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nov 21

2014 por Serantes

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Beta privada es un nuevo sitio en formato podcats y blog. Desde hoy complementa este blog que estás leyendo; es un nuevo hogar que llevaré con Fer “Doálvares” (@doalvares).

Serantes.es será fundamentalmente un blog con una publicación semanal más reflexiva y extensa, mientras que Beta privada será un espacio más propio del día a día donde tendrán mayor cabida entradas breves en movilidad pero sin dejar de lado el destripar un tema o un cacharro hasta lo más profundo de su ser.

Desde ya, ven a Beta privada, entra, siéntete cómodo, déjanos un saludo, un mensaje, una petición, un billete de 500€, lo que sea y si ves algo que te gusta, vuelve. Vuelve porque poco a poco vas a encontrar cosas que te gustarán de nuestras publicaciones.

Saludos

David Serantes

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nov 16

2014 por Serantes

Las cifras en cuanto a utilización de tecnología móvil están dejando muy claro que una persona = un móvil. Incluso en la gama de teléfonos inteligentes, a nivel de equipamiento individual, el smartphone es el dispositivo que más ha crecido en el último año, con una penetración del 53,7%, verificando la tendencia de todo el mundo conectado; otro dato sifnificativo de la conectividad total es que el número de hogares con algún usuario de móvil se sitúa en 16,6 millones (el 95,6%), cerca de 400 mil hogares más que el dato recogido en el tercer trimestre de 2012.*

Todos y cada uno de los dispositivos móviles pueden ser vistos desde enfoques muy diferentes. Por una parte, seguro que estamos de acuerdo en que son una herramienta de comunicación avanzada, que facilita la conexión entre personas, entre máquinas y algo cada vez más habitual, entre personas y máquinas. Esta vertiente de utensilio para la comunicación es realmente un hecho que marcará un hito en la historia de las civilizaciones, al nivel del descubrimiento del fuego hace 790.000 años o la invención de la locomotora de vapor a principios del siglo XIX. Por otra parte, son una fuente de distracciones en base a la cantidad de información que generan y los sistemas de notificaciones que disponen para que la información además de ser precisa y fiable llegue a nuestro conocimiento de la forma más eficaz. Y este objetivo lo cumplen muy bien, funciona.

Somos conscientes en algunos casos de la llegada de notificaciones a los dispositivos móviles, quizá porque alguien tiene una configuración de sonido muy elevada en su móvil y si recibe una llamada de voz todos nos ponemos a bailar con la última canción de Rhianna, bien porque los tonos de recepción de mensajes de su sistema favorito de mensajería instantánea (Whatsapp probablemente) no dejan de sonar con una frecuencia y una intensidad realmente desgradable para nuestros oídos. Estas notificaciones no son para nosotros, pero estamos expuestos como si lo fuesen. Nuestro sistema nervioso se pone en marcha porque el sentido del oído así se lo ordena en base a la información que le está llegando. Estamos trabajando, activamente, de forma gratuita porque se generan notificaciones en los dispositivos de otras personas. Y lo hacemos todo el día, sin poder evitarlo y sin poner remedio para fijar el foco en lo que realmente demande nuestra atención.

Y si bien decía que somos conscientes en algunos casos, quizá no lo seamos tanto en otras ocasiones; esas en las que hemos incorporado a nuestra rutina diaria el gesto de verificar las nuevas informaciones que llegan a través de nuestros teléfonos inteligentes de una forma tan eficaz que incluso llegamos a pensar que ha llegado una señal sin que esta se haya producido. Algunos notan vibraciones en su dispositivo alojado en el bolsillo, otros juran que han escuchado el sonido tan característico de su melodía y los más obsesionados con el asunto llegan a visualizar en la pantalla apagada como un aviso emerge para avisarles de la llegada de una novedad sin que esta se haya producido. Las notificaciones móviles nos están haciendo daño.

