La Voz de Galicia
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Después de los charlatanes que no dejan de hablar en los conciertos, el uso y el abuso de los teléfonos móviles que una buena parte del público hace en las actuaciones en directo se ha convertido en uno de los recurrentes motivos de queja. Se trata de un arma de doble filo. En un momento dado, sirve para uno se lleve un recuerdo para casa, bien sea en forma de foto o bien sea en forma de vídeo (aunque lo más probable es que no se vaya a ver más). Pero también vale para que otra persona pierda la concentración en el concierto, vea como se interpone entre él y el músico una pantalla y en casos flagrantes (como los que llevan un Ipad) se transforme en un incordio.

Hay artistas que no quieren que eso ocurra en los conciertos. Unos lo dicen en las entrevistas. Otros lo sugieren con comentarios. Y unos pocos van a por todas y prohíben el uso de los móviles en los conciertos. Ojo, no hablo de grabar o tomar fotos, hablo del simple uso para ver un WhatsApp o leer el correo. Es lo que ocurrió el pasado lunes en el concierto que Bob Dylan ofreció en el Multiusos Fontes do Sar de Santiago.

El artista tomó una serie de medidas para evitar el paisaje de decenas y decenas de pantallas encendidas filmando su pase. Además de los carteles, en los que se indicaba la prohibición del uso del móvil, el personal de seguridad se dedicó a pasear por el recinto impidiendo tomar fotos o grabar vídeos. Lo hicieron con tal celo que, en cuanto veían la luz de uno, acudían rápidamente a corregir la acción. Yo mismo, que me encontraba allí haciendo la crónica no pude hacer uso de mi ordenador portátil pese a estar en la fila más alta sin nadie por detrás. La luz perturbaba la atmósfera que pretendía el artista.

Reconozco que, inicialmente, me enfadé, viéndome obligado a tomar notas a ciegas y teclearlas luego en un pasillo del recinto. Pero luego, a medida que discurría el concierto y la música se fundía con el pulcro juego de luces del escenario empecé a agardecerlo. Ver a Dylan tocando Like a Rolling Stone sin ningún tipo de contaminación lumínica extra mola bastante más que hacerlo con cientos de teléfonos en alto registrando el momento. Poder ver el espectáculo sin que el de delante te despiste con su móvil, igual. Y aunque al principio resultó un poco incordio la presión de los guardias, al final cuando la gente ya descartaba sacar el smartphone, creo que todos salimos ganando.

Quizá haya llegado el momento de actuar así y establecer unos códigos de educación en la música en directo. Dudo que la foto borrosa o un video con sonido deficitario pueden suplir el goce de disfrutar de la música sin más. Aunque nos tengan que obligar a ello. Así que, si se me permite, le digo desde aquí a Bob Dylan, eterno cascarrabias, que tiene usted toda la razón del mundo. Eso sí, para la próxima deje a los fotógrafos profesionales hacer su trabajo en las dos primeras canciones y así todos contentos