Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es
La Voz de Galicia
Blogs de lavozdegalicia.es

Sé lo que hicisteis la última noche

13 de Noviembre de 2012 a las 10:52

"Tilllate.com" es una web que publica fotos en abierto de gente de copas. En la imagen,unas chicas en el pub Retablo

La noche ha dejado de ser un terreno insondable para los padres vigilantes, los jefes inquisidores, los jóvenes huraños o los maridos de cornamenta astifina. Todo brota a la luz del día digitalmente, a veces con la aprobación del fotografiado y en demasiadas ocasiones sin interés ni visto bueno alguno del protagonista. De un tiempo a esta parte, si quieres salir de patrulla y no acabar capturado en formato JPG abrazado a una barra, a un copazo de licor o a una compañía inapropiada solo tienes una opción: quédate en casa. “Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas”, la frase que abanderó el despendole sin límite en la capital mundial del vicio, se ha convertido en una entelequia desde que vivimos armados con teléfonos supuestamente inteligentes dotados de cámaras que, todo hay que decirlo, las carga el diablo. En realidad, esos aparatos indiscretos son tan listos como luces tenga su portador, ni más ni menos. Pero lo evidente es que en la era de las redes sociales lo que pasa de madrugada siempre trasciende, incluso antes de que se derritan los hielos de esa copa-balón que minutos antes blandías como si fuera un trofeo.

Personalmente me importa bien poco. Mi comportamiento aguanta los vídeos y las fotos que me echen, y hace tiempo que me merezco vivir sin pedir perdón a nadie por pasar un buen rato donde, con quien y a la hora que me dé la gana, pero hay personas que siguen siendo celosas de su ubicación y de su intimidad, un valor ciertamente sobrevalorado pero que hay que respetar. Hablamos siempre de espacios públicos en los que es difícil atajar las ansias de terceros por inmortalizar momentos de diversión, camaradería o flirteo. Salir enfundado en un casco de moto o ponerse una servilleta en la cabeza cuando se cena con una mujer casada no son opciones razonables. Escoger un lugar apartado, un local discreto o un reservado, sí.

Armando Blanco, hostelero

Vayamos con los precedentes analógicos. ¿Quién no se quedó prendado alguna vez de la galería egográfica desplegada por las paredes del restaurante del simpar Armando Blanco en Cacheiras? Sabemos que el político o la cantante de turno tuvieron a bien posar en algún momento con el inclasificable hostelero, pero seguro que nadie le preguntó a esos personajes si querían quedar para siempre enmarcados a la vista del público tamizados por una capa de grasilla, como si su presencia virtual en ese establecimiento le otorgase un sello de calidad. Visto así, podría decirse que el muro de Facebook se inventó en Teo, el Harvard de la tortilla casera.

Ahora, en versión 2.0, las más afamadas casas comerciales, sobre todo de bebidas espirituosas, han imitado a Armando y en sus fiestas promocionales es habitual que instalen los llamados photocall por los que van pasando los invitados o clientes y en los que inopinadamente te retratan con marcas publicitarias de telón de fondo, como si viviéramos patrocinados. Creen que así nos fidelizan, pero se equivocan. De hecho, debería existir un photocall alternativo a la salida de esas fiestas para ver las caritas y las camisas desencajadas, los ojos vidriosos y el rímel corrido, algo que solo aguanta la indómita Kate Moss.

Blake Lively, Serena en "Gossip Girl"

Un par de años antes de que las redes sociales irrumpiesen en nuestras vidas para quedarse llegó Gossip girl (Chica cotilla). La serie de televisión norteamericana, que ahora está en los estertores de su sexta y última temporada, tuvo la habilidad de desarrollar las tramas vitales y amorosas más o menos facilonas de un grupo de pijos neoyorquinos con la particularidad de que la narradora es una bloguera que se nutre de confidencias anónimas e interesadas. Una vez subidos a la Red, esos cotilleos aceleran los desenlaces a un ritmo vertiginoso. Hace solo seis años geolocalizar y fotografiar a alguien popular en la calle o en un bar y publicar la captura con absoluta inmediatez era plausible pero poco real. Hoy, si un jugador del Obradoiro anda de parranda a deshora es difícil que se le pase desapercibido a cualquiera de los 1.475 amigos que tiene el bueno de Moncho Fernández en Facebook. De ahí que muchos jugadores prefieran disfrutar sus permisos (o escapadas) en otras ciudades gallegas en busca del anonimato, al igual que lo hacen en Santiago los futbolistas del Dépor y del Celta.


