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Vidas Licenciosas

La fiesta debe continuar

10 de Enero de 2013 a las 23:50

En mi película de cabecera el protagonista sostiene que para ser feliz solo hacen falta tres cosas: un buen médico, un cura tolerante y un contable listo. A mí me bastaría con dos, pero echo en falta en la terna a un personaje que siempre me ha acompañado en diferentes trayectorias vitales. En mi familia, en mis etapas de estudiante, en cada viaje, en todos los lugares en los que he trabajado y entre mis amigos y conocidos siempre ha existido alguien dispuesto a organizar una fiesta, entendiendo como tal cualquier encuentro que te despegue de la rutina para celebrar en compañía lo que se preste, así esté marcada por el calendario, por una buena noticia o por el simple placer hedonista de pasar unas horas con animus iocandi.
Es el momento de reconocer a estas personas, y cada uno tiene las suyas, porque son una especie en extinción y ahora son más valiosas que nunca ante este cenagal en el que nos han sumido algunos de los lectores habituales de The Economist, el mismo semanario que tituló hace poco en portada aquello de «Spain, the party´s over». Ese fin de fiesta genérico también está amedrentando a los que nos rodean, a los que siempre estaban con el dedo en el gatillo de la diversión dispuestos a liarse la manta a la cabeza. Son esos colegas, amiguetes, hermanos, tíos o incluso vecinos del barrio o la parroquia que periódicamente son capaces de fijarnos horizontes de asueto lejos de la rueda del hamster. No son necesariamente los más influyentes del colectivo, ni los más poderosos, ni siquiera los más afines o cachondos, pero deberían tener nuestra gratitud eterna porque la mayoría de las veces, si no estás peleado con el mundo, hacen con sus planes que la vida sea un poco mejor. Los libros sobre liderazgo y felicidad que pueblan las estanterías de los quioscos de los aeropuertos no dedican una sola línea a estas figuras que te arrancan una sonrisa un miércoles cualquiera con un correo electrónico que, en el peor de los casos, promete solaz y distracción.

Verbena. Por Álvaro Ballesteros

Otra cosa es que tengamos el cuerpo para farolillos. Mi colega Arita Montero, teórica de las pequeñas cosas, asegura que todos los que nacimos en períodos vacacionales como la Navidad o el verano fuimos niños tristes porque nunca repartimos caramelos en clase con los compañeros ni nos cantaron en público el Cumpleaños feliz. Mi parecer, sin ser coincidente, también puede sonar a psicología barata, pero creo firmemente que la vida nos va configurando como agentes festivos activos o pasivos. Los primeros, pocos, son dinámicos y pujantes, organizan, emplazan con soltura y se implican en su desafío social sin temor al fracaso. Y los segundos, la mayoría, participan con mayor o menor espíritu animoso, dejan hacer o dejan pasar. La decisión de sumarse o no a una convocatoria es fácil de resolver cuando es personal y no afecta a terceros, pero nada trivial si es la pareja sentimental la que muestra su desgana ante una sardiñada de San Xoán, un aniversario familiar o una fiesta choqueira de carnaval. Esas situaciones acaban irremediablemente en caritas y morritos, antes, durante o después del evento. Un lastre, vaya.

Boda gitana en Vedra. Por Xoán A. Soler

Aunque la desazón nos pueda y el hábito nos haya conquistado, siempre hay motivos para conmemorar sin límite de edad ni solemnidades. ¿Cómo si no se acaba juntando cada año ese grupo menguante de quintos del 56 que compartieron el servicio militar en Zaragoza? ¿Qué sentido tendrían las bodas de oro si los que cumplen medio siglo juntos no lo celebran como algo realmente insólito? ¿Qué mierda de momento estamos viviendo que hasta las parejas jóvenes bien avenidas se casan a escondidas para evitar montar un fiesta por modesta y austera que sea? ¿Es que todavía no hemos aprendido que uno se hace adulto cuando el día de su cumpleaños no le sale a cuenta al hacer el balance entre los regalos recibidos y los gastos en invitaciones? Por estas y otras razones creo que es un buen momento para mostrar nuestro agradecimiento a esos entusiastas líderes domésticos que pierden su tiempo y muchas veces su dinero con el desinteresado objetivo de unir por unas horas a personas que tienen algo en común y a los que el destino ha ido espolvoreando por el mapa de la vida, en el que las distancias no se miden en kilómetros sino en circunstancias.
La fiesta debe continuar. Nos merecemos seguir siendo felices por encima de nuestras posibilidades y ya mañana, de resaca, que vuelva “el pobre a su pobreza, el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas”.
Buenas noches.

“Fiesta”. Joan Manuel Serrat. 1974

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Escrito por juancapeans 2 Comentarios
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2 respuestas a “La fiesta debe continuar”

Abeja maya
Enero 11th, 2013 a las 8:45

Estoy contigo, rebeldía a la apatía! Conmemorar, conmemorar sin límite de edad … Let’s get it started!!

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Jose Enrique
Enero 11th, 2013 a las 22:56

Muchas gracias por poner tan bonito lo que todos llevamos años tratando de explicar… da gusto leer a quien sabe qué cosas son las que realmente importan!

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