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Vidas Licenciosas

Casas rurales, tampones y platos rotos

16 de Mayo de 2013 a las 13:23

 Quería dejar enfriar el episodio de los adolescentes que destrozaron en los últimos meses al menos un par de casas rurales en los alrededores de Santiago y así rebajar el tonillo triunfante de su tropelía mediática, que tanta estupefacción e interrogantes ha abierto sobre el ocio de las nuevas generaciones. Pero cuando el chorreo empezaba a remitir, vamos los carrozones de los periódicos y las televisiones y acusamos a la muchachada, quizás de forma un tanto anecdótica, de subirse la falda un palmo más de la cuenta y de entregarse al morapio con alcohol perralleiro y sofisticadas técnicas que es mejor obviar. De ahí que una vez más se pueda distorsionar mi objetivo de hacer una reflexión  sin excesiva hemorragia moral.

En el último botellón del Campus santiagués, el pasado miércoles, corrió el peor alcohol jamás destilado. MÓNICA FERREIRÓS

¿Qué coño les pica a los chavales nacidos en los años 90, que crecieron en la etapa más pujante de la historia reciente de este país y que tanta preocupación generan? De salida, no estamos para dar demasiadas lecciones. A saber, la amistad, las copas, el flirteo, el sexo, las drogas y el vientecillo de la libertad han sido, de siempre, los pilares sobre los que se ha fundamentado la vida canalla desde la transición política hasta los mogollones de los 90 propiciados por el baby boom setentero. ¿Qué ha cambiando desde entonces? ¿Fuimos más responsables en nuestra juventud los nacidos en los 60, 70 y 80 que los actuales teenagers? Sinceramente, no lo creo. En todo caso fuimos mucho más inocentes y torpes porque las maldades y los vicios se transmitían de boca en boca y no de You Tube en Whatsapp, lo que resulta más rápido pero menos contagioso. ¿Son ahora más inconscientes? Esto es algo relativo y requiere cierta perspectiva. ¿Acaso no recordamos los trágicos fines de semana en los que caíamos como palomos porque lo normal era conducir mazados hasta las trancas de discoteca en discoteca? Pues ese es un problema que seguramente estos chiquillos no van a tener y que revela que todos, de forma individual o colectiva, incorporamos manchas a la hoja de servicio según el momento que nos haya tocado vivir, y bueno es que lo podemos contar.
Tampoco considero que las gamberradas premeditadas y los conflictos sobrevenidos a esas edades hayan ganado dimensión. El matiz tiene que ver con esta obsesión desaforada por la comunicación masiva, que le ha puesto una lupa enorme a lo que hacen los más jóvenes, acciones que siempre afeamos con ese aire de fracaso social que le imprimimos a todo cuanto no nos sale como si esto fuera Finlandia, donde por cierto también lavan trapos sucios juveniles. Sí es cierto que los parámetros han cambiado. El aroma etílico, los ojos enrojecidos, los restos de filtros elaborados con las pestañas de la cajetilla de tabaco y las densas sobadas mañaneras eran todos los indicios que les dábamos a nuestros progenitores para constatar que nos habíamos desviado del carriliño. Ahora todo lo bueno y lo malo lo tuitean ellos mismos, a lo que suman otro defecto congénito: los muy incautos piensan que los problemas que se arreglan con dinero (el de sus padres), simplemente no son problemas. Ya caerán de esa burra.

Platos rotos en la cocina de la casa rural de A Baña que destrozaron unos adolescentes compostelanos. XOÁN A. SOLER

Sin ánimo de pasarme al otro bando, coincido parcialmente con los ortodoxos de la salud en que el verdadero drama del ocio juvenil acecha por la vía del maltrato físico que se autoinfligen, porque dudo que en tan solo una generación los cuerpos se hayan transmutado genéticamente para aguantar la tralla que les espera en esta larga travesía de eternos inmaduros, por cuanto el mundo laboral, la vida sana y relajada en pareja o las responsabilidades familiares se van a ir dilatando cada vez más en el tiempo. Luego, el problema podría no ser tanto que empiecen a beber de forma compulsiva a los 15 como que vayan a estar pimplando y haciendo el canelo otros 15 o 20 años más porque no van a tener nada mejor que rascar. Eso hay pocos chasis que lo aguanten, de ahí que con certeza exista una amenaza social, porque todo apunta que los trasplantes de paté de hígado van a salir en el futuro a cojón de pato. Y mucho me temo que ni el Estado ni sus papás van a poder pagar entonces los platos rotos.

Buenas noches.

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Escrito por juancapeans 4 Comentarios
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4 respuestas a “Casas rurales, tampones y platos rotos”

xxx
Mayo 16th, 2013 a las 17:34

si volviera el toque de queda, estas cosas no pasarian…

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xián
Mayo 16th, 2013 a las 18:06

Maioritariamente de acordo, eu añadiría como causante directo desta desgracia , todas esas reformas educativas socialistas (progresistas)ou sexa a ESO e a Logse…unha auténtica fábrica de analfabetos, pero curiosamente, o profesorado tamén ten parte de culpa, co seu “colegueo” cos alumnos….viva a EXB.

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david
Mayo 16th, 2013 a las 22:57

Desde mi punto de vista, creo que siempre han habido este tipo de energúmenos pululando por la tierra, me refiero a los típicos macarras descelebrados cabreados con el mundo cuyo único futuro es la posibilidad de aparecer en Hermano Mayor.

Buenas noches

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javier
Septiembre 6th, 2013 a las 12:26

Si los jóvenes practicasen baloncesto como tú y yo en nuestros tiempos, tendrían por lo menos donde reposar el exceso de toxinas y el tarugismo social

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