Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es
La Voz de Galicia
Blogs de lavozdegalicia.es
Vidas Licenciosas

Las discotecas de Santiago son historia

28 de noviembre de 2013 a las 0:43

Hago un repaso rápido y me salen tres. Tres discotecas que actualmente funcionan con cierta solvencia en la otrora marchosa Compostela. El resto malviven, se han convertido en salones de bautizos y comuniones o están cerradas sin más, con sus luces de colores apagadas a la espera de sabe dios qué, porque como salas de baile no tienen futuro. Pasado sí que tienen. Incluso prehistoria, que hay que situar nada menos que en el Hostal dos Reis Católicos en los años 60. Allí en sus bajos de piedra surgió el primer intento serio de montar en Santiago un espacio para las copas y el baile que fracasó precisamente por eso, por ser demasiado estirado para una ciudad que empezaba a armarse con adoquines contra el franquismo. Hubo otra con más éxito que recordará algún carroza. Estaba, no se lo pierdan, en el sótano del antiguo Gaiola, en Bautizados, donde ahora lo único que se menea es el torno de un kebab. Después empezó lo serio, o lo divertido, según se mire. El Johakin fue el estandarte de una generación de locales que pusieron las bases del posterior despiporre de madrugada en Compostela. La montó a finales de los 60 un tal Joaquín, un novillero de Albacete que puso una banderilla y espoleó el incipiente ocio nocturno de una ciudad que empezaba a revolverse. Estaba, aunque con un local más modesto, en el mismo lugar que ahora ocupa el Ruta, una de las considero que resisten el tsunami de la crisis. Entre una y otra pasó con más pena que gloria Kilate, de la que solo recuerdo su sugerente logotipo y su fama de estar petada de macarras, como su vecina Popool (más tarde Factoría), que es de las que están chapadas a cal y canto desde hace años sin otra actividad conocida. Ambas eran cañeras, nada que ver con la selecta clientela que ya enfilaba el Don Juan, ahora reabierto con aires más jóvenes; El Corzo, que sigue en pie y a la que solo bajé una vez en mi vida con una compañía inquietante; o El Búho, del que hablan los coperos veteranos pero del que no tengo la más mínima referencia. Sí descendí alguna vez a las catacumbas del Maycar, que era más de andar por casa que las anteriores y que siempre acogió a la grey universitaria de última hora. Ahora despunta entre los alternativos y perroflautas. De momento, los perros se quedan fuera.

Pero para alternativa, Black. Ubicada en los bajos del hotel Peregrino, en los 80 fue la discoteca de los modernos y el primer gran local en el que los gais se encontraron cómodos. Debió de tener sus episodios oscuros, porque durante una larga temporada recuerdo toda la ciudad llena de pintadas pidiendo la muerte del «negro del Black». Creo que se referían a su polémico portero y lo decían las paredes, no yo. En esos tiempos los pubs del Ensanche ya habían tomado posiciones (Número KLa OfisinaZetaLa Bolera…) y a partir de las cuatro comenzaba la ruta por las discotecas del extrarradio. El tour metropolitano llegaba hasta el Hipódromo, en Osebe, o La Facultad (antes Ben Alí), en Santa Lucía, que tuvo un breve franquiciado de Pachá –manda carallo- y Salón, en los bajos del hotel Los Tilos, que montaron los dueños de Dúplex para dar continuidad a su exitosa experiencia en el centro. Todas fueron decayendo porque, entre otras cosas, los clientes se iban muriendo por las carreteras y las pistas por las que intentaban esquivar los controles de la Guardia Civil, que empezaba a tomarse en serio lo del soplímetro. Aquello era insostenible.

