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Historias mínimas –pero aleccionadoras- de Chernobil y… Fukushima

1 de mayo de 2016 a las 12:03

voces-de-chernobilEl pasado martes 26 de abril se cumplía el treinta aniversario de la mayor catástrofe nuclear jamás ocurrida (la más grave en la “Escala Internacional de Accidentes Nucleares”: su nivel 7): la explosión del reactor nº 4 (tipo RBMK-1000) de la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, situada a 3 kilómetros de la ciudad de Prypiat y a 18 kilómetros al noroeste de la ciudad de Chernobil, ambas pertenecientes a la actual Ucrania. Con este motivo he vuelto a releer estos días los sobrecogedores testimonios reunidos magistralmente por la escritora bielorrusa, Svetlana ALEXIEVICH, en su obra titulada “Voces de Chernobil. Crónica de futuro” (publicado el Grupo Editorial Penguin Random House, 2015). Como es sabido esta periodista ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 2015, quien, según el Jurado, “su obra polifónica” es “un monumento al valor y al sufrimiento en nuestro tiempo”.

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Svetlana Alexievich

En la citada obra se recogen más de medio centenar de “monólogos” que son testimonios de quienes vivieron de primera mano los acontecimientos de Chernobil: desde la esposa de un bombero fallecido poco después de la catástrofe, hasta de residentes en la zona contaminada, pasando por algunos de los “liquidadores” de la central destruida, personal médico que atendió a las víctimas, periodistas, políticos, investigadores, evacuados de la ciudad de Prypiat, profesores, etcétera-. Casi veinte años ha tardado la autora bielorrusa en acopiar tan impresionantes reflexiones de los protagonistas de Chernobil. Como cuenta ella misma: “un año después de la catástrofe, alguien me preguntó: “todos escribe. Y usted que vive aquí, en cambio no lo hace. ¿Por qué?”; no quería escribir una obra rutinaria, descubrió que tras Chernobil había un enigma que había que descifrar. “¿Qué es lo que realmente había sucedido? (…) Sencillamente, ya no bastaba con los hechos, aspirabas a asomarte a lo que había detrás de ellos, a penetrar en el significado de lo que acontecía. Estábamos ante el efecto de la conmoción, Y yo estaba buscando a esa persona conmocionada. Esa persona anunciaba nuevos textos”.

“Con las personas para las cuáles Chernobil representa –como sigue diciendo Svetlana– el principal contenido de su vida, cuyo interior y cuyo entorno, y no sólo la tierra y el agua, están envenenados con Chernobil. Estas personas contaban, buscaban respuestas. Reflexionábamos juntos. A menudo tenían prisa, temían no llegar a tiempo, y yo aún no sabía que el precio de su testimonio era la vida”. Y, tras revelarnos el sentido de su trabajo periodístico, concluye: “un destino construye la vida de un hombre, la historia está formada por la vida de todos nosotros. Yo quiero contar la historia de una manera que no se pierdan los destinos de los hombres… ni de un solo hombre”.

Inevitablemente esta “historia mínima” de Chernobil, me llevó inevitablemente a otra de las catástrofes nucleares recientes como es el caso de Fukushima y, en particular, a rememorar la también sugerente obra de un profesor jubilado y bloguero, Takashi SASAKI quien, bajo el título “Fukushima. Vivir el desastre” (publicada en 2013 por editorial Satori), narra, a modo de diario, su vida y reflexiones sobre el devastador terremoto y tsunami que provocó –el 11 de marzo de 2011- el accidente de la central nuclear de Fukushima Daiichi, situada a 25 kilómetros de su vivienda. Los problemas de los suministros en su “ciudad fantasma”, la desesperante actitud del gobierno en los primeros mementos de la catástrofe, sus ocupaciones cotidianas, la sonrisa de su pequeña nieta Ai, la solidaridad de quienes habían decidido quedarse… nada pasa desapercibido para este damnificado por la catástrofe. Todo lo cual le obliga, además, a plantearse problemas más profundos.

fukushima-vivir-el-desastreCon toda frescura, este abuelo de setenta y un años, recoge, junto a incisivos comentarios del momento -como el siguiente: “Creo recordar que la primera vez que se habló de desmantelar la central fue cosa de una semana después del accidente. No puedo librarme de la sospecha de que por esas fechas, TEPCO (empresa eléctrica responsable de la central nuclear), que aspiraba a volver a poner en funcionamiento las instalaciones, solo tomaba pequeñas medidas para salir del paso y salvar las apariencias” (marzo de 2011)- verdaderas reflexiones de gran enjundia -como esta: “en Japón, todos los mecanismos sociales están hechos esmeradamente y de una forma que los hace muy seguros. Esto incluye también a los seres humanos, porque es grato poder decir que la seguridad ciudadana está, quizás, al nivel más alto del mundo. No, no era mi intención ponerles pegas a estos hechos. Lo que quiero decir es que Japón está concebido de una forma tan cómoda y segura,, que ante las cosas que no entran en las previsiones estamos totalmente indefensos” (abril de 2011)-. Y, en cuanto a la proverbial unidad del pueblo japonés, se atreve a afirmar, “(…) con ocasión del gran terremoto, hemos tomado conciencia de lo desunidos que estábamos, y de que esa distancia que nos separaba no va a poder ser acortada como no sea mediante un esfuerzo mutuo” (abril de 2011).

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Takashi Sasaki y su esposa

A estas alturas se han escrito “toneladas” de páginas -y bits- sobre ambos eventos catastróficos: exhaustivos informes técnicos, sesudos artículos científicos (en cuanto a un análisis comparativo de los impactos ambientales recomiendo el publicado por la revista “Science of the Total Environment”), apasionados alegatos en contra y a favor de la energía nuclear, innumerables colaboraciones periodísticas, hasta “comics”. Y, por supuesto, como era de esperar, con motivo de los aniversarios (20º, 25º, 30º…; 5º en el caso de “Fukushima”) se reabre, una y otra vez, el tan manido “debate nuclear”. Por mi parte, confieso que estoy un poquito cansado de tanta parafernalia mediática. Posiblemente, en la futura política energética (a corto y medio plazo) no podamos prescindir todavía de una porción nuclear en el “mix energético” -salvo que los alemanes nos convenzan de que es posible el “apagón nuclear” antes del 2030-, necesitados como estamos de “descarbonizar” cuanto antes la economía, para lograr los objetivos del “Acuerdo de París”.

En todo caso, me gustaría reivindicar aquí a quienes tengan en sus manos los hilos de la política energética (organismos internacionales, gobiernos, industrias, “lobbies”, analistas, etc.) que no pierdan de vista que tras esas decisiones –y sobre sus posibles consecuencias- están personas de carne y hueso como las que se cuentan en las obras de Svetlana ALEXIEVICH y Takashi SASAKI. Por encima de estadísticas, estudios, análisis hay personas, con nombres y apellidos, que sufren y padecen muchas veces las irresponsabilidades que quienes ejercen el poder. Ojalá no se cumpla el oscuro presagio con que concluye Svetlana una de sus reflexiones sobre Chernobil: “En Chernobil se recuerda ante todo la vida “después de todo”: los objetos sin el hombre, los paisajes sin el hombre. Un camino hacia la nada, unos cables hacia ninguna parte. Hasta te asalta la duda de si se trata del pasado o del futuro. En más de una ocasión me ha parecido estar anotando el futuro”.

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Cuarto centenario de Cervantes, los árboles y la “madre tierra”

24 de abril de 2016 a las 23:47

dia-internacional-de-la-tierra-2016-arbolesCon motivo de mi viaje a Cáceres, donde asistí al acto de investidura del doctorado Honoris Causa del Profesor Santiago MUÑOZ MACHADO, del que acabo de volver, tuve la oportunidad de visitar –aunque sea brevemente, el pasado viernes 22 de abril– el Parque Nacional de Monfragüe, situado dentro del triángulo que forman las ciudades de Plasencia, Trujillo y Cáceres. Este Parque Nacional, declarado como tal en marzo de 2007 y, previamente, en 1991, declarado “Zona de Especial Protección para las Aves” (ampliado en 2004 a las “dehesas del entorno”) es un verdadero paraíso de los pájaros, donde puedes observar hasta 210 especies diferentes de aves: una de las mayores colonias reproductoras de buitre negro, la mayor concentración mundial de águila imperial, y una de las más grandes concentraciones de rapaces mediterráneas.

