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“Fracking-landia” (I)

Escrito por Javier Sanz
16 de abril de 2015 a las 8:40h

Alguno de mis lectores me ha preguntado sobre el tema del “fracking” (o “fracturación hidráulica”) –al que ya he dedicado varios comentarios en este blog- en los Estados Unidos, de cómo se ve aquí. Con motivo de la reciente conferencia del Profesor David SPENCE de la Universidad de Texas –sobre el “conflicto entre los Administraciones estatal y locales en norteamérica sobre las regulaciones del “fracking””- que tuvo lugar en la Facultad de Derecho de Berkeley (a la que tuve la oportunidad de asistir) me he puesto un tanto al día de cómo se precibe este importantísimo asunto. Verdaderamente es un tema de enorme trascendencia que está traspasando las fronteras estadounidenses y que está afectando a muchos países, en particular, a productores de petróleo (Venezuela, Iran, México, Rusia, etc.) y ha abierto nuevas expectativas en otros países que cuentan con reservas de “gas pizarra” o “sheil gas”. Un apasionante fenómeno geopolítico de contínuos vaivenes y perspectivas diferentes.

Podrían escribirse páginas y páginas de esta controvertida cuestión pero aquí voy a dedicar la primera parte de este comentario a la extraordinaria repercusión mediática del “fracking” en los Estados Unidos y en la segunda parte al conflicto entre el Estado Federal, los Estados y los Entes Locales acerca de este tema. Aunque no me gusta inventar palabras, me ha atrevido usar el término “fracking-landia” para referirme a este país en que ha nacido la técnica de explotación del referido “gas pizarra” (comenzó nada menos que en 1949), en cuyas tierras se han perforado más de dos millones de pozos, y en donde se está produciendo una verdadera revolución energética que puede llevarle a su independencia energética en pocos años. Y, todo ello, claro está, con inciertos efectos (o impactos) sobre el medio ambiente y la salud, con defensores y detractores.

La magnitud de actividad económica –que ha crecido exponencialmente desde hace casi una década- se refleja en la abundantísima bibliografía publicada en los últimos años. Sin contar los libros técnicos sobre ingeniería o geología, cada año aparacen nuevos títulos de ensayos a favor, en contra o indiferentes acerca del “fracking” en este país. Por ir a los títulos más recientes, destaca el ensayo del reportero de energía del Wall Street Journal, Russell GOLD: The Boom: How Fracking Ignited the American Energy Revolution and Changed the World (publicado por Simon & Schuster, New York, 2014) contando los episodios de su desarrollo en los Estados Unidos y los protagonistas de esta historia, como es el caso de George MITCHEL, conocido como “padre del fracking”. En parecida línea de análisis se mueve el libro de otro periodista, Gregory ZUCKERMAN, bajo el título: The Frackers: The Outrageous Inside Story of the New Billionaire Wildcatters (publicado por Penguin, Ney Yor, 2014), más centrado en los empresarios implicados en este sustancioso negocio, a modo de la clásica historia americana: “Los éxitos de los arquitectos de la era de esquisto son atribuibles a la creatividad, la bravuconería, y un fuerte deseo de ser realmente ricos”, escribe. “No puede ser más americano que eso”. Poniendo de manifiesto los pros y contras de esta industria, estas dos obras tratan de eludir posicionamientos determinados, aunque, al final, como atrapados por sus contenidos parecen apoyar la “revolución del esquisto”.

Un libro claramente a favor del “fracking” es el del político conservador, el activista canadiense Ezra LEVANT, titulado: Groundswell: The Case for Fracking (publicado por Random House Canada, 2014). Para este autor –que, entre otras cosas, trata de refutar, punto por punto, los argumentos del famoso documental de Josh FOX (“Gasland”)- “fracking” es “una hermosa tecnología con un feo nombre”, capaz de crear una “energía barata, limpia, abundante y democrática”.

No obstante, son mayoría los libros muy críticos a la producción mediante el “cracking”. Es el caso del análisis contenido en el ensayo de Michelle BAMBERGER y Robert OSWALD, desde una perspectiva de su repercusión sobre la salud humana y animal: The Real Cost of Fracking: How America’s Shale Gas Boom Is Threatening Our Families, Pets, and Food (publicado por Beacon Press Books, 2014). Con un rechazo más claro se pueden citar los libros de Seamus McGRAW: The End of Country: Dispatches from the Frack Zone, 2012; el de Richard HEINBERG: Snake Oil: How Fracking’s False Promise of Plenty Imperils Our Future (publicado por Post Carbon Institute, Santa Rosa, California, 2013); el de Bill POWERS y Art BERMAN: Cold, Hungry and in the Dark: Exploding the Natural Gas Supply Myth (publicado por New Society Publishers, 2013), etcétera.

Con una posición intermedia, se puede encontrar la obra de Chris FAULKNERThe Fracking Truth: America’s Energy Revolution: the Inside, Untold Story, (publicado por Buks County, Pennylvania, 2014), quien se muestra partidario del “fracking” pero siempre que se repete la máxima transparencia en su implantación y en los procesos utilizados (por ejemplo, mediante la  publicidad de los productos químicos empleados y mediante la utilización de soluciones más limpias como la llamada “CleanStim”). Por su parte, el especialista en energía y medio ambiente del prestigioso “think  tank” neoyorquino “Council on Foreing Relations” (CFR), Michael LEVI, en su libro: The Power Surge: Energy, Opportunity, and the Battle for America’s Future (publicado por la Oxford University Press, 2013) trata de situar el auge del “fracking” en el contexto más amplio de las políticas sobre cambio climático y en la que es “shail gas” aparece como “combustible puente” que puede sostener el suministro de energía mientras se van potenciando las energías renovables.

Por lo que se refiere al mundo audiovisual ya comentamos con anterioridad el famoso documental anto-frackingGasland” (2010) del cineasta Josh FOX y la película de ficción “The Promise Land” (2013) dirigida por Gus VAN SANT. Más recientemente se pueden añadir a estos títulos el documental “FrackNation” (2013) creado por Phelim McALEER y Ann McELHINNEY -financiado mediante “crowdfunding”- que es una ácida crítica al documental de Josh FOX. Por su parte, Johs FOX no se ha quedado quieto y ha promovido “Gasland. Part II” (2013) en la que se que la presentación de la industria del gas natural como una alternativa limpia y segura para al petróleo es un mito y que en los pozos del “fracking” se producen fugas y que con el tiempo sería inevitable la contaminación de agua y aire, perjudicando a las familias, y poniendo en peligro el clima de la tierra con el potente gas de efecto invernadero, el metano. Además, la película narra la historia de cómo las poderosas industrias de petróleo y gas están, en las palabras de FOX “contaminando nuestra democracia”.

Incluso se han publicado novelas que excitan la imaginación con motivo del fracking: la de expresivo título “Mother Fracker” de Larry Bud MEYER (Morningside Press, 2013) ganadora del “Green Book festival” de 2014. La de James BROWNING: “The Fracking King: A Novel”, 2014; y la de Mark CAMPBELL: “Fracked” (Darkest Hour Publications, 2015).

“Fracking-mania”, revolución energética, retroceso en la política contra el cambio climático, nuevo blanco para los grupos ecologistas, … Todo es posible en este caleidoscópico asunto que todavía no ha explotado en otros áreas geográficas como nuestra vieja Europa. Continuará.

Las claves del futuro de los Parques Nacionales en nuestro cambiante Mundo (“America’s best idea”).

Escrito por Javier Sanz
5 de abril de 2015 a las 10:08h

La pasada semana, los días 25 a 27 de marzo, tuve la oportunidad de asisitir en el Campus de Berkeley al Congreso titulado “Science for Parks, Parks for Science. The Next Century”. Este evento científico -que ha reunido a destacadas personalidades del mundo científico, a gestores del Sistema de Parques Nacionales de los Estados Unidos y varios centenares de investigadores en este campo de la biodiversidad- trataba de conmemorar el primer centenario de una famosa Conferencia sobre la gestión de los parques que tuvo lugar aquí en Berkeley en 1915, organizada por dos ex-alumnos de Berkeley, Stephen MATHER y Horace ALBRIGTH. De aquella histórica reunión -que contó con la asistencia de los administradores de los parques naturales creados hasta entonces, empresarios, científicos, conservacionistas y politicos- surgió la puesta en marcha del “Servicio de Parques Nacionales” (“National Park Service“) en 1916, cuyos primeros directores fueron respectivamente, MATHER (1916) y luego ALBRIGHT (1929).

