Quedelonchas
En los tiempos de la lejana y casi ya olvidada reconversión del naval a principios de los años ochenta la cosa también estaba muy malita. Estos días en los que el paro, la pobreza y la desesperación vuelven a calar hondo en la sociedad, me acuerdo de aquel amigo que venía a jugar a mi casa por las tardes. Yo, desde luego, era absolutamente ajeno a la situación económica de su familia y solamente sabía que su padre, mientras el mío iba al trabajo, estaba paseando o en el bar. En mitad de la tarde mi madre nos hacía un bocadillo a cada uno. Recuerdo que en una ocasión mi amigo abrió el pan y al contemplar las rodajas de chorizo exclamó: “Buá, que de lonchas!!!”.
Treinta años despúes parece que los bocatas empiezan a menguar de nuevo.




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