La Voz de Galicia
Navegar es necesario, vivir no es necesario (Pompeyo)
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Hay una secuencia en El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty ValanceJohn Ford, 1962) en la que la historia del cine se detiene y durante unos segundos aguanta la respiración. Sucede un sábado por la noche en la cantina de Shinbone, cuando Liberty Valance(Lee Marvin), el malvado pistolero del látigo con empuñadura de plata, pone la zancadilla al improvisado camarero Ransom Stoddard (James Stewart) y rueda por los suelos el bistec que se iba a zampar Tom Doniphon (John Wayne), el hombre más rápido al sur del Picketwire. Entonces Doniphon se pone en pie, las manos listas para desenfundar, y exige a Valance que recoja el maltrecho chuletón.

Durante un instante Ford glosa la asombrosa historia del Homo sapiens, ese bicho que lo mismo compone la Odisea y la Teoría de la Relatividad que se lía a tiros por un pedazo de carne embadurnado de serrín y escupitajos. Stoddard, tocado con mandil y anticipando ya sus maneras de futuro senador, despacha el duelo rescatando él mismo el bistec de las tablas. Aunque, como ya revela el título de la cinta, el bandolero Liberty Valance no acabará sus días fumando la pipa de la paz en la mecedora del porche, sino mordiendo el polvo de la calle principal (y única) del pueblo.

El filme, obra maestra absoluta del John Ford crepuscular que merecería estar colgada en las paredes de un museo, nos enseña que la vida no es exactamente aquella fábula de buenos y malos que nos contaban de parvulitos, sino esa larga y cruda derrota de Tom Doniphon, el antihéroe que cede al brillante Stoddard su chica (Vera Miles) y su futuro, y se queda a solas con las cenizas de una casa y las indomables flores del desierto creciendo entre sus ruinas. También brinda una impagable lección de periodismo el borrachín Dutton Peabody (Edmond O’Brien), editor, director y redactor en solitario del periódico The Shinbone Star, que relata sin tapujos las fechorías de Valance, a pesar de que, inevitablemente, pagará muy cara su insobornable honestidad y profesionalidad.

Este largometraje de John Ford es una de las cumbres insuperables de la historia del cine. Como apuntaba en sus diarios el gran escritor portugués Miguel Torga, «hay pocas cosas en este mundo más hermosas que las películas del Oeste». Y El hombre que mató a Liberty Valance es la demostración de su tesis.