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Una de pulpos que usan el coco

Martes, Diciembre 22nd, 2009

Roberto_Castellanos

Decía Stephen Jay Gould que un buen divulgador científico debe recurrir a las fuentes originales de la información. Pero a la vista de lo que solemos ver publicado en medios generalistas, parece que no se le hace mucho caso. Salvo en raras ocasiones la noticia que llega al ciudadano de a pié poco o nada tiene que ver con la habitual prudencia de la publicación científica original. Probablemente, las propias agencias de noticias ya distribuyen la información ligeramente retocada para ser más vendible, luego en las redacciones se les da otra vuelta y se discurren unos titulares tan atractivos como faltos a la verdad. Lo que finalmente llega al lector poco tiene que ver con la descripción original. Y para rematarla aparecen los divulgadores de serie B, que no dudan en subirse al carro del trabajo ajeno y sentar cátedra sin ruborizarse en calidad de googleexpertosentodo. Éstos, fieles a la ley del mínimo esfuerzo, se encomiendan a lo que encuentran por internet sin pararse a contrastar ni a cuestionar lo que leen, y mucho menos, a estudiar las investigaciones originales. El resultado es el de casi siempre. Los lectores o audiencia recibe información engañosa que no sólo no contribuye a mejorar la formación científica, sino que fomenta la confusión.

Estos días pasados se difundió en los medios de comunicación un curioso video en el cual un pulpo se desplazaba llevando consigo cáscaras de coco de una manera bastante peculiar. En cuanto se paraba se metía dentro de una de las cáscaras y, si tenía otra, la ponía encima con el fin de protegerse de una eventual amenaza.

Pero, de nuevo, la información que nos ha llegado a través de los medios dista mucho de lo que argumentan sus autores originales. Después de leer diferentes titulares y artículos que han proliferado estos días, uno se queda con la sensación poco menos de que los pulpos están aprendiendo a usar herramientas, y que cualquier día se rebelarán y se harán con el control del planeta. Hemos podido leer, literalmente, que estos cefalópodos son los únicos invertebrados que han logrado utilizar herramientas. Sin embargo, en ninguna parte del estudio original se dice que hayan aprendido nada y, por otra parte, el término “herramienta” en el mundo animal es todavía muy confuso y sujeto a debate, lo que también nos recuerdan los autores del estudio. Pero hay algunos aspectos que a mi modo de ver no están muy claros.

Cocos que no encajan

Lejos de ser expertos en el tema ni mucho menos, en nuestro trabajo cotidiano hemos hecho también algunas cosillas con los pulpos. En el año 2004 tuvimos la oportunidad de tener ejemplares de Amphioctopus marginatus, el pulpo venoso, procedentes de Bali creo recordar, para la exposición sobre cefalópodos que se hizo en el Aquarium Finisterrae. A esta especie también se le conoce como pulpos de los cocoteros precisamente por su costumbre de ocupar las cáscaras de coco que encuentran en su entorno. Lo cierto es que en el tiempo que estuvieron con nosotros nos les vimos habilidad alguna que no fuesen capaz de hacer sus primos galegos, los Octopus vulgaris, o los pulpos gigantes, los Enteroctopus dofleini que trajimos de Pacífico canadiense.

En cualquier caso, después de leer con detenimiento el artículo del pulpo y los cocos, y ver el vídeo, ante todo hay que felicitar a sus autores, especialmente porque estas difusiones a gran escala fomentan el interés general por el mundo marino y el respeto por quienes lo habitan. Y como me surgieron algunas dudas me puse en contacto con Julian Finn, quién cortesmente adjuntó el enlace a Current Biology, para que si os apetece leer el paper original, lo podéis descargar aquí.

Después de ver el vídeo en varias ocasiones, no puedo evitar que me venga a la cabeza la idea de que quizás se estén equivocando cuando dicen que el coco solo le resulta útil cuando el animal se para y se protege con él. En mi opinión, y puedo estar completamente equivocado, si el pulpo simplemente quisiera trasladar la cáscara de coco no tendría que recurrir a un método tan complicado como ponerlo bajo su cuerpo a la vez que queda totalmente expuesto a los depredadores. Es incómodo y además no ayudaría mucho, pues el ataque puede venir en cualquier momento, visto y no visto. Por ello, no me parece una explicación suficiente, sino un tanto forzada.

