Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es
La Voz de Galicia
Blogs de lavozdegalicia.es

Romper la brecha entre lo urbano y lo rural

29 de enero de 2018 a las 1:23

Desde hace mucho tiempo me viene preocupando -y ocupando- un problema que acontece aquí donde vivo, en Galicia, pero lo mismo se podría decir de otros muchos lugares de España, de Europa y del mundo: la creciente brecha que se está produciendo entre el mundo rural y el urbano. Y, dado que el futuro está en las grandes ciudades (se calcula que, a mediados de este siglo, el 70% de la población mundial será urbana) y que, gracias a la tecnología se desarrollarán las “smart cities”, hay que pensar que pasará y que debemos hacer (si es que debemos hacer algo) con las zonas rurales.

Con ocasión de la publicación de un libro sobre “los retos jurídicos del desarrollo urbano social e integrado” –que, previsiblemente, verá la luz editorial a mediados de este año- coordinado por mi colega, la profesora ALONSO IBÁÑEZ de la Universidad de Oviedo, he tratado de ofrecer aquí un aproximación a “las interdependencias entre el medio urbano y el rural” y, en particular, sobre el “entorno agropecuario y paisajístico de las ciudades”.

En los últimos meses he manejado algunas obras que versan sobre la temática rural. Uno que me ha impresionado especialmente es el de Jaime IZQUIERDO VALLINA titulado “La casa de mi padre” (publicado en KRK ediciones, cuya 3ª edición es de 2015). A través de un buen amigo, su autor ha tenido la amabilidad de dedicarme un ejemplar, con un reto: “si encuentras el camino para regresar a la casa, me lo dices”. Este geólogo asturiano y defensor del conocimiento campesino y de la conservación en el mundo rural, desarrolla en su extenso y original ensayo sobre desarrollo rural, un modelo y un método de gestión de los territorios rurales en el siglo XXI; en definitiva, una nueva “civilización agropolitana” que permita la convivencia de la sociedad regional urbana, cosmopolita, pero comprometida con las culturas campesinas.

Más recientemente, otro ensayo, el “Viento derruido. La España rural que se desvanece” (publicado en la editorial Almuzara, 2017), de Alejandro LÓPEZ ANDRADA un poeta y escritor andaluza que nos ofrece un vivo y colorista retrato de un mundo rural que está punto de extinguirse. El Valle de los Pedroches, al norte de Andalucía, en la provincia de Córdoba, van narrándose historias del pasado que reflejan las miserias y penurias de sus gentes pero que, a la vez, contiene –como dice Antonio MUÑOZ MOLINA– una “elegía de la naturaleza y del tiempo”.

Jaime IZQUIERDO cita en su libro unas palabras del genial economista alemán Ernst Fiedrich SCHUMACHER (muy conocido en el mundo ambiental por su obra “Lo pequeño es hermoso”, un alegato contra el culto al crecimiento económico): “La vida humana, para serlo plenamente, necesita la ciudad; pero también necesita los alimentos y otras materias primas que se obtienen del campo. Todo el mundo necesita un pronto acceso tanto al campo como a la ciudad, lo suficientemente cerca como para que la gente pueda visitarla y volver un día. Ningún otro modelo tiene sentido humano”. Me parece que da en el clavo de este tema.

En mi colaboración al libro colectivo dirigido por la Profesora ALONSO IBAÑEZ hago un breve recorrido histórico sobre los intentos de alumbrar un modelo de desarrollo urbanístico que armonice las relaciones entre el campo y la ciudad (desde el “movimiento de la ciudad jardín” hasta los últimos desarrollos del “eco-urbanismo”. En España, la vigente legislación del suelo de 2015, bajo la orientación del “paradigma ambiental” trata de armonizar lo rural y lo urbano a través de principio del “desarrollo territorial y urbano sostenible”. Incluso nuestro ordenamiento jurídico se halla enriquecido con una Ley de “desarrollo sostenible del medio rural” de 2007 (quizá de las menos aplicadas en la práctica), adornada de magníficos objetivos: a) “Mantener y ampliar la base económica del medio rural mediante la preservación de actividades competitivas y multifuncionales, y la diversificación de su economía con la incorporación de nuevas actividades compatibles con un desarrollo sostenible”; b) “Mantener y mejorar el nivel de población del medio rural y elevar el grado de bienestar de sus ciudadanos, asegurando unos servicios públicos básicos adecuados y suficientes que garanticen la igualdad de oportunidades y la no discriminación, especialmente de las personas más vulnerables o en riesgo de exclusión”; y c) “Conservar y recuperar el patrimonio y los recursos naturales y culturales del medio rural a través de actuaciones públicas y privadas que permitan su utilización compatible con un desarrollo sostenible”.

Pese al voluntarismo de las leyes, la realidad es cazurra y no presenta inmensos espacios rurales abandonados (como los descritos en el “viento derruido”). Por supuesto, en mi opinión es que hay actuar en este tema –y manera urgente- con vigorosos instrumentos de ordenación del territorio y, como propone la Unión Europea, a través de una estrecha alianza (“Rural-Urban partnerships”). Ideas y estrategias no falta como la “Estrategia Española de Sostenibilidad Urbana y Local” o el “Libro Verde de Sostenibilidad Urbana y Local en la era de la información”, ambos de 2012. Incluso la “Nueva Agenda Urbana” de Naciones Unidas aborda la relación rural-urbana (por ejemplo en sus apartados 49º y 50º).

Tampoco falta algunas experiencias exitosas en nuestro país como el caso de la “ordenación sostenible de las zonas periurbanas” en la ciudad de Vitoria-Gasteiz (que mereció el título de “European Green Capital” en 2012. Y, de cara al futuro, presenta enormes virtualidades la llamada “infraestructura verde” como clave para preservar la conectividad ecológica que existe en los territorios y, por supuesto, entre muchos espacios rurales y urbanos.

En definitiva, nos parece una urgente prioridad política, al menos en España, abordar esta cuestión de la brecha entre lo urbano y lo rural, incrementada por la crisis económica y que va a ser acentuada por el envejecimiento de la población. Como mantiene SCHUMACHER la mutua interdependencia entre la ciudad y el campo es la base del único “modelo humano” posible. Ahora nos toca trabajar con ahínco en buscar los medios e instrumentos precisos en cada lugar.

Comentarios generales
Escrito por Javier Sanz Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

¿Un buen regalo para estos días? un libro, ¡naturalmente!

25 de diciembre de 2017 a las 12:40

En estos días tan entrañables de la Navidad, en los que es costumbre demostrar nuestro cariño y/o amistad con los seres queridos con algún regalitos, os quiero sugerir algunas ideas. Como “bibliófilo” mi recomendación es eminentemente literaria: un buen libro. Pero, para no apartarme del perfil de este blog, lo que voy a recomendaros son obras relacionadas con el medio ambiente y la naturaleza. Con este fin, voy a seguir los autorizados consejos de mi amigo, el coruñés Antonio SANDOVAL REY, escritor, comunicador ambiental y ornitólogo.

A finales del pasado mes de noviembre, tuve la fortuna de asistir al “Obradoiro” (taller) de “Creación Literaria y Naturaleza, organizado por el Centro de Extensión Universitaria y Divulgación Ambiental de Galicia (CEIDA), impartido por Antonio SANDOVAL. A lo largo de su exposición hizo un recorrido histórico sobre las más importantes obras de la “literatura de naturaleza” (conocida en el mundo anglosajón como “nature writing”), es decir, la “prosa que, ajena a la ficción, está nutrida por la información científica e impresiones personales y biográficas, con el fin de vincular al lector con paisajes y ecosistemas, y con el objetivo de concienciarlo en la necesidad de proteger o conservar la naturaleza”. Muchos de los autores que voy a citar se encuentra en la RevistaLeer.com de 28 de febrero de 2017 y, desde luego, que sólo voy a referirme a unos pocos y, en particular, los traducidos al castellano.

La primera referencia es la de Gilbert WHITE (1720-1793) –considerado como el primer ecólogo de Inglaterra- y su obra “La historia natural de Selborne” (recientemente traducida y publicada en 2015 en España por la editorial “Libros del Jata”). También, entre los primeros autores no puede faltar Alexander VON HUMBLODT, cuya espléndida biografía de Andrea WULF comentamos aquí.

