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“Geoingeniería” y/o ciencia ficción (“Climate intervention”)

Escrito por Javier Sanz
25 de febrero de 2015 a las 9:25h

La prestigiosa Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (“National Academy of Sciences”: NAS) –creada por el Presidente Abraham LINCOLN en 1863- acaba de publicar dos interesantes informes elaborados por el “Committee on Geoengineering” de la NAS, bajo el título común de “Climate intervention”, uno subtitulado: “Reflecting Sunlight to Cool Earthy el otro: “Carbon Dioxide Removal and Reliable Sequestration”.

Ambos trabajos abordan la interesante -aunque controvertida- cuestión de la “geoingeniería” o “ingenería climática”, es decir, la formulación de técnicas desarrolladas para influir en el clima terrestre para, de esta manera, combatir el cambio climático. Se trata, en definitiva, de una manipulación intencional y deliberada del hombre en el clima planetario a gran escala que, según sus promotores, podría contrarrestar los negativos efectos del calentamiento global.

Los dos referidos informes abordan respectivamente los dos grupos de técnicas más relevantes de la “geoingeniería”. El primero, relativo a la “gestión de la radiación solar”, mediante la introducción de aerosoles en la estratosfera, la generación de nubes artificiales o incluso la instalación de reflectores gigantes,  trata de reducir la radiación solar que alcanza la superficie terrestre o, lo que es lo mismo, aumentar el “albedo” (o incremento de la capacidad de la reflexión global de la Tierra o de las nubes). El segundo informe analiza los sistemas de “reducción del dióxido de carbono” que puede conseguirse con la captura y secuestro directo de los gases de efecto invernadero en cavidades subterráneas, o a través de la “fertilización” de los océanos con nutrientes que aumenten su capacidad de absorber CO2 de la atmósfera, entre muchas otros procedimientos.

Durante mucho tiempo, en la opinión pública se han tratado de estas técnicas como de proyectos fantásticos o propios de la ciencia-ficción. Sin embargo, lo cierto es que, como mayor o menor éxito, algunas técnicas vinculadas con la  “geoingeniería” se han venido utilizado con diversos fines. Por ejemplo, con fines militares por el ejército norteamericano en la Guerra del Vietnam –entre los años 1967 a 1972- para prolongar artificialmente la temporada de los monzones (Operación “Popeye” o “Watergate de Guerra climática”) y también, en España, en el Levante, para producir lluvia o alejar las tormentas de granizo. La peligrosidad de estas técnicas (entre otras) llevó a la aprobación por la Asamblea General de Naciones Unidas del Convenio sobre prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares u otros fines hostiles,  de 1976, firmado el 18 de mayo en Ginebra, Por otra parte, la fase atmosférica del ciclo hidrológico en España –que puede ser afectada por la proyección de aerosoles en la atmósfera- solo puede modificado artificialmente con autorización de la Administración del Estado (cfr. Artículo 3º del Texto Refundido de la Ley de Aguas de 2001).

No obstante, debe señalarse que no todo esto es descabellado y que una de las técnicas reductivas, el “almacenamiento geológico del dióxido de carbono” no solo está reconocido como muy valioso para luchar contra el cambio climático sino que, además, está regulado en la Unión Europea mediante la Directiva 2009/31/CE, de 23 de abril. Además, ésta ha sido ya transpuesta a muchos de los  países miembros. En España lo ha sido a través de la Ley 40/2010, de 29 de diciembre, aunque según el ultimo trabajo de mi buen amigo el Profesor ALENZA GARCÍA, se nos advierte que su aplicación efectiva está todavía lejos de hacerse realidad.

En los últimos años, en el marco de la lucha contra el cambio climático, el estudio de la utilización de las técnicas de “geoingeniería” se está potenciando muy considerablemente y de hecho se habla de un “Plan B” para su aplicación por si la reducción de los gases de efecto invernadero no es suficiente para evitar una gran subida de la temperatura media del Planeta (y ello lleva consigo graves consecuencias). Instituciones tan importantes como la “National Aeronautics and Space Administration (NASA) o el “Geoengineering Programme” de la Universidad de Oxford están trabajando seriamente en estos temas. Incluso el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) está barajando desde 2011 la possible utilización de las técnicas de “geoingeniería”, aunque en su 5º Informe (AR5, 2013) no las ha respaldado totalmente. Y el año pasado despertó gran interés la “Climate Engineering Conference” celebrada en Berlín, los días 18 a 21 de agosto de 2014.

Como se pueden imaginar los lectores, la “geoingeniería” ha despertado muchas suspicacias en la opinion pública y de modo particular en el ecologismo. A nadie se le escapa que los riesgos de las muchas de las técnicas referidas es muy grande. Una intervención planetaria a gran escala, alterando la cantidad de energía solar que entre en el Planeta, puede cambiar la dinámica de los océanos, del ciclo hidrológico, la composición de los estratos geológicos y el uso de la Tierra en vastas regiones, sin olvidar los grandes impactos sociales y ambientales que actuaciones humanas de gran envergadura pueden generar. En la actualidad, el “Grupo de Acción sobre Erosion, Tecnología y Concentración” (ETC) y “Biofuelwatch” se encargan de mantener la web “geoingeneeringMonitor.org” con una información abundante y muy crítica, en contra de la “geoingeniería”.

Los informes de la NAS, a los que nos hemos referido al comienzo, coinciden en señalar que todavía no está madura la tecnología para su aplicación (salvo casos como los del almacenamiento geológico) pero que es importante y conveniente seguir investigando en este campo, ya que en el futuro podrían ser instrumentos de gran utilidad.

Por mi parte, soy de la opinión de que, si llega el momento (de una emergencia climática, por ejemplo) habrá que utilizar la “geoingeniería” con mucha, mucha cautela. En este sentido, me parecen muy oportunos los llamados “Principios de Oxford” –que tienen como precedente las conclusiones de la Conferencia Asilomar sobre tecnologías de intervención climática que tuvo lugar muy cerca de San Francisco, en la costera ciudad de Monterrey (California) en 2010- que deben guiar la gobernanza de la geoingeniería: que “debe ser regulada como un bien publico”; que “debe de haber participación pública en la correspondiente  toma de decisiones”; que “ha de divulgarse su investigación y facilitar el acceso libre a las publicaciones” en este tema; que “el asesoramiento de los potenciales impactos deben ser independiente”; y que debe regularse –a escala internacional, añado yo- antes de su aplicación.

Ante los impresionantes avances de la técnica, es muy tentador jugar a ser “como dioses” y dejarse llevar por la megalomania, pero intuyo (es solo una intuición) que la efectiva política climática de futuro estará actuaciones menos espectaculares, a pequeña escala y más pegadas al terreno. Una vez más, para mí, “Small is beautifull”.

¿En la era del “post-ecologismo”? (“The death of environmentalism”) (y II)

Escrito por Javier Sanz
14 de febrero de 2015 a las 9:49h

Que los movimientos ecologistas han evolucionado en todo el mundo es algo evidente. Desde los años sesenta del pasado siglo XX –en que nacen la mayor parte de ellos- hasta nuestros días, las transformaciones experimentadas en los grupos ecologistas son variadas y complejas (internacionalización, especialización, profesionalización, etcétera). No cabe duda de que la incorporación de propuestas de carácter ambiental en los programas de los partidos políticos tradicionales les ha hecho perder cierto protagonismo en la arena política. Por lo que se refiere a España, Manuel ARIAS MALDONADO, Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Málaga (quien, por cierto, realizó una estancia de investigación aquí en Berkeley, en el Institute of International Studies) nos ofreció, hace unos años, una aguda crítica a la tesis del ecologismo radical en su sugerente obra Sueño y mentira del ecologismo. Naturaleza, Sociedad, Democracia (Editorial Siglo XXI, Madrid, 2008). Todo un intento de reconstrucción del ecologismo politico sobre unas bases más sólidas y menos utópicas.

