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Desde lo más profundo del océano atlántico

Sábado, Octubre 10th, 2009

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Escribo este post desde un lugar muy particular, un barco. Me hacía cierta ilusión enviar un post vía satélite y de paso asombrarme con los avances de la tecnología. Aquí, donde estamos, en quince días apenas hemos visto pasar un par de barcos mercantes, iban tan lejos que parecían navegar sobre la línea del horizonte.

Pero eso no es lo que más me ha impresionado, sino la cantidad de agua que ahora mismo nos separa del fondo. Dicen que la catedral de Santiago mide 74 metros, pues si pusiéramos una catedral allá abajo, en la llanura abisal sobre la que estamos, y sobre ella otra catedral, y luego otra más, así hasta llegar a la superficie, necesitaríamos la friolera de 68 catedrales para conseguir que sus torres aflorasen a la superficie. Y si colocásemos el edificio más alto del mundo, la torre Dubai de 818 metros, necesitaríamos nada menos que siete torres para el mismo fin.

Para ser exactos, nos encontramos en el buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa, posición 43º33´73N 12º48´90 W, tomando muestras geológicas y biológicas del canal de la estación Octubre Rojo, al oeste del banco de Galicia, a unos 400 kilómetros de terra firma, y con ¡5.315 metros! de agua -ahora mismo- entre nosotros y el suelo oceánico. Nos hallamos, en definitiva, flotando sobre los fondos más profundos del océano atlántico, las llanuras abisales, sólo superados por las fosas oceánicas.

Aprendemos nociones de geología marina

Me cuenta el geólogo Luis Somoza -que además de ser mi pareja de maniobras es jefe científico de la delegación ante la ONU en Nueva York para la extensión de la plataforma continental marina española- que las muestras que recojamos pueden aportar información crucial de cara a la extensión de la zona económica exclusiva española hacia las 350 millas, desde las 200 actuales. La aparición de granitos sería un indicador fiable de que esas masas rocosas son en sí parte del bloque continental de Galicia, y no una extensión de la dorsal centroatlántica. En esto andan los geólogos de a bordo, Míchel, Luís y Anxo, de los que hemos aprendido un montón de geología marina estas semanas en alta mar. Merece una mención especial el cartografiado digital que tiene Luís y que nos ha asombrado a todos. En su ordenador podemos ver todos los recovecos del entorno del banco de Galicia en 3D como si hubiésemos vaciado de agua el océano. Ya le gustaría a los de Google disponer de estas resoluciones en su famosa aplicación Google Earth, pero es que estos datos se han currado a bordo mediante el escaneo con sonar multihaz, y no de modo indirecto interpretando los fondos en función de los desniveles de la superficie del mar que registran satélites como el ya histórico Geosat.

Y de biología marina

En cuanto a los aspectos biológicos, la finalidad de la campaña dirigida por el profesor Victoriano Urgorri, es la de contribuir a obtener una estimación real de biodiversidad de las especies que viven en los fondos batiales y abisales, y obtener datos fundamentales para mejorar el conocimiento de los grupos de fauna más representativos, así como su distribución en función de la naturaleza de los fondos, la profundidad y las condiciones físico-químicas dominantes.

En fin, que esto de las montañas submarinas del entorno del banco de Galicia es un tema muy interesante sobre el que volveré escribir, pues es una gran oportunidad poder participar en estas campañas, más o menos duras en el día a día, pero muy gratificantes para quién le guste de verdad el mar y lo que éste sigue escondiendo.

Nota final.- Una experiencia única, deep blue.

Acabamos de vivir una experiencia de película. Willy me comentó que podíamos visitar el local de quillas aprovechando las tareas de mantenimiento del barco. Es la parte más baja del barco y está hueca en su base, es decir, da directamente al mar. Tan sólo un suelo de rejilla separa mis pies del agua, y a veces ni eso, pues el nivel fluctúa y moja los pies. Lo que se ve es indescriptible con palabras, sobrenatural. La oscuridad del local se ve iluminada desde abajo, por la propia luz del sol que penetra en el mar, un mar transparente, oceánico. Un azul fuerte y casi fluorescente inunda la sala y nos recuerda a películas como Abyss o Deep Blue. Y abajo de mis pies, directamente y sin intermediarios, 5.000 metros de agua. Fascinante.


P.D.- A mediados de agosto, en mi pueblo, encontré a un viejo amigo y vecino de toda la vida que ahora trabaja navegando por el Atlántico, cruzando el charco cada dos por tres. Me dijo que solía leer este blog allá donde se encontrara, y me recriminó que escribía poco. Así que dedico este post, escrito desde el mar a quién también está en el mar, a Rufino, a ver si se anima y deja un comentario.

Google Ocean, sin fondo

Miércoles, Febrero 11th, 2009
YouTube Preview Image

Después del bombardeo informativo con el que los de Google nos asediaron hace unos días, actualicé Google Earth a la versión 5, que ciertamente incluye muchas novedades, destacando entre todas ellas la herramienta Google Ocean, algo así como el equivalente submarino de Google Earth. Aunque todavía no he tenido tiempo para sumergirme a fondo, la verdad es que me ha dejado gratamente impresionado.

