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La “llamada de Lima a la acción climática” (más de “soft law”)

Escrito por Javier Sanz
17 de diciembre de 2014 a las 22:11h

El pasado domingo concluyó en Lima la 20ª Conferencia de las Partes (conocida por las siglas COP20), es decir, de los países firmantes de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CNUCC). Durante doce días más de 11.000 personas participaron en los múltiples seminarios y reuniones oficiales, muy dignamente organizadas por las autoridades ambientales del Perú. En esta nueva Cumbre del Clima que tantas expectativas despertó algunos (más bien pocos) esperaban que se pondrían los cimientos de la próxima COP21 que se celebrará en diciembre del 2015 en Paris y que deberá lograr un verdadero acuerdo climático global –con efectos a partir de 2020- para sustituir al ya mortecino Protocolo de Kioto.

Como viene ocurriendo en estas Cumbres del Clima, al final, “in extremis” –como  probando una vez más la resistencia de los delegados de los 195 países presentes-, en la madrugada del domingo, se logró consensuar por los neociadores el texto resultante que se conoce como “la llamada de Lima a la acción climática”.

¿Éxito o fracaso? Pasados varios días del importante evento internacional podemos encontrar opiniones de todos los gustos. Como puede suponer las organizaciones y grupos ecologistas son los más críticos con el resultado alcanzado: “las negociaciones climáticas fracasaron a la hora de dar resultados”, “el acuerdo carece de valentía, de justicia y solidaridad”, “queda todo por hacer en la Cumbre de Paris”, “una acuerdo de mínimos que deja muchos escollos para la futura negociación”…

Tengo para mi, después de haber seguido con atención las últimas Cumbres del Clima, que el procedimiento utilizado en estas reuniones internacionales para consensuar los acuerdos no está dando los resultados que serían deseables. Así lo han destacado un número creciente de analistas. Poner de acuerdo a tantos países con intereses, a veces contrapuestos, resulta hoy una quimera y, a pesar de todo, mi opinión es que el texto aprobado por consenso, la “llamada de Lima a la acción climática” no es en absoluto despreciable.

Por encima de haberse superado el objetivo de la cifra de los 10.000 millones de dólares en las contribuciones de los países –desarrollados y en desarrollo- al Fondo Verde para el Clima –que es principal mecanismo de financiación para la adaptación ante las consecuencias del cambio climático-, en mi opinión lo más importante del acuerdo es que, de cara a la COP de Paris, los países partes del CNUCC han de comunicar –y hacer públicas- sus “concretas contribuciones en la lucha contra el cambio climático a nivel nacional”, incluyendo sus respectivos planes de adaptación al cambio climático (véanse los puntos 12, 13 y 14 del acuerdo). Que no se concretan los criterios cuantitativos de mitigación (las reducciones de las emisiones de los gases de efecto invernadero, por ejemplo), ni se establece ningún compromiso vinculante, ni se especifican las reglas para el reparto justo de las cargas conforme al principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, se me dirá y esto es la plena verdad. ¿Acaso no estamos ante lo que los juristas denominan, “soft law”, un derecho blando, flexible o pre-derecho, que es un fenómeno creciente en el marco del derecho internacional? Y, pese a todo, se trata de instrumentos jurídicos sin pleno carácter obligatorio pero que no dejan de tener relevancia jurídica.

Ante los datos científicos –los aportados por el Panel Internacional del Cambio Climático (IPCC)- cada vez más incontestables sobre los efectos del cambio climático y su inducción por las actividades antrópicas, así como los inmensos riesgos de superar los dos grados centígrados (o más) antes del próximo siglo, las decisiones políticas sobre la necesidad de actuar contra el cambio climático no pueden postergarse más. Quizá va a ser complicado lograr en la COP de Paris un auténtico tratado internacional que obligue a las partes a tomar las medidas oportunas y cuantificadas para encaminarse hacia una descarbonización de la economía mundial. Para mi lo más importante es que, a través de estas Cumbres del Clima, se está creando un consenso en la sociedad y en la opinión pública mundial sobre la urgencia de aplicar, desde la base, políticas climáticas. En esta dirección se desarrolló, por cierto, en Lima, en el marco de la COP20, un Seminario que el International Institute of Climate Action & Theory –perteneciente a la Universidad de California- organizó a alto nivel bajo el título: What Now For Climate Justice?

Son muy sintómáticas en estos momentos, las recientes decisiones unilaterales de China y de los Estados Unidos –que comentamos anteriormente- de reducir sus emisiones de cara al 2020 (no hay que olvidar que entre los dos países suman el 43% del total mundial). Y, por su parte, la Unión Europea se ha comprometido a reducir sus emisiones en un 40% de cara al decenio 2020-2030. Todos los países son conscientes de que los efectos del cambio climático son de alcance global, planetarios y de que sus respectos ciudadanos están reclamando medidas eficaces.

Debe imperar, desde luego, la justicia climática y la solidaridad con los países en desarrollo que están menos preparados para soportar las consecuencias del cambio climático, pero, al final, se trata de salvaguardar nuestro futuro común. El mismo Papa Francisco, en su mensaje enviado al Presidente de la COP20, ha destacado en relación con el cambio climático que, por encima de “intereses y comportamientos particualares”, se trata de “una grave responsabilidad ética y moral”, que “el tiempo para encontrar soluciones globales se está agotando. Solamente podremos hallar soluciones adecuadas si actuamos juntos y concordes. Existe, por tanto, un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar”.

Acabar con la pobreza de forma sostenible (“Building Social Business”).

