Fútbol entre rejas
Lo peor de la cárcel es la rutina. Sin embargo, hoy es un día especial para los internos del Centro Penitenciario de Teixeiro. A mitad de camino entre A Coruña, Santiago y Lugo se levanta un gigante de hormigón en medio de la nada. Allí conviven más de 1.200 reclusos.
Eusebio, uno de los presos más veteranos, es el entrenador y el portero del equipo. Lleva semanas trabajando en una selección que se enfrentará en un partido de fútbol, en el campo de la cárcel, al Compostela. Un privilegiado grupo de 16 son los elegidos. El resto tendrá que conformarse con animar desde las gradas. El equipo está formado por jugadores de todas las edades, países, culturas y módulos, pero todos ellos tienen algo en común: cumplen condena y aman el fútbol.
Antes de comenzar, el Compostela calienta. El césped está un poco seco e irregular, y el entrenador, Anxo Casalderrey, pretende evitar lesiones a toda costa. Eusebio, a quien se le nota que en otros tiempos jugó al fútbol a cierto nivel, intenta que los suyos calienten de forma organizada, del mismo modo que lo hacen sus rivales; pero la disciplina no es uno de los puntos fuertes de sus jugadores. Eso sí, todos realizan un breve trote borriquero y amagan con estirar.
Eusebio plantea un once inicial compensado. Para la defensa opta por el músculo, y tanto los centrales como los laterales demuestran que pasan largas horas encerrados en el gimnasio. Mansaray tiene 41 años y es de Etiopía. Se le nota nervioso. Por fin llega el momento por el que lleva soñando despierto semanas. «Amo el fútbol. No hay nada que me haga más feliz», dice mientras esboza una sonrisa. Mansaray agradece al entrenador que cuente con él para formar con los titulares. Sabe que la competencia es dura, y no piensa defraudarlo.
En el medio del campo, el conjunto de Eusebio combina veteranía en el eje, gente que guarde la posición, y velocidad en las bandas. La mediapunta es cosa de Tomás. Tomás es un gitano que lleva cerca de 20 años en prisión. Según la directora del centro, “aprendió a leer, escribir, y a nadar entre rejas. Además llegó a proclamarse subcampeón de España de boxeo”. Antes de internar, no se había probado un guante. Tomás tiene libertad para moverse entre líneas.
El delantero es una de las estrellas del equipo. Tiene técnica, y cada vez que el balón cae en sus botas, busca los olés de la grada tocando de tacón o de espuela. Al igual que a Eusebio, su entrenador y su portero, se le nota que antes de entrar dentro de esos altos muros se pasó muchas horas en un campo de fútbol.
Ángel Castellanos tiene 48 años. Es el educador del módulo cinco y el monitor deportivo de la prisión. Lleva, según sus palabras, “más de media vida trabajando dentro de una cárcel”. Ángel es uno de los grandes artífices de que se dispute el partido. Sabe que este tipo de actividades son muy positivas para los internos. “El deporte es salud, sobre todo dentro de la cárcel”, asegura. El boxeo es uno de los favoritos entre los reclusos. “Como valor educativo es muy positivo. Ayuda a canalizar la tensión”, dice Ángel. “Como el trabajo. Una pena que ahora no tengamos mucho. La cárcel es un reflejo de la sociedad”. Castellanos cuenta que, años atrás, “los presos realizaban muchos trabajos para el exterior, como el cableado del Picasso, para la Citroën”.
El árbitro hace sonar su silbato y comienza el encuentro. El Compos domina con claridad y se adelanta con dos goles. Mas el equipo de los presos no se rinde. Su número once se hace con un balón sin dueño y logra recortar distancias en un alarde de pillería. Para ser pillo no hace falta ni estirar ni calentar.
Los reclusos demostraron muy buenas maneras sobre el campo y fuera del mismo. Cada vez que se iba un balón y caía en manos de un expectador, un jugador se acercaba al banquillo compostelano para bromear: «Os vais a quedar sin balones. No os vamos a devolver ni uno».
El resultado definitivo es de 2-4 para el Compostela. Antes, a la estrella de Teixeiro le dio tiempo a hacer un gol tras una picadita suave sobre el portero, provocando la invasión de campo por dos aficionados, para abrazar a su ídolo. Al acabar el partido, como jugador destacado, realiza declaraciones: “El que tuvo, retuvo”. Eusebio, el portero y el entrenador del equipo, concluyó una gran actuación sin fallar en ninguno de los goles recibidos y con una palomita. Está contento.
Al final, los presos se quedaron con los balones. Antonio Quinteiro, presidente del Compostela, regaló el saco de pelotas y se comprometió con la directora del centro a enviar unos equipajes.
Pero el mejor resumen de la tarde lo hace Mansaray Unisa, preso del módulo cinco y lateral izquierdo titular del equipo de la cárcel: “Durante 90 minutos me he sentido como si estuviera fuera de estos muros. Como si todo volviera a ser normal”.
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