Aquí en los Estados Unidos un interesante replanteamiento del ecologismo es, como ya adelantamos en la primera parte de esta colaboración, el trabajo de Michael SHELLENBERGER y Ted NORDHAUS –los autores del ya citado libro “Break Through. From the Death of Environmentalism to de Politics of Possibility- quienes fundaron en 2003 The Breakthrough Institute, que tiene, ¿cómo no? su sede muy cerca de Berkeley, en la vecina ciudad de Oakland. Partiendo de la famosa frase del gran luchador Martin LUTHER KING, “Hoy he tenido un sueño”,  los autores del referido ensayo intentan una profunda revisión del ecologismo norteamericano con un sentido positivo y optimista (frente a la visión habitualmente pesimista y catastrofista del ecologismo tradicional, para el cual el futuro más que sueño se trata de una pesadilla) que, como se pueden imaginar los lectores que ya me conocen, me ha atraído especialmente. Frente a una visión de resentimientos, límites y victimización, los autores proponen una política ambiental de “gratitud, posibilidad y superación” (“politics of gratitude, possibility and overcoming”). “Pragmatismo” y “grandeza” son los títulos de los dos últimos capítulos del revelador ensayo, donde el futuro está gravemente comprometido pero, a su vez, está “abierto” y puede traernos más “prosperidad”, “cooperación” y “libertad”.

Convencidos de la importancia de su reformulación del ecologismo en Estados Unidos, los autores Michael SHELLENBERGER y Ted NORDHAUS, Presidente y “Chairman” (respectivamente) –fundadores- del The Breakthrough Institute proyectan sobre el mismo tales ideas y planteamientos. Este “think tank” que tiene como “mision” “acelerar la transición hacia un futuro en el que todos los habitantes del mundo puedan disfrutar de una vida segura, libre y próspera en un Planeta ecológicamente vivo”, cuenta con una gran número de colaboradores de prestigio -entre los que se encontraba el famoso sociólogo alemán Ulrich BECK, recientemente fallecido- y con un gran número de publicaciones referenciadadas en su página web. Uno de los temas dominantes de sus trabajos es el de la energía, como una de las claves fundamentales para la sostenibilidad del futuro, sin hacer ascos al uso de la energía nuclear (M. SHELLENBERGER interviene muy activamente en el documental “Pandora’s promise” que comentamos en nuestro blog). Me gustan también los “valores fundamentales” que orientan sus actividades: “integridad”, “imaginación” y “audacia”. Entre sus “creencias”:   “Creemos que la tecnología y la modernización son la base del progreso humano”; “Creemos que el mercado es una fuerza potente de cambio, pero se requiere que la inversión pública a largo plazo para acelerar el progreso tecnológico, el crecimiento económico y la calidad ambiental”. Tampoco les falta una pizca de patriotismo, una gran confianza en “el potencial de América para adaptarse a las nuevas circunstancias”.

Desde otra perspectiva muy diferente, traigo ahora a colación el caso de la organización ecologista “The Nature Conservancy” (TNC) (a la que también me referí en la primera parte de esta colaboración), seguramente la más grande de los Estados Unidos y que se ha extendido internacionalmente. Cuenta con 4.000 empleados que trabajan en 400 oficinas alrededor del mundo en 35 países y con importante implantación en Latinoamérica. Su objetivo es la conservación de la biodiversidad y del medio natural. Gracias al apoyo de su más de un millón de miembros ha contribuido a la protección de 50 millones de hectáreas de tierras de muchos países utilizando avanzadas estrategias de conservación, en particular, colaborando estrechamente con las comunidades locales que habitan en los lugares protegidos por TNC. Su “misión”: “conservar las tierras y aguas de las que toda vida depende”. Otra nota característica de TNC es su sólido apoyo en el mundo científico para la elaboración de sus estrategias (cambio climático, conservación del tierras, producción sostenible, etc.) y, en particular, para su marco de actuación: “diseño para la conservación” (una metodología científica que determina dónde trabajar, qué debe conservarse, cómo debe hacer, etc.).

Un dato curioso de TNC es que su actual Presidente y consejero delegado, Mark TERCEK, procede de la conocida entidad financiera Goldman Sachs de la que fue Director General. Todo un ejecutivo convertido en la mayor organización conservacionista estadounidense. ¿Qué les parece? Pocos años después de acceder a la dirección de la organización escribió –en coautoría con el biólogo conservacionista Jonathan S. ADAMS- un best-seller titulado Nature`s Fortune: How Bussiness and Society Thrive by Investing in Nature (publicado por la editorial Basic Books, New York, 2013); el ensayo se fundamenta en la idea del valor económico de los “servicios de los ecosistemas” que está muy reconocida en el campo de la protección de la biodiversidad y que permite desarrollar planes de conservación y gestión, así como valorar, en su caso, el alcance de la valoración económica para su restauración y para las acciones de responsabilidad por daños ambientales. Un capítulo del libro que me ha interesado especialmente es el relativo a “The New Fishing” en que sobre la base de los trabajos de Elinor OSTROM (Premio Nobel de Economía en 2009), analiza algunos modelos de gestión pesquera sostenible en las costas de los Estados Unidos.

En fin, son los expuestos dos botones de muestra de novedosas iniciativas del mundo ambientalista norteamericano que no sé bien si nos puede permitir hablar que de estamos en la “etapa del post-ecologismo” pero, al menos, lo que es indiscutible es que aquí, en los Estados Unidos, nacieron las primeras experiencias del ecologismo y que luego se difundieron por todo el mundo. En todo caso, siempre podremos aprender, salvaguardando las características de cada lugar, algo nuevo. Para eso estamos aquí y la verdad que estamos disfrutando.

¿En la era del “post-ecologismo”? (“The death of environmentalism”) (I)

Escrito por Javier Sanz
10 de febrero de 2015 a las 1:34h

It´s a small world” es la locución inglesa para expresar que “el mundo es un pañuelo”. Os aseguro que el dicho se cumple una vez más como he tenido la oportunidad de comprobar en una de mis excursiones en bicicleta desde el S. F. Ferry Building –en el centro de San Francisco- hasta Sousalito, un delicioso pueblito turístico que está al otro lado del famoso Golden Gate Bridge. De vuelta a casa, al tomar el “ferry” que te lleva a uno de los embarcaderos (“pier”) de San Francisco, me encontré el otro día con una española afincada en Estados Unidos que estaba de vacaciones con su familia. Resulta que estudió su carrera en Bilbao, en la Universidad de Deusto, donde yo estudié parte de mi estudios de Derecho. Pero lo más curioso es que, al presentarnos, ella me contó que trabaja, desde hace varios años, en el staff de una de las más importantes asociaciones ecologistas de los Estados Unidos, The Nature Conservancy (conocida por las siglas TNC). Esta entidad fue fundada en 1951 por el conservacionsta norteamericano Richard POUGH, tiene por objetivo fundamental la conservación de la biodiversidad y del medio natural, y cuenta con más de 1,000.000 de miembros.

Esta anécdota me da pie para comentar algunas cuestiones relacionadas con los movimientos ecologistas en los Estados Unidos, donde hay más concienciación ambiental ciudadana de la que nos imaginamos. De hecho, el pasado sábado en la vecina ciudad de Oakland tuvo lugar una manifiestación de miles de personas –“The march for Real Climate Leadership”- en contra del “fracking” en el Estado de California. Bien es sabido que la primera organización ecologista de la historia –Sierra Club- nació aquí, en San Francisco, fundada por el conservacionista y preservacionista de origen escocés John MUIR el 28 de mayo de 1892. Esta pionera organización –orientada bajo el lema “Explora, disfruta y protege el Planeta”  (“explore, enjoy and protect the Planet”)- goza de muy buena salud y sigue teniendo una gran influencia en la opinión pública estadounidense. Pocos años después nacería en la este, en Massachusetts el año 1896, la “Audubon Society” de gran importancia en la protección de la aves.