Además del excelente resultado 3D y el muy aceptable renderizado de los escenarios, incorpora un lote de capas muy interesantes, a las que se irán añadiendo otras mejorando la aplicación, dotándola de utilidades prácticas que hoy en día ni imaginamos. En la versión actual ya se puede acceder a un montón de información: vídeos de National Geographic, BBC y Cousteau, naufragios, áreas marinas protegidas, censo de especies, rastreo de animales, estado de los océanos…

No tengo la menor duda de que Google Ocean fomentará no sólo la investigación, sino la afición al mar en un grado que no se recuerda desde que Cousteau llevó a nuestras casas su “Mundo Submarino”. Fuimos muchos los que, abducidos por sus documentales, decidimos probar suerte por este camino en lo profesional. Y ahora, a buen seguro que entre los más jóvenes navegantes virtuales de Google Ocean saldrán los futuros geólogos, biólogos, físicos, y químicos del mar. Serán éstos los que descubran los que falta por saber –casi todo-, y también serán ellos quienes, algún día, puedan sondear los fondos marinos y ofrecer un mapa real de las profundidades del océanos, en lugar de estimarlo virtualmente, como hace Google Ocean.

Y es que, a mi juicio, los de geomarketing de Google, por acción u omisión, han pasado de puntillas sobre un aspecto nada despreciable: informar que el fondo marino que nos muestran no es real sino simulado por ordenador, es decir, inventado. Por el contrario, el mensaje que se ha transmitido a través de los medios es que, con Google Ocean, “los internautas podrán localizar zonas por debajo de todos los mares y océanos y explorar su fondo en tres dimensiones”. Y esto, por el momento y en sentido estricto, no es cierto.

Sondeando la realidad

De modo esquemático para no aburrir demasiado, y por orden más o menos cronológico, voy repasar algunos aspectos:

  • Los mapas de Marie Tharp –partner de Google Ocean y publicados en National Geographic en 1967- eran muy bonitos y realistas (hechos con los datos de su marido y mentor Bruce Heezen y pintados por el artista Heinrich Berann), pero adolecían de algunos inconvenientes.
  • Primero, que en los citados mapas la dimensión vertical está ampliada hasta veinte veces, ya que de lo contrario el fondo oceánico se vería plano en su mayor parte. Evidentemente, esto supone una gran distorsión de la realidad.
  • Segundo, que aunque no se distorsionaran tampoco sería reales, ya que en su mayor parte el mapa de Tharp es inventado. Por ejemplo, el promedio de separación de las líneas de sondeo era de más de 200 km, lo que quiere decir que entre una y otra se inventaba todo. De este modo, cordilleras con montañas enormes situadas entre las líneas de sondeo pasarían desapercibidas, como así ocurrió.
  • En los años 80 el Geosat de la Armada norteamericana midió las diferencias de altura en la superficie de mar, por su interés militar para la defensa de los submarinos. Secundariamente, como estas variaciones están en parte causadas por la gravedad de la topografía submarina, permitió hacer un mapa submarino, de baja resolución y escasa fiabilidad, pero superior al de Tharp.
  • Tras varias mejoras, en 1997 se publicó un nuevo mapa basado en los datos del Geosat, pero filtrando anomalías de densidad de las rocas, lo que permitió descubrir enormes cordilleras que hasta entonces había pasado desapercibidas, como los montes Foundation en el Pacífico, de 1700 km de largo.
  • Pero con los satélites no se podía hacer mucho más. Para mejorar la resolución de los mapas debería buscarse algún sistema que pudiese penetrar en el agua: el sonido.
  • El sonar multihaz tiene su origen en la investigación espacial. Su aplicación, en los años 60, para el estudio submarino fue desarrollada por General Instruments. El buque, a medida que navegaba, barría un ancho de fondo equivalente a la profundidad a la que se hallaba el buque (3 o 4 kms de promedio).
  • En su versión militar registraba 61 puntos en el ancho de la banda, cuyos datos procesaban los precarios ordenadores de la época, pero que ya contaban con microchips y eran utilizables a bordo.
  • En los 80, la Armada de EEUU autorizó el uso de sonar multihaz para la ciencia, pero limitando su resolución a sólo 16 líneas en lugar de 61, el Sea Beam.
  • Poco después, por vía no militar, se desarrolló el Sonar de Barrido Lateral que, a diferencia del Sea Beam que sólo mide tiempo de eco, registra la intensidad con que éste regresa, lo que permitió hacer mapas submarinos casi fotográficos.
  • En la actualidad, con los SBL cada vez más eficaces y con mejores sistemas de posicionamiento global (GPS), diferentes países están cartografiando sus zonas económicas exclusivas (200 millas) a una resolución sorprendente considerando las dificultades inherentes al medio en el que se trabaja.
  • Se estima que para cartografiar por sonar todo el fondo marino se necesitarían entre 100 a 200 barcos equipados que trabajasen un año sin parar. Hoy en día apenas hay dos docenas de buques no militares, lo que llevaría no menos de diez años, y mucho dinero.
  • Numerosos científicos cuestionan la utilidad real del cartografiado por sonar de todo el fondo marino. Argumentan que es preferible conocer con detalle los fondos y perfiles tipo (lo que no ocupa más del 5%), mientras que para el estudio del 95% restante son suficientes los datos procedentes de sistemas menos costosos de tipo predictivo mixto satélite-sonar, pero menos resolución.
  • A día de hoy, sólo una pequeña parte de los fondos oceánicos han sido cartografiados por sonar.

Lo comentado no resta un ápice de credibilidad a la tremenda potencialidad de Google Ocean, si bien opino que los de Google incurren en un error al dar a entender poco menos que los misterios de los océanos han sido desvelados, nada más lejos de la realidad.

Me quedo con lo dicho por Stephen P. Miller, jefe del Geological Data Center en la Scripps Institution of Oceanography: “esperamos que uno de los resultados de Google Ocean sea que se comprenda lo mucho que falta por explorar. Aprendemos mucho más de la superficie de Marte en tan sólo unas semanas de exploración con radar en órbita de lo que sabemos del fondo del mar en dos siglos”.

Para saber más:

Google diving into 3D mapping of oceans

Ellis, Richard. “Deep Sea”.

Kunzig, Robert. 2000. “La exploración del mar”.

ojd