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El futuro de la energía nuclear (“Pandora’s Promise”)

Escrito por Javier Sanz
28 de octubre de 2014 a las 0:49h

No es la primera vez que hablo de este tema. Resulta que paseando por la animada Telegraph Avenue de Berkeley descubro en el escaparate de una inmensa tienda de venta música y películas un documental de 2013 que lleva por título ¨Pandora´s Promise. At the bottom of the box she found hope¨ y que ha sido dirigido por Robert STONE. Este Director, conocido por su famoso documental “Earth Days” –sobre el movimiento ecologista norteamericano desde mediados del siglo pasado-, aborda esta vez el debate sobre energía nuclear pero lo hace, sorpresivamente, desde una perspectiva totalmente favorable al futuro de este tipo de energía.

El argumento principal del documental se articula principalmente sobre la base de testimonios de algunos activistas ambientales –algunos muy relevantes en los Estados Unidos- que habiéndose opuesto en el pasado a la energía nuclear, han llegado a la conclusión de que, para enfrentarse a los retos de la lucha contra el cambio climático y al imparable crecimiento de la demanda energética en todo el mundo, no hay más remedio que apostar por este tipo de energía radioactiva. O, al menos, no se puede renunciar a ella como parte del mix energético del futuro.

En mi opinión el documental, con independencia de la opinión que cada uno tenga la respecto, está muy bien realizado y no escapa a recoger la tragedia de Fukushima con cuyas estremecedoras imágenes comienza su película. Quizá, para mi lo más rechazable es que no queda muy bien parada en el documental la conocida abogada antinuclear, Helen CALDICOT. Y, para mi, ha sido un descubrimiento del interesantísimo Amory LOVINS, el físico y ambientalista estadounidense, Presidente del Rocky Mountain Institute, quien, desde hace varias décadas, vienen defendiendo la eficiencia energética y el uso de las energías renovables (tambien conocido por la “revolución del negavatio”).

Robert STONE nos presenta en su documental datos significativos sobre la enorme eficiencia energética de la libra (o kilo) del uranio (frente al carbon, petróleo, etc.), sobre el bajo índice de mortalidad de la energía nuclear (claro está, fuera de los usos militares), sobre el reducido volumen de residuos que genera (aunque no puede negarse su peligrosidad y durabilidad)…

Como punto débil del documental, es a mi juicio, el tema económico. El gran coste económico–una enorme inversion- en la construcción y mantenimiento de las centrales nucleares y de sus “almacenes temporales de residuos”.

El Prof. PIELOW en el Boal Hall de Berkeley

Da la causalidad de que justo la semana pasada (mi segunda en Berkeley) me entero de que mi amigo el Profesor alemán Christian PIELOW –el mayor experto de la República Federal en derecho de la energia- pronunció, en la sede de la Facultad de Derecho de Berkeley (situada en el edificio conocido por el nombre de “Boalt Hall”), una conferencia sobre el futuro de la energía en Alemania. Como es sabido, el país germano decidió en 2011 abandonar definitivamente la energía nuclear, con el cierre de las centrales existentes antes de 2022. La gran apuesta a la que se enfrenta Alemania -la denominada “Energy Transition“- es, entre otras medidas, promover las energías renovables (un 35% de la electricidad procedente de renovables, un 50% en 2030 y un 80% en 2050) y la eficiencia energética.

No cabe duda de que Alemania, con dicho plan, va a convertirse el modelo a seguir en el futuro si es que consigue sus ambiciosos objetivos energéticos. Sin embargo, el Profesor PIELOW reconoció en su conferencia en Berkeley que, al menos en una primera fase, la renuncia a la energía nuclear y la inversión en energías renovables se va a notar -y bien- en el bolsillo de los consumidores alemanes.

Quizá sea exagerado demonizar, como ha hecho el movimiento ecologista, la energía nuclear (al modo del famoso mito griego de la “Caja de Pandora” de la que proceden todos los males). Pero, como reconoce algunos de los intervinientes en el documental que comentamos, está inserto en el consciente y subconsciente de la mayor parte la ciudadanía la asociación entre la energía nuclear con los accidentes catastróficos y, ante todo, con las imborrables imágenes de Hiroshima y Nagasaki.

Abogamos por que el reto alemán se supere con éxito o que, cuanto antes, se logre hacer factible comercialmente la ¨fusión nuclear¨ -tal como persigue el proyecto ITER-. Y, en todo caso, si el uso de la energía nuclear resulta inevitable, se haga con la máxima seguridad y con el mayor consenso posible por parte de la ciudadanía.

Alimentos ecológicos (“organic food”)

Escrito por Javier Sanz
20 de octubre de 2014 a las 20:16h

El pasado 16 de octubre tuvo lugar la celebración del “Día mundial de la alimentación”, promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura desde 1979 (en el día aniversario de la fundación de FAO en 1945). El “leit motiv” de este año 2014 es el de “alimentar al mundo, cuidar el Planeta”, con el cual se pretende sensibilizar a los ciudadanos sobre la enorme importancia de la agricultura familiar y de los pequeños agricultores en el conjunto mundial. Importante papel para erradicar el hambre y la pobreza, para conseguir la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición, pero del mismo modo, para la ordenación de los recursos naturales y la protección del medio ambiente y, en definitiva, la consecución del desarrollo sostenible, particularmente en las zonas rurales. Me gusta mucho esta ¨campaña” de la FAO porque uno de mis temas de investigación en Berkeley es profundizar en la importancia de la pesca artesanal –o en ¨pequeña escala¨- para el sostenimiento de millones de seres humanos, y como sistema, en muchos casos, de sostenibilidad ambiental de los recursos pesqueros.