Un capitulo preliminar de la historia del “nature writing” viene marcado por Henry David THOREAU (1817-1862) –uno de los padres fundadores de la literatura estadounidense- y su obra cumbre: “Walden, o vida en el bosque” (1854). En este año que acaba hemos celebrado el 200 aniversario de su nacimiento y, por tal motivo, editorial Errata Nature ha publicado, en su colección de “Libros Salvajes”, varias obras del autor trascendentalista y entre ellas la obra de Robert RICHARDSON: “THOREAU. Biografía de una pensador salvaje” (2017). Y, del otro lado de los Estados Unidos, tampoco puede faltar la referencia a John MUIR (1838-1914), naturalista, fundador de la primera asociación ecologista (“Sierra Club”) y precursor de los primeras Parques Nacionales (como el de Yosemite en 1890), aunque sólo se ha traducido al castellano su obra “Viajes por Alaska” (ediciones Desnivel, 2004).

Siguiendo la literatura norteamericana son imprescindibles los siguientes. Aldo LEOPOLD (1887-1948): ecólogo y ambientalista cuya obra póstuma es “A Sand County Almanac” (1949), una de las más importantes obras conservacionistas, aunque en España sólo se ha publicado su “Ética para la Tierra” (1999, Los Libros de la Catarata). Y, ¿cómo no?, Rachel CARSON (1907-1964), bióloga marina, con su influyente “Primavera silenciosa” (1962; publica en España por la Editorial Crítica desde 2001) en su lucha contra el DDT y otros pesticidas; también cabe destacar su obra marina: “El mar que nos rodea” (Destino, 2007), sin olvidar la biografía de Paul BROOKS: “Biografía y obra de Rachel Carson. Precursora del movimiento ecologista” (Gedisa, 2012). Finalmente, destacamos en el mismo país al naturalista Peter MATTIESSEN (1927-2014), cuya obra más conocida es el “El leopardo de las nieves” (traducida al castellano por la editorial Siruela, cuya úlotima edición es de 2015).

Autores norteamericanos más recientes son: Annie DILLARD, particularmente inspirada en H. D. THOREAU, cuya obra “Una temporada en Tinker Creek” (publicada por Errata Naturae en 2017) es una original “visión mística” de la naturaleza; y el ensayista Barry LÓPEZ cuya obra “Sueños Árticos” acaba de ser editada en español por la editorial “Capitán Swing”.

También dentro del mundo anglosajón, pero del Reino Unido, son clásicas las obras de Gerald DURRELL (1925-1995), naturalista y conservacionista británico, muchas de cuyas obras han sido traducidas el castellano (en particular por Alianza Editorial) de la que destacamos “Mi familia y otros animales” (última edición por Alianza Editorial en 2016). Mucho más recientes son los casos de Helen McDONALD (1970-), escritora y naturalista inglesa, “H de halcón” (publicado en 2015 en castellano por la editorial “Ático de los Libros”) y de Philip HOARE (1958-), ensayista y periodista inglés, con dos relevantes obras sobre temas marinos: “Leviatán; o la ballena” (publicada en “Ático de los Libros” en 2014) y “El mar interior” (también publicada en la misma editorial pero en 2013)

Un caso aislado pero relevante del mundo soviético es el ruso Vladimir ARSÉNIEV (1872-1930), explorador, naturalista, cuyos principales trabajos se desarrollaron en el Extremo Oriente Ruso, donde conoció a Dersú Uzala (un anciano cazador de la tribu de los “hezhen”), quien ha dado nombre a una película y al libro que ha sido varias veces editado en España (la última edición es de la Editorial Akal en 2011).

A esta relación de libros –de los que nos habló Antonio SANDOVAL- me atrevo a añadir los muy recientes ensayos de Jennifer ACKERMAN: “El ingenio de los pájaros” (publicado por Ariel en 2017; de Hope JAHREN: “La memoria secreta de las hojas. Una historia de árboles, ciencia y amor” (publicada por editorial Paidós en 2017); y de Peter WOHLLEBEN: “La vida secreta de los árboles” (publicada por Ediciones Obelisco en 2016). Ésta última obra –que ya lleva siste ediciones en España- me ha encantado hasta tal punto que, tras leerlo, miro a los árboles con otra actitud muy diferente.

En el caso de España, por razones de extensión, voy a ser mucho más comedido pues no nos faltan genios de la literatura de naturaleza como el inolvidable Félix RODRÍGUEZ DE LA FUENTE (1028-1980) –al que debo gran parte de mi afición a la naturaleza-, el biólogo José Antonio VALVERDE (1926-2003), el novelista Miguel DELIBES (1920-2010), el incansable escritor Joaquín ARAUJO, Jesús GARZÓN HEYDT, Francisco José PURROY IRAIZOZ, Juan GOÑI, … Siendo plenamente conciente de que me dejo en el tintero muchos de nuestros escritores de naturaleza, me gustaria sugerir al lector dos obras: primero, la del propio Antonio SANDOVAL REY: ¿Para qué sirven las aves?” (ya va por la cuarta edición –de 2017- en la editorial Tundra y ha sido traducida al inglés en 2016 por la misma editorial); y en segundo lugar, una obra que está a punto de salir a la luz, de la escritora y periodista Mónica FERNÁNDEZ-ACEYTUNO: “El país de los pájaros que duermen en el aire” (Editorial Espasa, 2018).

En el centro de la Navidad, disfrutando con la familia y con los amigos, disfrutando estos días de buenas lecturas –sean o no de literatura de naturaleza, como las recomendadas aquí-, os deseo a todos mis lectores:  ¡que paséis unos muy felices días!

Comentarios de libros
Escrito por Javier Sanz Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

¿Bienvenidos al Antropoceno?

25 de noviembre de 2017 a las 18:37

El pasado jueves 23 de noviembre asistí a la Jornada científica organizada por el Consello da Cultura Galega (sección de Ciencia, Naturaleza y Sociedad) bajo el título: “El Antropoceno y la “Gran Aceleración”. Una visión desde Galicia”. Con tal motivo, tuve la oportunidad de escuchar la conferencia inaugural de este evento, pronunciada por Alejandro CEARRETA, Profesor de Micropalenteología de la Universidad del País Vasco y único representante español en el “Anthropocene Working Group” (AGW), con el título “El Antropceno: tiempo geológico o declaración política”. Este grupo de investigación es el que propuso en el 35º Congreso Internacional de Geología (celebrado en agosto de 2016) el que el “Antropoceno” fuese considerado como una nueva época geológica diferenciada de actual “Holoceno” que comenzó hace 11.700 años. El nombre del “Antropoceno” había sido popularizado en 2000 por Paul CRUTZEN, Premio Nobel de Química, para significar que nos encontramos en una nueva etapa caracterizada por el impacto de las actividades humanas sobre los procesos ecológicos del Planeta.

En realidad, hace ya mucho tiempo que se venía de la capacidad del ser humano para incidir profundamente sobre la geografía física de la Tierra. Así, por ejemplo, en la pionera obra “Man and Nature” (1864) del diplomático norteamericano George Perkins MARSH, denunciando los degradantes efectos antrópicos sobre el medio ambiente. Y, lo mismo, en la obra sobre “La era Neozónica” (1881) del sacerdote y geólogo italiano, Antonio STOPPANI. Mucho más reciente, en la primera decena del presente siglo XXI, las muy prestigiosa “Sociedad Geológica de Londres” y la “Comisión Internacional de Estratigrafía” han admitido e, incluso, definido esta nueva etapa geológica. Esta posición sobre la nueva época geológica promovida por los seres humanos no ha estado exenta de voces críticas para quienes esta novedad es más una declaración política que una propuesta científica.

Es cierto que varios de los libros que se han publicado sobre el antropoceno constituyen una aguda crítica desde planteamientos de la izquierda al vigente capitalismo global. Es el caso de la obra de Ian ANGUS: “Facing the Antropocene” (2016) y en España, la de Ramón FERNÁNDEZ DURÁN: “El Antropoceno. La expansión del capitalismo global choca con la biosfera” (Virus editorial, 2011). Para éste último autor, además de que el capitalismo global y sus sistema urbano-agro-industrial está chocando con todo un conjunto de límites sociopolíticos, “conducirá a un profundo colapso en el siglo XXI que tendrá repercusiones civilizatorias”.

