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La mirada en la lengua

Los apócrifos de Bárcenas

28 de Julio de 2013 a las 5:00

La reactivación del asunto que tiene como personaje central a Luis Bárcenas nos ha traído a la memoria una frase que pronunció el presidente del Gobierno el 2 de febrero, en la primera fase de embates y envites del que fue tesorero del PP. «Cualquier deducción de irregularidad alguna en nuestro comportamiento a partir de los papeles apócrifos que motivan esta situación no responde a la verdad —decía Mariano Rajoy—, es total y radicalmente falsa».
Fue entonces criticado por calificar aquellos papeles de apócrifos, con la supuesta intención de decir que eran falsos, cuando los críticos entendían que, cuando se aplica a un texto, apócrifo significa que la atribución de su autoría es errónea.
No se discute que apócrifo, aplicado a una cosa distinta de una obra literaria, significa ‘fabuloso’, ‘supuesto’ o ‘fingido’. Así, Galdós escribió de monjas apócrifas; Sabato, de sentimientos y sensaciones apócrifos; Gabriel Miró, de azafrán apócrifo; Cervantes, de amores apócrifos; Ana María Matute, de frailes apócrifos; Juan Goytisolo, de sonrisas apócrifas…
Tampoco se discute que, aplicado a libros de la Biblia, apócrifo significa que están fuera del canon por no ser considerados como de inspiración divina.
A estos significados han de añadirse otros dos, que la Academia ha decidido incluir en la próxima edición del Diccionario: ‘Que se atribuye erróneamente a un autor’ y, dicho de una obra, especialmente literaria, ‘de dudosa autenticidad’. El problema surge porque en un contexto como el de la intervención de Mariano Rajoy no se sabe con qué sentido emplea el adjetivo. Pudo querer decir que los papeles que se atribuían a Bárcenas no eran obra de este, que entonces negaba su autoría, o que eran falsos, es decir, que su contenido no se correspondía con ninguna contabilidad de su partido.
La peor consecuencia de ir atribuyendo nuevos significados a una palabra es que no siempre el contexto permite saber con qué sentido se emplea. ¿Qué quiso decir el presidente? Seguramente, como afirmó dos días después, que «todo es falso… salvo alguna cosa».

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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«Fallece por segundo día…»

20 de Julio de 2013 a las 5:00

«Fallece por segundo día consecutivo una mujer de 103 años». Este título encabezó a finales de junio una noticia en un diario gallego. Parecía el primer caso de una persona que muere dos veces, desde el de Lázaro de Betania, a quien Jesucristo hizo revivir tras el primer óbito, según el Evangelio de Juan. Imaginamos el asombro de los lectores del periódico… hasta que pasaron al texto de la noticia. No se trataba de una centenaria que había muerto dos veces, como decía el título, sino de que en días consecutivos habían fallecido dos mujeres de 103 años, ambas vecinas del municipio de Pontevedra.
Es este un ejemplo de la dificultad que a veces tenemos para expresar en el breve espacio de un título ciertos hechos, y más concretamente algunos referidos a estadísticas. Plasmaba muy bien el problema el difunto Gila (en vida, claro). Venía a referir que, «según las estadísticas, en Nueva York un hombre es atropellado por un coche cada cinco minutos». «Joé, debe de estar hecho polvo el tío», reflexionaba.
Los conflictos conyugales son muy aptos para enredos. Veamos un caso: «Un matrimonio se rompe en la UE cada 33 segundos». Dicho así, no hay matrimonio más destrozado que ese. Varios periódicos coincidieron en sus títulos: «Cada 33 segundos se rompe un matrimonio en la UE». La buena o mala interpretación depende ahí de la voluntad del lector.
Algunos colegas se hacen un lío con las estadísticas, sobre todo cuando las interpretan con la noble intención de acercarlas al lector y convierten datos del tipo «cada año hay x divorcios en España» por «en España se registra un divorcio cada xx minutos». Un caso real: «En Cataluña termina una relación conyugal cada 20 minutos. Los riojanos, por el contrario, se lo piensan más: cada 691 minutos un matrimonio decide concluir su historia de amor». El problema está en el «se lo piensan más», observación extraída de la abrumadora comparación de minutos. En realidad, si tarda tan poco en registrarse un divorcio en Cataluña en comparación con La Rioja se debe a que tiene una población veintitantas veces mayor, y no a una exagerada tendencia a romper matrimonios.
Este último ejemplo está tomado de un diario gratuito ya desaparecido. Por ese precio no se puede pedir más.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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Salga el sol por donde sea

