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La Voz de Galicia
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La mirada en la lengua

Nueva unidad de medida

28 de julio de 2012 a las 5:00

Las unidades de medida vigentes en España son las del sistema internacional adoptado por la Conferencia General de Pesas y Medidas (CGPM) y vigente en la Unión Europea. Falta en él, sin embargo, una unidad de medida que va camino de convertirse en la más popular entre las empleadas en los medios de comunicación: el campo de fútbol. Este parece tener su origen como unidad de medida en los usos prestigiados por algún periódico que sugiere a su gente que, en informaciones no técnicas, lo señale como equivalente a la hectárea.
El inconveniente de tal fórmula es que los campos de fútbol pueden tener muchos tamaños. Según la longitud y la anchura máximas y mínimas permitidas, su extensión oscila entre 0,4 y 1,08 hectáreas. Pese a esta imprecisión, el campo de fútbol se impone como unidad de medida. Así, un servicio de noticias titula una información: «Hallan en México una plantación de marihuana equivalente a 100 campos de fútbol».
El campo de fútbol tiene sobre las medidas de superficie del sistema internacional la ventaja de que también se emplea para longitudes. Lo prueba una información que precedió a la apertura del túnel bajo el canal de la Mancha: «Al final, estos trenes largos como ocho campos de fútbol podrán navegar seguros bajo miles de toneladas de agua».
En ocasiones, la provincia compite con el campo de fútbol como unidad de superficie («En España se construyó en 19 años un área equivalente a la provincia de Álava»), en competencia con el municipio, más usado para incendios forestales («El segundo mayor incendio de la historia de la Comunidad Foral abrasó 19.000 hectáreas, una superficie equivalente al municipio de Estella). Carecen, sin embargo, de la flexibilidad de uso del campo de fútbol, que a alguna revista le vale hasta como referencia cromática («Cervezas verdes como campos de fútbol»). Llegará el día en que algún atrevido lo empleará para dar cuenta de la dimensión del bosón de Higgs.

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Escrito por Francisco Ríos 2 Comentarios
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Contradicciones

21 de julio de 2012 a las 5:00

Hace un año comentábamos el cambio de criterio de la Academia sobre la grafía de los latinismos empleados en español. Hasta la aparición de la Ortografía del 2010 se escribían como palabras españolas, es decir, en letra redonda y con las tildes que les corresponderían si fuesen voces de nuestro idioma (referéndum, sine díe, plácet), aunque en latín no las llevaban porque en ese idioma no existen acentos gráficos.
La nueva Ortografía pasó a distinguir entre latinismos crudos, voces y locuciones en aquel idioma que por sus rasgos se perciben como no españolas (alter ego, ad hoc), y latinismos adaptados (accésit, campus, déficit). Decíamos entonces que adscribirlos a uno u otro grupo era en muchos casos un problema para los hablantes, pues entre los ejemplos que da la Ortografía no están todos los casos que registra el DRAE. Con gran ingenuidad añadíamos: «Habrá dudas hasta que aparezca una nueva edición del Diccionario —no antes del 2014— o se actualicen los latinismos en la versión de esa obra que se puede consultar en Internet».
Pues bien, la Academia se contradice a sí misma y no solo no enmienda en el Diccionario los casos que contradicen la doctrina expuesta en la Ortografía, sino que ha introducido nuevas voces y locuciones latinas ajustándose a los criterios anteriores. Así, ha incorporado en redonda, y en ciertos casos con tilde, locuciones claramente latinas como ad ínterim (‘interino o provisional’), ad persónam (‘a título personal’) o ad tempus (‘temporal o transitorio’).  Si lo hizo antes de la aparición de la Ortografía, tiempo ha tenido para corregir las adiciones.
No es la primera vez que los redactores del Diccionario ignoran los criterios de otras obras académicas (véanse las indicaciones sobre tildes en pronombres demostrativos). Tengan razón o no al hacerlo, alguien en la docta casa debería arbitrar entre los discrepantes. Mientras tanto, los más perjudicados seguirán siendo los hablantes que buscan orientación para hablar y escribir con esmero.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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La jerga de la crisis

7 de julio de 2012 a las 5:00

Tan larga y dura es la crisis, hasta tal punto la interiorizamos sus víctimas, que hasta somos presas de la jerga que ha generado. He aquí una pequeña muestra de ese vocabulario.
Algunas personas con aire de expertas hablan de un banco malo. ¿Otro más? ¿Acaso hay bancos buenos? ¿Han llamado alguna vez al lector de la oficina donde tiene sus cuatro euros para decirle que, enterados de los apuros que había pasado en junio le iban a perdonar en julio los intereses de la hipoteca?
Pues al parecer llaman banco malo al que se va a hacer cargo de los activos tóxicos de los demás, cuando por tan penosa misión concluimos que es un bendito que lo que merece es la denominación de banco benemérito. Por cierto, los activos tóxicos no son los espabilados que han llevado la banca y las cajas al desastre, sino el fruto de su denodado esfuerzo.
¿Han oído hablar de Big Bertha, la gran Berta o Berta la gorda? No, no se trata de una política alemana, sino del nombre popular de un gigantesco cañón que sus paisanos emplearon en la Primera Guerra Mundial y que los euroburócratas dan ahora a las grandes inyecciones de fondos que se aplican tanto en la nalga como en vena al envenenado mercado.
Pero la palabra clave, la que en las mesas elegantes se evita con más empeño que los regüeldos es rescate. Según los interlocutores de cada ocasión, deberá sustituirse por préstamo en condiciones extraordinariamente favorales, bail out, si aquellos son de gustos anglicados; mise sous tutelle ante los galos; riscatto con los italianos, y rescatín con españoles de confianza sensibles al lenguaje de trazos gruesos.
Por el camino quedan sintagmas tan siniestros como evento crediticio, algo así como una ciclogénesis explosiva aplicada a un banco, y troika, equipo de sepultureros ataviados de riguroso luto, con sombrero de copa adornado con tul negro, cuya misión principal es asegurarse de que la tornillería de la caja está bien apretada.
Con este bagaje queda el lector capacitado para participar en la reunión del Eurogrupo de la próxima semana.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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