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Frenar el cambio climático (I) (“Fifth Assessment Report. IPCC”).

Escrito por Javier Sanz
25 de noviembre de 2014 a las 8:45h

Ayer comenzó en Madrid el 12° Congreso Nacional de Medio Ambiente –más conocido por su siglas CONAMA 2014- bajo el lema “Una economía baja en carbono”. Más de 1.000 expertos debaten del 24 al 27 de diciembre sobre los más diversos asuntos relacionados con las más variadas temáticas de la sostenibilidad. La verdad es que siento perdérmelo este año pues no he faltado a sus últimas ediciones, una excelente oportunidad para toparme con muy buenos amigos, pero la enorme distancia geográfica que me separa por mi actual dedicación me lo impide. Bien es verdad que esta semana coincide en Estados Unidos con la fiesta más popular del año, el  “thanksgiving”.

Viendo el extenso programa del CONAMA como jurista ambiental (me gusta decir, ius-ambientalista) siento cierta lástima por la escasa presencia de juristas en este evento pese a que, en su desarrollo, no dejan de contemplarse sesiones y temas eminentemente normativos –como por ejemplo, “la nueva Ley de Montes”, la “Directiva de emisiones industriales”, o la “responsabilidad medioambiental”, por citar sólo algunas-. Y, pienso que no es culpa de los muy serios y profesionales organizadores de la Fundación CONAMA, sino posiblemente de nosotros mismos, los juristas que, en España, nos dedicamos al Derecho Ambiental.

Con motivo de la publicación, a principios de este mes de noviembre, de las conclusiones del Informe de Síntesis del Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) he seguido aquí las opiniones vertidas por nuestros colegas, los profesores de Derecho Ambiental norteamericanos, en el popular Environmental Law Prof Blog acerca de tan relevante documento científico. En la presentación de la serie de artículos publicados por profesores –jóvenes la mayor parte de ellos- de diversos centros universitarios de los Estados Unidos, los promotores de la iniciativa “from the Environmental Law Collaborative, no dudan en destacar que, como los Informes del IPCC presentan recomendaciones para los “responsables de políticas” (policymakers) y ellas se recogen muchas propuestas y sugerencias para la actuación, es lógico que los juristas deban de reflexionar sobre la correspondiente traducción normativa de dichas demandas de los científicos: ¿cómo deberían reescribirse las leyes vigentes para reflejar las realidades del cambio climático?, ¿cómo deberían reformarse o interpretarse dadas las cambiantes circunstancias ecológicas? Y, esta dirección, se publican las colaboraciones en el referido blog. Me parece que es un buen ejemplo de cómo los juristas ambientalistas se organizan aquí para ofrecer sus puntos de vista en materias no propiamente jurídicas. También cabe destacar aquí la especial querencia de los juristas estadounidenses por el análisis económico del Derecho, también del ambiental.

Como es sabido el Informe de Síntesis del Quinto Informe del IPCC sobre la evaluación del cambio climático (el primero es de 1990, el segundo de 1995, el tercero de 2001 y el cuarto de 2007) ha sido precedido de la reciente publicación de los diferentes informes de los Grupos de Trabajo I del IPCC: el de las “Bases fisicas”, publicado en septiembre de 2013, el del Grupo de Trabajo II, sobre “Impactos, adaptación y vulnerabilidad” –publicado en marzo de 2014- y el del Grupo de Trabajo III, sobre “Mitigación del cambio climático”, publicado en abril del mismo año.

Y ¿cuáles son las principales conclusiones de este Informe? –posiblemente, “la evaluación del cambio climático más completa jamás realizada”, como se ha presentado ante los medios de comunicación. Se pueden resumir del siguiente modo: primero, “que la influencia humana en el sistema climático es clara y va en aumento, y sus impactos se observan en todos los continentes”; segundo, que “si no se le pone freno, el cambio climático hará que aumente la probabilidad de impactos graves, generalizados e irreversibles en las personas y los ecosistemas”; y, tercero, más optimista, que “sin embargo, existen opciones para la adaptación al cambio climático, y con actividades de mitigación rigurosas se puede conseguir que los impactos del cambio climático permanezcan en un nivel controlable, creando un futuro más claro y sostenible”.

En las siguiente entradas analizaremos, más detalladamente, con la ayuda de las colaboraciones de nuestros colegas norteamericanos, algunas de las conclusiones y propuestas del Quinto Informe que hace una clara llamada, una vez más, a frenar el cambio climático, y hacerlo cuanto antes, recomiendan los más de ochocientos autores principales del Informe, y hacerlo de forma justa y equitativa. Pienso que de esto último podemos (deberíamos!) aportar muchos los juristas. Pues, así como el Informe señala que no bastan las medidas de adaptación (al cambio climático) y son imprescindibles las medidas de mitigación (principalmente de los gases de efecto invernadero), no es suficiente, para lograr la verdadera sostenibilidad del Planeta, implantar una  “economía verde” (green economy) –de la que se habla hasta la saciedad- si no va acompañada de una auténtica justicia ambiental.

Un rayo de esperanza (“A Ray of Hope”)

Escrito por Javier Sanz
15 de noviembre de 2014 a las 23:35h

Tomo prestado este titular del breve comentario sobre la relevante noticia ambiental de esta  semana que ha recogido en la página del Legal Planet –el blog de análisis de Política y Derecho Ambiental promovido por la Facultad de Derecho de Berkeley- el Profesor Daniel FARBER, Director del Center for Law, Energy & the Environment, quien ha tenido la amabilidad de facilitar mi estancia de investigación en tan prestigioso centro universitario.

La tan destacada noticia es, sin duda, el anuncio que acaban de efectuar conjuntamente el Presidente Barack OBAMA y el Presidente de la República Popular China, Xi JINPING, el pasado miércoles 12 de noviembre con motivo de la Cumbre de Cooperación económica Asia-Pacífico, sobre su compromiso de limitar en ambos países, a medio plazo, sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Además, entre ambos países –que son los dos mayores emisores y  suman nada menos que el 45% del total de GEI en el mundo- se han firmado acuerdos conjuntos para la investigación y desarrollo de energías limpias, almacenamiento de carbono, ¨smart cities¨, eficiencia energética, etc.