Escrito por Javier Sanz
5 de diciembre de 2014 a las 8:49h

Aprovechando el “thanksgiving” -una de las populares fiestas en los Estados Unidos- y escapando del consumista “black Friday”, viajé la semana pasada con unos amigos a la ciudad de México (también conocida como México DF). Mi estancia en esta megaciudad, perteneciente al “top ten” de las ciudades más pobladas del mundo, me permitió asistir, si bien parcialmente, al Congreso “Global Social Business Summit 2014” –bajo el lema “la conformación de empresas sociales para dar forma al mundo en 2020”- que se celebraba allí (en la Expo Bancomer Convention Centre), y tuve el inmenso privilegio de saludar personalmente a Muhammad YUNUS, Premio Nobel de la Paz en 2006, banquero y economista de Bangladés, mundialmente conocido por su exitosa iniciativa de concesión de microcréditos a gente pobre y por ser el fundador del Grameen Bank que proporciona tales créditos. Yo ya había leído uno de sus primeros libros publicados en España, El banquero de los pobres: los microcréditos y la batalla contra la pobreza en el mundo (publicado por ediciones Paidós), me cautivó entonces el personaje y la verdad es que me hacía una gran ilusion poder encontrarme con él. Quizá uno de los seres humanos más galardonados de la historia de la humanidad.

La actividad desarrollada por este gran hombre –que recibió, entre tantos otros, el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia en 1998- ha permitido financiar con su banca social a millones de personas pobres de Bangladés (la mayor parte mujeres) y de otros muchos países, y a divulgar a lo largo del mundo la filosofía de tan impresionante  tarea emprendedora. El Banco Grameen (en bangalí significa “de la aldea”) –fundado por YUNUS en 1976- además de los microcréditos, acepta depósitos y dirige otras compañías textiles, energéticas o telefónicas.

A partir de su concesión del Premio Nobel, M. YUNUS puso en marcha el “Yunus Centre” para la promoción y difusión del “social business”. Se trata de una nueva dimension para el capitalismo, un modelo de negocio que no se esfuerza en maximizar los beneficios, sino servir a las necesidades más apremiantes de la humanidad. Un original enfoque que tiene por objetivo erradicar la pobreza extrema combinándola con una sostenibilidad económica que ha permitido desarrollar un número ingente de actividades económicas entre las personas pobres. Entre los siete principios que oriental el “social business” de YUNUS está el de superar la pobreza o algunos de los problemas que amenazan a las personas y a la sociedad (el acceso a la educación, a la salud, a la tecnología…), o el de la “sostenibilidad económica y financiera” (los inversores recuperan el monto de su inversión pero no reciben dividendos), asimismo para desarrollar la actividad financiada debe de haber “conciencia y sostenibilidad ecológica”.

Gracias a otras entidades que se han desarrollado a la sombra del Grameen Bank y siempre bajo el impulso del Profesor YUNUS, la Grameen Foundation (fundada en 1997) y el Grameen Creative Lab (puesto en marcha en 2009 con la ayuda de la empresa alemana BASF, en “Joint Venture” con Grameen), se ha difundido por todo el mundo la teoría y práctica del “social business”, con antenas en países de casi todos los continentes. Incluso la poderosa “Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional” (USAID) ha suscrito en 2013 un acuerdo de colaboración con la “Yunus Social Business” para promocionar de forma conjunta las iniciativas empresariales y el desarrollo de “negocios sociales” en comunidades vulnerables y con servicios deficientes en todo el mundo.

Desde la concreta perspectiva ambiental resulta muy destacable la entidad Grameen Shakti, promovida también por M. YUNUS, que ha desarrollado uno de los programas más exitosos en el mundo (merecedor de diversos premios) en el campo de las energías renovables con la instalación de más de un millón de instalaciones solares en zonas rurales de Bangladesh para uso doméstico. También se ha puesto en marcha un proyecto de uso del biogas para las cocinas familiares. Además de generar puestos de trabajo para su implantación, la solución que se ofrece supone como puede imaginarse unos enormes beneficios para el medio ambiente (por ejemplo, evitando la combustión de ingentes cantidades de leña). Es un claro ejemplo de cómo la tecnología puede ayudar a resolver con gran solvencia importantes problemas sociales y ambientales.

En la Cumbre sobre “social business” celebrada la semana pasada en México City los mensajes que nos ofreció el Profesor YUNUS, además de originales –así, por ejemplo: “Hacer dinero te puede ayudar a ser feliz, pero ayudar a otros sin duda te hará súper feliz. Esa es la diferencia entre un empresario tradicional y un emprendedor social”- pronunció otros muy aprovechables para países como España donde el paro juvenil supera el 50%: “El papel de los jóvenes en los negocios sociales radica en su misión de generar empleo e impulsar el desarrollo de sus propias comunidades. Especialmente cuando tienen la oportunidad de prepararse”-. O, también este otro mensaje: “Podemos crear un mundo sin pobreza porque no son los pobres quienes crearon la pobreza”.

En mi opinión la iniciativa y la experiencia sobradamente contrastada del “social business” que promueve el Prof. YUNUS constituye una magnífica prueba de la operatividad de la verdadera sostenibilidad económica, social y ambiental. Una triple sostenibilidad que funciona en el Tercer Mundo, lejos de las sospechas de constituir ésta un engañoso invento de las sociedades opulentas.

Queda en mi mente el imborrable recuerdo de este encuentro maravilloso, pero además me sigue impresionando la extraordinaria amabilidad y afecto con que M. YUNUS nos saludó a mis amigos y a mi en el Bancomer Convention Centre de la Ciudad de México. Quizá porque el séptimo de los principios del “social business” ideados por él es que el trabajo debe desarrollarse siempre “con alegría”.

Frenar el cambio climático (I) (“Fifth Assessment Report. IPCC”).

Escrito por Javier Sanz
25 de noviembre de 2014 a las 8:45h

Ayer comenzó en Madrid el 12° Congreso Nacional de Medio Ambiente –más conocido por su siglas CONAMA 2014- bajo el lema “Una economía baja en carbono”. Más de 1.000 expertos debaten del 24 al 27 de diciembre sobre los más diversos asuntos relacionados con las más variadas temáticas de la sostenibilidad. La verdad es que siento perdérmelo este año pues no he faltado a sus últimas ediciones, una excelente oportunidad para toparme con muy buenos amigos, pero la enorme distancia geográfica que me separa por mi actual dedicación me lo impide. Bien es verdad que esta semana coincide en Estados Unidos con la fiesta más popular del año, el  “thanksgiving”.

