La Voz de Galicia
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La excepcional acogida que ha tenido Animalia lotsatuen putzua (2011) ha llevado a Lisabö más allá del secreto. Portadas en Rockdelux o Mondo Sonoro, primeros puestos en las listas de mejor disco del año en diferentes revistas, portales y blogs (entre otros, Retroalimentación) y elogios a chorro refrendan una propuesta que lleva proporcionando placer furtivo desde hace más de diez años. Hoy, sábado 21 de abril, debutarán en Galicia. Será en Pontevedra (sala Karma, 23 horas, 10 euros anticipada y 13 en taquilla), dentro de la fiesta de aniversario de la asociación Desconcierto Cultural. Una feliz noticia por partida doble. Primero, el público gallego podrá ver en vivo a una de las mejores bandas del planeta (sí, lo de Lisabö trasciende a lo nacional). Segundo, más allá de las instituciones y los agentes culturales habituales, la fuerza y la capacidad organizativa de los fans demuestra que las cosas se pueden lograr bajo el «háztelo tú mismo». Y, en algunos casos, como este, con muchísimo más tino y conocimiento de causa.

Ibán Zabalegui, batería del grupo de Irún, atendió esta semana la llamada de La Voz. Esta es la versión íntegra de la entrevista que se publicó ayer en el suplemento Fugas.

-Este sábado el público gallego verá a Lisabö por primera vez. Sus discos son intensos y vibrantes, casi al límite de lo expresivo. ¿Hay sitio para más fuerza en el escenario?
-Una de las bazas que tenemos como banda es el directo. Yo creo que en este terreno todavía ensalzamos el sonido de Lisabö, todo eso de jugar con los silencios y con partes de gran intensidad. En vivo va a más. Pienso que es bonito ver el juego de las dos baterías. En los discos se pierde un poco, ya que no sabes quién toca qué, mientras que en el escenario resulta muy dinámico y muy estético.

-Su música empuja a dejarse levar. Me refiero a eso de ir por la calle con auriculares y sorprenderte a ti mismo apretando la mandíbula. ¿Hasta qué punto tocándola pasa lo mismo cuando, al doblar instrumentos, imagino que necesitan una gran concentración?
-Sí, es así, pero estamos muy acostumbrados a tocar juntos y ya nos sale de una forma natural. En realidad, lo que hacemos cada uno no tiene demasiada dificultad, pero el juego entre los dos queda curioso y sí que es verdad que logramos una gran intensidad, nos desfogamos totalmente y trasmitimos las canciones con toda su intensidad.

-Con el tema de la doble batería hay momentos en los que cada una va por un lado, pero que poco después se doblan y dan un poderío mayor. Esa sensación tiene que ser tremenda.
-Claro. El juego consiste en eso, en ir haciendo cosas diferentes y, en el momento en el que nos juntamos los dos, coger más fuerza y llevar la canción mucho más allá.

-¿Cómo terminan tras dar un concierto?
-En una entrevista Javi dijo que era una terapia, un modo de soltar la presión adquirida en el día a día. Cuando tocas expulsas esa rabia y es tremendo. Los primeros conciertos de cada disco suelen ser de terminar físicamente cansadísimos. Hacemos un esfuerzo físico y emocional tan grande que, al final, quedamos totalmente vacíos. Y muy relajados [risas].

-¿Podría tocar en Lisabö un músico de sesión?

-La verdad es que sería difícil. Nosotros hemos cambiado miembros del grupo y siempre hemos optamos por mirar más la amistad que al músico. Las composiciones que hacemos no entrañan demasiada dificultad técnica y queremos que quien esté ahí sea alguien muy cercano. Todo para que, a la hora de transmitir emociones y de vivir la canción, le guste esta música y la filosofía del grupo, para estar todos mejor y que todo eso se plasme.