No obstante, el movimiento ecologista está asociado aquí con notables precursores intelectuales, a filósofos como Ralph Waldo EMERSON (1803-1882) y Henri David THOREAU (1817-1862) autor éste de la inolvidable obra arcádica  “Walden”; a diplomáticos como George Perkins MARSH (1801-1882); a silvicultores como Aldo LEOPOLD (1887-1948); a biólogos como Rachel CARSON (1907-1964) –autora de la impactante obra “Primavera Silenciosa” (Silent Spring, 1962) sobre los efectos del DDT sobre la naturaleza-, Barry COMMONER (1917-2012), Paul R. ERLICH (1932-); a ambientalistas como David BROWER (1912-2000) nacido en Berkeley, fundador de la organización internacional “Friends of the Earth”, en 1969 en Santa Bárbara (California); incluso a politicos como el vigésimo sexto Presidente de los Estados Unidos, Theodore ROOSELVET (1858-1919) bajo cuyo mandato se aprobaron importantes medidas en la protección de los espacios naturales; etcétera.

Mucho más recientes, destacan los nombres de Lester R. BROWN (1934-), fundador del Worldwatch Institute en 1974 (con el apoyo de la Fundación Rockefeller); Amory LOVINS (1947-) con particular influencia en el campo de las energías renovables; Albert Arnold AL GORE (1948-) que, me parece, no necesita de presentación; Bill McKIBBEN (1960-), periodista especializado en cambio climático y creador de la campaña anti-carbón “350.org”. Éste ultimo autor publicó  en 2008 el libro- prologado por AL GORE- sobre los más importantes autores de obras relacionadas con el medio ambiente, con el título “American Earth: Enviromental Writing Since Thoreau” (editado por Library of America).

Un caso aparte es el “Green Party” de los Estados Unidos, un partido politico con más de 300.000 afiliados, fundado en 1991, que venido participando activamente en la política norteamericana desde la década de los años ochenta del siglo XX. Si bien sus resultados electorales no han sido exitosos a lo largo de su historia (dado el arraigado bipartidismo de la política norteamericana), el “Green Party” ha tenido cierta relevancia con la presentación en 1996 y 2000 del conocido activista de los derechos sociales y polifacético Ralph NADER (1934-) como candidato a la Presidencia.

A través del interesante blog de David RUYET (“energy puzzle”) tuve conocimiento del texto publicado en octubre de 2004, por por dos ecologistas norteamericanos, Michael SHELLENBERGER y Ted NORDHAUS, bajo el provocativo título: “The Death of Environmentalism” (traducido al castellano como “La muerte del ambientalismo. Políticas sobre calentamiento global en un mundo post-ambientalista) que contiene una aguda crítica al ecologismo histórico de los Estados Unidos –frecuentemente catastrofista- y que aboga por unos nuevos planteamientos más optimistas. Este “paper” se integró posteriormente en el libro publicado en 2007 por los mismos autores con el titulo “Break Through. From the Death of Environmentalism to de Politics of Possibility”, (editorial Houghton Mifflin Company).

¿Realmente, estamos ante un nueva etapa –que podemos denominar “post-ecologismo- del movimiento ambientalista aquí en los Estados Unidos? ¿Está  agotado el modelo tradicional de los “partidos verdes” y de los grupos ecologistas? Son cuestiones que no me atrevo a responder plenamente pero, al menos, en la segunda parte de esta entrada de mi blog, expondremos algunas nuevas tendencias que se observan aquí. Aunque, advierto, quizá no son de todo trasladables a nuestra “vieja Europa”.

De Davos, camino hacia Paris (“World Economic Forum, 2015”)

Escrito por Javier Sanz
28 de enero de 2015 a las 8:40h

Reconozco que es la primera vez que he seguido con cierto interés el “World Economic Forum Annual Meeting” (conocido por “Foro de Davos”) bajo el lema “The New Global Context”, celebrada en la turística ciudad suiza de Davos-Klosters los pasados días 21 a 24 de enero. Sabía que este “Foro” tiene una gran capacidad de convocatoria y que reúne cada año a célebres personalidades públicas, gobernantes, periodistas, profesores universitarios y, especialmente, los líderes de las más importantes empresas del mundo (cien de éstas son su soporte económico prinicipal). También es sabido que el “Foro” ha sido objeto –junto con otras institutuciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el G-8- de las críticas por parte de los activistas anti-globalización, en ocasiones, con violentas protestas a sus puertas.

Lo que no sabía -ahora me entero- que el “Foro” –una Fundación sin ánimo de lucro, con sede en Ginebra, fundada en 1971 por el Profesor de economía suizo Klaus SCHWAB- tiene por objetivo fundacional “mejorar la situación del mundo” desde el punto de vista económico y social. Y que contempla entre sus asuntos prioritarios la “sostenibilidad ambiental” y la “salud” (ambos, al menos, desde 1991), junto al “crecimiento económico”, los “sistemas financieros” y el “desarrollo social”. Además, publica una serie de Informes entre los que se encuentran los  “Global Risk Reports” (evaluación de los riesgos globales fundamentales), elaborado por la “Red Global de Riesgos” un informe anual que evalúa los riesgos que se consideran globales, que tienen importancia entre industrias, que son inciertos, que pueden causar daños económicos por más de US$ 10.000 millones, que pueden causar gran sufrimiento humano y que requieren un enfoque multidisciplinario para poder mitigarse. Por cierto, que el Informe de 2015, incluye entre los riesgos globales de naturaleza ambiental: los eventos meteorológicos  extremos (inundaciones, tormentas, etc.), la falta de adaptación al cambio climático, la pérdida de biodiversidad (tanto en tierra como en los océanos), las catástrofes naturales mayores (terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, etc.) y contaminaciones ambientes de procedencia antrópica (vertidos, radioactividad, etc.).

Por otra parte, el Foro ha promovido varias iniciativas de carácter ambiental, como la solicitada por el gobierno del Reino Unido, en 2005, durante la Cumbre del G-8 en Gleneagles, relativa a los problemas relacionados con el cambio climático y el agua, que posteriormente se concretaron en 2008 en una serie de recomendaciones –para facilitar el diálogo con la comunidad empresarial para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero- presentadas a los líderes del G-8 en la Cumbre de Toyako/Hokkaido. Asimismo, cabe destacar la iniciativa del Agua para promover el desarrollo de empresas para la gestión del agua en países en desarrollo. Tampoco falta entre sus proyectos un apartado relativo a la “economía circular” que incluye un reciente informe de 2014 (“Towards The Circular Economy”), elaborado en colaboración con la Ellen MacArthur Foundation.

En esta ocasión la referencia al “cambio climático” –que ha sido uno de los más importantes “trending topics” del “Foro”, aunque no el más citado- no podia faltar ya que bien se ha encargado de promocionarlo el ex-vicepresidente de los Estados Unidos, Al GORE, como uno de los “hombres de Davos” que es (miembro del Consejo de la Fundación del Foro Económico Mundial). Su intervención el primer día del Foro (el 21 de enero), en la sesión titulada “What’s Next? A Climate for Action”, es una muy visual y espectacular presentación incidiendo sobre los efectos catastróficos que ya se están sucediendo como consecuencia del cambio climático, que tanto nos recuerda a su memorable documental “An Inconvenient Truth” (Una verdad incómoda). Y, al final de su charla anuncia la celebración de otra edición de otro planetario concierto musical “Live Earth, como el celebrado en 2007 (en el que también intervino el ex-vicePresidente), esta vez el 18 de junio próximo bajo el lema “Road to Paris” (Camino de París), con la idea de enviar un claro mensaje a los líderes mundiales de que “deben actuar ya a favor del clima”. Un mensaje, por lo tanto, para los participantes en la “Cumbre del Cambio Climático” que tendrá lugar en la capital gala el próximo mes de diciembre.