Viendo el extenso programa del CONAMA como jurista ambiental (me gusta decir, ius-ambientalista) siento cierta lástima por la escasa presencia de juristas en este evento pese a que, en su desarrollo, no dejan de contemplarse sesiones y temas eminentemente normativos –como por ejemplo, “la nueva Ley de Montes”, la “Directiva de emisiones industriales”, o la “responsabilidad medioambiental”, por citar sólo algunas-. Y, pienso que no es culpa de los muy serios y profesionales organizadores de la Fundación CONAMA, sino posiblemente de nosotros mismos, los juristas que, en España, nos dedicamos al Derecho Ambiental.

Con motivo de la publicación, a principios de este mes de noviembre, de las conclusiones del Informe de Síntesis del Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) he seguido aquí las opiniones vertidas por nuestros colegas, los profesores de Derecho Ambiental norteamericanos, en el popular Environmental Law Prof Blog acerca de tan relevante documento científico. En la presentación de la serie de artículos publicados por profesores –jóvenes la mayor parte de ellos- de diversos centros universitarios de los Estados Unidos, los promotores de la iniciativa “from the Environmental Law Collaborative, no dudan en destacar que, como los Informes del IPCC presentan recomendaciones para los “responsables de políticas” (policymakers) y ellas se recogen muchas propuestas y sugerencias para la actuación, es lógico que los juristas deban de reflexionar sobre la correspondiente traducción normativa de dichas demandas de los científicos: ¿cómo deberían reescribirse las leyes vigentes para reflejar las realidades del cambio climático?, ¿cómo deberían reformarse o interpretarse dadas las cambiantes circunstancias ecológicas? Y, esta dirección, se publican las colaboraciones en el referido blog. Me parece que es un buen ejemplo de cómo los juristas ambientalistas se organizan aquí para ofrecer sus puntos de vista en materias no propiamente jurídicas. También cabe destacar aquí la especial querencia de los juristas estadounidenses por el análisis económico del Derecho, también del ambiental.

Como es sabido el Informe de Síntesis del Quinto Informe del IPCC sobre la evaluación del cambio climático (el primero es de 1990, el segundo de 1995, el tercero de 2001 y el cuarto de 2007) ha sido precedido de la reciente publicación de los diferentes informes de los Grupos de Trabajo I del IPCC: el de las “Bases fisicas”, publicado en septiembre de 2013, el del Grupo de Trabajo II, sobre “Impactos, adaptación y vulnerabilidad” –publicado en marzo de 2014- y el del Grupo de Trabajo III, sobre “Mitigación del cambio climático”, publicado en abril del mismo año.

Y ¿cuáles son las principales conclusiones de este Informe? –posiblemente, “la evaluación del cambio climático más completa jamás realizada”, como se ha presentado ante los medios de comunicación. Se pueden resumir del siguiente modo: primero, “que la influencia humana en el sistema climático es clara y va en aumento, y sus impactos se observan en todos los continentes”; segundo, que “si no se le pone freno, el cambio climático hará que aumente la probabilidad de impactos graves, generalizados e irreversibles en las personas y los ecosistemas”; y, tercero, más optimista, que “sin embargo, existen opciones para la adaptación al cambio climático, y con actividades de mitigación rigurosas se puede conseguir que los impactos del cambio climático permanezcan en un nivel controlable, creando un futuro más claro y sostenible”.

En las siguiente entradas analizaremos, más detalladamente, con la ayuda de las colaboraciones de nuestros colegas norteamericanos, algunas de las conclusiones y propuestas del Quinto Informe que hace una clara llamada, una vez más, a frenar el cambio climático, y hacerlo cuanto antes, recomiendan los más de ochocientos autores principales del Informe, y hacerlo de forma justa y equitativa. Pienso que de esto último podemos (deberíamos!) aportar muchos los juristas. Pues, así como el Informe señala que no bastan las medidas de adaptación (al cambio climático) y son imprescindibles las medidas de mitigación (principalmente de los gases de efecto invernadero), no es suficiente, para lograr la verdadera sostenibilidad del Planeta, implantar una  “economía verde” (green economy) –de la que se habla hasta la saciedad- si no va acompañada de una auténtica justicia ambiental.

Un rayo de esperanza (“A Ray of Hope”)

Escrito por Javier Sanz
15 de noviembre de 2014 a las 23:35h

Tomo prestado este titular del breve comentario sobre la relevante noticia ambiental de esta  semana que ha recogido en la página del Legal Planet –el blog de análisis de Política y Derecho Ambiental promovido por la Facultad de Derecho de Berkeley- el Profesor Daniel FARBER, Director del Center for Law, Energy & the Environment, quien ha tenido la amabilidad de facilitar mi estancia de investigación en tan prestigioso centro universitario.

La tan destacada noticia es, sin duda, el anuncio que acaban de efectuar conjuntamente el Presidente Barack OBAMA y el Presidente de la República Popular China, Xi JINPING, el pasado miércoles 12 de noviembre con motivo de la Cumbre de Cooperación económica Asia-Pacífico, sobre su compromiso de limitar en ambos países, a medio plazo, sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Además, entre ambos países –que son los dos mayores emisores y  suman nada menos que el 45% del total de GEI en el mundo- se han firmado acuerdos conjuntos para la investigación y desarrollo de energías limpias, almacenamiento de carbono, ¨smart cities¨, eficiencia energética, etc.

El acuerdo se produce caso al mismo tiempo en que se acaba de publicar, a comienzos de este mismo mes, el nuevo Informe de Evaluación -el quinto- del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (conocido por sus siglas IPCC), “Climate Change 2014”. En él se alerta, una vez más, sobre los posibles daños catastróficos e irreversibles que pueden producirse en el futuro si no se reducen sensiblemente las emisiones de GEI. Sobre este informe tendremos oportunidad de analizar su conclusiones más destacadas en un próximo comentario de este blog.

Desde el punto de vista internacional la noticia es muy positiva de cara a la COP 21 (conferencia de las Partes del Convenio sobre Cambio Climatico) que tendrá lugar en París en marzo de 2015 y donde deberá aprobarse el instrumento jurídico que sustituya el mortecino Protocolo de Kioto de 1997. Al menos es un buen punto de partida para el borrador de acuerdo para los miembros de la Convención del Cambio Climático que se reunirán previamente en Lima en diciembre de este año.