En base a nuestras observaciones relativas a como trasladan objetos los pulpos galegos, O. vulgaris, creo que podría resultar más eficaz que la cáscara la portaran algunos tentáculos, o incluso desplazarse bajo ella. Entiendo que podría ser más efectivo -y por tanto seleccionable evolutivamente- llevar la cáscara ya dada la vuelta sobre medio cuerpo a medida que se avanza. Se ganaría en protección durante la marcha y también en rapidez para meterse dentro y cubrirse con el coco. Y sin embargo, prefieren la complicarse la vida… Flin y sus colegas mantienen que el coco solo es útil cuando el pulpo se para, y que precisamente por este motivo, el coco es una herramienta, es decir, un elemento ajeno que llevan consigo para un uso futuro, según su propia definición de herramienta.

Y he aquí el quid de la cuestión, a mi modo de ver, claro. Numerosas especies de pulpos indonesios han desarrollado la habilidad de imitar a otros animales con el fin de confundir a sus depredadores. Esto lo saben muy bien los autores del estudio, pues creo recordar que uno de los coautores, Mark Norman, fue quién realizó la famosa filmación de los mimic octopus. Pues bien, al ver la secuencia del pulpo desplazándose con el coco se podrían apreciar grandes similitudes con el modo en el que un cangrejo de desplaza, tanto en el perfil que se observa como en la forma de caminar. No olvidemos que la agudeza visual de la mayor parte de los depredadores marinos, incluídos los propios cefalópodos, es considerablemente inferior que la nuestra, y estamos hablando de aguas someras, poco profundas. Quizás no estén imitando exactamente a un cangrejo, sino a cualquier otro crustáceo decápodo, o a lo que sea. Pero creo que éste es el motivo subyacente para haber recurrido a un método tan extravagante para desplazarse, a la vez que arriesgado, al poner ante los depredadores poco menos que un pulpo ya en su plato. Debe haber una razón para ello, y puede que sea esta: que está imitando a otro animal y gracias a ello sus probabilidades de supervivencia aumentan.

De ser así, el cuento cambia radicalmente. Ya no estaríamos hablando de herramientas, pues no llevan el coco para uso futuro, sino para uso permanente. Dejando al margen la espectacularidad de la estrategia, esto les equipararía en cierta medida con cualquier cangrejo ermitaño, con centollas, o con cualquier otra bichería que usa elementos ajenos a su cuerpo para protegerse o camuflarse, pues tiene el mismo fin último: aumentar las probabilidades de seguir vivo. En resumen, probablemente ya no sería noticia excepto por la originalidad del plan, no olvidemos que el gran titular (de prensa, no de la publicación original) fue que nos hallábamos ante “el primer invertebrado que usa herramientas”.

En fin, lo dicho no es más que una hipótesis, una idea que surge después de leer el artículo y que podría ser interesante verificar. Ni más, ni menos.

Instinto y aprendizaje

Por otra parte, el debate sobre si el coco es o no una herramienta me parece de bastante menor trascendencia que, por ejemplo, si se pudiera demostrar que el uso de los cocos, o de lo que sea, fuera aprendido y no instintivo. Es decir, que un individuo hiciese uso de esa habilidad después de haber visto a otro haciéndola. En diversas experiencias en laboratorio ya se ha conseguido que unos pulpos aprendan determinados comportamientos sin haberlos ensayado, sino simplemente viendo a otro especimen llevarlas a cabo.

Pero en este caso incluso los propios autores de la publicación reconocen esta limitación, señalando que este comportamiento es muy probablemente el fruto evolutivo del uso de conchas vacías de bivalvos durante mucho tiempo y sólo recientemente, de cocos, resultado de los descartes de las comunidades humanas costeras que tiran las cáscaras al mar. Y es que, si realmente aporta alguna ventaja -por mínima que sea- para la supervivencia, se reproducirán más los individuos que tengan estas pautas, de modo que las siguientes generaciones tenderán a favorecer este comportamiento extendiéndose en la población. Darwinismo en sentido estricto, y si antes no había tanto coco, pues probablemente la historia habría empezado con menos cocos, pero con otras valvas, cortezas, o lo que fuera que hallaran por su entorno.

