Un volcán islandés en medio del frío
*(Crítica publicada en la edición de papel de La Voz de Galicia del pasado domingo 24 de junio)
Instrumentos novedosos en un escenario —como el enorme transformador de Tesla que generaba rayos y sonidos— pero nada inusuales en la estética de una artista que no deja de sorprender, así como tecnología y derroche visual en pantalla gigante (con imágenes mejorables, cabe decir) y pirotecnia incluida, son el trasfondo de una historia
que Björk cuenta como en capítulos a través de sus canciones. La fobia que sus dos discos anteriores provocaron en muchos de sus fans se han transformado de nuevo en filia, casi en adicción, en el reencuentro con una artista tan incomprendida como idolatrada que parece haberse redescubierto a sí misma, y que revela en su último disco, que presentó el viernes en Santiago, su lado más natural.
La melena naranja cual volcán en erupción fue la carta de presentación de Biophilia, un disco creado en parte en un iPad que se adentra entre lo terrenal y lo cósmico, y de una cantante que mueve no solo a numerosos fanáticos —como los que que se entregaron en un trance hipnótico al sonido de su voz y de su música— sino a decenas de curiosos que querían descubrir, en vivo, a la islandesa.
Que la potencia vocal de Björk no luciera en todo su esplendor, probablemente por cargar aún con la dolencia en las cuerdas vocales que la obligó a suspender varios conciertos de esta gira, no fue obstáculo para que diera un show cargado de intensos momentos. Acompañada de un coro de catorce mujeres y unos músicos que aunaban lo electrónico con lo tribal, sorprendió con sus nuevos temas y subió la temperatura en los de otros discos, como Declare independence. Mención aparte merece el fichaje del gran percusionista austríaco Manu Delago.
Björk demostró sobre el escenario que casi 20 años después de su debut, mantiene íntegras sus señas de identidad: una voz incomparable unida a su capacidad de convertir en música el ruido, como lo demostró un espectacular final. Veinte minutos faltaron para completar las dos horas, lo que para ella no hubiera sido un sacrificio, y para los fans, un regalo. El frío acompañó la velada, pero ahí estaba el volcán Björk para calentarla.
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