Para muchos analistas, este esperanzador acuerdo sobre el cambio climático entre las dos primeras potencias mundiales ofrece lecturas que responden a las dinámicas internas de ambos países. En el caso de China, primer emisor de GEI desde 2006, se compromete de cara al 2030 a aumentar la proporción de combustibles no fósiles en el consume de energía primaria de alrededor del 20% y, en todo caso, a bajar a partir del 2030 sus emisiones totales. No está claro como lo va a conseguir y como va a generar en torno a 800 y 1.000 gigawatios con energías limpias. Pero hay una razón interna de mucho peso y es que la desaforada producción industrial está provocando graves problemas de salud y  contaminación en las grandes áreas metropolitanas.

En el caso de los Estados Unidos el compromiso de la Administración OBAMA –que supone reducir sus emisiones un 26% en 2025 (-28% por debajo de su nivel de 2005)- llega en un momento delicado para los democratas ya que, tras las recientes elecciones intermedias, los republicanos controlan el Congreso y el Senado Americanos. Y, como es sabido, los republicanos se han sido muy críticos con las medidas para luchar contra el cambio climático. Para cumplir los objetivos a que se ha comprometido en China el Presidente norteamericano de reducción de las emisiones es vital poner el marcha el llamado ¨Clean Power Plant” propuesto por la Enviromental Protection Agency (EPA) para reducir al 30% la emisiones de las plantas de producción eléctrica en 2030 a los niveles de 2005. En todo caso, el anuncio del compromiso de la Casa Blanca de abordar, por primera vez en el ámbito internacional sus emisiones (no comprometido por el Protocolo de Kioto al no haberlo ratificado) podría ser una maniobra de cara a las elecciones presidenciales de 2016.

No cabe duda de que las ofertas de China y Estados Unidos parecen insuficientes para abordar con seriedad la lucha contra los efectos del cambio climático pero, a mi juicio, son como señala el Profesor GARBER un ¨rayito de esperanza¨. Desde el punto de vista de la justicia ambiental, China es ahora el mayor responsable de las emisiones de GEI (con un 29% del total) y los Estados Unidos son los mayores emisores per capita (con 16,4 Tn, frente a las 7,4 Tn de los chinos y de los europeos).

No obstante, este paso dado por los mandatarios chino y estadounidense, aunque se fundamente en motivos internos tienen un componente ejemplarizante para los países como Australia y Rusia, que se descolgaron un tanto del Protocolo de Kioto, y también para países emergentes como la India que ha incrementado muy notablemente sus emisiones en los últimos años. La Unión Europea, por nuestra parte, nos hemos comprometido recientemente para reducir las emisiones al menos en un 40% para el 2030.

Sea lo que fuere, lo cierto es “algo se mueve” y que, frente al pesimismo acumulado desde las Cumbres de Cambio Climático de Copenhagen de 2009 hasta Varsovia (2013), pasando por Cancun (2010), Durban (2011) y Doha (2012), se ve con un poquito de más claridad un nuevo compromiso mundial –un Kioto II (Protocolo de Paris?)- para abordar con seriedad y justicia climática las medidas que reclama con urgencia el cambio climático. Como señala el referido quinto Informe del IPCC, todavía estamos a tiempo para mitigar los efectos del cambio climatico, tenemos tecnología para hacerlo, pero lo más importante es “la voluntad de cambio”, una voluntad política a la luz del conocimiento y del progreso en la ciencia del cambio climático.

El ocaso del capitalismo y la emergencia de la “sociedad colaborativa” (“the Collaborative Commons”).

Escrito por Javier Sanz
7 de noviembre de 2014 a las 9:12h

Poco antes de venir yo a California se acababa de presentar en España un nuevo libro de Jeremy RIFKIN que lleva por título La sociedad de coste marginal cero. El internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo, publicado en España por la editorial Paidós. Confieso, antes de nada, que casi todos los ensayos que he leído de este polifacético intelectual norteamericano de Colorado (uno de los Estados en los que las “elecciones intermedias” –midterm election- del pasado martes, los republicanos arrebataron un significativo escaño del Senado a los demócratas) me han gustado bastante, comenzando por El fin del trabajo (1995), El siglo de la biotecnología (1998), La economía del hidrógeno (2002), La Tercera Revolución Industrial (2011), …

Al ojear este libro en su versión inglesa -‘‘The Zero Marginal Cost Society’- en una librería de San Francisco me atrapó el título de su Parte Tercera: “The rise of the collaborative commons” (el auge del procomún colaborativo). Justo uno de mi temas de investigación en Berkeley es el relativo al ¨gobierno de los comunes¨ en relación con la gestión de las pesquerías artesanales. Pero el ensayo del Presidente de la Foundation on Economic Trends (un “think tank” de estudios económicos sito en Washington) es una cosmovisión con pretensiones casi proféticas de lo que va ser el futuro de la economia.

La clave del libro es, más o menos, que el capitalismo, tal como lo conocemos, tiene sus días contados y que ya hay claros indiciones en el momento presente de que la sociedad está evolucionando hacia -el que RIFKIN llama- ¨procomún colaborativo¨. No pretendo comentar aquí, ni mucho menos, de todas las sugerentes ideas que se desprenden del referido ¨palabro¨. Un nuevo paradigma socioeconómico, que sin ser una crítica al propio capitalismo -como la que efectúa el ya famoso economista francés Thomas PIKKETY- es como decir que este modelo va a morir de su propio éxito, gracias a los imparables avances tecnológicos y a la incesante búsqueda de productividad, lo cual lleva finalmente a la casi gratuidad de los bienes y servicios (de aqui el título ¨coste marginal cero”).

Impresora 3D en la Universidad de Stanford

Nada de las novedades promovidas en la era de internet –que da lugar, según el mismo autor, en otro de sus ensayos, a la Tercera Revolución Industrial- queda fuera de su análisis. Desde el “internet de las cosas” hasta las revolucionarias impresoras en 3D –que he podido ver por primera vez en la Universidad de Stanford-, los “big data”, las “smart cities”, las energías renovables descentralizadas, la formación de coste marginal cero (“collaborative classrooms” y  “Massive Open Online Courses”) -disponibles gratuitamente a todo el mundo-, el “micromecenazgo” o “microfinanciación”, las monedas del “procomún (como los famosos “bitcoins”), el empresariado social sin ánimo de lucro,… Nada de lo nuevo escapa a esta macrovisión futurista hacia mediados del presente siglo en el que los consumidores pasarán a ser ¨prosumidores¨ (serán consumidores y productores al mismo tiempo) y se intercambiarán sus bienes y servicios a través de las redes sociales.