El problema que algunos podemos llegar a identificar en la ida y venida de avisos digitales es generado por nosotros mismos y la asignación de prioridad a la nueva información. La sensación de urgencia que aplicamos a la llegada de una notificación es aportada de forma íntegra por nosotros, la urgencia reside en el que envía la información. No podemos tener urgencia o ansiedad por algo que no estamos esperando, salvo que nos hayamos predispuesto para ello. Esto es en lo que nos estamos adiestrando y lo hacemos muy bien. No nos hacen falta las notificaciones, es un collar que no llevamos puesto cuando nacemos y que nos encanta apretar a nuestro cuello cuando tenemos ocasión. La urgencia es irreal y se apodera de nuestra capacidad de decisión. Podríamos librarnos de esta presión generada por los demás si nos hiciésemos una sencilla pregunta: ¿de quién es la urgencia realmente? Si la contestación es que el propietario de la misma no somos nosotros, entonces, llega el momento de la liberación. Cada uno que se encargue de sus urgencias, haya o no haya notificado la misma a través de uno de los múltiples canales que tenemos abiertos, demasiado abiertos.

Si estás convencido de que para ti las notificaciones no son un problema, te voy a poner un ejemplo de cómo reacciona el cerebro ante una de ellas mientras estás ejecutando una tarea, esa que es la central de tu día, la que más trabajo te está llevando y en la que te juegas tanto. Imagina por un momento que el tiempo que dedicas a una tarea es una cuerda, una cuerda de un metro de largo, que tiene un principio y tiene un final. Ese es el tiempo que te llevará tu tarea. Si permites que existan interrupciones para el desarrollo de la misma, puedes ver la interrupción como un corte de la cuerda, una tijera que realiza un corte certero y paralizante. No pasa nada porque se corte tu tarea, puedes seguir a continuación de la interrupción pero eso sí, tendrás que hacer un nudo en la cuerda para continuar, ya no tienes un metro de cuerda,  tienes menos, menos tiempo. Cuantas más interrupciones, más cortes, más nudos para “re-anudar” la actividad, menos tiempo. ¿A que ahora ya no piensas que las notificaciones no son un problema para tu capacidad de hacer cosas? Las notificaciones son interrupciones.

Pero es que realmente recibir una notificación en tu dispositivo móvil es una satisfacción. Es un pequeño placer instantáneo el percibir que alguien en algún sitio, sea una persona que está pensando en ti, o una máquina que te entrega una información personalizada o no tan personalizada, tenga algo para ti; y no te importa lo que sea, es para ti, algo nuevo, que antes no tenías y que ahora es tuyo. Es tu notificación y la quieres saborear, porque una notificación huele tan bien como el café recién hecho, para ti. Nos gusta, nos engancha y nos hace dependientes. Si nos acostumbramos a ellas querremos más, las buscaremos. Pasaremos de esperar a que lleguen apaciblemente a realizar accciones para que se generen notificaciones. No por el hecho en sí de las notificaciones, sino porque significa que alguien o algo nos envía nuestros bits empaquetados a través del canal etéreo.

Y al final del días acabamos más cansados que hace unos días, más agotados que hace unos años, estamos saturados de información. Sufrimos de una exposición a los datos que jamás nadie nunca había sufrido en la historia de la humanidad. Nadie es capaz de gestionar ese trillón de bytes** de información (sí, puedes ir un momento a buscar en Google qué es un trillón) que hemos generado entre todos hasta el año 2011 y que equivale al almacenamiento de un millón de ordenadores de sobremesa de los actuales.

La cantidad de estímulos informativos se multiplica y nosotros queremos más. Me suena a suicidio digital, pero quizá es que no tengo la visión clara en este bosque de comunicaciones que no cesan de ser informadas a través de las hojas que caen en el otoño de las notificaciones.

Saludos

David Serantes

*Fuente: ONTSI. Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información de Red.es

**Fuente: Science. The World’s Technological Capacity to Store, Communicate, and Compute Information

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nov 13

2014 por Serantes

Imagen de previsualización de YouTube

Soy del tipo de compradores compulsivos que una vez que hace su compra sufre un preceso posterior de reafirmación de la operación. Quiero decir que después de comprar un coche me voy por los kioskos de mi pueblo para buscar las revistas donde pueda verificar que la elección de mi coche nuevo ha sido un acierto; no realizo antes de las compras un trabajo tan intensivo de investigación como el que hago a posteriori; seguro que alguno de vosotros también se identifica.