Pero volviendo al tema de la alimentación, de los pocos días que llevo viviendo en California he podido apreciar hasta qué punto los californianos valoran los alimentos ecológicos –“organic foods”- y los productos locales que, muchas veces, cuestan el doble o más de los demás productos (visítese el impresionante supermercado orgánico “Whole Foods” en San Francisco). Un verdadero paraíso para todo género de vegetarianos. Incluso hay, en esta tierra famosa por sus vinos, una importante producción de viticultura sostenible con sus normas y certificaciones (demeter-usa.org). También es llamativa la gran oferta en los mercadillos -que proliferan el fin de semana en la ciudad de San Francisco- de productos procedentes de los “huertos urbanos”, para cuyo cultivo ecológico la ONG “Garden for the environment” se encarga de darnos diversos consejos. No obstante, si bien todo lo anterior es cierto, basta pasear unas horas por las calles de las ciudades para comprobar que, aquí, comer bien es caro (quizá no tanto como en Europa) y que la gente pobre o de menores recursos padece problemas de salud evidentes por su mala alimentación. Es el problema de la ingesta de la llamada comida basura (“junk food”).

Estos días en los transportes públicos se puede ver la propaganda promovida por una ONG ambientalista, Earth Island Institute, fundada en 1982, con sede en Berkeley. Los titulares de su campaña “Food Shift” son suficientemente expresivos, a favor de un nuevo sistema de alimentación sostenible y para reducir el enorme impacto de los residuos originados por los alimentos desechados: “el 40% de la comida producida en los Estados Unidos se tira a la basura”, “50 millones de estadounidenses comen de forma no saludable”, “los norteamericanos tiran a la basura lo equivalente a 165 billones (Americanos) de dólares con un coste de tratamiento de 750 millones de dólares”…

Los ecologistas ponen de manifesto el elevado coste ambiental de desperdicio de recursos que supone el vigente sistema de alimentación norteamericano, pero no puede perderse de vista el gran problema sanitario generado por la mala alimentación en un país como este sin seguridad social universal como en Europa. De hecho, estos días en el marco de las próximas elecciones para la renovación de parte del Senado se está debatiendo, como ya se hizo en otros Estados, la aprobación de un impuesto para las bebidas azucaradas (“soda tax”), como respuesta gubernamental a los importantes trastornos sanitarios que está ocasionando el exceso de consume de estos productos.

No tengo tiempo para recordar aquí, con mayor profundidad, mi lectura del original libro del novelista estadounidense, Safran FOER, titulado “Comer animales”, una ingeniosa y mordaz crítica sobre las granjas industriales de animales, pero lo cierto es que la alimentación además de ser una necesidad básica evidente del ser humano está generando importantes problemas ambientales y sanitarios que no son fáciles de resolver. En cualquier caso, volviendo al lema de la FAO, referido al comienzo de este comentario, intuyo que el futuro más deseable y saludable de buena parte de la alimentación estará mas vinculada a la agricultura de proximidad que a las macro-producciones envasadas que hoy dominan nuestras áreas comerciales. Y, confiamos, que no se trate de una alimentación exclusiva para los ricos.

Welcome to Berkeley!

Escrito por Javier Sanz
13 de octubre de 2014 a las 19:04h

¡Ya estoy aquí! en Berkeley, a más de 9.000 kms de distancia de mi domicilio en A Coruña, a donde me he desplazado para desarrollar un año sabático que me ha concedido mi Universidad de A Coruña. La verdad es que era uno de mis sueños poder venir aquí a trabajar a la Facultad de Derecho de Berkeley –también conocida por el lugar donde se aloja, “Boalt Hall”- y uno de los centros universitarios pioneros en el estudio del Derecho Ambiental. Prueba de ello es su revista “Ecology Law Quarterly”, que nació en 1971, siendo una de las primeras en esta especialidad y que no ha perdido su prestigio pues sigue siendo una de las más influyentes en los Estados Unidos.

A su vez la Universidad de Berkeley, sabido es que está considerada entre las mejores diez Universidades del mundo y además se caracteriza por ser una universidad pública. Esta universidad, famosa por su vanguardismo, en los años 60 del siglo XX se destacó en su  lucha por la libertad de expresión, la oposición a la guerra de Vietnam y, por supuesto, en la defensa de los valores ambientales.

Por lo que he podido comprobar en mi primera semana en esta pequeña ciudad de Berkeley –de poco más de 100.000 habitantes- situada en la bahía de San Francisco, enfrente de la ciudad del mismo nombre, su ambiente es predominantemente universitario. Se me asemeja en este sentido a ciudades como Salamanca y Santiago de Compostela pero con un componente mucho más cosmopolita. Un verdadero mosaico de razas y culturas (un “melting pot” en expresión de ZANGWILL).

A su vez, Berkeley pertenece al Estado de California, con sus más de 42 millones de habitantes, cuyo potencial económico es tal que si fuera un Estado independiente ocuparía el puesto número 10 del ranking mundial,  de acuerdo al producto nacional bruto. Además, este Estado es también llamado “The Golden State” (El “Estado Dorado”), bien sea por los numerosos días del año que reluce el sol o también por la histórica ´fiebre del oro¨ (un fenómeno social ocurrido a mediados del siglo XIX). Y, por lo que nosotros más nos interesa, el Estado de California es uno de los más avanzados en política ambiental, en los Estados Unidos y fuera de este país.

A lo largo de estos meses que voy a pasar en los Estados Unidos pretendo contar algunas de las experiencias que tenga, relacionadas principalmente con el medio ambiente y la sostenibilidad ambiental, aunque no voy a perder de vista las novedades que tengan lugar en España y el el Viejo Continente.

Welcome to Berkeley! Es para mi una dichosa experiencia que quiero compartir estos meses que siguen con mis lectores, con el objetivo de aportar nuevas ideas que, a su vez, puedan enriquecer nuestra apasionante tarea en la senda hacia la sostenibilidad ambiental de nuestro Planeta. Let´s go!

