La Voz de Galicia
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Leo en La Voz que la historia de Orejitas tuvo un final feliz. Se trata de un muñeco de peluche cuya dueña -una pequeña de dos años- extravió en un barrio coruñés la semana pasada. Los padres de la dueña de Orejitas se portaron como unos campeones. En su intento por encontrar al peluche tapizaron su barrio de carteles y ofrecieron una recomepensa. El conejo apareció hoy y la niña, cuando lo tenga en sus brazos, será la más feliz del mundo.

¿Quién no ha buscado afanosamente bajo la cama ese objeto fetiche que muchos niños necesitan para dormir? El objeto del afecto de mi hija es un calvito de ojos azules al que bautizó con el nombre (o sobrenombre, que sé yo) de Nenecito. Lo tiene desde muy pequeña y es su fiel compañero de aventuras. A veces asegura que cuando sea mayor se va a casar con él. Lo primero que hizo en cuanto lo vio fue quitarle la ropa y el gorro porque dijo que tenía calor y ya no se los puso nunca más. Ahí anda el muñeco en la habitual «ropa interior» de los juguetes, dando pena por lo sucio que se pone a veces, aunque cada que puedo se lo quito a la peque mientras duerme para meterlo a la lavadora con una buena dosis de blanqueador.

Nenecito ha sido víctima de varias trapalladas de la niña, como cuando lo tuneó con sus colorines y después le tomo una docena de fotos (como la que está aquí arriba). A veces me angustio cuando lo tira por los aires ante el temor de que se le caiga un brazo o una pierna. Y en la medida de lo posible evito llevar a Nenecito al parque o a la compra porque sé que la peque lo pasará fatal si se le pierde. De hecho estoy en busca de un clon, pero he tenido mala suerte y no he podido encontrar un gemelo de reserva por si hiciera falta, aunque cruzo los dedos para que no sea así.

Montse no hace más que mimarlo y cuidarlo. Le cuenta cuentos todas las noches y le dice que lo quiere. Ese amor por este y otros juguetes se acrecentó aún más después de que descubrió el vídeo de una canción del fallecido compositor Francisco Gabilondo Soler, mejor conocido como Cri cri. La canción, que se llama La muñeca fea, resulta conmovedora para los niños:

Y después de Toy Story, cada vez que Montse ve un niño maltratando a un juguete suele decirme con cara de enfado: «Has visto mamá, es un Sid».