Estos días atrás he caído en la tentación de comprar uno de los móviles más bonitos que jamás he tenido, un Moto X de Motorola. Pronto os dejaré algunas fotos en el blog y también mis primeras impresiones después de unos días de uso, pero ya estos días se me ha despertado el gusanillo investigador y por supuesto me he ido al origen de las cosas: ¿Cómo será este dispositivo por dentro? He estado buscando información para ver si los chicos de iFixit, que lo desguazan absolutamente todo, lo habían desmontando con su profesionalidad habitual, pero nada, todavía no le han atacado. Luego fui a Motorola.com, el sitio americano de Motorola para ver si allí había alguna foto del interior, y no la encontré. Pero lo que sí hallé fue una expecificación que no había visto en la página española: el Moto X es resistente al agua. Esto era una novedad que alguien que busca la reafirmación en la compra como yo tenía que aprovechar, fuese como fuese.

Y pregunté si alguien sabía algo más para que los eruditos cacharreros de @josejacas y @samfdz me iluminasen diciendo que tan solo llevaba una nanocapa que lo protegía frente a gotas de agua tipo lluvia o salpicaduras de un grifo, pero poco más. Me puse a indagar en esta línea y enseguida encontré justo lo que quería: un vídeo donde desmontan pieza a pieza el Moto X (y lo vuelven a montar, ojo, cosa que es una sorpresa magnífica, siento el spoiler) y comentan el material que cubre la superfici del dispositivo: Aridion, de la empresa P2i (Perform, Protect, Improve). Se trata de un material que sirve para crear una finísima película (nanopelícula) que protege los dispositivos de las salpicaduras por líquidos; lo hace tanto en la parte exterior como en los componentes electrónicos del interior que son los que pueden hacer que un gadget quede inservible por exponerse a unas salpicaduras que siempre nos parecen inocentes.

Casi sin querer he acabado el día aprendiendo algo que no sabía y pudiendo profundizar más en el mundo de los productos repelentes de líquidos y sus aplicaciones en diferentes sectores. Todo un mundo por descubir.

Saludos

David Serantes

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nov 12

2014 por Serantes

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Un podcast es una grabación de audio puesta a disposición de los oyentes a través de un servicio de Internet. En este blog hacemos un podcast desde hace 7 años y en España hay un submundo, no como término despectivo por supuesto, denominado podcastfera donde Emilcar es el rey. Emilio Cano es un podcaster marciano que ha recopilado un buen número de experiencias en un único sitio además de toda la que destila periódicamente en sus podcasts: en un libro sobre podcasting. “Podcasting. Así lo hago yo” es su título.

Se trata de un manual breve y conciso para hacer tu propio podcast. Esta es la definición que el propio Emilio incluye en la portada del libro, digital, disponible en la iTunes Store de Apple y legible en dispositivos iPad y en ordenadores con sistema OSX de Apple.

Es un libro que merece la pena descargar (y por supuesto leer, pero quizá no sea lo más importante) porque tiene dos regalos implícitos: disfrutar de una nueva experiencia de un usuario “como tú y como yo” con los libros difundidos a través de la tienda de Apple y disponer de la primera versión actualizable de lo que se convertirá en la biblia del podcasting en castellano. Esos son los dos regalos que se incluyen en los 99 céntimos de Euro que cuesta.

Y digo que se convertirá en algo importante porque el enfoque del libro es muy práctico, dirigido a ayudar a todos los que tenemos tantas dudas en cada una de las fases de producción de un podcast, aportando soluciones sencillas, explicadas con claridad y sobre todo con la posibilidad de establecer un flujo bidireccional de comunicación que proporcione la mejora de la obra por parte de Emilcar. Me gusta.

Desde aquí mis felicitaciones por este proyecto que empieza hoy para los usuarios, que ya lo podemos disfrutar en nuestros dispositivos.

