La Voz de Galicia
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13ruedelpercebe

Cuando bebíamos Mirinda, allá en los setenta, los tebeos nos mostraban un mundo en extinción, en el que al llegar la Navidad los serenos se paseaban por los descansillos de la vecindad pidiendo el aguinaldo, Zipi y Zape siempre estaban castigados en el cuarto de los ratones y Pepe Gotera, Otilio, Mortadelo y Filemón elevaban a la categoría de arte y ensayo la tradicional vocación histórica del hispano por la chapuza. Entre aquellos entrañables granujas de las viñetas no faltaba el eterno moroso, que en el caso del 13, Rue del Percebe vivía atrincherado en el ático del caótico inmueble, agazapado en su escondrijo, a salvo de los cobradores y sus robustos matones.

Entre los acreedores nunca faltaba en aquellos tiempos un sastre, al que el gorrón jamás pagaba sus facturas. Era un clásico del cómic y, sospecho, de la larga posguerra, cuando la peña no tenía cuartos para pagarse los trajes y dejaba las telas sin abonar para no renunciar al terno de última moda. En casi todos los tebeos aparecía antes o después el sastre en la puerta, blandiendo un garrote muy parecido al as de bastos y dispuesto a machacar el cerebelo del sablista.

Es curioso que, tantos años después, un político se vea acorrolado por las facturas de unos trajes. A lo mejor es que nuestra política no es demasiado diferente de las viñetas del 13, Rue del Percebe.