Como es sobradamente conocido Estados Unidos fue pionero en la creación de los Parques Nacionales, siendo el de Yellowstone el primero de la historia, hasta los 58 Parques que componen el “sistema de Parques Nacionales” y que se encuentran a lo largo de 27 de los Estados, aunque California y Alaska son privilegiados por contar con ocho cada uno. A los anteriores hay que sumar el recién creado por el Gobierno OBAMA, a mediados del año 2014, en las “Islas Remotas de Pacífico” (siete islas y un atolón) que, bajo la soberanía de los Estados Unidos, ha pasado a convertirse en la mayor reserva marina del mundo.  De los 225.000 kilómetros cuadrados que contaba como “monumento nacional”, ha pasado a extender a cerca de 2 millones de kilómetros cuadrados (hasta las 200 millas náuticas de su zona económica exclusiva).

No cabe duda de que esta institución de los “parques naturales”, posteriormente extendida al resto de los países del mundo (en España el primer espacio natural protegido fue el “Parque Nacional de la Montaña de Covadonga”, declarado como tal en 1918; actual PN de “Picos de Europa”) es una de las “mejores ideas” gestadas por la democracia norteamericana: que los más magníficos y sagrados lugares de la Nación debían ser preservados, no para la realeza o los ricos, sino para todos. A su contribuyeron personalidades que algún día comentaré, como Ralph WALDO EMERSON (escritor, filósofo; 1803-1882) en la costa Este, o John MUIR (naturalista californiano y fundador del Sierra Club; 1938-1914) en la costa Oeste. Para una buena aproximación general a los parques naciones en norteamérica son muy recomendables: el libro –profusamente ilustrado- de Ken BURNS y Dayton DUNCAN (“The National Parks: America’s Best Idea”, 2009) y, por supuesto, y la serie documental de TV que, con el mismo título –y bajo de la dirección del citado Ken BURNS-, constituye un documento audiovisual de gran calidad y belleza y comprehensivo de esta institución.

Volviendo al Congreso de Berkeley de la pasada semana. Sus contenidos estaban orientados en orden a tres grandes cuestiones: cuál es la misión –o misiones- del Servicio de Parques Nacionales y su verdadera relevancia en el momento actual; cómo está respondiendo la “Administración de los Parques” (“stewardship”) a los retos del mundo cambiante (incluido el cambio climático, claro); ¿hay un acoplamiento –o desacoplamiento- entre los parques y los ciudadanos? Entre los objetivos del Congreso: crear la “hoja de ruta” de la ciencia para los parques para las próximas décadas; catalizar la excelencia en la ciencia de las áreas protegidas a través del compromiso de los científicos con los parques; y llegar al gran público a través de eventos y programas de gran cobertura mediática (quizá por este motivo en la organización del Congreso la “National Geographic Society” –fundada en Estados Unidos en 1888- ha tenido un papel importante).

Con los Profesores ENKERLIN (UICN, Monterrey) y ACKERLY (Berkeley)

En realidad, con un parecido planteamiento y temas similares, tuvo lugar, en enero de 2012, un importante Congreso celebrado en Washington DC (“America’s Summit on National Parks. Taking Action for a new Century”) una cumbre sobre los Parques Nacionales y las medidas que había de adoptarse en el presente siglo. Su “declaración de principios comunes” proyectaba hacia el futuro algunos de sus retos más importantes: “mantener la promesa de los Estados Unidos a nuestros hijos” (preservar el rico patrimonio que contienen los parques), “proteger y apreciar nuestra herencia”, “promover alianzas ponderosas” (promoción de socios y voluntarios”), “evolucionar con los Estados Unidos que cambia constantemente”, “mejorar la calidad de vida”, “entregar recuerdos duraderos”…

La conferencia inaugural del Congreso de Berkeley corrió a cargo del famoso biólogo estadounidense Edward Osborne WILSON (padre de la “sociobiología”: rama del conocimiento científicos que investiga las bases biológicas de las conductas sociales de los seres vivos) y versó acerca de la importancia de la biodiversidad, sus amenazas actuales, sus retos futuros y la valiosa aportación de los parques naturales para su preservación. Personalmente me gustó especialmente –por ser una de las pocas ponencias plenarias relativas al medio marino- la intervención de Jane LUBCHENCO, Profesora de la Oregon State University, quien es una muy reconocida especialista en la ecología marina y dirigió la importante agencia “National Oceanic and Atomosféric Administration” (NOAA) durante el primer mandato del Presidente OBAMA. También me pareció muy sugerente la charla Gary MACHLIS (profesor de sostenibilidad de la Clemson University) sobre “el futuro de la ciencia en los Parques nacionales”. Todas las sesiones plenarias del Congreso pueden reproducirse en “livestream” gracias a las grabaciones audiovisuales disponibles en su página web.

La conferencia de cierre del Congreso fue impartida por uno de los más importantes organizadores del mismo, Steve BEISSINGER, Profesor de Conservación Biológica de la propia Universidad UC-Berkeley. Subrayó las grandes claves del futuro de la gestión de los parques nacionales: responder a los  cambios ambiental pero también cambios culturales de nuestra sociedad; pensar en una gestión que va más allá de los propios límites de los parques; recuperar el principio de precaución; implicar a la sociedad en la protección de los parques; insuficiencia de la mera monitorización de los parques y necesidad de una protección integral (incluido el sistema social circundante); incrementar el número de investigadores implicados en la investigación sobre la protección de la biodiversidad (en definitiva, de acuerdo con el “leit motiv” histórico del Congreso: implicar a la Universidad en la protección y gestión de los parques).  Concluyó con un pensamiento del mejicano Ernesto ENKERLÍN, presidente de la Comisión de Áreas Protegidas de la Unión Internacional de Protección de la Naturaleza (UICN), quien también intervino en una de la sesiones plenarias del primer día, en el sentido de que en la lucha por mantener la protección de los parques y áreas protegidas no solo está en juego su propia pervivencia sino, lo que es más importante, el logro de las aspiraciones humana en torno a la sostenibilidad del Planeta.

En resumen, para mi fue extraordinariamente enriquecedora la asistencia a este Congreso. De la importancia del trabajo interdisciplinar y de recíproca colaboración Universidad-Administración Pública en la protección de la biodiversidad. De la necesidad de reflexionar sobre el futuro sin dejarse llevar por las inercias burocráticas. De la vital implicación de la sociedad y de la ciudadanía en semejante tarea. Seguro que en este trabajo promovido por Berkeley están muchas de las futuras bases de la protección de los parques nacionales no solo de los Estados Unidos sino de todo el mundo, pues no hay que olvidar que aquí nació –hace casi un siglo y medio- tan magnífica idea.

Agua para un futuro sostenible (“Water 4.0”)

Escrito por Javier Sanz
26 de marzo de 2015 a las 7:24h

El pasado 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua –promovido desde 1993 por Naciones Unidas- y estando aquí, en California –que cuenta con algunos de los mejores expertos del mundo-, no he podido evitar reincidir en el vital tema del agua. “Agua y desarrollo sostenible” es el “leit motiv” de este año mediante el que se pone de manifiesto las mútiples facetas del agua: el “agua es salud” (siempre que no esté contaminada), “el agua es naturaleza” (es capital en el equilibrio de los ecosistemas), el “agua es urbanización” (un servicio indispensable en la creciente población urbana), el “agua es industria” (un grave  problema cuando no se somete a la consiguiente depuración), el “agua es energía” (que proporciona estabilidad a la producción eléctrica), el “agua es comida” (que supone la mayor parte de su consumo por el sector agropecuario), el “agua es equidad” (debería ser un derecho fundamental de cada ser humano).

En el último Informe (de 2014) sobre el cumplimiento de los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas es esperanzador en materia de saneamiento del agua (la “meta 7C” dentro del Objetivo 7º sobre garantía de la “sostenibilidad de medio ambiente”) ya que, se destaca, que se ha cumplido el objetivo de reducir a la mitad el porcentaje de personas que carecen de acceso a “fuentes de agua potable mejoradas”, pero todavía hay en el mundo 748 millones de personas que carecen de dicho acceso, lo cual resulta intolerable. Además, más de 2.500 millones de seres humanos siguen sin utilizar “servicios de saneamiento mejorados”, con todos los riesgos de enfermedades que ello lleva consigo.

En el mensaje del Secretario General de Naciones Unidas, Ban KI-MOON, a propósito del Día Mundial del Agua, sin dejar de referirse a los retos planteados por el cambio climático, señala entre otras cuestiones que “para eliminar los múltiples problemas relacionados con el agua, debemos trabajar con un espíritu de cooperación urgente, con mente abierta a las nuevas ideas y la innovación, y dispuestos a compartir las soluciones que todos necesitamos para un futuro sostenible”.