A mi, personalmente, acostumbrado a escuchar las explicaciones de los geólogos en las magníficas sesiones de los “geolodías” que se organizan anualmente en mi Comunidad Autónoma y para quienes el tiempo se cuenta por millones de años, me parecía discutible que se pueda hablar de una época geológica que nace a mediados del siglo XX. En efecto, aunque se barajan varias hipótesis sobre el inicio de esta nueva etapa geológica (el Neolítico, la primera revolución industrial, etc.) la que parece más fundamentada –según nos explicó el Profesor CEARRETA– es la que sitúa este nuevo periodo geológico con la “Gran Aceleración”, así denominado por Will STEFFEN en 2004, líder del equipo internacional de investigadores del “Programa Internacional Geosfera-Biosfera” (IGBP) y el Centro de Resiliencia de Estocolmo. De los argumentos a favor de la existencia de la “Antroposfera” me han impresionado especialmente los 24 indicadores globales (población, CO2, uso del agua, etc.) estudiados por el IGBP, cuyos datos de crecimiento se aceleran a partir de 1950.

Entre los elementos que destacan en la narrativa del “Antropoceno” se encuentran el avance tecnológico, las migraciones humanas, la urbanización, la deforestación y la agricultura, la industrialización y el crecimiento de la población. Pero que para que estos elementos puedan conformar seriamente una pretendida nueva etapa geológica, sus respectivos procesos tienen que darse sincrónica y globalmente en todo el Planeta, lo cual, en efecto, parece acontecer desde mediados del siglo XX.

Para quienes opinan que todavía es pronto para hablar de una nueva etapa geológica en el “holoceno” o “periodo posglacial” dentro del periodo “Cuaternario” y que, por lo tanto, los sesenta y siete años transcurridos desde 1950 a nuestro días, no permiten hablar de una nueva época. A estos habría que recordarles que el periodo cretácico (en la era “mesozoica”) que comenzó hace 145 millones de años terminó abruptamente hace 66 millones de años con la extinción masiva de los seres vivos (los dinosaurios, entre ellos) por la caída de un gran meteorito. Por consiguiente, lo mismo que este fenómeno que se produjo en un momento dato e originó el cambio de época geológico, igualmente, la “Gran Aceleración” pueden considerarse un fenómeno de enorme impacto que se produce en un breve espacio de tiempo.

Por último, otras pruebas para afirmar que estamos en la nueva etapa del “Antropoceno” son, como expuso el Prof. CEARRETA, los restos indelebles del impacto antrópico sobre La Tierra: la presencia de isótopos radiactivos (en particular el estroncio 90), la alarmante pérdida de biodiversidad (la “Sexta extinción”) y los “tecno-fósiles” como, por ejemplo, los procedentes del aluminio, del cemento y, ante todo, ¡los plásticos! que lo invaden todo. Al final, como señalaba en su exposición el mismo Profesor, el “Antropoceno” no sólo constituye una nueva etapa geológica inducida por los seres humanos –por primera vez en la historia del Planeta-, son que también puede considerarse una “declaración política”. Una declaración sobre la urgencia de detener e, incluso, revertir (“decrecimiento sostenible”), la desaforada carrera en el despilfarro y el agotamiento de los recursos naturales. No hay duda de que si seguimos como hasta ahora (“business as usual”), llegará un momento en que finalice el “Antropoceno” por la propia extinción de la humanidad.

Quiero pensar que, gracias a la inteligencia humana y su profundo instinto de conservación, las futuras generaciones serán capaces de vivir en mayor armonía con la naturaleza; que, seguramente, se horrorizan al ver nuestro insolidario comportamiento actual, que aprenderán de nuestros errores… Y que si, se sobrepasan los “puntos de no retorno” de los límites del Planeta, serán capaces de emigrar a otros lugares del Universo circundante. En todo caso, hablando de etapas geológicas y haciendo algo de futurismo, podría hablarse de un “Antropoceno insostenible” -en el que, según parece, estamos actualmente insertos- y un “Antropoceno sostenible o responsable” hacia el que deberíamos dirigir todos nuestros esfuerzos, lo antes posible.

Comentarios generales
Escrito por Javier Sanz Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Ante los incendios, prevención, prevención y más prevención

19 de octubre de 2017 a las 8:55

Desde hace décadas contamos con infinidad de estudios, informes, estadísticas, leyes, protocolos, planes, estrategias, declaraciones, buenas prácticas, etcétera, para abordar el catastrófico problema de los incendios forestales, aquí, en Galicia, y allí, en los países más avanzados del Planeta (como Estados Unidos y Australia) donde los incendios destruyen también vidas humanas, arruinan viviendas y arrasan miles de hectáreas de suelos, forestales o no. Una vez más nuestra sociedad se indigna con razón ante una lacra que ahora llama a las puertas de nuestros hogares en los mismos centros urbanos. Y, todos nos preguntamos, ¿cómo es posible que, en pleno siglo XXI, nos seamos capaces de acabar con tan devastadores fenómenos?

Tengo para mi que no se trata de un hecho irresistible que ha de pesar inevitablemente sobre nosotros. Albergo cierta esperanza en que es posible al menos minimizar las consecuencias de tan repetidos y lamentables sucesos. Y, soy moderadamente optimista porque, así como en el origen del problema está, casi siempre, el ser humano (el consabido dato de la intencionalidad de los incendios y la enferma personalidad de los incendiarios), la buena senda de los remedios está inseparablemente unida a la inteligencia humana, curtida por una largas y dolorosas experiencias.

De la lectura de muchas de las informaciones de expertos que se han publicado en estos días, deduzco que buena parte del problema de los incendios forestales de nuestros días hay que vincularlo con el problema global del cambio climático. Los efectos del calentamiento global sobre adversos fenómenos meteorológicos, parecen expresar claros indicios de tan grave problema. Pero, incluso, sobre la lucha contra el cambio climático hay estrategias y medidas en curso (como el Acuerdo de Paris) que tratan de revertir el cambio global y caminar hacia una sociedad descarbonizada, si bien todavía hay muchos obstáculos en la hoja de ruta propuesta.

En el específico campo de los incendios forestales, la “ciencia del fuego” ha avanzado de forma impresionante y ha permitido mejorar indiscutiblemente en todas las actuaciones de prevención, de intervención y de reparación de los daños. Ante tanto dolor y rabia, tras las catástrofes humanas y ambientales que se derivan cada uno de los incendios, la imaginación humana se ha avivado en la búsqueda de soluciones y la innovación aporta ya nuevos y eficaces instrumentos de combate. Sin embargo, a mi juicio, la lucha más eficaz -en la que vienen insistiendo casi todos los expertos- es la batalla callada y silenciosa de la prevención que pasa por una “política integrada en la gestión de los incendios” en cuya base está una buena ordenación del territorio (desarrollo rural, ordenación forestal, protección de la biodiversidad, gestión de riesgos, etc.), adecuada para cada espacio territorial y para cada ecosistema, y, sobre todo, de forma prioritaria, por una profunda educación ambiental y alfabetización ecológica.

Al final, la clave está siempre en el “factor humano” y, por tal motivo, la mejor inversión está en proporcionar a los seres humanos los fundamentos éticos para su pacífica convivencia con la naturaleza y para conjurar cualquier atisbo de conducta “ecocida” y, por lo tanto, antisocial. Ojalá que pasados estos fatídicos días que estamos viviendo en Galicia, recordemos todos –los agentes públicos y privados- la necesidad de trabajar colaborativamente en el diseño y seguimiento de una cabal política de prevención.

Actualidad
Escrito por Javier Sanz Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Riesgos climáticos en el Antropoceno

15 de septiembre de 2017 a las 0:57

Después de la tempestad viene la calma, pero, en este caso, es obligado reflexionar serenamente sobre lo que acontece y ponerse a trabajar para prevenir o minimizar mayores males. Tras haber asistido, en el último mes, al dramático espectáculo de los dos huracanes –“Harvey” y “Irma”- que han azotado el Caribe golpeando, después, los ricos estados norteamericanos de Texas y de Florida, respectivamente, algo debemos decir. Al menos se lo merecen, sobre todo las víctimas (hasta el momento, 64, en el caso del “Harvey” y 115 en el caso del “Irma”), pero también las centenares de miles de personas damnificadas por los cuantiosos daños materiales ocasionados (cercanos a los 200.000 millones de dólares). Estamos acostumbrados a ver el reguero de víctimas mortales que se cobran los huracanes en los países pobres del Caribe pero, desde hace unos años, también es noticia de primera página las personas afectadas por los mismos fenómenos climáticos en el mismísimo “Imperio norteamericano”: el “Katrina” (con la máxima categoría “5” en la escala de Saffir-Simpson) en agosto de 2005, uno de los más destructivos, que asoló la ciudad de Nueva Orleáns; el huracán “Sandy” (categoría “3”), en octubre de 2012, que afectó a 24 de los 50 estados de Estados Unidos; y los ya aludidos, el “Harvey” (categoría “4”) y el “Irma” (categoría “5”), siendo este último uno de los mayores de las última décadas, sólo superado por el “Allen” de agosto de 1980 (categoría “5”) y, también, por el “Mitch” en 1998 (categoría “5”).