En diciembre del año pasado trascendió a través del diario The Telegraph un estudio revelador: un 76 % de los jóvenes británicos aparecen bajo las influencias del alcohol en fotografías subidas a Facebook, y nueve de cada diez usuarios habían eliminado en alguna ocasión la etiqueta que les identificaba en una imagen por considerarla embarazosa. La popular red social implementó recientemente herramientas para evitar el etiquetado involuntario, pero a mí, que tampoco me obsesiona el tema, no me convencen: si mi reputación va a quedar por los suelos prefiero saberlo cuanto antes para ponerle remedio e impedir que mi imagen salte de pantalla en pantalla sin el más mínimo filtro. Ojos que no ven, fama que se resiente. Y ya habrá tiempo de tirarle de las orejas al indiscreto surtidor de momentos de ocio ajenos.
Escrito esto, creo que salvo extrañas excepciones la gente es bastante responsable con la imagen de los demás, aunque solo sea por la cuenta que le trae. Resulta conmovedor comprobar cómo los grupos de chicas se ametrallan a fotografías durante toda la noche con sus mejores sonrisas y, al momento, se reúnen en corrillos para decidir si la escena pasa a la posteridad o bien va, solidariamente, directa a la papelera de reciclaje porque una de ellas salió con los ojos cerrados. Si finalmente la imagen da el salto a la Red, hay que ver cómo se piropean a sí mismas: “Wapa!!!”, se escriben con cierto cinismo entre ellas. A mí me parece que pierden un tiempo precioso que podrían dedicar a dar conversación, abrazos y calor en las frescas noches de Compostela, pero cada uno tiene derecho a disfrutarlas como quiera. Y a los que se quedaron en casa delante del ordenador con ganas de saber si pasó algo más intenso que ese premeditado posado siempre nos quedará decirles: haber salido.
Buenas noches.

Tendencias nocturnas
Escrito por juancapeans 2 Comentarios
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

James Bond bebiendo a morro

6 de Noviembre de 2012 a las 12:36

Ian Fleming parió en los años 50 al primer bebedor selecto al que imitar, pero ese perfil de ficción, atildado y estiloso, nunca cuajó en la sociedad española, ni mucho menos. El matiz de un martini con vodka “agitado, no revuelto” solo está al alcance de los mas afinados catadores y es algo a lo que ya no podrán aspirar varias generaciones maleducadas en el vaso de tubo cuyos descendientes, mayoría en la noche, se han entregado sin remedio al morro de la botella y al cubalitro de plástico.

Existen innumerables signos exteriores de madurez personal, también en la desordenada y canalla vida nocturna. Uno de ellos, tan banal como auténtico, se manifiesta cuando te sorprendes haciéndole aspavientos al camarero para que ponga la copa en su punto justo de alcohol para disfrutarla de verdad, superando la máxima de beber más gastando menos. En una especie de equilibrio cósmico, los jóvenes del último cuarto del siglo XX tuvieron pocos recursos económicos cuando el cuerpo se lo perdonaba todo, y a medida que pasaron los años y las resacas de Larios se hicieron más punzantes fueron encontrando mal que bien responsabilidades y motivos para dedicar más dinero a la hipoteca y menos a la juerga. Visto con el tiempo no fue un gesto muy inteligente, pero sí más sano.

Para los jóvenes de hoy, la pasta sigue siendo un problema que empieza a ser crónico, pero han encontrado una fórmula de bajo coste para cargarse hasta perder el sentido acudiendo a los nuevos abrevaderos del siglo XXI: los supermercados. Que el sector de la alimentación se esté forrando vendiendo lineales repletos del peor alcohol que se ha destilado jamás no deja de ser otro signo de decadencia social, y por tanto de la noche. Pero en este punto nadie tiene nada que decir. Aquellos reclamos del 2×1 de los bares, ahora prohibidos por las normativas municipales, son un inocente cuento de Disney ante las actuales ingestas espirituosas premeditadas con alevosía al atardecer que han convertido al Hospital Clínico en un after hour recurrente.