Nuevas ideas e innovación pues, como parte de la solución de los multiples problemas del agua. Nada más oportuno para responder al estado actual de esta cuestión es el libro que ha caído estos días en mis manos con el sugerente título:  “Water 4.0. The past, Present, and Future of the World’s Most Vital Resource, publicado en 2014 por la Yale University Press, que además cuenta con una propia página web informativa. Su autor es David L. SEDLAK, “Malozemoff Professor” en “Mineral Engineering”, Co-director del “Berkeley Water Centre” y Director del “Institute for Environmental Science and Engineering”, pertenecientes -¡cómo no!- a la UC-Berkeley. Un trabajo que ha merecido la concesión a su autor del galardón “Clarke Price 2014” por parte del prestigioso “National Water Research Institute” con sede en California.

Son muchos y muy interesantes los ensayos que sobre el agua se han venido publicando en norteamérica en los últimos años y que, en su mayor parte, abordan el tema desde una perspectiva crítica acerca de su escasez y de deficiente gestión en los Estados Unidos: (Fred PEARCE: “When the Rivers Run Dry: The Defining Crisis of the Twenty-First Century” Beacon, 2007); Maude BARLOW: “Blue Covenant: The Global Water Crisis and the Coming Battle for the Right to Water” (New Press, 2009); Robert GLENNON: “Unquenchable: America’s Water Crisis and What to Do About It” (Island Press, 2010); Brian FAGAN: “Elixir: A History of Water and Humankind” (Bloomsbury, 2011); Alex PRUD’HOMME: “The Ripple Effect: The Fate of Freshwater in the Twenty-First Century” (Scribner, 2011); Cynthia BARNETT: “Blue Revolution: Unmaking America’s Water Crisis” (Beacon, 2011); Charles FISHMAN: “The Big Thrist: The secret and turbulent future os Water” (Free Press, 2012)…

David SELDAK

El libro de David SEDLAK, por el contrario, aborda un perspectiva distinta a los anteriores trabajos, relativa a los sistemas urbanos de gestión del agua. Con este fin se remonta 2.500 años antes a la Roma Imperial (primera gran urbe de la historia de la humanidad) que desarrolló el primer sistema centralizado de abastecimiento y distribución del agua, un ingenioso conjunto de acueductos, fuentes y cloacas que al autor denomina como “Water 1.0”. Para la siguiente etapa –“Water 2.0”- habrá que esperar hasta finales del siglo XIX en los Estados Unidos en que, gracias a los expertos del Massachusetts Institute of Technology (MIT), se aplicaron eficaces remedios para evitar la difusión de una fiebre tifoidea por el consumo de aguas contaminadas en las poblaciones de Lowel y Lawrence, ambas situadas en la ribera de río Merrimack (Estado de Massachusetts); lo cual supuso un salto de gigante con la aplicación y difusión en los países desarrollados, desde entonces, de los sistemas del flitrado de aguas residuales y la aplicación de cloro como desinfectante de los gérmenes patógenos. La tercera etapa –“Water 3.0”- se refiere a los vigentes sistemas centralizados de tratamiento biológico y depuración de las aguas de nuestras ciudades, posteriormente reforzados con las primeras regulaciones federales contra los vertidos (la “Clean Water Act” de 1972).

La “revolución pendiente” en la gestión del agua presenta muchos frentes abiertos como los efectos del cambio climático sobre los recursos hídricos (sequías e inundaciones), la imparable expansión de la población urbana y de su “huella hídrica”, la creciente presión sobre los recursos subterráneos, los nuevos contaminantes (productos químicos disruptores endocrinos, nutrientes), etcétera. La nueva etapa –“Water 4.0”- ha de orientarse necesariamente, como señala SEDLAK, hacia una protección integrada de los recursos hídricos –superficiales y subterráneos- que tengan en cuenta la protección de la biodiversidad, el aprovechamiento de las aguas marinas (desaladoras), la reutilización de las aguas residuales, una mayor información al público, y, por supuesto, su uso racional (a través de prácticas que reduzcan el consumo del agua). Pero la gestión del futuro pasa por un considerable encarecimiento del precio del agua, entre otros motivos, por la renovación de las viejas infraestructuras hidráulicas (se refiere a los Estados Unidos), lo cual resulta impopular. En todo caso, se requiere una vigorosa decisión política que invierta las actuales pautas insostenibles de consumo ante las previsibles consecuencias de la inminente escasez del agua.

Bill Gates y el Omni Processor

El autor de Water 4.0 se refiere a las sistemas centralizados existentes que deberán ser mejorados para lograr una mayor eficiencia en su gestión pero también se refiere a los sistemas descentralizados de viviendas y poblaciones  aisladas que pueden llegar a ser autogestionar con eficacia sus propios recursos y necesidades hídricas. Son muchos los retos y las potenciales crisis a las que se enfrenta la gestión del agua en todo el mundo, pero como concluye SEDLAKla historia nos enseña la importancia de las crisis como catalizador del cambio”. Se podría criticar esta obra –como ya se ha hecho- diciendo que sólo se fija en la gestión urbana de agua en los países desarrollados y que olvida los graves problemas de los países en desarrollo en esta materia. Sin embargo, estoy convencido de que las innovaciones y avances técnicos en la ingeniería del agua permitirán resolver muchos de los problemas que asolan a los países con pocos recursos y/o condiciones extremas. Ahí está, por ejemplo, el Janicki Omniprocessor, un proyecto que va a financiar la Fundación de Microsoft (Gates Foundation) y que consiste en la transformación de desechos humanos en agua potable y energía.

Como modesto profesor de Derecho en el Máster en Ingenería del Agua de mi Universidad de A Coruña, el libro de David SEDLAK me ha resultado de enorme interés, tanto como mis habituales  conversaciones con los grandes expertos -y mejores amigos- en ingenería hidráulica de esa Universidad, lo cual me lleva a confiar mucho en una futura gestión sostenible de las aguas urbanas. Ojalá la política hidráulica del futuro esté a la misma altura.

Una verdad inocultable (“Under the dome”)

Escrito por Javier Sanz
17 de marzo de 2015 a las 9:14h

Hace pocas semanas saltaba a la palestra informativa el éxito sin precedentes –“fenómeno viral”- un documental que, con el título “Bajo la cúpula (“Under the dome”, prestado del nombre de una serie estadounidense), ha sido producido y presentado por una conocida periodista china, Chai JING, sobre los graves efectos para la salud de la contaminación en la República Popular China. Hasta al momento este documental ha sido visto por más de 200 millones de personas, incluidos muchos millones de ciudadanos chinos (22 millones, en un solo fin de semana en el youtube chino, “Youku”) hasta que poco después de su emision, el Gobierno chino decidió censurarlo para la audiencia de sus compatriotas.

La presentación del documental –de 104 minutos de duración y que está accessible en youtube con subtítulos en inglés- se parece mucho al famoso documental de AL GORE (“una verdad incómoda”, oscarizado en 2006) pero, a mi juicio, tiene más fuerza argumentativa y un componente humano más atractivo. La periodista narra su propia experiencia cuando al quedar embarazada se detecta que su hija tiene un tumor (aunque benigno) presuntamente debido a la alta polución de las ciudades chinas en la que había trabajado como reportera. Son impresionantes las secuencias fotográficas de varias ciudades del éste de China en las que domina una agobiante niebla de contaminación; son incontestables los datos estadísticos sobre la elevada mortalidad de los ciudadanos chinos que pueblan los núcleos urbanos más contaminados (más de un millón, segun la revista “The Lancet”); es escalofriante la entrevista a una niña que vive en una zona minera de la provincial de Shanxi en la que afirma que nunca ha visto estrellas en el firmamento o el azúl del cielo, son enormes los índices de contaminación atmosférica experimentados en muchas ciudades chinas  que superan con mucho los niveles de seguridad… Son muchos los hechos y datos contados con una gran capacidad divulgativa que captan enormemente la atención del público que asiste a la explicación de Chai JING.

Chen GINING

Ante esta realidad incontestable de tener que vivir “bajo la cúpula” de la contaminación, provocada por el voraz uso del carbon para alimentar el imparable crecimiento económico del gigante país asiático, lleva a plantearse a la autora del documental cómo explicar a su hija el fenómeno de la polución atmosférica, de sus efectos para la salud, de consecuencias para el medio ambiente. No hay una crítica explícita al Gobierno pero, en el fondo, cualquiera se pregunta ¿quién es el responsable de este grave problema? ¿qué hace la Administración Pública para controlar los excesivos indices de contaminación del sector industrial? ¿cómo puede permitirse el sacrificio de tantas vidas en el altar del insostenible progreso económico?