Para mi la fugaz visita a Monfragüe fue la forma de celebrar el “Día internacional de la Madre Tierra”. ¿Qué mejor forma de hacerlo? Mientras, en la sede de Naciones Unidas en New York, mandatarios de 175 países firmaban -el mismo día 22 y ante la presencia del Secretario General dela ONU, Ban KI-MOON– el Acuerdo de Paris sobre el cambio climático, una esperanzadora muestra del compromiso de la Comunidad Internacional en la lucha contra el calentamiento global.cervantes2

Sin restar importancia al anterior acontecimiento, el motivo central de esta entrada de mi blog es hacer notar que el repetido 22 de abril celebramos el 400 aniversario de la muerte del gran genio de la literatura mundial, Miguel de CERVANTES SAAVEDRA, y de hecho, este año está plagado de interesantes actividades culturales organizadas en toda España por la Comisión Nacional para la conmemoración del IV Centenario de la muerte de Miguel de CERVANTES. Puestos a buscar alguna concomitancia de la obra de tan universal literato, es, desde luego, casual la coincidencia de la fecha de su fallecimiento con la de la celebración –como acabamos de señalar- del “Día Internacional de la Madre Tierra” que, además, este año lleva por lema: “Los árboles para la tierra”. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, los árboles –que aparecieron en el Planeta has más de 300 millones de años y de las que se calcula que existen 60.000 a 70.000 especies- desempeñan unas funciones esenciales para el clima (reduciendo los efectos de clima), para la biodiversidad (ayudando a contrarrestar la pérdida de especies), para la salud humana (ayudándonos a respirar un aire más limpio), etc.

Pues bien, volviendo al inmortal novelista español, es curioso encontrar en su obra cumbre –el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha-, en el Capítulo 11º -relativo al episodio del Caballero de la Triste Figura con unos cabreros- una maravillosa descripción de la naturaleza en unos supuestos idílicos tiempos antiguos: “Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario, para alcanzar su ordinario sustento, tomar otro trabajo que alzar la mano, y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano sin intereés alguno la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas sobre rústicas estacas, sustentadas no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia: aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella sin ser forzada, ofrecía por todas partes de su fértil y espacioso seno lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían”.

En el Sequoia National Park (California)

En el Sequoia National Park (California)

Como se puede comprobar, en este bellísimo texto literario, se contienen expresivas referencias a los motivos clave de este nuevo año internacional -la Madre Tierra y los árboles- con el que deseo homenajear al excelso Miguel de CERVANTES en este su cuarto centenario. Y, a tanta celebración, se une otro aniversario entrañable para mi, mucho más humilde, por supuesto, me refiero al sexto aniversario del inicio de la andadura de este blog.

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Una brillante década: 10 años del Observatorio de Políticas Ambientales

10 de abril de 2016 a las 10:44

IMG_3235El pasado viernes 8 de abril nos reunimos en Madrid, en la sala de juntas del Departamento de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense una treintena de investigadores en materia de Derecho Ambiental. Desde hace una década el profesor Fernando LÓPEZ RAMÓN, Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Zaragoza y uno de los pioneros de nuestro país sobre los estudios de Derecho Ambiental, nos convoca en la Villa y Corte a profesores e investigadores de toda España para preparar la elaboración de la publicación anual del Observatorio de Políticas Ambientales.

En esta ocasión nadie lo advirtió expresamente pero se cumplían los primeros diez años desde que dio comienzo esta estimulante iniciativa. No hubo una celebración “ad hoc” sino el concienzudo trabajo de siempre con las interesantes exposiciones de nuestros compañeros desde la última jurisprudencia ambiental del Tribunal de la Unión Europea hasta las novedades de la política ambiental de la Comunidad de Andalucía, pasando por la última reforma de la Ley de Montes del Estado o las reformas de la política italiana de medio ambiente y un largo etcétera de apasionantes cuestiones. Jornadas en que aprendemos un montón de cosas y donde surgen vivos debates sobre los temas más candentes, siempre sabiamente moderados por nuestro querido coordinador zaragozano.D0FD8D38-96EC-4211-9205-FB732A4A253B

A lo largo de estos años, estas reuniones y otros eventos científicos similares ha ido consolidando entre nosotros una verdadera amistad, una extraordinaria camaradería entre personas de los más diversos puntos cardinales del país y pertenecientes a diversas escuelas científicas. Bien se puede afirmar que este trabajo colectivo ha configurado con toda razón lo que venimos denominando como una verdadera familia, la “familia ius-ambientalista”. Una familia en que, cada año, se van integrando jóvenes valores pero en la que también tenemos que lamentar la pérdida de muy valiosos miembros del grupo como es el caso del Profesor Demetrio LOPERENA en 2013 y el año pasado (2015) la del Profesor Luis ORTEGA, trágicamente fallecido en un receso del Pleno del Tribunal Constitucional del que era Magistrado desde 2011. Con toda justicia, la décimoprimera edición de nuestro Observatorio va a estar dedicada a tan querido Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Castilla-La Mancha.

En esta magnífica aventura universitaria hemos contado siempre con el patrocinio de la activa Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes) y el Ministerio de Medio Ambiente. Éste último nos ha apoyado siempre, lo cual le honra, independientemente del partido gobernante y respetando nuestra libertad científica para poner blanco sobre negro lo avances y retrocesos de la protección ambiental. Y, desde el años 2008 también colabora en la publicación el “Centro Internacional de Estudios de Derecho Ambiental” (dependiente del organismo público de investigación CIEMAT, perteneciente al Ministerio de Economía y Competitividad) desde donde se publica la revista “Actualidad Jurídica Ambiental”, una de las revistas de Derecho Ambiental más populares de nuestro país (gracias a la gran labor de Eva BLASCO, su directora académica).

9788490985250A la vista de estos años tan fecundos por las valiosas aportaciones de nuestros compañeros del Observatorio de Políticas Ambiental no soy yo quien para hacer un balance general. La verdad es que no me atrevo a hacerlo pero, en todo caso, doy fe de que en todos y cada uno de los diez años en los que he tenido el honor de participar siempre ha dominado una extraordinaria libertad científica y un indestructible deseo de avanzar en una mejora de la protección ambiental de nuestro país. Desde que estalló la crisis económica hemos venido testificando en casi todos los ámbitos y apartados del Derecho Ambiental preocupantes retrocesos en el nivel de protección. En nuestro análisis no falta la pasión (para mi el ambientalista, o es apasionado, o no puede ser tal) pero también razones fundamentadas para defender el famoso principio de “no regresión ambiental” que, a duras penas, se va a abriendo paso por los tribunales, parlamentos y administraciones públicas. Pienso que, de esta manera, se presta un insustituible contribución a la sociedad poniendo de manifiesto, no sólo las carencias de nuestro sistema jurídico ambiental, sino también de sus iniciativas más progresivas.

Mi enhorabuena para todos los colegas –y, sobretodo, amigos- quienes hacen posible la publicación del informe anual del Observatorio de Políticas Ambientales y, en particular, a su coordinador, al Profesor LÓPEZ RAMÓN, su principal impulsor. Gracias a todos porque todavía nos permiten soñar en un futuro mejor en el que impere un verdadero “Estado Ecológico de Derecho”. Muy sinceramente, ¡gracias!

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En defensa de la Ría de Pontevedra

7 de abril de 2016 a las 0:19

P3N4263Definitivamente ¡NO! No comparto la decisión del “Gobierno en funciones” de prorrogar –por ¡sesenta años! (nada menos que hasta el 2078)- la concesión de ocupación del dominio público marítimo-terrestre, en la Ría de Pontevedra, de la papelera perteneciente a la empresa ENCE Energía y Celulosa S.A. Confieso que tenía especiales ganas de publicar esta opinión y si no lo he hecho antes es porque mi agenda de trabajo no me lo ha puesto fácil.