-Trasmiten la imagen de trascendencia, de busca la profundidad total. ¿No hay momentos en los que le pide el cuerpo relajar el mensaje y ser más livianos?
-Nosotros hacemos esta música porque es lo que nos sale, tampoco le encuentro una explicación absoluta más allá. A la hora de ponernos a tocar con Lisabö afloran ese tipo de emociones. En todos estos años hemos usado la música para expulsar esas cosas y, al final, se ha convertido un poco en eso, en una manera de expresarnos, siempre tendente a esa línea. Nunca nos ha dado a hacer otro tipo de canción o por relajar el discurso. Quizá con otros proyectos que podamos tener sí, pero con Lisabö siempre tiramos hacia ese camino. Nuestra música consise+te en sacar fuerza de dentro y, luego, llevarla al extremo.

-Tienen siempre punto metálico y algo chirriante. De hecho en “Ezlekuak” ponían una notita en la que instaban al oyente a que subieran los agudos para lograr aún más ese punto metálico. ¿Por qué?
-Eso fue porque grabamos con Carlos Osinaga, que es guitarra, cantante y productor. Él es muy perfeccionista en las mezclas. Vio que para el vinilo, si se subían un poco más los agudos, igual todo podía sonar mejor. Puso esa nota porque le dio por ahí, para que el oyente lo apreciara mejor.

-En algunos vídeos de Youtbe se ve que alguno toca incluso una chapa metálica, reforzando esa intención.
-Sí, porque buscamos algo un poco diferente. El otro batería, en vez de platos normales, lleva unos cuantos platos rotos en uno de los pies para hacer un efecto distinto al de plato normal. Se busca un sonido más abrupto, más sucio, más chirritante. Yo también llevo cosas en la batería para hacer otro tipo de sonidos también, en un plan casi industrial.

-Ya con “Ezarian” (2001) Lisabö obtuvo muy buenas críticas, pero fuera del País Vasco no dejaron de ser siempre un grupo de culto, el típico secreto de melómanos, de gente que lee las revistas musicales de cabo a rabo. Este año da la sensación de que explotó todo cuando, desde mi punto de vista, no creo que el último disco sea excesivamente mejor que los anteriores. ¿Qué ha pasado?
-Yo creo que todo eso son más cosas relacionadas con la crítica que con el propio grupo. Nosotros hemos funcionado igual que siempre, con la misma tranquilidad y con mucho espacio de tiempo entre un disco y otro. Hacemos la música que nos sale y, al igual que tú, yo también pienso que, en calidad, este álbum no se diferencia mucho de los demás. Simplemente ha habido un bum, que le ha dado a la gente y le ha parecido mejor. La verdad es que hemos tenido buenas críticas desde el principio, pero, no sé por qué, esta vez todo se ha magnificado y es algo que a nosotros nos gusta, y es maravilloso [risas]. Pero, insisto, estoy contigo: no creo que el disco sea mucho mejor que los demás, ni tampoco demasiado diferente. Nosotros trabajamos en el local, haciendo canciones. La que nos hace sentir algo va para adelante y la que no queda para atrás. Al final, no sé si nos ha cogido un periodo más dulce, no sé… Si a la crítica le parece fantástico, ello nos abre puertas a tocar en otros sitios, o sitios con mejores condiciones. Todo es para bien.