Pese a la censura, poco antes de la celebración del Congreso Nacional del Pueblo, el recién nombrado por el Gobierno, ministro de Medio Ambiente, Chen JINING, ha afirmado al ver el documental que “merecía admiración” y que podia compararse con la famosa obra de la científica norteamericana, Rachel CARSON, “Primavera Silenciosa” de 1962 en donde denunciaba los perjudiciales efectos de los pesticidas para el medio ambiente y para la salud. El flamante responsable de la política ambiental de la República Popular -formado en Europa (Imperial College London) y Director del Departamento de Ciencias Medioambientales de la prestigiosa Universidad de Tsinghua de Pekin- ha dicho que el citado documental “ha jugado un importante rol en promover la conciencia pública sobre asuntos de salud y medioambiental”.

Aquí, en los Estados Unidos, varias instituciones universitarias han venido colaborando con científicos chinos en la reflexión sobre la importancia de una nueva política ambiental en la Republica Popular. Así, por ejemplo, el Center for Environmental Law and Policy de la Universidad de Yale y el Center for International Earth Science Information Network de la Universidad de Columbia, en colaboración con la Chinese Academy for Environmental Planning y la Universidad de la City de Honh Kong, elaboraron hace pocos años un muy interesante estudio titulado “Towards a China Environmental Performance Index”. También el prestigioso WILSON CENTRE, a través de su “China Environment Forum” ha desarrollo varios estudios en este tema y, justamente, hace pocos días organizó un panel de discusión sobre el documental que comentamos (que puede verse en su website). Igualmente, el Gobierno norteamericano, a través de su Environmental Protection Agency (EPA) viene colaborando, desde 2007, con el Gobierno chino en la iniciativa “EPA-China Environmental Law Initiative”.

Se puede afirmar que el ordenamiento ambiental de la República Popular China es moderno y completo pero que, sin embargo, padece de un enorme deficit de cumplimiento. Desde hace mucho tiempo existe una pugna interna entre el Gobierno central y los Gobiernos locales (provinciales y de distrito) para hacer cumplir la normativa ambiental, así como un rechazo de las poderosas empresas públicas industriales reacias a frenar su ritmo de producción y a implementar la legislación ambiental.  Antes de ayer, el Primer Ministro chino, Li KEQUIANG, al acabar la Asamblea Nacional Popular (el máximo órgano legislativo de la República Popular) –que ha respaldado una reducción del crecimiento para este año 2015 al 7%- ha afirmado que “la contaminación es un grave preocupación de la gente y el Gobierno está dispuesto a acabar con ella reforzando las leyes medioambientales y endureciendo las penas para sus infractores-. Ya en el discurso del año pasado había declarado la “Guerra contra la contaminación”. Sin embargo, no bastan las declaraciones institucionales y es muy importante en la solución de los temas ambientales la máxima transparencia y la participación. Por este motivo flaco favor se ha hecho al nuevo Ministro de medio ambiente chino censurando el comentado documental que presenta una cruda e inocultable realidad de la contaminación ambiental del país. En un momento del mismo, la periodista Chai JING, afirma con enorme fuerza: “Es como se hace historia, cuando miles de personas comunes dicen: no, no estoy satisfecho. No quiero esperar. Me levantaré y haré algo. Aquí y ahora”. No se trata de una mera cuestión ideológica porque lo que está en juego son vidas humanas.

Pese a todo, soy optimista viendo a tantos –son miles- jóvenes investigadores venidos de China para formarse en las más prestigiosas universidades norteamericanas y de todo el mundo, algunos son mis colegas aquí, en Berkeley. Estoy convencido de que ellos impulsarán desde dentro del país, tarde o temprano, una nueva política ambiental y el convencimiento de que se pueden hacer mucho mejor las cosas, de que es posible un nuevo desarrollo económico. Es deseable que así lo hagan cuanto antes porque los excesos de la contaminación industrial –los de China, por supuesto- tienen ya una repercusión planetaria.

Ante la pertinaz sequía (“The West Without Water”)

Escrito por Javier Sanz
8 de marzo de 2015 a las 23:19h

Acaba de llamarme un amigo que está pasando unos días en New York, donde me cuenta el extremo frío que está haciendo en la “Gran Manzana” que, por lo que parece, puede formar parte de otro episodio de “vórtice polar”, parecido al ocurrido el pasado invierno. Por el contrario, aquí en California, venimos disfrutando este “invierno” de un tiempo soleado y unas temperaturas que sobrepasan, al mediodía, los 20º. Y, por supuesto, la lluvia es, por estas latitudes, un fenómeno atmósférico cada vez más excepcional. Hablar del tiempo atmosférico es el socorrido recurso que utilizamos cuando no sabes de qué hablar, pero en esta parte de los Estados Unidos la pertinaz sequía que está azotando el Suroeste no es tema de poca importancia. Tampoco es tema menor, en estos momentos, en algunas de las grandes áreas metropolitanas de Brasil (en particular, en la region sudeste, con Sao Paulo y Río de Janeiro).

En particular, California está sufriendo desde 2011 –según los últimos trabajos científicos- una de las más severas sequías de los últimos 1.200 años (que se dice pronto) y, también las temperaturas son las más altas desde que se tienen registros. Parafraseando la famosa canción –de prinicipios de los setenta- del cantante británico Albert HAMMOND bien podríamos afirmar (mejor dicho, cantar) que, al menos, en esta temporada, “It never rains in (Southern) California” (“nunca llueve en California”).

Este fenómeno de la sequía no es nada nuevo en California, como han demostrado las profesoras de UC-Berkeley, Lynn INGRAM y Frances MALAMUD-ROAM -en su trabajo “The West Without Water. What past floods, droughts, an other climatic clues tell about tomorrow” (publicado por University California Press en 2013)- analizado a lo largo de miles de años los datos paleoclimáticos e históricos disponibles y ofreciendo las lecciones que el pasado puede enseñarnos de cara el futuro. Lo que resulta claro es que el fenómeno de la sequía en el Oeste de los Estados Unidos no es algo conyuntural sino que marca una tendencia que, además, se va a agravar. Otro tema es si el calentamiento global está colaborando a agudizar esta situación, lo cual está siendo aquí motivo de debate entre los científicos (Richard SEAGER de la NOAH defiende que se trata de un ciclo atmosférico natural; Noah DIFFENBAUGH de la Universidad de Stanford opina que está causado por el cambio climático de origen antrópico).

Justamente en relación con este tema que estamos comentando, tuvo lugar a finales del pasado mes de enero en Madrid, en la sede de la Fundación Botín, un Seminario Internacional  -coorganizado entre dicha Fundación (su prestigioso Observatorio del Agua) y el Rosenberg International Forum- un muy interesante seminario para comparar cómo se está abordando la gestión de la sequía en California y en España, bajo el título: “Gestión de la sequía y la escasez de agua en tierras semi-áridas: los casos de California y España”. En ella han intervenido destacados especialistas de ambos países, de varias Universidades españolas y, por parte de Estados Unidos, expertos de varios de los campus de la Universidad de California, en particular de UC-Davis).

Son muy sorprendentes las similitudes entre California y España con relación al agua, en cuanto a sus recursos disponibles, pluviometría, volumen embalsado, población consumidora, y una largo etcétera. Esto ha atraído, desde hace tiempo, el estudio por parte de investigadores españoles de los diferentes  aspectos ambientales, económicos y jurídicos de la gestión del agua en el “Estado Dorado”. Desde el relevante trabajo de los Profesores de Pedro ARROJO –máximo exponente de la “Nueva Cultura del Agua”- y José Manuel NAREDO (en su obra La gestión del agua en España y California”, publicado en 1998), hasta los más recientes trabajos sobre “mercados del agua” de la brillante investigadora Vanessa CASADO-PÉREZ, una española que acaba de ser contratada como Profesora de Derecho Ambiental (Lecturer in Law and Teaching Fellow) en la muy  prestigiosa Universidad de Stanford y a quien he tenido el gran gusto de conocer personalmente.

La severidad de la sequía en California llevó al Gobernador del Estado (el demócrata Jerry BROWN) a aprobar en enero de 2014 una serie de medidas de restricción del agua y la aportación de un fondo de 1.000 millones de dólares para ayudas de emergencia. Y, al poco de llagar yo a Berkeley, se celebró el 4 de noviembre de 2014, en el Estado de California, una votación peibliscitaria (coincidiendo con las elecciones de representantes de los gobiernos nacional, estatal y locales) cuya Proposición nº 1 versaba sobre la conveniencia de que el Estado asumiera una deuda de 7.100 millones de dólares para la financiación de proyectos relativos a la calidad, suministro y tratamiento del agua; lo cual fue aprobado mayoritariamente. Se calcula que la escasez de agua ha supuesto, a lo largo de 2014, unas pérdidas –especialmente en el sector agrícola- de 2.200 millones de dólares y de 17.000 empleos de temporada.