Cuando el alcohol dejó de correr por las carreteras fueron los mejores años de Laesquina, pija a dolor; Apolo y Fontana, en la plaza Roxa; Liberty, cerrada desde hace unos meses y con visos de reabrir cuando pase el temporal; pero sobre todo, llegó el momento del AraguaneyGhaleb Jaber hizo una oportuna reforma, erradicó el ambiente de boina que le atribuían y bajo la marca Casting montó la que probablemente fue la mejor disco del centro de Santiago, que arrasó en los 90. Al final se cansó y reutilizó el espacio para los eventos de su lujoso hotel. Decidamente, los cristales rotos y las vomitonas a la puerta eran incompatibles con la impecable tripulación de Iberia, que se alojaba allí para salir en el primer vuelo de la mañana a Madrid. Sí, ese que también ha desaparecido. A su sombra competían la discoteca Sarela, en Vidán, el Afreketé, que empezó muy bien pero que se perdió entre sus mastodónticas columnas; y La Cabina, ya de la mano de un joven Fernando Pazos, que le dio una vuelta al antiguo Aquarium y que ahora mantiene el pulso como Gabbana. Más errático fue el periplo del pub El Duque, en Santiago de Chile, que en los últimos años se centró en los estudiantes más jóvenes y está quemando etapas sin acabar de levantar el vuelo: primero fue Century, después Shangoo y ahora vuelve a intentarlo como Rockola, el perfecto ejemplo de lo complicado que es aguantar el tipo en estos momentos. Solo Capitol, que tuvo una breve pero exitosa etapa como disco hace justo diez años -ahora sigue a tope como sala de conciertos- podría levantar hoy el ánimo de la descafeinada noche compostelana, que a partir de las cuatro se diluye como un azucarillo. Pero esa posibilidad quedó en manos de la voluntad administrativa, y ya se sabe, vuelva usted mañana.

Me he dejado Clangor para el final, intencionadamente. Abrió en 1980 y, gustase o no, es con todo merecimiento el icono por excelencia de la mejor etapa de la movida compostelana, que nunca volverá. Atrajo a grupos internacionales de primera, las mejores bandas del emergente pop español la consideraban su segunda casa, y desde la cabina Fernando Pereira abrió las orejas al rock and roll a un par de generaciones a un volumen como nunca se ha vuelto a escuchar en Galicia. Con una estética en blanco y negro sencilla y atractiva, la historia la ha convertido en víctima de su propio drama. Es como intentar entender el peso musical de Antonio Vega, uno de los amigos de la casa, dejando a un lado su desgraciada deriva y su trágico final. Allí pasó lo que pasó una noche de octubre de 1990, y cuando intentó revivir unos meses más tarde el vinilo ya perdía revoluciones. A diferencia de las heridas de aquella fatídica madrugada, cerró para siempre. El que quiera saber más, puede buscar en la Wikipedia, que para eso es el único local de copas de Santiago que tiene el honor o el estigma de haber llegado hasta ahí.

Buenas noches.

 

Sin categoría
Escrito por juancapeans 42 Comentarios
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Los ladrones le meten mano a la noche

15 de noviembre de 2013 a las 0:51

En toda mi vida nocturna he dado con mis huesos en la comisaría de Policía en dos ocasiones. Y ahí se acaba el morbo, porque mi expediente delictivo permanece inmaculado. La primera vez sirvió para que unos mocosos acabaran humillados en los juzgados por causar daños materiales en media docena de coches aparcados, entre ellos, el mío. Su noche loca me supuso una indemnización ridícula, y el papeleo que tuve que aportar resultó engorroso, pero el placer de ver casi dos años después a los dos vándalos escuchando cabizbajos la reprimenda de la jueza pagó con creces mi indignación todavía latente.

La segunda fue el pasado fin de semana, después de cruzarme en mi camino con una rata de las alcantarillas fecales, un grandísimo hijo de perra. Hombre o mujer, no lo sé, solo tengo claro que no vino de cara. Sospecho que se arrimó a mí como una ladilla humana en una zona de paso tumultuosa de mis locales habituales y metió sus sucias manos en mi chaquetón, de bolsillos profundos pero anchos, y hasta el sábado creía que seguros. Encontró un móvil. Podría haber sido la cartera, las llaves de casa o un cepo para alimañas. Pero fue mi teléfono.

