La Semana Grande de Ferrol suelta amarras. El estreno de los diez días festivos de la urbe naval contó con un pregonero de excepción: el actor Javier Gutiérrez. De su presentación se encargó un distendido alcalde: «Vaya, vaya con el chiquitín». Así comenzó Vicente Irisarri un breve discurso en el que llamó a todos los ferrolanos y ferrolanas a disfrutar de estas primeras fiestas participativas.
Acto seguido, el actor ferrolano sacó la chuleta, se puso su «traje de faena» (la camiseta del Racing), e invitó todos a «beber, bailar, y a no volver pronto a casa».
Ya con la plaza de Armas rebosante de fieles, Revólver, la banda que lidera el madrileño Carlos Goñi, inició el concierto con uno de los temas más conocidos: Calle Mayor, aunque la actuación sirvió para presentar en la urbe naval su último trabajo, 21 Gramos.




Esta mañana Verano Móvil se embarcó en el racú de la Asociación de Marineros Artesanales y Deportivos San Miguel de Bouzas rumbo a Combarro, donde tiene lugar un encuentro de embarcaciones tradicionales. Durante la primera parte la travesía , que surcó la ría de Vigo, la calma fue la nota predominante. Pero con las Cíes y las Ons de fondo el mar empezó a cambiar. Las vistas eran inmejorables pero las olas se empezaban a notar.
A Oleira, la embarcación en la que viajaba, se tambaleaba lateralmente pero los efectos de la marejadilla sobre la buceta de la asociación de Bouzas eran más espectaculares.
La calma volvió tras pasar Cabo de Udra y entonces hubo tiempo incluso para comer. Después Braulio, patrón del racú, decidió desplegar las velas.
El motor se había encargado de traernos hasta la ría de Pontevedra y el resto lo hizo el viento, incluso alcanzando una velocidad de 4,5 nudos. Con el timón fijo hacia San Simón, nos encontramos con unos compañeros de viaje inesperados: un grupo de delfines que no dejaba de asomar la cabeza.
Sobre las cinco y media de tarde amarramos en el puerto deportivo de Combarro. Fueron seis horas en A Oleira que me sirvieron para aprender cómo se manejan este tipo de embarcaciones, ya que mis nociones náuticas eran casi nulas.
No quiero acabar sin darle una vez más las gracias a los miembros de la asociación que me permitieron acompañarles en esta travesía y que además de enseñarme, me entretuvieron en todo momento para que no me marease. Cuando ya estaba acostumbrado al vaivén llegamos a tierra a firme y entonces era Combarro lo que temblaba.
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Bandera roja. Hoy la costa de Ferrol no está para bromas. Por eso las clases de surf y bodyboard del club Grosso se han trasladado de Doniños a San Xurxo, donde el mar está más recogido. Una veintena de alumnos acompañan a los monitores: es la última jornada del curso que, como en años anteriores, se imparte semanalmente en los arenales ferrolanos. La mayoría son niños, pero aquí no hay límite edad, esa franja la «marcan las ganas» tal y como nos explica Nacho García, uno de los monitores. Prueba de ello son Cyril y Fulvio, los mayores en el curso. El primero viene desde Marsella (Francia) y sus 33 años no suponen un impedimento para probar esto de cabalgar las olas sobre una tabla. Tampoco para su compañero. Fulvio, italiano y de 35 años, compensa las «palizas» y agujetas que sufren los novatos, con lo aprendido durante los cinco días que duran las clases:
El próximo lunes comenzará el último curso del verano. Han sido ocho en total (uno por semana desde julio), impartidos de lunes a viernes en horario de mañana y de tarde. ¿El precio? 100 euros por persona, con todo el material incluido. Además, existe la posibilidad de que el Concello financie el 50% de la matrícula.
Más de 200 alumnos han asistido durante los dos últimos meses a las clases impartidas por Nacho y su hermano Caco, Yago Díaz y Víctor Obenza. Evidentemente, en tan poco tiempo nadie saldrá de aquí hecho una figura del surf, pero sí conocerán la dinámica del mar, «sus corrientes y escapes de las olas», que permitirán que cualquier alumno pueda ir algún día solo a surfear a cualquier playa, por ejemplo, a Pantín, la catedral de este deporte en la comarca y donde también hay otra escuela.
Aprovechad. Todavía queda un curso por impartir. Nacho os invita:




En Combarro comienza hoy un encuentro de embarcaciones tradicionales y Verano Móvil acudirá como debe ser, en el racú de la Asociación de Marineros Artesanales y Deportivos San Miguel de Bouzas. Sobre las diez y media abandonabamos el muelle vigués con esta maniobra.
El racú A Oleira no es la única embarcación que desde Bouzas navegará hasta Combarro, aunque dos dornas van a remolque.
En principio, la previsión meteorológica nos prometía una travesía tranquila con olas largas y rachas de viento medias de nueve.
A Oleira es el nombre de una de las piedras que hay por la zona. La asociación recupera los nombres tradicionales que se le ponían en la zona. Es un racú. Una de las primeras embarcaciones mixtas (a motor y a vela) que surcaron las rías gallegas. Es una evolución de las lanchas tradicionales de la zona con influencia de las traineras del Cantábrico.
Antes de abandonar la ría de Vigo nos encontramos con la primera curiosidad de la travesía: una batea que en vez de estar fija, era remolcada.
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El museo del Pazo Quiñones de León en Vigo se puede visitar estos días en horario nocturno y con unos guías un tanto particulares. Los miembros de la compañía de teatro «Cada día peor» se ponen en la piel de la marquesa, su mayodormo y el equipo de detectives que se encarga de investigar un misterioso crimen, con secuestro incluido, ocurrido en el Pazo de Castrelos.
Una investigación así sólo podía dejarse en manos de profesionales como el detective Nogueira y su ayundante, Marcelino. No es la primera vez que se enfrentan a un caso de esta envergadura y habiendo una herencia de por medio, su experiencia les hace sospechar de todo el mundo.
El exhaustivo análisis de las pistas les va llevando por los diferentes habitáculos del pazo, donde se enseña a los participantes algunas de las joyas pictóricas y escultóricas que se conservan en el museo municipal vigués. Eso sí, el cadáver del mayordomo no es parte del material expuesto.
El detective Nogueira consigue resolver el crimen del pazo de Castrelos en 45 minutos. Verano Móvil no va a desevelar el misterio porque aún quedan un par de visitas esta noche y algunas más en septiembre. Las plazas para participar en esta actividad gratuita se agotaron tan rápido que el Concello de Vigo ha decidido repetir las visitas teatralizadas en septiembre. Aún así, el misterio quizás sea lo de menos. Durante la actuación teatral domina el humor y la interacción de los actores con el público, especialmente el detective Nogueira y su ayudante que no dudan en meterse un poco con los participantes.
La representación merece la pena a pesar de que los medios técnicos no destacan por su calidad y la historia no tiene una trama muy compleja. Más que intriga y misterio, para el espectador adulto es una manera original y entretenida de conocer el museo. En cambio, para los niños es toda una aventura. Alguno pasó miedo al principio y se implicó tanto después en la historia que incluso sospechaba del guarda de seguridad del museo. Los hay que apuntan maneras…