A partir de ahí, el encanto de la noche se pierde y se impone la vomitona. La música se apaga a gritos. La seducción se convierte en bravuconería. Nadie baila y las conversaciones son pobrísimas, una ciénaga. No hay ingenio ni chispa, solo fogonazos, y todo resulta mucho más agresivo y atormentado. Como el último James Bond.

Buenas noches.

Nota: artículo inspirado en la pasada madrugada del jueves 1 de noviembre en Santiago de Compostela.

De copas
Escrito por juancapeans 1 Comentario
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

El carrito de los gin-tonics nos pierde

30 de Octubre de 2012 a las 11:12

Tengo un amigo que es un cachondo y cada vez que quedamos para salir me recuerda que si el pan lo compramos en la panadería y el café lo pedimos en las cafeterías, los güisquis deberíamos tomarlos en las güisquerías. Al final acabamos en los bares de siempre, muy decentes todos ellos, pero su máxima me da pie para hablar de lo que está sucediendo en la noche de Santiago: los hosteleros se están despellejando vivos, sin piedad. Nunca fue un colectivo sólido ni unido, ni cuando en décadas pasadas las pesetas entraba en carretillas ni ahora que en las barras se sirve con cuentagotas.

Tuvieron y tienen motivos para defender su sector con planteamientos comunes, pero siempre prefirieron mirar de reojo a la competencia y ver los desmanes en la casa ajena. Ahora se amenazan con contratar a detectives para investigar presuntas irregularidades y se denuncian entre ellos para regocijo de las autoridades (in)competentes en la noche, la Xunta y el Concello, que ya ni necesitan de la palabra notarial de los agentes del turno de noche para tramitar sanciones de los que incumplen los estrictos horarios de las terrazas, los que estiran su cierre más de la cuenta o para controlar a los que les falta medio palmo para legalizar la puerta del baño de discapacitados. El buen trabajo corporativo que está haciendo la Asociación de Hostelería en sus secciones de restauración y hospedaje para dignificar un sector estratégico en una ciudad joven y turística se diluye a partir de la medianoche como los azucarillos en la queimada.
La división es evidente y tiene nombres propios: por un lado están las discotecas, que de alguna manera representan a la vieja guardia noctámbula. Llevan años en manos de los mismos empresarios, que han visto cómo su clientela ha ido menguando por la crisis y las estrecheces  horarias hasta el punto de pasar auténticas dificultades para mantener céntricos locales de cientos de metros que, estéticamente, y este es un justo reproche, se quedaron en el Like a virgin. En la otra esquina de la barra, con cara de pocos amigos, está un grupo de emprendedores una generación más joven que ha visto en los negocios de la noche una oportunidad para ganarse la vida con propuestas que posiblemente se ajusten mejor a los tiempos y a una ciudad como Santiago, que históricamente prefirió divertirse en locales coquetos, sin estridencias y de pequeño formato. La guerra silenciosa va a más desde hace unos meses, y aunque la noche ya no es lo que era, vistos los aforos de algunos viernes o de los resucitados sábados bien se podría decir que los compostelanos, ante la crisis galopante, han decidido confiar su devaluado dinero a los bares, que dan pelotazos de satisfacción sin pedir rescates a cambio.


Hay precedentes. Hace nueve años, en la cresta de la ola económica, la Sala Capitol se emborrachaba de gente al tiempo que peleaba en los despachos para definir el tipo de licencia que podía encajar en un local tan singular. El escaso compromiso político y la denuncia de un particular fue lo que desencadenó que su uso se limitara a los espectáculos (con un éxito celebrado y contrastado) pero es conocida la extenuante presión que ejerció un grupo de empresarios ante el Concello para que el público copero fluyera entre el casco histórico y el Ensanche sin hacer parada en Concepción Arenal.

