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Vidas Licenciosas

Los vinos del Franco, los reyes y la segunda transición

4 de abril de 2013 a las 1:10

Me harían falta siete u ocho siglos de vida para hacer una valoración objetiva del momento que atraviesa la rúa do Franco, que fue, es y tiene el reto de seguir siendo la arteria sobre la que tomar el pulso de la hostelería compostelana. Por eso, antes de tropezarme con el pasado, le pondré los puntos a las dos íes de la palabra Historia: en el arco de Mazarelos resiste a los vándalos desde 1971 una placa que recuerda que por esa puerta, una de las siete del casco histórico, pasaban desde siempre los carros cargados con barriles de vino del Ribeiro y del Ulla con destino a la popular calle, cuyo nombre se remite a los taberneros medievales que atendían a los francos, como se denominaba de forma genérica a los peregrinos que llegaban caminando desde más allá de los Pirineos. En una ciudad que vivió acomplejada entre sotanas y solemnes catedráticos mientras el resto de Occidente avanzaba con firmeza, una calle de esparcimiento como esta tuvo que suponer una auténtica liberación, y por ello es difícil discernir cuáles fueron sus etapas gloriosas y las que pasaron desapercibidas entre el olor a alcohol mal destilado, cánticos desafinados y serrín en el suelo.

Por Mazarelos entraban en la ciudad "los buenos vinos de la Ulla y del Ribeiro"

Si nos referimos al siglo pasado, el Franco fue una calle indigna de la monumentalidad de Compostela hasta bien avanzados los años 80, de ahí que los oriundos la esquivasen cuando paseaban con invitados foráneos para evitar a los borrachines habituales, a los, que con la ronda avanzada, la escueta rúa se les hacía más estrecha si cabe. Por eso me parece una acertada metáfora que su resurrección contemporánea tenga tanto que ver con una de las pocas tabernas que todavía hoy conservan el auténtico sabor del vino de cunca. A principios de los 90, sobre las mesas de O Gato Negro, el entonces conselleiro Vázquez Portomeñe bosquejó sobre unas servilletas de papel las bases del que poco después se convertiría en el Xacobeo 93, un proyecto laico que, respetando la tradición religiosa y usando como punta de lanza el atractivo patrimonial de Santiago y el Camino, puso en el mapa turístico a la aldea más bella y universal. Ya sé que suena algo excesivo, pero es tan radical como cierto que hace exactamente veinte años al Franco dejaron de llegar camionetas con barriles de vino y comenzaron a entrar auténticos convoys de turistas y peregrinos, y con ellos, carretillas, esta vez llenas de dinero. Hubo algún perezoso que conservó algún tiempo más aquellos baños desvencijados de caída libre, pero poco a poco, a fuerza de ver cómo despabilaban los propietarios que estaban azuzados por el recambio generacional, las desastradas tabernas con mesas de formica fueron dando paso a otro modelo de hostelería más aseado en todos los sentidos, más profesional y más presentable.

Manolo, de O Gato Negro, con los barriles de vino

Ya se sabe que la Historia la cambia la gente de a pie, pero los “antes y después” los definen los personajes relevantes y sus hechos. Algo así debió ocurrir la cálida noche en la que los otrora felices reyes de España, de visita en la ciudad en julio del 2003, decidieron salir del Hostal a la hora de cenar y, atravesando el Obradoiro como una pareja bien avenida, dieron con sus reales posaderas en los taburetes de O 42. No fue una elección casual, ya que se trata de una de las primeras tabernas que se atrevió a renovar su estilo sin perder la esencia, recuperando la piedra vista en las paredes sobre las que se puso de moda colocar moneditas que ya no llevaban la efigie monárquica, sino el perfil de la fachada barroca de la Catedral, todo un triunfo del pueblo.

Los reyes saliendo de cenar de O 42 en el verano del 2003

A esa etapa de renacimiento siempre le acompañó la polémica, porque el Franco continuó siendo un concepto de hostelería muy amplio, para bien y para mal, en el que pagaban muchos justos por algún pecador que siguió creyendo que esos señores altos y rubios que hablaban raro y que llegaban con el buen tiempo eran tontos del higo a los que se les podía tomar el pelo con el producto y con la cuenta. Cada verano trascendía alguna clavada monumental a un grupo de extranjeros, amparada casi siempre por los difusos precios del marisco, gestos cortoplacistas que tiraban por tierra el trabajo de respetables profesionales que entendieron que acabar el día desparramando el cubo con el agua sucia a los sumideros de la calle era un mal negocio para todos.