Escuché con interés la entrevista de Al GORE a Mario MOLINA, el Premio Nobel de Química en 1995 (quien alertó sobre la reducción de la capa de ozono por gases clorofluorocarbonos), poniendo de manifiesto la necesidad de una buena   comunicación científica, aunque más bien parece que Al GORE se hace la entrevista a sí mismo.

Muchas otras cosas –de gran interés ambiental- se pueden escuchar en las intervenciones del “Foro”: la llamada a la acción de Ban KI-MOON para luchar contra la pobreza, potenciar la paz y los derechos humanos y proteger el medio ambiente; sobre la importancia del año 2015 para las negociaciones del clima por parte de Felipe CALDERÓN, Jefe de la Global Commission on Economy and Climate (“Better Growth, Better Climate”, “Closing the climate deal”); el seminario organizado por el MIT sobre los retos del agua y la alimentación; la intervención moderadamente optimista de Johen ROCKSTRÖM, Profesor de Sostenbilidad Global del Stockholm Resilience Institut, ante los famosos nueve “planetary boundaries” (límites de nuestro planeta sobre la sostenibilidad ambiental); y un largo etcétera.

Un buen resumen de las conclusiones ambientales del “Foro” nos lo ofrece en su blog, la influyente costaricense Christiana FIGUERES, Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático. Con estos intesantes titulares: sobre la indiscutible madurez de las energías renovables, de que ha llegado el momento de la verdad para los combustible fósiles (sobre la necesidad de acabar con los subsidios), acerca del imprescindible liderazgo de las empresas en la lucha contra el cambio climático (de lo que es muy Buena muestra el potente grupo de empresas –“The B Team”- hacia las emisiones cero en 2050) y de la inescindible relación entre el cambio climático y el desarrollo sostenible.

Con todo lo anterior, no piense el lector, ni mucho menos, que la sostenibilidad ambiental ha tenido un gran protagonismo en el 44 “Foro de Davos”. Muchos temas han estado por delante –en particular los económicos y financieros- pero, al menos, se ha aprovechado la oportunidad para marcar el rumbo hacia la Cumbre de Paris sobre el cambio climático y esto ya es, a mi juicio, un gran logro.

Una controversia nacional (“Keystone XL Pipeline”).

Escrito por Javier Sanz
20 de enero de 2015 a las 8:43h

Aprovecho para escribir  en el día de hoy (en realidad el 19 de enero) en que se celebra en los Estados Unidos el “Martin Luther King, Jr. Day” -instituido en 1983, en tiempos del Presidente REAGAN- y que aquí, en Berkeley, es un día festivo –no lectivo- al menos a los efectos universitarios. Por cierto, que ese gran hombre que fue Martin LUTHER KING, asesinado en marzo de 1968, se puede considerar como uno de los más importantes predecesores del movimiento de “justicia ambiental que vincula la protección del medio ambiente con la lucha contra la pobreza.

Desde que llegué a los Estados Unidos he procurado seguir todo lo que se cuece en este país en relación con la política ambiental y, desde luego, hay varios frentes abiertos y agudas controversias (“fracking”, lucha contra el cambio climático, etc.). Sin embargo, me ha venido llamando poderosamente la atención el asunto relativo al proyecto “Keystone XL Pipeline, que durante mas de seis años se ha convertido en la bandera de los grupos ecologistas aquí, que han logrado reunir  protestas multitudinarias frente a la misma “Casa Blanca”.

El proyecto Keystone no es otra cosa que la construcción de un gigantesco oleoducto –de más de 2.000 kms- que vincularía la región canadiense de Alberta, donde se encuentra una de las reservas más importantes del mundo de arenas bituminosas, con uno de los principales centros de distribución petrolera estadounidense (Cushing, en el Estado de Oklahoma) y de allí para conectar con varias refinerías del Golfo de México. El oleoducto sería capaz de transportar a los Estados Unidos más de 830.000 barriles de crudo diarios, es decir, más de los que importa de Venezuela y un poco menos de los que importa de México).

En realidad se trata de un asunto que viene de lejos y que se inició en 2008 con la petición de la empresa canadiense TransCanadá –explotadora de las citas arenas bituminosas- al Gobierno de los Estados Unidos el permiso para su construcción. La competencia corresponde al Gobierno Federal, en concreto al Departamento de Estado, por tratarse de una infraestructura de alcance internacional y que afectaría a varios Estados norteamericanos (Montana, Dakota del Sur, Nebraska, Kansas, Oklahoma y Texas). Desde entonces, el Departamento de Estado ha dado largas al asunto pese a que varios informes técnicos del mismo Departamento avalaban la viabilidad del proyecto (uno de marzo de 2013 y otro más reciente de enero de 2015). El Presidente OBAMA se ha implicado directamente en el asunto y aunque nunca ha rechazado de plano el proyecto, ha comentado que es necesario recabar más informes del Gobierno Federal y de sus Agencias y que, solo en el caso de que se conforme que no resulta negativo para el medio ambiente se autorizaría.

En esta controversia que ha despertado un interesante debate en la opinión pública, los partidarios del proyecto alegan la importancia del Keystone XL Pipeline ya que supondría profundizar en la independencia energética de los Estados Unidos, no teniendo que depender de Fuentes extranjeras no muy confiables; la creación de más de 42.000 puestos de trabajo y la inversión inducida de 3.500 millones de dólares son otras razones económicas que vendrían a avalarlo; incluso el menor impacto ambiental de esta modalidad de transporte del crudo frente a otros sistemas (ferroviario, naval, etc.). De otra parte, los argumentos contrarios, esgrimidos por los opositores al proyecto, son fundamentalmente de naturaleza ambiental: mayor intensidad de gases de efecto invernadero del crudo procedente de Canadá, afectación a la capa freática de los lugares por donde pasa el oleoducto, …, y un largo etcétera de motivos que se basan en la necesidad de reorientar la política energética del futuro si no se quiere empeorar los efectos del cambio climático (con el ecologista Bill McKIBBEN –promotor del importante movimiento 350.org- a la cabeza).

Desde el punto de vista político, la construcción del famoso oleoducto se ha convertido en una prioridad para el Partido republicano que, tras las elecciones legislativas de noviembre pasado, controla la mayoría de la Cámara de Representantes y del Senado. De hecho, hace pocos días que el Congreso ha aprobado por amplia mayoría (266 votos a favor –incluidos 28 demócratas- y 153 en contra) la puesta en marcha del proyecto. Y ahora el proceso legislativo seguirá en el Senado, cuyo líder republicano (Mitch McCONNELL) ha afirmado que la construcción de Keystone constituye una de sus prioridades para 2015. Si el proyecto se aprueba en la Cámara de Representantes, todo parece indicar que el Presidente OBAMA estaría dispuesto, gracias a sus prerrogativas presidenciales, a vetar el proyecto y esperar a que se presenten las conclusiones definitivas que se han solicitado por el Departamento de Estado –de John KERRY- sobre el proceso de revisión de su impacto ambiental. Y, por supuesto que para el Gobierno de Canadá la aprobación del proyecto es una prioridad y así lo ha puesto de manifiesto en repetidas ocasiones su Primer Ministro, Stephen HARPER.

En fin, que como se puede comprobar el asunto del Keystone sigue una polémica candente, aunque no sé si clave (“keystone” significa, como es sabido, “clave” en castellano) en la política norteamericana del presente año 2015 –y de cara a las próximas elecciones presidenciales- como por ejemplo la vital cuestión de la inmigración. Lo cierto es que, en el pulso político del Gobierno OBAMA con el Partido Republicano puede estar pesando su nueva política sobre el cambio climático que tuvo como hito significativo el acuerdo con China para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque no me cabe ninguna duda, nos guste o no, de que el consumo energético de los Estados Unidos va a seguir requiriendo de combustibles fósiles, vengan cómo vengan y sea de donde sea (incluida la polémica del “fracking” a la que dedicaremos una futura aportación), pienso que por simples razones económicas el proyecto Keystone no es muy oportuno en el momento presente. La importante caída del precio de crudo de los últimos meses y la recuperación económica que está experimentado actualmente Norteamérica no lo hacen, a mi juicio, muy viable. Y esto, claro está, sin tener en cuenta las razones ambientales.