Y, también la sostenibilidad ambiental encuentra espacio en este ensayo? En efecto, también y quizá, es, a mi juicio, una de sus mejores aportaciones. Resulta que el cambio de paradigma que anuncia RIFKIN, pasa por una reducción al máximo de la “entropía” del capitalismo con su insostenible “huella ecológica”, su despilfarro inequitativo de recursos naturales y la amenazante inducción del cambio climático. Se trata, en palabras del pensador estadounidense, de ¨cambiar el materialismo por una vida sostenible –que- abre la posibilidad de reducir de una manera drástica la huella ecológica de las personas más ricas del planeta para que la abundancia de la Tierra esté más al alcance de los pobres del mundo¨. Me ha gustado mucho la cita de Mahatma GANDHI  a estos efectos: “La Tierra da lo suficiente para satisfacer la necesidad de todo hombre, pero no para satisfacer su codicia”.

En la aspiración del “procomún colaborativo¨ que augura RIFKIN –y que, según él, supondrá el ocaso, si no la desaparición del capitalismo-, van de la mano los ecologistas que se oponen a la privatización de los avances biotecnológicos junto con los que defiende en ¨software libre¨. En el futuro que describe nuestro repetido autor, por ejemplo, se atreve a afirmar que el ¨80% de la energía que generemos será renovable antes de 2040¨.

Para algunos un charlatan, para otros un asesor de Jefes de Estado, quizá no estemos para contar si se confirma impresionante prospección intelectual. Lo que sí quiero poner de manifiesto de mi lectura de la obra ahora comentada es que comparto con el autor su proverbial optimismo, su confianza en el ser humano, en que, tarde o temprano, seremos capaces de emprender –no faltan indicios ya- una “edad colaborativa”, mucho menos materialista, más feliz y con más ¨sensibilidad empática¨, o, como resume RIFKIN, en un ¨procomún colaborativo¨ en el marco de una “abundancia sostenible”. Al menos todavía es gratis soñar.

El futuro de la energía nuclear (“Pandora’s Promise”)

Escrito por Javier Sanz
28 de octubre de 2014 a las 0:49h

No es la primera vez que hablo de este tema. Resulta que paseando por la animada Telegraph Avenue de Berkeley descubro en el escaparate de una inmensa tienda de venta música y películas un documental de 2013 que lleva por título ¨Pandora´s Promise. At the bottom of the box she found hope¨ y que ha sido dirigido por Robert STONE. Este Director, conocido por su famoso documental “Earth Days” –sobre el movimiento ecologista norteamericano desde mediados del siglo pasado-, aborda esta vez el debate sobre energía nuclear pero lo hace, sorpresivamente, desde una perspectiva totalmente favorable al futuro de este tipo de energía.

El argumento principal del documental se articula principalmente sobre la base de testimonios de algunos activistas ambientales –algunos muy relevantes en los Estados Unidos- que habiéndose opuesto en el pasado a la energía nuclear, han llegado a la conclusión de que, para enfrentarse a los retos de la lucha contra el cambio climático y al imparable crecimiento de la demanda energética en todo el mundo, no hay más remedio que apostar por este tipo de energía radioactiva. O, al menos, no se puede renunciar a ella como parte del mix energético del futuro.

En mi opinión el documental, con independencia de la opinión que cada uno tenga la respecto, está muy bien realizado y no escapa a recoger la tragedia de Fukushima con cuyas estremecedoras imágenes comienza su película. Quizá, para mi lo más rechazable es que no queda muy bien parada en el documental la conocida abogada antinuclear, Helen CALDICOT. Y, para mi, ha sido un descubrimiento del interesantísimo Amory LOVINS, el físico y ambientalista estadounidense, Presidente del Rocky Mountain Institute, quien, desde hace varias décadas, vienen defendiendo la eficiencia energética y el uso de las energías renovables (tambien conocido por la “revolución del negavatio”).

Robert STONE nos presenta en su documental datos significativos sobre la enorme eficiencia energética de la libra (o kilo) del uranio (frente al carbon, petróleo, etc.), sobre el bajo índice de mortalidad de la energía nuclear (claro está, fuera de los usos militares), sobre el reducido volumen de residuos que genera (aunque no puede negarse su peligrosidad y durabilidad)…

Como punto débil del documental, es a mi juicio, el tema económico. El gran coste económico–una enorme inversion- en la construcción y mantenimiento de las centrales nucleares y de sus “almacenes temporales de residuos”.

El Prof. PIELOW en el Boal Hall de Berkeley

Da la causalidad de que justo la semana pasada (mi segunda en Berkeley) me entero de que mi amigo el Profesor alemán Christian PIELOW –el mayor experto de la República Federal en derecho de la energia- pronunció, en la sede de la Facultad de Derecho de Berkeley (situada en el edificio conocido por el nombre de “Boalt Hall”), una conferencia sobre el futuro de la energía en Alemania. Como es sabido, el país germano decidió en 2011 abandonar definitivamente la energía nuclear, con el cierre de las centrales existentes antes de 2022. La gran apuesta a la que se enfrenta Alemania -la denominada “Energy Transition“- es, entre otras medidas, promover las energías renovables (un 35% de la electricidad procedente de renovables, un 50% en 2030 y un 80% en 2050) y la eficiencia energética.

No cabe duda de que Alemania, con dicho plan, va a convertirse el modelo a seguir en el futuro si es que consigue sus ambiciosos objetivos energéticos. Sin embargo, el Profesor PIELOW reconoció en su conferencia en Berkeley que, al menos en una primera fase, la renuncia a la energía nuclear y la inversión en energías renovables se va a notar -y bien- en el bolsillo de los consumidores alemanes.

