La Voz de Galicia
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En estos días de veraneo con el freno de mano echado, nada más apetecible que dedicar la molicie a leer cosas ligeras tumbado al sol o cobijado  sin mascarilla en un rincón fresco de la casa.

Aproveché estos días para leer las biografías de dos grandes artistas aparecidas recientemente: la de Woody Allen y la de Ernest Hemingway, ambos  personajes polémicos, interesantes y en muchos aspectos antagónicos.

“A propósito de nada” es el título de la de Woody Allen, un artista al que he seguido su trayectoria cinematográfica y siempre me gustó; decía Ramón y Cajal que los genios sólo son tratables en sus escritos, pero en el caso de Woody la sentencia resulta totalmente inoportuna. Aunque el autor usa el tono del monologuista que fue durante años salpicado de bromas inteligentes e ingeniosas, el libro me aburrió porque es una retahíla de relaciones faranduleras y una caricatura de sus propios guiones, lo que resulta algo empalagoso trasladado a la vida real.

Cada vez soporto peor esa erótica del perdedor de éxito, patoso, inútil, hipocondríaco y desafortunado a la que recurren muchos artistas que siempre suena a falsa modestia y, a la postre, acaba siendo una vanidad disimulada que me carga.

Lo más interesante del texto es el proceso de denuncia por abusos a su hijastra (y esposa desde hace 25 años) Soon-yi que, como a tantas otras víctimas del “Me too”, supuso el linchamiento moral del cineasta; una injusta acusación de la que todos hablan sin tener en cuenta las pruebas y la sentencia absolutoria en que acabó. Quizás sean estos pasajes donde mejor se deja entrever a la persona y no el personaje tras el que Allen se oculta.

“Hemingway en Otoño” es el relato de los últimos años del Premio Nobel, cuando se enamoró perdidamente de una aristócrata italiana de veintiún años que fue la musa de sus mejores obras. Escrito en una prosa impecable por Andrea di Robilant -un periodista cuya familia trató mucho a Hemingway- y una presentación exquisita a cargo del selecto sello Hatari Books.

Al contrario que Woody, Hemingway es un ganador, un competidor  excesivo en todo que, en estos tiempos, sería linchado por las hordas de los políticamente correctos: machista, bebedor, juerguista, taurófilo, depredador cinegético y fanfarrón; pero vale la pena la lectura aunque sólo sea para hacer con él un viaje sublime al norte de Italia y Venecia en su fabuloso Buick descapotable azul.

Dos personalidades geniales y antagónicas, una embozada bajo la  soberbia de la timidez excesiva  y otra escandalosamente diáfana y frágil.

Uno acaba de escribir sus memorias con 84 años en plena lucidez y el otro se voló la cabeza con su escopeta de caza.

Juzguen ustedes.