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Vidas Licenciosas

Los cubatas de Larios a 3,45 me ponen del hígado

29 de mayo de 2013 a las 0:28

 

Hay tres factores determinantes que han devastado la vida nocturna de este país: los políticos, los banqueros y los vasos de tubo. Lo del formato de la copa es una teima personal, pero seguro que encontramos puntos de encuentro en las otras dos patas de esta banqueta de taberna que cojea como nunca. Tras meses de análisis más o menos acertados o frívolos en este blog, la noticia de esta semana ha desbordado mi cubalitro de la paciencia. Ha sido una invitación en toda regla a la acampada copera, a echarse a las pancartas y a levantar los adoquines no para encontrar la playa, sino para practicar lobotomías masivas a nuestros políticos. Nos están chuleando como nunca con los impuestos y los recibos cuando nos enteramos que sus señorías disfrutan en el Congreso de los cubatas de Larios a 3,45 euros, por no enumerar la amplia gama de licores a precio de taberna de pueblo en 1985. Seré un demagogo, pero ahora sí que encuentro sentido a los escraches populares ante la sede parlamentaria si el objetivo es tomar a las bravas la tasca de lujo de la Carrera de San Jerónimo. Tenemos una clase política plagada de marcianos que cree que el café sigue a 0,80 euros, la misma que ni se molesta en mirar la factura que les deja el camarero del Ritz antes de cruzar la calle para ir a sestear al hemiciclo. Ya sé que suena a crítica de pim, pam, pum, pero es que la defenestrada casta legislativa y ejecutiva, sumada al ventajismo de barrio que aplican los politiquillos locales a la hora de amargar la vida de ocio de sus vecinos ha terminado por desbaratar las noches en pueblos y ciudades, irreconocibles de unos años a esta parte.

 

Con la moral por los suelos y millones de economías domésticas quebradas nos han obligado incluso a revisar el protocolo del dinero de bolsillo. El del menudeo mensual con el que pagamos los cafés, las cañas, las tapas y las copas. El que nos da pequeñas alegrías que, sumadas a diario, dan mucha más felicidad que una potente berlina alemana o una casa tan soñada como hipotecada. En todo este engaño global es importante darse cuenta que ese mismo dinero que pedimos prestado para construir como papanatas nuestros delirios de primer mundo es el pocket money con el que los trajeados de la City londinense, los de Manhattan y los visionarios de las cajas de ahorro invitan a rondas de champán francés cada vez que cobran bonus millonarios tras manipular a su antojo fondos propios y, sobre todo, ajenos. Aquí, en Galicia, as nosas caixas fueron mucho más dulces y sensibles y dedicaron nuestra pasta a adquirir imponentes bodegas… en Oporto. Toda una apuesta en clave de país bananero.

Pocas salidas del páramo va a encontrar una clase dirigente que vive abochornada y temerosa de bajar al bar de la esquina por si acaba zarandeada, alejándose cada vez más si cabe del serrín del suelo en que han convertido nuestras vidas. Es su triste herencia de la crisis, quizás merecida. Esa y unas cuantas frases manoseadas que me ponen más del hígado que una docena de brugales: “Se acabó la fiesta” y “vivimos por encima de nuestras posibilidades” son dos de ellas. Si hubo una fiesta del dispendio, a mí me debió pillar trabajando. Y si algún día me excedí, juro que dejé todo pagado.

Buenas noches.

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Casas rurales, tampones y platos rotos

16 de mayo de 2013 a las 13:23

 Quería dejar enfriar el episodio de los adolescentes que destrozaron en los últimos meses al menos un par de casas rurales en los alrededores de Santiago y así rebajar el tonillo triunfante de su tropelía mediática, que tanta estupefacción e interrogantes ha abierto sobre el ocio de las nuevas generaciones. Pero cuando el chorreo empezaba a remitir, vamos los carrozones de los periódicos y las televisiones y acusamos a la muchachada, quizás de forma un tanto anecdótica, de subirse la falda un palmo más de la cuenta y de entregarse al morapio con alcohol perralleiro y sofisticadas técnicas que es mejor obviar. De ahí que una vez más se pueda distorsionar mi objetivo de hacer una reflexión  sin excesiva hemorragia moral.