Desde que fue tomada la decisión –expresada en la Resolución de la Directora General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar de 20 de enero de 2016 (por delegación de la Ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente)- se ha desatado una interminable cadena de reacciones de todo tipo. Han predominado las opiniones críticas a la prórroga capitaneadas por los grupos ambientalistas (como la activa “Asociación pola Defensa da Ría” de Pontevedra) y por algunos de los Ayuntamientos afectados y, en particular, el de la ciudad de Pontevedra. Éste último ha manifestado su radical oposición, entre otras medidas, promoviendo –y aprobando (el pasado 22 de febrero)- la declaración de persona “non grata” -que no comparto- sobre su paisano, el mismísimo Presidente del Gobierno en funciones. Al mismo tiempo, no han faltado opiniones favorables a la medida sobre la continuidad de la papelera de Pontevedra: las de quienes ven, en el momento actual de la crisis económica, una oportunidad de desarrollo económico de Galicia y para el mantenimiento de centenares de puestos de trabajos dependientes –directamente o indirectamente- de la citada instalación industrial situada en la zona llamada de Luorizán.Ence

Como es sabido, la papelera de Pontevedra -que había comenzado su actividad en virtud de una Orden Ministerial de 13 de junio de 1958 (cuando ENCE pertenecía al Instituto Nacional de Industria)-, en principio tenía sus días contados hasta el año 2018 en que, de acuerdo con lo previsto por la Ley de Costas de 1988, caducaba la concesión del dominio público marítimo-terrestre (exactamente, 373.524 metros cuadrados). Pero, hete aquí que fruto de la reforma de la referida Ley de Costas de 1988 -la promovida por la Ley 2/2013, de 29 de mayo, de protección y uso sostenible del litoral– se alteró (en el art. 1,39 de ésta última Ley) el régimen de concesiones en la zona marítima-terrestre de la Disposición Transitoria Primera, 2 de la Ley de Costas (que, originalmente, sólo podían continuar hasta 2018) por un régimen especial para los terrenos destinados en dicha zona para “instalaciones e industrias”, pudiendo el Gobierno español prorrogar las concesiones preexistentes hasta un máximo de sesenta años, pero, para lo cual, necesita el previo informe –“determinante” (que, no vinculante) del órgano ambiental de la Comunidad Autónoma correspondiente. Informe que, según la nueva redacción de la Ley de Costas, debe incluir “las condiciones que deba contemplar la concesión para garantizar una adecuada protección del medio ambiente”.

Con arreglo a la reformada Ley de Costas el Gobierno del Estado podría haber aprobado la prórroga de la concesión sin el informe favorable de la Administración ambiental autonómica (aunque debería motivado las razones de interés general por las que lo hace), pero en este caso que comentamos el Informe de la Xunta de Galicia, emitido con fecha de 10 de noviembre de 2015, ha sido favorable si bien ha recordado la necesidad de cumplir con las obligaciones de protección ambiental que se concretaron en la autorización ambiental integrada reconocida a ENCE en 2013.

PE30C1F6No pretendo aburrir aquí al lector con argumentos jurídicos que no es del caso traer a colación en este momento. Se podría admitir que el procedimiento jurídico utilizado para la concesión de la prórroga es el adecuado desde el punto de vista formal (aunque hay quienes lo discuten). Pero, a mi modo de ver, hay suficientes razones de fondo –políticas, jurídicas y técnicas- que permiten mantener una posición contraria a la discutida decisión del Gobierno de la Nación.

Desde el punto de vista político –en el mejor de los sentidos, de una buena gobernanza del territorio-, una decisión como la de la continuidad durante sesenta año mas de la papelera hubiera requerido, a mi juicio, un mayor debate público y un verdadero proceso de participación ciudadana en la solución final. Aun habiendo ciudadanos beneficiados con la permanencia de la papelera, pienso que son muchos más los afectados y, singularmente, los que lo fueron cuando se instaló la papelera, a finales de los años cincuenta del pasado siglo, con un extraordinario coste ambiental. Pero en una democracia que se precie, los intereses generales deben de prevalecer sobre los particulares. Además, es preciso recordar aquí, las repetidas promesas de los políticos de todo nivel y color político en la dirección de apoyar la finalización de la referida concesión. Y, a todo lo anterior, añado que es criticable haber tomado la decisión en un Gobierno “en funciones” (sólo para los temas de “ordinaria administración”).

Por lo que se refiere a la justicia ambiental, no me cabe la menor duda de que Galicia y los ciudadanos que viven en el entorno de la Ría de Pontevedra tienen un derecho a no soportar por más años las incomodidades de la papelera. Según nuestro Estado de Derecho, han de repartirse con justicia las cargas y los beneficios que conlleva nuestra convivencia y nuestro desarrollo económico. Y, desde esta perspectiva, pienso que prolongar sesenta años más las externalidades contaminantes de ENCE es manifiestamente injusto y desproporcionado. Es cierto que, cuando se instaló la papelera, no había legislación ambiental que evitara la degradación ambiental de una de las rías más bellas de Galicia, no hay que olvidar que, sobre los gestores del grupo empresarial ENCE-ELNOSA, recayó una condena por delito ecológico por la Audiencia Provincial de Pontevedra (la Sentencia de 5 de noviembre de 2002).55559fa65c003-apdr

En cuanto a una orientación más técnica –desde la protección ambiental– del asunto que nos ocupa, la situación degradación de la Ría de Pontevedra persiste como se pone de manifiesto por la recientísima Sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, de 10 de marzo de 2016, por la que se condena al Reino de España por haber incumplido las obligaciones que le incumben en aplicación de la Directiva 91/271/CEE sobre tratamiento de las aguas residuales urbanas en lo que respecta a la aglomeración de Pontevedra-Marín-Poio-Bueu. Aunque la situación actual de deterioro de las aguas en transición de la Ría de Pontevedra no se debe principalmente a la instalación industrial de ENCE, la gravedad de la situación es motivo más que suficiente para haber declarado la caducidad de su concesión y de esta manera facilitar el proceso de recuperación del medio marino afectado.

¡Muy bien con lo ambiental!, se me dirá, pero ¿qué pasa con los puestos de trabajo que genera la papelera y todo el desarrollo económico que se desarrolla en torno a la explotación forestal en Galicia? Siempre he defendido un modelo de desarrollo sostenible que no olvide la perspectiva económica (junto a la social y ambiental). La toma de buenas decisiones requiere una planificación previa que, en el supuesto de que se hubiera decidido cerrar ENCE en Pontevedra, hubiera precisado de un razonable periodo de aplicación de las medidas oportunas: búsqueda de un nuevo emplazamiento (menos dañino para el medio ambiente), mantenimiento de los puestos de trabajo para actividades sustitutivas, etc. Los cambios necesitan tiempos de asimilación.

No dudo de la buena voluntad de los actuales gestores de la empresa ENCE Energía y Celulosa quienes, con fecha de 4 de diciembre de 2015, se ha comprometido a cumplir las condiciones y prescripciones impuestas por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente para otorgar la prórroga extraordinaria de la concesión otorgada en 1958. Más de 61 millones de euros en mejoras ambientales ambientales y operativas, mantenimiento de más de 800 empleos en Pontevedra y 5.000 en Galicia, etc. Aun con todo, a mi no me salen las cuentas y menos para una actividad potencialmente contaminante que, sin nadie lo remedia, está llamada a perdurar algo más de un siglo (120 años, desde 1958 a 2078). No lo entiendo. Quizá es que soy de letras.

