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Una controversia nacional (“Keystone XL Pipeline”).

Escrito por Javier Sanz
20 de enero de 2015 a las 8:43h

Aprovecho para escribir  en el día de hoy (en realidad el 19 de enero) en que se celebra en los Estados Unidos el “Martin Luther King, Jr. Day” -instituido en 1983, en tiempos del Presidente REAGAN- y que aquí, en Berkeley, es un día festivo –no lectivo- al menos a los efectos universitarios. Por cierto, que ese gran hombre que fue Martin LUTHER KING, asesinado en marzo de 1968, se puede considerar como uno de los más importantes predecesores del movimiento de “justicia ambiental que vincula la protección del medio ambiente con la lucha contra la pobreza.

Desde que llegué a los Estados Unidos he procurado seguir todo lo que se cuece en este país en relación con la política ambiental y, desde luego, hay varios frentes abiertos y agudas controversias (“fracking”, lucha contra el cambio climático, etc.). Sin embargo, me ha venido llamando poderosamente la atención el asunto relativo al proyecto “Keystone XL Pipeline, que durante mas de seis años se ha convertido en la bandera de los grupos ecologistas aquí, que han logrado reunir  protestas multitudinarias frente a la misma “Casa Blanca”.

El proyecto Keystone no es otra cosa que la construcción de un gigantesco oleoducto –de más de 2.000 kms- que vincularía la región canadiense de Alberta, donde se encuentra una de las reservas más importantes del mundo de arenas bituminosas, con uno de los principales centros de distribución petrolera estadounidense (Cushing, en el Estado de Oklahoma) y de allí para conectar con varias refinerías del Golfo de México. El oleoducto sería capaz de transportar a los Estados Unidos más de 830.000 barriles de crudo diarios, es decir, más de los que importa de Venezuela y un poco menos de los que importa de México).

En realidad se trata de un asunto que viene de lejos y que se inició en 2008 con la petición de la empresa canadiense TransCanadá –explotadora de las citas arenas bituminosas- al Gobierno de los Estados Unidos el permiso para su construcción. La competencia corresponde al Gobierno Federal, en concreto al Departamento de Estado, por tratarse de una infraestructura de alcance internacional y que afectaría a varios Estados norteamericanos (Montana, Dakota del Sur, Nebraska, Kansas, Oklahoma y Texas). Desde entonces, el Departamento de Estado ha dado largas al asunto pese a que varios informes técnicos del mismo Departamento avalaban la viabilidad del proyecto (uno de marzo de 2013 y otro más reciente de enero de 2015). El Presidente OBAMA se ha implicado directamente en el asunto y aunque nunca ha rechazado de plano el proyecto, ha comentado que es necesario recabar más informes del Gobierno Federal y de sus Agencias y que, solo en el caso de que se conforme que no resulta negativo para el medio ambiente se autorizaría.

En esta controversia que ha despertado un interesante debate en la opinión pública, los partidarios del proyecto alegan la importancia del Keystone XL Pipeline ya que supondría profundizar en la independencia energética de los Estados Unidos, no teniendo que depender de Fuentes extranjeras no muy confiables; la creación de más de 42.000 puestos de trabajo y la inversión inducida de 3.500 millones de dólares son otras razones económicas que vendrían a avalarlo; incluso el menor impacto ambiental de esta modalidad de transporte del crudo frente a otros sistemas (ferroviario, naval, etc.). De otra parte, los argumentos contrarios, esgrimidos por los opositores al proyecto, son fundamentalmente de naturaleza ambiental: mayor intensidad de gases de efecto invernadero del crudo procedente de Canadá, afectación a la capa freática de los lugares por donde pasa el oleoducto, …, y un largo etcétera de motivos que se basan en la necesidad de reorientar la política energética del futuro si no se quiere empeorar los efectos del cambio climático (con el ecologista Bill McKIBBEN –promotor del importante movimiento 350.org- a la cabeza).

Desde el punto de vista político, la construcción del famoso oleoducto se ha convertido en una prioridad para el Partido republicano que, tras las elecciones legislativas de noviembre pasado, controla la mayoría de la Cámara de Representantes y del Senado. De hecho, hace pocos días que el Congreso ha aprobado por amplia mayoría (266 votos a favor –incluidos 28 demócratas- y 153 en contra) la puesta en marcha del proyecto. Y ahora el proceso legislativo seguirá en el Senado, cuyo líder republicano (Mitch McCONNELL) ha afirmado que la construcción de Keystone constituye una de sus prioridades para 2015. Si el proyecto se aprueba en la Cámara de Representantes, todo parece indicar que el Presidente OBAMA estaría dispuesto, gracias a sus prerrogativas presidenciales, a vetar el proyecto y esperar a que se presenten las conclusiones definitivas que se han solicitado por el Departamento de Estado –de John KERRY- sobre el proceso de revisión de su impacto ambiental. Y, por supuesto que para el Gobierno de Canadá la aprobación del proyecto es una prioridad y así lo ha puesto de manifiesto en repetidas ocasiones su Primer Ministro, Stephen HARPER.

En fin, que como se puede comprobar el asunto del Keystone sigue una polémica candente, aunque no sé si clave (“keystone” significa, como es sabido, “clave” en castellano) en la política norteamericana del presente año 2015 –y de cara a las próximas elecciones presidenciales- como por ejemplo la vital cuestión de la inmigración. Lo cierto es que, en el pulso político del Gobierno OBAMA con el Partido Republicano puede estar pesando su nueva política sobre el cambio climático que tuvo como hito significativo el acuerdo con China para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque no me cabe ninguna duda, nos guste o no, de que el consumo energético de los Estados Unidos va a seguir requiriendo de combustibles fósiles, vengan cómo vengan y sea de donde sea (incluida la polémica del “fracking” a la que dedicaremos una futura aportación), pienso que por simples razones económicas el proyecto Keystone no es muy oportuno en el momento presente. La importante caída del precio de crudo de los últimos meses y la recuperación económica que está experimentado actualmente Norteamérica no lo hacen, a mi juicio, muy viable. Y esto, claro está, sin tener en cuenta las razones ambientales.

Las raíces del futuro (“Sustainability. A History”)

Escrito por Javier Sanz
12 de enero de 2015 a las 2:19h

Nadie que sea amante de los libros puede dejar de visitar, si viene a San Francisco, la librería Citylights, situada en la céntrica Columbus Avenue. Fundada en 1953 por el poeta Lawrence FERLINGHETTI, esta librería –asociada a la prestigiosa asociación de libreros, Literary Landmarks- es un centro de culto sobre la literatura de la “Generación Beatnik” y la cultura alternativa que tanto  proliferaron por estas tierras desde finales de los cincuenta del XX.

En esta mi segunda visita a Citylights me he centrado al género de la literatura encuadrada bajo la denominación “Green Politics”, que abarca cualquier tipo de obra referida a las cuestiones ambientales aunque, más bien, orientada hacia el ensayo y no tanto hacia su exposición científica y técnica. Como ya es sabido esta literatura es particularmente pródiga en Norteamérica. Ya tendremos, espero, la oportunidad de exponer, más adelante, algunas de las obras más destacadas, pero, en esta ocasión, mi atención se centra en la reciente obra del joven historiador de la Universidad canadiense de Alberta, Jeremy L. CARADONNA,  quien, bajo el ambicioso título “Sustainability. A History” (publicado, a final del 2014, por Oxford University Press).