En el último botellón del Campus santiagués, el pasado miércoles, corrió el peor alcohol jamás destilado. MÓNICA FERREIRÓS

¿Qué coño les pica a los chavales nacidos en los años 90, que crecieron en la etapa más pujante de la historia reciente de este país y que tanta preocupación generan? De salida, no estamos para dar demasiadas lecciones. A saber, la amistad, las copas, el flirteo, el sexo, las drogas y el vientecillo de la libertad han sido, de siempre, los pilares sobre los que se ha fundamentado la vida canalla desde la transición política hasta los mogollones de los 90 propiciados por el baby boom setentero. ¿Qué ha cambiando desde entonces? ¿Fuimos más responsables en nuestra juventud los nacidos en los 60, 70 y 80 que los actuales teenagers? Sinceramente, no lo creo. En todo caso fuimos mucho más inocentes y torpes porque las maldades y los vicios se transmitían de boca en boca y no de You Tube en Whatsapp, lo que resulta más rápido pero menos contagioso. ¿Son ahora más inconscientes? Esto es algo relativo y requiere cierta perspectiva. ¿Acaso no recordamos los trágicos fines de semana en los que caíamos como palomos porque lo normal era conducir mazados hasta las trancas de discoteca en discoteca? Pues ese es un problema que seguramente estos chiquillos no van a tener y que revela que todos, de forma individual o colectiva, incorporamos manchas a la hoja de servicio según el momento que nos haya tocado vivir, y bueno es que lo podemos contar.
Tampoco considero que las gamberradas premeditadas y los conflictos sobrevenidos a esas edades hayan ganado dimensión. El matiz tiene que ver con esta obsesión desaforada por la comunicación masiva, que le ha puesto una lupa enorme a lo que hacen los más jóvenes, acciones que siempre afeamos con ese aire de fracaso social que le imprimimos a todo cuanto no nos sale como si esto fuera Finlandia, donde por cierto también lavan trapos sucios juveniles. Sí es cierto que los parámetros han cambiado. El aroma etílico, los ojos enrojecidos, los restos de filtros elaborados con las pestañas de la cajetilla de tabaco y las densas sobadas mañaneras eran todos los indicios que les dábamos a nuestros progenitores para constatar que nos habíamos desviado del carriliño. Ahora todo lo bueno y lo malo lo tuitean ellos mismos, a lo que suman otro defecto congénito: los muy incautos piensan que los problemas que se arreglan con dinero (el de sus padres), simplemente no son problemas. Ya caerán de esa burra.

Platos rotos en la cocina de la casa rural de A Baña que destrozaron unos adolescentes compostelanos. XOÁN A. SOLER

Sin ánimo de pasarme al otro bando, coincido parcialmente con los ortodoxos de la salud en que el verdadero drama del ocio juvenil acecha por la vía del maltrato físico que se autoinfligen, porque dudo que en tan solo una generación los cuerpos se hayan transmutado genéticamente para aguantar la tralla que les espera en esta larga travesía de eternos inmaduros, por cuanto el mundo laboral, la vida sana y relajada en pareja o las responsabilidades familiares se van a ir dilatando cada vez más en el tiempo. Luego, el problema podría no ser tanto que empiecen a beber de forma compulsiva a los 15 como que vayan a estar pimplando y haciendo el canelo otros 15 o 20 años más porque no van a tener nada mejor que rascar. Eso hay pocos chasis que lo aguanten, de ahí que con certeza exista una amenaza social, porque todo apunta que los trasplantes de paté de hígado van a salir en el futuro a cojón de pato. Y mucho me temo que ni el Estado ni sus papás van a poder pagar entonces los platos rotos.

Buenas noches.

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¿Quo Vadis, Santiago? 25 locales que resisten la crisis

3 de mayo de 2013 a las 6:18

La crisis ha restado alboroto a la noche. Se ha llevado por delante los tumultuosos jueves universitarios, ha vaciado los comedores de los restaurantes y ha diezmado las cajas de muchos bares y discotecas que resisten como pueden. Lo que sigue no es un sesudo ranking ni una auditoría de tres al cuarto, ni siquiera una clasificación objetiva de negocios que más o menos sortean esta empinada cuesta abajo. Tampoco son necesariamente los mejores, ni los más alternativos, pijos o recomendables. Los habrá más saneados y otros que están con el agua al cuello. Pero todos comparten una cosa en común: siguen teniendo clientes, y digo yo que si esto va a durar mucho más, al menos que sea en compañía. Que cada uno escoja la suya.

