La Voz de Galicia
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Algunos lectores me han interrogado últimamente sobre dos detalles de la cabecera del blog. En primer lugar, los internautas de más allá del Padornelo se preguntan qué demonios es eso de farrapos de gaita. En efecto, es una expresión estrictamente gallega y de difícil traducción, pero vamos a intentarlo. Literalmente un farrapo es un harapo, un trozo de tela muy gastado, vaya. De ahí, que a esos flecos que cuelgan del roncón de la gaita (el tubo largo, para entendernos), y que suelen andar algo sobados, les caiga el título de farrapos de gaita. Pero siempre hay vida más allá de lo literal, así que la expresión ha cobrado vida propia. El Diccionario de la Real Academia Galega lo explica así (la traducción es del menda): «Farrapo de gaita. Se emplea en construcciones negativas para mostrar el poco aprecio que se le da a algo o a alguien, o para indicar que una cosa no debe ni siquiera tenerse en consideración». Allá van los jugosos ejemplos de la RAG: «Esto no vale un farrapo de gaita. Esta no es comida ni farrapo de gaita. ¿Qué esperar a que llegue ni farrapo de gaita?».

De esa entrañable expresión nació, por tanto, la cabecera de este blog. Primero, porque Farrapos de Gaita se ocupa precisamente de esas cosas a las que en un principio damos poco aprecio, o directamente no tenemos en consideración. De lo minúsculo, en fin. Y, como dirían los ingleses, last but not least, porque era la clásica respuesta con que mi madre me contestaba cuando, de niño, le inflaba las narices de tanto pedirle algo (ya se sabe que los chavales pueden ser como auténticas gotas chinas). El duelo verbal concluía cuando mi madre, contundente, me espetaba un «Ni helado ni farrapos de gaita». Fin de la historia.

El segundo interrogante que el encabezamiento del blog ha despertado entre algunos inquietos lectores es la frase de Pompeyo: «Navegar es necesario, vivir no es necesario». Según cuenta Plutarco en su Vida de Pompeyo, durante una travesía por el Mediterráneo para recolectar los cereales que escaseaban en Roma, los marineros se amotinaron y se negaron a hacerse a la mar por miedo a una tempestad. Fue entonces cuando Pompeyo, indignado, les soltó su legendario «Navegar es necesario, vivir no es necesario» en medio de un discurso épico con el que convenció a los remolones tripulantes para que embarcasen. La sentencia fue luego el lema de numerosos navegantes y flotas (por ejemplo, de la Liga Hanseática) y Fernando Pessoa lo utilizó en un hermoso poema: Navegar é preciso, versos que Caetano Veloso retocó para su canción Os argonautas.

No sé si habré resuelto las dudas de los internautas. Pero, como decía alguien, a veces las preguntas son mucho más interesantes que las propias respuestas.