La Voz de Galicia
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Saltó la noticia de que el ya fallecido clérigo de Montserrat Andreu Soler , había sido un depredador sexual y un pederasta empedernido durante más de cuarenta años siendo, para más «Inri», el encargado del grupo de Scouts del Monasterio.

El portavoz de la Abadía se dirigió a la prensa admitiendo casos de abusos por parte de sus monjes y reconociendo que , ante estos hechos, «se omitió cualquier tipo de actuación» a pesar de que «había suficiente rumorología » como para haber tomado alguna medida al respecto. Pidió cristiano perdón.

Cualquier perverso puede infiltrarse en las filas de cualquier institución, pero que lo haga en el seno de la Iglesia y se mantenga toda la vida sin reparos  es imperdonable.

Hay procedimientos de examen psicológico que ayudan en la selección del personal y la iglesia, por lo delicado de sus asuntos, también debería utilizarlos; tampoco estaría de más la revisión de su doctrina frente al celibato en el siglo XXI,  pero el silencio y la complicidad de años del resto de la congregación frente al delito, es una cobardía a la que no otorgo perdón.

Estas cosas suponen un daño irreparable para las víctimas y escandalizan sobremanera  – creyentes y ateos- despertando un deseo de   venganza al delincuente como se ve  en los medios cuando detienen a uno de esa calaña. Como no es mi intención, prefiero  que  sea Quevedo y no yo quien se despida del Pater Perversus con un soneto  absolutamente  moderno y asesino  que titula «A un Bujarrón»:

Aquí yace el clérigo de Monserrat

y dicen que le hizo buen provecho
a Satanás.
Ningún coño le vio jamás arrecho.
De Herodes fue enemigo, y de sus gentes,
no porque degolló los inocentes,
mas porque, siendo niños y tan bellos,
los mandó  degollar y no jodellos,
pues tanto amó los niños, y de suerte
(inmenso bujarrón hasta la muerte)
que si él en Babilonia se hallara,
por los tres niños en el horno entrara.

¡Eh tú, cualquiera cosa que seas,
pues por su sepultura te paseas,
o niño o sabandija,
o perro o lagartija,
o mico o gallo o mulo,
o sierpe o animal que tengas cosa
que de mil leguas se parezca a un culo:
Guárdate del varón que aquí reposa,
que tras un rabo, bujarrón profundo,
si le dejan, vendrá del otro mundo!

No en tormentos eternos
condenaron su alma a los infiernos;
mas los infiernos fueron condenados
a que tengan su alma y sus pecados.
Pero si honrar pretendes su memoria,
di que goze de mierda y no de gloria;
y pues tanta lisonja se le hace,
di: «Requiescat in culo, mas no in pace.»

Todo un desahogo del malvado Quevedo.