Quizá sea exagerado demonizar, como ha hecho el movimiento ecologista, la energía nuclear (al modo del famoso mito griego de la “Caja de Pandora” de la que proceden todos los males). Pero, como reconoce algunos de los intervinientes en el documental que comentamos, está inserto en el consciente y subconsciente de la mayor parte la ciudadanía la asociación entre la energía nuclear con los accidentes catastróficos y, ante todo, con las imborrables imágenes de Hiroshima y Nagasaki.

Abogamos por que el reto alemán se supere con éxito o que, cuanto antes, se logre hacer factible comercialmente la ¨fusión nuclear¨ -tal como persigue el proyecto ITER-. Y, en todo caso, si el uso de la energía nuclear resulta inevitable, se haga con la máxima seguridad y con el mayor consenso posible por parte de la ciudadanía.

Alimentos ecológicos (“organic food”)

Escrito por Javier Sanz
20 de octubre de 2014 a las 20:16h

El pasado 16 de octubre tuvo lugar la celebración del “Día mundial de la alimentación”, promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura desde 1979 (en el día aniversario de la fundación de FAO en 1945). El “leit motiv” de este año 2014 es el de “alimentar al mundo, cuidar el Planeta”, con el cual se pretende sensibilizar a los ciudadanos sobre la enorme importancia de la agricultura familiar y de los pequeños agricultores en el conjunto mundial. Importante papel para erradicar el hambre y la pobreza, para conseguir la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición, pero del mismo modo, para la ordenación de los recursos naturales y la protección del medio ambiente y, en definitiva, la consecución del desarrollo sostenible, particularmente en las zonas rurales. Me gusta mucho esta ¨campaña” de la FAO porque uno de mis temas de investigación en Berkeley es profundizar en la importancia de la pesca artesanal –o en ¨pequeña escala¨- para el sostenimiento de millones de seres humanos, y como sistema, en muchos casos, de sostenibilidad ambiental de los recursos pesqueros.

Pero volviendo al tema de la alimentación, de los pocos días que llevo viviendo en California he podido apreciar hasta qué punto los californianos valoran los alimentos ecológicos –“organic foods”- y los productos locales que, muchas veces, cuestan el doble o más de los demás productos (visítese el impresionante supermercado orgánico “Whole Foods” en San Francisco). Un verdadero paraíso para todo género de vegetarianos. Incluso hay, en esta tierra famosa por sus vinos, una importante producción de viticultura sostenible con sus normas y certificaciones (demeter-usa.org). También es llamativa la gran oferta en los mercadillos -que proliferan el fin de semana en la ciudad de San Francisco- de productos procedentes de los “huertos urbanos”, para cuyo cultivo ecológico la ONG “Garden for the environment” se encarga de darnos diversos consejos. No obstante, si bien todo lo anterior es cierto, basta pasear unas horas por las calles de las ciudades para comprobar que, aquí, comer bien es caro (quizá no tanto como en Europa) y que la gente pobre o de menores recursos padece problemas de salud evidentes por su mala alimentación. Es el problema de la ingesta de la llamada comida basura (“junk food”).

Estos días en los transportes públicos se puede ver la propaganda promovida por una ONG ambientalista, Earth Island Institute, fundada en 1982, con sede en Berkeley. Los titulares de su campaña “Food Shift” son suficientemente expresivos, a favor de un nuevo sistema de alimentación sostenible y para reducir el enorme impacto de los residuos originados por los alimentos desechados: “el 40% de la comida producida en los Estados Unidos se tira a la basura”, “50 millones de estadounidenses comen de forma no saludable”, “los norteamericanos tiran a la basura lo equivalente a 165 billones (Americanos) de dólares con un coste de tratamiento de 750 millones de dólares”…

Los ecologistas ponen de manifesto el elevado coste ambiental de desperdicio de recursos que supone el vigente sistema de alimentación norteamericano, pero no puede perderse de vista el gran problema sanitario generado por la mala alimentación en un país como este sin seguridad social universal como en Europa. De hecho, estos días en el marco de las próximas elecciones para la renovación de parte del Senado se está debatiendo, como ya se hizo en otros Estados, la aprobación de un impuesto para las bebidas azucaradas (“soda tax”), como respuesta gubernamental a los importantes trastornos sanitarios que está ocasionando el exceso de consume de estos productos.

No tengo tiempo para recordar aquí, con mayor profundidad, mi lectura del original libro del novelista estadounidense, Safran FOER, titulado “Comer animales”, una ingeniosa y mordaz crítica sobre las granjas industriales de animales, pero lo cierto es que la alimentación además de ser una necesidad básica evidente del ser humano está generando importantes problemas ambientales y sanitarios que no son fáciles de resolver. En cualquier caso, volviendo al lema de la FAO, referido al comienzo de este comentario, intuyo que el futuro más deseable y saludable de buena parte de la alimentación estará mas vinculada a la agricultura de proximidad que a las macro-producciones envasadas que hoy dominan nuestras áreas comerciales. Y, confiamos, que no se trate de una alimentación exclusiva para los ricos.

Welcome to Berkeley!

Escrito por Javier Sanz
13 de octubre de 2014 a las 19:04h

¡Ya estoy aquí! en Berkeley, a más de 9.000 kms de distancia de mi domicilio en A Coruña, a donde me he desplazado para desarrollar un año sabático que me ha concedido mi Universidad de A Coruña. La verdad es que era uno de mis sueños poder venir aquí a trabajar a la Facultad de Derecho de Berkeley –también conocida por el lugar donde se aloja, “Boalt Hall”- y uno de los centros universitarios pioneros en el estudio del Derecho Ambiental. Prueba de ello es su revista “Ecology Law Quarterly”, que nació en 1971, siendo una de las primeras en esta especialidad y que no ha perdido su prestigio pues sigue siendo una de las más influyentes en los Estados Unidos.

A su vez la Universidad de Berkeley, sabido es que está considerada entre las mejores diez Universidades del mundo y además se caracteriza por ser una universidad pública. Esta universidad, famosa por su vanguardismo, en los años 60 del siglo XX se destacó en su  lucha por la libertad de expresión, la oposición a la guerra de Vietnam y, por supuesto, en la defensa de los valores ambientales.