«Oinazearen intimitatea», uno de los temas del último álbum

-Le planteo una percepción personal. Les conocí con epé “Egun Bat Nonahi”. Me parecieron un proyecto artístico muy definido, sólido y convincente. Y esa percepción se trasladó a todo lo que han editado. Al tiempo, encontré una despreocupación en el modo de llegar a la gente. Parece que Lisabö es un grupo al que tú te tienes que acercar, que no va a hacer nada por acercarse a ti. Por ejemplo, pese a dedicarme a la crítica musical desde hace años, nunca me llegó ningún disco suyo, ninguna hoja de promoción, ni ninguna propuesta de entrevista. Toda mi relación con Lisabö nace exclusivamente de mi inquietud como fan. Me pregunto si existe, por su parte, ese desinterés y si es buscado para preservar, de algún modo, la independencia del grupo y no estar tan pendiente de lo comercial.
-Bueno, nunca le hemos dado mucha importancia al tema de ventas y todo lo demás. Antes de sacar Ezarian habíamos editado una maqueta en la que hicimos todo nosotros, desde grabar a las portadas, cuidando mucho todo lo que es la estética. Luego estuvimos en otros sellos como Esan Ozenki, en los que la promoción se hacía tal y como en ellos era habitual, más a nivel de Euskadi y algo hacia fuera, pero tampoco demasiado. En Bidehuts se hace una promoción normal. Nosotros no invertimos mucho en eso, porque seguimos, paso a paso, haciendo nuestra carrera y es algo que no nos ha preocupado demasiado. Sí que nos puede molestar eso que dices tú, que has tenido que acercarte al grupo y te ha interesado. Sí que nos hubiese gustado haber llegado a gente como tú antes, en plan “este sé que le interesa el grupo, entonces cada vez que saquemos algo hay que mandarle la hoja de promo y demás”. Como no podemos abarcarlo todo y siempre trabajamos a un nivel pequeñito, al hacerlo todo nosotros siempre se nos queda en el tintero un montón de sitios a los que no llegamos.

-Siempre pensé que era algo deliberado, de darle la espalda a la industria. Algo más ideológico, vamos.
-No, tampoco es eso. Nosotros hacemos las cosas poco a poco, muy a nuestra manera, y no tenemos capacidad de llegar a todos los sitios. Entonces te dices: “El que le vaya interesando más o menos puede llegar a conocer el grupo”. No ponemos demasiado énfasis en la promoción, pero tampoco creo que sea algo buscado.

-En Spotity, a excepción el epé de Acuarela, no hay nada de Lisabö. Si se acude a los cedés físicos se ve que están editados al margen de la SGAE. ¿No hay ahí un posicionamiento?
-Sí, en eso sí. Nosotros hicimos con SGAE algunos de los discos que editamos con alguna discográfica al uso, porque prácticamente lo exigían para fabricar. Pero cuando hemos tenido la sartén por el mango nos hemos querido posicionar al margen de ellos. Nos dedicamos a la música porque nos gusta y queremos que la escuche la gente por ese mismo motivo. Cuanto más fácil sea llegar a esa gente y esta pueda, con una licencia copyleft, acceder a la música y usarla sin tener que pagar a ningún tercero nada, creemos que es mucho mejor. Respecto a lo del Spotity no nos hemos preocupado por colgarlas. No sé muy bien cómo funciona, no sé si lo tenemos que hacer a través de alguien o lo podemos hacer nosotros directamente. De todos modos, en nuestra página web suelen estar todas las canciones colgadas para que la gente las pueda escuchar.

-Se habla de que “Animalia lotsatuen putzua” es su disco más crudo, el más urgente y el que tiene más aristas. ¿A ese punto se ha llegado perdiendo las cuerdas por el camino que daban un toque poético?
-En parte sí. Esta vez no hemos sentido la necesidad de incorporar el chelo. Siempre hacemos todo corriendo y deprisa. Tanto da cómo nos lo planteemos, aunque lo pensemos con dos años de antelación el disco lo hacemos corriendo y deprisa. En parte, no hemos metido cuerdas porque no hemos recapacitamos mucho en ello [risas]. Este nos ha salido así, el siguiente a lo mejor está repleto de cuerdas, quién sabe.