Ahora la tormenta está sobre los locales que, bajo el paraguas de una segunda actividad (a saber, conciertos, pequeños espectáculos y oferta gastronómica) tratan de sostener una economía que, en realidad, se fundamenta en los ingresos de las copas, que tras el palo de la conversión a los euros aún dejan un digno margen de ganancia. Productores privados de espectáculos que llevan años programando en locales como la gente de Chévere (Sala Nasa), o los propietarios de A Casa das Crechas, A Reixa, el Momo, la propia Capitol o más recientemente el pub Sónar, dan cuenta de lo difícil que es encajar los números de la taquilla en una ciudad tan dinámica como pequeña en la que el gentío resopla si tiene que adelantar más de 12 euros por un concierto, por bueno que sea el cartel.
Si de lo que se trata es de atraer clientela con una carta gastronómica aseada, el problema va más allá del complicado reto de contratar a un buen cocinero y sacar rendimiento a los fogones con productos perecederos que se arruinan en las neveras porque de domingo a jueves ya no se mueve una rata en Compostela. Simplemente, no existen permisos para encajar este modelo de restauración tan en auge en las grandes capitales. El ejemplo se puede personalizar en el nuevo Vaová de la Rúa Nova, que se autodenomina gastrobar. Le han tenido que diseñar una cuestionada licencia a medida. Dicho así suena feo, pero es cierto que su propuesta hostelera no encaja en ninguno de los catálogos que ofrece la Administración, siempre dos pasos por detrás de la realidad. La concesión, en trámite, ha sentado a cuerno quemado a otros empresarios, que en algunos casos llevan años esperando para reajustar su actividad a la demanda actual y a los siempre caprichosos movimientos de una clientela viciada que se sienta a cenar más tarde de las diez de la noche, ya sea en casa propia o ajena. Para desbordar el vaso de tubo de la paciencia, la muchedumbre, si es que llega a los bares de copas, lo hace cada vez más tarde, porque también es habitual que las pandillas y las parejas dispuestas todavía a gastarse unos euros en una noche de diversión caigan en la agradable tentación del carrito auxiliar de los gin-tonics, alargando las sobremesas en los restaurantes hasta horas más propias del camión de la basura.
El problema está ahí y seguirá enquistándose si los partidos de fútbol estelares de la televisión acaban al día siguiente. También mientras siga vigente esa manía española (porque solo pasa en España) de moverse por la noche en manada quemando las naves en cada local hasta que se encienden o apagan las luces, según sea costumbre. Desatendemos un inteligente consejo que me repetían mis padres cada vez que me daban dinero para salir: gástalo, pero repártelo bien.
Premiar a los clientes madrugadores, fijar a la clientela en horarios de baja actividad con alguna propuesta extraordinaria, avisar con tiempo de la última ronda o difundir los horarios de manera notoria y transparente, sin arañar minutos al reloj como todavía hacen muchos, podrían ser medidas sencillas que contribuyesen a hacer de una salida nocturna una experiencia más agradable, sobre todo para aquellos a los que ya no les vale todo si se trata de pagar y recibir un servicio que se va degradando a medida que pasan las horas. Y ayudaría también que, por una vez, las autoridades ejerciesen un control de los horarios racional y sin favoritismos, como denuncian en voz baja y sin mucho fundamento algunos propietarios que se han sentido agraviados. Desde los bares y restaurantes que estiran sus noches a puerta cerrada hasta que suene, a la hora en punto, la última canción de moda en la discoteca. Empezando como hay que empezar las cosas bien hechas: por el principio.
Buenas noches.

Locales de ocio
Escrito por juancapeans Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Recomendación a ciegas

26 de Octubre de 2012 a las 8:04

Este lunes me desperté poco después de las diez y media de la madrugada con el sonido de un mensaje. A esas horas, empezando la semana, solo esperas complicaciones.

