La Voz de Galicia
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Portugal emociona. Es la cuarta vez que enamoran en una Eurocopa. Y puede ser la primera en la que logren algo. Lloraron en el 84, con Chalana y gol en la prórroga de Platini, en el 2000, gol de oro de Zidane, y en el 2004, con la miserable derrota en la final ante la empalizada griega. Lo tienen casi todo para ganar. La defensa de los cien millones, aunque a balón parado parece que los Chelsea boys se convierten en estatuas. Una media con un Moutinho, que es un compás. Tienen a CR7, el futbolista total, un gamo con un puñal en sus dientes perfectos. Tienen a Simao, que corre y corre cada balón como si fuera la primera vez. Tienen a Deco, con galones y ganas de demostrar quién es en el mundo del fútbol después de una temporada de fiesta en la discoteca del Barcelona. Tienen un banquillo de lujo, con un entrenador de carácter y un genio como Quaresma de bala extra. Tal vez, el portero, Ricardo, sea su talón de Aquiles. Pero Portugal vuelve a soñar, tras derrotar a Turquía y Chequia. En el camino al Prater se encontrarán con Alemania. Ya saben, el fútbol es un deporte que juegan once, inventaron los ingleses y ganan siempre los alemanes por un gol a cero. Esta vez, no hay miedo en la selección portuguesa. Y a Alemania ya la hizo sufrir Croacia. ¿Por qué no Cristiano Ronaldo? Ojalá que en esta Eurocopa no vuelve a sonar en el último momento la música triste del fado. Y los portugueses puedan celebrar el milagro de Fátima por las avenidas de Viena.

P.D. Siempre y cuando su rival sobre el prado del Prater no sea España, claro.