La primera pregunta que cabe plantear es si estos huracanes tienen que ver con el cambio climático. Los expertos nos dicen que no es tan raro la formación de huracanes en estos meses del año y, especialmente, en el océano Atlántico con final en el Caribe y en las costas de Norteamérica. Así, por ejemplo, en el amenísimo libro de Roberto BRASERO, titulado “La influencia silenciosa. Cómo el clima ha condicionado la historia humana” (publicado por la editorial Espasa en 2017) se explica “dónde nacen los huracanes” (en las aguas de Cabo Verde o las costas de Senegal) y como atraviesan el Atlántico y como, aprovechando las mismas corrientes marinas que permitieron a Cristóbal COLÓN descubrir las Américas, la pequeña borrasca africana se convierte en contacto con las calientes aguas del Caribe en amenazantes ciclones y huracanes tropicales. Sin embargo, si bien todavía hay muchas incertidumbres que despejar, existen algunas señales de la relación del cambio climático con la frecuencia e intensidad de los huracanes. En este sentido el último Informe de 2014 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) sobre “impactos, adaptación y vulnerabilidad alerta de la producción de “episodios meteorológicos extremos” asociados al cambio climático, ocasionado por la “interferencia antropógena peligrosa”. Y, por supuesto, que las actuales autoridades ambientales estadounidenses (no sus técnicos) no quieren oir hablar del cambio climático.

En el citado ensayo de BRASERO se recoge una sintética pero expresiva exposición de la “influencia decisiva” del clima sobre el Planeta (a lo largo de la Primera Parte) hasta el periodo de historia geológica –el “Holoceno”-en el que nos encontramos, para pasar después (en la Segunda Parte) a narrar los hechos más significativos de la “influencia silenciosa” del clima en el ser humano (desde la última glaciación hace 11.700 años, pasando por los “óptimos climáticos” y por la “pequeña Edad del Hielo” que se prolongó durante cinco siglos hasta mediados del XIX). Por el contrario, la Tercera Parte de la obra la dedica su autor a la “influencia humana” en el clima, poniendo de manifiesto la gran mayoría de los climatólogos la clara tendencia a un calentamiento sostenido en el Planeta (durante el siglo XX la temperatura media de la Tierra subió 0,6º). Hoy en día el IPCC atribuye todo el calentamiento de la segunda mitad del siglo XX a la actividad humana. Y el mismo autor, escribe un su capítulo 22º acerca del nacimiento de “una nueva era climática” –en octubre de 2016- al comprobarse por la Organización Meteorológica Mundial que la concentración de CO2 en la atmósfera había superado las 400 partes por millón. Pocos años antes, en el año 2000 fue acuñado por el Premio Nobel Paul CRUTZEN el término “antropoceno” para significar el gran cambio ambiental producido por el ser humano en la Tierra, en particular, a partir de la Primera Revolución Industrial; en definitiva, habríamos dejado atrás el Holoceno, para pasar a la nueva época geológica -el “Antropoceno”- cuando la influencia humana comenzó a ser relevante para el propio desarrollo del Planeta.

Las consecuencias más conocidas del calentamiento global son –como señala el “hombre del tiempo” de Antena 3- la desaparición del hielo (tanto continental como marino), el ascenso del nivel del mar y la modificación de las precipitaciones a escala planetaria. Y de cara al futuro, los pronósticos no son muy halagüeños: “advierte el IPCC de que cualquier de estas trayectorias (de subida de temperaturas al final del 2100 de un rango entre +2,6º y +4,8º de media), cambiará los patrones estacionales de las lluvias, variará el ciclo del agua e intensificará los episodios de precipitaciones extremas, sobre todo en las latitudes medias y las regiones tropicales húmedas”. Desde el nacimiento de la política del cambio climático, en Río de Janeiro en 1992, sabemos lo que tenemos que hacer: de una parte, mitigar los gases de efecto invernadero (mitigación) y, de otra parte, preparar los ecosistemas y los sistemas humanos para reducir su vulnerabilidad ante la inevitable llegada de las consecuencias negativas del calentamiento global (adaptación). Otra cosa es que estemos dando los pasos precisos con la urgencia debida.

En la obra colectiva que lleva por título “Cambio Climático S.A. Cómo el poder (corporativo y militar) está moldeando un mundo de privilegiados y desposeídos ante la crisis climática” promovida por el Transnational Institute (TNI) y dirigida por Nick BUXTON y Ben HAYES (publicada en España por FUHEM Ecosocial en 2016), se pone de manifiesto las severas diferencias entre el Sur y el Norte, en la capacidad financiera y técnica para responder a los impactos del cambio climático. En la nueva “agenda de seguridad climática”, con su gestión de riesgos y promoción de la resiliencia, no puede plantearse de forma aislada o parcial. “Adaptación y seguridad” –se recoge en la Introducción del citado libro- “¿Para quién?”. Ante los impactos del cambio climático que ya estamos viendo (sufriendo), sólo desde una perspectiva de solidaridad cabe asumir los repetidos conceptos de “adaptación” y “resiliencia”, en el marco de los principios de justicia, democracia y sostenibilidad. Comparto lo que recogen al final de sus conclusiones los editores de la referida obra colectiva: citando una reflexión de Rachel SOLNIT en su libro “A Paradise Built in Hell”, frente a lo que llama “pánico de las élites” y las “narraciones distópicas y neomalthusianas”, copia: “el desastre a menudo revela cómo podría ser el mundo, revela la fuerza de la esperanza, la generosidad y la solidaridad; revela la ayuda mutua como un principio operativo genuino y a la sociedad civil como un agente que cuando está ausente espera entre bastidores. El huracán Sandy es un buen ejemplo”.

Y todavía me gusta más el pensamiento del ambientalista y escrito Paul HAWKEN con que rematan sus conclusiones BUXTON y HAYES: “si analizas lo que está sucediendo en la Tierra desde un enfoque científico y no eres pesimista es que no entiendes los datos. Pero si conoces a las personas que están trabajando para restaurar el Planeta y mejorar la vida de los pobres y no eres optimista, es que no tienes pulso. Lo que veo en todo el mundo es gente común dispuesta a enfrentar la desesperación, el poder e incontables avatares para devolver cierta apariencia de gracia, justicia y belleza a este mundo”.

Actualidad, Comentarios de libros
Escrito por Javier Sanz Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

La inaplazable –y prioritaria- lucha por el “derecho al agua”

3 de septiembre de 2017 a las 18:15

Acabo de volver de un viaje a Nicaragua invitado por la Universidad Centroamericana (UCA) con sede en Managua, para, entre otras actividades, pronunciar una conferencia sobre el “Derecho al agua” en la inauguración del Foro Nacional y Feria de Tecnología de Agua Potables y Saneamiento Integral (V NICARAGUASAN-2017), cuyo “leit motiv” era la “universalización y sostenibilidad del agua y saneamiento”.

Antes de entrar en esta vital temática, tengo que manifestar mi sorpresa por la extraordinaria belleza de las tierras nicaragüenses, de la exuberancia de su flora, de sus numerosos volcanes, de sus grandes lagos, …, y por encima de todo, de la calurosa acogida y de la amabilidad de sus gentes. Pese a que apenas pude salir de Managua, la capital de este país centroamericano (todavía no plenamente recuperada de su devastador terremoto de 1972), mi visita a la pintoresca Masaya y a la preciosa vista de la “Laguna de Apoyo” desde el mirador de La Catarina, fueron suficientes para enamorarme de este país. Es el segundo más pobre de América Latina y el quinto con menos desarrollo humano de la Región, pero con rica biodiversidad –como su vecina y exitosa Costa Rica- todavía por descubrir.