Las raíces del futuro (“Sustainability. A History”)

Escrito por Javier Sanz
12 de enero de 2015 a las 2:19h

Nadie que sea amante de los libros puede dejar de visitar, si viene a San Francisco, la librería Citylights, situada en la céntrica Columbus Avenue. Fundada en 1953 por el poeta Lawrence FERLINGHETTI, esta librería –asociada a la prestigiosa asociación de libreros, Literary Landmarks- es un centro de culto sobre la literatura de la “Generación Beatnik” y la cultura alternativa que tanto  proliferaron por estas tierras desde finales de los cincuenta del XX.

En esta mi segunda visita a Citylights me he centrado al género de la literatura encuadrada bajo la denominación “Green Politics”, que abarca cualquier tipo de obra referida a las cuestiones ambientales aunque, más bien, orientada hacia el ensayo y no tanto hacia su exposición científica y técnica. Como ya es sabido esta literatura es particularmente pródiga en Norteamérica. Ya tendremos, espero, la oportunidad de exponer, más adelante, algunas de las obras más destacadas, pero, en esta ocasión, mi atención se centra en la reciente obra del joven historiador de la Universidad canadiense de Alberta, Jeremy L. CARADONNA,  quien, bajo el ambicioso título “Sustainability. A History” (publicado, a final del 2014, por Oxford University Press).

Antes de ofrecer un breve comentario sobre su contenido e ideas principales, conviene advertir al lector que, desde hace varias décadas, se ha desarrollado el género de la historia del medio ambiente (“Environmental History”) que atesora ya, en todo el mundo, un buen número de especialistas y de obras de referencia y  trabajos científicos. En este sentido te recomiendo visitar, si la desconoces, la web Environmental History Timeline, promovida por el Profesor norteamericano Bill KOVARIK, en la que se puede encontrar una muy relevante fuente de información –sobre obras y personajes- desde los orígenes del ambientalismo hasta nuestros días.

Volviendo a la obra del Profesor CARADONNA, aun no tratándose propiamente de una obra de la “environmental history”, es inevitable que incida en ésta al tratar de buscar los orígenes de un término como el de la “sostenibilidad” -o “sustentabilidad”- que ya está tan arraigado en nuestra sociedad. Se trata de un claro ejemplo de palabra de moda (“buzzword”) pero, en ningún caso, es un término pasajero (“buzzless”). Buceando en el pasado, el Profesor de Alberta, nos señala que antes de 1970 no existe ninguna libro publicado –y titulado- con tales terminos, pero a partir de 1980 hay un verdadero “boom”. Añado yo que en España es imposible encontrar trabajos encontrar libros que contengan alguno de dichos terminos antes de 1990 (previa somera consulta del ISBN español).

La obra se estructura en siete capítulos que abarcan desde el siglo XVII en la Edad Moderna hasta nuestros días, pasando por la revolución industrial, la segunda postguerra, y los finales del XX. Todo ello, sin dejar de ofrecernos unas muy sugerentes ideas sobre el futuro de la sostenibilidad. La dificultad para analizar históricamente el concepto y evolución de la sostenibilidad parte de su no fácil definición y de la amplitud con contenidos –ambientales, econonómicos y sociales- que ha ido acumulando a lo largo de la historia. Jeremy CARADONNA nos sorprende en su estudio al señalar que, propiamente, el origen del término está en una obra alemana del siglo XVIII, de Hans Carl VON CARLOWITZ´S, dedicada a la gestión forestal (“Nachhaltigkeit”), ante los tempranos problemas existentes de deforestación. Antes del siglo XIX, se citan como fuentes de la idea de sostenibilidad, en la época de la Ilustración, algunos autores de la “revolución científica” por el interés creciente en el estudio de la Naturaleza (NEWTON, BUFFON, LINNAEUS, etc.). Y, como la sostenibilidad tiene una vital implicación con la economía es inevitable citar a los economistas como SMITH, TURGOT, etc.

Con la Primera Revolución industrial (que comienza aproximadamente en 1760)  -que traerá un indudable progreso económico en Europa- se da paso a la “edad de la contaminación” (“Age of Pollution”) y con ella a los primeros descontentos con los efectos de la industrialización y los críticos del crecimiento económico indefinido (destaca aquí, sin duda, Thomas MALTHUS). Y, entre los norteamericanos, Henry David THOREAU y John MUIR, son dos figuras señeras, precursoras de movimiento ecologista (confío poder dedicar, más adelante, una atención particular a estos auténticos pioneros). Pero el movimiento ambiental no llegaría, como señala CARANDONNA, hasta mediados del siglo XX –y, con sus promotores, la popularización del concepto de sostenibilidad- con autores tan conocidos (“eco-warriors”) como Paul ERLICH, Rachel CARSON, Garret HARDIN, etc. y los pesimistas estudios sobre los “límites del crecimiento” (Club de Roma). Un movimiento que se concreta en la proliferación de grupos ecologistas, a partir de los años sesenta, y de la muy interesante línea de investigación sobre “ecological economics” y los estudios sobre los costes ambientales del crecimiento (“Eco-Nomics” como cuarto capítulo del libro) con autores como SCHUMACHER, BOULDING, GEORGESCU-ROEGEN, etc.

La sostenibilidad comienza a adquirir “carta de naturaleza” en el mundo internacional desde principios de los años setenta –Conferencia de Estocolmo de 1972- pero su espaldarazo se producirá con motivo de la Conferencia de Río de Janeiro de 1992 sobre “Medio Ambiente y Desarrollo. A partir de aquí, la sostenibilidad se introduce, con mayor o menor trascendencia, en las agendas políticas de todo el mundo. Y, su contenido se va perfilando cada vez más en cuanto a su alcance y contenido, así como sobre las metodologías e instrumentos para su medición y control (por ejemplo, la “huella ecológica” o el “diseño ecológico”), hasta sus más recientes desarrollos en torno a la fundamental interrelación de la sostenibilidad con el sistema energético, la promoción de la “green economy” o la “sostenibilidad social” (la “justicia ambiental” y la inescindible lucha por la erradicación de la pobreza). Al final del siglo XX la sostenibilidad se ha convertido en un paradigma multifacético, con inserción en todos los aspectos de la sociedad y, por supuesto, en el mundo academico y en la investigación.

En fin, me parece que estamos ante un muy buen trabajo, en pocas páginas, sobre la evolución del movimiento ambiental y su implicación con el desarrollo del concepto de la sostenibilidad y sus precursores, de gran utilidad para quienes acceder por primera vez a esta temática. Además, al final, el historiador de Alberta se atreve a perfilar, de cara al futuro, diez retos de la sostenibilidad hacia la que, comparto con él, la humanidad debe encaminarse –fuera de “ecotopias”- si no quiere aspirar a su extinción. Estoy de acuerdo con casi todas ellas: asumir los problemas ambientales de forma cooperativa y con el máximo consenso;  abandonar la obsesión por el crecimiento económico indiscriminado; proteger y restaurar el capital y los servicios que alberga la naturaleza; tener claro que la sostenibilidad no es sólo un objetivo de los países desarrollados (“eco-elitism”) sino que implica a todos los países y a la justicia social;  tener claras las prioridades (como la lucha contra el cambio climático); luchar contra el consumismo y las industrias contaminantes; etc. Entre sus propuestas, me gusta especialmente la idea de la sostenibilidad no debe de convertirse en una arma política o en el campo de la manipulación partidista. Me gusta también cómo se plantea el futuro de la sostenibilidad, con un moderado optimismo aunque los retos sean formidables.