El acuerdo se produce caso al mismo tiempo en que se acaba de publicar, a comienzos de este mismo mes, el nuevo Informe de Evaluación -el quinto- del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (conocido por sus siglas IPCC), “Climate Change 2014”. En él se alerta, una vez más, sobre los posibles daños catastróficos e irreversibles que pueden producirse en el futuro si no se reducen sensiblemente las emisiones de GEI. Sobre este informe tendremos oportunidad de analizar su conclusiones más destacadas en un próximo comentario de este blog.

Desde el punto de vista internacional la noticia es muy positiva de cara a la COP 21 (conferencia de las Partes del Convenio sobre Cambio Climatico) que tendrá lugar en París en marzo de 2015 y donde deberá aprobarse el instrumento jurídico que sustituya el mortecino Protocolo de Kioto de 1997. Al menos es un buen punto de partida para el borrador de acuerdo para los miembros de la Convención del Cambio Climático que se reunirán previamente en Lima en diciembre de este año.

Para muchos analistas, este esperanzador acuerdo sobre el cambio climático entre las dos primeras potencias mundiales ofrece lecturas que responden a las dinámicas internas de ambos países. En el caso de China, primer emisor de GEI desde 2006, se compromete de cara al 2030 a aumentar la proporción de combustibles no fósiles en el consume de energía primaria de alrededor del 20% y, en todo caso, a bajar a partir del 2030 sus emisiones totales. No está claro como lo va a conseguir y como va a generar en torno a 800 y 1.000 gigawatios con energías limpias. Pero hay una razón interna de mucho peso y es que la desaforada producción industrial está provocando graves problemas de salud y  contaminación en las grandes áreas metropolitanas.

En el caso de los Estados Unidos el compromiso de la Administración OBAMA –que supone reducir sus emisiones un 26% en 2025 (-28% por debajo de su nivel de 2005)- llega en un momento delicado para los democratas ya que, tras las recientes elecciones intermedias, los republicanos controlan el Congreso y el Senado Americanos. Y, como es sabido, los republicanos se han sido muy críticos con las medidas para luchar contra el cambio climático. Para cumplir los objetivos a que se ha comprometido en China el Presidente norteamericano de reducción de las emisiones es vital poner el marcha el llamado ¨Clean Power Plant” propuesto por la Enviromental Protection Agency (EPA) para reducir al 30% la emisiones de las plantas de producción eléctrica en 2030 a los niveles de 2005. En todo caso, el anuncio del compromiso de la Casa Blanca de abordar, por primera vez en el ámbito internacional sus emisiones (no comprometido por el Protocolo de Kioto al no haberlo ratificado) podría ser una maniobra de cara a las elecciones presidenciales de 2016.

No cabe duda de que las ofertas de China y Estados Unidos parecen insuficientes para abordar con seriedad la lucha contra los efectos del cambio climático pero, a mi juicio, son como señala el Profesor GARBER un ¨rayito de esperanza¨. Desde el punto de vista de la justicia ambiental, China es ahora el mayor responsable de las emisiones de GEI (con un 29% del total) y los Estados Unidos son los mayores emisores per capita (con 16,4 Tn, frente a las 7,4 Tn de los chinos y de los europeos).

No obstante, este paso dado por los mandatarios chino y estadounidense, aunque se fundamente en motivos internos tienen un componente ejemplarizante para los países como Australia y Rusia, que se descolgaron un tanto del Protocolo de Kioto, y también para países emergentes como la India que ha incrementado muy notablemente sus emisiones en los últimos años. La Unión Europea, por nuestra parte, nos hemos comprometido recientemente para reducir las emisiones al menos en un 40% para el 2030.

Sea lo que fuere, lo cierto es “algo se mueve” y que, frente al pesimismo acumulado desde las Cumbres de Cambio Climático de Copenhagen de 2009 hasta Varsovia (2013), pasando por Cancun (2010), Durban (2011) y Doha (2012), se ve con un poquito de más claridad un nuevo compromiso mundial –un Kioto II (Protocolo de Paris?)- para abordar con seriedad y justicia climática las medidas que reclama con urgencia el cambio climático. Como señala el referido quinto Informe del IPCC, todavía estamos a tiempo para mitigar los efectos del cambio climatico, tenemos tecnología para hacerlo, pero lo más importante es “la voluntad de cambio”, una voluntad política a la luz del conocimiento y del progreso en la ciencia del cambio climático.

El ocaso del capitalismo y la emergencia de la “sociedad colaborativa” (“the Collaborative Commons”).

Escrito por Javier Sanz
7 de noviembre de 2014 a las 9:12h

Poco antes de venir yo a California se acababa de presentar en España un nuevo libro de Jeremy RIFKIN que lleva por título La sociedad de coste marginal cero. El internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo, publicado en España por la editorial Paidós. Confieso, antes de nada, que casi todos los ensayos que he leído de este polifacético intelectual norteamericano de Colorado (uno de los Estados en los que las “elecciones intermedias” –midterm election- del pasado martes, los republicanos arrebataron un significativo escaño del Senado a los demócratas) me han gustado bastante, comenzando por El fin del trabajo (1995), El siglo de la biotecnología (1998), La economía del hidrógeno (2002), La Tercera Revolución Industrial (2011), …

Al ojear este libro en su versión inglesa -‘‘The Zero Marginal Cost Society’- en una librería de San Francisco me atrapó el título de su Parte Tercera: “The rise of the collaborative commons” (el auge del procomún colaborativo). Justo uno de mi temas de investigación en Berkeley es el relativo al ¨gobierno de los comunes¨ en relación con la gestión de las pesquerías artesanales. Pero el ensayo del Presidente de la Foundation on Economic Trends (un “think tank” de estudios económicos sito en Washington) es una cosmovisión con pretensiones casi proféticas de lo que va ser el futuro de la economia.

