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Vidas Licenciosas

Llega a los bares la música a la carta

26 de Marzo de 2014 a las 23:06

Si el telefonillo acabó con los porteros de los edificios, con qué no va a poder un smartphone. ¿Con las míticas gramolas Wurlitzer? ¿Con los DJ? Habrá que verlo. O más bien oírlo. Tres jóvenes zaragozanos, Francisco Arbués, Pablo Midón y Javier Abrego desarrollaron en el 2012 PlayitApp, una sencilla aplicación con la que ganaron el primer premio de un congreso digital y que a diferencia de muchas otras ideas no se ha quedado guardada en el disco duro de un ordenador. La han impulsado comercialmente por toda España y desde hace unos meses ya se puede disfrutar en seis locales de hostelería de Galicia, que han visto una oportunidad para entretener a sus clientes y satisfacerlos con la música que a ellos les apetezca.
El procedimiento es sencillo. Requiere descargarse una aplicación gratuita que localiza los establecimientos que usan PlayitApp. Una vez conectado las posibilidades se multiplican. El propietario del bar puede ofrecer distintas listas de reproducción adaptadas al ambiente que quiere crear y en ellas se pueden escoger las canciones. O bien, cuando está en modo abierto, el cliente puede agregar los temas que le apetece escuchar en ese momento. La canción entra en cola, un mensaje te avisa de cuántas tienes por delante, y antes o después termina sonando. En esto no hay diferencias con las jukebox Wurlitzer, las gramolas de toda la vida que hicieron furor con los discos de vinilo durante la primera mitad del siglo XX y que la casa norteamericana recuperó con aires vintage en los años 80, ya con los cedés incorporados a su carrusel.

Como casi todo lo que tiene que ver con la Red, las posibilidades son infinitas, al igual que las bibliotecas de canciones a las que se puede tener acceso a través de reproductores en streaming. Con esos mimbres la legendaria frase de los DJ «esa no la tengo» desaparece del catálogo de disculpas. Con todo, el sistema es menos anárquico de lo que pudiera parecer y le deja al gestor del local imponer ciertas limitaciones, como que alguien abuse de un tema en concreto o de un estilo que rompa con la filosofía del bar.

Alberto Lareo y Dani Pardo, del restaurante compostelano Manso. Foto: SANDRA ALONSO

En Galicia puede experimentarse en seis establecimientos. Son el Australian Bar (Vigo), el bar Salgueira (O Porriño), el bar Waikiki (A Coruña), la cervecería Bos (Guísamo), el pub Xoldra (Guitiriz) y el bar restaurante Manso, en Santiago. Este último, ubicado en el número 21 de la avenida de Vilagarcía, tiene al frente a Alberto Lareo y Dani Pardo, dos jóvenes que tratan de darle un nuevo aire a la hostelería gallega. Cuidan el material que ponen en sus platos, pero consideran que la animación del bar también es importante para completar la misión de hacer que su casa sea por un rato la de los que entran por la puerta. La posibilidad de abrir la selección musical es solo un aderezo que siempre es bienvenido. Ellos dan acceso a cerca de tres mil canciones. Jazz, blues, rock, pop español de los 80? No busquen Paquito el Chocolatero. No la encontrarán.

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Escrito por juancapeans 2 Comentarios
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¡Queremos bailar!

12 de Marzo de 2014 a las 8:58

Detrás de una machacona canción de Lady Gaga siempre hay un tango o una bachata. Dos por cuatro, cuatro por cuatro… la vida es un compás. Solo hay que identificar el ritmo y poner el cuerpo a funcionar. El baile gana aficionados de puertas adentro en las academias y en los gimnasios, espoleado por los concursos de televisión y la búsqueda de fórmulas para hacer un ejercicio divertido. Pero la extinción de las salas especializadas y la deriva musical de las discotecas y los pubs con cierto aforo impide sacar a la luz de la luna al bailarín que todos llevamos dentro. Todos, sí, hasta los más tímidos y zoquetes. «En seis meses ponemos a funcionar a los más torpes, y si trabajan bien incluso pueden empezar a participar en campeonatos», afirma entre jadeos el catalán Manel López (29 años), que acaba de ejecutar unos pasos para la sesión de fotografía junto a su pareja, Beatriz Veiga (Santiago, 1987). Competían con parejas rivales en el pasado y desde hace nueve años están juntos en todos los sentidos. También para levantar trofeos, como el que acaban de ganar en Benalmádena (Málaga) y que los acredita por segunda temporada consecutiva como la mejor pareja de España en la modalidad de 10 bailes, una especie de decatlón de la danza.

 

Beatriz y Manuel son campeones de España de 10 Bailes / Fotografía: Xoán A. Soler



Estos chicos le pegan. Ella ejerce de odontóloga y él tiene dos carreras, pero a falta de oposiciones bueno es el baile y su enseñanza, que canalizan a través del club santiagués Sons (As Cancelas, 61). En los espejos del local pierden la vergüenza cada semana parejas que han encontrado en la música y en el reto de mover bien sus cuerpos el leit motiv de sus vidas. Son serios, pero sin solemnizar. «Lo importante es que la gente se divierta, aunque fuera de aquí el problema es que no van a encontrar muchos sitios para hacerlo», lamenta Beatriz, quien ve claro el negocio para el que quiera animarse: «Las cenas-baile son un filón». Solo en Galicia hay unas 150 parejas estables participando en eventos, a los que se suman decenas de aficionados. «Muchos jóvenes vienen a aprender un vals para la boda y acaban bailando un chachachá y enganchados para siempre», dice Manel, quien hace una advertencia a los solteros que consideran ridícula su disciplina: «De noche, el que sabe bailar se lleva a las chicas de calle».

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