Señales
Miércoles, febrero 23rd, 2011
Decenas y decenas de señales de tráfico se agolpan en la avenida Nicasio Pérez. Un señor comentaba el otro día: «Es de locos. Si me fijo en todas las señales…me empotro fijo!».
Los coches son cada vez más modernos. En el taller lo enchufan a un ordenador. Llevan asiento con masaje y aparcan solos. Pero las señales son las de toda la vida. Un palitroque clavado al suelo…y tira millas. ¿Por qué la tecnología avanza de una manera tan caprichosa?

En el barrio ferrolano de Ultramar (o como diría un amigo mío, «beyond the sea») hay un sentimiento de desasosiego creciente. A las interminables obras, la falta de aparcamiento, etc. se le une la incomprensible carencia de un sex shop. Este vacío lo intentan cubrir impersonales máquinas de vending que lo mismo te despachan unos gusanitos o unos conguitos que unas bolas chinas o un consolador de medidas inquietantes. Creo que ya no queda un solo local de este tipo en Ferrol. Las poco estimulantes reuniones de tuppersex han venido a sustituirlos. Pero claro, no es lo mismo visitar un establecimiento repleto de picaronas portadas de deuvedés, pantallas de televisión con animadas parejas intentando conocerse un poco mejor, que recibir en tu casa a tus amigos para que alguien vaya sacando de un maletín objetos diseñados por el mismísimo Belcebú mientras con el rabillo del ojo no paras de mirar el escuchabebés porque Manolito en cualquier momento se puede despertar de la siesta. Al final pasas un mal rato, pasas la tarjeta de crédito y lo único que has ganado es un objeto que aún no tienes muy claro para que sirve y un buen puñado de cervezas vacías. Un infierno.
Reconozco que me fascina cocinar. Es mi segunda afición favorita. Por eso entrar en una cocina profesional, con todos esos hornos, planchas, etcétera, tan modernos como los que puso el restaurante Illas Gabeiras a disposición de los participantes del Campeonato Gallego de Cocineros me dió cierta envidia. Andaba algo alterado haciendo las fotos. Como si metes a Nacho Vidal en la mansión Playboy. Bueno, igual no tanto…
Mini chalana en el muelle de Barallobre. Por suerte, creo que se nos da mejor por aquí hacer los barcos un poco más grandes. En todo caso, con algo de maña (poca) no tiene barco el que no quiere.