La clave del libro es, más o menos, que el capitalismo, tal como lo conocemos, tiene sus días contados y que ya hay claros indiciones en el momento presente de que la sociedad está evolucionando hacia -el que RIFKIN llama- ¨procomún colaborativo¨. No pretendo comentar aquí, ni mucho menos, de todas las sugerentes ideas que se desprenden del referido ¨palabro¨. Un nuevo paradigma socioeconómico, que sin ser una crítica al propio capitalismo -como la que efectúa el ya famoso economista francés Thomas PIKKETY- es como decir que este modelo va a morir de su propio éxito, gracias a los imparables avances tecnológicos y a la incesante búsqueda de productividad, lo cual lleva finalmente a la casi gratuidad de los bienes y servicios (de aqui el título ¨coste marginal cero”).

Impresora 3D en la Universidad de Stanford

Nada de las novedades promovidas en la era de internet –que da lugar, según el mismo autor, en otro de sus ensayos, a la Tercera Revolución Industrial- queda fuera de su análisis. Desde el “internet de las cosas” hasta las revolucionarias impresoras en 3D –que he podido ver por primera vez en la Universidad de Stanford-, los “big data”, las “smart cities”, las energías renovables descentralizadas, la formación de coste marginal cero (“collaborative classrooms” y  “Massive Open Online Courses”) -disponibles gratuitamente a todo el mundo-, el “micromecenazgo” o “microfinanciación”, las monedas del “procomún (como los famosos “bitcoins”), el empresariado social sin ánimo de lucro,… Nada de lo nuevo escapa a esta macrovisión futurista hacia mediados del presente siglo en el que los consumidores pasarán a ser ¨prosumidores¨ (serán consumidores y productores al mismo tiempo) y se intercambiarán sus bienes y servicios a través de las redes sociales.

Y, también la sostenibilidad ambiental encuentra espacio en este ensayo? En efecto, también y quizá, es, a mi juicio, una de sus mejores aportaciones. Resulta que el cambio de paradigma que anuncia RIFKIN, pasa por una reducción al máximo de la “entropía” del capitalismo con su insostenible “huella ecológica”, su despilfarro inequitativo de recursos naturales y la amenazante inducción del cambio climático. Se trata, en palabras del pensador estadounidense, de ¨cambiar el materialismo por una vida sostenible –que- abre la posibilidad de reducir de una manera drástica la huella ecológica de las personas más ricas del planeta para que la abundancia de la Tierra esté más al alcance de los pobres del mundo¨. Me ha gustado mucho la cita de Mahatma GANDHI  a estos efectos: “La Tierra da lo suficiente para satisfacer la necesidad de todo hombre, pero no para satisfacer su codicia”.

En la aspiración del “procomún colaborativo¨ que augura RIFKIN –y que, según él, supondrá el ocaso, si no la desaparición del capitalismo-, van de la mano los ecologistas que se oponen a la privatización de los avances biotecnológicos junto con los que defiende en ¨software libre¨. En el futuro que describe nuestro repetido autor, por ejemplo, se atreve a afirmar que el ¨80% de la energía que generemos será renovable antes de 2040¨.

Para algunos un charlatan, para otros un asesor de Jefes de Estado, quizá no estemos para contar si se confirma impresionante prospección intelectual. Lo que sí quiero poner de manifiesto de mi lectura de la obra ahora comentada es que comparto con el autor su proverbial optimismo, su confianza en el ser humano, en que, tarde o temprano, seremos capaces de emprender –no faltan indicios ya- una “edad colaborativa”, mucho menos materialista, más feliz y con más ¨sensibilidad empática¨, o, como resume RIFKIN, en un ¨procomún colaborativo¨ en el marco de una “abundancia sostenible”. Al menos todavía es gratis soñar.

El futuro de la energía nuclear (“Pandora’s Promise”)

Escrito por Javier Sanz
28 de octubre de 2014 a las 0:49h

No es la primera vez que hablo de este tema. Resulta que paseando por la animada Telegraph Avenue de Berkeley descubro en el escaparate de una inmensa tienda de venta música y películas un documental de 2013 que lleva por título ¨Pandora´s Promise. At the bottom of the box she found hope¨ y que ha sido dirigido por Robert STONE. Este Director, conocido por su famoso documental “Earth Days” –sobre el movimiento ecologista norteamericano desde mediados del siglo pasado-, aborda esta vez el debate sobre energía nuclear pero lo hace, sorpresivamente, desde una perspectiva totalmente favorable al futuro de este tipo de energía.

El argumento principal del documental se articula principalmente sobre la base de testimonios de algunos activistas ambientales –algunos muy relevantes en los Estados Unidos- que habiéndose opuesto en el pasado a la energía nuclear, han llegado a la conclusión de que, para enfrentarse a los retos de la lucha contra el cambio climático y al imparable crecimiento de la demanda energética en todo el mundo, no hay más remedio que apostar por este tipo de energía radioactiva. O, al menos, no se puede renunciar a ella como parte del mix energético del futuro.

En mi opinión el documental, con independencia de la opinión que cada uno tenga la respecto, está muy bien realizado y no escapa a recoger la tragedia de Fukushima con cuyas estremecedoras imágenes comienza su película. Quizá, para mi lo más rechazable es que no queda muy bien parada en el documental la conocida abogada antinuclear, Helen CALDICOT. Y, para mi, ha sido un descubrimiento del interesantísimo Amory LOVINS, el físico y ambientalista estadounidense, Presidente del Rocky Mountain Institute, quien, desde hace varias décadas, vienen defendiendo la eficiencia energética y el uso de las energías renovables (tambien conocido por la “revolución del negavatio”).

Robert STONE nos presenta en su documental datos significativos sobre la enorme eficiencia energética de la libra (o kilo) del uranio (frente al carbon, petróleo, etc.), sobre el bajo índice de mortalidad de la energía nuclear (claro está, fuera de los usos militares), sobre el reducido volumen de residuos que genera (aunque no puede negarse su peligrosidad y durabilidad)…

Como punto débil del documental, es a mi juicio, el tema económico. El gran coste económico–una enorme inversion- en la construcción y mantenimiento de las centrales nucleares y de sus “almacenes temporales de residuos”.