Una de cal (capa de ozono) y otra de arena (CO2). Hacia un derecho ecosistémico

Escrito por Javier Sanz
21 de septiembre de 2014 a las 10:11h

Casi al mismo tiempo, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) acaba de publicar (la pasada semana) dos noticias que parecen un tanto contradictorias. Es como el chiste famoso en que se comienza preguntando: “tengo que comunicaros dos noticias: una buena y otra mala”. Y, en efecto, si comenzamos por la noticia buena -que es la que se suele demandar en primer lugar- resulta que, en estos momentos, “la capa de ozono está en vías de recuperación”. En efecto, un concienzudo trabajo realizado por más de 300 científicos –promovido por el “Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente” (PNUMA) y la “Organización Meteorológica Mundial” (OMM) que resume el informe de evaluación científica del agotamiento de la capa de ozono (Scientific Assessment of Ozone Depletion) llega a tan esperanzadora conclusión después de cuatro años de trabajo. “Existen indicios positivos de que la capa de ozono se habrá recuperado a mediados de este siglo” se afirma en el informe. Se pone de manfiesto el éxito de uno de los pocos instrumentos jurídicos internacionales en el campo del medioambiente -que está evitando millones de casos de enfermedades relacionadas con el cancer de piel, lesiones oculares y daños al sistema inmunológico-: el Protocolo de Montreal, negociado en 1987 y que entró en vigor a comienzos de 1989; uno de los más fructíferos tratados internacionales ambientales que, además, también sirve para combatir el cambio climático. Además da la causalidad que la buena noticia casi coincide con la celebración del “día internacional de la preservación de la capa de ozono”, ayer 16 de septiembre (este año con el tema “Protección de la capa de ozono: la misión sigue en pie”).

Ahora toca comunicar la noticia mala, difundida por la misma OMM, que “la cantidad de gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera alcanzó un nuevo máximo sin precedentes en 2013”; una concentración de CO2 en la atmósfera que alcanzó un 142% del nivel de la era preindustrial (antes de 1750). Además, como señala el mismo informe, “dicha concentración en la atmósfera aumentó el año pasado a un ritmo que no se había dado en casi 30 años”. Esto significa que, de seguir este promedio, en 2015 o 2016, superaremos el umbral simbólico de las 400 ppm (partes por millón) en la concentración del mismo gas. Y, en esta temática que, sin duda es mucho más compleja que la lucha contra la reducción de la capa de ozono, que diferente es el escenario jurídico, protagonizado por un debilitado Protocolo de Kioto cuya prorroga o segundo periodo de vigencia (hasta 2020) fue acordado, a duras penas y sin compromisos serios, en la 18ª Conferencia de las Partes, celebrada en Catar el año 2012. Un raquítico compromiso en el que paises como Estados Unidos, Rusia, Japón y Canadá decidieron no respaldar la prórroga.

A pesar de la preocupante situación, las negociaciones internacionales sobre el cambio climático siguen su curso. La semana que viene, el 23 de septiembre, va a tener en la sede de la ONU en Nueva York la “Cumbre sobre el Clima 2014” que va a reunir a los líderes de más de 125 países. El Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon va a tratar de convencer a los gobiernos, empresas y a la sociedad civil que es necesario mejorar y fortalecer las medidas contra el cambio climático. De este modo se trata de preparar el terreno para lograr un acuerdo jurídico más sólido en la futura y decisiva Cumbre de Paris de 2015 (COP 21), al que se habían comprometido las Partes en 2011 con objeto de que entre en vigor en 2020. No obstante, antes está previsto la “Cumbre de Lima” (COP 20), en la primera quincena del mes de diciembre de 2014.

Aunque muchos duden de la eficacia de los acuerdos políticos y sus instrumentos jurídicos subsiguientes, soy de la opinión de que, si bien cabe el riesgo de que se imcumplan e inapliquen, van marcando un nivel de compromiso moral que, poco a poco, va calando en la sociedad y en las instituciones -públicas y privadas- y que, tarde o temprano, acabará logrando nuevos avances en la lucha contra el cambio climático.

Una última reflexión me sugiere estas agridulces informaciones de la Organización Metereológica Mundial y es que, del mismo modo que no se pueden tratar los problemas ambientales de forma aislada, fuera del contexto del ecosistema en que se suceden, cuando se trata de normas jurídicas (sean leyes, tratados internacionales, etc.) éstas tienen que producirse respetando también el equilibrio ecosistémico. Muestra de la importancia de este prinicipio o enfoque ecosistémico de las normas que disciplinan la protección ambiental es la paradoja que se produce –como señala el citado informe de la OMM- se está recuperando la capa de ozono por la prohibición de las sustancias que la perjudicaban (como los HCF) pero, resulta que los productos que los han sustituido (los HFC) –que no son nocivos para la capa de ozono- muchos de ellos son potentes gases de efecto invernadero que, por lo consiguiente, van a incrementar los efectos del calentamiento global.

Del mismo modo que defendemos un equilibrio ecosistémico de la naturaleza  sus recursos hay que preservar la coherencia e integridad de un “derecho ecosistémico”.

El agua en la encrucijada

Escrito por Javier Sanz
9 de septiembre de 2014 a las 8:47h

A lo largo de la pasada semana tuvo lugar en Estocolmo, del 31 de agosto al 5 de septiembre, la Semana Mundial del Agua (2014 World Water Week), organizada por el prestigioso Stockholm International Water Institute (SIVI) desde el año 1991. En esta ocasión el Congreso internacional, al que han asisitido varios miles de expertos –científicos, empresarios, políticos y comunidades cívicas- de todo el mundo, ha versado sobre “energía y agua”.

A la espera de las conclusiones de este Congreso, si repasamos los temas tratados en las más de 100 actividades desarrolladas a lo largo de estos días, es dificil echar en falta cualquier tema de actualidad que tenga que ver con ambos tópicos y todavía es más dificil imaginar más temáticas de las tratadas allí que vinculan agua y energía. Más de mil millones de personas hay en el Planeta que todavía no tienen acceso a la electricidad y un poco menos de esta cifra los que tienen grandes dificultades para acceder al agua. Sin olvidar que energia, agua y seguridad alimentaria se encuentran estrechamente vinculados.

Verdaderamente el uso y gestión del agua en todo el Mundo constituye una  encrucijada cuya confluencia con los recursos energéticos plantea conflictos y problemas que no son fáciles de resolver. Por citar un ejemplo de rabiosa actualidad –también tratado en Estocolmo- el uso del “fracking” o “fraccionamiento hidráulico” como tecnología para explotar el “gas pizarra” que está llamada a alcanzar –como ya sabemos- un gran protagonismo en el inmediato futuro, pese a no suponer reducción alguna de los gases de efecto invernadero y tener un potencial riesgo sobre los recursos hidrológicos subterráneos. O, por referirse a una temática bien conocida en nuestro país: la construcción de embalses y pantanos que proporcionan valiosos recursos hidroeléctricos pero a costa de un impacto ambiental no siempre asumible. Indudablemente que, a lo largo del extenso programa de la Semana Mundial del Agua son muchas las iniciativas de las empresas, de los expertos y de las Administraciones Públicas para hacer compatible y sostenible el uso de los recursos hidrológicos con la producción sostenible de la energía pero cohonestar pacíficamente ambos aspectos no resulta nada sencillo. Y sin embargo, dar una solución equilibrada a ambas necesidades es una de las claves del futuro de la Humanidad.