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Ante la crisis climática-ambiental

20 de marzo de 2016 a las 21:14

LIBRO_CRISIS_TEMATICA_AMBIENTALAlgo tendremos que hacer. No nos vamos a quedar de brazos cruzados. ¿Qué es muy poco lo que podemos hacer frente a la crisis ambiental? Pero, muchos pocos puede ser mucho. Y, los gestos como el de ayer -en que se celebró, un año más, la iniciativa de WWF “60+”, “La hora del Planeta-, con un apagón voluntario, es un buen motivo para valorar la importancia del ahorro energético y, al mismo tiempo, para disfrutar de la belleza de “un cielo oscuro”.

Justo en estos días ha caído en mis manos el libro del economista ambiental y ensayista vasco Antxón OLABE EGAÑA titulado: Crisis climática-ambiental. La hora de la responsabilidad (publicado en 2016 por la Galaxia Gutemberg). Se trata de un interesante ensayo ambientalista de este experto en cambio climático –que, además, promueve el sugerente blog “Punto de inflexión”- sobre la vigente “desestabilización de las funciones de soporte de la biosfera”, sobre las causas –y efectos- de la “crisis climática-ambiental” experimentada en la nueva época geológica en que vivimos (llamada “Antropoceno”) y sobre las posibles soluciones. Todo esto aderezado de un rico aparato bibliográfico.

En este libro -que pretende ofrecer una visión interdisciplinar del “cambio global”- se sigue el “modelo F-P-E-I-R”, es decir, Fuerzas (motrices), Presiones, Estado (del medio ambiente), Impactos y Respuestas. Aunque, como señala el autor, “las respuestas a los problemas ambientales de alcance global no han funcionado de forma satisfactoria porque se han abordado desde un marco de referencia que ha dejado de lado las fuerza motrices”. A lo largo de la Primera Parte se hace un recorrido histórico desde la aparición del “homo sapiens”, de su adaptación al medio natural, de la puesta en marcha de la civilización con el inicio de la agricultura, …, hasta las Revoluciones Industriales y la intensificación de las fuerzas motrices, intensificadas a partir de la segunda mitad del siglo XX, que “están provocando un cambio en el estado de la biosfera”.

En la Segunda Parte, se hace un completo análisis de los principales problemas ambientales (cambio climático, pérdida de la biodiversidad, contaminación química, desertificación, sequías, erosión del suelo, etc.) que nos han abocado a la presente “crisis ecológica”. Una crisis que no es consecuencia ineludible de la naturaleza humana (frente a visiones más pesimistas del ser humano) pero que tiene su origen en la “idea de separación y dominio del hombre respecto a la naturaleza”, enfatizada desde los comienzos de la Edad Moderna de la civilización europea occidental e impulsada posteriormente por el desarrollo económico experimentado por la primera Revolución Industrial, a mediados del siglo XVIII. Todo este proceso nos lleva, en palabras de OLABE EGAÑAhacia un futuro incierto y peligroso” y la comunidad científica alerta sobre la “urgencia de actuar ante las amenazas identificadas”. Siguiendo el estudio de ROCKSTRÖM, se explica que se han sobrepasado los “umbrales críticos” varios de los subsistemas del “sistema Tierra” –la pérdida de diversidad biológica, la alteración del ciclo del nitrógeno y el cambio climático- y, en otros, se está a punto de superarlos (acidificación de los océanos, disponibilidad de agua potable, cambios en el uso del suelo y el ciclo del fósforo).

Particularmente interesante me parece la Tercera Parte del libro que comentamos, donde se recogen los fundamentos filosóficos, económicos y políticos sobre los que el autor basa sus propuestas para superar la actual “crisis climática-ambiental”. Hay, en primer lugar, una responsabilidad moral hacia las generaciones venideras y una justicia climática que obliga a los países desarrollados para ayudar a los países en desarrollo y que pone en entredicho la legitimidad de los Estados para disponer sin límites los bienes comunes de todos los pueblos y naciones del mundo. Desde la perspectiva económica, se propone la acción de “desacoplamiento del crecimiento económico de las presiones y los impactos ambientales”, “integrar los umbrales críticos de la biosfera en el desarrollo económico”, promover “una transición energética basada en el ahorro, la eficiencia y las energías renovables”; “es la hora de desarrollar una síntesis inteligente entre la Economía y Ecología” pero sin necesidad de incurrir en las tesis del “decrecimiento sostenible” (por no ser realista, según el autor). A este respecto, aprovecho para decir que me gustó la crítica del autor (recogida en la revista “Política Exterior”) a la tan citada obra de la activista Naomi KLEIN: Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima (publicado en 2015 por la editorial Paidós) en el sentido de que “el dilema real que nos enfrentamos no es tanto capitalismo o clima (como defiende KLEIN), sino energías fósiles versus energías limpias”; aparte de la limitada visión –de esta periodista canadiense- al problema del cambio climático en los Estados Unidos, que no tiene en cuenta la interesante experiencia de la Unión Europea.9788449331022

Tras identificar algunos de los predecesores (THOREAU, MUIR), las diferentes tendencias y los más destacados hitos, que se han desarrollado a lo largo del último medio siglo en el “movimiento ambiental” (conservacionismo, ecofeminismo, justicia ambienta, ecología política, ecología profunda, etc.), se pone de manifiesto su contribución para transformar la comprensión de la relación entre los seres humanos, las sociedades y el medio natural. Dicho movimiento sigue siendo muy importante para promover una amplia alianza entre todos los sectores de la sociedad (comunidad científica, tradiciones religiosas, pueblos, ciudades y regiones, etc.), una “alianza en defensa del clima y por la preservación de la biosfera”. En este sentido el economista vasco destaca el acierto y oportunidad de la encíclica “Laudato Si” del Papa FRANCISCO ya que “ha situado en el centro del debate el desafío moral con que nos confronta este grave problema” (el cambio climático).

Finalmente, en el apartado de las “Instituciones y políticas” el economista OLABE EGAÑA propone reformular las instituciones internacionales y transnacionales desde la perspectiva de la “preservación de las funciones vitales de la biosfera”, así, por ejemplo, crear una nueva agencia independiente en el sistema de Naciones Unidas: la “Organización Mundial del Medio Ambiente” que sustituya el vigente PNUMA. O, igualmente una mayor responsabilización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ante la crisis climática. También, se destaca la aprobación de la “Carta de Custodia de la Biosfera” de las Naciones Unidas, a modo de “contrato social” en el que se formalice con carácter normativo el acceso y utilización de los bienes comunes preservándolos de sus “umbrales críticos”.

En su conjunto comparto el diagnóstico y las propuestas del autor del ensayo que estamos comentando por su visión esperanzada (“construir la esperanza” es el título de su penúltimo capítulo), de que todavía estamos a tiempo de recuperar la vital armonía entre el ser humano y el mundo biológico, asumir nuestra labor de custodiar la biosfera. Además veo algunos puntos de confluencia entre la tesis de OLABE EGAÑA -de aprovechar esa interesante corriente de “resistencia desde la sociedad civil” que ha cristalizado en “una amplia red de relaciones plural, creativa, policéntrica, dinámica, comprometida…”- con la de KLEIN – que reclama para la lucha contra el cambio climático un movimiento social que impulse el necesario cambio de cosmovisión (siguiendo la estela de otras movimientos históricos como el abolicionista, de igualdad de derechos, etc.)-. Pon encima de otras fuerzas de transformación (económica, tecnológica…), la social nos parece primordial.

Sin pretender enmendar la plana al economista, me parece que no estaría mal convencer a los países desarrollados de aplicar cierto “decrecimiento sostenible” para que los países desarrollados puedan llegar a sus mínimos vitales de crecimiento. Y, en la parte institucional, me parece que el planteamiento del autor es demasiado optimista con la labor de las organizaciones internacionales; visto el resultado del reciente “Acuerdo de Paris” –sin dudar de la importancia de las iniciativas mundiales- pienso que el futuro de la buena senda hacia una “sociedad descarbonizada” está en la propia responsabilización de las instancias políticas nacionales, regionales y locales, y a la necesaria implicación de la sociedad civil en tan colosal tarea.