El Prof. PIELOW en el Boal Hall de Berkeley

Da la causalidad de que justo la semana pasada (mi segunda en Berkeley) me entero de que mi amigo el Profesor alemán Christian PIELOW –el mayor experto de la República Federal en derecho de la energia- pronunció, en la sede de la Facultad de Derecho de Berkeley (situada en el edificio conocido por el nombre de “Boalt Hall”), una conferencia sobre el futuro de la energía en Alemania. Como es sabido, el país germano decidió en 2011 abandonar definitivamente la energía nuclear, con el cierre de las centrales existentes antes de 2022. La gran apuesta a la que se enfrenta Alemania -la denominada “Energy Transition“- es, entre otras medidas, promover las energías renovables (un 35% de la electricidad procedente de renovables, un 50% en 2030 y un 80% en 2050) y la eficiencia energética.

No cabe duda de que Alemania, con dicho plan, va a convertirse el modelo a seguir en el futuro si es que consigue sus ambiciosos objetivos energéticos. Sin embargo, el Profesor PIELOW reconoció en su conferencia en Berkeley que, al menos en una primera fase, la renuncia a la energía nuclear y la inversión en energías renovables se va a notar -y bien- en el bolsillo de los consumidores alemanes.

Quizá sea exagerado demonizar, como ha hecho el movimiento ecologista, la energía nuclear (al modo del famoso mito griego de la “Caja de Pandora” de la que proceden todos los males). Pero, como reconoce algunos de los intervinientes en el documental que comentamos, está inserto en el consciente y subconsciente de la mayor parte la ciudadanía la asociación entre la energía nuclear con los accidentes catastróficos y, ante todo, con las imborrables imágenes de Hiroshima y Nagasaki.

Abogamos por que el reto alemán se supere con éxito o que, cuanto antes, se logre hacer factible comercialmente la ¨fusión nuclear¨ -tal como persigue el proyecto ITER-. Y, en todo caso, si el uso de la energía nuclear resulta inevitable, se haga con la máxima seguridad y con el mayor consenso posible por parte de la ciudadanía.

Alimentos ecológicos (“organic food”)

Escrito por Javier Sanz
20 de octubre de 2014 a las 20:16h

El pasado 16 de octubre tuvo lugar la celebración del “Día mundial de la alimentación”, promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura desde 1979 (en el día aniversario de la fundación de FAO en 1945). El “leit motiv” de este año 2014 es el de “alimentar al mundo, cuidar el Planeta”, con el cual se pretende sensibilizar a los ciudadanos sobre la enorme importancia de la agricultura familiar y de los pequeños agricultores en el conjunto mundial. Importante papel para erradicar el hambre y la pobreza, para conseguir la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición, pero del mismo modo, para la ordenación de los recursos naturales y la protección del medio ambiente y, en definitiva, la consecución del desarrollo sostenible, particularmente en las zonas rurales. Me gusta mucho esta ¨campaña” de la FAO porque uno de mis temas de investigación en Berkeley es profundizar en la importancia de la pesca artesanal –o en ¨pequeña escala¨- para el sostenimiento de millones de seres humanos, y como sistema, en muchos casos, de sostenibilidad ambiental de los recursos pesqueros.

Pero volviendo al tema de la alimentación, de los pocos días que llevo viviendo en California he podido apreciar hasta qué punto los californianos valoran los alimentos ecológicos –“organic foods”- y los productos locales que, muchas veces, cuestan el doble o más de los demás productos (visítese el impresionante supermercado orgánico “Whole Foods” en San Francisco). Un verdadero paraíso para todo género de vegetarianos. Incluso hay, en esta tierra famosa por sus vinos, una importante producción de viticultura sostenible con sus normas y certificaciones (demeter-usa.org). También es llamativa la gran oferta en los mercadillos -que proliferan el fin de semana en la ciudad de San Francisco- de productos procedentes de los “huertos urbanos”, para cuyo cultivo ecológico la ONG “Garden for the environment” se encarga de darnos diversos consejos. No obstante, si bien todo lo anterior es cierto, basta pasear unas horas por las calles de las ciudades para comprobar que, aquí, comer bien es caro (quizá no tanto como en Europa) y que la gente pobre o de menores recursos padece problemas de salud evidentes por su mala alimentación. Es el problema de la ingesta de la llamada comida basura (“junk food”).

Estos días en los transportes públicos se puede ver la propaganda promovida por una ONG ambientalista, Earth Island Institute, fundada en 1982, con sede en Berkeley. Los titulares de su campaña “Food Shift” son suficientemente expresivos, a favor de un nuevo sistema de alimentación sostenible y para reducir el enorme impacto de los residuos originados por los alimentos desechados: “el 40% de la comida producida en los Estados Unidos se tira a la basura”, “50 millones de estadounidenses comen de forma no saludable”, “los norteamericanos tiran a la basura lo equivalente a 165 billones (Americanos) de dólares con un coste de tratamiento de 750 millones de dólares”…

Los ecologistas ponen de manifesto el elevado coste ambiental de desperdicio de recursos que supone el vigente sistema de alimentación norteamericano, pero no puede perderse de vista el gran problema sanitario generado por la mala alimentación en un país como este sin seguridad social universal como en Europa. De hecho, estos días en el marco de las próximas elecciones para la renovación de parte del Senado se está debatiendo, como ya se hizo en otros Estados, la aprobación de un impuesto para las bebidas azucaradas (“soda tax”), como respuesta gubernamental a los importantes trastornos sanitarios que está ocasionando el exceso de consume de estos productos.

No tengo tiempo para recordar aquí, con mayor profundidad, mi lectura del original libro del novelista estadounidense, Safran FOER, titulado “Comer animales”, una ingeniosa y mordaz crítica sobre las granjas industriales de animales, pero lo cierto es que la alimentación además de ser una necesidad básica evidente del ser humano está generando importantes problemas ambientales y sanitarios que no son fáciles de resolver. En cualquier caso, volviendo al lema de la FAO, referido al comienzo de este comentario, intuyo que el futuro más deseable y saludable de buena parte de la alimentación estará mas vinculada a la agricultura de proximidad que a las macro-producciones envasadas que hoy dominan nuestras áreas comerciales. Y, confiamos, que no se trate de una alimentación exclusiva para los ricos.

Welcome to Berkeley!