Volviendo al tema del agua, preparando mis notas para mi conferencia sobre el contenido del “Derecho al Agua y al Saneamiento y el Objetivo 6º de Desarrollo Sostenible”, he caído en la cuenta de la extraordinaria importancia del agua –su marcada interdependencia– en la consecución de todos y cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), adoptados en septiembre de 2015 por la Asamblea General de la ONU e incorporados a la llamada “Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”. Si bien el Objetivo 6º se propone, específicamente, “garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible para todos” ninguno de los otros 16 Objetivos pueden desvincularse del “derecho al agua y al saneamiento” reconocido como “derecho humano” por la citada Asamblea General en 2010. En efecto, sin pretender agotar la cuestión, con relación a los países en desarrollo ¿quién duda que el ODS nº 1 –sobre el fin de la pobreza en todas sus formas- pueda cumplirse sin acceso a la servicio básico del agua (como fuente de vida y sustento del bienestar de las sociedades)?; ¿cómo puede ponerse fin al hambre y lograr la seguridad alimentaria (ODS nº 2) si no hay suficientes recursos hídricos para la producción agrícola?; ¿acaso puede garantizarse el ODS nº 3 de garantizarse “una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades”, si una de las causas más frecuentes de mortalidad infantil es el uso y consumo de aguas no debidamente depuradas?; ¿es posible garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad” (ODS nº 4) cuando la gran mayoría de las niñas tienen que atender las tareas domésticas que incluyen la búsqueda de agua a varios kilómetros?…

La disponibilidad del agua también está íntimamente unida al logro del “acceso a una energía asequible y sostenible” (ODS nº 7) en la que el agua juega un papel importante en la producción de la energía renovable más importante: la energía hidroeléctrica. Sobre el ODS nº 8, relativo a “la promoción del crecimiento sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo” el reciente informe “World Water Development Report” de 2016 sobre “Water and Jobs”, demuestra que el crecimiento del empleo está relacionado con la gestión sostenible del agua. Por lo que respecta a la “construcción de infraestructuras resilientes” (ODS nº 9), constituye una prioridad máxima en la agenda pública proporcionar acceso al agua a los 800 millones de seres humanos que carecen del mismo, lo mismo que resolver los problemas de saneamiento y potabilidad de las aguas a 2.500 millones de personas.

El derecho al agua y al saneamiento también es una prioridad en nuestro mundo que cada vez será más urbano: “lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros resilientes y sostenibles” (ODS nº 11) no pueden concebirse sin el derecho universal a los servicios hídricos. Y dado que uno de los mayores impactos del cambio climático se manifiestan (ya lo estamos viendo en nuestros días) sobre las variaciones en el ciclo del agua, con fenómenos adversos (sequías o inundaciones), es también claro que entre las medidas urgentes que deben aplicarse para “combatir el cambio climático y sus efectos” (ODS nº 13) están de forma prioritaria los servicios relativos al agua, por exceso o por defecto.

Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible” (ODS nº 14) depende en gran parte de cómo se gestionan los recursos hídricos continentales (aguas superficiales y subterráneas), evitando su contaminación y sobre-explotación. También, el “uso sostenible de los ecosistemas terrestres, la lucha contra la desertificación y la detención de la degradación de las tierras y de la pérdida de la biodiversidad” (ODS nº 15) se basa en el uso racional y eficiente de los recursos hídricos. El ODS nº 16 que tiene por objeto “promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar al acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles” se proyecta al máximo nivel en el tema del agua para evitar los conflictos (incluso guerras) en cuanto al uso compartido del agua, para exigir ante las Administraciones Públicas los servicios hídricos esenciales y para promover la participación de los ciudadanos en su gestión.

Finalmente, la “gobernanza del agua” o “buena administración de los servicios hídricos” es lo que está actualmente en juego si se quieren “fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la alianza mundial para el desarrollo sostenible” (ODS nº 17).

He vuelto conmovido por la extraordinaria lucha desarrollada en América Latina por muchas asociaciones, ONGs, académicos y muchas personas en la consecución efectiva del derecho del acceso al agua y al saneamiento y, en particular, en Centroamérica, donde todavía –como se desprenden del reciente  informe de la Global Water Partnership– hay muchas personas (sobre todo en las zonas rurales y comunidades indígenas) que carecen del mismo. Y me pregunto, ¿qué hacen los gobiernos y Administraciones de estos países para resolver tan gravísima carencia? ¿qué puede haber más prioritario que el derecho al agua (es como el reverso del “derecho a la vida”)? ¿qué es más urgente que tales servicios básicos en la ayuda al desarrollo? Seguramente, como prevé la “Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible” antes del 2030 se logren sus objetivos en torno al ODS nº 6 (“agua limpia y saneamiento”), pero todavía queda mucho por hacer, también en Nicaragua donde, por cierto, no faltan recursos hídricos sino una eficaz gobernanza y un efectivo saneamiento.

La obligación de prestar los servicios básicos de acceso al agua y de su saneamiento es responsabilidad inexcusable de los Estados y gobiernos. Hacer efectivo el derecho humano (prestacional) al agua que consiste en ofrecer a los ciudadanos –urbanos y rurales- un abastecimiento continuo y suficiente de agua (disponibilidad), unos recursos hídricos de calidad (salubridad; color, olor y sabor aceptables) y accesibles (física y económicamente) sin discriminación alguna, y con cantidad suficiente para satisfacer las necesidades esenciales, con preferencia sobre otro tipo de usos. También, proporcionando garantías e instrumentos jurídicos para defender el derecho al agua (de forma personal y colectiva) ante las Administraciones Públicas y los Tribunales de Justicia. En definitiva, tras mi breve estancia en Nicaragua, tengo claro que la ayuda al desarrollo que prestamos desde nuestros países desarrollados debería tener en este Objetivo del Desarrollo Sostenible nº 6 una de sus prioridades indiscutibles.

Comentarios generales
Escrito por Javier Sanz Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

“Turismo para la paz”: en el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo

20 de agosto de 2017 a las 11:12

Estaba a punto de publicar esta colaboración cuando el pasado jueves 17 se produjeron los salvajes atentados yihadistas de Barcelona y de Cambrils. Mi intención era escribir en relación con el “trending topic” de este verano: la “turismofobia”. Y, justo, el epicentro de este fenómeno que se encuentra en Barcelona, ha sido el objetivo de los terroristas sabedores que con Londres y Paris son las ciudades más visitadas por los turistas de todo el Planeta. Asestar un golpe contra el corazón del turismo de Cataluña –el paseo de las “Ramblas”- era asegurar una terrible y global publicidad por las consecuencias: catorce muertos (por el momento) y más de un centenar de heridos de más de una treintena de países.

No es posible saber cómo va a repercutir estos atentados en la evolución del turismo en España. Lo que sabemos es que el terrorismo ha afectado negativamente a la afluencia de turistas de París (quizá la ciudad más visitada del mundo, en el país “número uno” mundial de turistas). En nuestro país el sector turístico ha sido, en los últimos años, el protagonista del crecimiento económico español: así, en 2016, 75,6 millones de turistas, con ingresos de más de 77.000 millones de euros, 2,300.000 de trabajadores empleados, superando el 11% del PIB… Y, para 2017, la previsión es superar los 80 millones de turistas. Pero lo cierto es que, en algunas de las regiones más turísticas de España como Cataluña, Baleares, Canarias, Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid (destinos que totalizan el 90% de las llegadas) se han venido produciendo en los últimos tiempos algunos problemas debidos a la saturación de algunas de las zonas más frecuentadas por los turistas: el fenómeno del exponencial crecimiento de las viviendas turísticas irregulares (y la elevación desorbitada de los alquileres), la contaminación acústica y lumínica de los centros urbanos turísticos, la saturación de las infraestructuras publicas y de los servicios públicos, etcétera. Todo ello con negativas consecuencias para los residentes habituales de dichos lugares.

Fruto de lo anterior es la aparición –si bien todavía minoritaria- del movimiento “turismofóbico” (“tourists go home”) en algunas ciudades de Cataluña y del País Vasco. En realidad no se trata de un fenómeno nuevo ya que, con la expresión “síndrome de Venecia”, se viene describiendo la creciente hostilidad para con los turistas que “invaden” ciudades como Berlín, París, Viena, Hamburgo, Ámsterdam, Praga y, por supuesto, la misma Barcelona (véase la web de la “asamblea de barris per un turismo sostenible”). No cabe duda de que el sector turístico constituye nuestra “gallina de los huevos de oro” y que no podemos prescindir de esta actividad en la que España cuenta con la industria más competitiva del mundo. Menos aún cuando el paro es elevado y no se puede afirmar que hayamos dejado atrás la crisis económica.