-Muchas críticas insisten en que Lisabö trasciende a lo nacional, que está a un nivel internacional. ¿Qué referentes manejaban ustedes cuando hicieron los primeros discos?
-Desde el principio siempre nos ha influido mucho Fugazi, Shellac y Sonic Youth. Yo creo que todo eso se palpa claramente. Luego, hemos odio un poco de todo. Nos gustan cosas mucho más tranquilas, tipo Giant Sand o Calexico, que igual luego no se plasman en nuestro trabajo. Esas influencias están desde el principio y son cosas que seguimos escuchando. Yo creo que, al final, lo que sí que hemos conseguido es, tocando nosotros juntos, llegar a tener un sonido propio en el que también se pueden ver esos referentes. De hecho, cuando estamos trabajando con las canciones y aún no tienen título, a veces le ponemos el nombre de un grupo que te gusta porque hay una parte que te recuerda a ese grupo. Nos pasa con Slint, Fugazi, cosas así…

-Hablando de Slint, en «Ezarian» tienen un tema, «Zer Egiteko Gai Gara», que siempre pensé que en su letra era un homenaje a ellos. ¿Está inspirada en la portada de “Spiderland”?
-No, en realidad es una canción que la letra la hizo Ander Izaguirre, que era el batería de Dut. Hizo esa frase tan corta, “¿Qué somos capaces de hacer? El agua nos llega hasta el cuello y está a punto de llover”, y luego la primera parte es un fragmento de un monólogo de una película.

-Pues yo la escuchaba y me venía a la cabeza esa portada tan enigmática.
-Claro [risas]. Sí, aparecen todos ahí, con el agua al cuello y sí tiene sentido. Podíamos hacer un single para esa canción con esa portada, pero con nuestras cabezas [risas].

-Comenta que han logrado un sonido propio. Hace poco, un crítico de Mondo Sonoro reconocía que era incapaz de diferenciar unos temas de otros, que todos le sonaban a “canción de Lisabö”. ¿Se lo toman como un piropo?
-Sí, porque al final quiere decir que hemos logrado sonar a nosotros mismos, que nuestro sonido es característico y que, al escuchar una canción, sabes que es nuestra independientemente de que sea de un disco u otro. Es decir, que suene un poco y digas “Ah, esto es Lisabö”. Algo hemos conseguido [risas].

-Un compañero suyo que decía en una entrevista que deseaba que, al ser el grupo una reunión de amigos, seguir así para estar a los 65 de la misma manera. ¿Se ven con esa edad sonando con esta tralla?
-Sí, yo creo que sí. Si hemos llegado casi hasta los 40 no creo que se nos cure [risas]. Igual nos tranquilizamos un poco, pero lo de hacer música lo llevamos muy dentro y me veo perfectamente a los 65 tocando. Hay mucha gente de Irún que empezó hace 15 años y ves que algunos siguen, aunque sea en solitario, y otros están desvinculados. Yo creo que al que le gusta de verdad, que es nuestro caso, sigue haciendo música para toda la vida, que estará ahí para siempre.

-Esta es la primera vez que tocáis en Galicia, tras varios intentos anteriores fallidos. ¿Por qué es tan difícil contratar a Lisabö?
-El mayor problema es porque nos resulta bastante difícil compaginar el trabajo con con los conciertos. Podemos tocar los fines de semana y hay uno que trabaja el sábado por la mañana. Resulta bastante complicado. Tenemos que aprovechar que el que trabaja el sábado pueda librar para, por ejemplo, movernos hasta Galicia, que está bastante lejos.

-¿No podrían hacer nunca una gira convencional?
-Bueno, ahora en semana Santa hemos aprovechado para ir a Francia. Allí hemos hecho tres fechas seguidas porque nos coincidía bien el calendario. Ha sido la única vez que hemos hecho tres fechas seguidas. Normalmente hacemos, como mucho, dos. Y que no sean demasiado lejos.

-La doble batería dificultará todo un poco más.
-No solemos tener mayor problema. Ahora que somos seis en el escenario sí que tenemos algún problemas más. Llevamos un ampli más. Entonces, para las dos baterías necesitamos unos seis metros de escenario a lo ancho.