Con relación al agua, me ha parecido muy interesante una de mis lecturas del verano y, en particular, la del famoso arquitecto madrileño Antonio LAMELA, que lleva por título “El Agua en España. Nuevos lagos sustentables”(LID Editorial Empresarial, Madrid, 2014). Se trata de un original ensayo sobre la política hidrológica en España en el que se muestra muy crítico con la gestión y planificación vigente y, de manera particular, con los trasvases fluviales intercuencas como el “Tajo-Segura”. En este último punto me recuerda a la postura del prestigioso Hidro-geólogo Ramón LLAMAS MADURGA.

En la segunda parte del ensayo de LAMELA se exponen –mirando al futuro- los “nuevos modelos de gestión del agua”. Así, entre otros asuntos, la necesidad de un “plan hídrico ibérico” (frente a la fragmentación jurídica actual de la gestión de las cuencas hidrográficas), la apuesta por la desalación de las aguas salobres y de mar (que, en realidad, no es nueva ya que fue promovida por la Ministra Cristina NARBONA hace una década y que plantea algunos retos por el coste energético que conlleva), la potenciación de las reservas superficiales de agua (lagos en lugar de pantanos), la gestión eficiente del agua (que implica la necesaria y ugente reforma del sector agropecuario) y, sobre todo, la opción de la “innovación como fuente de soluciones” (frente a presiones interesadas o partidistas, o a enfrentamientos administrativos territoriales). Y, concluye: “no a los ilegales, improcedentes e hipotecantes trasvases de agua fluvial intercuencas; sí al control estricto de las demandas hídricas, a su buen uso y consumo, a la explotación racional de los acuíferos, a la reutilización de las aguas y a las desaladoras de agua salobre y agua de mar”.

Refrescante resulta esta exposición de Antonio LAMELA, quien a pesar de no ser experto –como el mismo confiesa- en los temas hidrológicos, su visión holística e integradora de la tierra y del espacio -que dio lugar a la creación una novedosa propuesta de estrategia territorial planetaria que denomina “Geoísmo”- le permite acertar, a mi juicio, en muchas de la soluciones más fundamentadas para la planificación hidrológica en España.

Quizá, Antonio LAMELA coincida en su planteamiento general con el del Profesor sudafricano, John BRISCOE -que enseña actualmente en la Universidad de Harvard- quien acaba de recibir, en el marco de la Semana Mundial del Agua, el premio “Stockholm Water Prize” (equivalente al premio Nobel sobre el agua). “El genio del Profesor BRISCOE –señala la reseña de prensa-  yace en su fusión de la ciencia, la implementación de políticas y la práctica, lo que le da un conocimiento sin igual sobre cómo debe gestionarse el agua para mejorar las vidas de las personas en todo el mundo”.

Una vez más estoy convenido de que las grandes ideas, las que permiten el progreso de las sociedades –y, por ende, de la gestion sostenible de los recursos naturales- parten de un conocimiento práctico, pegado al terreno, con el principal objetivo de resolver los problemas cotidianos. Un conocimiento que luego trasciende de lo pragmático para iluminar los más diversos senderos de la Ciencia.

Aquí no hay playa: el expolio de la arena

Escrito por Javier Sanz
15 de agosto de 2014 a las 20:44h

Fuente: Turismo de Vigo, Playa de Rodas, Islas Cíes

Mientras disfruto mis vacaciones de verano en la Ría de Vigo, entre las lecturas que han caído en mis manos he topado con un magnífico reportaje de Cristina SÁEZ, publicado el pasado 10 de agosto en el Magazine de La Vanguardia, titulado: “El expolio de la arena”. Una temática relacionada con las playas que viene muy a cuento en estos días en que la mayor parte de los veraneantes disfrutamos en estos plácidos y dorados arenales.

En el citado reportaje se recogen algunos llamativos datos como los siguientes: “tres de cada cuatro playas están desapareciendo, y en el año 2100 podría no quedar ni una en todo el Planeta”. La arena –especialmente la de las playas-  constituye un muy valioso recurso que se utiliza para usos tan variados como la fabricación de vidrio, de pasta de dientes y de pinturas, semiconductores, etc., pero de modo principal para la construcción con el hormigón armado. Se estima que el tráfico mundial de este material es de unos 18.000 millones de toneladas, lo cual no nos dice mucho salvo que lo comparemos con los 3.400 millones de toneladas de consumo anual de petróleo. Y, como puede imaginarse, tan preciosa materia prima se ha convertido en muchos lugares del mundo en objeto de “mafias que extorsionan, sobornan y matan para extraer hasta el último gramo de sílice, que luego venden de contrabando” como explica la autora del citado reportaje.

En el mismo artículo periodístico se menciona la existencia del documental titulado “Sand-Wars” (“Guerras de arena”), producido en 2013 por el periodista francés Denis DELESTRAC, en el que se muestran los resultados de los tres años que dedicó a investigar por todo el mundo esta realidad. Este documento gráfico  ha recibido ya varios premios en diferentes festivales de cine documental (su información fundamental puede encontrarse en la página web: http://www.sand-wars.com/ ) .

Con posterioridad a este trabajo de investigación se ha publicado por Programa Nacional de Medio Ambiente de Naciones Unidas (PNUMA), en marzo de 2014, el informe titulado: “Sand, rarer than one thinks” (“arena, más escasa de lo que pensamos”). En este interesante informe se afirma que “las arenas y gravas representan el más grande volumen de materias primas utilizadas por el ser humano después del agua” y su consumo excesivo –que va creciendo exponencialmente- está provocando importantes impactos ambientales en las zonas costeras y marinas. Al mismo tiempo, se pone de manifiesto la falta de conciencia pública de la verdadera magnitud del problema y la ausencia de una política global que promueva medidas internacionales eficaces para exigir medidas contra la sobre-explotación de dichos recursos.