Antes de ofrecer un breve comentario sobre su contenido e ideas principales, conviene advertir al lector que, desde hace varias décadas, se ha desarrollado el género de la historia del medio ambiente (“Environmental History”) que atesora ya, en todo el mundo, un buen número de especialistas y de obras de referencia y  trabajos científicos. En este sentido te recomiendo visitar, si la desconoces, la web Environmental History Timeline, promovida por el Profesor norteamericano Bill KOVARIK, en la que se puede encontrar una muy relevante fuente de información –sobre obras y personajes- desde los orígenes del ambientalismo hasta nuestros días.

Volviendo a la obra del Profesor CARADONNA, aun no tratándose propiamente de una obra de la “environmental history”, es inevitable que incida en ésta al tratar de buscar los orígenes de un término como el de la “sostenibilidad” -o “sustentabilidad”- que ya está tan arraigado en nuestra sociedad. Se trata de un claro ejemplo de palabra de moda (“buzzword”) pero, en ningún caso, es un término pasajero (“buzzless”). Buceando en el pasado, el Profesor de Alberta, nos señala que antes de 1970 no existe ninguna libro publicado –y titulado- con tales terminos, pero a partir de 1980 hay un verdadero “boom”. Añado yo que en España es imposible encontrar trabajos encontrar libros que contengan alguno de dichos terminos antes de 1990 (previa somera consulta del ISBN español).

La obra se estructura en siete capítulos que abarcan desde el siglo XVII en la Edad Moderna hasta nuestros días, pasando por la revolución industrial, la segunda postguerra, y los finales del XX. Todo ello, sin dejar de ofrecernos unas muy sugerentes ideas sobre el futuro de la sostenibilidad. La dificultad para analizar históricamente el concepto y evolución de la sostenibilidad parte de su no fácil definición y de la amplitud con contenidos –ambientales, econonómicos y sociales- que ha ido acumulando a lo largo de la historia. Jeremy CARADONNA nos sorprende en su estudio al señalar que, propiamente, el origen del término está en una obra alemana del siglo XVIII, de Hans Carl VON CARLOWITZ´S, dedicada a la gestión forestal (“Nachhaltigkeit”), ante los tempranos problemas existentes de deforestación. Antes del siglo XIX, se citan como fuentes de la idea de sostenibilidad, en la época de la Ilustración, algunos autores de la “revolución científica” por el interés creciente en el estudio de la Naturaleza (NEWTON, BUFFON, LINNAEUS, etc.). Y, como la sostenibilidad tiene una vital implicación con la economía es inevitable citar a los economistas como SMITH, TURGOT, etc.

Con la Primera Revolución industrial (que comienza aproximadamente en 1760)  -que traerá un indudable progreso económico en Europa- se da paso a la “edad de la contaminación” (“Age of Pollution”) y con ella a los primeros descontentos con los efectos de la industrialización y los críticos del crecimiento económico indefinido (destaca aquí, sin duda, Thomas MALTHUS). Y, entre los norteamericanos, Henry David THOREAU y John MUIR, son dos figuras señeras, precursoras de movimiento ecologista (confío poder dedicar, más adelante, una atención particular a estos auténticos pioneros). Pero el movimiento ambiental no llegaría, como señala CARANDONNA, hasta mediados del siglo XX –y, con sus promotores, la popularización del concepto de sostenibilidad- con autores tan conocidos (“eco-warriors”) como Paul ERLICH, Rachel CARSON, Garret HARDIN, etc. y los pesimistas estudios sobre los “límites del crecimiento” (Club de Roma). Un movimiento que se concreta en la proliferación de grupos ecologistas, a partir de los años sesenta, y de la muy interesante línea de investigación sobre “ecological economics” y los estudios sobre los costes ambientales del crecimiento (“Eco-Nomics” como cuarto capítulo del libro) con autores como SCHUMACHER, BOULDING, GEORGESCU-ROEGEN, etc.

La sostenibilidad comienza a adquirir “carta de naturaleza” en el mundo internacional desde principios de los años setenta –Conferencia de Estocolmo de 1972- pero su espaldarazo se producirá con motivo de la Conferencia de Río de Janeiro de 1992 sobre “Medio Ambiente y Desarrollo. A partir de aquí, la sostenibilidad se introduce, con mayor o menor trascendencia, en las agendas políticas de todo el mundo. Y, su contenido se va perfilando cada vez más en cuanto a su alcance y contenido, así como sobre las metodologías e instrumentos para su medición y control (por ejemplo, la “huella ecológica” o el “diseño ecológico”), hasta sus más recientes desarrollos en torno a la fundamental interrelación de la sostenibilidad con el sistema energético, la promoción de la “green economy” o la “sostenibilidad social” (la “justicia ambiental” y la inescindible lucha por la erradicación de la pobreza). Al final del siglo XX la sostenibilidad se ha convertido en un paradigma multifacético, con inserción en todos los aspectos de la sociedad y, por supuesto, en el mundo academico y en la investigación.

En fin, me parece que estamos ante un muy buen trabajo, en pocas páginas, sobre la evolución del movimiento ambiental y su implicación con el desarrollo del concepto de la sostenibilidad y sus precursores, de gran utilidad para quienes acceder por primera vez a esta temática. Además, al final, el historiador de Alberta se atreve a perfilar, de cara al futuro, diez retos de la sostenibilidad hacia la que, comparto con él, la humanidad debe encaminarse –fuera de “ecotopias”- si no quiere aspirar a su extinción. Estoy de acuerdo con casi todas ellas: asumir los problemas ambientales de forma cooperativa y con el máximo consenso;  abandonar la obsesión por el crecimiento económico indiscriminado; proteger y restaurar el capital y los servicios que alberga la naturaleza; tener claro que la sostenibilidad no es sólo un objetivo de los países desarrollados (“eco-elitism”) sino que implica a todos los países y a la justicia social;  tener claras las prioridades (como la lucha contra el cambio climático); luchar contra el consumismo y las industrias contaminantes; etc. Entre sus propuestas, me gusta especialmente la idea de la sostenibilidad no debe de convertirse en una arma política o en el campo de la manipulación partidista. Me gusta también cómo se plantea el futuro de la sostenibilidad, con un moderado optimismo aunque los retos sean formidables.

Al final, de lo que se trata y lo que une a todos, a los precursores y a los  promotores de la sostenibilidad, no es más que lograr, como concluye Jeremy CARANDONNA, la idea de vivir en pacífica perpetuidad sobre -y con (añado yo)- la Tierra.

Con los pies en la tierra (“2015: International Year of Soils”)

Escrito por Javier Sanz
1 de enero de 2015 a las 22:48h

El hecho de estar por estas latitudes americanas, a nueve horas de diferencia respecto de mi residencia habitual, me permite saborear de manera especial este final de año y disponerme para el próximo en esta ciudad de Berkeley, casi desierta por la ausencia de los más de 35.000 estudiantes que habitualmente la pueblan durante los periodos lectivos.