Ha sido un trastorno conocido por todos, en esta u otras circunstancias, y aunque creo que he logrado salvaguardar mis datos, del todo irrelevantes, y mi intimidad, sobrevalorada, al final el problema ha ido más allá de la incomodidad o de lo material. Fue doloroso escuchar a mi entorno dudar de mi cuidado por las cosas y prejuzgar, casi por decreto y por el hecho de que fuese de noche, que iba fino. “¿No lo dejarías encima de la mesa de algún bar?” No. “¿Se te habrá caído al ir a pagar? Noooo. “Claro, andáis haciendo el bobo con las fotos y los mensajitos…” Que no, coño, que me lo robaron. Me sorprendió la circunspecta frialdad del agente mientras redactaba la denuncia. “¿A qué hora dice usted que fueron los hechos?” Entre las dos y las cuatro de la mañana. Aguantó el tipo, pero sé que por dentro estaba rumiando: “Foi boa…”

Ahora escribo con rabia, lo sé, y en caliente hasta me entraron ganas de invadir Polonia, pero una vez superada la ira tuve sentimiento de culpa, que es mucho peor. Compartir mi pena empeoró todo, porque aunque los latrocinios nocturnos vienen de viejo es evidente que se han disparado los casos, que solo engordan las estadísticas de la basura, las que no salen en los periódicos por su escasa entidad. Por cada persona a la que se lo he contado recibí a cambio dos o tres historias similares y recientes, que no consuelan pero que radiografían con precisión la bajeza a la que hemos llegado. Es asqueroso pensar que en un lugar en el que supuestamente te sientes como en casa ya no puedas dejar un ordenador o un bolso colgado de una silla; o que cada vez que te levantas al baño te tengas que llevar la prenda de abrigo porque de otra forma es muy probable que vuele, sea cual sea el perfil social de la clientela que te rodea; y que cuando vas a pagar haya que evitar airear billetes grandes, porque cerca habrá alguien como tú, blanquito y con buen aspecto, que estará atento a tu próximo descuido para meter los dedos donde no debe para cobrarse el cambio. De los paraguas, mejor ni hablamos, porque hemos asumido que en el mundo se ha fabricado uno menos de los que somos, así que si no está el tuyo, te llevas el más parecido y maricón el último. Es de una miseria moral lacerante, pero está ocurriendo en Santiago y en muchas otras ciudades que se presumen tranquilas y seguras. Por eso desde aquí llamo a la desconfianza, a no relajarse nunca, porque es exactamente lo que están esperando de nosotros estos rateros. Y no recibiremos la ayuda ni de la Policía ni de Batman, porque andan patrullando calentitos en el coche pensando en causas mayores, ya saben, perseguir a los que mean fuera del tiesto, a los peligrosos individuos que beben en el banco del parque o a los que aparcan a las dos de la mañana en la parada del autobús.

La lección queda aprendida. Me queda el consuelo de que el teléfono estaba en modo vibración, así que por mí se lo puede meter por el recto. Yo iré llamando, a ver si identifico al interfecto por su cara de placer.

Buenas noches.

Blog recomendado: http://lifeofastrangerwhostolemyphone.tumblr.com/

Sin categoría
Escrito por juancapeans 7 Comentarios
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Borbón con hielo en la sesión de tarde

8 de noviembre de 2013 a las 2:07

Cómo nos gustan los personajes canallas. Solo así se entiende que en estos momentos el miembro de la Casa Real que despierta las mayores simpatías ciudadanas sea el primer nieto del rey, Felipe Juan Froilán, del que solo se conocen sus travesuras infantiles, incluido un simbólico disparo en el pie. Ahora se sabe también que a sus 15 años despunta como mal estudiante y relaciones públicas en la sesión de tarde de la discoteca madrileña Joy Eslava,  tal como trascendió esta semana. Debería darnos igual lo que haga el chaval, a quién patee o el uso que le dé a los pinchos morunos, pero su última muesca en el currículo me ha servido para recuperar la memoria, para que luego digan que la monarquía es completamente inútil.

Una careta de Annonymus como las que vende Felipe Marichalar en la sesión de tarde de Joy Eslava.

A su edad, entre las seis y las once de la noche, sábado tras sábado, derramé mis primeros botes de gomina sobre el pelo, me puse chaquetas con hombreras y bailé agarradito el Wonderful Life de Black, tres hitos vitales que bien podrían explicar que aquellas sesiones de tarde de discoteca estuvieran guardadas en mi lóbulo del fondo a la derecha. Pero ocultar que disfruté como el enano que era, como ahora hace Su Excelencia, significaría olvidarme de mis inolvidables camaradas de las primeras quedadas, de los flirteos torpes e inocentes con chicas que tenían la lengua de colores por el Pippermint o el Licor 43 y de algunas mentiras piadosas al regresar a casa con los ojos vidriosos. Pero sobre todo estaría renegando de mi primer morreo. Creo firmemente que uno nunca debe olvidarse de su primer beso con lengua, y a poder ser, tampoco del último.