Gracias a las infraestructuras construidas en el pasado siglo XX, las grandes áreas metropolitanas de Los Ángeles-San Diego (situadas en una zona semidesértica) y de la Bahía de San Francisco, en las que viven dos terceras partes de la población de California, se ha podido mantener con cierta regularidad el servicio de abastecimiento de las poblaciones urbanas. Pero el problema está en el sector agrario -que consume el 80% de los recursos hídricos- y especialmente en la región de “Valle Central”, impresionante granero de los Estados Unidos que produce más de la mitad de sus productos agrícolas. Durante la anterior gran sequía de finales de los ochenta (1988-1991) el Estado de California desarrolló una nueva política de aguas, impulsada por su DWR (Departament of Water Resources), con muchas medidas innovadoras con el “Banco de Aguas” pero que incidieron en la necesidad de reducir la demanda de agua y de proteger sus usos y servicios ambientales.

De cara al futuro si persiste la sequía, como adelantan las previsiones de los expertos, la presión del poderoso sector agrario va a seguir creciendo para demandar del Gobierno estatal mayores disponibilidades de recursos, lo cual supone importantes obras hidráulicas. Y esta demanda, si se atiende, puede suponer impactos ambientales peligrosos en la zona del Delta, en donde confluyen los ríos Sacramento y San Joaquín, que forma el estuario más grande de la costa occidental de los Estados Unidos y que suministra agua al “Valle Central”. Mientras, los ecologistas recuerdan el emblemático “caso del Mono Lake” (lago ubicado cerca del Parque Nacional de Yosemite) en que sus defensores (reunidos en un Comité) ganaron, a finales de los setenta del siglo XX, la batalla legal al Departamento de Abastecimiento de Agua de la ciudad de Los Ángeles que lo estaba sobre-explotando y poniendo en grave peligro su caudal ecológico.

No cabe duda de que seguiremos aprendiendo mucho los españoles de cómo se gestiona aquí el agua (o más bien, la escasez del agua). Ya hemos aprendido mucho, de la necesidad de medidas de ahorro, de reutilización de las aguas, de un controlado “mercado del agua” en casos extremos (aunque no es la panacea), de la importancia de su valor ambiental, de la importancia de la “gestión de la demanda” (frente a la gestión de una oferta creciente, como ha sido el caso de España), etcétera. En fin, estoy convencido de que, antes de correr el peligro de una catastrófico colapso hídrico, se pueden hacer muchas cosas para un mucho más eficiente uso del agua. Pero, eso sí, con verdadera voluntad política y mediante la concienciación ciudadana sobre el buen uso de nuestro recurso más esencial.

“Geoingeniería” y/o ciencia ficción (“Climate intervention”)

Escrito por Javier Sanz
25 de febrero de 2015 a las 9:25h

La prestigiosa Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (“National Academy of Sciences”: NAS) –creada por el Presidente Abraham LINCOLN en 1863- acaba de publicar dos interesantes informes elaborados por el “Committee on Geoengineering” de la NAS, bajo el título común de “Climate intervention”, uno subtitulado: “Reflecting Sunlight to Cool Earthy el otro: “Carbon Dioxide Removal and Reliable Sequestration”.

Ambos trabajos abordan la interesante -aunque controvertida- cuestión de la “geoingeniería” o “ingenería climática”, es decir, la formulación de técnicas desarrolladas para influir en el clima terrestre para, de esta manera, combatir el cambio climático. Se trata, en definitiva, de una manipulación intencional y deliberada del hombre en el clima planetario a gran escala que, según sus promotores, podría contrarrestar los negativos efectos del calentamiento global.

Los dos referidos informes abordan respectivamente los dos grupos de técnicas más relevantes de la “geoingeniería”. El primero, relativo a la “gestión de la radiación solar”, mediante la introducción de aerosoles en la estratosfera, la generación de nubes artificiales o incluso la instalación de reflectores gigantes,  trata de reducir la radiación solar que alcanza la superficie terrestre o, lo que es lo mismo, aumentar el “albedo” (o incremento de la capacidad de la reflexión global de la Tierra o de las nubes). El segundo informe analiza los sistemas de “reducción del dióxido de carbono” que puede conseguirse con la captura y secuestro directo de los gases de efecto invernadero en cavidades subterráneas, o a través de la “fertilización” de los océanos con nutrientes que aumenten su capacidad de absorber CO2 de la atmósfera, entre muchas otros procedimientos.

Durante mucho tiempo, en la opinión pública se han tratado de estas técnicas como de proyectos fantásticos o propios de la ciencia-ficción. Sin embargo, lo cierto es que, como mayor o menor éxito, algunas técnicas vinculadas con la  “geoingeniería” se han venido utilizado con diversos fines. Por ejemplo, con fines militares por el ejército norteamericano en la Guerra del Vietnam –entre los años 1967 a 1972- para prolongar artificialmente la temporada de los monzones (Operación “Popeye” o “Watergate de Guerra climática”) y también, en España, en el Levante, para producir lluvia o alejar las tormentas de granizo. La peligrosidad de estas técnicas (entre otras) llevó a la aprobación por la Asamblea General de Naciones Unidas del Convenio sobre prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles,  de 1976, firmado el 18 de mayo en Ginebra, Por otra parte, la fase atmosférica del ciclo hidrológico en España –que puede ser afectada por la proyección de aerosoles en la atmósfera- solo puede modificado artificialmente con autorización de la Administración del Estado (cfr. Artículo 3º del Texto Refundido de la Ley de Aguas de 2001).

No obstante, debe señalarse que no todo esto es descabellado y que una de las técnicas reductivas, el “almacenamiento geológico del dióxido de carbono” no solo está reconocido como muy valioso para luchar contra el cambio climático sino que, además, está regulado en la Unión Europea mediante la Directiva 2009/31/CE, de 23 de abril. Además, ésta ha sido ya transpuesta a muchos de los  países miembros. En España lo ha sido a través de la Ley 40/2010, de 29 de diciembre, aunque según el ultimo trabajo de mi buen amigo el Profesor ALENZA GARCÍA, se nos advierte que su aplicación efectiva está todavía lejos de hacerse realidad.

En los últimos años, en el marco de la lucha contra el cambio climático, el estudio de la utilización de las técnicas de “geoingeniería” se está potenciando muy considerablemente y de hecho se habla de un “Plan B” para su aplicación por si la reducción de los gases de efecto invernadero no es suficiente para evitar una gran subida de la temperatura media del Planeta (y ello lleva consigo graves consecuencias). Instituciones tan importantes como la “National Aeronautics and Space Administration (NASA) o el “Geoengineering Programme” de la Universidad de Oxford están trabajando seriamente en estos temas. Incluso el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) está barajando desde 2011 la possible utilización de las técnicas de “geoingeniería”, aunque en su 5º Informe (AR5, 2013) no las ha respaldado totalmente. Y el año pasado despertó gran interés la “Climate Engineering Conference” celebrada en Berlín, los días 18 a 21 de agosto de 2014.

Como se pueden imaginar los lectores, la “geoingeniería” ha despertado muchas suspicacias en la opinion pública y de modo particular en el ecologismo. A nadie se le escapa que los riesgos de las muchas de las técnicas referidas es muy grande. Una intervención planetaria a gran escala, alterando la cantidad de energía solar que entre en el Planeta, puede cambiar la dinámica de los océanos, del ciclo hidrológico, la composición de los estratos geológicos y el uso de la Tierra en vastas regiones, sin olvidar los grandes impactos sociales y ambientales que actuaciones humanas de gran envergadura pueden generar. En la actualidad, el “Grupo de Acción sobre Erosion, Tecnología y Concentración” (ETC) y “Biofuelwatch” se encargan de mantener la web “geoingeneeringMonitor.org” con una información abundante y muy crítica, en contra de la “geoingeniería”.

Los informes de la NAS, a los que nos hemos referido al comienzo, coinciden en señalar que todavía no está madura la tecnología para su aplicación (salvo casos como los del almacenamiento geológico) pero que es importante y conveniente seguir investigando en este campo, ya que en el futuro podrían ser instrumentos de gran utilidad.