Con los pies en la tierra… es preciso desarrollar las políticas ambientales, conociendo lo mejor posible los parámetros y variables ecológicas, teniendo en cuenta las condiciones socioeconómicas, manejando adecuadamente los indicadores ambientales… pero sin renunciar, claro está, a los ideales de aspirar a un mundo mejor, a una mejor armonía entre el hombre y la naturaleza. Sin embargo, en esta ocasión no deseo seguir trascendiendo en mi abstracto  argumento sino llamar la atención de que el nuevo año 2015 ha sido declarado por la Asamblea General de Naciones Unidas, en diciembre de 2013, “Año Internacional de los Suelos”, con estos lemas: “Los suelos, una base sólida para la vida” y “suelos sanos para una vida sana”. Me parece una extraordinaria elección para centrar, este año, la atención en uno de los recursos naturales más olvidados pero no menos importantes: la protección de los suelos, el cuidado del más vital soporte de la vida.

Como pone de manifiesto la información proporcionada para este evento por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), “el suelo hospeda un cuarto de la biodiversidad del Planeta” y “el 95% de nuestros alimentos vienen del suelo”. Pero es que, además de constituir un recurso vital para mantener la seguridad alimentaria, los suelos desempeñan un papel fundamental para nuestros ecosistemas, para el normal desarrollo del ciclo del carbono, almacenando y filtrando el agua, y mejorando la resiliencia frente a inundaciones y sequías.

En el estudio promovido por la Comisión Europea para el año internacional de los suelos, se subrayan las características del suelo como recurso limitado y no renovable. Se requieren miles de años para crear tierras fértiles. Sobre los suelos  inciden las actividades las actividades humanas de mayor impacto ambiental: actividades industriales y mineras, agricultura intensiva, urbanización desaforada, una creciente artificialización del suelo que deja su impronta, muchas veces degradante, en su perspectiva estética del paisaje. En ocasiones los suelos antropizados se convierte en espacios peligrosos para la salud, los suelos contaminados.

En la lucha contra el cambio climático, los suelos forestales cumplen una misión esencial como sumidero de los gases de efecto invernadero e incluso los suelos degradados por la minería pueden constituir relevantes depósitos para la captura y secuestro del perjudicial CO2 procedente de las actividades energéticas e industriales. Sin olvidar las posibilidades bioenergéticas de los suelos como la geotérmica.

Según estimaciones de la FAO un tercio de los suelos se degradan por diversas causas como la erosión, la acidificación, el agotamiento de la materia orgánica y de los nutrientes, y otros muchos procesos causados por prácticas insostenibles en la gestión de los suelos. Y, sin embargo, son muy escasos los acuerdos internacionales para protección de los suelos, como el Convenio de Naciones Unidas de la Lucha contra la Desertización (adoptado en Paris en 1994 y con entrada en vigor en 1996). A nivel de la Unión Europea, han sido muchos los intentos -desde comienzos del presente siglo XXI- de promover medidas por parte de la Comisión Europea, que tienen como hito principal la “Estrategia Temática de Protección del Suelo” de 2006 de la que se derivó una propuesta de Directiva en esta materia, posteriormente retirada por decision del Consejo de Medio de Ambiente de 2010 por no recibir los apoyos necesarios para su tramitación.

El peso de la soberanía de los Estados y la incidencia del régimen de la propiedad privada sobre los suelos complican mucho su adecuada gestión. Pero  bien es verdad que desde hace muchas décadas se han arbitrado instrumentos para la ordenación de los suelos, desde la planificación urbanística hasta la ordenación del territorio, pasando por la evaluación de impacto ambiental y la recuperación de los suelos contaminados, si bien son instrumentos expuestos en ocasiones a la manipulación especulativa y a las prácticas de corrupción.

Felizmente, hay prácticas ejemplares de protección de los suelos como la declaración de los espacios naturales protegidos y, especialmente, de los Parques Nacionales. Como es sabido, los primeros parques nacionales se aprobaron en los Estados Unidos siendo pionero el de Yellowstone, creado en 1872. Pero muy cerca de donde estoy –en el mismo Estado de California- se encuentran los siguientes en la historia, los de Yosemite y de las Secuoyas (ambos declarados en 1890), que espero visitar lo antes posible. Por cierto, que da la casualidad de que, en el caso de Parque Nacional de Yosemite, en 2014 se cumplió el 150 aniversario de su primera protección por parte del famoso Presidente Abraham LINCOLN, y, en 2015, se cumple el 125 aniversario de su declaración como Parque Nacional.

Seguiremos muy atentos a las actividades de la “Alianza Mundial por el suelo” y a los objetivos de Naciones Unidas en este nuevo año 2015 de los suelos, entre ellos los de “conseguir la plena concienciación de la sociedad civil y los responsables de la toma de decisiones sobre la profunda importancia del suelo para la vida humana”; de “educar al público sobre el papel crucial que desempeña el suelo en la seguridad alimentaria, la adaptación y la mitigación del cambio climático, los servicios ecosistémicos esenciales, la mitigación de la pobreza y el desarrollo sostenible”; de “apoyar políticas y acciones eficaces para el manejo sostenible y la protección de los recursos del suelo”; de “promover inversiones en actividades de manejo sostenible de la tierra para desarrollar y mantener suelos saludables para los diferentes usuarios de la tierra y grupos de población”;…

Deseamos comenzar este nuevo año 2015 con una renovada ilusión de que es posible avanzar, con pasos seguros y en terreno firme, en la ruta hacia la sostenibilidad ambiental que tan está íntimamente está unida a nuestra calidad de vida. Happy New Year !!!

Rescatar la “economía circular” (“Towards the Circular Economy”)

Escrito por Javier Sanz
24 de diciembre de 2014 a las 3:12h

Hace unos días, mi amigo Nicolás de SADELEER, Profesor de la Université de Saint-Louis de Bruselas y uno de los mejores expertos en Derecho Ambiental de Europa, me envió un e-mail en el que se adjuntaba un artículo periodístico suyo con una colega belga, pidiéndome que le diera la mayor difusión posible. Esta colaboración –cuyo título puede traducirse como:  “Qué va ser del futuro de las cuestiones ambientales en la Unión Europea?”- tiene por objeto ponernos en alerta sobre la reciente retirada por parte de la nueva Comisión Europea, liderada por Jean-Claude JUNCKER, de un importante paquete de propuestas legislativas propuestas por la saliente Comisión. Entre otras muchas medidas, por lo que respecta a la política ambiental, se han retirado dos propuestas: la relativa a la promoción de la llamada “economía circular” y una referida a la lucha contra la contaminación atmosférica y protección de la salud. Esta decision, adoptada por la Comisión a mediados desde este mes de diciembre de 2014, ha sido inmediatamente contestada por los grupos ecologistas en toda Europa y también de ello se han hecho eco los radicados en nuestro país (Ecologistas en AcciónSEO/BirdLife, WWF).

Dejando para otro momento la propuesta sobre el reforzamiento de la política contra la contaminación atmosférica –que incluía una nueva Directiva de techos de emisión de sustancias contaminantes más exigente que las anteriores-, me voy a centrar en este comentario en torno a la otra propuesta retirada, relativa a la “economía circular”. Si bien, en el documento oficial se indica que dicha propuesta será sustituida por otra más ambiciosa a finales del año 2015.