Mesa redonda sobre el Acuerdo de Paris, con Xavier Lavandeira y María Garcia

Mesa redonda sobre el Acuerdo de Paris, con Xavier Lavandeira y María Garcia

Como nos comentaba recientemente el Profesor Xavier LAVANDEIRA (Director del Instituto de Regulación Climática del Instituto Europeo de Florencia) –en una mesa redonda que organizamos sobre el “Acuerdo de Paris” en mi Universidad de A Coruña-, la política del cambio climático del futuro constituye “un proceso complicadísimo y lleno de incertidumbres”, en el que hay que procurar realizar una “transición inteligente” hacia una economía baja en carbono y que debe pasar por la desideologización que ha sufrido dicha política hasta el momento actual (en especial en los Estados Unidos). En cualquier caso, me quedo con el subtítulo de la obra de OLABE EGAÑA: es ¡“La hora de la responsabilidad”!

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Réquiem por el Algarrobico

23 de febrero de 2016 a las 1:23

2005hotelGracias a mi buen amigo José Manuel MARRACO, incansable abogado defensor de Greenpeace-España, he podido acceder al texto de una de las recientes sentencias de la Sala Tercera de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo, dictadas el pasado 10 de febrero sobre el caso de “El Algarrobico”. No una sino ¡cuatro! terminantes pronunciamientos de la más alta instancia judicial –favorables a las pretensiones de la citada asociación ecologista y de la Junta de Andalucía, y desestimatorias de los recursos presentados por la entidad mercantil “Azata”- deberían poner ya el punto final a uno de los más increíbles galimatías judiciales del contencioso ambiental de los últimos decenios en nuestro país.

El fantasmagórico hotel “Azata” construido, a partir del año 2003, en el lugar conocido como “El Algarrobico”, perteneciente al término municipal de Carboneras del litoral almeriense y en pleno corazón del bello Parque Natural de Cabo de Gata Níjar, ha requerido más de veinte decisiones de diferentes órganos e instancias judiciales (contrarias mayoritariamente a su existencia) para obtener una terminante y definitiva declaración sobre su ilegalidad. Si bien, ahora queda pendiente su ejecución, es decir, su derribo y la reposición del terreno en el que se asienta la instalación turística a su situación natural anterior.

La noticia merece celebrarse por cuanto que, a nuestro juicio, marca el fin de una etapa –que el gran maestro Ramón MARTÍN MATEO denominó “de la gallina de los huevos de cemento”- que acabó, en el fragor de la crisis económica, con la trágica “burbuja inmobiliaria” y de la que el Hotel del Algarrobico constituía un triste ejemplo de ese urbanismo salvaje e invasor de las zonas costeras. Pero, al mismo tiempo, el “non-nato” hotel “Azata” ha sido todo un símbolo de la lucha para salvar el litoral del tsunami enladrillador que ha dominado nuestras costas. Además, este edificio era el primero de los ocho hoteles inicialmente planificados en el Cabo de Gata.pic-20121116065022S0358P5

Por tal motivo, hay que dar la enhorabuena a todos aquellos que han luchado, contra el viento y marea, sorteando los recovecos y requiebras procesales de este pleito. Mi sentida enhorabuena pues: primero al Juez Jesús RIVERA quien, al comienzo de este “culebrón”, a principios de 2006 paralizó las obras del hotel y en septiembre de 2008 declaró ilegal su licencia de obras; a la asociación Greenpeace que trabajado con tesón en los tribunales y sobre el terreno; a la Asociación Salvemos Mojácar y el Levante Almeriense, que ha sabido promover una amplia campaña en la opinión pública.

Desgraciadamente persisten todavía en España otros “Algarrobicos” que, o bien esperan una decisión judicial declaratoria de su ilegalidad o bien que, aún contando con un pronunciamiento palmario, todavía no han logrado ejecutarse definitivamente. La lista es interminable: el hotel Talaso en Oia o el hotel Playa Canelas en Sanxenso, ambos en Galicia; el hotel de Dunas de Corralejo en la isla de Fuerteventura y el hotel Médano en Granadilla en Tenerife; la depuradora de aguas residuales de Vuelta Ostrera en Suances y varios centenares de viviendas –con sentencias de demolición- en Cantabria; incluso, fuera del litoral, el caso del complejo de lujo de la Marina de la Isla de Valdecañas en el embalse del mismo nombre en Cáceres…

El caso del “Algarrobico” constituye un importante y simbólico hito de esa “lucha por el Derecho” que tenemos por adelante en la defensa del medio ambiente y de la ordenación integral del litoral. Incluso la reforma de la Ley de Costas de 1988 -operada por la escasamente proteccionista Ley 2/2013– incluyó en su art. 119,2 una habilitación al Delegado del Gobierno para, a instancias del Ministro de Medio Ambiente, “suspender los actos y acuerdos adoptados por las entidades locales que afecten a la integridad del dominio público marítimo terrestre o de la servidumbre de protección”, que se ha denominado “claúsula anti-Algarrobico”. Un norma que, por cierto, acaba de ser validada por el Tribunal Constitucional (en su Sentencia 6/2016 de 21 de enero de 2016 en la que se rechaza el recurso presentado por la Junta de Andalucía contra la citada reforma de la Ley de Costas) declarando que «resulta constitucionalmente legítima» la intervención de un órgano estatal a través de un mecanismo cautelar y extraordinario, cuando el acto local afectado por la medida de suspensión pueda comprometer la integridad del demanio, la preservación de sus características naturales o su libre utilización pública y gratuita…”.

85287_137316Tanto en el caso de “El Algarrobico” como en muchos de los otros supuestos similares se da la circunstancia de que, junto con la ejecución por parte de los promotores privados de las construcciones declaradas ilegales, concurren las actuaciones favorables de las entidades locales y, al menos, la desidia o inactividad del resto de las Administraciones –autonómicas y/o estatales-. Por tal motivo, en tales casos es muy valiosa la actuación de la sociedad civil (particulares concienciados, asociaciones ecologistas, etc.) para evitar la impresentable impunidad de dichas conductas.

Como siempre, sin descuidar la necesaria labor de depuración de los órganos judiciales frente a actuaciones –públicas y privadas- arbitrarias y contrarias al ordenamiento jurídico, insistimos aquí en la importancia de las medidas preventivas. No en vano, la demolición del hotel “Azata” y la restauración de la zona tiene un coste valorado en más de siete millones de euros y, a la espera de la ejecución de la Sentencia del Tribunal Supremo aquí comentada, es muy posible que dichas tareas tengan que realizarse conjuntamente por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y la Junta de Andalucía, y por lo tanto, con cargo a los dineros de los contribuyentes.

Al final, sólo nos queda gritar, alto y claro, en nuestra lengua gallega, “Algarrobicos” ¡Nunca máis!  

 

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Lo que de verdad importa: las víctimas. Reflexiones sobre la STS del Prestige

15 de febrero de 2016 a las 19:15

1443457914_759603_1443530473_noticia_normalTras casi un mes de inactividad, tengo tal cúmulo de asuntos ambientales que me gustaría comentar que he decidido priorizar por los temas con los que tengo más familiaridad y cercanía. Cuando escribo esta entrada se cumple casi justo un mes desde que se dictó la Sentencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo sobre el caso del buque “Prestige” (aunque fue publicada a finales del pasado mes de enero). Se trata de la respuesta al recurso de casación interpuesto contra la sentencia de la Audiencia Provincial de A Coruña de 13 de noviembre de 2013, por muy diferentes sujetos: la Xunta de Galicia, el Ministerio Fiscal, el Capitán del “Prestige” (el ciudadano griego, Apostolos Ioannis MANGOURAS), la plataforma ciudadana “Nunca Mais”, etc.

Como es sabido, aquella sentencia de la Audiencia Provincial únicamente condenó al Capitán griego por delito de desobediencia grave a la autoridad y absolvió a todos los imputados (entre ellos, el propio Capitán y el, entonces, Director General de la Marina Mercante, José Luis LÓPEZ-SORS) de los delitos contra el medio ambiente de los que se les acusaba por las diferentes partes de la acusación. Y, como ya han destacado todos los medios de comunicación, la nueva Sentencia del Tribunal Supremo casa y anula la anterior sentencia al declarar, por el contrario, que “los hechos declarados probados por la Audiencia Provincial, son constitutivos de un delito imprudente contra el medio ambiente en la modalidad agravada de deterioro catastrófico previsto en el Código Penal”. Por tal motivo, el Capitán MANGOURAS ha sido condenado a una pena de dos años de prisión aunque felizmente, por su carencia de antecedentes penales, no volverá a pisar la cárcel.