Escrito por Javier Sanz
13 de octubre de 2014 a las 19:04h

¡Ya estoy aquí! en Berkeley, a más de 9.000 kms de distancia de mi domicilio en A Coruña, a donde me he desplazado para desarrollar un año sabático que me ha concedido mi Universidad de A Coruña. La verdad es que era uno de mis sueños poder venir aquí a trabajar a la Facultad de Derecho de Berkeley –también conocida por el lugar donde se aloja, “Boalt Hall”- y uno de los centros universitarios pioneros en el estudio del Derecho Ambiental. Prueba de ello es su revista “Ecology Law Quarterly”, que nació en 1971, siendo una de las primeras en esta especialidad y que no ha perdido su prestigio pues sigue siendo una de las más influyentes en los Estados Unidos.

A su vez la Universidad de Berkeley, sabido es que está considerada entre las mejores diez Universidades del mundo y además se caracteriza por ser una universidad pública. Esta universidad, famosa por su vanguardismo, en los años 60 del siglo XX se destacó en su  lucha por la libertad de expresión, la oposición a la guerra de Vietnam y, por supuesto, en la defensa de los valores ambientales.

Por lo que he podido comprobar en mi primera semana en esta pequeña ciudad de Berkeley –de poco más de 100.000 habitantes- situada en la bahía de San Francisco, enfrente de la ciudad del mismo nombre, su ambiente es predominantemente universitario. Se me asemeja en este sentido a ciudades como Salamanca y Santiago de Compostela pero con un componente mucho más cosmopolita. Un verdadero mosaico de razas y culturas (un “melting pot” en expresión de ZANGWILL).

A su vez, Berkeley pertenece al Estado de California, con sus más de 42 millones de habitantes, cuyo potencial económico es tal que si fuera un Estado independiente ocuparía el puesto número 10 del ranking mundial,  de acuerdo al producto nacional bruto. Además, este Estado es también llamado “The Golden State” (El “Estado Dorado”), bien sea por los numerosos días del año que reluce el sol o también por la histórica ´fiebre del oro¨ (un fenómeno social ocurrido a mediados del siglo XIX). Y, por lo que nosotros más nos interesa, el Estado de California es uno de los más avanzados en política ambiental, en los Estados Unidos y fuera de este país.

A lo largo de estos meses que voy a pasar en los Estados Unidos pretendo contar algunas de las experiencias que tenga, relacionadas principalmente con el medio ambiente y la sostenibilidad ambiental, aunque no voy a perder de vista las novedades que tengan lugar en España y el el Viejo Continente.

Welcome to Berkeley! Es para mi una dichosa experiencia que quiero compartir estos meses que siguen con mis lectores, con el objetivo de aportar nuevas ideas que, a su vez, puedan enriquecer nuestra apasionante tarea en la senda hacia la sostenibilidad ambiental de nuestro Planeta. Let´s go!

Una de cal (capa de ozono) y otra de arena (CO2). Hacia un derecho ecosistémico

Escrito por Javier Sanz
21 de septiembre de 2014 a las 10:11h

Casi al mismo tiempo, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) acaba de publicar (la pasada semana) dos noticias que parecen un tanto contradictorias. Es como el chiste famoso en que se comienza preguntando: “tengo que comunicaros dos noticias: una buena y otra mala”. Y, en efecto, si comenzamos por la noticia buena -que es la que se suele demandar en primer lugar- resulta que, en estos momentos, “la capa de ozono está en vías de recuperación”. En efecto, un concienzudo trabajo realizado por más de 300 científicos –promovido por el “Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente” (PNUMA) y la “Organización Meteorológica Mundial” (OMM) que resume el informe de evaluación científica del agotamiento de la capa de ozono (Scientific Assessment of Ozone Depletion) llega a tan esperanzadora conclusión después de cuatro años de trabajo. “Existen indicios positivos de que la capa de ozono se habrá recuperado a mediados de este siglo” se afirma en el informe. Se pone de manfiesto el éxito de uno de los pocos instrumentos jurídicos internacionales en el campo del medioambiente -que está evitando millones de casos de enfermedades relacionadas con el cancer de piel, lesiones oculares y daños al sistema inmunológico-: el Protocolo de Montreal, negociado en 1987 y que entró en vigor a comienzos de 1989; uno de los más fructíferos tratados internacionales ambientales que, además, también sirve para combatir el cambio climático. Además da la causalidad que la buena noticia casi coincide con la celebración del “día internacional de la preservación de la capa de ozono”, ayer 16 de septiembre (este año con el tema “Protección de la capa de ozono: la misión sigue en pie”).

Ahora toca comunicar la noticia mala, difundida por la misma OMM, que “la cantidad de gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera alcanzó un nuevo máximo sin precedentes en 2013”; una concentración de CO2 en la atmósfera que alcanzó un 142% del nivel de la era preindustrial (antes de 1750). Además, como señala el mismo informe, “dicha concentración en la atmósfera aumentó el año pasado a un ritmo que no se había dado en casi 30 años”. Esto significa que, de seguir este promedio, en 2015 o 2016, superaremos el umbral simbólico de las 400 ppm (partes por millón) en la concentración del mismo gas. Y, en esta temática que, sin duda es mucho más compleja que la lucha contra la reducción de la capa de ozono, que diferente es el escenario jurídico, protagonizado por un debilitado Protocolo de Kioto cuya prorroga o segundo periodo de vigencia (hasta 2020) fue acordado, a duras penas y sin compromisos serios, en la 18ª Conferencia de las Partes, celebrada en Catar el año 2012. Un raquítico compromiso en el que paises como Estados Unidos, Rusia, Japón y Canadá decidieron no respaldar la prórroga.

A pesar de la preocupante situación, las negociaciones internacionales sobre el cambio climático siguen su curso. La semana que viene, el 23 de septiembre, va a tener en la sede de la ONU en Nueva York la “Cumbre sobre el Clima 2014” que va a reunir a los líderes de más de 125 países. El Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon va a tratar de convencer a los gobiernos, empresas y a la sociedad civil que es necesario mejorar y fortalecer las medidas contra el cambio climático. De este modo se trata de preparar el terreno para lograr un acuerdo jurídico más sólido en la futura y decisiva Cumbre de Paris de 2015 (COP 21), al que se habían comprometido las Partes en 2011 con objeto de que entre en vigor en 2020. No obstante, antes está previsto la “Cumbre de Lima” (COP 20), en la primera quincena del mes de diciembre de 2014.

