La Voz de Galicia
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El ser humano es el único animal capaz de decir No (Scheler) y me atrevería a decir que esa peculiaridad es el atributo que nos hace más humanos con toda nuestra grandeza y toda nuestra miseria.

Ser capaz de decir No lleva implícito tener lenguaje y disponiendo de tal herramienta puedes recordar el pasado, planificar el futuro y construir el presente.

La capacidad de decir No, es también el origen de todos nuestros conflictos relacionales; lo es no sólo por la renuncia y frustración que imponen su significado, sino porque el humano no deja de ser un animal más y también se comunica de forma no verbal a través de signos y señales inequívocos.

La contradicción entre un mensaje emitido por el canal digital (No) y  por el analógico (sí) de forma simultánea,  genera confusión y desata todo tipo de emociones.

El slogan  «no es no» se desentiende de esta verdad humana en la que un No puede entenderse como un sí, el sí como un No o los dos a la vez  según lo descifre el receptor del mensaje.

El No que ha campado por sus fueros estos días en el gallinero político ejemplifica cómo el valor del No puede ser un sí y viceversa, nadie se fía de nadie porque lo que comunican de forma no verbal no coincide con lo que dicen y eso produce  bloqueos de conducta y cosas peores como describió el genio de Gregory Bateson.

El No es la semilla de la mentira, el No puede negar la evidencia, puede frustrar el deseo, ocultar un interés y herir como una daga. El «No es No» es un mensaje paradójico, no es posible porque el «No» puede ser muchas más cosas, como así lo demuestran los hechos a diestra y a siniestra