Saludos

David Serantes

nov 11

2014 por Serantes

Tenía mucho interés en ver qué eran capaces de hacer los coreanos de Samsung con un terminal como los Galaxy Note en su versión neo, esas versiones “reducidas” de los terminales tope de gama que por lo que he visto en estos días de pruebas con el Samsung Galaxy Note 3 neo pueden hacer la delicias de muchos. Uno supone que un “neo” significará un quiero y no puedo, pero nada más lejos de la realidad. He encontrado en este dispositvo todo un Note con garra en el movimiento del sistema Android 4.4.2 y de todas las aplicaciones que le he instalado. A simple vista es muy difícil diferenciarlo de sus compañeros de categoría entre los otros Galaxy Note de Samsung. Os cuento más tras el salto.

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nov 10

2014 por Serantes

Hoy durante toda la tarde han sonado en Twitter algunas palabras de las que que todos queremos saber siempre algo más y sobre todo tener una opinión fundamentada sobre qué será de ella en los próximos años: neutralidad en la red.

Esas palabras llevan sonando muchísimo en España desde que personalidades de Internet como Enrique Dans nos han dado su opinión sobre el asunto; hoy ha sido el presi de los EEUU de América del Norte quien se ha puesto de frente a la neutralidad en la red para abrazarla. Ya sabemos que se ha puesto de perfil en otras ocasiones en relación son temas peliagudos de política y economía internacional.

La Casa Blanca tiene un canal estupendo en Youtube y allí han colgado este vídeo de menos de 2 minutos (buen uso de Youtube desde luego) en el que Obama aprieta a la Comisión Federal de las Comunicaciones (FCC) para que garantice mediante la regulación necesaria la neutralidad en la red.

Desde luego las consecuencias que podría tener para nosotros, los usuarios, que la neutralidad en la red se rompiese serían fatales. Estaríamos ante una Internet de varias velocidades, pero no solo en función del ancho de banda contratado, sino porque nuestro proveedor de servicios de Internet sería el que decidiese qué sitios tienen acceso “prioritario” frente a los demás.

Es probable que algunos sitios que pudiesen pagar más a los proveedores tuviesen prioridad y los que no pudiésemos pagar…pues quizá iríamos apagando nuestro aliento en la red poco a poco, hasta desaparecer.

¿Da para unas pensadas esto no?
Saludos
David Serantes

nov 09

2014 por Serantes

Mucha gente todavía necesita la relación vendedor-cliente, la charla, el contacto visual y la conversación agradable en sus compras; sin embargo, todos los que están encontrando un mundo paralelo en las redes sociales, en sus sitios web favoritos y mantienen una relación pasional con sus teléfonos móviles conectados no necesitan hablar con un dependiente que les diga lo que necesitan, ellos lo tienen claro.

Muchos de los clientes tenemos la necesidad de tocar los productos y verificar que son realmente lo que queremos que sean, o como mínimo que coincidan con nuestras expectativas. Las sensaciones que se producen ante una zapatería son quizá de las más tangibles desde el momento mismo en que te acercas a la ubicación de la misma.

Da igual lo que haya alrededor de una zapatería, sus escaparates siempre llaman la atención por encima de los demás establecimientos. Están muy cuidados, muestran todo el producto posible, disponen de una organización perfecta (sea la que sea es perfecta) y ofrecen esa variedad de estilos, colores, calidades y precios que te hace sentir bien, cómodo, relajado mientras observas, seleccionas, filtras y todo sin que nadie te presione, estás todavía fuera de la tienda, estás a salvo contigo mismo.

Luego pasas al interior, sus mobiliarios están pensados para que focalices tu atención en el proceso de prueba. Pides el producto que has preseleccionado en la fase anterior y llega el momento en el que todo el mundo se ve más tensionado durante la compra de unos zapatos: sacar sus propios zapatos y mostrar sus calcetines, medias o lo que quiera que lleve, o no lleve puesto. Ya no estás solo, estás ante un dependiente que te observa y siempre tienes la duda sobre la resistencia de tus calcetines, si presentarán mal aspecto o incluso algún agujero traicionero de última hora; tienes que hacerlo rápido y por eso preparas el modelo que has solicitado en todo lo posible para que el tiempo entre que sacas tu zapato y la colocación del candidato sea de récord mundial. Desatas tus cordones, abres la cremallera, desenganchas la hebilla y preparas la salida del pie, mientras realizas el ritual de preparación también en el nuevo modelo elegido y de repente, sí, lo tienes puesto y todo está bien. Te sientes cómodo de nuevo. Ahora solo queda pasar por el trance de la decisión de si el dedo gordo de tu pie está exactamente en el lugar en el que tiene que estar. Es un lugar que no aparece en los mapas de geografía zapateril, un sitio que está un poco más atrás de destrozar tu uña contra la punta del zapato, pero no tan atrás como para que con el uso se acabe doblando la puntera hasta simular las pantuflas de los payasos de la tele. Es un momento difícil.

