La Voz de Galicia
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Alguno de mis lectores me ha preguntado sobre el tema del “fracking” (o “fracturación hidráulica”) –al que ya he dedicado varios comentarios en este blog- en los Estados Unidos, de cómo se ve aquí. Con motivo de la reciente conferencia del Profesor David SPENCE de la Universidad de Texas –sobre el “conflicto entre los Administraciones estatal y locales en norteamérica sobre las regulaciones del “fracking””- que tuvo lugar en la Facultad de Derecho de Berkeley (a la que tuve la oportunidad de asistir) me he puesto un tanto al día de cómo se precibe este importantísimo asunto. Verdaderamente es un tema de enorme trascendencia que está traspasando las fronteras estadounidenses y que está afectando a muchos países, en particular, a productores de petróleo (Venezuela, Iran, México, Rusia, etc.) y ha abierto nuevas expectativas en otros países que cuentan con reservas de “gas pizarra” o “sheil gas”. Un apasionante fenómeno geopolítico de contínuos vaivenes y perspectivas diferentes.

Podrían escribirse páginas y páginas de esta controvertida cuestión pero aquí voy a dedicar la primera parte de este comentario a la extraordinaria repercusión mediática del “fracking” en los Estados Unidos y en la segunda parte al conflicto entre el Estado Federal, los Estados y los Entes Locales acerca de este tema. Aunque no me gusta inventar palabras, me ha atrevido usar el término “fracking-landia” para referirme a este país en que ha nacido la técnica de explotación del referido “gas pizarra” (comenzó nada menos que en 1949), en cuyas tierras se han perforado más de dos millones de pozos, y en donde se está produciendo una verdadera revolución energética que puede llevarle a su independencia energética en pocos años. Y, todo ello, claro está, con inciertos efectos (o impactos) sobre el medio ambiente y la salud, con defensores y detractores.

La magnitud de actividad económica –que ha crecido exponencialmente desde hace casi una década- se refleja en la abundantísima bibliografía publicada en los últimos años. Sin contar los libros técnicos sobre ingeniería o geología, cada año aparacen nuevos títulos de ensayos a favor, en contra o indiferentes acerca del “fracking” en este país. Por ir a los títulos más recientes, destaca el ensayo del reportero de energía del Wall Street Journal, Russell GOLD: The Boom: How Fracking Ignited the American Energy Revolution and Changed the World (publicado por Simon & Schuster, New York, 2014) contando los episodios de su desarrollo en los Estados Unidos y los protagonistas de esta historia, como es el caso de George MITCHEL, conocido como “padre del fracking”. En parecida línea de análisis se mueve el libro de otro periodista, Gregory ZUCKERMAN, bajo el título: The Frackers: The Outrageous Inside Story of the New Billionaire Wildcatters (publicado por Penguin, Ney Yor, 2014), más centrado en los empresarios implicados en este sustancioso negocio, a modo de la clásica historia americana: «Los éxitos de los arquitectos de la era de esquisto son atribuibles a la creatividad, la bravuconería, y un fuerte deseo de ser realmente ricos», escribe. «No puede ser más americano que eso». Poniendo de manifiesto los pros y contras de esta industria, estas dos obras tratan de eludir posicionamientos determinados, aunque, al final, como atrapados por sus contenidos parecen apoyar la “revolución del esquisto”.

Un libro claramente a favor del “fracking” es el del político conservador, el activista canadiense Ezra LEVANT, titulado: Groundswell: The Case for Fracking (publicado por Random House Canada, 2014). Para este autor –que, entre otras cosas, trata de refutar, punto por punto, los argumentos del famoso documental de Josh FOX (“Gasland”)- “fracking” es «una hermosa tecnología con un feo nombre», capaz de crear una «energía barata, limpia, abundante y democrática».

No obstante, son mayoría los libros muy críticos a la producción mediante el “cracking”. Es el caso del análisis contenido en el ensayo de Michelle BAMBERGER y Robert OSWALD, desde una perspectiva de su repercusión sobre la salud humana y animal: The Real Cost of Fracking: How America’s Shale Gas Boom Is Threatening Our Families, Pets, and Food (publicado por Beacon Press Books, 2014). Con un rechazo más claro se pueden citar los libros de Seamus McGRAW: The End of Country: Dispatches from the Frack Zone, 2012; el de Richard HEINBERG: Snake Oil: How Fracking’s False Promise of Plenty Imperils Our Future (publicado por Post Carbon Institute, Santa Rosa, California, 2013); el de Bill POWERS y Art BERMAN: Cold, Hungry and in the Dark: Exploding the Natural Gas Supply Myth (publicado por New Society Publishers, 2013), etcétera.

Con una posición intermedia, se puede encontrar la obra de Chris FAULKNERThe Fracking Truth: America’s Energy Revolution: the Inside, Untold Story, (publicado por Buks County, Pennylvania, 2014), quien se muestra partidario del “fracking” pero siempre que se repete la máxima transparencia en su implantación y en los procesos utilizados (por ejemplo, mediante la  publicidad de los productos químicos empleados y mediante la utilización de soluciones más limpias como la llamada “CleanStim”). Por su parte, el especialista en energía y medio ambiente del prestigioso “think  tank” neoyorquino “Council on Foreing Relations” (CFR), Michael LEVI, en su libro: The Power Surge: Energy, Opportunity, and the Battle for America’s Future (publicado por la Oxford University Press, 2013) trata de situar el auge del “fracking” en el contexto más amplio de las políticas sobre cambio climático y en la que es “shail gas” aparece como “combustible puente” que puede sostener el suministro de energía mientras se van potenciando las energías renovables.

Por lo que se refiere al mundo audiovisual ya comentamos con anterioridad el famoso documental anto-frackingGasland” (2010) del cineasta Josh FOX y la película de ficción “The Promise Land” (2013) dirigida por Gus VAN SANT. Más recientemente se pueden añadir a estos títulos el documental “FrackNation” (2013) creado por Phelim McALEER y Ann McELHINNEY -financiado mediante “crowdfunding”- que es una ácida crítica al documental de Josh FOX. Por su parte, Johs FOX no se ha quedado quieto y ha promovido “Gasland. Part II” (2013) en la que se que la presentación de la industria del gas natural como una alternativa limpia y segura para al petróleo es un mito y que en los pozos del “fracking” se producen fugas y que con el tiempo sería inevitable la contaminación de agua y aire, perjudicando a las familias, y poniendo en peligro el clima de la tierra con el potente gas de efecto invernadero, el metano. Además, la película narra la historia de cómo las poderosas industrias de petróleo y gas están, en las palabras de FOX «contaminando nuestra democracia».

Incluso se han publicado novelas que excitan la imaginación con motivo del fracking: la de expresivo título “Mother Fracker” de Larry Bud MEYER (Morningside Press, 2013) ganadora del “Green Book festival” de 2014. La de James BROWNING: “The Fracking King: A Novel”, 2014; y la de Mark CAMPBELL: “Fracked” (Darkest Hour Publications, 2015).

«Fracking-mania», revolución energética, retroceso en la política contra el cambio climático, nuevo blanco para los grupos ecologistas, … Todo es posible en este caleidoscópico asunto que todavía no ha explotado en otros áreas geográficas como nuestra vieja Europa. Continuará.