No obstante, a mi juicio, más que en cualquiera otra actividad económica, se impone en el sector turístico un desarrollo sostenible integral –ambiental, económico y social-. La expresión “turismo sostenible” no es algo vacío de contenido sino que ha sido objeto de importantes y numerosas declaraciones internacionales, desde los años noventa del siglo pasado, como la “Carta Mundial del Turismo Sostenible” –promovida por Naciones Unidas y acordada en Lanzarote en 1995-, hasta la más reciente Resolución adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 2014 sobre la “Promoción del turismo sostenible, incluido el ecoturismo, para la erradicación de la pobreza y la protección del medio ambiente”. Además justo este año 2017 ha sido declarado por la Asamblea General de Naciones Unidas como el “Año Internacional de Turismo Sostenible para el Desarrollo”, cincuenta años después de la celebración del “Año Internacional del Turismo” bajo el lema “pasaporte para la paz” y quince años después del “Año Internacional del Ecoturismo”. Una celebración enmarcada en el contexto de la “Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” y de los “Objetivos de Desarrollo Sostenible” y que persigue explorar y subrayar el papel del turismo en aspectos clave –a modo de ejes- como: el “crecimiento económico inclusivo y sostenible”, la “inclusión social, empleo y reducción de la pobreza”, el “uso eficiente de los recursos, protección ambiental y lucha contra el cambio climático”, “valores culturales, diversidad y patrimonio” y “comprension mutua, paz y seguridad”.

Sobre la base de los objetivos de un verdadero “turismo sostenible y responsable” que se proyecta sobre los destinos de más de mil millones de turistas que hoy se mueven en nuestro Planeta y que pueden aportar importantes recursos económicos para muchos países y, en particular, para los países en desarrollo, hay muchos retos pendientes que deben abordarse. Limitándonos al caso de España, se tiene una larga experiencia -desde el desarrollismo de los años setenta del siglo XX- del “boom” turístico en el Mediterráneo, de los negativos impactos sobre la costa y de la importancia de promover un turismo de calidad. Ahora, en el repunte del turismo español de los últimos años (gracias, en parte, a fenómenos exógenos como la inestabilidad del norte de África) se hace preciso un seria reflexión y un profundo replanteamiento de nuestro desarrollo turístico si es que no se quiere morir de éxito.

Como humilde profesor del Máster en Planificación Turística de mi Universidad de A Coruña, trato de explicar a mis alumnos la relevancia de la ordenación y planificación turística. A nada bueno conduce un mero desarrollo cuantitativo y cortoplacista del turismo. En esta dirección es la actuación coordinada de las Administraciones Públicas –desde la Administración General del Estado hasta las Entidades Locales, pasando por las Comunidades Autónomas que tienen las más importantes competencias en esta materia. Así, por ejemplo, es urgente abordar la regulación y control de la “viviendas turísticas” (como ya están haciendo algunas Comunidades Autónomas); aplicar las técnicas de ordenación turística previstas en las normativas vigentes (como la “declaración de zonas turísticas saturadas” o el cálculo de la “capacidad de carga” del territorio) y el uso adecuado de la ordenación urbanística; la creación de impuestos y tasas turísticas que permitan recaudar recursos que se destinen a la protección del patrimonio cultural y ambiental de los municipios turísticos; la mejora de las condiciones de trabajo de los trabajadores empleados en el sector turístico; la diversificación y “desestacionalización” del turismo; una más intensa colaboración público-privada y una mayor participación ciudadana en el diseño de los planes turísticos; y un largo etcétera.

Unas buenas pautas de cómo debe desarrollarse la “gobernanza del turismo” son las que se contienen en la “Carta Mundial del Turismo Sostenible” adoptada por unanimidad en la sesión plenaria de la “Cumbre Mundial del Turismo Sostenible”, celebrada en Vitoria los días 26 y 27 de noviembre de 2015-. Sus directrices se orientan de una parte a los “Gobiernos y organizaciones internacionales” a los que se anima, entre otros objetivos, a “asegurar la motivación y el apoyo necesarios para que los principales actores del turismo desarrollen la cultura de la paz y resuelvan los conflictos mediante el diálogo intercultural, promoviendo la igualdad y la libertad de expresión”; no puede ser más actual. A los “destinos y comunidades locales” se incita, en primer lugar, a “asegurar que la gobernanza turística del destino incluya a todas las partes interesadas, especialmente a nivel local, y que el papel y responsabilidades de cada una estén claramente definidos”. También a la “industria turística” se emplaza, entre otros fines a “contribuir a la creación, desarrollo e implantación de productos y servicios turísticos sostenibles que fomenten el uso respetuoso del patrimonio natural y cultural, y que transmitan los valores del destino y su identidad a través de la experiencia turística”. Para los propios “consumidores” (o turistas) se apela a su responsabilidad y su respeto: para “utilizar productos y servicios sostenibles locales que generen empleo y beneficios a la comunidad”, y la para “evaluar las huellas medioambientales y socioculturales, y las implicaciones económicas que tienen sus decisiones”.

Volviendo al principio, fuertemente impresionado con los acontecimientos sucedidos en Cataluña, con plena solidaridad con las víctimas y con pleno rechazo a la barbarie terrorista, suscribo el acuerdo unánimemente adoptado en la referida “Cumbre Mundial del Turismo Sostenible”, de que “el turismo desempeña un papel vital para avanzar hacia un planeta más pacífico, permitiendo abrir nuevas posibilidades para convertirlo en un instrumento de paz y tolerancia”. O, como subraya el documento justificativo del presente “Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo”: “un turismo inclusivo y participativo puede estimular el diálogo, fomentar el entendimiento mutuo y apoyar los esfuerzos destinados a construir una cultura de paz”.

Actualidad
Escrito por Javier Sanz Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

El proyecto de “Pacto Global por el medio ambiente” o la necesidad de compromisos jurídicos

6 de agosto de 2017 a las 22:47

Gracias a la información de primera mano de la Profesora Teresa PAREJO NAVAJAS, colaboradora del prestigioso “Sabin Center for Climate Change Law” de la Universidad de Columbia, tuve noticia de la importante iniciativa jurídica presentada el pasado 24 de junio en la Universidad de la Sorbona de Paris bajo el título “Pacto Global para el Medio Ambiente. Acción para el Planeta, acción a través del Derecho” (“Global Pact for the Environment”). El gran anfiteatro de la Sorbona estaba a rebosar aquel sábado 24 de junio para presentar la versión preliminar de un borrador de un futuro Tratado internacional. Presidido por Laurent FABIUS, Presidente del Consejo Constitucional de la República francesa (quien también desempeñó la presidencia de la COP 21, en la que se acordó la aprobación del “Acuerdo de Paris” para el cambio climático), a lo largo de dicha jornada intervinieron, Anne HIDALGO (Alcaldesa de Paris y Presidenta de Grupo “The Cities Climate Leadership” (C-40)), Jeffrey SACHS (Director de “Centro de Desarrollo Sostenible” de la Universidad de Columbia), Arnold SCHWARZENEGGER (ex-Gobernador de California y Fundador de la “R20 – Regions on Climate Change“), Ban KI-MOON (ex-Secretario General de Naciones Unidas), Antonio BENJAMIN (Presidente de la Comisión Mundial de Derecho Ambiental de la “Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza”) y un largo etcétera.

El propio Presidente francés, Emmanuel MACRON, asistió a la presentación del proyecto de “Pacto Global”. “Sobre la base de este anteproyecto de pacto mundial por el medioambiente – declaró MACRON– me comprometo a actuar” para establecer “un texto, convencer a nuestros socios” y, en el marco de la ONU, “desde septiembre sentar las bases de lo que será no un anteproyecto, sino un pacto mundial sobre el medioambiente que Francia defenderá”. Ciertamente, el Presidente galo parece tomarse en serio este reto por el cambio climático y, de hecho, el mismo día que el Presidenente TRUMP decidió retirarse del “Acuerdo de Paris”, MACRON, lamentado su decisión -y parafraseando su lema de campaña- afirmó la necesidad de “Make our planet great again” e invitó a todos los científicos del mundo a venir a Francia para investigar sobre el cambio climático. Lo que no sabemos es si el pasado 14 de julio en que TRUMP visitó Paris, el Presidente francés le convenció de reconsiderar su postura.

