionalidad de dichas leyes. Mi buen amigo y colega de la Universidad de la Rioja, el profesor René SANTAMARÍA ha criticado muy recientemente con agudeza el contenido de esta jurisprudencia.

Volviendo a los Estados Unidos, el Gobierno del Presidente OBAMA se ha mostrado en los últimos meses reacio a facilitar la expansión del negocio de la “fracturación hidráulica” con su omposición la proyecto “Keystone” de oleoducto desde Canadá (que comentamos en otra reciente entrada de este blog). En el pasado mes de marzo los demócratas han impulsado en el Congreso un paquete de medidas sobre el “fracking” (“Frack Pack”) para exigir a los Estados desde la legislación federal mayores controles y garantías ante los posibles riesgos para la salud y el medio ambiente. Lo cual ha originado una rápida oposición por parte de los Republicanos que, con semejantes medidas, ven peligrar los numerosos puestos de trabajo vinculados con la explotación del “sheil gas” (según algunos medios, cerca de un millón). Y, del mismo modo, se ha opuesto frontalmente la industria petrolera.

Es también muy reciente –el 26 de marzo de 2015- la nueva normativa aprobada –y publicada en el “Federal Register”- por el Departamento del Interior del Gobierno Federal relativa a la regulación para “Support Safe, Resposible Hydraulic Fracturing Activities on Public and Tribal Lands”, que establece más exigentes requisitos que los previstos en la mayor parte de las legislaciones de los Estados para autorizar el “fracking” en los tierras de competencia de la Federación. Aunque en los últimos diez años, solo el 5% de los pozos para extracción del “gas de esquisto” fueron realizados en las tierras de la Federación, al menos se trata de una medida ejemplar que marca la dirección en favor de una “fracking” como mayores garantías para la salud y el medio ambiente.

A todo lo anterior hay que añadir que en los Estados Unidos no existe la propiedad pública del subsuelo (el llamado “dominio publico minero” vinculado a la riqueza nacional) de manera que el propietario del la superficie puede desarrollar la actividad extractiva que desea a cambio del pago de una compensación económica una vez que se le conceda la autorización por la autoridad competente que, como hemos visto, es generalmente la Administración correspondiente del Estado.

Nos guste o no, todo parece indicar que la industria del “fracking” tiene un futuro bastante prometedor, aquí en los Estados Unidos (de hecho casi el 40% del gas que se consume procede del “fracking”) y, posiblemente, en otros países del mundo. Puede que se trate, como algunos plantean, de una nueva “burbuja económica” pero de lo que no cabe la menor duda es que, cuando suba el precio del petróleo (que tarde o temprano subirá), la extracción por “fracturación hidráulica” será más competitiva y una tentación dificilmente resistible para aquellos países que tienen una gran dependencia energética del exterior (como es el caso de España). Que, desde luego, la ansiada economía “hipocarbónica” (o pobre en CO2 procedente de los gases de efecto invernadero) puede sufrir un fatal retraso es harto probable.

A lo que no se puede renunciar es, en mi opinion, a la aprobación e implantación de una normativa rigurosa en cuanto a la evaluación de los riesgos de la actividad de extracción del “gas pizarra”. Cada territorio tiene sus peculiaridades que han de tenerse con cuenta (no vale “café con leche para todos”). Lo mismo que habrán de asegurarse las medidas de prevención ante los potenciales –y reales- impactos de esta actividad, así como el mantenimiento de exigentes regímenes de responsabilidad ambiental. Hemos de aprender de la experiencia estadounidense, como lo hicimos en su momento con la recepción –a través del Derecho Comunitario- de técnicas de protección ambiental, pero no de forma acrítica y, mucho menos, del modelo productivista del recalcitrante “lobby petrolero”.