La Voz de Galicia
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Tan deseosa como estoy por dejar atrás este año y comenzar uno nuevecito, de paquete, no me había parado a reflexionar sobre las cosas buenas que el 2010 ha dejado en casa. Todas las buenas noticias giran, por supuesto, en torno a Montserrat. Esa pequeñaja de ojos grandes y sonrisa chispeante que me ha regalado estos últimos 12 meses instantes llenos de magia, de esos que hacen que se te olviden por un momento las penas para continuar las andaduras diarias.

En lo primero que he reparado es en algo que no había querido aceptar (por miedo, o por nostalgia): la peque ya no es un bebé. Tiene a día de hoy 2 años, ocho meses y 20 días. Hace mucho tiempo que ya se expresa con claridad y dice oraciones complejas como: «Estoy confusa, no sé si me gustan mas los Reyes o Papá Noel». «No mamá, no quiero merendar. Pero gracias por pedírmelo». O cuando mirando el telefóno de juguete que le trajeron en Navidad me miró fijamente y me dijo: «¿Te diste cuenta? Este móvil no tiene Youtube».

Pero es que hay más. Esta pequeña parlanchina se ha convertido en una experta en negociaciones, así que si le pides, por ejemplo, que recoja sus juguetes, te dice que lo hará pero después de que termine Dora la Exploradora, o que lo hace pero si «alguien» le ayuda. Y ese «alguien» no es virtual, como esos amigos imaginarios que se inventa cuando quiere entreterse un poco. Empezó también con los juegos de rol, le gusta convertirse en enfermera y curarme las pupas con besos, y disfruta cocinando banquetes virtuales que todos sus muñecos -a los que llama amiguitos o hermanitos- disfrutan sin protestar.

También ha conseguido grandes avances en lo que respecta a nuevas tecnologías. Ya enciende sola el ordenador, la playstation del padre y el iPod (que era del padre pero ya se lo apropió). Así que si quiere ver una peli ya no necesita ayuda, mete el disco en la consola y maneja el mando como una experta, aunque lo pasa mal porque como no sabe leer, tiene que poner todas las películas una por una, hasta llegar a la que le interesa. Y con el ordenador ni se diga, tan familiarizada está con los términos informáticos que cuando se le pierde un juguete me dice que lo busquemos en Google. 

Yo es que me parto de risa con todas sus ocurrencias y hasta en los momentos mas duros está ella para recordarme lo importante que es vivir y sonreír. Ya no imagino mi vida sin ella. Así que aquí estoy, escribiendo estas líneas mientras cuento los minutos que faltan para terminar el 2010 y esperando recibir el nuevo año con la esperanza de que todo estará bien. Un abrazo y muchos éxitos.