Pepe Noya (izquierda) recibe al ex futbolista Paco Buyo en A Barrola, uno de los locales de referencia y de encuentro de compostelanos y visitantes

Pero la prueba latente de que el prestigio de las rúas del Franco y A Raíña mejoró y que dieron en la diana fue que con el tiempo se llenaron de compostelanos que renovaron su confianza en estos locales, dándoles sustento y ambiente incluso en temporada baja.

El equipo del San Jaime, liderado por una familia que apostó por la renovación de sus locales en los últimos años

Y utilizo el pasado con criterio, porque de un par de años a esta parte la saturación del modelo se ha hecho evidente. Un ejemplo: entre las dos calles se cuentan algo más de medio centenar de bares y restaurantes, y el pasado martes, a las diez de la noche, había 23 establecimientos cerrados, aunque solo uno de ellos de forma permanente. Los que saben de este negociado aseguran que al menos una decena de propietarios traspasarían hoy mismo el tinglado de buena gana, y es posible que unos cuantos más hayan reparado ya en que lo más inteligente en estos momentos sería entregar la cuchara, pero no lo hacen confiando en un verano que se antoja complicado.

Los más listos y perseverantes han empezado a cambiar, iniciando una segunda transición inevitable. El París, por ejemplo, ha mudado su decoración y hasta tiene una programación de espectáculos que atrae a los más jóvenes. El Dakar, en el otro extremo, sigue anclado en el café rutinario y en su decoración ochentera. Entre uno y otro, un desierto de creatividad separa a esta calle que, aún teniendo algún oasis de animación, buen hacer y buen comer, empieza a ofrecer preocupantes signos de decadencia. O reaccionan pronto o nuestros hijos solo podrán hablar de oídas de un Franco que, este sí, vale la pena recordar.

Buenas noches.

En la imagen de los 70 (cedida por Genoveva López), ilustres del taceo como el librero Gonzalo, Alfredo López (propietario de O 42), Maximino Castiñeiras (O poeta de Amaía), Paz Cans (pintor) y Pepe Alvite (periodista), entre otros

PD. Un guiño literario con casi cien años de historia para los que padecen el invierno compostelano.

“-¿E logo? Se extraña usted, claro está. A todos les ocurre lo mismo cuando vienen por primera vez.  Piensan que en Santiago no es posible divertirse.

-¿Con la lluvia, las calles a oscuras y esta tristeza…?

-Con todo eso señorito. Tristeza hayla, no se puede negar, agua del cielo también cae abondo, más para estar alegre basta con que uno tenga alegría. En teniendo el cuerpo contento, se ríe uno así estén las piedras de la catedral negras de un mes de lluvia… En cuanto a la oscuridad de las calles, hale parecer muy bien cuando lleve aquí una temporadiña y se arme su chollo con alguna rapaza.

-¿Y llueve siempre como hoy?

-Mucho más, lo de hoy es un orballo.

-¿Es verdad que dura muchos días el agua?

-¡Ay!, le hay veces que se le pasa un mes lloviendo. Y algunas más. Pero non pase pena, los primeros días estará usted mal, luego se acostumbrará usted y…

-¡Nunca!

-¡Boh! Es usted un rapaz, y de rapaz se le hace uno pronto a todo”

Conversación entre el tabernero Rafael y Gerardo Roquer, protagonista de “La casa de la Troya”. A. Pérez Lugín. 1915

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Escrito por juancapeans 17 Comentarios
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17 respuestas a “Los vinos del Franco, los reyes y la segunda transición”

Santiago
abril 4th, 2013 a las 11:08

Justamente habría que hablar de cuando la Calle Nueva albergaba la zona de vinos y tapeo más importante en sus galeríaas y bares allá por los setenta y muchos y los ochenta y tantos. En las galerías Goya, A Cova da Vella y otros lugares se iba de vinos y cortos mucho antes de que existiese el botellón y las tapas de caramujos y pipas gozaban de su época dorada aunque eran muchos los que daban buenas viandas zorza, patatas bravas, etc. Casi con la época coincidía el auge del recordado Mariano allí al lado.