Por lo que he podido comprobar en mi primera semana en esta pequeña ciudad de Berkeley –de poco más de 100.000 habitantes- situada en la bahía de San Francisco, enfrente de la ciudad del mismo nombre, su ambiente es predominantemente universitario. Se me asemeja en este sentido a ciudades como Salamanca y Santiago de Compostela pero con un componente mucho más cosmopolita. Un verdadero mosaico de razas y culturas (un “melting pot” en expresión de ZANGWILL).

A su vez, Berkeley pertenece al Estado de California, con sus más de 42 millones de habitantes, cuyo potencial económico es tal que si fuera un Estado independiente ocuparía el puesto número 10 del ranking mundial,  de acuerdo al producto nacional bruto. Además, este Estado es también llamado “The Golden State” (El “Estado Dorado”), bien sea por los numerosos días del año que reluce el sol o también por la histórica ´fiebre del oro¨ (un fenómeno social ocurrido a mediados del siglo XIX). Y, por lo que nosotros más nos interesa, el Estado de California es uno de los más avanzados en política ambiental, en los Estados Unidos y fuera de este país.

A lo largo de estos meses que voy a pasar en los Estados Unidos pretendo contar algunas de las experiencias que tenga, relacionadas principalmente con el medio ambiente y la sostenibilidad ambiental, aunque no voy a perder de vista las novedades que tengan lugar en España y el el Viejo Continente.

Welcome to Berkeley! Es para mi una dichosa experiencia que quiero compartir estos meses que siguen con mis lectores, con el objetivo de aportar nuevas ideas que, a su vez, puedan enriquecer nuestra apasionante tarea en la senda hacia la sostenibilidad ambiental de nuestro Planeta. Let´s go!

Una de cal (capa de ozono) y otra de arena (CO2). Hacia un derecho ecosistémico

Escrito por Javier Sanz
21 de septiembre de 2014 a las 10:11h

Casi al mismo tiempo, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) acaba de publicar (la pasada semana) dos noticias que parecen un tanto contradictorias. Es como el chiste famoso en que se comienza preguntando: “tengo que comunicaros dos noticias: una buena y otra mala”. Y, en efecto, si comenzamos por la noticia buena -que es la que se suele demandar en primer lugar- resulta que, en estos momentos, “la capa de ozono está en vías de recuperación”. En efecto, un concienzudo trabajo realizado por más de 300 científicos –promovido por el “Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente” (PNUMA) y la “Organización Meteorológica Mundial” (OMM) que resume el informe de evaluación científica del agotamiento de la capa de ozono (Scientific Assessment of Ozone Depletion) llega a tan esperanzadora conclusión después de cuatro años de trabajo. “Existen indicios positivos de que la capa de ozono se habrá recuperado a mediados de este siglo” se afirma en el informe. Se pone de manfiesto el éxito de uno de los pocos instrumentos jurídicos internacionales en el campo del medioambiente -que está evitando millones de casos de enfermedades relacionadas con el cancer de piel, lesiones oculares y daños al sistema inmunológico-: el Protocolo de Montreal, negociado en 1987 y que entró en vigor a comienzos de 1989; uno de los más fructíferos tratados internacionales ambientales que, además, también sirve para combatir el cambio climático. Además da la causalidad que la buena noticia casi coincide con la celebración del “día internacional de la preservación de la capa de ozono”, ayer 16 de septiembre (este año con el tema “Protección de la capa de ozono: la misión sigue en pie”).

Ahora toca comunicar la noticia mala, difundida por la misma OMM, que “la cantidad de gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera alcanzó un nuevo máximo sin precedentes en 2013”; una concentración de CO2 en la atmósfera que alcanzó un 142% del nivel de la era preindustrial (antes de 1750). Además, como señala el mismo informe, “dicha concentración en la atmósfera aumentó el año pasado a un ritmo que no se había dado en casi 30 años”. Esto significa que, de seguir este promedio, en 2015 o 2016, superaremos el umbral simbólico de las 400 ppm (partes por millón) en la concentración del mismo gas. Y, en esta temática que, sin duda es mucho más compleja que la lucha contra la reducción de la capa de ozono, que diferente es el escenario jurídico, protagonizado por un debilitado Protocolo de Kioto cuya prorroga o segundo periodo de vigencia (hasta 2020) fue acordado, a duras penas y sin compromisos serios, en la 18ª Conferencia de las Partes, celebrada en Catar el año 2012. Un raquítico compromiso en el que paises como Estados Unidos, Rusia, Japón y Canadá decidieron no respaldar la prórroga.

A pesar de la preocupante situación, las negociaciones internacionales sobre el cambio climático siguen su curso. La semana que viene, el 23 de septiembre, va a tener en la sede de la ONU en Nueva York la “Cumbre sobre el Clima 2014” que va a reunir a los líderes de más de 125 países. El Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon va a tratar de convencer a los gobiernos, empresas y a la sociedad civil que es necesario mejorar y fortalecer las medidas contra el cambio climático. De este modo se trata de preparar el terreno para lograr un acuerdo jurídico más sólido en la futura y decisiva Cumbre de Paris de 2015 (COP 21), al que se habían comprometido las Partes en 2011 con objeto de que entre en vigor en 2020. No obstante, antes está previsto la “Cumbre de Lima” (COP 20), en la primera quincena del mes de diciembre de 2014.

Aunque muchos duden de la eficacia de los acuerdos políticos y sus instrumentos jurídicos subsiguientes, soy de la opinión de que, si bien cabe el riesgo de que se imcumplan e inapliquen, van marcando un nivel de compromiso moral que, poco a poco, va calando en la sociedad y en las instituciones -públicas y privadas- y que, tarde o temprano, acabará logrando nuevos avances en la lucha contra el cambio climático.