Los padres del muchacho están preocupados por sus actividades lúdicas y su marcha en los estudios, como me imagino que estarían los míos entonces, pero estoy convencido de que este no va a ser su drama, como no lo fue el mío ni el de toda una generación de espabiladillos nacidos en los 70 y 80 que forjamos el carácter en las aulas y en las canchas deportivas al aire libre, pero que también nos divertimos bajo una bola de espejos y luces de colores estirando los minutos para estar a las once en casa. Ahora las cosas son diferentes porque los padres-taxistas tienen estresados a sus hijos hasta la mayoría de edad en una montaña rusa de actividades que en realidad solo sirven para mejorar la destreza de los progenitores para aparcar el coche en doble fila. Esta frenética agenda académica, más propia del Heredero de la Corona, aporta formación a los chavales en una etapa de desarrollo determinante, no cabe duda, pero nunca enseña los reveses de la perra vida que les espera. Los que abrimos los ojos en Santiago al mundo adulto en los años 80 tuvimos muchas menos opciones, y antes de decantarnos por las letras o las ciencias la vida nos obligó a decidir entre la sesión de tarde de la discoteca Laesquina (Romero Donallo con Frei Rosendo Salvado), que era pija a rabiar, con sus Vespinos a la puerta, sus 501 y el impecable olor a Don Algodón; o la de Apolo (aún hoy junto a la plaza Roxa) más popular, abierta al mundo real y a veces hasta barriobajera. Aquello sí era tomar conciencia de clase. Esta disyuntiva suponía decidirse entre soñar con niñas intocables de revista, con sus melenas lisas, los jerseys de Benetton holgados y sus zapatos Privata, o rozar los atrevidos labios de la clase media más curtida en la calle y en el cuero, Madonnas que sin pasar los veranos en colonias te susurraban Like a Virgin como si fueran ángeles. En realidad, unos y otros manejábamos el mismo dinero, minucias, así que lo material era lo de menos. Era el gusto lo que se desarrollaba: Larios o LiriosGordon´s o Burdon´s, siempre de pega. O eso, o dos cocacolas a cambio de la entrada, que costaba 250 pesetas (1,5 euros). En esas nos debatíamos. Y bastante mérito tuvimos, porque mientras revoloteábamos entretenidos alrededor de las pistas de baile, en realidad nos protegíamos de las drogas, que llegaban a la ciudad a toneladas con la marea procedente de Arousa, la misma que destrozó a la Generación Perdida, nacida unos años antes, en los 60. Éramos tan cándidos… Nuestro mayor pecado, bendito  sea, fue prepararnos para el Bombay Sapphire para todos que vivimos en las dos siguientes décadas, quizás un poco crecidos de más.

Le he preguntado a mis sobrinos adolescentes si ahora existe algo parecido a lo que vivimos entonces y no saben de qué les hablo. Sospecho que la prohibición de beber alcohol hasta los 18 y el miedo a las fuertes y justificadas multas a los hosteleros que tratan de hacer caja a costa de las neuronas en crecimiento de los niños han sido suficientes argumentos para que los negocios escapen de estas fiestas juveniles, abocando su ocio a los cumpleaños en locales repletos de bolas y, más tarde, a comer pipas y a fumar los primeros pitillos a escondidas en cualquier rincón de un centro comercial a la espera de poder mazarse a gusto en un botellón callejero. Prefiero dejar la reflexión aquí y que cada uno abra y rebusque en su melón. Solo diré que bien está lo que bien acaba, y nosotros tontos del todo no salimos, así que no hay de qué arrepentirse. En todo caso, de las chaquetas con hombreras. De eso sí.

Buenas noches.

Imagen de previsualización de YouTube Sin categoría
Escrito por juancapeans 6 Comentarios
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net