Por mi parte, soy de la opinión de que, si llega el momento (de una emergencia climática, por ejemplo) habrá que utilizar la “geoingeniería” con mucha, mucha cautela. En este sentido, me parecen muy oportunos los llamados “Principios de Oxford” –que tienen como precedente las conclusiones de la Conferencia Asilomar sobre tecnologías de intervención climática que tuvo lugar muy cerca de San Francisco, en la costera ciudad de Monterrey (California) en 2010- que deben guiar la gobernanza de la geoingeniería: que “debe ser regulada como un bien publico”; que “debe de haber participación pública en la correspondiente  toma de decisiones”; que “ha de divulgarse su investigación y facilitar el acceso libre a las publicaciones” en este tema; que “el asesoramiento de los potenciales impactos deben ser independiente”; y que debe regularse –a escala internacional, añado yo- antes de su aplicación.

Ante los impresionantes avances de la técnica, es muy tentador jugar a ser “como dioses” y dejarse llevar por la megalomania, pero intuyo (es solo una intuición) que la efectiva política climática de futuro estará actuaciones menos espectaculares, a pequeña escala y más pegadas al terreno. Una vez más, para mí, “Small is beautifull”.

¿En la era del “post-ecologismo”? (“The death of environmentalism”) (y II)

Escrito por Javier Sanz
14 de febrero de 2015 a las 9:49h

Que los movimientos ecologistas han evolucionado en todo el mundo es algo evidente. Desde los años sesenta del pasado siglo XX –en que nacen la mayor parte de ellos- hasta nuestros días, las transformaciones experimentadas en los grupos ecologistas son variadas y complejas (internacionalización, especialización, profesionalización, etcétera). No cabe duda de que la incorporación de propuestas de carácter ambiental en los programas de los partidos políticos tradicionales les ha hecho perder cierto protagonismo en la arena política. Por lo que se refiere a España, Manuel ARIAS MALDONADO, Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Málaga (quien, por cierto, realizó una estancia de investigación aquí en Berkeley, en el Institute of International Studies) nos ofreció, hace unos años, una aguda crítica a la tesis del ecologismo radical en su sugerente obra Sueño y mentira del ecologismo. Naturaleza, Sociedad, Democracia (Editorial Siglo XXI, Madrid, 2008). Todo un intento de reconstrucción del ecologismo politico sobre unas bases más sólidas y menos utópicas.

Aquí en los Estados Unidos un interesante replanteamiento del ecologismo es, como ya adelantamos en la primera parte de esta colaboración, el trabajo de Michael SHELLENBERGER y Ted NORDHAUS –los autores del ya citado libro “Break Through. From the Death of Environmentalism to de Politics of Possibility- quienes fundaron en 2003 The Breakthrough Institute, que tiene, ¿cómo no? su sede muy cerca de Berkeley, en la vecina ciudad de Oakland. Partiendo de la famosa frase del gran luchador Martin LUTHER KING, “Hoy he tenido un sueño”,  los autores del referido ensayo intentan una profunda revisión del ecologismo norteamericano con un sentido positivo y optimista (frente a la visión habitualmente pesimista y catastrofista del ecologismo tradicional, para el cual el futuro más que sueño se trata de una pesadilla) que, como se pueden imaginar los lectores que ya me conocen, me ha atraído especialmente. Frente a una visión de resentimientos, límites y victimización, los autores proponen una política ambiental de “gratitud, posibilidad y superación” (“politics of gratitude, possibility and overcoming”). “Pragmatismo” y “grandeza” son los títulos de los dos últimos capítulos del revelador ensayo, donde el futuro está gravemente comprometido pero, a su vez, está “abierto” y puede traernos más “prosperidad”, “cooperación” y “libertad”.

Convencidos de la importancia de su reformulación del ecologismo en Estados Unidos, los autores Michael SHELLENBERGER y Ted NORDHAUS, Presidente y “Chairman” (respectivamente) –fundadores- del The Breakthrough Institute proyectan sobre el mismo tales ideas y planteamientos. Este “think tank” que tiene como “mision” “acelerar la transición hacia un futuro en el que todos los habitantes del mundo puedan disfrutar de una vida segura, libre y próspera en un Planeta ecológicamente vivo”, cuenta con una gran número de colaboradores de prestigio -entre los que se encontraba el famoso sociólogo alemán Ulrich BECK, recientemente fallecido- y con un gran número de publicaciones referenciadadas en su página web. Uno de los temas dominantes de sus trabajos es el de la energía, como una de las claves fundamentales para la sostenibilidad del futuro, sin hacer ascos al uso de la energía nuclear (M. SHELLENBERGER interviene muy activamente en el documental “Pandora’s promise” que comentamos en nuestro blog). Me gustan también los “valores fundamentales” que orientan sus actividades: “integridad”, “imaginación” y “audacia”. Entre sus “creencias”:   “Creemos que la tecnología y la modernización son la base del progreso humano”; “Creemos que el mercado es una fuerza potente de cambio, pero se requiere que la inversión pública a largo plazo para acelerar el progreso tecnológico, el crecimiento económico y la calidad ambiental”. Tampoco les falta una pizca de patriotismo, una gran confianza en “el potencial de América para adaptarse a las nuevas circunstancias”.

Desde otra perspectiva muy diferente, traigo ahora a colación el caso de la organización ecologista “The Nature Conservancy” (TNC) (a la que también me referí en la primera parte de esta colaboración), seguramente la más grande de los Estados Unidos y que se ha extendido internacionalmente. Cuenta con 4.000 empleados que trabajan en 400 oficinas alrededor del mundo en 35 países y con importante implantación en Latinoamérica. Su objetivo es la conservación de la biodiversidad y del medio natural. Gracias al apoyo de su más de un millón de miembros ha contribuido a la protección de 50 millones de hectáreas de tierras de muchos países utilizando avanzadas estrategias de conservación, en particular, colaborando estrechamente con las comunidades locales que habitan en los lugares protegidos por TNC. Su “misión”: “conservar las tierras y aguas de las que toda vida depende”. Otra nota característica de TNC es su sólido apoyo en el mundo científico para la elaboración de sus estrategias (cambio climático, conservación del tierras, producción sostenible, etc.) y, en particular, para su marco de actuación: “diseño para la conservación” (una metodología científica que determina dónde trabajar, qué debe conservarse, cómo debe hacer, etc.).

Un dato curioso de TNC es que su actual Presidente y consejero delegado, Mark TERCEK, procede de la conocida entidad financiera Goldman Sachs de la que fue Director General. Todo un ejecutivo convertido en la mayor organización conservacionista estadounidense. ¿Qué les parece? Pocos años después de acceder a la dirección de la organización escribió –en coautoría con el biólogo conservacionista Jonathan S. ADAMS- un best-seller titulado Nature`s Fortune: How Bussiness and Society Thrive by Investing in Nature (publicado por la editorial Basic Books, New York, 2013); el ensayo se fundamenta en la idea del valor económico de los “servicios de los ecosistemas” que está muy reconocida en el campo de la protección de la biodiversidad y que permite desarrollar planes de conservación y gestión, así como valorar, en su caso, el alcance de la valoración económica para su restauración y para las acciones de responsabilidad por daños ambientales. Un capítulo del libro que me ha interesado especialmente es el relativo a “The New Fishing” en que sobre la base de los trabajos de Elinor OSTROM (Premio Nobel de Economía en 2009), analiza algunos modelos de gestión pesquera sostenible en las costas de los Estados Unidos.

En fin, son los expuestos dos botones de muestra de novedosas iniciativas del mundo ambientalista norteamericano que no sé bien si nos puede permitir hablar que de estamos en la “etapa del post-ecologismo” pero, al menos, lo que es indiscutible es que aquí, en los Estados Unidos, nacieron las primeras experiencias del ecologismo y que luego se difundieron por todo el mundo. En todo caso, siempre podremos aprender, salvaguardando las características de cada lugar, algo nuevo. Para eso estamos aquí y la verdad que estamos disfrutando.

¿En la era del “post-ecologismo”? (“The death of environmentalism”) (I)

Escrito por Javier Sanz
10 de febrero de 2015 a las 1:34h

It´s a small world” es la locución inglesa para expresar que “el mundo es un pañuelo”. Os aseguro que el dicho se cumple una vez más como he tenido la oportunidad de comprobar en una de mis excursiones en bicicleta desde el S. F. Ferry Building –en el centro de San Francisco- hasta Sousalito, un delicioso pueblito turístico que está al otro lado del famoso Golden Gate Bridge. De vuelta a casa, al tomar el “ferry” que te lleva a uno de los embarcaderos (“pier”) de San Francisco, me encontré el otro día con una española afincada en Estados Unidos que estaba de vacaciones con su familia. Resulta que estudió su carrera en Bilbao, en la Universidad de Deusto, donde yo estudié parte de mi estudios de Derecho. Pero lo más curioso es que, al presentarnos, ella me contó que trabaja, desde hace varios años, en el staff de una de las más importantes asociaciones ecologistas de los Estados Unidos, The Nature Conservancy (conocida por las siglas TNC). Esta entidad fue fundada en 1951 por el conservacionsta norteamericano Richard POUGH, tiene por objetivo fundamental la conservación de la biodiversidad y del medio natural, y cuenta con más de 1,000.000 de miembros.