La “economía circular” tiene que ver con un uso más racional de los recursos naturales, en un horizonte de crecimiento económico y de la población en el que dichos recursos están sufriendo una sobreexplotación y agotamiento muy considerables. La utilización eficiente de los recursos es, por otra parte, una de las claves de la Estrategia Europa 2020 sobre un crecimiento económico que sea inteligente, sostenible –es decir, respetuoso con el medio ambiente- e integrador (con tasas de empleo elevadas para aumentar la cohesión social y territorial).

Cuando a principios del 2011 la Comisión Europea anterior publicó la Comunicación sobre “Una Europa que utilice eficazmente los recursos (o “iniciativa emblemática con arreglo a la Estrategia Europa 2020”), he de confesar que este documento me atrajo especialmente, por sus enormes potencialidades para el ahorro de los recursos, por sus efectos sinérgicos en los procesos industriales de elaboración de productos, por sus buenas perspectivas de cara al empleo, y una largo etcétera. Poco antes del verano (en julio de 2014), la extinta Comisión publicaba otro interesante documento “Hacia una economía circular: un programa de cero residuos para Europa, en el se que ponía de manifiesto la necesaria transición de una economía con un patrón de crecimiento basado en la secuencia “tomar-fabricar-consumir y eliminar” (basada en la hipótesis de la abundancia de recursos), hacia la economía “más circular que exige la introducción de cambios en todas las cadenas de valor, desde el diseño de los productos hasta los nuevos modelos de gestión y de mercado, desde los nuevos modos de conversión de los residuos en un activo hasta las nuevas formas de comportamiento de los consumidores”. Puede parece muy ambicioso pues implica “un cambio sistémico completo, así como innovación no sólo en las tecnologías, sino también en la organización, la sociedad, los métodos de financiación y las políticas”, pero tengo para mí que es la única vía posible e inteligente de cara al futuro, y que no podemos perder el tiempo en dilaciones como la que supone la comentada retirada del programa de medidas comunitario.

La tan repetida “economía circular” no es otra cosa que la suma de muchas innovaciones que se vienen proponiendo desde hace décadas, desde los principios “Cradle to Cradle” (W. McDONOUG & M. BRAUNGART), a la “Ecología Industrial” (Prof. Roland CLIFT), pasando por la “Performance Economy” (Walter STAHEL), la “Biomímesis” (Janine BENYUS) o la “Economía Azul” (Gunter PAULI). En realidad la economía circular –y casi todas estas teorías- están inspiradas en la organización y funcionamiento de los seres vivos y de la naturaleza de los ciclos naturales frente a la economía lineal, impulsada desde la primera revolución industrial, de “producir, usar y tirar”.

La oportunidad y conveniencia de este nuevo paradigma económico ha calado en amplios sectores de la sociedad europea, como pone de relieve la firma del “Manifiesto for a resource-efficient Europe” (Bruselas, 17 de diciembre de 2012) por representantes de la política, de la industria y de la sociedad civil. Incluso se están aprobando leyes directamente inspiradas en esta filosofía como es el caso de la “Circular Economy Law of the People’s Republic of China”de 29 de agosto de  2008.

La “Ellen MacArthur Foundation”, plenamente comprometida –junto con relevantes empresas multinacionales- en la promoción de la economía circular, ha destacado, por ejemplo, en su Informe de enero de 2012, “Hacia la Economía Circular: razones económicas y comerciales para una transición económica acelerada” (Towards the Circular Economy: Economic and business rationale for an accelerated transition) que gran parte del sector de manufactura de la Unión Europea podría ahorrar unos 650.000 millones de euros de aquí al 2025, si rediseñara sus sistemas productivos de acuerdo con la economía circular. Y, como señala el citado documento de la Comisión de 2014, sólo la nueva política de residuos (más bien de no residuos) sobre el reciclado, recuperación, reutilización, etc., podría dar lugar a la creación de más de 400.000 puestos de trabajo en la Unión Europea para el 2030.

Hay muchas razones de peso para apoyar esta nueva estrategia económica y productiva y, por tal motivo, es proporcionada la alarma que ha suscitado la retirada de la repetida propuesta legislativa comunitaria. El Profesor DE SALEDEER propone en su artículo periodístico algunas atinadas medidas jurídicas que podrían adoptarse en el seno de las Instituciones Europeas para rescatar la tan valiosa medida. A la vez que deseo dar publicidad a su autorizada opinión, aquí sólo deseo subrayar con toda mis fuerzas que debe volverse con decisión, cuanto antes, a la senda de la “economía circular”, de cuyos principios, intuyo, está gran parte del futuro de la sostenibilidad ambiental de nuestro Planeta.

La “llamada de Lima a la acción climática” (más de “soft law”)

Escrito por Javier Sanz
17 de diciembre de 2014 a las 22:11h

El pasado domingo concluyó en Lima la 20ª Conferencia de las Partes (conocida por las siglas COP20), es decir, de los países firmantes de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CNUCC). Durante doce días más de 11.000 personas participaron en los múltiples seminarios y reuniones oficiales, muy dignamente organizadas por las autoridades ambientales del Perú. En esta nueva Cumbre del Clima que tantas expectativas despertó algunos (más bien pocos) esperaban que se pondrían los cimientos de la próxima COP21 que se celebrará en diciembre del 2015 en Paris y que deberá lograr un verdadero acuerdo climático global –con efectos a partir de 2020- para sustituir al ya mortecino Protocolo de Kioto.

Como viene ocurriendo en estas Cumbres del Clima, al final, “in extremis” –como  probando una vez más la resistencia de los delegados de los 195 países presentes-, en la madrugada del domingo, se logró consensuar por los neociadores el texto resultante que se conoce como “la llamada de Lima a la acción climática”.

¿Éxito o fracaso? Pasados varios días del importante evento internacional podemos encontrar opiniones de todos los gustos. Como puede suponer las organizaciones y grupos ecologistas son los más críticos con el resultado alcanzado: “las negociaciones climáticas fracasaron a la hora de dar resultados”, “el acuerdo carece de valentía, de justicia y solidaridad”, “queda todo por hacer en la Cumbre de Paris”, “una acuerdo de mínimos que deja muchos escollos para la futura negociación”…

Tengo para mi, después de haber seguido con atención las últimas Cumbres del Clima, que el procedimiento utilizado en estas reuniones internacionales para consensuar los acuerdos no está dando los resultados que serían deseables. Así lo han destacado un número creciente de analistas. Poner de acuerdo a tantos países con intereses, a veces contrapuestos, resulta hoy una quimera y, a pesar de todo, mi opinión es que el texto aprobado por consenso, la “llamada de Lima a la acción climática” no es en absoluto despreciable.

