
Las nuevas tecnologías y altamar no son una buena combinación. La conexión a Internet en medio del Oceano Atlántico es bastante peor que la del rural gallego. Por eso, los capítulos 2,3 y 4 de la vida a bordo del Grand Voyager han tenido que esperar hasta el desembarco en Vigo. Probablemente este resumen de las vivencias en el primer crucero con puerto base en la ciudad olívica llega tarde para los que hoy mismo cogen el mismo barco para las siguientes salidas aún está a tiempo.
En el capítulo 1 nos quedamos en los primeros mareos. Con el paso de las horas uno se acostumbra al vaivén del barco aunque en los momentos críticos todavía hay que rezarle a Santa Biodramina y si es con cafeína mejor. El peor momento, según el propio capitán Antonio Toledo, es la zona del estrecho de Gibraltar por las corrientes y los fuertes vientos. Es también la zona de mayor tráfico de la ruta y donde hay que estar más pendientes en el puente de mando. Aún así, Toledo asegura que las rutas que partirán de Vigo no tienen complicaciones y tampoco hay motivos para que sean unos cruceros más duros que los que surcan el mar Mediterráneo. Durante la visita al puente de mando, en la que siempre hay tres personas en turnos de cuatro horas, el capitán reconoció que aunque el barco puede alcanzar velocidades de hasta 29 nudos, llegó a ser el más rápido del mundo cuando se botó en junio del 2000, navega a una velocidad media de unos 18 nudo. Así presentaba Toledo la zona de operaciones.
En una mesa escondida aún tienen un hueco en el puente de mandio las cartas de navegación, que siguen siendo obligatorias a pesar de que las nuevas tecnologías han tomado el mando y el timón es casi virtual.

Ese timón virtual marcó primero Lisboa, después Tánger y de vuelta a Vigo parando en Portimao. Todos los destinos eran garantía de sol y buenas playas aunque la capital lusa recibió a los pasajeros del crucero inaugural en una fecha tan señalada como el 25 de abril y la ciudad marroquí aportaba un toquen exótico y punto de atracción para las compras (el zoco y la medina parecían el buffet del barco en hora punta).Los pasajeros del crucero tienen la opción de hacer turismo por su cuenta en las escalas o contratar en el propio barco excursiones organizadas (con precios que varían entre los 20 y los 40 euros). Algunas incluyen en el precio que mientras los padres se van de excursión los niños se quedan gratis en la ludoteca del barco. El Popi Club, como lo han bautizado, es uno de los servicios más curiosos del barco que también tiene peluquería o gimnasio. Aún así, las principales aglomeraciones son en el restaurante, las tumbonas de la piscina y en los diferentes bares.
Para que los cruceristas puedan disfrutar de sus vacaciones hay un equipo de 360 personas trabajando. Es una pequeña torre de babel que se comunica en inglés, aunque también se escucha mucha el castellano y el «portuñol». Tienen su propio planta en el barco y hacen turnos que pueden alcanzar las 11 horas, como en cocina. «Esto es como un Gran Hermano pero en grande», dice Pancho Quiñones, el malagueño que dirige la cocina del Grand Voyager. A su cargo tiene a 40 cocineros y 20 limpiadores que elaboran todos los días entre 3.000 y 4.000 platos. Además, por sus pasillos, tiene un invitado especial a todas horas, que nos presentó Toni Gleeson, el chef responsable de todos los alimentos que se sirven en Iberocruceros.
En cocina la mayoría de los trabajadores son de países como Indonesia, Mali, Filipinas e India. En cambio, los encargados de limpiar y hacer las habitaciones son de países de Latinoamérica. Elisángela, una brasileña que lleva seis meses trabajando en este crucero, describía así su día a día.
Como crucerista novato he de reconocer que no creí que se pudiese exprimir el tiempo para poder hacer tantas cosas en apenas cuatro días. El crucero pone la miel en los labios pero no permite disfrutar a fondo de los destinos. Vayas por tu cuenta o con las excursiones tienes que hacer una especie de maratón diaria para poder ver lo esencial de cada escala. Turismo exprés con dos grandes ventajas: vuelves a casa bronceado o quemado y durante cuatro días tienes una habitación con las mejores vistas sobre el mar. Impagable. Eso sí, sin ofender a nadie, me quedo con el paso por Cíes.
Si tiene previsto hacer un crucero ahí van un par de avisos importantes.
1. Para prevenir el mareo lo mejor es comer algo y tomar la famosa pastilla (te la dan directamente en recepción). Andar con pasos pequeños también ayuda a no perder el equilibrio.
2. Cuando dicen que un simulacro es obligatorio, significa que es obligatorio aunque te escondas bajo la cama.
3. Antes de salir es conveniente invertir un poco de tiempo para saber bien lo que se quiere hacer en cada escala.
4. La crema solar factor 15 no es suficiente para la cubierta de un barco.
5. Hay que tener cuidado con los cambios de hora y asegurarse bien de que le despertador no lo pones una hora tarde…
General, Vigo