Aunque muchos duden de la eficacia de los acuerdos políticos y sus instrumentos jurídicos subsiguientes, soy de la opinión de que, si bien cabe el riesgo de que se imcumplan e inapliquen, van marcando un nivel de compromiso moral que, poco a poco, va calando en la sociedad y en las instituciones -públicas y privadas- y que, tarde o temprano, acabará logrando nuevos avances en la lucha contra el cambio climático.

Una última reflexión me sugiere estas agridulces informaciones de la Organización Metereológica Mundial y es que, del mismo modo que no se pueden tratar los problemas ambientales de forma aislada, fuera del contexto del ecosistema en que se suceden, cuando se trata de normas jurídicas (sean leyes, tratados internacionales, etc.) éstas tienen que producirse respetando también el equilibrio ecosistémico. Muestra de la importancia de este prinicipio o enfoque ecosistémico de las normas que disciplinan la protección ambiental es la paradoja que se produce –como señala el citado informe de la OMM- se está recuperando la capa de ozono por la prohibición de las sustancias que la perjudicaban (como los HCF) pero, resulta que los productos que los han sustituido (los HFC) –que no son nocivos para la capa de ozono- muchos de ellos son potentes gases de efecto invernadero que, por lo consiguiente, van a incrementar los efectos del calentamiento global.

Del mismo modo que defendemos un equilibrio ecosistémico de la naturaleza  sus recursos hay que preservar la coherencia e integridad de un “derecho ecosistémico”.

El agua en la encrucijada

Escrito por Javier Sanz
9 de septiembre de 2014 a las 8:47h

A lo largo de la pasada semana tuvo lugar en Estocolmo, del 31 de agosto al 5 de septiembre, la Semana Mundial del Agua (2014 World Water Week), organizada por el prestigioso Stockholm International Water Institute (SIVI) desde el año 1991. En esta ocasión el Congreso internacional, al que han asisitido varios miles de expertos –científicos, empresarios, políticos y comunidades cívicas- de todo el mundo, ha versado sobre “energía y agua”.

A la espera de las conclusiones de este Congreso, si repasamos los temas tratados en las más de 100 actividades desarrolladas a lo largo de estos días, es dificil echar en falta cualquier tema de actualidad que tenga que ver con ambos tópicos y todavía es más dificil imaginar más temáticas de las tratadas allí que vinculan agua y energía. Más de mil millones de personas hay en el Planeta que todavía no tienen acceso a la electricidad y un poco menos de esta cifra los que tienen grandes dificultades para acceder al agua. Sin olvidar que energia, agua y seguridad alimentaria se encuentran estrechamente vinculados.

Verdaderamente el uso y gestión del agua en todo el Mundo constituye una  encrucijada cuya confluencia con los recursos energéticos plantea conflictos y problemas que no son fáciles de resolver. Por citar un ejemplo de rabiosa actualidad –también tratado en Estocolmo- el uso del “fracking” o “fraccionamiento hidráulico” como tecnología para explotar el “gas pizarra” que está llamada a alcanzar –como ya sabemos- un gran protagonismo en el inmediato futuro, pese a no suponer reducción alguna de los gases de efecto invernadero y tener un potencial riesgo sobre los recursos hidrológicos subterráneos. O, por referirse a una temática bien conocida en nuestro país: la construcción de embalses y pantanos que proporcionan valiosos recursos hidroeléctricos pero a costa de un impacto ambiental no siempre asumible. Indudablemente que, a lo largo del extenso programa de la Semana Mundial del Agua son muchas las iniciativas de las empresas, de los expertos y de las Administraciones Públicas para hacer compatible y sostenible el uso de los recursos hidrológicos con la producción sostenible de la energía pero cohonestar pacíficamente ambos aspectos no resulta nada sencillo. Y sin embargo, dar una solución equilibrada a ambas necesidades es una de las claves del futuro de la Humanidad.

Con relación al agua, me ha parecido muy interesante una de mis lecturas del verano y, en particular, la del famoso arquitecto madrileño Antonio LAMELA, que lleva por título “El Agua en España. Nuevos lagos sustentables”(LID Editorial Empresarial, Madrid, 2014). Se trata de un original ensayo sobre la política hidrológica en España en el que se muestra muy crítico con la gestión y planificación vigente y, de manera particular, con los trasvases fluviales intercuencas como el “Tajo-Segura”. En este último punto me recuerda a la postura del prestigioso Hidro-geólogo Ramón LLAMAS MADURGA.

En la segunda parte del ensayo de LAMELA se exponen –mirando al futuro- los “nuevos modelos de gestión del agua”. Así, entre otros asuntos, la necesidad de un “plan hídrico ibérico” (frente a la fragmentación jurídica actual de la gestión de las cuencas hidrográficas), la apuesta por la desalación de las aguas salobres y de mar (que, en realidad, no es nueva ya que fue promovida por la Ministra Cristina NARBONA hace una década y que plantea algunos retos por el coste energético que conlleva), la potenciación de las reservas superficiales de agua (lagos en lugar de pantanos), la gestión eficiente del agua (que implica la necesaria y ugente reforma del sector agropecuario) y, sobre todo, la opción de la “innovación como fuente de soluciones” (frente a presiones interesadas o partidistas, o a enfrentamientos administrativos territoriales). Y, concluye: “no a los ilegales, improcedentes e hipotecantes trasvases de agua fluvial intercuencas; sí al control estricto de las demandas hídricas, a su buen uso y consumo, a la explotación racional de los acuíferos, a la reutilización de las aguas y a las desaladoras de agua salobre y agua de mar”.

Refrescante resulta esta exposición de Antonio LAMELA, quien a pesar de no ser experto –como el mismo confiesa- en los temas hidrológicos, su visión holística e integradora de la tierra y del espacio -que dio lugar a la creación una novedosa propuesta de estrategia territorial planetaria que denomina “Geoísmo”- le permite acertar, a mi juicio, en muchas de la soluciones más fundamentadas para la planificación hidrológica en España.

