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Vidas Licenciosas

Borbón con hielo en la sesión de tarde

8 de Noviembre de 2013 a las 2:07

Cómo nos gustan los personajes canallas. Solo así se entiende que en estos momentos el miembro de la Casa Real que despierta las mayores simpatías ciudadanas sea el primer nieto del rey, Felipe Juan Froilán, del que solo se conocen sus travesuras infantiles, incluido un simbólico disparo en el pie. Ahora se sabe también que a sus 15 años despunta como mal estudiante y relaciones públicas en la sesión de tarde de la discoteca madrileña Joy Eslava,  tal como trascendió esta semana. Debería darnos igual lo que haga el chaval, a quién patee o el uso que le dé a los pinchos morunos, pero su última muesca en el currículo me ha servido para recuperar la memoria, para que luego digan que la monarquía es completamente inútil.

Una careta de Annonymus como las que vende Felipe Marichalar en la sesión de tarde de Joy Eslava.

A su edad, entre las seis y las once de la noche, sábado tras sábado, derramé mis primeros botes de gomina sobre el pelo, me puse chaquetas con hombreras y bailé agarradito el Wonderful Life de Black, tres hitos vitales que bien podrían explicar que aquellas sesiones de tarde de discoteca estuvieran guardadas en mi lóbulo del fondo a la derecha. Pero ocultar que disfruté como el enano que era, como ahora hace Su Excelencia, significaría olvidarme de mis inolvidables camaradas de las primeras quedadas, de los flirteos torpes e inocentes con chicas que tenían la lengua de colores por el Pippermint o el Licor 43 y de algunas mentiras piadosas al regresar a casa con los ojos vidriosos. Pero sobre todo estaría renegando de mi primer morreo. Creo firmemente que uno nunca debe olvidarse de su primer beso con lengua, y a poder ser, tampoco del último.

Los padres del muchacho están preocupados por sus actividades lúdicas y su marcha en los estudios, como me imagino que estarían los míos entonces, pero estoy convencido de que este no va a ser su drama, como no lo fue el mío ni el de toda una generación de espabiladillos nacidos en los 70 y 80 que forjamos el carácter en las aulas y en las canchas deportivas al aire libre, pero que también nos divertimos bajo una bola de espejos y luces de colores estirando los minutos para estar a las once en casa. Ahora las cosas son diferentes porque los padres-taxistas tienen estresados a sus hijos hasta la mayoría de edad en una montaña rusa de actividades que en realidad solo sirven para mejorar la destreza de los progenitores para aparcar el coche en doble fila. Esta frenética agenda académica, más propia del Heredero de la Corona, aporta formación a los chavales en una etapa de desarrollo determinante, no cabe duda, pero nunca enseña los reveses de la perra vida que les espera. Los que abrimos los ojos en Santiago al mundo adulto en los años 80 tuvimos muchas menos opciones, y antes de decantarnos por las letras o las ciencias la vida nos obligó a decidir entre la sesión de tarde de la discoteca Laesquina (Romero Donallo con Frei Rosendo Salvado), que era pija a rabiar, con sus Vespinos a la puerta, sus 501 y el impecable olor a Don Algodón; o la de Apolo (aún hoy junto a la plaza Roxa) más popular, abierta al mundo real y a veces hasta barriobajera. Aquello sí era tomar conciencia de clase. Esta disyuntiva suponía decidirse entre soñar con niñas intocables de revista, con sus melenas lisas, los jerseys de Benetton holgados y sus zapatos Privata, o rozar los atrevidos labios de la clase media más curtida en la calle y en el cuero, Madonnas que sin pasar los veranos en colonias te susurraban Like a Virgin como si fueran ángeles. En realidad, unos y otros manejábamos el mismo dinero, minucias, así que lo material era lo de menos. Era el gusto lo que se desarrollaba: Larios o LiriosGordon´s o Burdon´s, siempre de pega. O eso, o dos cocacolas a cambio de la entrada, que costaba 250 pesetas (1,5 euros). En esas nos debatíamos. Y bastante mérito tuvimos, porque mientras revoloteábamos entretenidos alrededor de las pistas de baile, en realidad nos protegíamos de las drogas, que llegaban a la ciudad a toneladas con la marea procedente de Arousa, la misma que destrozó a la Generación Perdida, nacida unos años antes, en los 60. Éramos tan cándidos… Nuestro mayor pecado, bendito  sea, fue prepararnos para el Bombay Sapphire para todos que vivimos en las dos siguientes décadas, quizás un poco crecidos de más.