Al final, de lo que se trata y lo que une a todos, a los precursores y a los  promotores de la sostenibilidad, no es más que lograr, como concluye Jeremy CARANDONNA, la idea de vivir en pacífica perpetuidad sobre -y con (añado yo)- la Tierra.

Con los pies en la tierra (“2015: International Year of Soils”)

Escrito por Javier Sanz
1 de enero de 2015 a las 22:48h

El hecho de estar por estas latitudes americanas, a nueve horas de diferencia respecto de mi residencia habitual, me permite saborear de manera especial este final de año y disponerme para el próximo en esta ciudad de Berkeley, casi desierta por la ausencia de los más de 35.000 estudiantes que habitualmente la pueblan durante los periodos lectivos.

Con los pies en la tierra… es preciso desarrollar las políticas ambientales, conociendo lo mejor posible los parámetros y variables ecológicas, teniendo en cuenta las condiciones socioeconómicas, manejando adecuadamente los indicadores ambientales… pero sin renunciar, claro está, a los ideales de aspirar a un mundo mejor, a una mejor armonía entre el hombre y la naturaleza. Sin embargo, en esta ocasión no deseo seguir trascendiendo en mi abstracto  argumento sino llamar la atención de que el nuevo año 2015 ha sido declarado por la Asamblea General de Naciones Unidas, en diciembre de 2013, “Año Internacional de los Suelos”, con estos lemas: “Los suelos, una base sólida para la vida” y “suelos sanos para una vida sana”. Me parece una extraordinaria elección para centrar, este año, la atención en uno de los recursos naturales más olvidados pero no menos importantes: la protección de los suelos, el cuidado del más vital soporte de la vida.

Como pone de manifiesto la información proporcionada para este evento por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), “el suelo hospeda un cuarto de la biodiversidad del Planeta” y “el 95% de nuestros alimentos vienen del suelo”. Pero es que, además de constituir un recurso vital para mantener la seguridad alimentaria, los suelos desempeñan un papel fundamental para nuestros ecosistemas, para el normal desarrollo del ciclo del carbono, almacenando y filtrando el agua, y mejorando la resiliencia frente a inundaciones y sequías.

En el estudio promovido por la Comisión Europea para el año internacional de los suelos, se subrayan las características del suelo como recurso limitado y no renovable. Se requieren miles de años para crear tierras fértiles. Sobre los suelos  inciden las actividades las actividades humanas de mayor impacto ambiental: actividades industriales y mineras, agricultura intensiva, urbanización desaforada, una creciente artificialización del suelo que deja su impronta, muchas veces degradante, en su perspectiva estética del paisaje. En ocasiones los suelos antropizados se convierte en espacios peligrosos para la salud, los suelos contaminados.

En la lucha contra el cambio climático, los suelos forestales cumplen una misión esencial como sumidero de los gases de efecto invernadero e incluso los suelos degradados por la minería pueden constituir relevantes depósitos para la captura y secuestro del perjudicial CO2 procedente de las actividades energéticas e industriales. Sin olvidar las posibilidades bioenergéticas de los suelos como la geotérmica.

Según estimaciones de la FAO un tercio de los suelos se degradan por diversas causas como la erosión, la acidificación, el agotamiento de la materia orgánica y de los nutrientes, y otros muchos procesos causados por prácticas insostenibles en la gestión de los suelos. Y, sin embargo, son muy escasos los acuerdos internacionales para protección de los suelos, como el Convenio de Naciones Unidas de la Lucha contra la Desertización (adoptado en Paris en 1994 y con entrada en vigor en 1996). A nivel de la Unión Europea, han sido muchos los intentos -desde comienzos del presente siglo XXI- de promover medidas por parte de la Comisión Europea, que tienen como hito principal la “Estrategia Temática de Protección del Suelo” de 2006 de la que se derivó una propuesta de Directiva en esta materia, posteriormente retirada por decision del Consejo de Medio de Ambiente de 2010 por no recibir los apoyos necesarios para su tramitación.

El peso de la soberanía de los Estados y la incidencia del régimen de la propiedad privada sobre los suelos complican mucho su adecuada gestión. Pero  bien es verdad que desde hace muchas décadas se han arbitrado instrumentos para la ordenación de los suelos, desde la planificación urbanística hasta la ordenación del territorio, pasando por la evaluación de impacto ambiental y la recuperación de los suelos contaminados, si bien son instrumentos expuestos en ocasiones a la manipulación especulativa y a las prácticas de corrupción.

Felizmente, hay prácticas ejemplares de protección de los suelos como la declaración de los espacios naturales protegidos y, especialmente, de los Parques Nacionales. Como es sabido, los primeros parques nacionales se aprobaron en los Estados Unidos siendo pionero el de Yellowstone, creado en 1872. Pero muy cerca de donde estoy –en el mismo Estado de California- se encuentran los siguientes en la historia, los de Yosemite y de las Secuoyas (ambos declarados en 1890), que espero visitar lo antes posible. Por cierto, que da la casualidad de que, en el caso de Parque Nacional de Yosemite, en 2014 se cumplió el 150 aniversario de su primera protección por parte del famoso Presidente Abraham LINCOLN, y, en 2015, se cumple el 125 aniversario de su declaración como Parque Nacional.

Seguiremos muy atentos a las actividades de la “Alianza Mundial por el suelo” y a los objetivos de Naciones Unidas en este nuevo año 2015 de los suelos, entre ellos los de “conseguir la plena concienciación de la sociedad civil y los responsables de la toma de decisiones sobre la profunda importancia del suelo para la vida humana”; de “educar al público sobre el papel crucial que desempeña el suelo en la seguridad alimentaria, la adaptación y la mitigación del cambio climático, los servicios ecosistémicos esenciales, la mitigación de la pobreza y el desarrollo sostenible”; de “apoyar políticas y acciones eficaces para el manejo sostenible y la protección de los recursos del suelo”; de “promover inversiones en actividades de manejo sostenible de la tierra para desarrollar y mantener suelos saludables para los diferentes usuarios de la tierra y grupos de población”;…

Deseamos comenzar este nuevo año 2015 con una renovada ilusión de que es posible avanzar, con pasos seguros y en terreno firme, en la ruta hacia la sostenibilidad ambiental que tan está íntimamente está unida a nuestra calidad de vida. Happy New Year !!!

Rescatar la “economía circular” (“Towards the Circular Economy”)

Escrito por Javier Sanz
24 de diciembre de 2014 a las 3:12h

Hace unos días, mi amigo Nicolás de SADELEER, Profesor de la Université de Saint-Louis de Bruselas y uno de los mejores expertos en Derecho Ambiental de Europa, me envió un e-mail en el que se adjuntaba un artículo periodístico suyo con una colega belga, pidiéndome que le diera la mayor difusión posible. Esta colaboración –cuyo título puede traducirse como:  “Qué va ser del futuro de las cuestiones ambientales en la Unión Europea?”- tiene por objeto ponernos en alerta sobre la reciente retirada por parte de la nueva Comisión Europea, liderada por Jean-Claude JUNCKER, de un importante paquete de propuestas legislativas propuestas por la saliente Comisión. Entre otras muchas medidas, por lo que respecta a la política ambiental, se han retirado dos propuestas: la relativa a la promoción de la llamada “economía circular” y una referida a la lucha contra la contaminación atmosférica y protección de la salud. Esta decision, adoptada por la Comisión a mediados desde este mes de diciembre de 2014, ha sido inmediatamente contestada por los grupos ecologistas en toda Europa y también de ello se han hecho eco los radicados en nuestro país (Ecologistas en AcciónSEO/BirdLife, WWF).

Dejando para otro momento la propuesta sobre el reforzamiento de la política contra la contaminación atmosférica –que incluía una nueva Directiva de techos de emisión de sustancias contaminantes más exigente que las anteriores-, me voy a centrar en este comentario en torno a la otra propuesta retirada, relativa a la “economía circular”. Si bien, en el documento oficial se indica que dicha propuesta será sustituida por otra más ambiciosa a finales del año 2015.