Por encima de haberse superado el objetivo de la cifra de los 10.000 millones de dólares en las contribuciones de los países –desarrollados y en desarrollo- al Fondo Verde para el Clima –que es principal mecanismo de financiación para la adaptación ante las consecuencias del cambio climático-, en mi opinión lo más importante del acuerdo es que, de cara a la COP de Paris, los países partes del CNUCC han de comunicar –y hacer públicas- sus “concretas contribuciones en la lucha contra el cambio climático a nivel nacional”, incluyendo sus respectivos planes de adaptación al cambio climático (véanse los puntos 12, 13 y 14 del acuerdo). Que no se concretan los criterios cuantitativos de mitigación (las reducciones de las emisiones de los gases de efecto invernadero, por ejemplo), ni se establece ningún compromiso vinculante, ni se especifican las reglas para el reparto justo de las cargas conforme al principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, se me dirá y esto es la plena verdad. ¿Acaso no estamos ante lo que los juristas denominan, “soft law”, un derecho blando, flexible o pre-derecho, que es un fenómeno creciente en el marco del derecho internacional? Y, pese a todo, se trata de instrumentos jurídicos sin pleno carácter obligatorio pero que no dejan de tener relevancia jurídica.

Ante los datos científicos –los aportados por el Panel Internacional del Cambio Climático (IPCC)- cada vez más incontestables sobre los efectos del cambio climático y su inducción por las actividades antrópicas, así como los inmensos riesgos de superar los dos grados centígrados (o más) antes del próximo siglo, las decisiones políticas sobre la necesidad de actuar contra el cambio climático no pueden postergarse más. Quizá va a ser complicado lograr en la COP de Paris un auténtico tratado internacional que obligue a las partes a tomar las medidas oportunas y cuantificadas para encaminarse hacia una descarbonización de la economía mundial. Para mi lo más importante es que, a través de estas Cumbres del Clima, se está creando un consenso en la sociedad y en la opinión pública mundial sobre la urgencia de aplicar, desde la base, políticas climáticas. En esta dirección se desarrolló, por cierto, en Lima, en el marco de la COP20, un Seminario que el International Institute of Climate Action & Theory –perteneciente a la Universidad de California- organizó a alto nivel bajo el título: What Now For Climate Justice?

Son muy sintómáticas en estos momentos, las recientes decisiones unilaterales de China y de los Estados Unidos –que comentamos anteriormente- de reducir sus emisiones de cara al 2020 (no hay que olvidar que entre los dos países suman el 43% del total mundial). Y, por su parte, la Unión Europea se ha comprometido a reducir sus emisiones en un 40% de cara al decenio 2020-2030. Todos los países son conscientes de que los efectos del cambio climático son de alcance global, planetarios y de que sus respectos ciudadanos están reclamando medidas eficaces.

Debe imperar, desde luego, la justicia climática y la solidaridad con los países en desarrollo que están menos preparados para soportar las consecuencias del cambio climático, pero, al final, se trata de salvaguardar nuestro futuro común. El mismo Papa Francisco, en su mensaje enviado al Presidente de la COP20, ha destacado en relación con el cambio climático que, por encima de “intereses y comportamientos particualares”, se trata de “una grave responsabilidad ética y moral”, que “el tiempo para encontrar soluciones globales se está agotando. Solamente podremos hallar soluciones adecuadas si actuamos juntos y concordes. Existe, por tanto, un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar”.

Acabar con la pobreza de forma sostenible (“Building Social Business”).

Escrito por Javier Sanz
5 de diciembre de 2014 a las 8:49h

Aprovechando el “thanksgiving” -una de las populares fiestas en los Estados Unidos- y escapando del consumista “black Friday”, viajé la semana pasada con unos amigos a la ciudad de México (también conocida como México DF). Mi estancia en esta megaciudad, perteneciente al “top ten” de las ciudades más pobladas del mundo, me permitió asistir, si bien parcialmente, al Congreso “Global Social Business Summit 2014” –bajo el lema “la conformación de empresas sociales para dar forma al mundo en 2020”- que se celebraba allí (en la Expo Bancomer Convention Centre), y tuve el inmenso privilegio de saludar personalmente a Muhammad YUNUS, Premio Nobel de la Paz en 2006, banquero y economista de Bangladés, mundialmente conocido por su exitosa iniciativa de concesión de microcréditos a gente pobre y por ser el fundador del Grameen Bank que proporciona tales créditos. Yo ya había leído uno de sus primeros libros publicados en España, El banquero de los pobres: los microcréditos y la batalla contra la pobreza en el mundo (publicado por ediciones Paidós), me cautivó entonces el personaje y la verdad es que me hacía una gran ilusion poder encontrarme con él. Quizá uno de los seres humanos más galardonados de la historia de la humanidad.

La actividad desarrollada por este gran hombre –que recibió, entre tantos otros, el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia en 1998- ha permitido financiar con su banca social a millones de personas pobres de Bangladés (la mayor parte mujeres) y de otros muchos países, y a divulgar a lo largo del mundo la filosofía de tan impresionante  tarea emprendedora. El Banco Grameen (en bangalí significa “de la aldea”) –fundado por YUNUS en 1976- además de los microcréditos, acepta depósitos y dirige otras compañías textiles, energéticas o telefónicas.

A partir de su concesión del Premio Nobel, M. YUNUS puso en marcha el “Yunus Centre” para la promoción y difusión del “social business”. Se trata de una nueva dimension para el capitalismo, un modelo de negocio que no se esfuerza en maximizar los beneficios, sino servir a las necesidades más apremiantes de la humanidad. Un original enfoque que tiene por objetivo erradicar la pobreza extrema combinándola con una sostenibilidad económica que ha permitido desarrollar un número ingente de actividades económicas entre las personas pobres. Entre los siete principios que oriental el “social business” de YUNUS está el de superar la pobreza o algunos de los problemas que amenazan a las personas y a la sociedad (el acceso a la educación, a la salud, a la tecnología…), o el de la “sostenibilidad económica y financiera” (los inversores recuperan el monto de su inversión pero no reciben dividendos), asimismo para desarrollar la actividad financiada debe de haber “conciencia y sostenibilidad ecológica”.

Gracias a otras entidades que se han desarrollado a la sombra del Grameen Bank y siempre bajo el impulso del Profesor YUNUS, la Grameen Foundation (fundada en 1997) y el Grameen Creative Lab (puesto en marcha en 2009 con la ayuda de la empresa alemana BASF, en “Joint Venture” con Grameen), se ha difundido por todo el mundo la teoría y práctica del “social business”, con antenas en países de casi todos los continentes. Incluso la poderosa “Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional” (USAID) ha suscrito en 2013 un acuerdo de colaboración con la “Yunus Social Business” para promocionar de forma conjunta las iniciativas empresariales y el desarrollo de “negocios sociales” en comunidades vulnerables y con servicios deficientes en todo el mundo.

Desde la concreta perspectiva ambiental resulta muy destacable la entidad Grameen Shakti, promovida también por M. YUNUS, que ha desarrollado uno de los programas más exitosos en el mundo (merecedor de diversos premios) en el campo de las energías renovables con la instalación de más de un millón de instalaciones solares en zonas rurales de Bangladesh para uso doméstico. También se ha puesto en marcha un proyecto de uso del biogas para las cocinas familiares. Además de generar puestos de trabajo para su implantación, la solución que se ofrece supone como puede imaginarse unos enormes beneficios para el medio ambiente (por ejemplo, evitando la combustión de ingentes cantidades de leña). Es un claro ejemplo de cómo la tecnología puede ayudar a resolver con gran solvencia importantes problemas sociales y ambientales.