Hablando de pulpos, y entendiendo la inteligencia como la capacidad de resolver problemas y el aprendizaje como la habilidad de cambiar la estrategia ante experiencias fallidas para luego retenerla en la memoria, no cabe duda que los pulpos son en gran medida inteligentes. Pero en este caso no parece que debamos hablar de inteligencia sino de comportamiento instintivo. Otra noticia más que se cae de los titulares de estos días, empecinada en relacionar el uso del coco -no metafórico- con la inteligencia.

Epílogo: Nuestro pulpo, el Octopus vulgaris.

Decidí no perder el tiempo debatiendo las sandeces que se han publicado en la prensa acerca este tema, pero sí quiero comentar, a modo de desagravio, que a lo largo de todos estos años compartiendo lugar de trabajo con pulpos galegos os puedo asegurar que nunca han dejado de sorprendernos.

Este año que ahora termina tuvimos la oportunidad de participar en la filmación de un documental francés en HD sobre la inteligencia de los pulpos, actualmente en postproducción. Cuando estábamos filmando, Jerome Julienne y John Jackson, co-directores, no daban crédito a las asombrosas habilidades de nuestros pulpitos, que de vulgaris no tienen nada. Y no me estoy refiriendo a dos legos en la materia, sino de cineastas con una larguísima trayectoria y que estuvieron un montón de años a las órdenes del mismísmo Jacques Cousteau en el Calypso. Lo que no habrá visto esta gente… y se quedaban atónitos con Pepiño, el George Clooney de los pulpos.

Durante el rodaje, en una ocasión hicimos pruebas de resistencia al agua de unos plásticos con vinilos de colores. En el tanque estaba Pepiño, que se apresuraba a coger el plástico, llevarlo hacia una esquina y colocarlo sobre su cabeza a modo de refugio. Si le molestábamos a posta, recogía el petate y se montaba la guarida en otra esquina, en plan tienda quechua, en segundos. Semanas después del rodaje, Pepiño nos dejó, DEP, pero quedan sus películas… Y un día de estos lo mismo le damos un coco a otro Pepiño. A ver la que lía.

Nota.- Por otra parte, una TV Online sueca ha realizado un vídeo mezclando secuencias del vídeo del pulpo y el coco, con otras de la BBC y también nuestras, que filmamos en el Aquarium Finisterrae. Si queréis verlo, pulsar aquí.

Foto que ilustra el post.- La hice durante la toma de la secuencia de camuflaje. Se ve a Alberto Castellanos apoyando a Roberto Rinaldi, rodando en la sala Nautilus del Aquarium Finisterrae. Roberto, uno de los mejores fotógrafos y cámaras submarinos del mundo, comenzó en el Calypso y hoy en día es freelance para las más prestigiosas publicaciones y empresas audiovisuales. Tiene entre su haber hitos como haber buceado bajo una capa de metro y medio de hielo en el lago Baikal, con una temperatura exterior de… ¡menos 50ºC! Por cierto, el del Baikal fue el ultimo documental encargado y firmado por el Comandante Cousteau antes de su muerte.

El coco.- Aquí podéis ver el video del pulpo venoso con su coco:

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Bajo una presión de 500 atmósferas

Jueves, Noviembre 12th, 2009

Vaso a 500 atmosferas

Es un rito al que se apunta todo el mundo a bordo, científicos y tripulantes. No hay campaña oceanográfica en aguas profundas en la que, aprovechando uno de los muestreos, no se haga la experiencia del porespán. Consiste en hacer descender hasta el fondo vasos de poliestireno expandido, que previamente cada cual ha decorado a su gusto, con el fin de ver los efectos de la descomunal presión hidrostática a que la serán sometidos.

El resultado es impresionante y lo podéis ver en la foto que ilustra el post (corresponde a la campaña DIVA Artabria de este año en el B/O Sarmiento de Gamboa). A la izquierda, el vaso original, y a la derecha, otro vaso idéntico después de pintarlo y haber descendido más de 5.000 metros, atado a una roseta CTD, es decir, después de haber soportado una presión hidrostática superior a 500 veces la presión de la atmósfera terrestre.