Recuerdo muy bien cuando tuve la oportunidad de asistir a la lectura de aquella Sentencia de la Audiencia Provincial de Coruña de 2013 en la que el estribillo era: “nada puede probarse”, “nada se ha podido demostrar”… y la sensación de perplejidad que inundó la Sala donde tuvo lugar la lectura de la Sentencia. Una sensación de impunidad, de que después de la catástrofe, nadie era responsable de tan graves acontecimientos y de los ingentes daños valorados por la Fiscalía en 4.442 millones de euros.

Después de aquella experiencia de cierta frustración, estaba claro que casi nadie estaba satisfecho –ni defensores, ni acusadores- con el resultado judicial y que el recurso al Tribunal Supremo no se iba a dejar esperar. Ahora, la extensa –y pedagógica- sentencia de casi doscientas páginas tenía la nada sencilla tarea de reabrir en la casación el tema de la responsabilidad civil derivada del delito cometido por el Capitán y la consiguiente extensión de la misma a otros sujetos, en particular, a la aseguradora del “Prestige” (la británica “London P&I Club”), con la que el armador había suscrito una póliza de hasta 1.000 millones de dólares.H16O2036

A lo largo de los fundamentos jurídicos 7º a 40º el Tribunal Supremo va desgranado los elementos de juicio para emendar la plana a la Audiencia Provincial y considerar como hechos probados que el Capitán MANGOURAS incurrió en un delito imprudente contra el medio ambiente pues “generó un riesgo de contaminación que excedió del meramente grave que exige el tipo básico, cuyos contorno quedaron desbordados con una proyección de lesividad para el medio marino y el ecosistema en general, no sólo irreversible (…) sino además catastrófica” (FJ 35ª). Esta condena ha sido duramente criticada por el polifacético marino mercante, Juan ZAMORA TERRÉS, al considerar que se utiliza al Capitán MANGOURAS como chivo expiatorio para “salvar al Tesoro público y poder reclamar los dineros que la Fiscalía imputa a las consecuencias del vertido de la carga del Prestige, cueste lo que cueste”.

De otra parte, a lo largo de los fundamentos jurídicos 42º al 61º se sustancia la respuesta a la acusación contra José Luis LOPEZ-SORS y concluye –como la Audiencia Provincial- que no se dan los supuestos fácticos que permitan condenar por delito ecológico al, por entonces, Director General de la Marina Mercante (es decir, como reclamaban los acusadores, por “una actuación intencional o gravemente imprudente que se concretó en el alejamiento del buque de la costa hasta su hundimiento”). Sin dejar de señalar algún omisión en su conducta como la falta de constitución en el momento del accidente del “Comité Técnico Asesor”, se pone de manifiesto que actuó con la profesionalidad exigida y añadiendo que, además, “no se pueden obviar las circunstancias en que se adoptó la decisión”.

Por lo que se refiere a la responsabilidad civil, el Tribunal desarrolla su posición en los fundamentos jurídicos 62º a 74º con la loable finalidad de proporcionar a los perjudicados la máxima indemnización posible. Sin embargo, como ha comentado recientemente el gran experto en Derecho Marítimo, José Luis GABALDÓN, es muy probable que tan elogiable propósito se vea frustrado ante la fuerza jurídica del “Convenio Internacional sobre Responsabilidad Civil por Daños debidos a la contaminación de Hidrocarburos” (en concreto, el conocido por las siglas CLC-92) que limita la responsabilidad de los sujetos intervinientes (capitán, propietarios, armadores, aseguradores). Es decir, que es muy posible, que la compleja ejecución de la Sentencia no pueda obtener más de los casi 23 millones de euros depositados por el asegurador del Prestige, además de los aproximadamente 172 millones de euros del “Fondo Internacional para la Indemnización por Contaminación de Hidrocarburos” (FIDAC).

Como ha sido puesto de manifiesto por gran número de expertos el vigente régimen de responsabilidad civil por daños de hidrocarburos (CLC) y de otras sustancias nocivas y potencialmente peligrosas (SNP), adoptados por la Organización Marítima Internacional (OMI) resulta a todas luces insuficiente. Algunos datos sobre esta realidad pueden consultarse en el libro colectivo que tuve el honor de co-dirigir sobre “Nuevos escenarios de la Seguridad Marítima en Europa” (Editorial Bubok, 2014). Cabe la opción por el modelo por el modelo unilateral de responsabilidad de la “Oil Pollution Act” de 1990 de los Estados Unidos de América, o, como defiende el economista gallego Albino PRADA, la reforma de la normativa comunitaria europea sobre responsabilidad ambiental para incorporar –bajo el principio “quien contamina paga”- los daños por tráfico marítimo, ahora expresamente excluidos. La propia República Popular China acaba de crear, a mediados del año 2015, un fondo de garantías por derrames de hidrocarburos tutelado por su “Administración de Seguridad Marítima” (MSA).

Nuevos-escenarios-de-la-seguridad-maritima-en-Europa-Reflexiones-tras-los-casos-del-Erika-y-el-PrestigeSea lo que fuera, lo que, a mi juicio, queda claro de esta historia es que, ante catástrofes como la del “Prestige” hay, por encima de los estrictos cauces procesales, muchas víctimas sin resarcir adecuadamente: sacrificados profesionales de la marina mercante que deben de operar en condiciones extremas y con carencia de adecuados medios personales y materiales (el ahorro de los costos de seguridad impera); amplias poblaciones dependientes de los recursos marinos cuya inmediata reparación pende, en su caso, de la benevolencia de sus Gobiernos y de la situación económica existente; Estados ribereños situados en corredores marítimos con gran tráfico marítimo que, ante accidentes, tienen reconocidos en el vigente Derecho Internacional muy limitados poderes (en pro del histórico principio de “libertad de navegación”); gestores –públicos y privados- de la seguridad marítima que han de batirse, muchas veces, con la nada fácil tarea de combatir consecuencias catastróficas en condiciones extraordinarias, sin que puedan preverse fórmulas mágicas, pues como nos recordaba el gran especialista francés, Michel GIRIN (del CEDRE), “cada caso es diferente…”

Una vez más, defendemos un más justo reparto de las responsabilidades en la presente sociedad del riesgo, donde son prioritarias las medidas de prevención, y en la que, salvo en casos muy extremos, no es adecuada la criminalización de las conductas de los profesionales directamente implicados en los hechos catastróficos, aunque sí lo puede ser la de aquellos opacos entramados empresariales que se blindan ante cualquier sanción jurídica y de los que aquéllos son meros ejecutores. Quizá, como señala mi colega Andrés BETANCOR sobre la sentencia del TS que ahora comentamos, estamos ante una lógica reacción de una de las víctimas, de la “España justiciera” (“la que persigue la justicia”), “una sentencia que ha restablecido el Derecho frente a los irresponsables que permitieron que pudiese navegar un barco con tan graves defectos”, si bien ahora queda la muy difícil “batalla de la ejecución”.

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Cerrar el círculo de la economía circular

20 de enero de 2016 a las 2:10

vNwJh4Suouh1ADQdru43qcQYm5mYACOUpsNo se trata de un juego de palabras sino el título del nuevo “plan de acción” que la Comisión Europea acaba de aprobar a finales del año pasado con el objetivo de poner en marcha un nuevo modelo de economía, la llamada “economía circular”. Si recuerdan mis lectores, a finales del año pasado, nos hicimos eco de la alarma difundida por influyentes ambientalistas de toda Europa ante la posible retirada por parte de la nueva Comisión Europea (presidida por JUNCKER) de un programa sobre promoción de la “economía circular” en el paquete de medidas de política ambiental comunitaria que había sido presentado por el anterior Comisario de Medio Ambiente (Janez Potočnik). Felizmente, parece que tal vigorosa y pronta reacción ha dado sus frutos con la presentación por la actual Comisión Europea, como decíamos, del “plan de acción de la Unión Europea para la economía circular”.