La “economía circular” tiene que ver con un uso más racional de los recursos naturales, en un horizonte de crecimiento económico y de la población en el que dichos recursos están sufriendo una sobreexplotación y agotamiento muy considerables. La utilización eficiente de los recursos es, por otra parte, una de las claves de la Estrategia Europa 2020 sobre un crecimiento económico que sea inteligente, sostenible –es decir, respetuoso con el medio ambiente- e integrador (con tasas de empleo elevadas para aumentar la cohesión social y territorial).

Cuando a principios del 2011 la Comisión Europea anterior publicó la Comunicación sobre “Una Europa que utilice eficazmente los recursos (o “iniciativa emblemática con arreglo a la Estrategia Europa 2020”), he de confesar que este documento me atrajo especialmente, por sus enormes potencialidades para el ahorro de los recursos, por sus efectos sinérgicos en los procesos industriales de elaboración de productos, por sus buenas perspectivas de cara al empleo, y una largo etcétera. Poco antes del verano (en julio de 2014), la extinta Comisión publicaba otro interesante documento “Hacia una economía circular: un programa de cero residuos para Europa, en el se que ponía de manifiesto la necesaria transición de una economía con un patrón de crecimiento basado en la secuencia “tomar-fabricar-consumir y eliminar” (basada en la hipótesis de la abundancia de recursos), hacia la economía “más circular que exige la introducción de cambios en todas las cadenas de valor, desde el diseño de los productos hasta los nuevos modelos de gestión y de mercado, desde los nuevos modos de conversión de los residuos en un activo hasta las nuevas formas de comportamiento de los consumidores”. Puede parece muy ambicioso pues implica “un cambio sistémico completo, así como innovación no sólo en las tecnologías, sino también en la organización, la sociedad, los métodos de financiación y las políticas”, pero tengo para mí que es la única vía posible e inteligente de cara al futuro, y que no podemos perder el tiempo en dilaciones como la que supone la comentada retirada del programa de medidas comunitario.

La tan repetida “economía circular” no es otra cosa que la suma de muchas innovaciones que se vienen proponiendo desde hace décadas, desde los principios “Cradle to Cradle” (W. McDONOUG & M. BRAUNGART), a la “Ecología Industrial” (Prof. Roland CLIFT), pasando por la “Performance Economy” (Walter STAHEL), la “Biomímesis” (Janine BENYUS) o la “Economía Azul” (Gunter PAULI). En realidad la economía circular –y casi todas estas teorías- están inspiradas en la organización y funcionamiento de los seres vivos y de la naturaleza de los ciclos naturales frente a la economía lineal, impulsada desde la primera revolución industrial, de “producir, usar y tirar”.

La oportunidad y conveniencia de este nuevo paradigma económico ha calado en amplios sectores de la sociedad europea, como pone de relieve la firma del “Manifiesto for a resource-efficient Europe” (Bruselas, 17 de diciembre de 2012) por representantes de la política, de la industria y de la sociedad civil. Incluso se están aprobando leyes directamente inspiradas en esta filosofía como es el caso de la “Circular Economy Law of the People’s Republic of China”de 29 de agosto de  2008.

La “Ellen MacArthur Foundation”, plenamente comprometida –junto con relevantes empresas multinacionales- en la promoción de la economía circular, ha destacado, por ejemplo, en su Informe de enero de 2012, “Hacia la Economía Circular: razones económicas y comerciales para una transición económica acelerada” (Towards the Circular Economy: Economic and business rationale for an accelerated transition) que gran parte del sector de manufactura de la Unión Europea podría ahorrar unos 650.000 millones de euros de aquí al 2025, si rediseñara sus sistemas productivos de acuerdo con la economía circular. Y, como señala el citado documento de la Comisión de 2014, sólo la nueva política de residuos (más bien de no residuos) sobre el reciclado, recuperación, reutilización, etc., podría dar lugar a la creación de más de 400.000 puestos de trabajo en la Unión Europea para el 2030.

Hay muchas razones de peso para apoyar esta nueva estrategia económica y productiva y, por tal motivo, es proporcionada la alarma que ha suscitado la retirada de la repetida propuesta legislativa comunitaria. El Profesor DE SALEDEER propone en su artículo periodístico algunas atinadas medidas jurídicas que podrían adoptarse en el seno de las Instituciones Europeas para rescatar la tan valiosa medida. A la vez que deseo dar publicidad a su autorizada opinión, aquí sólo deseo subrayar con toda mis fuerzas que debe volverse con decisión, cuanto antes, a la senda de la “economía circular”, de cuyos principios, intuyo, está gran parte del futuro de la sostenibilidad ambiental de nuestro Planeta.

La “llamada de Lima a la acción climática” (más de “soft law”)

Escrito por Javier Sanz
17 de diciembre de 2014 a las 22:11h

El pasado domingo concluyó en Lima la 20ª Conferencia de las Partes (conocida por las siglas COP20), es decir, de los países firmantes de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CNUCC). Durante doce días más de 11.000 personas participaron en los múltiples seminarios y reuniones oficiales, muy dignamente organizadas por las autoridades ambientales del Perú. En esta nueva Cumbre del Clima que tantas expectativas despertó algunos (más bien pocos) esperaban que se pondrían los cimientos de la próxima COP21 que se celebrará en diciembre del 2015 en Paris y que deberá lograr un verdadero acuerdo climático global –con efectos a partir de 2020- para sustituir al ya mortecino Protocolo de Kioto.

Como viene ocurriendo en estas Cumbres del Clima, al final, “in extremis” –como  probando una vez más la resistencia de los delegados de los 195 países presentes-, en la madrugada del domingo, se logró consensuar por los neociadores el texto resultante que se conoce como “la llamada de Lima a la acción climática”.

¿Éxito o fracaso? Pasados varios días del importante evento internacional podemos encontrar opiniones de todos los gustos. Como puede suponer las organizaciones y grupos ecologistas son los más críticos con el resultado alcanzado: “las negociaciones climáticas fracasaron a la hora de dar resultados”, “el acuerdo carece de valentía, de justicia y solidaridad”, “queda todo por hacer en la Cumbre de Paris”, “una acuerdo de mínimos que deja muchos escollos para la futura negociación”…

Tengo para mi, después de haber seguido con atención las últimas Cumbres del Clima, que el procedimiento utilizado en estas reuniones internacionales para consensuar los acuerdos no está dando los resultados que serían deseables. Así lo han destacado un número creciente de analistas. Poner de acuerdo a tantos países con intereses, a veces contrapuestos, resulta hoy una quimera y, a pesar de todo, mi opinión es que el texto aprobado por consenso, la “llamada de Lima a la acción climática” no es en absoluto despreciable.

Por encima de haberse superado el objetivo de la cifra de los 10.000 millones de dólares en las contribuciones de los países –desarrollados y en desarrollo- al Fondo Verde para el Clima –que es principal mecanismo de financiación para la adaptación ante las consecuencias del cambio climático-, en mi opinión lo más importante del acuerdo es que, de cara a la COP de Paris, los países partes del CNUCC han de comunicar –y hacer públicas- sus “concretas contribuciones en la lucha contra el cambio climático a nivel nacional”, incluyendo sus respectivos planes de adaptación al cambio climático (véanse los puntos 12, 13 y 14 del acuerdo). Que no se concretan los criterios cuantitativos de mitigación (las reducciones de las emisiones de los gases de efecto invernadero, por ejemplo), ni se establece ningún compromiso vinculante, ni se especifican las reglas para el reparto justo de las cargas conforme al principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, se me dirá y esto es la plena verdad. ¿Acaso no estamos ante lo que los juristas denominan, “soft law”, un derecho blando, flexible o pre-derecho, que es un fenómeno creciente en el marco del derecho internacional? Y, pese a todo, se trata de instrumentos jurídicos sin pleno carácter obligatorio pero que no dejan de tener relevancia jurídica.