Una última reflexión me sugiere estas agridulces informaciones de la Organización Metereológica Mundial y es que, del mismo modo que no se pueden tratar los problemas ambientales de forma aislada, fuera del contexto del ecosistema en que se suceden, cuando se trata de normas jurídicas (sean leyes, tratados internacionales, etc.) éstas tienen que producirse respetando también el equilibrio ecosistémico. Muestra de la importancia de este prinicipio o enfoque ecosistémico de las normas que disciplinan la protección ambiental es la paradoja que se produce –como señala el citado informe de la OMM- se está recuperando la capa de ozono por la prohibición de las sustancias que la perjudicaban (como los HCF) pero, resulta que los productos que los han sustituido (los HFC) –que no son nocivos para la capa de ozono- muchos de ellos son potentes gases de efecto invernadero que, por lo consiguiente, van a incrementar los efectos del calentamiento global.

Del mismo modo que defendemos un equilibrio ecosistémico de la naturaleza  sus recursos hay que preservar la coherencia e integridad de un “derecho ecosistémico”.

El agua en la encrucijada

Escrito por Javier Sanz
9 de septiembre de 2014 a las 8:47h

A lo largo de la pasada semana tuvo lugar en Estocolmo, del 31 de agosto al 5 de septiembre, la Semana Mundial del Agua (2014 World Water Week), organizada por el prestigioso Stockholm International Water Institute (SIVI) desde el año 1991. En esta ocasión el Congreso internacional, al que han asisitido varios miles de expertos –científicos, empresarios, políticos y comunidades cívicas- de todo el mundo, ha versado sobre “energía y agua”.

A la espera de las conclusiones de este Congreso, si repasamos los temas tratados en las más de 100 actividades desarrolladas a lo largo de estos días, es dificil echar en falta cualquier tema de actualidad que tenga que ver con ambos tópicos y todavía es más dificil imaginar más temáticas de las tratadas allí que vinculan agua y energía. Más de mil millones de personas hay en el Planeta que todavía no tienen acceso a la electricidad y un poco menos de esta cifra los que tienen grandes dificultades para acceder al agua. Sin olvidar que energia, agua y seguridad alimentaria se encuentran estrechamente vinculados.

Verdaderamente el uso y gestión del agua en todo el Mundo constituye una  encrucijada cuya confluencia con los recursos energéticos plantea conflictos y problemas que no son fáciles de resolver. Por citar un ejemplo de rabiosa actualidad –también tratado en Estocolmo- el uso del “fracking” o “fraccionamiento hidráulico” como tecnología para explotar el “gas pizarra” que está llamada a alcanzar –como ya sabemos- un gran protagonismo en el inmediato futuro, pese a no suponer reducción alguna de los gases de efecto invernadero y tener un potencial riesgo sobre los recursos hidrológicos subterráneos. O, por referirse a una temática bien conocida en nuestro país: la construcción de embalses y pantanos que proporcionan valiosos recursos hidroeléctricos pero a costa de un impacto ambiental no siempre asumible. Indudablemente que, a lo largo del extenso programa de la Semana Mundial del Agua son muchas las iniciativas de las empresas, de los expertos y de las Administraciones Públicas para hacer compatible y sostenible el uso de los recursos hidrológicos con la producción sostenible de la energía pero cohonestar pacíficamente ambos aspectos no resulta nada sencillo. Y sin embargo, dar una solución equilibrada a ambas necesidades es una de las claves del futuro de la Humanidad.

Con relación al agua, me ha parecido muy interesante una de mis lecturas del verano y, en particular, la del famoso arquitecto madrileño Antonio LAMELA, que lleva por título “El Agua en España. Nuevos lagos sustentables”(LID Editorial Empresarial, Madrid, 2014). Se trata de un original ensayo sobre la política hidrológica en España en el que se muestra muy crítico con la gestión y planificación vigente y, de manera particular, con los trasvases fluviales intercuencas como el “Tajo-Segura”. En este último punto me recuerda a la postura del prestigioso Hidro-geólogo Ramón LLAMAS MADURGA.

En la segunda parte del ensayo de LAMELA se exponen –mirando al futuro- los “nuevos modelos de gestión del agua”. Así, entre otros asuntos, la necesidad de un “plan hídrico ibérico” (frente a la fragmentación jurídica actual de la gestión de las cuencas hidrográficas), la apuesta por la desalación de las aguas salobres y de mar (que, en realidad, no es nueva ya que fue promovida por la Ministra Cristina NARBONA hace una década y que plantea algunos retos por el coste energético que conlleva), la potenciación de las reservas superficiales de agua (lagos en lugar de pantanos), la gestión eficiente del agua (que implica la necesaria y ugente reforma del sector agropecuario) y, sobre todo, la opción de la “innovación como fuente de soluciones” (frente a presiones interesadas o partidistas, o a enfrentamientos administrativos territoriales). Y, concluye: “no a los ilegales, improcedentes e hipotecantes trasvases de agua fluvial intercuencas; sí al control estricto de las demandas hídricas, a su buen uso y consumo, a la explotación racional de los acuíferos, a la reutilización de las aguas y a las desaladoras de agua salobre y agua de mar”.

Refrescante resulta esta exposición de Antonio LAMELA, quien a pesar de no ser experto –como el mismo confiesa- en los temas hidrológicos, su visión holística e integradora de la tierra y del espacio -que dio lugar a la creación una novedosa propuesta de estrategia territorial planetaria que denomina “Geoísmo”- le permite acertar, a mi juicio, en muchas de la soluciones más fundamentadas para la planificación hidrológica en España.

Quizá, Antonio LAMELA coincida en su planteamiento general con el del Profesor sudafricano, John BRISCOE -que enseña actualmente en la Universidad de Harvard- quien acaba de recibir, en el marco de la Semana Mundial del Agua, el premio “Stockholm Water Prize” (equivalente al premio Nobel sobre el agua). “El genio del Profesor BRISCOE –señala la reseña de prensa-  yace en su fusión de la ciencia, la implementación de políticas y la práctica, lo que le da un conocimiento sin igual sobre cómo debe gestionarse el agua para mejorar las vidas de las personas en todo el mundo”.

Una vez más estoy convenido de que las grandes ideas, las que permiten el progreso de las sociedades –y, por ende, de la gestion sostenible de los recursos naturales- parten de un conocimiento práctico, pegado al terreno, con el principal objetivo de resolver los problemas cotidianos. Un conocimiento que luego trasciende de lo pragmático para iluminar los más diversos senderos de la Ciencia.