Esto se debe a que el porespán contiene aire dentro de cada una de las perlitas que lo componen, y éste es completamente expulsado por efecto de la presión hidrostática, de modo que el vasito resultante es mucho más pequeño que el original. Hay incluso quién baja cabezas de maniquíes de porespán, pero nosotros no somos tan macabros.

En esas profundidades también el agua se comprime un poco debido al enorme peso de la propia columna de agua que soporta. Esta compresión provoca incluso un ligero aumento de la temperatura y, lo más importante desde el plano biológico, actúa sobre la disociación del bicarbonato, bajando ligeramente pH pero lo suficiente como para poder tener un impacto importante en la disolución de algunos carbonatos, alterando los sedimentos.

Este hecho, descrito hace ya varias décadas sin haberle dado mayor importancia, cobra ahora un gran interés debido el calentamiento global y la disminución en la capacidad de secuestro del exceso de dióxido de carbono atmosférico por parte de los océanos.

Presión hidrostática y vida en las profundidades

No es de extrañar que, dada la oscuridad perpetua, el frío, y las tremendas presiones de las profundidades oceánicas, durante muchos siglos se pensó que allá abajo no podía haber vida alguna. El propio Edward Forbes, pionero de la oceanografía en aguas profundas, llegó a la conclusión de que existía una “zona azoica” –sin vida- al ver que a medida que aumentaba la profundidad, la diversidad de especies menguaba (llegó a muestrear hasta unos meritorios 420 metros a mediados del S. XIX, en el HMS Beacon). Habría que esperar a la campaña del Porcupine, treinta años después, y a más de 4.000 metros, para que Charles W. Thomson sentenciara aquello de que “la vida se extiende hasta las mayores profundidades y está representada por todos los grupos de invertebrados marinos”.

Hoy nos parece un hecho normal que haya vida allá abajo, no sólo compuesta por invertebrados, sino también por vertebrados (peces) e infinidad de microorganismos. Sabemos además que los fondos marinos constituyen el último reto en la investigación de nuestro planeta, pero incluso en la actualidad apenas estamos empezando a conocer los efectos de la presión en la vida marina.

Los biólogos han establecido nítidas relaciones sobre como se ve afectada la fauna marina a causa de variaciones en factores externos como la temperatura, la salinidad y la luz. Sin embargo, queda muchísimo por saber acerca los efectos de la presión en la distribución de los organismos marinos.

Esto ha derivado en que a veces pervivan creencias incorrectas o incompletas, como la que sostiene que aquella fauna que carece de vejiga gaseosa –mal llamada natatoria-, podrá sin mayor problemas adaptarse a cualquier presión siempre que reproduzcamos los demás parámetros ambientales propios de su hábitat. Pero no es así. Consideremos que la presión influye en infinidad de reacciones metabólicas, en las que además casi siempre intervienen o se producen gases, y los organismos del Deepsea no están exentos del cumplimiento de las leyes universales de la física y la química.

Por nuestra parte, en nuestro trabajo cotidiano hemos podido ver que es posible adaptar a la vida en acuarios a especies que viven a grandes profundidades, reproduciendo un entorno similar al suyo excepto la presión, pero también hemos visto como otras especies no son capaces de tolerar variaciones de presión. A mi modo de ver, estaríamos ante especies con amplia tolerancia o euribáticas, y otras extremadamente sensibles a variaciones de presión, o estenobáticas, pero desde luego no por carecer de vejiga gaseosa ya se ven liberados de las consecuencias de la presión… sin duda, un tema muy interesante sobre el que algún día convendría volver.

La verdad más creíble sobre la gripe A

Domingo, Octubre 25th, 2009
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Alguno se preguntará a cuento de qué en este blog, dedicado a historias del mar, publico este post sobre la gripe A. Y con menos motivo todavía cuando internet desborda información -y desinformación- sobre este turbio asunto. Básicamente se debe a que estoy, como tanta gente, harto de todo el alarmismo, del miedo que nos quieren meter, como si la ciudadanía no tuvieramos suficiente con los problemas cotidianos, como para que encima nos rompan la cabeza con chorradas.