Quizá, Antonio LAMELA coincida en su planteamiento general con el del Profesor sudafricano, John BRISCOE -que enseña actualmente en la Universidad de Harvard- quien acaba de recibir, en el marco de la Semana Mundial del Agua, el premio “Stockholm Water Prize” (equivalente al premio Nobel sobre el agua). “El genio del Profesor BRISCOE –señala la reseña de prensa-  yace en su fusión de la ciencia, la implementación de políticas y la práctica, lo que le da un conocimiento sin igual sobre cómo debe gestionarse el agua para mejorar las vidas de las personas en todo el mundo”.

Una vez más estoy convenido de que las grandes ideas, las que permiten el progreso de las sociedades –y, por ende, de la gestion sostenible de los recursos naturales- parten de un conocimiento práctico, pegado al terreno, con el principal objetivo de resolver los problemas cotidianos. Un conocimiento que luego trasciende de lo pragmático para iluminar los más diversos senderos de la Ciencia.

Aquí no hay playa: el expolio de la arena

Escrito por Javier Sanz
15 de agosto de 2014 a las 20:44h

Fuente: Turismo de Vigo, Playa de Rodas, Islas Cíes

Mientras disfruto mis vacaciones de verano en la Ría de Vigo, entre las lecturas que han caído en mis manos he topado con un magnífico reportaje de Cristina SÁEZ, publicado el pasado 10 de agosto en el Magazine de La Vanguardia, titulado: “El expolio de la arena”. Una temática relacionada con las playas que viene muy a cuento en estos días en que la mayor parte de los veraneantes disfrutamos en estos plácidos y dorados arenales.

En el citado reportaje se recogen algunos llamativos datos como los siguientes: “tres de cada cuatro playas están desapareciendo, y en el año 2100 podría no quedar ni una en todo el Planeta”. La arena –especialmente la de las playas-  constituye un muy valioso recurso que se utiliza para usos tan variados como la fabricación de vidrio, de pasta de dientes y de pinturas, semiconductores, etc., pero de modo principal para la construcción con el hormigón armado. Se estima que el tráfico mundial de este material es de unos 18.000 millones de toneladas, lo cual no nos dice mucho salvo que lo comparemos con los 3.400 millones de toneladas de consumo anual de petróleo. Y, como puede imaginarse, tan preciosa materia prima se ha convertido en muchos lugares del mundo en objeto de “mafias que extorsionan, sobornan y matan para extraer hasta el último gramo de sílice, que luego venden de contrabando” como explica la autora del citado reportaje.

En el mismo artículo periodístico se menciona la existencia del documental titulado “Sand-Wars” (“Guerras de arena”), producido en 2013 por el periodista francés Denis DELESTRAC, en el que se muestran los resultados de los tres años que dedicó a investigar por todo el mundo esta realidad. Este documento gráfico  ha recibido ya varios premios en diferentes festivales de cine documental (su información fundamental puede encontrarse en la página web: http://www.sand-wars.com/ ) .

Con posterioridad a este trabajo de investigación se ha publicado por Programa Nacional de Medio Ambiente de Naciones Unidas (PNUMA), en marzo de 2014, el informe titulado: “Sand, rarer than one thinks” (“arena, más escasa de lo que pensamos”). En este interesante informe se afirma que “las arenas y gravas representan el más grande volumen de materias primas utilizadas por el ser humano después del agua” y su consumo excesivo –que va creciendo exponencialmente- está provocando importantes impactos ambientales en las zonas costeras y marinas. Al mismo tiempo, se pone de manifiesto la falta de conciencia pública de la verdadera magnitud del problema y la ausencia de una política global que promueva medidas internacionales eficaces para exigir medidas contra la sobre-explotación de dichos recursos.

Aquí no hay playa” es, como mucho saben (los de mi generación), el título de una canción de moda de mediados de los años 80, del grupo musical de “ska” de Madrid “The Refrescos”, referida a la ciudad de Madrid. Pero, ciertamente, en los últimos decenios se ha producido en España y en muchos países, episodios de desaparición de las playas (sobre todo las urbanas), bien por mal diseño de las infraestructuras portuarias y de defensa de la costa, bien por la construcción de presas y pantanos en las cuencas fluviales que han limitado el aporte de áridos a sus zonas litorales adyacentes, etc. También está cobrando fuerza en los últimos años los fenómenos naturales (indirectamente antrópicos) de la regresión costera por los efectos del cambio climático sobre las zonas costeras. Es, por ejemplo, el caso de la ciudad de A Coruña en la que resido, cuya conocida playa urbana de Riazor es preciso reponerla de arena de forma periódica, con gran coste para el erario público, por el efecto de los temporales y mareas vivas, cada vez más recurrentes.

Desde el punto de vista jurídico, la Ley 22/1988 de Costas se comprometió seriamente a la protección de las playas y de las dunas. Su Exposición de Motivos subraya que de los 7.880 kilómetros de costa del territorio español, el 24% corresponde a las playas que, como patrimonio público, supone más de 13.560 hectáreas. Dicha Ley establece una exigente régimen de protección de las playas y dunas (si bien peligrosamente flexibilizado en este punto, entre otros, por la reciente reforma operada por la -engañosamente llamada- Ley 2/2013 de protección y uso sostenible del litoral). Las playas son bienes de dominio público; la extracción de áridos está sometida a importantes limitaciones y a la evaluación de impacto ambiental; no cabe la existencia de playas de uso privado y los usos particulares permisibles han de someterse a previas autorizaciones o concesiones públicas, y siempre respetando su naturaleza y siendo preferentemente desmontables. La reforma de la Ley de Costas prevé, como novedad, los supuestos de regresión costera y las posibles obras de protección que pueden realizarse.

En España tenemos claro que la “gallina de los huevos de oro” es el turismo (tercer país con más turistas –más de 60 millones- sólo superado por Estados Unidos y Francia), el turismo de “sol y playa”, preferido por más del 80% de los turistas que visitan nuestro país. El valor de los usos turísticos de las playas en elevadísimo pero mucho más –y menos conocido- lo es su valor ecológico para la estabilidad y protección de la biodiversidad de los ecosistemas marítimo-terrestres.

Protejamos con esmero nuestro preciosísimo recurso de las playas, dunas y arenales con que la Naturaleza nos ha agraciado tan generosamente para poner de manifiesto -y denunciar cuando sea preciso- la gravedad de los efectos y las nefastas consecuencias del actual “expolio de la arena” que acontece en todo el mundo.