Te ves bien, te miras en esos espejos tan raros que son espejos para ver tus pies y solo parte de tu pierna hasta la rodilla, nunca te miras esa parte de tu cuerpo en el espejo de tu casa, solo lo haces en la zapatería. Y haces movimientos que jamás volverás a realizar con esos zapatos, pisas de formas tan extrañas que rozan el esguince y la ortoflexión de las falanges, buscando una resistencia del calzado digna de un acorazado militar. El proceso está llegando a su fin y estás muy bien, tienes zapatos nuevos elegidos, ahora ya sacar el nuevo zapato es coser y cantar porque en el paso inverso ya has verificado que no hay tomates, ni bolitas y colores extaños en tus calcetines, así que todo va sobre ruedas.

Y si bien no te preocupa demasiado que el dependiente te haga la pregunta que nunca sabes si es del todo sincera: ¿Quieres la caja?, se abre un nuevo dilema ante ti, que no sabes si te lo pregunta porque si no la quieres tú se la queda él, seguro, o quizá es que quiere que te la lleves tú para así evitar tener que ir y tirar decenas de cajas a la basura. Ahí, en esa pregunta, siempre hay algo más. Decides que te la llevas, que si estás pagando, la caja, los papeles esos que vienen dentro de los zapatos y las varillas plásticas que los mantienen tensados, “para algo valdrán”. Nunca valen para nada.

Luego vas a pagar, y este es el microproceso que me ha llevado a escribir todo lo que estás leyendo. Cuando pagas unos zapatos desde hace unos años piensas en el salto de precios que han pegado y te faltan años, esos cinco años en los que deberían de haber ido subiendo un 10% para alcanzar el 50 o 60% por encima de los precios que tú recuerdas. Y te sientes mal, sabes que esos zapatos no pueden valer tanto y que alguien tiene que estar ganando mucho dinero con ese par de zapatos. Y piensas que quizá los haya más baratos en otro sitio.

Y ese sitio es Amazon, en Amazon tienes los zapatos que de forma gratuita te has probado en la zapatería de tu pueblo con todas esas sensaciones que has ido recordando hace unas líneas. Los tienes de todos los colores, de todas las tallas, incluso de la talla que ya has probado en tus propios pies y son más baratos. Y está pasando, que los clientes van a la zapatería, prueban los zapatos, se fijan muy bien en el modelo, la marca, el color y la talla y corren raudos a sus teléfonos inteligentes para consultar si en Amazon están más baratos. No hay fidelidad con el zapatero de turno.

El caso de la zapatería es solo uno de tantos en los que las cosas están cambiando. En el mundo tecnológico, en dispositivos móviles, en ordenadores o en juguetería está pasando exactamente lo mismo. Los procesos se repiten en las tiendas físicas donde nos acercamos a tocar el producto, donde tomamos la referencia del mismo con el objetivo de realizar una compra en un sitio de Internet como Amazon donde los precios están más ajustados para nuestros bolsillos. Y nos sentimos muy bien, porque la ética que internamente hemos puesto en duda en algún momento durante la visita a la tienda de turno la podemos justificar de un plumazo con el precio que hemos conseguido y la comparativa con el que nos querían “clavar”. Ese es el mecanismo que nuestro cerebro sigue en todo este asunto de las compras y está cambiando las cosas.

Solo si las tiendas físicas consiguiesen que fueses un cliente fiel y te convenciesen de que hay algo más por lo que estás pagando podrían imaginar un futuro en el que los sitios online no se los zampasen; y estimados y estimadas, no estoy muy seguro de si esto lo vamos a ver algún día nosotros o nuestros hijos.

Saludos

David Serantes

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