Bajo una presión de 500 atmósferas
Jueves, Noviembre 12th, 2009
Es un rito al que se apunta todo el mundo a bordo, científicos y tripulantes. No hay campaña oceanográfica en aguas profundas en la que, aprovechando uno de los muestreos, no se haga la experiencia del porespán. Consiste en hacer descender hasta el fondo vasos de poliestireno expandido, que previamente cada cual ha decorado a su gusto, con el fin de ver los efectos de la descomunal presión hidrostática a que la serán sometidos.
El resultado es impresionante y lo podéis ver en la foto que ilustra el post (corresponde a la campaña DIVA Artabria de este año en el B/O Sarmiento de Gamboa). A la izquierda, el vaso original, y a la derecha, otro vaso idéntico después de pintarlo y haber descendido más de 5.000 metros, atado a una roseta CTD, es decir, después de haber soportado una presión hidrostática superior a 500 veces la presión de la atmósfera terrestre.
Esto se debe a que el porespán contiene aire dentro de cada una de las perlitas que lo componen, y éste es completamente expulsado por efecto de la presión hidrostática, de modo que el vasito resultante es mucho más pequeño que el original. Hay incluso quién baja cabezas de maniquíes de porespán, pero nosotros no somos tan macabros.
En esas profundidades también el agua se comprime un poco debido al enorme peso de la propia columna de agua que soporta. Esta compresión provoca incluso un ligero aumento de la temperatura y, lo más importante desde el plano biológico, actúa sobre la disociación del bicarbonato, bajando ligeramente pH pero lo suficiente como para poder tener un impacto importante en la disolución de algunos carbonatos, alterando los sedimentos.
Este hecho, descrito hace ya varias décadas sin haberle dado mayor importancia, cobra ahora un gran interés debido el calentamiento global y la disminución en la capacidad de secuestro del exceso de dióxido de carbono atmosférico por parte de los océanos.
Presión hidrostática y vida en las profundidades
No es de extrañar que, dada la oscuridad perpetua, el frío, y las tremendas presiones de las profundidades oceánicas, durante muchos siglos se pensó que allá abajo no podía haber vida alguna. El propio Edward Forbes, pionero de la oceanografía en aguas profundas, llegó a la conclusión de que existía una “zona azoica” –sin vida- al ver que a medida que aumentaba la profundidad, la diversidad de especies menguaba (llegó a muestrear hasta unos meritorios 420 metros a mediados del S. XIX, en el HMS Beacon). Habría que esperar a la campaña del Porcupine, treinta años después, y a más de 4.000 metros, para que Charles W. Thomson sentenciara aquello de que “la vida se extiende hasta las mayores profundidades y está representada por todos los grupos de invertebrados marinos”.
Hoy nos parece un hecho normal que haya vida allá abajo, no sólo compuesta por invertebrados, sino también por vertebrados (peces) e infinidad de microorganismos. Sabemos además que los fondos marinos constituyen el último reto en la investigación de nuestro planeta, pero incluso en la actualidad apenas estamos empezando a conocer los efectos de la presión en la vida marina.
Los biólogos han establecido nítidas relaciones sobre como se ve afectada la fauna marina a causa de variaciones en factores externos como la temperatura, la salinidad y la luz. Sin embargo, queda muchísimo por saber acerca los efectos de la presión en la distribución de los organismos marinos.
Esto ha derivado en que a veces pervivan creencias incorrectas o incompletas, como la que sostiene que aquella fauna que carece de vejiga gaseosa –mal llamada natatoria-, podrá sin mayor problemas adaptarse a cualquier presión siempre que reproduzcamos los demás parámetros ambientales propios de su hábitat. Pero no es así. Consideremos que la presión influye en infinidad de reacciones metabólicas, en las que además casi siempre intervienen o se producen gases, y los organismos del Deepsea no están exentos del cumplimiento de las leyes universales de la física y la química.
Por nuestra parte, en nuestro trabajo cotidiano hemos podido ver que es posible adaptar a la vida en acuarios a especies que viven a grandes profundidades, reproduciendo un entorno similar al suyo excepto la presión, pero también hemos visto como otras especies no son capaces de tolerar variaciones de presión. A mi modo de ver, estaríamos ante especies con amplia tolerancia o euribáticas, y otras extremadamente sensibles a variaciones de presión, o estenobáticas, pero desde luego no por carecer de vejiga gaseosa ya se ven liberados de las consecuencias de la presión… sin duda, un tema muy interesante sobre el que algún día convendría volver.