La iniciativa del “Global Pact” es de “Le Club des Juristes”, un centro francés de reflexión que ha implicado en su elaboración a jueces, magistrados, profesores de Derecho y abogados de más de cuarenta países. Pero, ¿cuál es el contenido del “Global Pact” y qué persigue? Como ya hemos adelantado, se trata de un proyecto de Tratado Internacional que pretende completar los dos acuerdos o pactos internacionales adoptados por Naciones Unidas en 1966, uno sobre “derechos civiles y políticos” y el segundo sobre “derechos económicos sociales y culturales”. Partiendo de la base –expresada en su Preámbulo- de la “necesidad de actuar de forma ambiciosa y a nivel mundial” ante los crecientes retos del medio ambiente, para “asegurar mejor su protección”, reafirma los objetivos de las Declaraciones de las Conferencia de Estocolmo de 1972, de la Carta Mundial de la Naturaleza de 1982, así como la Declaración de Desarrollo Sostenible de Río de Janeiro de 1992, poniendo de manifiesto la urgencia de lograr los objetivos de la Convención de Cambio Climático de 1992 y del “Acuerdo de Paris” de 2015.

El texto dispositivo del “Global Pact” se compone de 26 artículos en los que se contiene: los derechos y deberes para con la protección del medio ambiente, los principios jurídicos que deben orientar la política ambiental, y algunas cláusulas sobre el control de su cumplimiento, la firma del y ratificación del Tratado, etc. En el frontispicio del “Pacto Global” se declara el Derecho que tiene “toda persona (…) a un ambiente ecológicamente sano…” (art. 1) y el Deber de “cuidar el medio ambiente” –contribuyendo a su conservación, protección y restauración- de “todo Estado, organización internacional, persona, natural u jurídica, pública o privada” (art. 2). En cuanto a los principios –que constituyen su principal contenido- no faltan los clásicos de “integración ambiental” y “desarrollo sostenible” (art. 3), el de “equidad intergeneracional” (art. 4), el de “prevención” (art. 5), el del “precaución” (art. 6), el de “responsabilidad por daños ambientales” (art. 7), el de “quien contamina paga” o “contaminador-pagador” (art. 8), los de “acceso a la información ambiental”, “participación pública” y “acceso a la justicia” (arts. 9, 10 y 11, respectivamente), y el de “cooperación” (art. 18).

Mayor novedad es la recepción del “principio de no-regresión” (art. 17) en virtud del cual, “las Partes y sus entidades sub-estatales se abstendrán de permitir actividades o la adopción de normas que tengan el efecto de reducir el nivel de protección garantizado por el derecho vigente”. Asimismo, se recoge el nuevo principio de “resiliencia” que se concreta en la adopción por las Partes de las medidas necesarias para “mantener y restaurar la diversidad y capacidad de los ecosistemas y comunidades humanas, y soportar la alteraciones y degradaciones ambientales…” (art. 16). Además, a la hora de tener en cuenta la “diversidad de situaciones nacionales” (en especial, entre los países desarrollados y los menos desarrollados o “más ambientalmente vulnerables”) proclama –en su art. 20- el conocido principio de las “responsabilidades comunes pero diferenciadas” en el ámbito de la política de lucha contra el cambio climático,

Además de los citados principios, el “Global Pact” incluye una serie de actividades esenciales para promover la protección ambiental como son la “educación y formación” (art. 13) y la “investigación y el desarrollo” (art. 13). De otra parte, se pone de manifiesto la importancia de la labor de las “organizaciones no gubernamentales” y las entidades sub-estatales (art. 14). Sobre los “conflictos armados” el texto del Pacto recuerda a los Estados sus obligaciones conforme al Derecho Internacional y, en especial, la medidas de protección ambiental (art. 19). Particularmente, a mi juicio, tiene una gran importancia la cláusula contenida en el art. 15 sobre la “efectividad de las normas ambientales”: “las Partes tienen el deber de adoptar normas ambientales eficaces, así como asegurar su efectiva aplicación y cumplimiento”.

Por último, el “Pacto global” –que encarga su Secretariado a la provisión del Secretario General de Naciones Unidas (o del Director del Programa de Naciones Unidas sobre medio ambiente, PNUMA) (cfr. art. 22)- prevé la creación de un “Comité de Expertos independientes” para el seguimiento en la aplicación del mismo, y para facilitar su cumplimento operando de “forma transparente, no conflictiva y no punitiva” (cfr. art. 21).

Para el próximo 20 de septiembre está organizada en New York, bajo la dirección del Jeffrey SACHS y Laurent FABIUS, por el “Columbia Center on Sustainable Investment” (CCSI) y la “UN Sustainable Development Solutions Network” (SDSN), una conferencia internacional de alto nivel para discutir el contenido del borrador del “Global Pact”. Para tal fin ya han confirmado algunos de los más importantes juristas ambientales del mundo. Y llama la atención que tan magna reunión cuenta con el patrocinio de la empresa española IBERDROLA.

Sería estupenda noticia para el Derecho Internacional del Medio Ambiente que aprovechando este año 2017 -25 aniversario de la “Declaración de Río de Janeiro sobre Medio Ambiente y Desarrollo”- se pudiera aprobar con motivo de la próxima sesión de la Asamblea General del naciones Unidas (la número 72) esta completa codificación de los principios generales que deben orientar la ordenación jurídica del medio ambiente mundial. Con el empecinamiento anti-ambiental del presidente norteamericano no parece fácil que tal propuesta prospere. Pero como soñar es gratis, vamos a soñar en que en futuro tal proyecto sea una realidad. Como dijo Eleanor ROOSVELT, política, escritora estadounidense y presidenta de la “Comisión de Derechos Humanos” de la ONU: “el futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de los sueños”.

Actualidad
Escrito por Javier Sanz Comentarios desactivados en El proyecto de “Pacto Global por el medio ambiente” o la necesidad de compromisos jurídicos
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

La reserva del Urdaibai: un lugar donde se calma el dolor.

20 de julio de 2017 a las 0:34

Hacía mucho tiempo que deseaba visitar en la Costa Vasca el Urdaibai, declarado en 1984 por el Comité “Man and Biosphere” (Mab) de la UNESCO con tal denominación, como la novena Reserva de la Biosfera en España. Por fin, este mes de julio, he cumplido este sueño y su visita ha colmado de sobra todas mis expectativas. Se trata del más importante humedal del País Vasco, situado en la parte oriental del Territorio Histórico de Vizcaya, ocupando una superficie de 200 Km2 (22.041 Has.) en torno al estuario de Mundaka o Gernika, en la cuenca hidrográfica del río Oka. Entre otras figuras de protección, la Reserva del Urdaibai contiene una zona de especial protección para las aves (ZEPA) y cinco zonas de especial conservación (ZEC), ambas bajo el marco de la Red Natura 2000, así como una zona húmeda de importancia internacional dentro del Convenio Ramsar (algo más del 4% del territorio de la reserva).

Como todas las Reservas de la Biosfera –que deben ser zonas ecológicamente representativas-, la integración entre naturaleza y los seres humanos resulta esencial. Y, este sentido, he podido comprobar la estrecha implicación de todas las entidades públicas y de los municipios sobre los que se extiende la Reserva (un total de 22, de los que 12 de ellos se integran de modo completo). La propia Comunidad Autónoma del País Vasco se implicó seriamente en su protección y desarrollo, como lo demuestra la aprobación de la Ley 5/1989 de Protección y Ordenación de la Reserva de la Biosfera del Urdaibai, donde ser establecen cuatro áreas de especial protección (la ría, el litoral, los encinares cantábricos y las áreas de interés arqueológico). Para su gobierno y gestión, en el “Patronato” (adscrito al órgano ambiental del Gobierno Vasco), creado por esta Ley y constituido en 1990, participan representantes del Parlamento Vasco, de todas las administraciones territoriales (la Estatal, la Autonómica, y las locales), del mundo científico y asociaciones conservacionistas y ecologistas.

En mi viaje al Urdaibai no dejé de visitar dos lugares de gran relevancia –y muy recomendables- para el conocimiento en profundidad de la Reserva: la “Torre Madariaga” (bello edificio del siglo XV) que acoge el “Centro de la Biodiversidad de Euskadi”, y el “Urdaibai Bird Center” ubicado en el corazón de la Reserva. En relación con este último, llama la atención la gran importancia ornitológica del Urdaibai, como un lugar privilegiado de paso de las aves en la ruta migratoria de África al norte de Europa, y como un centro promotor del interesante proyecto “BirdFlyway” (“La Ruta de las Aves”: una iniciativa internacional de turismo de naturaleza, lanzada en febrero de 2016). Fue una agradable sorpresa para mi encontrar, en un lugar preferente, en la recepción de este centro de observación de la aves del Urdaibai, la reciente obra del conocido ornitólogo coruñés, Antonio SANDOVAL REY, que con el título de “BirdFlyway. Un viaje en familia por La ruta de las Aves” (Lynx ediciones, Barcelona, 2016), contiene una amena novela en la que se narran las peripecias de una familia en su larga singladura por algunos de los más importantes lugares de interés ornitológico de Europa desde Finlandia hasta la península Ibérica. Gracias a la compra de esta recomendable novela que trata de promocionar dicha iniciativa internacional, fui premiado con la entrega del “birdflyway Passport” que recoge, como primera etapa, el sello de la visita del “Urdaibai Bird Center”.

