La otra cara de la actualidad
Las ruinas de este bajo de la calle San Francisco guardan para siempre el recuerdo (y el reconocimiento) a un músico genial. Tuve la suerte de conocerlo allá por los años ochenta cuando mi capacidad como instrumentista todavía no me había puesto en mi sitio y soñaba con dedicarme, algún día, al tema del rocanrrol. Él, generoso como nadie, nos apoyó en los duros comienzos y nos ofreció su casa, su tiempo y sus conocimientos. Su tienda de música (hoy, como podéis ver, en ruinas) era un santuario de generosidad y talento. Veinticinco años después a veces me cruzo con él por la calle y nos saludamos tímidamente. Siempre he sentido que no había sido lo suficientemente agradecido. Por eso quiero desde aquí rendirle un pequeño homenaje. Porque para tí y para mí, como decía Frank Zappa “Music is the best”. Gracias José Ramón.
En los tiempos de la lejana y casi ya olvidada reconversión del naval a principios de los años ochenta la cosa también estaba muy malita. Estos días en los que el paro, la pobreza y la desesperación vuelven a calar hondo en la sociedad, me acuerdo de aquel amigo que venía a jugar a mi casa por las tardes. Yo, desde luego, era absolutamente ajeno a la situación económica de su familia y solamente sabía que su padre, mientras el mío iba al trabajo, estaba paseando o en el bar. En mitad de la tarde mi madre nos hacía un bocadillo a cada uno. Recuerdo que en una ocasión mi amigo abrió el pan y al contemplar las rodajas de chorizo exclamó: “Buá, que de lonchas!!!”.
Treinta años despúes parece que los bocatas empiezan a menguar de nuevo.
Hasta los carteles en A Malata se quedaron anticuados. Que tiempos aquellos en los que el OAR jugaba con los grandes intentando encontrar la pelota entre una espesa nube de humo de Ducados. En la tele el humo tampoco faltaba.
Paisanaje lunar. Incrédulos selenitas contemplan el espectáculo. El operario maneja la pala a la velocidad del rayo. Como si estuviese escuchando esta canción y no pudiese dejar de mover arena de un lado a otro poseído por el rocanrrol. Como si en A Frouxeira se fuese a grabar la segunda parte de “El Astronauta” con Tony Leblanc botijo en mano festejando que la tecnología patria, por fin, ha puesto a un hombre en la luna.
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