En la Cumbre sobre “social business” celebrada la semana pasada en México City los mensajes que nos ofreció el Profesor YUNUS, además de originales –así, por ejemplo: “Hacer dinero te puede ayudar a ser feliz, pero ayudar a otros sin duda te hará súper feliz. Esa es la diferencia entre un empresario tradicional y un emprendedor social”- pronunció otros muy aprovechables para países como España donde el paro juvenil supera el 50%: “El papel de los jóvenes en los negocios sociales radica en su misión de generar empleo e impulsar el desarrollo de sus propias comunidades. Especialmente cuando tienen la oportunidad de prepararse”-. O, también este otro mensaje: “Podemos crear un mundo sin pobreza porque no son los pobres quienes crearon la pobreza”.

En mi opinión la iniciativa y la experiencia sobradamente contrastada del “social business” que promueve el Prof. YUNUS constituye una magnífica prueba de la operatividad de la verdadera sostenibilidad económica, social y ambiental. Una triple sostenibilidad que funciona en el Tercer Mundo, lejos de las sospechas de constituir ésta un engañoso invento de las sociedades opulentas.

Queda en mi mente el imborrable recuerdo de este encuentro maravilloso, pero además me sigue impresionando la extraordinaria amabilidad y afecto con que M. YUNUS nos saludó a mis amigos y a mi en el Bancomer Convention Centre de la Ciudad de México. Quizá porque el séptimo de los principios del “social business” ideados por él es que el trabajo debe desarrollarse siempre “con alegría”.

Frenar el cambio climático (“Fifth Assessment Report. IPCC”).

Escrito por Javier Sanz
25 de noviembre de 2014 a las 8:45h

Ayer comenzó en Madrid el 12° Congreso Nacional de Medio Ambiente –más conocido por su siglas CONAMA 2014- bajo el lema “Una economía baja en carbono”. Más de 1.000 expertos debaten del 24 al 27 de diciembre sobre los más diversos asuntos relacionados con las más variadas temáticas de la sostenibilidad. La verdad es que siento perdérmelo este año pues no he faltado a sus últimas ediciones, una excelente oportunidad para toparme con muy buenos amigos, pero la enorme distancia geográfica que me separa por mi actual dedicación me lo impide. Bien es verdad que esta semana coincide en Estados Unidos con la fiesta más popular del año, el  “thanksgiving”.

Viendo el extenso programa del CONAMA como jurista ambiental (me gusta decir, ius-ambientalista) siento cierta lástima por la escasa presencia de juristas en este evento pese a que, en su desarrollo, no dejan de contemplarse sesiones y temas eminentemente normativos –como por ejemplo, “la nueva Ley de Montes”, la “Directiva de emisiones industriales”, o la “responsabilidad medioambiental”, por citar sólo algunas-. Y, pienso que no es culpa de los muy serios y profesionales organizadores de la Fundación CONAMA, sino posiblemente de nosotros mismos, los juristas que, en España, nos dedicamos al Derecho Ambiental.

Con motivo de la publicación, a principios de este mes de noviembre, de las conclusiones del Informe de Síntesis del Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) he seguido aquí las opiniones vertidas por nuestros colegas, los profesores de Derecho Ambiental norteamericanos, en el popular Environmental Law Prof Blog acerca de tan relevante documento científico. En la presentación de la serie de artículos publicados por profesores –jóvenes la mayor parte de ellos- de diversos centros universitarios de los Estados Unidos, los promotores de la iniciativa “from the Environmental Law Collaborative, no dudan en destacar que, como los Informes del IPCC presentan recomendaciones para los “responsables de políticas” (policymakers) y ellas se recogen muchas propuestas y sugerencias para la actuación, es lógico que los juristas deban de reflexionar sobre la correspondiente traducción normativa de dichas demandas de los científicos: ¿cómo deberían reescribirse las leyes vigentes para reflejar las realidades del cambio climático?, ¿cómo deberían reformarse o interpretarse dadas las cambiantes circunstancias ecológicas? Y, esta dirección, se publican las colaboraciones en el referido blog. Me parece que es un buen ejemplo de cómo los juristas ambientalistas se organizan aquí para ofrecer sus puntos de vista en materias no propiamente jurídicas. También cabe destacar aquí la especial querencia de los juristas estadounidenses por el análisis económico del Derecho, también del ambiental.

Como es sabido el Informe de Síntesis del Quinto Informe del IPCC sobre la evaluación del cambio climático (el primero es de 1990, el segundo de 1995, el tercero de 2001 y el cuarto de 2007) ha sido precedido de la reciente publicación de los diferentes informes de los Grupos de Trabajo I del IPCC: el de las “Bases fisicas”, publicado en septiembre de 2013, el del Grupo de Trabajo II, sobre “Impactos, adaptación y vulnerabilidad” –publicado en marzo de 2014- y el del Grupo de Trabajo III, sobre “Mitigación del cambio climático”, publicado en abril del mismo año.

Y ¿cuáles son las principales conclusiones de este Informe? –posiblemente, “la evaluación del cambio climático más completa jamás realizada”, como se ha presentado ante los medios de comunicación. Se pueden resumir del siguiente modo: primero, “que la influencia humana en el sistema climático es clara y va en aumento, y sus impactos se observan en todos los continentes”; segundo, que “si no se le pone freno, el cambio climático hará que aumente la probabilidad de impactos graves, generalizados e irreversibles en las personas y los ecosistemas”; y, tercero, más optimista, que “sin embargo, existen opciones para la adaptación al cambio climático, y con actividades de mitigación rigurosas se puede conseguir que los impactos del cambio climático permanezcan en un nivel controlable, creando un futuro más claro y sostenible”.

En las siguiente entradas analizaremos, más detalladamente, con la ayuda de las colaboraciones de nuestros colegas norteamericanos, algunas de las conclusiones y propuestas del Quinto Informe que hace una clara llamada, una vez más, a frenar el cambio climático, y hacerlo cuanto antes, recomiendan los más de ochocientos autores principales del Informe, y hacerlo de forma justa y equitativa. Pienso que de esto último podemos (deberíamos!) aportar muchos los juristas. Pues, así como el Informe señala que no bastan las medidas de adaptación (al cambio climático) y son imprescindibles las medidas de mitigación (principalmente de los gases de efecto invernadero), no es suficiente, para lograr la verdadera sostenibilidad del Planeta, implantar una  “economía verde” (green economy) –de la que se habla hasta la saciedad- si no va acompañada de una auténtica justicia ambiental.

Un rayo de esperanza (“A Ray of Hope”)

Escrito por Javier Sanz
15 de noviembre de 2014 a las 23:35h

Tomo prestado este titular del breve comentario sobre la relevante noticia ambiental de esta  semana que ha recogido en la página del Legal Planet –el blog de análisis de Política y Derecho Ambiental promovido por la Facultad de Derecho de Berkeley- el Profesor Daniel FARBER, Director del Center for Law, Energy & the Environment, quien ha tenido la amabilidad de facilitar mi estancia de investigación en tan prestigioso centro universitario.

