La Voz de Galicia
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En este decimonónico y por muy diversas circunstancias dickensiano 2012, mientras Occidente se empeña por primera vez en su historia en recorrer a marchas forzadas la vía del retroceso, resulta casi incomprensible pensar que no hace tanto tiempo (en 1978, sin ir más lejos) se escribían, se publicaban e incluso se leían libros como La vida instrucciones de uso. Abrir la obra maestra de Georges Perec (París, 1936-Ivry sur Seine, 1982) y zambullirse en sus seiscientas páginas de puzles, relatos cruzados, cuadros y combinaciones es jugar con el autor una partida de ajedrez literario sobre las casillas del inmueble de la calle Simon-Crubellier de París. Pero como todo juego, este acto lúdico encierra también un gesto profundamente subversivo. Lo sabían Perec y sus compañeros de viaje en la aventura del taller OuLiPo (el matemático François Le Lionnais y los escritores Italo Calvino o Raymond Queneau, entre otros insurrectos), que barajaron sin piedad el alfabeto y los géneros para intentar hallar en el arte el orden y la belleza que no salían a flote en la sucia realidad.

Y a jugar con las creaciones y obsesiones de Georges Perec se dedica la exposición Pere(t)c. Tentativa de Inventario, una producción de la Fundación Luis Seoane que llega ahora, con sutiles variaciones, al Círculo de Bellas Artes de Madrid un año después de su paso por la sede de la fundación en A Coruña. Repite como comisario Alberto Ruiz de Samaniego, que recuerda que este montaje, en el que se relata la conexión de la literatura de Georges Perec con las artes visuales, emerge de una frase del autor: “Durante mucho tiempo quise ser pintor, pero finalmente me convertí en escritor”. Una sentencia que la exposición utiliza como punto de apoyo para indagar en la huella de Perec en el arte contemporáneo.  “Su interés creativo no sólo se centró en el campo de la literatura, sino que coexistió con el cine, la fotografía, la pintura, el arte conceptual, los crucigramas o juegos como el ajedrez o el go”, detalla el comisario.

La muestra, apunta Ruiz de Samaniego, “reúne una selección de los fondos de carácter biográfico (manuscritos, dibujos y fotografías) custodiados en la Bibliothèque de l’Arsenal de Paris por la Association Georges Perec, documentos de su paso por OuLiPo y los materiales plásticos en que Perec trabajó con otros artistas: el proyecto de agotamiento de lugares parisinos; los filmes que rodó: Los lugares de una fuga, Un hombre que duerme y Relatos d’Ellis Island, o en los que colaboró como guionista, como Inauguración, de Robert Bober, de quien se incluye también su documental sobre Perec”.

Esta inteligente y lúdica Tentativa de inventario permite al espectador, aunque solo sea durante su breve paseo entre las vitrinas, releer a Perec a la luz de su obra y biografía, y regresar con él a ese instante único del siglo XX en que jugar con la literatura todavía no estaba prohibido. Eran tiempos de experimentación. Algo que hoy ni siquiera está bien visto en el interior de un laboratorio.