13 de Julio de 2013 a las 5:00

En el tramo final de la película Isi / Disi. Amor a lo bestia, emitida hace unos días por La Primera, Joaquín Sabina canta Rubia de la cuarta fila: «Y que salga el sol por Algeciras / y la media luna por Bagdag / y los sueños sean mentiras de verdad». Aunque siempre podremos ver salir el sol por donde queramos, para lo cual basta con situarse al amanecer al oeste del punto elegido, el cantante da aquí nueva ubicación al orto en un dicho muy frecuente, «Salga el sol por Antequera», que se emplea tras expresar una decisión o un propósito para indicar que se está dispuesto a llevarlo a cabo sin importar las consecuencias: «De modo que a Francia me voy, y salga el sol por Antequera» (Benito Pérez Galdós, La batalla de los Arapiles, 1875).
La frase completa es «Salga el sol por Antequera y póngase por donde quiera», que suele abreviarse en la forma mencionada y también convertida en «Salga el sol por donde quiera». Luis de Granada (Alrededor del mundo, 21 de diciembre de 1899), al que cita José María Iribarren, nuestro mayor experto en dichos, sitúa su origen en el campamento de los Reyes Católicos durante la guerra de Granada. Hay quien precisa que se dijo la víspera del último y definitivo asalto a la ciudad. La ironía estriba en que Antequera está al oeste de Granada, por lo que desde esta ciudad nunca podrá verse salir el sol por la Anticaria bética.
Una versión más piadosa, recogida en las crónicas del rey Juan II, refiere que al sobrino de este, el infante don Fernando, «el de Antequera», que andaba a disputarle tierras al infiel, se le apareció santa Eufemia de Calcedonia, rodeada de leones y ángeles, el 10 de abril de 1410 en su campamento y le dijo: «No temáis y que nos salga el sol por Antequera y sea lo que Dios quiera».
La intención de trasladar el alba antequerana manifestada por Sabina tiene continuidad en otros cantantes, como Alejandro Sanz, que dice en Nena: «Para ti todo es un juego sin guion, / salirte siempre del renglón… / y salga el sol por Alicante». Bueno, pues vistas las cosas desde aquí, que salga el sol por Fisterra.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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Ni chuflan ni furulan

6 de Julio de 2013 a las 5:00

Quien acuda a los grandes diccionarios del español en busca de información sobre furular o su variante furrular se quedará con un palmo de narices, pues para esas obras no existen tales voces. Si rastrea donde hoy se mueven más palabras, la web, las encontrará en miles de páginas, empleadas en contextos coloquiales con el significado de ‘funcionar’ o ‘servir [algo] para la función para la que ha sido ideado’, aunque generalmente en oraciones negativas que expresan que algo no marcha bien: El ordenador no furula; El negocio que montó con sus padres no furula.
El uso de furular es amplio en zonas de España, Venezuela, Guatemala, El Salvador (las academias solo le reconocen allí el significado de ‘pensar’) y México. La relación no es exhaustiva. Lo vemos empleado en catalán, aunque ahí parece ser un hispanismo, y en asturiano (El carru nun furula).
El mismo problema de falta de reconocimiento lo tiene un sinónimo de furular, chuflar. Este verbo sí está en los diccionarios, aunque el de la Academia Española limita su uso a Aragón, le reconoce solo la acepción de ‘silbar’ y le aplica las notas de «rural» y «vulgar». A su pariente chiflar (ambos proceden del latín sifilāre) le da estos significados: ‘Mofar, hacer burla o escarnio en público’, ‘Beber mucho y con presteza vino o licores’, ‘Silbar con la chifla, o imitar su sonido con la boca’ —sentido que ya registraba Covarrubias a principios del siglo XVII—, ‘Perder la energía de las facultades mentales’ y ‘Tener sorbido el seso por alguien o algo’. Con el significado de ‘hacer burla’ se usa tanto chiflar como chuflar, y de ahí las chuflas, chufletas y cuchufletas.
En cuanto a chuflar ‘funcionar’, la atribución de este sentido podría tener relación con chuflar ‘silbar’, pues cuando algo da el rendimiento esperado se dice, siempre en el ámbito de lo coloquial, que pita: El negocio no pita.
En fin, no hagamos un drama del hecho de que no siempre esté en los diccionarios aquello que buscamos en ellos. Será que a veces, como ocurre con tantas cosas, no furulan.

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