Ante los datos científicos –los aportados por el Panel Internacional del Cambio Climático (IPCC)- cada vez más incontestables sobre los efectos del cambio climático y su inducción por las actividades antrópicas, así como los inmensos riesgos de superar los dos grados centígrados (o más) antes del próximo siglo, las decisiones políticas sobre la necesidad de actuar contra el cambio climático no pueden postergarse más. Quizá va a ser complicado lograr en la COP de Paris un auténtico tratado internacional que obligue a las partes a tomar las medidas oportunas y cuantificadas para encaminarse hacia una descarbonización de la economía mundial. Para mi lo más importante es que, a través de estas Cumbres del Clima, se está creando un consenso en la sociedad y en la opinión pública mundial sobre la urgencia de aplicar, desde la base, políticas climáticas. En esta dirección se desarrolló, por cierto, en Lima, en el marco de la COP20, un Seminario que el International Institute of Climate Action & Theory –perteneciente a la Universidad de California- organizó a alto nivel bajo el título: What Now For Climate Justice?

Son muy sintómáticas en estos momentos, las recientes decisiones unilaterales de China y de los Estados Unidos –que comentamos anteriormente- de reducir sus emisiones de cara al 2020 (no hay que olvidar que entre los dos países suman el 43% del total mundial). Y, por su parte, la Unión Europea se ha comprometido a reducir sus emisiones en un 40% de cara al decenio 2020-2030. Todos los países son conscientes de que los efectos del cambio climático son de alcance global, planetarios y de que sus respectos ciudadanos están reclamando medidas eficaces.

Debe imperar, desde luego, la justicia climática y la solidaridad con los países en desarrollo que están menos preparados para soportar las consecuencias del cambio climático, pero, al final, se trata de salvaguardar nuestro futuro común. El mismo Papa Francisco, en su mensaje enviado al Presidente de la COP20, ha destacado en relación con el cambio climático que, por encima de “intereses y comportamientos particualares”, se trata de “una grave responsabilidad ética y moral”, que “el tiempo para encontrar soluciones globales se está agotando. Solamente podremos hallar soluciones adecuadas si actuamos juntos y concordes. Existe, por tanto, un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar”.

Acabar con la pobreza de forma sostenible (“Building Social Business”).

Escrito por Javier Sanz
5 de diciembre de 2014 a las 8:49h

Aprovechando el “thanksgiving” -una de las populares fiestas en los Estados Unidos- y escapando del consumista “black Friday”, viajé la semana pasada con unos amigos a la ciudad de México (también conocida como México DF). Mi estancia en esta megaciudad, perteneciente al “top ten” de las ciudades más pobladas del mundo, me permitió asistir, si bien parcialmente, al Congreso “Global Social Business Summit 2014” –bajo el lema “la conformación de empresas sociales para dar forma al mundo en 2020”- que se celebraba allí (en la Expo Bancomer Convention Centre), y tuve el inmenso privilegio de saludar personalmente a Muhammad YUNUS, Premio Nobel de la Paz en 2006, banquero y economista de Bangladés, mundialmente conocido por su exitosa iniciativa de concesión de microcréditos a gente pobre y por ser el fundador del Grameen Bank que proporciona tales créditos. Yo ya había leído uno de sus primeros libros publicados en España, El banquero de los pobres: los microcréditos y la batalla contra la pobreza en el mundo (publicado por ediciones Paidós), me cautivó entonces el personaje y la verdad es que me hacía una gran ilusion poder encontrarme con él. Quizá uno de los seres humanos más galardonados de la historia de la humanidad.

La actividad desarrollada por este gran hombre –que recibió, entre tantos otros, el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia en 1998- ha permitido financiar con su banca social a millones de personas pobres de Bangladés (la mayor parte mujeres) y de otros muchos países, y a divulgar a lo largo del mundo la filosofía de tan impresionante  tarea emprendedora. El Banco Grameen (en bangalí significa “de la aldea”) –fundado por YUNUS en 1976- además de los microcréditos, acepta depósitos y dirige otras compañías textiles, energéticas o telefónicas.

A partir de su concesión del Premio Nobel, M. YUNUS puso en marcha el “Yunus Centre” para la promoción y difusión del “social business”. Se trata de una nueva dimension para el capitalismo, un modelo de negocio que no se esfuerza en maximizar los beneficios, sino servir a las necesidades más apremiantes de la humanidad. Un original enfoque que tiene por objetivo erradicar la pobreza extrema combinándola con una sostenibilidad económica que ha permitido desarrollar un número ingente de actividades económicas entre las personas pobres. Entre los siete principios que oriental el “social business” de YUNUS está el de superar la pobreza o algunos de los problemas que amenazan a las personas y a la sociedad (el acceso a la educación, a la salud, a la tecnología…), o el de la “sostenibilidad económica y financiera” (los inversores recuperan el monto de su inversión pero no reciben dividendos), asimismo para desarrollar la actividad financiada debe de haber “conciencia y sostenibilidad ecológica”.

Gracias a otras entidades que se han desarrollado a la sombra del Grameen Bank y siempre bajo el impulso del Profesor YUNUS, la Grameen Foundation (fundada en 1997) y el Grameen Creative Lab (puesto en marcha en 2009 con la ayuda de la empresa alemana BASF, en “Joint Venture” con Grameen), se ha difundido por todo el mundo la teoría y práctica del “social business”, con antenas en países de casi todos los continentes. Incluso la poderosa “Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional” (USAID) ha suscrito en 2013 un acuerdo de colaboración con la “Yunus Social Business” para promocionar de forma conjunta las iniciativas empresariales y el desarrollo de “negocios sociales” en comunidades vulnerables y con servicios deficientes en todo el mundo.

Desde la concreta perspectiva ambiental resulta muy destacable la entidad Grameen Shakti, promovida también por M. YUNUS, que ha desarrollado uno de los programas más exitosos en el mundo (merecedor de diversos premios) en el campo de las energías renovables con la instalación de más de un millón de instalaciones solares en zonas rurales de Bangladesh para uso doméstico. También se ha puesto en marcha un proyecto de uso del biogas para las cocinas familiares. Además de generar puestos de trabajo para su implantación, la solución que se ofrece supone como puede imaginarse unos enormes beneficios para el medio ambiente (por ejemplo, evitando la combustión de ingentes cantidades de leña). Es un claro ejemplo de cómo la tecnología puede ayudar a resolver con gran solvencia importantes problemas sociales y ambientales.

En la Cumbre sobre “social business” celebrada la semana pasada en México City los mensajes que nos ofreció el Profesor YUNUS, además de originales –así, por ejemplo: “Hacer dinero te puede ayudar a ser feliz, pero ayudar a otros sin duda te hará súper feliz. Esa es la diferencia entre un empresario tradicional y un emprendedor social”- pronunció otros muy aprovechables para países como España donde el paro juvenil supera el 50%: “El papel de los jóvenes en los negocios sociales radica en su misión de generar empleo e impulsar el desarrollo de sus propias comunidades. Especialmente cuando tienen la oportunidad de prepararse”-. O, también este otro mensaje: “Podemos crear un mundo sin pobreza porque no son los pobres quienes crearon la pobreza”.

En mi opinión la iniciativa y la experiencia sobradamente contrastada del “social business” que promueve el Prof. YUNUS constituye una magnífica prueba de la operatividad de la verdadera sostenibilidad económica, social y ambiental. Una triple sostenibilidad que funciona en el Tercer Mundo, lejos de las sospechas de constituir ésta un engañoso invento de las sociedades opulentas.

Queda en mi mente el imborrable recuerdo de este encuentro maravilloso, pero además me sigue impresionando la extraordinaria amabilidad y afecto con que M. YUNUS nos saludó a mis amigos y a mi en el Bancomer Convention Centre de la Ciudad de México. Quizá porque el séptimo de los principios del “social business” ideados por él es que el trabajo debe desarrollarse siempre “con alegría”.