Le he preguntado a mis sobrinos adolescentes si ahora existe algo parecido a lo que vivimos entonces y no saben de qué les hablo. Sospecho que la prohibición de beber alcohol hasta los 18 y el miedo a las fuertes y justificadas multas a los hosteleros que tratan de hacer caja a costa de las neuronas en crecimiento de los niños han sido suficientes argumentos para que los negocios escapen de estas fiestas juveniles, abocando su ocio a los cumpleaños en locales repletos de bolas y, más tarde, a comer pipas y a fumar los primeros pitillos a escondidas en cualquier rincón de un centro comercial a la espera de poder mazarse a gusto en un botellón callejero. Prefiero dejar la reflexión aquí y que cada uno abra y rebusque en su melón. Solo diré que bien está lo que bien acaba, y nosotros tontos del todo no salimos, así que no hay de qué arrepentirse. En todo caso, de las chaquetas con hombreras. De eso sí.

Buenas noches.

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Escrito por juancapeans 6 Comentarios
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6 respuestas a “Borbón con hielo en la sesión de tarde”

Javier
Noviembre 8th, 2013 a las 8:35

Estimado amigo Juan , me ha encantado tu articulo.Todo lo que has escrito me ha hecho recordar aquellos tiempos juveniles. En Coruña pasaba lo mismo que en Santiago. Es mas , yo para ganarme unos durillos llegue a trabajar algunos años en estas sesiones de tarde el as discotecas mas emblematicas de la ciudad herculina como Diskjockey.
Lo que has dicho de las prohibiciones , son tal cual tu lo explicas , y sinceramente los chavales de hoy no tienen ya esa discoteca de tarde donde ligotear , se tienen que conformar con el botellon , algo que bajo mi opinion es menos sano e incotrolable que tomarte una copita en una disco con la entrada. Tontos no salimos , y la universidad de la calle nos enseño mucho mas de lo que pensamos.

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Iago Veloso
Noviembre 8th, 2013 a las 9:41

Cuanta razón tienes… Creo que los que, como yo, maduramos entre finales 80-principios 90 vivimos una época única. Todavía teníamos toque de queda, todavía teníamos tiempo libre por las tardes para dedicarlo a lo que te viniera en gana, todavía podíamos entrar a una discoteca y tomar una copa sin que te sablearan. También te reunías con tus amigos en un bar antes de ir a la disco, y te pasabas un par de horas charlando. Y ligar todavía costaba, las chavalas no te lo ponían fácil y pasabas tiempo detrás de ellas hasta que conseguías un morreo. Ah, y de aquella aún moría gente por las drogas de forma habitual (quién no perdió un conocido por culpa del caballo)y le tenías un sano respeto.
A los chavales de ahora no los envidio. Poco tiempo libre, muchas actividades, demasiada manga ancha hasta las tantas de la noche, demasiado fácil todo, poco miedo a las drogas, y encima a tomar copas en mitad de la calle, pasando frío por ahorrarse unas perras.
Tenía que volver a girar la rueda, aunque no lo creo.

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Santi
Noviembre 8th, 2013 a las 11:39

Estimado Juan, te3 has quedado algo corto en cuanto a la oferta, tal vez porque nos separan unos pocos (pero decisivos) años te aseguro que hubo mucha más oferta de tarde de la que mencionas. Liberty aparte, hubo sesiones de tarde exitosas y multitudinarias en sitios como Kilate, Fontana, Jericó, Araguaney e incluso el Black acogió durante una temporada a los que después seriamos clientes de la sesión nocturna. En cuanto a la dicotomía La Esquina/ Apolo la cosa estaba clara: los sábado Apolo y los domingos La esquina porque en el otro te arriesgabas a que te rompieran la cara si intentabas acercarte a las chicas y no llevabas detrás una pandilla que impusiera.

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Fernando M. E.
Noviembre 8th, 2013 a las 12:21

Buff, bien narrado. Yo estaba allí y viví todo eso. No en vano soy de tu edad, era de tu curso, y de tu Colegio. Quién nos iba a decir que los de 16 años de ahora suspirarían por ir a Ordes y Santa Comba como Mecas de la marcha y la Movida…. mamma mía….. Alguno de veintipocos todavía no me cree cuando le digo que Santiago fue lo máximo y el no va más de la noche gallega

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yose
Noviembre 8th, 2013 a las 14:58

y también estaba el POP POOL, que era el único que abría todas las tardes, hasta que, algún tiempo después de haber trasladado el cuartel del Hórreo, se dieron cuenta que estos nuevos inquilinos no serían tan buenos clientes como los otros :-).

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Gema
Noviembre 11th, 2013 a las 12:50

Qué bueno KP! un lujo desde Madrid.. rememorar aquellos tiempos. Saludos

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