Aquí no hay playa” es, como mucho saben (los de mi generación), el título de una canción de moda de mediados de los años 80, del grupo musical de “ska” de Madrid “The Refrescos”, referida a la ciudad de Madrid. Pero, ciertamente, en los últimos decenios se ha producido en España y en muchos países, episodios de desaparición de las playas (sobre todo las urbanas), bien por mal diseño de las infraestructuras portuarias y de defensa de la costa, bien por la construcción de presas y pantanos en las cuencas fluviales que han limitado el aporte de áridos a sus zonas litorales adyacentes, etc. También está cobrando fuerza en los últimos años los fenómenos naturales (indirectamente antrópicos) de la regresión costera por los efectos del cambio climático sobre las zonas costeras. Es, por ejemplo, el caso de la ciudad de A Coruña en la que resido, cuya conocida playa urbana de Riazor es preciso reponerla de arena de forma periódica, con gran coste para el erario público, por el efecto de los temporales y mareas vivas, cada vez más recurrentes.

Desde el punto de vista jurídico, la Ley 22/1988 de Costas se comprometió seriamente a la protección de las playas y de las dunas. Su Exposición de Motivos subraya que de los 7.880 kilómetros de costa del territorio español, el 24% corresponde a las playas que, como patrimonio público, supone más de 13.560 hectáreas. Dicha Ley establece una exigente régimen de protección de las playas y dunas (si bien peligrosamente flexibilizado en este punto, entre otros, por la reciente reforma operada por la -engañosamente llamada- Ley 2/2013 de protección y uso sostenible del litoral). Las playas son bienes de dominio público; la extracción de áridos está sometida a importantes limitaciones y a la evaluación de impacto ambiental; no cabe la existencia de playas de uso privado y los usos particulares permisibles han de someterse a previas autorizaciones o concesiones públicas, y siempre respetando su naturaleza y siendo preferentemente desmontables. La reforma de la Ley de Costas prevé, como novedad, los supuestos de regresión costera y las posibles obras de protección que pueden realizarse.

En España tenemos claro que la “gallina de los huevos de oro” es el turismo (tercer país con más turistas –más de 60 millones- sólo superado por Estados Unidos y Francia), el turismo de “sol y playa”, preferido por más del 80% de los turistas que visitan nuestro país. El valor de los usos turísticos de las playas en elevadísimo pero mucho más –y menos conocido- lo es su valor ecológico para la estabilidad y protección de la biodiversidad de los ecosistemas marítimo-terrestres.

Protejamos con esmero nuestro preciosísimo recurso de las playas, dunas y arenales con que la Naturaleza nos ha agraciado tan generosamente para poner de manifiesto -y denunciar cuando sea preciso- la gravedad de los efectos y las nefastas consecuencias del actual “expolio de la arena” que acontece en todo el mundo.

El “mantra de la sostenibilidad” y el colapso civilizatorio.

Escrito por Javier Sanz
18 de julio de 2014 a las 14:22h

Hace pocas semanas se hacía público un Manifiesto de corte ecologista titulado “última llamada” (hashtag en twitter: #Ultimallamada), que ha sido firmado ya por varios centenares de personas, entre ellas relevantes ecologistas, activistas sociales, profesores/as universitarios/as, personalidades políticas, así como muy destacados pensadores e intelectuales en el campo del medio ambiente como, a título de ejemplo, los economistas Joan MARTÍNEZ ALIER y José Manuel NAREDO, el primer Director de la Agencia Europea de Medio Ambiente, Domingo JIMENEZ BELTRÁN, los escritores Jorge RIECHMANN y Joaquín ARAUJO, el fundador de la “Nueva Cultura del Agua”, Pedro ARROJO, y mi buen amigo Luis JIMENEZ HERRERO, ex-Director del Observatorio de la Sostenibilidad de España y flamante Presidente de la Asociación para la Sostenibilidad y el Progreso de las Sociedades (ASYPYS).

La idea central del Manifiesto –que no es nueva como el mismo se encarga de subrayar- es una aguda crítica a la vigente sociedad productivista y de consumo que ya no puede ser sustentada por el Planeta, que es discriminatoria, “tecnólatra y mercadólatra”, que nos está llevando a “un colapso civilizatorio” en el presente siglo XXI, que será “el mas decisivo de la historia de la Humanidad”, “donde se dirimirá nuestra continuidad en la Tierra (de la especie humana) y la posibilidad de llamar humana a la vida que seamos capaces de organizar después”. Y, aunque “la ventana de la oportunidad se está cerrando” –sigue afirmando el Manifiesto- todavía estamos a tiempo (se cifra en un lustro) para “asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables”. Se termina concluyendo: “Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada -o hacer demasiado poco- nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta”.

Se trata, a mi juicio, de un manifiesto oportuno en unos tiempos como los que corren en que la preocupación social -y de la opinión pública- sobre el estado del medio ambiente está bajo mínimos y en el que lo único que preocupa es salir de la crisis económica y acabar con la corrupción política, lo cual no es poco.

Ya está bien -se viene a decir- de los “mantras cosméticos del desarrollo sostenible”. Me hace gracia esta expresión porque no le falta razón al Manifiesto al expresarse así, ya que estamos hartos de oir hablar de sostenibilidad y desarrollo sostenible, como mero recurso publicitario, para teñir de verde empresas, productos y servicios. Pero, en mi opinión, el abuso de los términos no invalida los serios intentos de lograr, al tiempo, una sostenibilidad ambiental, social y económica

De otra parte, a lo largo del manifiesto aparece referencia al larguisimo e inacabado debate sobre los “límites del crecimiento”. Un debate que se inició con el Informe MEADOWS encargado al MIT por el Club de Roma, publicado en 1972; que más tarde fue actualizado en 1992 (“Mas allá de los límites del crecimiento”) y luego renovado treinta años después (con la referencia a la “huella ecológica”) en 2004. Más reciente todavía es el “Informe 2052: un pronóstico global para los próximos cuarenta años” del Profesor holandés Jorgen RANDERS, publicado en 2012, con la inclusión de los aspectos del cambio climático. Por cierto que, sobre esta temática, este año 2014 se ha publicado en España un interesante ensayo del profesor italiano Ugo BARDI: “Los límites del crecimiento retomados (editado por Catarata, Madrid, 2014) con un repaso de la historia de los “límites del crecimiento”, reflexiones sobre los modelos en que se basa, sobre sus críticas y el debate político que ha generado.