La tan destacada noticia es, sin duda, el anuncio que acaban de efectuar conjuntamente el Presidente Barack OBAMA y el Presidente de la República Popular China, Xi JINPING, el pasado miércoles 12 de noviembre con motivo de la Cumbre de Cooperación económica Asia-Pacífico, sobre su compromiso de limitar en ambos países, a medio plazo, sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Además, entre ambos países –que son los dos mayores emisores y  suman nada menos que el 45% del total de GEI en el mundo- se han firmado acuerdos conjuntos para la investigación y desarrollo de energías limpias, almacenamiento de carbono, ¨smart cities¨, eficiencia energética, etc.

El acuerdo se produce caso al mismo tiempo en que se acaba de publicar, a comienzos de este mismo mes, el nuevo Informe de Evaluación -el quinto- del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (conocido por sus siglas IPCC), “Climate Change 2014”. En él se alerta, una vez más, sobre los posibles daños catastróficos e irreversibles que pueden producirse en el futuro si no se reducen sensiblemente las emisiones de GEI. Sobre este informe tendremos oportunidad de analizar su conclusiones más destacadas en un próximo comentario de este blog.

Desde el punto de vista internacional la noticia es muy positiva de cara a la COP 21 (conferencia de las Partes del Convenio sobre Cambio Climatico) que tendrá lugar en París en marzo de 2015 y donde deberá aprobarse el instrumento jurídico que sustituya el mortecino Protocolo de Kioto de 1997. Al menos es un buen punto de partida para el borrador de acuerdo para los miembros de la Convención del Cambio Climático que se reunirán previamente en Lima en diciembre de este año.

Para muchos analistas, este esperanzador acuerdo sobre el cambio climático entre las dos primeras potencias mundiales ofrece lecturas que responden a las dinámicas internas de ambos países. En el caso de China, primer emisor de GEI desde 2006, se compromete de cara al 2030 a aumentar la proporción de combustibles no fósiles en el consume de energía primaria de alrededor del 20% y, en todo caso, a bajar a partir del 2030 sus emisiones totales. No está claro como lo va a conseguir y como va a generar en torno a 800 y 1.000 gigawatios con energías limpias. Pero hay una razón interna de mucho peso y es que la desaforada producción industrial está provocando graves problemas de salud y  contaminación en las grandes áreas metropolitanas.

En el caso de los Estados Unidos el compromiso de la Administración OBAMA –que supone reducir sus emisiones un 26% en 2025 (-28% por debajo de su nivel de 2005)- llega en un momento delicado para los democratas ya que, tras las recientes elecciones intermedias, los republicanos controlan el Congreso y el Senado Americanos. Y, como es sabido, los republicanos se han sido muy críticos con las medidas para luchar contra el cambio climático. Para cumplir los objetivos a que se ha comprometido en China el Presidente norteamericano de reducción de las emisiones es vital poner el marcha el llamado ¨Clean Power Plant” propuesto por la Enviromental Protection Agency (EPA) para reducir al 30% la emisiones de las plantas de producción eléctrica en 2030 a los niveles de 2005. En todo caso, el anuncio del compromiso de la Casa Blanca de abordar, por primera vez en el ámbito internacional sus emisiones (no comprometido por el Protocolo de Kioto al no haberlo ratificado) podría ser una maniobra de cara a las elecciones presidenciales de 2016.

No cabe duda de que las ofertas de China y Estados Unidos parecen insuficientes para abordar con seriedad la lucha contra los efectos del cambio climático pero, a mi juicio, son como señala el Profesor GARBER un ¨rayito de esperanza¨. Desde el punto de vista de la justicia ambiental, China es ahora el mayor responsable de las emisiones de GEI (con un 29% del total) y los Estados Unidos son los mayores emisores per capita (con 16,4 Tn, frente a las 7,4 Tn de los chinos y de los europeos).

No obstante, este paso dado por los mandatarios chino y estadounidense, aunque se fundamente en motivos internos tienen un componente ejemplarizante para los países como Australia y Rusia, que se descolgaron un tanto del Protocolo de Kioto, y también para países emergentes como la India que ha incrementado muy notablemente sus emisiones en los últimos años. La Unión Europea, por nuestra parte, nos hemos comprometido recientemente para reducir las emisiones al menos en un 40% para el 2030.

Sea lo que fuere, lo cierto es “algo se mueve” y que, frente al pesimismo acumulado desde las Cumbres de Cambio Climático de Copenhagen de 2009 hasta Varsovia (2013), pasando por Cancun (2010), Durban (2011) y Doha (2012), se ve con un poquito de más claridad un nuevo compromiso mundial –un Kioto II (Protocolo de Paris?)- para abordar con seriedad y justicia climática las medidas que reclama con urgencia el cambio climático. Como señala el referido quinto Informe del IPCC, todavía estamos a tiempo para mitigar los efectos del cambio climatico, tenemos tecnología para hacerlo, pero lo más importante es “la voluntad de cambio”, una voluntad política a la luz del conocimiento y del progreso en la ciencia del cambio climático.

El ocaso del capitalismo y la emergencia de la “sociedad colaborativa” (“the Collaborative Commons”).

Escrito por Javier Sanz
7 de noviembre de 2014 a las 9:12h

Poco antes de venir yo a California se acababa de presentar en España un nuevo libro de Jeremy RIFKIN que lleva por título La sociedad de coste marginal cero. El internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo, publicado en España por la editorial Paidós. Confieso, antes de nada, que casi todos los ensayos que he leído de este polifacético intelectual norteamericano de Colorado (uno de los Estados en los que las “elecciones intermedias” –midterm election- del pasado martes, los republicanos arrebataron un significativo escaño del Senado a los demócratas) me han gustado bastante, comenzando por El fin del trabajo (1995), El siglo de la biotecnología (1998), La economía del hidrógeno (2002), La Tercera Revolución Industrial (2011), …

Al ojear este libro en su versión inglesa -‘‘The Zero Marginal Cost Society’- en una librería de San Francisco me atrapó el título de su Parte Tercera: “The rise of the collaborative commons” (el auge del procomún colaborativo). Justo uno de mi temas de investigación en Berkeley es el relativo al ¨gobierno de los comunes¨ en relación con la gestión de las pesquerías artesanales. Pero el ensayo del Presidente de la Foundation on Economic Trends (un “think tank” de estudios económicos sito en Washington) es una cosmovisión con pretensiones casi proféticas de lo que va ser el futuro de la economia.

La clave del libro es, más o menos, que el capitalismo, tal como lo conocemos, tiene sus días contados y que ya hay claros indiciones en el momento presente de que la sociedad está evolucionando hacia -el que RIFKIN llama- ¨procomún colaborativo¨. No pretendo comentar aquí, ni mucho menos, de todas las sugerentes ideas que se desprenden del referido ¨palabro¨. Un nuevo paradigma socioeconómico, que sin ser una crítica al propio capitalismo -como la que efectúa el ya famoso economista francés Thomas PIKKETY- es como decir que este modelo va a morir de su propio éxito, gracias a los imparables avances tecnológicos y a la incesante búsqueda de productividad, lo cual lleva finalmente a la casi gratuidad de los bienes y servicios (de aqui el título ¨coste marginal cero”).