En cuanto al concepto y características de la “economía circular” nos remitimos a lo ya dicho en nuestra anterior colaboración pero, no obstante, es bueno recordar aquí la inestimable labor de difusión que sobre esta idea viene realizando la “Ellen Macarthur Foundation” (sustentada por muy importantes “sponsors” como “Cisco”, “Google”, “Philips”, etc.). Encuadrada en una de las siete iniciativas emblemáticas de la “Estrategia Europa 2020” (para un “crecimiento inteligente, sostenible e integrador”), en particular, la relativa a la definida como “una Europa que utilice eficazmente los recursos”, la “nueva estrategia económica” pretende sustituir el periclitado modelo de “economía lineal” (extracción, fabricación, utilización y eliminación; es decir: “coge, fabrica y tira”) por un nuevo modelo de sociedad implicada en utilizar y optimizar los stocks y flujos de materiales, energía y residuos desde la perspectiva de la eficiencia del uso de los recursos. Además, esta nueva dirección económica ha de impulsar la competitividad de la Unión Europea y debe crear muchos puestos de trabajo, así como mayores oportunidades para la integración y cohesión social.Ellen-MacArthur-Foundation

Como se expresa en la introducción del citado “plan”, “la transición a una economía más circular, en la cual el valor de los productos, los materiales y los recursos se mantengan en la economía durante el mayor tiempo posible, y en la que se reduzca al mínimo la generación de residuos, constituye una contribución esencial a los esfuerzos de la Unión Europea encaminados a lograr una economía sostenible, hipocarbónica, eficiente en el uso de los recursos y competitiva”. Para tal fin, el plan contempla una serie de medidas clave como las orientadas a reducir el insultante despilfarro de alimentos, para el fomentar el “diseño ecológico” –que, a su vez, promueven la “reparabilidad”, “durabilidad” y “reciclabilidad” de los productos, además de la eficiencia energética-, para el reconocimiento de los “abonos orgánicos” y los “bionutrientes”, para abordar los problemas de “reciclabilidad”, “biodegradabilidad” y presencia de sustancias peligrosas en los plásticos (que reduzcan significativamente los residuos marinos), para regular la reutilización de las aguas residuales, etc. Y, todo ello, con una generosa financiación de más de 6.000 millones de euros con cargo a los Fondos estructurales y al programa de investigación “Horizonte 2020”.

En dicho conjunto de medidas resulta especialmente relevante la revisión de la legislación de residuos con un elenco de objetivos comunes de cara al año 2030 como los del reciclado del 65% de los residuos municipales y del 75% para los residuos de envases, o el de la reducción de la eliminación en vertederos a un máximo del 10% de todos los residuos, y la aprobación de una serie de incentivos económicos para comercialización de productos más ecológicos y para la recuperación y reciclado. Pese a todo, tales previsiones no han escapado de los críticas de algunos grupos ecologistas como “Amigos de la Tierra” que esperaban unos objetivos más ambiciosos (por ejemplo, el 70% de reciclaje y preparación para la reutilización para el año 2030 o el 30% de la reducción del desperdicio alimentario).

economia_circularDesde luego que las previsiones recogidas en el plan son impresionantes: la evitación de residuos, el diseño ecológico, la reutilización y medidas similares podrían aportar a las empresas de la UE un ahorro neto de 600 000 millones de euros, o el 8 % del volumen de negocios anual, reduciendo al mismo tiempo las emisiones anuales totales de gases de efecto invernadero en un 2-4 %. Y, si no he entendido mal la filosofía de la “economía circular”, una de sus consecuencias es la de acabar con la insostenible práctica de la “obsolescencia programada” (ya controlada, en parte, en Francia).

Está claro que la “economía circular” está llamada a tener un gran protagonismo en el futuro del Planeta con una acelerado consumo de recursos naturales, cada vez más escasos. De hecho, muchos de los presupuestos de esta economía se están aplicando ya en muchos países de Europa (Alemania, Reino Unido, Holanda y Francia), vinculados a la política de los residuos. Es sabido que la República Popular de China cuenta desde el año 2008 con una “Ley de Economía Circular” aunque todavía con muchas dificultades para tener una aplicación efectiva. Y, en España, el recientemente aprobado “Plan Estatal sobre el Marco de Gestión de Residuos” (PEMAR: 2016-2022) trata de incorporar el nuevo paradigma económico.Screen-Shot-2016-01-19-at-12.55.58

Nos parece muy atractivo esta nueva política económica. Los beneficios son evidentes como trata de demostrar el reciente informe sobre “Circular Economy in Europe” que acaba de publicar la Agencia Europea de Medio Ambiente. Como dice el prestigioso economista catalán, Joan MARTÍNEZ ALIER: “¿Quién podría estar en contra?”. Pero este autor se muestra un tanto escéptico la nueva moda. Citando a otro autor (Jesús RAMOS MARTÍN) se refiere a la “ilusión de la economía circular” en virtud de la cual parecería que el crecimiento puede continuar de manera ilimitada “pues reciclaremos los residuos y los convertiremos en nuevos recursos”; pero aparece una paradoja (la “paradoja de JEVONS”): “la mayor eficiencia abarata el coste y por tanto puede llevar a un mayor uso”. Además, según el citado profesor de economía ecológica los datos actuales sobre el uso mundial de materiales dejan mucho que desear: “lo que se recicla actualmente en el mundo no es más que el 6% de los materiales extraídos”, y, por lo tanto, “estamos lejísimos de una economía circular”.

Quizá nos encontremos ante una “cuadratura del circulo” de la economía circular, pero algo me dice este nuevo planteamiento es la única forma de alejarse del fantasma de un futura crisis global de los recursos naturales, tal como predicen algunos futurólogos. La Unión Europea está apostando fuerte por esta iniciativa y no vamos mas que alentar, cuantas veces sea preciso, tan apasionante reto.

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La Transcantábrica está que arde o los retos del sector forestal español

2 de enero de 2016 a las 1:41

efe_20151228_185902471Con motivo de una viaje familiar que he realizado estos días desde Galicia hasta el Pais Vasco y Navarra, he tenido la oportunidad de comprobar con asombro las inusuales temperaturas (por llamativamente templadas) a lo largo de todo el litoral cantábrico, así como la triste lacra de los incendios forestales que están asolando la cordillera Transcantábrica. Más de 3.000 hectáreas han ardido en lo que va de invierno.

Como señalan los expertos, no es excepcional que proliferen los incendios de Asturias y Cantabria en la temporada de invierno-primavera. Pero lo cierto es que este año se han dado unas excepcionales condiciones más propicias para el fuego: altas temperaturas, combustibles secos, baja humedad, vientos fuertes, ausencia prologada de lluvias… Y, además, se están produciendo incendios de grandes dimensiones que afectan a arbolado autóctono y a ciertos espacios de gran valor ecológico. Según un especialista en temas forestales, se trata de uno de los más graves episodios de los últimos 25 años. Algo tendrá que ver con todo ello el fenómeno del “niño” y, quien sabe, con el calentamiento global.

Como siempre, no basta lamentarse ante tan recurrente fenómeno en el que interviene la mano (negra) del hombre pues, se sabe que, muchos de ellos son intencionados, lo cual no quiere decir que sean provocados por los pirómanos (esos seres humanos enfermos, afectados un trastorno psicológico del control de sus impulsos). Y, como tiene causas fundamentalmente antrópicas hay que diseñar estrategias preventivas y de minimización lo más efectivas posibles.OPAM2015

Leyendo hace unos días la colaboración de la profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, Blanca RODRÍGUEZ-CHAVES sobre la “gestión sostenible de los montes” –publicado en la nueva edición del Observatorio de Políticas Ambientales de 2015, coordinado por el Profesor Fernando LÓPEZ RAMÓN, en el que tengo el honor de participar- quedan muy claros los grandes retos que tiene por delante el sector forestal español, que se puede resumir en la siguiente frase: “la planificación y ordenación de los terrenos forestales desde una visión global del monte que garantice el necesario equilibrio entre los criterios económicos, sociales y medioambientales”. Teniendo en cuenta que un alto porcentaje de la superficie forestal en España es privada (cerca del 70%), no se disponen para esta realidad instrumentos de ordenación apropiados y el resultado, es como señala, la citada autora, en muchos lugares, “ausencia total de gestión y abandono”.