BARDI achaca el relativo fracaso mediático de los informes del Club de Roma al llamado “efecto Casandra” (por cierto, véase su interesante blog), es decir, la tendencia humana a no creer en las malas noticias y dado que, como se demuestra en la actualidad (con relación al cambio climático) no se pueden poner en marcha, por ser impopulares, acciones globales de gran envergadura, se muestra -el Profesor italiano- partidario de los “pequeños pasos”, “medidas que sean flexibles y que se puedan adoptar progresivamente a los cambios en la magnitud de los problemas y en la comprensión pública de la situación”. Me parece una buena opción.

Quizá los “necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial…” que reclama el Manifiesto estén ya fuera de nuestro alcance –como se desprende en el sugerente epílogo de Jorge RIECHMANN al ensayo de BARDI- y que lo único que nos quede es “tratar de ganar resiliencia para los tiemos durísimos que vienen”.

El Manifiesto ha sido criticado por algunos por su “diagnóstico catastrofista” y por constituir “una enmienda a la totalidad del sistema económico y social”. Por supuesto que nadie puede negar que en nuestro mundo hay una minoría que acapara la mayor parte de la riqueza mientras muchos cientos de millones viven en una pobreza abyecta y muchos mueren de hambre pese a que despilfarramos buena parte de los  alimentos que producimos, lo cual es de todo punto inaceptable. Pero también es un dato incontestable que en los últimos decenios hemos conseguido reducir los índices de probreza y aumentar la esperanza de vida. Leyendo en último informe de Naciones Unidas de 2014 sobre los “Objetivos de  Desarrollo del Milenio” hay razones para no incurrir en pesimismo depresivo aunque no para dormirse en los laureles.

Hay también en el Manifiesto una referencia esperanzada a los muchos movimientos existentes en pro de la justicia ambiental. Y como jurista, valoro especialmente esta perspectiva como los que defendemos que la forma de Estado del futuro ha de ser la del “Estado Social, Democrático y Ecológico de Derecho“.

Es muy posible que transcurra un lustro y haya que volver a formular, una y otra vez, nuevas llamadas de atención pero, en todo caso, estoy plenamente de acuerdo con el Manifiesto en que “necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin” y que, además,  “necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar”. Es un reto apasionante y urgente –al que me adhiero con los cientos de firmantes del Manifiesto-, sobre el que, desde aquí, deseamos, humildemente, promover y fomentar con todas nuestras fuerzas.

El derecho ambiental y la energía en el mundo mundial

Escrito por Javier Sanz
6 de julio de 2014 a las 10:39h

Acabo de volver de Tarragona, tras asistir al 12º Congreso Mundial de Derecho Ambiental de la IUCN Academy of Environmental Law, magníficamente organizado por los miembros del Centro de Estudios de Derecho Ambiental (CEDAT) de la Universidad Rovira i Virgili. Más de trescientas personas de cuarenta y un países de todo el mundo nos hemos congregado en esta Universidad tarraconense, entre los pasados días 30 de junio a 5 de julio, para debatir un buen número de ponencias y las 270 comunicaciones que habíamos presentado al Congreso en torno a la temática de la “energía y medio ambiente” (“Energy for a fair society in a safe Planet“).

Ha sido una muy estimulante experiencia poder compartir con iusambientalistas venidos de los cinco continentes reflexiones sobre los temas que nos ocupan y preocupan y no sólo en el ámbito energético sino en todos los sectores de la variadísima temática ambiental. Colegas de los países más desarrollados, de los países emergentes y de los que luchan por salir de la pobreza. Todos con una misma pasión, la lucha jurídica por la protección del medio ambiente y la implantación de la justicia ambiental. Y, aunque es verdad que la dichosa crisis que nos atenaza –como lo he comprobado hablando con los colegas de otros países-  está más extendida internacionalmente de lo que yo pensaba, los iusambientalistas de todo el Planeta no han perdido su dinamismo y su espírítu combativo.

Cierto es también que el derecho ambiental ha tenido un impresionante desarrollo desde sus comienzos –que cabría situar en torno a los años setenta del siglo XX- y ahora está implantado en la casi totalidad de los países, pero siguen siendo enormes los retos que el jurista ambiental tiene por delante tanto a nivel internacional, nacional, regional y local. Así, por ejemplo, por lo que se refiere a los efectos y consecuencias del cambio climatico o en relación a la técnica de la “fracturación hidráulica” (conocido como “fracking”) para la explotación de los esquistos o del “gas pizarra”. Tema éste que, por cierto, fue uno de los “temas estrella” del Congreso.

Especial relevancia han tenido las intervenciones de algunos de los más importantes expertos iusambientalistas del mundo: Michael GERRARD (Universidad de Columbia, USA), Zen MAKUCH (Imperial College, UK), Jan JANS (Universidad de Groningen, Holanda), Ludwig KRÄMER (Universidad de Bremen, Alemania) y un largo etcétera. También fue invitado el Profesor catalán Joan MARTÍNEZ ALIER, Catedrático de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona y uno de los más importantes referentes de la “economía ecológica” en el mundo. De la conversación que tuve con él me enteré de que ha promovido un ambicioso estudio (EJOLT) para identificar e inventariar todos los “conflictos ambientales” del mundo que son, en el momento presente, más de un millar.

Las 270 comunicaciones se desarrollaron a lo largo de los tres días de duración del “12th UICN AEL Colloquium” distribuidas en 53 mesas. Cuánto me hubiera gustado tener el don de “bilocación” o “trilocación” para no perderme muchas de las interesantes exposiciones de mis colegas. Para hacerse una idea de la multiplicidad y variedad de los temas tratados –siempre dentro del lema “energía y derecho ambiental”- en la mesa en que yo intervine (hablando sobre los parques eólicos marinos y la ordenación marítima y costera) una profesora australiana trató sobre el impacto de los parques eólicos terrestres sobre la avifauna y los murciélagos, otra profesora española sobre la reforma del régimen jurídico eléctrico y sus nefastas repercusiones sobre las energías renvables y, finalmente, un profesor norteamericano disertó sobre una ingeniosa propuesta de aprovechar la electricidad de los vehículos mientras éstos no se utilizan para el transporte.