El “mantra de la sostenibilidad” y el colapso civilizatorio.

Escrito por Javier Sanz
18 de julio de 2014 a las 14:22h

Hace pocas semanas se hacía público un Manifiesto de corte ecologista titulado “última llamada” (hashtag en twitter: #Ultimallamada), que ha sido firmado ya por varios centenares de personas, entre ellas relevantes ecologistas, activistas sociales, profesores/as universitarios/as, personalidades políticas, así como muy destacados pensadores e intelectuales en el campo del medio ambiente como, a título de ejemplo, los economistas Joan MARTÍNEZ ALIER y José Manuel NAREDO, el primer Director de la Agencia Europea de Medio Ambiente, Domingo JIMENEZ BELTRÁN, los escritores Jorge RIECHMANN y Joaquín ARAUJO, el fundador de la “Nueva Cultura del Agua”, Pedro ARROJO, y mi buen amigo Luis JIMENEZ HERRERO, ex-Director del Observatorio de la Sostenibilidad de España y flamante Presidente de la Asociación para la Sostenibilidad y el Progreso de las Sociedades (ASYPYS).

La idea central del Manifiesto –que no es nueva como el mismo se encarga de subrayar- es una aguda crítica a la vigente sociedad productivista y de consumo que ya no puede ser sustentada por el Planeta, que es discriminatoria, “tecnólatra y mercadólatra”, que nos está llevando a “un colapso civilizatorio” en el presente siglo XXI, que será “el mas decisivo de la historia de la Humanidad”, “donde se dirimirá nuestra continuidad en la Tierra (de la especie humana) y la posibilidad de llamar humana a la vida que seamos capaces de organizar después”. Y, aunque “la ventana de la oportunidad se está cerrando” –sigue afirmando el Manifiesto- todavía estamos a tiempo (se cifra en un lustro) para “asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables”. Se termina concluyendo: “Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada -o hacer demasiado poco- nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta”.

Se trata, a mi juicio, de un manifiesto oportuno en unos tiempos como los que corren en que la preocupación social -y de la opinión pública- sobre el estado del medio ambiente está bajo mínimos y en el que lo único que preocupa es salir de la crisis económica y acabar con la corrupción política, lo cual no es poco.

Ya está bien -se viene a decir- de los “mantras cosméticos del desarrollo sostenible”. Me hace gracia esta expresión porque no le falta razón al Manifiesto al expresarse así, ya que estamos hartos de oir hablar de sostenibilidad y desarrollo sostenible, como mero recurso publicitario, para teñir de verde empresas, productos y servicios. Pero, en mi opinión, el abuso de los términos no invalida los serios intentos de lograr, al tiempo, una sostenibilidad ambiental, social y económica

De otra parte, a lo largo del manifiesto aparece referencia al larguisimo e inacabado debate sobre los “límites del crecimiento”. Un debate que se inició con el Informe MEADOWS encargado al MIT por el Club de Roma, publicado en 1972; que más tarde fue actualizado en 1992 (“Mas allá de los límites del crecimiento”) y luego renovado treinta años después (con la referencia a la “huella ecológica”) en 2004. Más reciente todavía es el “Informe 2052: un pronóstico global para los próximos cuarenta años” del Profesor holandés Jorgen RANDERS, publicado en 2012, con la inclusión de los aspectos del cambio climático. Por cierto que, sobre esta temática, este año 2014 se ha publicado en España un interesante ensayo del profesor italiano Ugo BARDI: “Los límites del crecimiento retomados (editado por Catarata, Madrid, 2014) con un repaso de la historia de los “límites del crecimiento”, reflexiones sobre los modelos en que se basa, sobre sus críticas y el debate político que ha generado.

BARDI achaca el relativo fracaso mediático de los informes del Club de Roma al llamado “efecto Casandra” (por cierto, véase su interesante blog), es decir, la tendencia humana a no creer en las malas noticias y dado que, como se demuestra en la actualidad (con relación al cambio climático) no se pueden poner en marcha, por ser impopulares, acciones globales de gran envergadura, se muestra -el Profesor italiano- partidario de los “pequeños pasos”, “medidas que sean flexibles y que se puedan adoptar progresivamente a los cambios en la magnitud de los problemas y en la comprensión pública de la situación”. Me parece una buena opción.

Quizá los “necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial…” que reclama el Manifiesto estén ya fuera de nuestro alcance –como se desprende en el sugerente epílogo de Jorge RIECHMANN al ensayo de BARDI- y que lo único que nos quede es “tratar de ganar resiliencia para los tiemos durísimos que vienen”.

El Manifiesto ha sido criticado por algunos por su “diagnóstico catastrofista” y por constituir “una enmienda a la totalidad del sistema económico y social”. Por supuesto que nadie puede negar que en nuestro mundo hay una minoría que acapara la mayor parte de la riqueza mientras muchos cientos de millones viven en una pobreza abyecta y muchos mueren de hambre pese a que despilfarramos buena parte de los  alimentos que producimos, lo cual es de todo punto inaceptable. Pero también es un dato incontestable que en los últimos decenios hemos conseguido reducir los índices de probreza y aumentar la esperanza de vida. Leyendo en último informe de Naciones Unidas de 2014 sobre los “Objetivos de  Desarrollo del Milenio” hay razones para no incurrir en pesimismo depresivo aunque no para dormirse en los laureles.

Hay también en el Manifiesto una referencia esperanzada a los muchos movimientos existentes en pro de la justicia ambiental. Y como jurista, valoro especialmente esta perspectiva como los que defendemos que la forma de Estado del futuro ha de ser la del “Estado Social, Democrático y Ecológico de Derecho“.

Es muy posible que transcurra un lustro y haya que volver a formular, una y otra vez, nuevas llamadas de atención pero, en todo caso, estoy plenamente de acuerdo con el Manifiesto en que “necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin” y que, además,  “necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar”. Es un reto apasionante y urgente –al que me adhiero con los cientos de firmantes del Manifiesto-, sobre el que, desde aquí, deseamos, humildemente, promover y fomentar con todas nuestras fuerzas.