La referida visión global e integrada en la lucha contra los incendios forestales aparece reflejada en una valiosa propuesta, publicada en abril de 2012 y promovida por la Asociación de Profesionales Forestales de España (PROFOR) y la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), bajo el título “Propuesta para una nueva política de incendios forestales en la cornisa cantábrica”.

Por tal motivo, estoy de acuerdo que es imprescindible vincular la política forestal con un adecuado desarrollo rural. En esta dirección se sitúa la aprobación del “Plan de Activación Socioeconómica del Sector Forestal” (2014-2020) en el marco de la nueva Política Agraria Común (PAC) y financiada por los fondos del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER). Un montón de medidas para la revitalización e impulso del sector forestal que pasa principalmente por la “diversificación de la actividad económica en los municipios rurales, mejorando así las condiciones de vida de sus habitantes y, en particular, los vinculados más directamente con la actividad forestal”. Medidas que han de propiciar la futura revisión del vigente Plan Forestal Español.

informe¿Cómo ha colaborado hasta el momento a este cambio de modelo la reciente reforma de la Ley de Montes (operada por la Ley 21/2015, de 20 de julio) es, sin duda, prematuro dar una opinión fundamentada? Consciente de las críticas que ha merecido tal reforma, lo cierto es que se han dado algunos pasos, a mi juicio, en la buena dirección –ya ensayadas previamente por la normativa forestal de las Comunidades Autónomas (Cataluña, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Galicia, Navarra y el País Vasco)- como la ampliación del concepto de monte o su consideración como “infraestructuras verdes para mejorar el capital natural y su consideración en la mitigación del cambio climático”, la simplificación de los instrumentos de ordenación y gestión forestal, el fomento de las agrupaciones de propietarios forestales, la potenciación de la certificación forestal, la dinamización del aprovechamiento de la biomasa forestal como fuente de energía, etc. Por el contrario, me parece criticable la previsión legal de una excepción a la prohibición de cambio de uso forestal cuando se ha producido un incendio forestal (véase su artículo 50,1).

Si siempre, al hablar de los incendios forestales, me he referido a la importancia de las medidas preventivas -aunque sin olvidar, por supuesto, cuando proceden, las necesarias medidas represivas (administrativas y penales)- estoy convencido que la mejor manera de luchar contra esta tragedia recurrente es poner la bases de una buena política de ordenación del territorio, urbanística y de desarrollo rural, perfectamente coordinadas con la medidas de ordenación y planificación forestal. Para este fin, el Estado puede marcar pautas y proporcionar medios, pero son las Comunidades Autónomas las que asumen, por sus competencias, una mayor responsabilidad y protagonismo. Se trata de medidas que verán sus frutos a medio o largo plazo pero que merecen ser aplicadas con generosidad y altura de miras.

Espero que ahora, a comienzos de un nuevo año, en que todos formulamos nuestros buenos propósitos, no caigan en saco roto las más valiosas propuestas de los expertos y profesionales en estas materias.  Por cierto, aprovecho para desearos a todos un ¡Muy Feliz 2016!

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El “Acuerdo de París” sobre cambio climático: un motivo para la esperanza

15 de diciembre de 2015 a las 11:32

afp_20151212_184011653Sobre las 19,30 hs. del pasado sábado, 12 de diciembre, en el Centro de Convenciones de París-Le Bourget, concluyó la Cumbre sobre el Cambio Climático (también conocida por las siglas “COP21”), organizada por Naciones Unidas, tras diez días de agotadoras negociaciones para consensuar el texto definitivo del “Acuerdo de París”. ¿Acuerdo histórico? ¿Final de la “edad de las energías fósiles”? ¿Nacimiento de la “sociedad descarbonizada”? ¿Insuficiente? ¿Farsa? Todas estas expresiones se han utilizado para calificar en estos días el resultado de la Cumbre tras su finalización.

Incluso habiendo seguido este histórico evento a través de internet, debo confesar que fui contagiado por la emoción de los centenares de representantes de los 195 países que concurrieron a la Cumbre cuando, durante más de dos minutos, aplaudieron entusiasmados el resultado obtenido y, en particular, al presidente de la COP21, el francés Laurent FABIUS y su equipo negociador de alto nivel. Qué lejos queda el fracaso de la Cumbre celebrada en Copenhague en 2009 y quizá, ante el temor otro fiasco, los responsables de la Cumbre tenían claro que, esta vez, no podían fallar.

Si se revisa el documento de 40 páginas, resultado del trabajo de la Cumbre, con su primera parte programática y la segunda con el dispositivo “Acuerdo de París” (vinculante para las Partes una vez que lo ratifiquen o aprueben y entre en vigor), cabe encontrar muchas indeterminaciones e inconcreciones sobre la aplicación de las diferentes medidas -de mitigación, de adaptación, de financiación, de cooperación…- que han de adoptarse, antes y después del 2020, para lograr el objetivo fundamental “mantener el aumento de la temperatura mundial muy por debajo de 2º C con respecto a los niveles preindustriales”. Algunos grupos ecologistas y expertos han incidido en esta crítica y no les falta parte de razón, pero, a mi juicio, el motivo de esperanza que nos abre el “Acuerdo de Paris” es que se trata de un compromiso, mejorable sin duda, que implica a todos los países del mundo sin excepción, por primera vez en la historia.0b3ed2351e92e169-07600

En un complejísimo “encaje de bolillos” la hábil diplomacia francesa ha sido capaz de convencer a todos para el consenso, desde los “países desarrollados” a los “países en desarrollo”, pasando por los “países menos adelantados” y los “pequeños Estados insulares”. Conscientes todos ellos de que, como señala la parte programática del Acuerdo: “el cambio climático representa una amenaza apremiante y con efectos potencialmente irreversibles para las sociedades humanas y el planeta y, por lo tanto, exige la cooperación más amplia posible e todos los países y su participación en una respuesta internacional efectiva y apropiada…”. Quizá, como nunca se había dado en las negociaciones internacionales sobre el clima, había en el ambiente un clamor (incluida la insistente llamada del Papa Francisco), una favorable predisposición para llegar al Acuerdo.

¿Bastará el Acuerdo para frenar las amenazas del calentamiento global? Es posible que no sea del todo suficiente y que requiera una profunda revisión en el futuro, pero en el éxito del Acuerdo (dicho sea sin triunfalismos) han contribuido los mayores emisores de CO2, China y Estados Unidos, lo cual marca la diferencia con los intentos anteriores. No obstante, sobre estos países se abren inmensos desafíos como el de aplicar con efectividad en la República Popular de China la exigente normativa ambiental que demandan los ciudadanos en sus grandes y polucionadas ciudades; o la de vencer en Norteamérica las enormes reticencias de los republicanos ante las medidas de mitigación de las emisiones. También son colosales los retos a los que se enfrentan los países petroleros ante medidas que puedan comprometer sus recursos, salvo que se desarrollen tecnologías de secuestro de CO2.

afp_20151130_170136711Es la hora de actuar por parte de los Estados y, en especial, de los “desarrollados”. De actuar con solidaridad y equidad, y bajo el “principio de las responsabilidades comunes y diferenciadas” y en virtud de las “capacidades respectivas”. Pero, también es, quizás, una llamada urgente a nosotros los ciudadanos, para que adoptemos –tal como se recoge al comienzo del Acuerdo- “estilos de vida y pautas de consumo y producción sostenibles”.

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