Era Ben, mi primo, que me escribía con la parquedad que da la confianza para poner en mis manos el tiempo de ocio de «un colega» que viene este fin de semana a Santiago. La petición no me sorprendió. Tengo muchos familiares y unos cuantos amigos que viven fuera de Galicia y cada vez que vuelven a casa es extraño que me pregunten sobre cuándo va a llegar el AVE; tampoco les preocupa si avanzan las obras de la rotonda de Conxo y serían incapaces de citar de memoria los nombres de tres políticos de Raxoi o San Caetano. Todo lo que quieren saber es qué hay de nuevo en la ciudad: un bar de tapas original, un rincón con encanto, una terraza con vistas o un local de copas con aires renovados para encontrarse y hablar de lo mal que van las cosas aquí y allá.

Ben viene con cierta frecuencia. Es francés aunque vive y trabaja en Madrid, en un banco de los grandes. En casa sabe escoger el foie preciso para maridar con un Sauternes y solo por eso ya se habría ganado mi respeto, pero callejea poco en Compostela. Además es un gran conversador, aunque en esta ocasión no llegamos a intercambiar muchas palabras, así que acepté la encomienda sin preguntarle más detalles sobre el perfil del visitante. No sabía si su colega venía por trabajo, solo, con pareja o en grupo. Tampoco su edad, su capacidad económica o su movilidad. Conocer el hotel me hubiera dado alguna pista, pero al final decidí que si Ben me escogió para organizar el esparcimiento de un desconocido -tiene más amigos y familiares en la ciudad- es porque confía en mis gustos, que en cierta medida son los suyos y, por deducción, deberían funcionar para su recomendado.
Esa misma noche, después de escribir para el periódico sobre cosas de Santiago que seguramente no le interesen en absoluto al misterioso visitante, dediqué un buen rato a recopilar en Internet las referencias de los locales en los que creo que debería gastar su dinero. Hice algún descubrimiento: en primer lugar, durante la búsqueda entendí que disparar sugerencias con pólvora del rey es incómodo cuando te juegas el prestigio ajeno. Y percibí que la imagen estética que ofrecen los bares, restaurantes y pubs de Santiago con web propia está sensiblemente mejorada sobre la realidad. También me sorprendió la dejadez de los que no se preocupan por tener una presencia digital digna y confían su posicionamiento al capricho de los buscadores. Vivimos en una ciudad repleta de turistas que autogestionan sus vacaciones, y hoy en día ya no es suficiente con abrir las puertas para que unos cuantos incautos vayan llenando la caja. Y, sobre todo, me di cuenta -y tomé nota para cuando sea yo el que sale por el mundo- de que las páginas de viajes y hostelería basadas en la reputación que otorgan los usuarios están llenas de insensateces y comentarios poco fundamentados escritos por paladares y estómagos poco exigentes, cuando no por sus competidores directos o los propios dueños. Todo está repleto de estrellitas y notas, como si una entretenida cena con tu pareja de esas que salen de estación en estación se pudiese calificar con un 7,2.

Los líderes de opinión, las voces autorizadas, los consejeros de confianza, a cada uno el suyo, están a la baja. Ya ni nos fiamos de un buen amigo para escoger una película en la cartelera o un destino de vacaciones. Si el colega de Ben me hace caso es muy probable que este fin de semana compartamos comedor o barra. No tendrá oportunidad de reprocharme nada, porque no nos vamos a reconocer. Pero si acerté con las propuestas tampoco me pagará una ronda. Mejor así.

Buenas noches.

Nota. Sobre gustos sí hay mucho escrito. Por eso dejo aquí las recomendaciones que le envié:
1. Para una comida con raíces diferente… Abastos 2.0, O Curro da Parra y O Celme do Caracol.
2. Para tomar vinos y picar… Perderse por el Franco o la Raíña intentando evitar los locales con tapas de pago.
3. Para una cena consistente y de calidad dando rienda suelta a la Visa… A Barrola, El Pasaje y Casa Marcelo.
4. Para comer o cenar bien sin sobresaltos con la cuenta… San Clemente, Carretas y O 16.
5. Para una primera copa… Garoa, Vaova y Galo de Ouro.
6. Y para romper la noche… Kuntshalle, Casa das Crechas y Sónar.

 

 

Locales de ocio
Escrito por admin 2 Comentarios
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net
Página 5 de 512345