La responsabilidad de las grandes empresas multinacionales en relación con sus efectos sobre el medio ambiente en países del Tercer Mundo, el futuro sobre el Ártico y la explotación de sus recursos minerales, los efectos de la producción de biocarburantes sobre el precio de los alimentos, los impactos ambientales de las infraestructuras hidrológicas en China, la implantación de las “smart cities” y la reducción del consumo energético, las medidas de adpatación al cambio climático, el derecho del acceso a la energía como derecho fundamental, la promoción de las energías renovables marinas, los aspectos jurídicos de la “pobreza energética” en España, el derecho de los pueblos indígenas a participar de los beneficios económicos de la producción energética, la explotación de la energía geotérmica en ciertos espacios naturales de América Central, medidas ante el desafío de la dependencia energética… son algunos de los muchísimos y variadísimos temas tratados  (incluido, como vimos, el del “fracking”).

Con el Prof. PIGRAU, organizador del 12º IUNAEL (a la derecha)

Como han coincido estos días con algunos de los partidos del Mundial de Brasil ha sido inevitable hablar del “deporte-rey”. Ánimos y felicitaciones a los procedentes de los paises sobrevivientes hasta ese momento en el campeonato: Brasil, Colombia, Costa Rica, Francia, etc. Pero para nada he advertido ofensivas rivalidades entre sus respectivos representantes nacionales. Quizá todos éramos conscientes que lo que está en juego en el Planeta,  entre otras muchas cosas, la mejora en la aplicación de las políticas ambientales y la efectividad del derecho ambiental, tienen infinitamente más importancia que la obtención de un trofeo deportivo.

Hay que dar la enhorabuena al Profesor Antoni PIGRAU y a su magnífico grupo de investigadores e investigadoras del CEDAT por haber logrado organizar, en los tiempos que corren, tan importante evento mundial. ¡Moltes gràcies!

Pacíficos y benéficos “eco-drones”

Escrito por Javier Sanz
30 de junio de 2014 a las 10:39h

La verdad es que siempre los he mirado con mucha prevención (incluso con pavor) y máxime cuando es sabido que han provocado, hasta el momento, la muerte selectiva (con daños colaterales) de muchos cientos de personas. Se trata del  llamado “dron” (término importado del inglés que significa “zángano” o “abejorro”) o “vehículo aéreo no tripulado” (conocido también por las siglas UAV: “Unmanned Aerial Vehicles”). En España, hace pocos años, ante la laguna legal existente, en virtud de una modificación del vigente Reglamento de la Circulación Aérea Operativa (la Orden PRE/1366/2010) se ha definido el “dron”  como “vehículo aéreo propulsado que no lleva personal como operador a bordo”; además lo caracteriza señalando que: a) es capaz de mantenerse en vuelo por medios aereodinámicos, b) es pilotado de forma remota o incluye un programa de vuelo automático, c) es reutilizable, y d) no está clasificado como un arma guiada o un dispositivo similar de un solo uso diseñado para el lanzamiento de armas”.

Sea como fuere, desde el punto de vista jurídico, este tipo de vehículos se ha venido encuadrando dentro de los materiales, productos y tecnologías de “doble uso” (civil-militar), y, por lo tanto, su comercialización está restringida. Pero como este invento parece que va a tener en el futuro un desarrollo excepcional hasta la Comisión Europea  acaba de emitir –el mes de abril pasado- una comunicación con el objetivo de “abrir el mercado de la aviación al uso civil de sistemas de aeronaves de forma remota de manera segura y sostenible” (documento COM(2014) 207 final).  Claramente, detrás de esta propuesta está la industria que augura que este sector fomentará la creación de empleo, será fuente de innovación y de crecimiento durante los años venideros.

A los efectos de nuestro blog, lo destacable es que los drones no sólo pueden tener consecuencias sangrientas sino que pueden convertirse en aliados para la protección del medio ambiente. Pero entonces les llamamos “eco-drones” para no referirnos a sus usos militares. Y, así, nos enteramos que en 2012 fueron utilizados para la vigilancia y detección de cazadores furtivos de rinocerontes en Sudáfrica (en una extensa zona de más de 100.000 hectáreas en la provincia de KwaZulu-Natal). Hasta el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (PNUMA) se ha interesado por ellos.

En la actualidad podemos encontrar en la red una buena colección de “eco-drones” promovidos por empresas de todo el mundo con interesantes finalidades de protección ambiental. Desde la mejora de las cosechas en la agricultura con un menor impacto ambiental (“Airinov”), la observación y monitorización de especies en peligro (“Conservation Drones”), pasando por el estudio de pequeñas aves (“Easy Fly”), por las labores de extinción de incendios forestales (“Nitrofirex”) hasta la lucha contra la caza de ballenas (“Osprey”) y un largo etcétera. También pueden desempeñar tareas humanitarias como las operaciones de salvamento y atención de personas tras catástrofes naturales o accidentes industriales.

No me cabe la menor duda de la gran utilidad de estos ingenios aéreos que además resultan mucho más baratos que los satélites que se vienen utilizando para la observación de los ecosistemas. Justamente esta semana voy a participar en un Congreso Internacional organizado en Barcelona por la Universidad Oberta de Cataluña sobre “Internet, Derecho y Política” en la que expongo una comunicación sobre los “servicios electrónicos de información ambiental” (en particular sobre la Directiva INSPIRE sobre infraestructura de información espacial en la Unión Europea).

De todas formas la utilización de los “drones” (lo mismo que los “eco-drones”) plantean en la actualidad no pocos problemas jurídicos que están todavía por resolver como por ejemplo la protección de la intimidad y privacidad de los ciudadanos y la responsabilidad por los daños que pueden ocasionar en su funcionamiento. Por tal motivo, hoy por hoy está prohibido en España su uso comercial aunque parece ser que muy pronto la Agencia Estatal de Seguridad Aérea –dependiente del Ministerio de Fomento- va a publicar una reglamentación “ad hoc”.  En Alemania la Ley de Aviación regula desde mayo de 2012 el uso de los UAVs.