En el casco histórico.

A CASA DAS CRECHAS.  Local emblemático con 26 años de vida y con fuelle para otros tantos. Tiene ambiente durante toda la semana en la terraza y en sus dos plantas, en las que siempre suena folk y world music. Espectaculares sus noches de foliada, que salpican un calendario en el que siempre hay media docena de conciertos de pequeño formato a precios muy asequibles y con mucha calidad. Le pirra a los turistas bohemios. (Vía Sacra, 3, junto a la praza da Quintana).

Victor Bello, fundador de A Casa das Crechas

A REIXA. Es de los que nunca fallan, de lunes a domingo. Con varias estancias y aires alternativos, sus propietarios lo definen con buen criterio como bar musical. Todo gira en este bar en torno al vinilo y es sin duda uno de los más dinámicos de la ciudad en cuanto a actividades. De jueves a sábado se queda pequeño, con clientela que se mueve entre los 25 y los 40 años. Promueven conciertos y cuando es necesario recurren a otros espacios más amplios, casi siempre con éxito. Se ven muchas más camisetas que camisas. (Tras Salomé).

Andrés Villasenín en la barra de A Reixa

ARMERÍA. Funciona bien los viernes y los sábados entre las dos y las cuatro de la mañana y siempre con más curritos que estudiantes. La música es un guiño constante a los veteranos que siguen en la brecha, sin complejos ni complicaciones. Mueve a pequeños grupos de más de treinta tacos a los que hacen sentir cómodos, y además se presta al cortejo maduro. (Fonte de San Antonio, 17).

ATLÁNTICO. Una casa en el corazón del casco histórico que prestigia las copas en Compostela. Tiene una pequeña terraza muy animada incluso por las tardes, y dentro siempre es acogedor por su tamaño y por su música. Por la semana suele tener alguna actividad cultural (cuentacuentos, monólogos, encuentros…) y es muy frecuentado por profesionales de las artes escénicas y el audiovisual. Sin volverse locos con la carta, se preocupan por preparar bien las copas. (San Miguel, 9, cerca de la praza de Cervantes).

Pili Fernández, del pub Atlántico

BABEL. La música en directo en su planta inferior es su mejor gancho. Reúne a los universitarios inquietos y su nombre no es casual, ya que muchos de sus habituales son estudiantes extranjeros de paso por Compostela. Los precios se adaptan a la clientela. Abre todo el día y lo mismo vale para un café que para una caña, pero es de esos locales que te dan una alegría un miércoles tonto. (Caldeirería 26).

Fabio Cecar, del Babel, en A Caldeirería

CARRILANA. Antigua cochera de amplios ventanales a San Paio de Antealtares, la rúa sobre la que giró la vida nocturna en Compostela cuando en el casco histórico no salían ni los gatos. Tiene un piso más tranquilo e íntimo para tomar un café o una copa tranquila, una barra más animada y vistosa, y una terraza en la que da gusto pasar un par de horas en las pocas noches que el cielo da un respiro. (San Paio de Antealtares, 16).

GALO D`OURO. El Galo es Jorge Hombre y sus circunstancias. Con aires de pub británico, pocas cosas han cambiado en este local desde los años 70, para bien. Tiene una Wurtlitzer con blues, rock y pop clásico, todos temazos imprescindibles en la historia de la música. Siempre hay buenos conversadores, dentro y fuera de la barra, y da gusto dejarse aconsejar. Abre de miércoles a sábado, pero suele cerrar en los periodos de vacaciones y varias semanas de agosto y septiembre. George es así. Los menores de 30 difícilmente entenderán su encanto. (Conga 14, detrás de A Quintana).

Jorge Hombre y su Wurlitzer en el Galo

GAROA. Tras un comienzo arrollador, el local que dirigen los hermanos Antelo ha cambiado la cantidad por la calidad. Su especialidad son las caipirinhas, pero la carta diseñada por la coctelera Ana María Martínez es extensa y original. Es amplio, con mesas altas, sofás, reservados y una terraza agradable hasta más allá de la medianoche. Perfecto para la primera hora y para el afterwork (abre por las tardes). Los viernes y sábados por la noche está más animado y da para echar unos bailes. (Rodrigo de Padrón, entre la Alameda y el casco histórico).