Esta anécdota me da pie para comentar algunas cuestiones relacionadas con los movimientos ecologistas en los Estados Unidos, donde hay más concienciación ambiental ciudadana de la que nos imaginamos. De hecho, el pasado sábado en la vecina ciudad de Oakland tuvo lugar una manifiestación de miles de personas –“The march for Real Climate Leadership”- en contra del “fracking” en el Estado de California. Bien es sabido que la primera organización ecologista de la historia –Sierra Club- nació aquí, en San Francisco, fundada por el conservacionista y preservacionista de origen escocés John MUIR el 28 de mayo de 1892. Esta pionera organización –orientada bajo el lema “Explora, disfruta y protege el Planeta”  (“explore, enjoy and protect the Planet”)- goza de muy buena salud y sigue teniendo una gran influencia en la opinión pública estadounidense. Pocos años después nacería en la este, en Massachusetts el año 1896, la “Audubon Society” de gran importancia en la protección de la aves.

No obstante, el movimiento ecologista está asociado aquí con notables precursores intelectuales, a filósofos como Ralph Waldo EMERSON (1803-1882) y Henri David THOREAU (1817-1862) autor éste de la inolvidable obra arcádica  “Walden”; a diplomáticos como George Perkins MARSH (1801-1882); a silvicultores como Aldo LEOPOLD (1887-1948); a biólogos como Rachel CARSON (1907-1964) –autora de la impactante obra “Primavera Silenciosa” (Silent Spring, 1962) sobre los efectos del DDT sobre la naturaleza-, Barry COMMONER (1917-2012), Paul R. ERLICH (1932-); a ambientalistas como David BROWER (1912-2000) nacido en Berkeley, fundador de la organización internacional “Friends of the Earth”, en 1969 en Santa Bárbara (California); incluso a politicos como el vigésimo sexto Presidente de los Estados Unidos, Theodore ROOSELVET (1858-1919) bajo cuyo mandato se aprobaron importantes medidas en la protección de los espacios naturales; etcétera.

Mucho más recientes, destacan los nombres de Lester R. BROWN (1934-), fundador del Worldwatch Institute en 1974 (con el apoyo de la Fundación Rockefeller); Amory LOVINS (1947-) con particular influencia en el campo de las energías renovables; Albert Arnold AL GORE (1948-) que, me parece, no necesita de presentación; Bill McKIBBEN (1960-), periodista especializado en cambio climático y creador de la campaña anti-carbón “350.org”. Éste ultimo autor publicó  en 2008 el libro- prologado por AL GORE- sobre los más importantes autores de obras relacionadas con el medio ambiente, con el título “American Earth: Enviromental Writing Since Thoreau” (editado por Library of America).

Un caso aparte es el “Green Party” de los Estados Unidos, un partido politico con más de 300.000 afiliados, fundado en 1991, que venido participando activamente en la política norteamericana desde la década de los años ochenta del siglo XX. Si bien sus resultados electorales no han sido exitosos a lo largo de su historia (dado el arraigado bipartidismo de la política norteamericana), el “Green Party” ha tenido cierta relevancia con la presentación en 1996 y 2000 del conocido activista de los derechos sociales y polifacético Ralph NADER (1934-) como candidato a la Presidencia.

A través del interesante blog de David RUYET (“energy puzzle”) tuve conocimiento del texto publicado en octubre de 2004, por por dos ecologistas norteamericanos, Michael SHELLENBERGER y Ted NORDHAUS, bajo el provocativo título: “The Death of Environmentalism” (traducido al castellano como “La muerte del ambientalismo. Políticas sobre calentamiento global en un mundo post-ambientalista) que contiene una aguda crítica al ecologismo histórico de los Estados Unidos –frecuentemente catastrofista- y que aboga por unos nuevos planteamientos más optimistas. Este “paper” se integró posteriormente en el libro publicado en 2007 por los mismos autores con el titulo “Break Through. From the Death of Environmentalism to de Politics of Possibility”, (editorial Houghton Mifflin Company).

¿Realmente, estamos ante un nueva etapa –que podemos denominar “post-ecologismo- del movimiento ambientalista aquí en los Estados Unidos? ¿Está  agotado el modelo tradicional de los “partidos verdes” y de los grupos ecologistas? Son cuestiones que no me atrevo a responder plenamente pero, al menos, en la segunda parte de esta entrada de mi blog, expondremos algunas nuevas tendencias que se observan aquí. Aunque, advierto, quizá no son de todo trasladables a nuestra “vieja Europa”.

De Davos, camino hacia Paris (“World Economic Forum, 2015”)

Escrito por Javier Sanz
28 de enero de 2015 a las 8:40h

Reconozco que es la primera vez que he seguido con cierto interés el “World Economic Forum Annual Meeting” (conocido por “Foro de Davos”) bajo el lema “The New Global Context”, celebrada en la turística ciudad suiza de Davos-Klosters los pasados días 21 a 24 de enero. Sabía que este “Foro” tiene una gran capacidad de convocatoria y que reúne cada año a célebres personalidades públicas, gobernantes, periodistas, profesores universitarios y, especialmente, los líderes de las más importantes empresas del mundo (cien de éstas son su soporte económico prinicipal). También es sabido que el “Foro” ha sido objeto –junto con otras institutuciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el G-8- de las críticas por parte de los activistas anti-globalización, en ocasiones, con violentas protestas a sus puertas.

Lo que no sabía -ahora me entero- que el “Foro” –una Fundación sin ánimo de lucro, con sede en Ginebra, fundada en 1971 por el Profesor de economía suizo Klaus SCHWAB- tiene por objetivo fundacional “mejorar la situación del mundo” desde el punto de vista económico y social. Y que contempla entre sus asuntos prioritarios la “sostenibilidad ambiental” y la “salud” (ambos, al menos, desde 1991), junto al “crecimiento económico”, los “sistemas financieros” y el “desarrollo social”. Además, publica una serie de Informes entre los que se encuentran los  “Global Risk Reports” (evaluación de los riesgos globales fundamentales), elaborado por la “Red Global de Riesgos” un informe anual que evalúa los riesgos que se consideran globales, que tienen importancia entre industrias, que son inciertos, que pueden causar daños económicos por más de US$ 10.000 millones, que pueden causar gran sufrimiento humano y que requieren un enfoque multidisciplinario para poder mitigarse. Por cierto, que el Informe de 2015, incluye entre los riesgos globales de naturaleza ambiental: los eventos meteorológicos  extremos (inundaciones, tormentas, etc.), la falta de adaptación al cambio climático, la pérdida de biodiversidad (tanto en tierra como en los océanos), las catástrofes naturales mayores (terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, etc.) y contaminaciones ambientes de procedencia antrópica (vertidos, radioactividad, etc.).

Por otra parte, el Foro ha promovido varias iniciativas de carácter ambiental, como la solicitada por el gobierno del Reino Unido, en 2005, durante la Cumbre del G-8 en Gleneagles, relativa a los problemas relacionados con el cambio climático y el agua, que posteriormente se concretaron en 2008 en una serie de recomendaciones –para facilitar el diálogo con la comunidad empresarial para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero- presentadas a los líderes del G-8 en la Cumbre de Toyako/Hokkaido. Asimismo, cabe destacar la iniciativa del Agua para promover el desarrollo de empresas para la gestión del agua en países en desarrollo. Tampoco falta entre sus proyectos un apartado relativo a la “economía circular” que incluye un reciente informe de 2014 (“Towards The Circular Economy”), elaborado en colaboración con la Ellen MacArthur Foundation.

En esta ocasión la referencia al “cambio climático” –que ha sido uno de los más importantes “trending topics” del “Foro”, aunque no el más citado- no podia faltar ya que bien se ha encargado de promocionarlo el ex-vicepresidente de los Estados Unidos, Al GORE, como uno de los “hombres de Davos” que es (miembro del Consejo de la Fundación del Foro Económico Mundial). Su intervención el primer día del Foro (el 21 de enero), en la sesión titulada “What’s Next? A Climate for Action”, es una muy visual y espectacular presentación incidiendo sobre los efectos catastróficos que ya se están sucediendo como consecuencia del cambio climático, que tanto nos recuerda a su memorable documental “An Inconvenient Truth” (Una verdad incómoda). Y, al final de su charla anuncia la celebración de otra edición de otro planetario concierto musical “Live Earth, como el celebrado en 2007 (en el que también intervino el ex-vicePresidente), esta vez el 18 de junio próximo bajo el lema “Road to Paris” (Camino de París), con la idea de enviar un claro mensaje a los líderes mundiales de que “deben actuar ya a favor del clima”. Un mensaje, por lo tanto, para los participantes en la “Cumbre del Cambio Climático” que tendrá lugar en la capital gala el próximo mes de diciembre.