Impresora 3D en la Universidad de Stanford

Nada de las novedades promovidas en la era de internet –que da lugar, según el mismo autor, en otro de sus ensayos, a la Tercera Revolución Industrial- queda fuera de su análisis. Desde el “internet de las cosas” hasta las revolucionarias impresoras en 3D –que he podido ver por primera vez en la Universidad de Stanford-, los “big data”, las “smart cities”, las energías renovables descentralizadas, la formación de coste marginal cero (“collaborative classrooms” y  “Massive Open Online Courses”) -disponibles gratuitamente a todo el mundo-, el “micromecenazgo” o “microfinanciación”, las monedas del “procomún (como los famosos “bitcoins”), el empresariado social sin ánimo de lucro,… Nada de lo nuevo escapa a esta macrovisión futurista hacia mediados del presente siglo en el que los consumidores pasarán a ser ¨prosumidores¨ (serán consumidores y productores al mismo tiempo) y se intercambiarán sus bienes y servicios a través de las redes sociales.

Y, también la sostenibilidad ambiental encuentra espacio en este ensayo? En efecto, también y quizá, es, a mi juicio, una de sus mejores aportaciones. Resulta que el cambio de paradigma que anuncia RIFKIN, pasa por una reducción al máximo de la “entropía” del capitalismo con su insostenible “huella ecológica”, su despilfarro inequitativo de recursos naturales y la amenazante inducción del cambio climático. Se trata, en palabras del pensador estadounidense, de ¨cambiar el materialismo por una vida sostenible –que- abre la posibilidad de reducir de una manera drástica la huella ecológica de las personas más ricas del planeta para que la abundancia de la Tierra esté más al alcance de los pobres del mundo¨. Me ha gustado mucho la cita de Mahatma GANDHI  a estos efectos: “La Tierra da lo suficiente para satisfacer la necesidad de todo hombre, pero no para satisfacer su codicia”.

En la aspiración del “procomún colaborativo¨ que augura RIFKIN –y que, según él, supondrá el ocaso, si no la desaparición del capitalismo-, van de la mano los ecologistas que se oponen a la privatización de los avances biotecnológicos junto con los que defiende en ¨software libre¨. En el futuro que describe nuestro repetido autor, por ejemplo, se atreve a afirmar que el ¨80% de la energía que generemos será renovable antes de 2040¨.

Para algunos un charlatan, para otros un asesor de Jefes de Estado, quizá no estemos para contar si se confirma impresionante prospección intelectual. Lo que sí quiero poner de manifiesto de mi lectura de la obra ahora comentada es que comparto con el autor su proverbial optimismo, su confianza en el ser humano, en que, tarde o temprano, seremos capaces de emprender –no faltan indicios ya- una “edad colaborativa”, mucho menos materialista, más feliz y con más ¨sensibilidad empática¨, o, como resume RIFKIN, en un ¨procomún colaborativo¨ en el marco de una “abundancia sostenible”. Al menos todavía es gratis soñar.

El futuro de la energía nuclear (“Pandora’s Promise”)

Escrito por Javier Sanz
28 de octubre de 2014 a las 0:49h

No es la primera vez que hablo de este tema. Resulta que paseando por la animada Telegraph Avenue de Berkeley descubro en el escaparate de una inmensa tienda de venta música y películas un documental de 2013 que lleva por título ¨Pandora´s Promise. At the bottom of the box she found hope¨ y que ha sido dirigido por Robert STONE. Este Director, conocido por su famoso documental “Earth Days” –sobre el movimiento ecologista norteamericano desde mediados del siglo pasado-, aborda esta vez el debate sobre energía nuclear pero lo hace, sorpresivamente, desde una perspectiva totalmente favorable al futuro de este tipo de energía.

El argumento principal del documental se articula principalmente sobre la base de testimonios de algunos activistas ambientales –algunos muy relevantes en los Estados Unidos- que habiéndose opuesto en el pasado a la energía nuclear, han llegado a la conclusión de que, para enfrentarse a los retos de la lucha contra el cambio climático y al imparable crecimiento de la demanda energética en todo el mundo, no hay más remedio que apostar por este tipo de energía radioactiva. O, al menos, no se puede renunciar a ella como parte del mix energético del futuro.

En mi opinión el documental, con independencia de la opinión que cada uno tenga la respecto, está muy bien realizado y no escapa a recoger la tragedia de Fukushima con cuyas estremecedoras imágenes comienza su película. Quizá, para mi lo más rechazable es que no queda muy bien parada en el documental la conocida abogada antinuclear, Helen CALDICOT. Y, para mi, ha sido un descubrimiento del interesantísimo Amory LOVINS, el físico y ambientalista estadounidense, Presidente del Rocky Mountain Institute, quien, desde hace varias décadas, vienen defendiendo la eficiencia energética y el uso de las energías renovables (tambien conocido por la “revolución del negavatio”).

Robert STONE nos presenta en su documental datos significativos sobre la enorme eficiencia energética de la libra (o kilo) del uranio (frente al carbon, petróleo, etc.), sobre el bajo índice de mortalidad de la energía nuclear (claro está, fuera de los usos militares), sobre el reducido volumen de residuos que genera (aunque no puede negarse su peligrosidad y durabilidad)…

Como punto débil del documental, es a mi juicio, el tema económico. El gran coste económico–una enorme inversion- en la construcción y mantenimiento de las centrales nucleares y de sus “almacenes temporales de residuos”.

El Prof. PIELOW en el Boal Hall de Berkeley

Da la causalidad de que justo la semana pasada (mi segunda en Berkeley) me entero de que mi amigo el Profesor alemán Christian PIELOW –el mayor experto de la República Federal en derecho de la energia- pronunció, en la sede de la Facultad de Derecho de Berkeley (situada en el edificio conocido por el nombre de “Boalt Hall”), una conferencia sobre el futuro de la energía en Alemania. Como es sabido, el país germano decidió en 2011 abandonar definitivamente la energía nuclear, con el cierre de las centrales existentes antes de 2022. La gran apuesta a la que se enfrenta Alemania -la denominada “Energy Transition“- es, entre otras medidas, promover las energías renovables (un 35% de la electricidad procedente de renovables, un 50% en 2030 y un 80% en 2050) y la eficiencia energética.

No cabe duda de que Alemania, con dicho plan, va a convertirse el modelo a seguir en el futuro si es que consigue sus ambiciosos objetivos energéticos. Sin embargo, el Profesor PIELOW reconoció en su conferencia en Berkeley que, al menos en una primera fase, la renuncia a la energía nuclear y la inversión en energías renovables se va a notar -y bien- en el bolsillo de los consumidores alemanes.

Quizá sea exagerado demonizar, como ha hecho el movimiento ecologista, la energía nuclear (al modo del famoso mito griego de la “Caja de Pandora” de la que proceden todos los males). Pero, como reconoce algunos de los intervinientes en el documental que comentamos, está inserto en el consciente y subconsciente de la mayor parte la ciudadanía la asociación entre la energía nuclear con los accidentes catastróficos y, ante todo, con las imborrables imágenes de Hiroshima y Nagasaki.

Abogamos por que el reto alemán se supere con éxito o que, cuanto antes, se logre hacer factible comercialmente la ¨fusión nuclear¨ -tal como persigue el proyecto ITER-. Y, en todo caso, si el uso de la energía nuclear resulta inevitable, se haga con la máxima seguridad y con el mayor consenso posible por parte de la ciudadanía.