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javi
abril 4th, 2013 a las 11:35

sobre el comentario de Santiago…Soy de Santiago de Compostela, y jamás he oído hablar de la Calle Nueva… lo mas parecido que existe en Compostela es A RÚA NOVA..pero la calle nueva no existe, ni tampoco puentepiedrecita, ni conjo…

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Santiago
abril 4th, 2013 a las 15:06

Pues serás de otro Santiago porque en el mío había Rúa Nova y Calle Nueva a la vez y a nadie le parecía extraño pero será porque en vez de dedicarnos a mirar con lupa los nombres nos las pateábamos más.

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chevi
abril 4th, 2013 a las 17:50

yo viví 10 años en la CALLE NUEVA y cómo la extraño. Siempre me acordaré de la Porcona y del Bingo. Otros tiempos

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Santiagués
abril 5th, 2013 a las 0:07

Lo que no existía eran más Rúas que las del Villar y la Nueva, ni Conxo, ni San Caetano ni la demás zarandaja galiza que se han inventado.

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Voces silenciosas
abril 4th, 2013 a las 14:41

Boas tardes. Un gran repaso a lo que fue y ya no es O Franco. Eso si, reclamo un guiño al Bar Orense, ese local que permanece impertérrito desde 1964!!

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Morrissey
abril 4th, 2013 a las 15:24

Con unha modificación importante nos 90… Capeáns xa tomou alguha taza no Orense orixinal…

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Picheleiro
abril 4th, 2013 a las 19:46

Si señor. El Orense con el Gato Negro. Mira que no podrán contar sus piedras!. Cuantas personas pasaron por sus historias?. Cuantos homenajes a otras instituciones ya caducadas y estos superan todas las modas, las crisis y las especulaciones. Estos si que son instituciones para el pueblo. Larga vida…

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Santiagués
abril 5th, 2013 a las 0:08

Y se sigue llamando Orense y no Ourense u otra parvada.

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Morrissey
abril 4th, 2013 a las 15:17

Javi… no tienes ni puta idea… que joven eres… La calle nueva es la actual “rúa nova de abaixo” y lo que dice Santiago es verdad, aunque era movida para críos… Yo era fijo de “O Berberecho”… bar inmortalizado por Siniestro Total donde se podía fumar un “porrete” escondido por esas galerías.

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pakokabarcos
abril 4th, 2013 a las 15:51

Es novedosa para mí la explicación de la toponimia de la “Rua Fracígena” pero ya se sabe, los medievalistas….
es indiferente

pako

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Porto
abril 4th, 2013 a las 17:15

en la imagen de los 70, esta mi padre sentado, X. Porto Matalobos y detras de el Gonzalo Rey Chao.

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jose f
abril 5th, 2013 a las 0:05

que cetrrado sois con el gallego rua nova, calle nueva, vivi en santiago hasta hace un ano gran ciudad a la cual ojala pudiera regresar un abrazo a los galegos cuanta morrina

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Arsenio
abril 5th, 2013 a las 8:03

Creo recordar que el apellido de nuestro pintor de la foto es Paz Camps y en la persona que aparece entre Rey Alvite y Paz Camps creo reconocer a Benedicto Berdullas, natural de los Ángeles en la Mahía, emigrante muchos años en la Argentina y viviendo entre Castrigo (Ames) y la Rúa del Villar en Santiago. Tascas, bares y restaurantes como La Arzuana, Formigo, El 32, El Ribadavia, el Tixola, El Coruña con sus calamares, El Patio, El 42, El Bombero con sus Tortillas, El Submarino, Casa Enrique con susccallos y tantos otros, llenan de recuerdos y nostalgia a quienes vivimos aquel Santiago tan inolvidable como irrepetible.

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marcos
abril 9th, 2013 a las 11:42

Creo que no se llama Franco por atender a los francos, sono q

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psicologo infantil
abril 15th, 2013 a las 10:32

Los vinos del Franco, los reyes y la segunda transición | Vidas Licenciosas, ¿Que mas nos puedes explicar?, me resulta practico esta articulo. Saludos.

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turismo rural la rioja
abril 15th, 2013 a las 10:38

Los vinos del Franco, los reyes y la segunda transición | Vidas Licenciosas , es adictiva, me preocupa, desde que os recibo no puedo parar de mirar todas vuestras sugerencias y estoy muy feliz cuando recibo uno más, sois lo mejor en español, me encata vuestra presentación y el curre que hay detrás. Un beso y abrazos, MUCHAS GRACIAS POR VUESTRO TRABAJO, nos alegrais la vida.

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