Mauro, Julio y Carlos Antelo, del Garoa

KUNSTHALLE. Una de las últimas incorporaciones a la noche. Abre todo el día y tiene una cocina sencilla y curiosa, pero lo peta sobre todo los viernes y sábados partir de la una en sus dos plantas: la de arriba, más sosegada, y la de abajo, una sorpresa constante, pues es habitual que varíe el DJ, siempre dentro de la esfera indie-pop. De la cabeza de David Barro salen siempre interesantes propuestas que dinamizan las horas de menor actividad. (Conga 8).

David Barro y Carlos Montilla, del Kunsthall

LA RADIO. Lo más parecido a un club en el sentido londinense, pero sin perder la perspectiva, esto es Santiago de Compostela. Música urbana y electrónica a pocos metros de la Praza de Abastos. El compostelano Javier Rial ha conseguido hacer de los platos su instrumento de trabajo y con frecuencia lleva por el local a DJs que mueven a bastante gente, por mucho que le sorprenda a los que no siguen este tipo de música. (San Fiz, 4).

Javier y Luis Rial, de La Radio

LA QUINTANA. El local abrió en 1990 como café y cada día se parece más a una discoteca. Por el día despliega la terraza más espectacular de la ciudad, a los pies de la catedral. Con dos plantas y tres barras, trabaja bien los viernes y revienta los sábados. El ambiente, entre 25 y 35 años, es difícil de clasificar, aunque se acerca más al perfil televisivo de Gran Hermano que al de Redes. Sin acritud. (A Quintana, 1)

MAYCAR. Pequeña discoteca con cuatro décadas de historia y con fama de oveja negra, pero que ha resistido mejor que ninguna otra a los tiempos de vacas flacas. Tuvo una época de after en la que iba aglutinando a los descarriados de la noche, generando un ambiente de lo más heterogéneo, pero en los últimos años ha definido su clientela, más alternativa. Paco Fernández le ha dado el relevo recientemente a sus hijos, Fran y Pablo. (Doutor Teixeiro, 5).

Paco Fernández, en el centro, y sus hijos Fran y Pablo

MEIA. En la zona alta del casco histórico, lleva más de diez años batallando con los universitarios. Es una embajada oficiosa para los estudiantes extranjeros, y los jugadores de baloncesto son clientes habituales, de ahí que sus noches más divertidas sean los miércoles y los jueves, cuando suelen organizar fiestas temáticas. Música comercial, sin complicaciones. La planta de arriba es más relajada, y la de abajo, de combate. (Algalia de Abaixo, 22, en la zona alta del casco histórico).

MODUS VIVENDI. Uno de los pioneros en Galicia. Pequeño y curioso local con 40 años de vida que sigue teniendo aceptación entre los treintañeros y que arrastra clientes desde hace décadas. Consigue reunir a gente en la barra y en el semisótano, una caballeriza que se presta a la conversación en torno a las mesas bajas. En los últimos meses ha intensificado su programación de espectáculos y noches musicales temáticas. (Praza de Feixóo, 1).

MOMO. En el 2014 cumplirá 30 años pero sigue programando actividades como si acabara de arrancar. Ricardo Parada, que actúa allí un par de veces por semana, es su cantautor residente, pero siempre hay algo que ver o escuchar, así que funciona razonablemente toda la semana. Tiene varios ambientes que suelen estar copados por clientes entre los 20 y los 30. Tomar una copa en el jardín con vistas a Belvís es impagable. (Virxe da Cerca, 23)

Javier Ribera, del pub Momo

RETABLO. Fue un local gafado para la hostelería hasta que cogió las riendas Rafael Areoso, que tiene mucha experiencia en la noche y sabe darle a una gran mayoría lo que le gusta sin andarse con muchos rodeos. Dos pisos, cuatro barras y música comercial hasta decir basta. Es de los que cierra más tarde en la zona vieja y mantiene una alta circulación los fines de semana. En temporada alta capta a grupos de turistas y peregrinos. (Rúa Nova, 13).