Escuché con interés la entrevista de Al GORE a Mario MOLINA, el Premio Nobel de Química en 1995 (quien alertó sobre la reducción de la capa de ozono por gases clorofluorocarbonos), poniendo de manifiesto la necesidad de una buena   comunicación científica, aunque más bien parece que Al GORE se hace la entrevista a sí mismo.

Muchas otras cosas –de gran interés ambiental- se pueden escuchar en las intervenciones del “Foro”: la llamada a la acción de Ban KI-MOON para luchar contra la pobreza, potenciar la paz y los derechos humanos y proteger el medio ambiente; sobre la importancia del año 2015 para las negociaciones del clima por parte de Felipe CALDERÓN, Jefe de la Global Commission on Economy and Climate (“Better Growth, Better Climate”, “Closing the climate deal”); el seminario organizado por el MIT sobre los retos del agua y la alimentación; la intervención moderadamente optimista de Johen ROCKSTRÖM, Profesor de Sostenbilidad Global del Stockholm Resilience Institut, ante los famosos nueve “planetary boundaries” (límites de nuestro planeta sobre la sostenibilidad ambiental); y un largo etcétera.

Un buen resumen de las conclusiones ambientales del “Foro” nos lo ofrece en su blog, la influyente costaricense Christiana FIGUERES, Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático. Con estos intesantes titulares: sobre la indiscutible madurez de las energías renovables, de que ha llegado el momento de la verdad para los combustible fósiles (sobre la necesidad de acabar con los subsidios), acerca del imprescindible liderazgo de las empresas en la lucha contra el cambio climático (de lo que es muy Buena muestra el potente grupo de empresas –“The B Team”- hacia las emisiones cero en 2050) y de la inescindible relación entre el cambio climático y el desarrollo sostenible.

Con todo lo anterior, no piense el lector, ni mucho menos, que la sostenibilidad ambiental ha tenido un gran protagonismo en el 44 “Foro de Davos”. Muchos temas han estado por delante –en particular los económicos y financieros- pero, al menos, se ha aprovechado la oportunidad para marcar el rumbo hacia la Cumbre de Paris sobre el cambio climático y esto ya es, a mi juicio, un gran logro.

Una controversia nacional (“Keystone XL Pipeline”).

Escrito por Javier Sanz
20 de enero de 2015 a las 8:43h

Aprovecho para escribir  en el día de hoy (en realidad el 19 de enero) en que se celebra en los Estados Unidos el “Martin Luther King, Jr. Day” -instituido en 1983, en tiempos del Presidente REAGAN- y que aquí, en Berkeley, es un día festivo –no lectivo- al menos a los efectos universitarios. Por cierto, que ese gran hombre que fue Martin LUTHER KING, asesinado en marzo de 1968, se puede considerar como uno de los más importantes predecesores del movimiento de “justicia ambiental que vincula la protección del medio ambiente con la lucha contra la pobreza.

Desde que llegué a los Estados Unidos he procurado seguir todo lo que se cuece en este país en relación con la política ambiental y, desde luego, hay varios frentes abiertos y agudas controversias (“fracking”, lucha contra el cambio climático, etc.). Sin embargo, me ha venido llamando poderosamente la atención el asunto relativo al proyecto “Keystone XL Pipeline, que durante mas de seis años se ha convertido en la bandera de los grupos ecologistas aquí, que han logrado reunir  protestas multitudinarias frente a la misma “Casa Blanca”.

El proyecto Keystone no es otra cosa que la construcción de un gigantesco oleoducto –de más de 2.000 kms- que vincularía la región canadiense de Alberta, donde se encuentra una de las reservas más importantes del mundo de arenas bituminosas, con uno de los principales centros de distribución petrolera estadounidense (Cushing, en el Estado de Oklahoma) y de allí para conectar con varias refinerías del Golfo de México. El oleoducto sería capaz de transportar a los Estados Unidos más de 830.000 barriles de crudo diarios, es decir, más de los que importa de Venezuela y un poco menos de los que importa de México).

En realidad se trata de un asunto que viene de lejos y que se inició en 2008 con la petición de la empresa canadiense TransCanadá –explotadora de las citas arenas bituminosas- al Gobierno de los Estados Unidos el permiso para su construcción. La competencia corresponde al Gobierno Federal, en concreto al Departamento de Estado, por tratarse de una infraestructura de alcance internacional y que afectaría a varios Estados norteamericanos (Montana, Dakota del Sur, Nebraska, Kansas, Oklahoma y Texas). Desde entonces, el Departamento de Estado ha dado largas al asunto pese a que varios informes técnicos del mismo Departamento avalaban la viabilidad del proyecto (uno de marzo de 2013 y otro más reciente de enero de 2015). El Presidente OBAMA se ha implicado directamente en el asunto y aunque nunca ha rechazado de plano el proyecto, ha comentado que es necesario recabar más informes del Gobierno Federal y de sus Agencias y que, solo en el caso de que se conforme que no resulta negativo para el medio ambiente se autorizaría.

En esta controversia que ha despertado un interesante debate en la opinión pública, los partidarios del proyecto alegan la importancia del Keystone XL Pipeline ya que supondría profundizar en la independencia energética de los Estados Unidos, no teniendo que depender de Fuentes extranjeras no muy confiables; la creación de más de 42.000 puestos de trabajo y la inversión inducida de 3.500 millones de dólares son otras razones económicas que vendrían a avalarlo; incluso el menor impacto ambiental de esta modalidad de transporte del crudo frente a otros sistemas (ferroviario, naval, etc.). De otra parte, los argumentos contrarios, esgrimidos por los opositores al proyecto, son fundamentalmente de naturaleza ambiental: mayor intensidad de gases de efecto invernadero del crudo procedente de Canadá, afectación a la capa freática de los lugares por donde pasa el oleoducto, …, y un largo etcétera de motivos que se basan en la necesidad de reorientar la política energética del futuro si no se quiere empeorar los efectos del cambio climático (con el ecologista Bill McKIBBEN –promotor del importante movimiento 350.org- a la cabeza).

Desde el punto de vista político, la construcción del famoso oleoducto se ha convertido en una prioridad para el Partido republicano que, tras las elecciones legislativas de noviembre pasado, controla la mayoría de la Cámara de Representantes y del Senado. De hecho, hace pocos días que el Congreso ha aprobado por amplia mayoría (266 votos a favor –incluidos 28 demócratas- y 153 en contra) la puesta en marcha del proyecto. Y ahora el proceso legislativo seguirá en el Senado, cuyo líder republicano (Mitch McCONNELL) ha afirmado que la construcción de Keystone constituye una de sus prioridades para 2015. Si el proyecto se aprueba en la Cámara de Representantes, todo parece indicar que el Presidente OBAMA estaría dispuesto, gracias a sus prerrogativas presidenciales, a vetar el proyecto y esperar a que se presenten las conclusiones definitivas que se han solicitado por el Departamento de Estado –de John KERRY- sobre el proceso de revisión de su impacto ambiental. Y, por supuesto que para el Gobierno de Canadá la aprobación del proyecto es una prioridad y así lo ha puesto de manifiesto en repetidas ocasiones su Primer Ministro, Stephen HARPER.

En fin, que como se puede comprobar el asunto del Keystone sigue una polémica candente, aunque no sé si clave (“keystone” significa, como es sabido, “clave” en castellano) en la política norteamericana del presente año 2015 –y de cara a las próximas elecciones presidenciales- como por ejemplo la vital cuestión de la inmigración. Lo cierto es que, en el pulso político del Gobierno OBAMA con el Partido Republicano puede estar pesando su nueva política sobre el cambio climático que tuvo como hito significativo el acuerdo con China para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque no me cabe ninguna duda, nos guste o no, de que el consumo energético de los Estados Unidos va a seguir requiriendo de combustibles fósiles, vengan cómo vengan y sea de donde sea (incluida la polémica del “fracking” a la que dedicaremos una futura aportación), pienso que por simples razones económicas el proyecto Keystone no es muy oportuno en el momento presente. La importante caída del precio de crudo de los últimos meses y la recuperación económica que está experimentado actualmente Norteamérica no lo hacen, a mi juicio, muy viable. Y esto, claro está, sin tener en cuenta las razones ambientales.