En materia ambiental su utilización puede ser beneficiosa para la protección del medio ambiente pero también puede utilizarse por los infractores (por ejemplo, por los cazadores furtivos para localizar sus presas). Además, se abre un inmenso panorama en la tarea de información ambiental -que es un derecho reconocido en la Ley 27/2006, de 18 de julio- que ha de realizarse con profesionalidad y seriedad por las Administraciones Públicas competentes, aunque, justo para preservar el patrimonio natural y la biodiversidad (por ejemplo, en relación a la localización de las especies amenazadas o a la de sus lugares de reproducción), puede legítimamente excepcionarse la obligación de facilitar información ambiental.

¿Os imagináis que en el futuro son unos eco-drones los que se encargan de realizar la polinización de las plantas ante una eventual desparación de las abejas? Sea ciencia-ficción o realidad lo de los “eco-drones”, prefiero un mundo lleno de vida y naturaleza salvajes donde la técnica intervenga lo mínimo imprescidible.

Hacia una sostenibilidad colaborativa

Escrito por Javier Sanz
15 de junio de 2014 a las 10:59h

En las últimas semanas está saltando a la opinión pública el conflicto abierto entre los taxistas y el gremio de transportes de viajeros de toda Europa y algunas aplicaciones informáticas como “Uber” –una “app” informática, creada por una “startup” nacida en San Francisco, que detecta la ubicación de una persona, utilizando el GPS de la teléfono, y le ofrece de forma inmediata y económica un conductor para trasladarlo a donde desee-, una innovación tecnologica que está siendo tachada por aquellos de intrusismo y de competencia desleal. Quizá lo sea.

Son de estos casos en que se intuye la emergencia de un nuevo modelo de actividad económica que, basada en la tecnología 2.0, hace tambalear los cimientos de negocios y prácticas tradicionales. En realidad, desde hace tiempo conocíamos, en el marco de la sostenibilidad, prácticas sobre “movilidad compartida”, incluso fomentadas por las Administraciones Públicas, relativas al uso de coche compartido (denominado en inglés “carsharing”) entre personas particulares, perfectamente válidas, lo cual va en beneficio del ahorro económico, de la disminución de los problemas de aparcamiento en las ciudades, pero también del ahorro de emisiones de CO2.

Interesándonos por este asunto nos enteramos que la “movilidad compartida” es sólo una de las muchas experiencias de lo que se denomina “economía colaborativa” o “economía compartida”. Se trata de un nuevo modelo de “capitalismo en transformación” que apunta –según Lluis GARAY, profesor de la UOC- hacia la necesidad de una mayor responsabilidad social, económica y ambiental y que está proliferando al calor de la crisis económica. Donde se manifiesta de manera más significativa es en el consumo que se califica de “colaborativo” ( también, “responsable”) y que pretende pasar de un modelo de propiedad individual a un uso compartido. Compartir coches o viviendas, microfinanciar proyectos (“crowdfunding”), intercambiar bienes de segunda mano (al modo del antiguo trueque), ofrecer tiempo de servicios (dentro de los denominados “bancos de tiempo”), disponer del uso de huertos urbanos, colaborar en proyectos comunes, poner a disposición del uso público de programas informáticos (“software libre”) o de obras intelectuales (como la archiconocida licencia “creative commons“), crear “monedas complementarias sociales”, etc., son algunos de las muchas iniciativas que se han puesto en marcha en los útimos años con bastante éxito y un crecimiento exponencial.

Todo este fenómeno tiene como libro de cabecera el titulado Whats’s Mine is Yours. The rise of collaborative consumption (HarperBussiness, 2010), firmado por Rachel BOTSMAN y Roo ROGERS. Una de la 10 ideas que cambiarán el mundo, según la revista TIME. Partiendo de la existencia de un problema existente en nuestras sociedades desarrolladas: el “hiperconsumo” (cuyo lema es el de “usar y tirar”) con consecuencias fatales para la comunidad como la generación incesante de residuos, se propone un modelo que se basa en cuatro condiciones: creencia en la gestión de los comunes, confianza entre los miembros, masa crítica y activos sin utilizar. Se distinguen tres categorías de sistemas de “consumo colaborativo”: el basado en “productos” (se paga por el beneficio de usar o acceder a un producto sin necesidad de adquirir su propiedad), el manifestado en “mercados de distribución” (redistribución de los bienes usados o aquiridos de donde no se necesitan a dónde sí se necesitan y por quien sí los necesita; gratis o por intercambio de venta), y el plasmado en “estilos de vida colaborativa” (personas con intereses comunes que se unen para compartir o intercambiar bienes no materiales o servicios como tiempo, espacios o habilidades). También “comunidades globales” como OuiShare -nacida en enero de 2012 en París- destinadas a promover este tipo de economía colaborativa y que se están extendiendo rápidamente por todo el mundo.

Algunas de estas iniciativas de la “economía colaborativa” tienen un potencial de sostenibilidad ambiental indudable ya que al reducir el consumismo desaforado implantado en la mayor parte de nuestras sociedades y al promover el uso eficiente de los bienes y recursos, se puede reducir considerablemente la “huella ecologica” asociada, tanto a la fabricación como al uso de los bienes compartidos (cfr. documento de ECODES sobre “consumo colaborativo y economía compartida“). Por consiguiente, nos parece un prometedor signo de ese modelo de producción que, tarde o temprano, acabará sustituyendo al vigente. No obstante, hasta entonces, surgen muchos retos cuya solución no es fácil aplicar en estos momentos.

¿Habrá llegado el momento de declarar ilegal la “obsolescencia programada”? ¿la reducción del consumo no implicará graves desequilibrios económicos como la generación del desempleo? ¿prosperará el modelo del “decrecimiento sostenible”?

No me atrevo a declarar que el futuro discurrirá por estos senderos de la colaboración y compartición de bienes y servicios, de carácter voluntario, pero algunos de los principios en que se sustenta me parecen muy sugerentes y esperanzadores. En una sociedad como la nuestra, en la que domina un individualismo materialista y solipsista, todo lo que sea compartir, colaborar, poner a disposición pública, …, me suena muy bien, es aire fresco.