Rafael Areoso, del Retablo

SÓNAR. Está en la cresta de la ola. Los viernes y los sábados abre hasta las cinco de la mañana y si no vas pronto toca hacer cola. Suena música pop de cierta calidad, casi siempre acompañada de vídeos. El ambiente, heterogéneo, se mueve entre los 25 y los 40 años y a partir de las tres es un hervidero, excesivo en ocasiones para los que detesten el contacto físico. Desde hace un par de años programa conciertos de pequeño formato antes de la medianoche que están funcionando bien. (Rúa Mazarelos 4-5).

Jesús Peón, a la derecha, en una presentación en el Sónar

ULTRAMARINOS. Lleva 15 años abierto, los últimos cinco con una gerencia más dinámica y abierta a todo tipo de actividades, desde juegos comunitarios a conciertos. Acogedor incluso en los días más flojos, también sabe montar lío cuando la noche se presta, siempre con un deje moderno que no llega a ser cargante. Estupenda parada tras una cena en la pujante rúa de San Pedro. (Casas Reais, 34).

Noa Novo, del Ultramarinos

VAOVÁ. Son dos locales que no tendrían sentido sin la fiebre del gin tonic. El de la Algalia es más tranquilote y el de la Rúa Nova da más juego, aunque la música es preocupantemente secundaria. La preparación de las copas es ejemplar y vale la pena explorar nuevas referencias y dejarse recomendar. Anunciado como gastro-bar, es sin duda más lo segundo que lo primero. (Algalia 18 y Rúa Nova 12).

Diego Mosquera, coctelero del pub Vaová

 En el Ensanche.

BLASTER. Uno de los pocos locales que siguen dando la vez en el Ensanche. Se ha renovado varias veces desde los años 90, cuando arrancó como pub para universitarios. Y en esas sigue, aunque el peso de la zona vieja ha desplazado su hora punta hacia las cuatro de la mañana. Los jueves de Santiago son una ruina en la actualidad menos en el Blaster, que aguanta el tipo ofreciendo música animada. (República Arxentina, 6).

D3. Ubicado en unas galerías del Ensanche, es de esos locales en los que los más jóvenes no se complican la vida. Música, copas y ligue, que ya es bastante, y una pequeña pista de baile que está animada los fines de semana. Es de los que notan el bajón de los jueves, aunque sigue revolviéndose. (Alfredo Brañas, 2)

GABANNA. Los viernes y sábados funciona a última hora y aglutina a los que se resisten a marcharse a casa. Su propuesta es muy similar a la del Blaster, con música y vídeos, aunque su ambiente es un poco más maduro. Nadie llega hasta allí para conversar y arreglar el mundo, pero sí que puedes ponerle un punto y final simpático a la noche. (República Arxentina, 26).

Fernando Pazos, de la discoteca Gabanna

RUTA. Es una de las discotecas veteranas que ha vivido tiempos mejores pero que siguen moviendo gente en las noches más tumultuosas. Es la preferida de los veinteañeros y su selección musical siempre es buena. Tiene varios ambientes, indie y tecno, aunque uno es sensiblemente más canalla que el otro. Es el local de última hora natural entre los que frecuentan los bares alternativos del casco histórico. Cobran entrada. (Pérez Constanti, 4, cerca de O Hórreo).

Novedades en el 2013.

ATENEO 30. Fue El Nido del Cuco y antes La Imprenta. Abrió hace un par de meses y en su planta de arriba poco ha cambiado respecto a sus predecesores. La novedad está en el sótano, donde han montado una sala para ofrecer pequeños espectáculos que ya tiene una agenda respetable. Tres socios están detrás de este bar que, de salida, está inclinándose hacie los clientes más jóvenes. (Virxe da Cerca, 30).

CHOCOLATE. Nueva oportunidad para este cálido local que acogió anteriormente otras propuestas dispares (Abastos, Leblón y Ameas). Copas selectas y bien servidas, sin agobios, con mesas bajas para una noche relajada o para una primera copa. Perfecto para complementar una cena en alguno de los restaurantes de moda de la zona. (Praza de Abastos).

Nota. Como decía un conocido portero de un pub a la hora de cierre, ¨señores, señoras, hay más locales¨. También para esta relación. Ahí quedan abiertos los comentarios para vuestras aportaciones. Buenas noches.

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Escrito por juancapeans 25 Comentarios
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