La Voz de Galicia
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Al salir de clases caminan por la calle como los demás. Dirigen sus pasos a casa con la mochila a cuestas y pensando -tal vez- en la consola que los espera en la comodidad del hogar. Tras dejar sus cosas en la habitación dirigen sus pasos hacia la nevera para buscar provisiones y después refugiarse en el sofá. Son los niños de la llave. Chicos que después de clases vuelven a un hogar vacío porque papá y mamá tienen que trabajar.

Cada vez son más las madres que lamentan tener que dejar a los niños solos en casa porque no tienen otra opción. Debemos ser conscientes de que no todas pueden echar mano de los abuelos. Ni todas pueden darse «el lujo» de pagar a una persona que se ocupe de los hijos.

Dejarlos solos en casa con todo el riesgo que conlleva es, la mayoría de las veces, inevitable. Pese a lo divertido que podría parecerle a un menor poder decidir por su cuenta qué ver en la tele o cuánto tiempo navegar por Internet, la soledad puede tener consencuencias. Cuando no hay alternativas lo mejor es informarse.

¿Hasta cuando los gobiernos lucharán realmente por conciliar los horarios laborales y escolares? Es difícil entender que no se prioricen las necesidades de los más pequeños. Al menos yo… no lo entiendo.