Durante la visita al citado “Centro de la Biodiversidad de Euskadi” pude enterarme con más detalle de los proyectos, iniciativas y actividades desarrolladas en la Reserva: la reciente aprobación del nuevo “Plan Rector de Uso y Gestión de la Reserva” (en virtud del Decreto de Gobierno Vasco 139/2016, de 27 de septiembre), del proyecto LIFE iniciado en 2010 que abordó entre otras acciones la erradicación de la “baccharis halimifolia” del Urdaibai (una especie de flora exótica invasora originaria de la costa atlántica de América del Norte), el ambicioso “proyecto de restauración integral y puesta en valor del patrimonio natural y cultural del Estuario Superior de la Ría de Oka”, etcétera.

Pero, a los ya referidos espacios –ZEC y ZEPAS- de la Red Natura 2000 y del Humedal Ramsar, con 729 especies de fauna y 821 de especies de flora (85 en peligro de extinción), hay que sumar 52 “lugares de interés geológico” y una preciosa muestra de 15.000 años de historia de convivencia entre el ser humano y el medio natural, representada en la “Cueva de Santimamiñe” (icono de la cultura vizcaína y su principal yacimiento arqueológico). En mi viaje al Urdaibai no me perdí la visita a la “Casa de Juntas de Gernika”, sede durante muchos siglos (casi desde la Edad Media hasta la actualidad) del máximo órgano representación del territorio de Vizcaya. Como es sabido, en este destacado lugar se ubica el emblemático “Árbol de Gernika”, un roble bajo cuya sombra se reunían los representantes de los municipios vizcaínos. Como ha escrito el antropólogo Julio CARO BAROJA –refiriéndose a dicho símbolo- “Aparte de esa veneración religiosa queda todo un cuerpo de principios de derecho que hacen que los árboles y antes que ninguno el roble, tengan un significado profundo en la vida colectiva, política y legal”.

Muy gratamente impresionado he quedado de mi viaje a este singular territorio del País Vasco, y eso que no me extiendo  aquí en mis inolvidables vivencias, siempre dentro del Urdaibai, de vivir unos días en un pintoresco eco-hotel rural en la montaña del municipio marinero de Bermeo (que ha merecido la concesión de la “etiqueta ecológica europea”), o de comer en un restaurante del municipio de Forua, sito en un caserío del siglo XVII. Sinceramente, pienso que se trata de un extraordinario ejemplo de buenas prácticas de gestión de la biodiversidad y de su inserción en el ámbito socioeconómico de una reserva de la biosfera. Ahora que sólo se habla de las ciudades (e incluso, megaciudades) y que éstas se presentan como paradigma del futuro sostenible, reivindico aquí iniciativas  como la de la Reserva del Urdaibai. Sin duda que volveré pronto allí. Un lugar donde se calma el dolor.

Actualidad
Escrito por Javier Sanz Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

¿Ordenar y planificar los mares y océanos?

27 de mayo de 2017 a las 0:36

Los pasados 23 y 24 de mayo, tuvo lugar en Alicante la 14ª edición de las XIV Jornadas Españolas de Costas y Puertos. Se trata de la reunión más importante de los profesionales vinculados al mundo de la costa y de los puertos, aunque con un marcado perfil del campo de la ingeniería. Responsables y empleados públicos de las Demarcaciones de Costas y de las Autoridades Portuarias, expertos de las consultorías de ingeniería civil y de gestión ambiental, e investigadores de centros universitarios, … llenamos las salas y salones de conferencias del Hotel Meliá Alicante, situado en plena línea de costa y con un imperturbable clima veraniego.

A lo largo de dos intensivas jornadas, se defendieron más de 200 presentaciones, expuestas en seis sesiones y, a su vez, estructuradas en 25 temáticas costeras y portuarias. Por ejemplo, temas tan variados como “procesos litorales”, “riesgos de inundaciones”, “cambio climático”, “obras marítimas”, “gestión del litoral”, “regeneración del playas”, “planificación portuaria”, etc. En estas XIVª Jornadas, la organización del evento había elegido como tema “estrella” el de la “Planificación Espacial Marina y Estrategias Marinas”. En mi caso particular, desde hace bastante tiempo, venía siguiendo la pista del proceso de elaboración de la Directiva sobre “ordenación del espacio marino” que, finalmente, fue aprobada el 23 de julio de 2014, con la referencia numérica como Directiva 2014/89/UE, “por la que se establece un marco para la ordenación del espacio marítimo”.

No sin una pizca de atrevimiento, decidí presentar mi aportación sobre “ordenación del espacio marítimo y la interacción entre tierra y mar”, y debo agradecer a la organización del Congreso que fue admitida para defenderla públicamente. Lo cierto es que no es la primera vez que participo en estas Jornadas ya que muchos temas de nuestro Observatorio del Litoral de la Universidad de A Coruña coinciden, entre otros, con los temas costeros y portuarios. Además, quizá por la edad, cada vez conozco a más personas de las que suelen concurrir un año tras otro al mismo evento.

Tras mi intervención tuve la oportunidad de debatir, si bien brevemente, con algunos de los asistentes, entre ellos reputados técnicos de la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar. Se trataba de un magnífica ocasión para debatir sobre este tema ya que acaba de aprobarse el Real Decreto 363/2017, de 8 de abril, por el que “se establece un marco para la ordenación del espacio marítimo”. Es decir, la norma española por la que se transpone a nuestro ordenamiento la citada Directiva 2014/89/UE.

Tal como se define en el RD la “ordenación del espacio marítimo” es “el proceso mediante el cual las autoridades competentes analizan y organizan las actividades humanas en las zonas marinas con el fin de alcanzar objetivos ecológicos, económicos y sociales”. Se trata, en definitiva de ordenar las actividades antrópicas que se desarrollan en las aguas marinas: pesca, acuicultura, extracción de recursos minerales, transporte marítimo, cables submarinos, actividades turísticas y recreativas, espacios marinos protegidos, etc. Es evidente que tal ordenación persigue prevenir, reducir o minimizar los conflictos que pueden surgir (y de hecho surgen) ante la concurrencia de dos o más actividades. Por ejemplo, en el caso de España, el conflicto que aconteció en las Islas Canarias por la exploración de recursos petrolíferos o el “Proyecto Castor” frente a las costas de Castellón y Tarragona.

Pero el instrumento destinado a cumplir el objetivo de la Directiva 2014/89/UE y, por ende, del RD 363/2017, es el de los “planes de ordenación del espacio marino”, previéndose la aprobación, antes del 31 de marzo de 2021, por cada una de las cinco “Demarcaciones marinas” previstas por la Ley 41/2010 de Protección del Medio Marino. En mi presentación del repetido Congreso, puse sobre la mesa algunos aspectos problemáticos de la actual regulación estatal como su articulación con las “estrategias marinas” que se están elaborando (en virtud de la referida Ley 41/2010), sobre la designación de las autoridades competentes, sobre participación de las Comunidades Autónomas en la elaboración de dichos planes de ordenación, sobre la coordinación de estos planes con otros que concurren con ellos (planes hidrológicos, de gestión de riesgos, etc.) y otros asuntos.

Tenemos por delante un apasionante trabajo de ordenación y planificación de los espacios marinos, sobre los que se viene trabajando, con el impulso de la UNESCO, en otros países desde hace una década (como es el caso de Australia, entre otros países). Porque, en efecto, hoy más que nunca es preciso ordenar y planificar los usos de nuestros mares y océanos, hasta donde llega la soberanía de los Estados ribereños. Junto a la tradicional regulación internacional de los espacios marinos, la creciente capacidad del ser humano de explotar sus recursos costeros y marítimos, obliga, con urgencia a abordar la compleja tarea de compatibilizar los objetivos de la nueva normativa: apoyar el desarrollo y el crecimiento sostenibles de los sectores marítimos pero teniendo en cuenta para ello los aspectos económicos, sociales y ambientales, “sin menoscabo de la conservación, protección y mejora del medio ambiente marino, incluida la resiliencia a los efectos del cambio climático”.

Actualidad
Escrito por Javier Sanz Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net