Además, también está afectando a nuestra vida diaria, no el virus de la gripe A, sino el cuento de la gripe A. El pasado mes de septiembre, antes de  embarcar en la campaña oceanográfica descrita en el post anterior, tuvimos que rellenar la hoja de instrucciones para la asistencia sanitaria a bordo, lo cual es perfectamente lógico, considerando que a donde íbamos el barco estaría aislado incluso del alcance de los helicópteros de modo que la evacuación médica en caso de emergencia sería compleja. Aunque no se describía expresamente ningún protocolo relativo a la gripe A, ya por entonces estábamos incómodos, con la mosca detrás de la oreja por si salía algún protocolo imprevisto y la campaña se iba al traste, pues todos los días de todo el mes salían noticias alarmistas sobre la dichosa gripe A. En nuestros comentarios personales, como muchas otras personas, coincidíamos en que todo esto parecía apuntar más a una estrategia comercial de las grandes empresas farmaceuticas, carente de todo escrúpulo, pasando olímpicamente de los enormes daños humanos y económicos que están causando a la sociedad.

Ahora se acerca el momento de las vacunas, de nuevo el pánico, y lo bien que le viene a tanto mediocre para distraer la atención de los ciudadanos con problemas inconsistentes, ya que mientras tanto no protestan por los problemas reales: crisis, paro… Estos días, en el trabajo ya hemos recibido botes especiales de jabón, y en otros lugares públicos ya he visto movimientos semejantes. Total, nada nuevo, pues siempre supimos que el mejor modo de prevenir infecciones es mantener una higiene adecuada. Y para eso no necesitamos productos especiales que sólo sirven para enriquecer a quienes los venden y a la morralla que se queda con las comisiones por el camino.

Así que ahí dejo el enlace al primer video de la serie de seis que siguen en YouTube, donde Sor Teresa Forcades da la mejor charla que he visto sobre la gripe A. Merece la pena ver los seis videos, no tienen desperdicio. Y después, el que se quiera vacunar, que se vacune. Yo no me voy vacunar.

Nota.- Tampoco tiene desperdicio este otro documental de Julián Alterini:

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Desde lo más profundo del océano atlántico

Sábado, Octubre 10th, 2009

5221

Escribo este post desde un lugar muy particular, un barco. Me hacía cierta ilusión enviar un post vía satélite y de paso asombrarme con los avances de la tecnología. Aquí, donde estamos, en quince días apenas hemos visto pasar un par de barcos mercantes, iban tan lejos que parecían navegar sobre la línea del horizonte.

Pero eso no es lo que más me ha impresionado, sino la cantidad de agua que ahora mismo nos separa del fondo. Dicen que la catedral de Santiago mide 74 metros, pues si pusiéramos una catedral allá abajo, en la llanura abisal sobre la que estamos, y sobre ella otra catedral, y luego otra más, así hasta llegar a la superficie, necesitaríamos la friolera de 68 catedrales para conseguir que sus torres aflorasen a la superficie. Y si colocásemos el edificio más alto del mundo, la torre Dubai de 818 metros, necesitaríamos nada menos que siete torres para el mismo fin.

Para ser exactos, nos encontramos en el buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa, posición 43º33´73N 12º48´90 W, tomando muestras geológicas y biológicas del canal de la estación Octubre Rojo, al oeste del banco de Galicia, a unos 400 kilómetros de terra firma, y con ¡5.315 metros! de agua -ahora mismo- entre nosotros y el suelo oceánico. Nos hallamos, en definitiva, flotando sobre los fondos más profundos del océano atlántico, las llanuras abisales, sólo superados por las fosas oceánicas.

Aprendemos nociones de geología marina

Me cuenta el geólogo Luis Somoza -que además de ser mi pareja de maniobras es jefe científico de la delegación ante la ONU en Nueva York para la extensión de la plataforma continental marina española- que las muestras que recojamos pueden aportar información crucial de cara a la extensión de la zona económica exclusiva española hacia las 350 millas, desde las 200 actuales. La aparición de granitos sería un indicador fiable de que esas masas rocosas son en sí parte del bloque continental de Galicia, y no una extensión de la dorsal centroatlántica. En esto andan los geólogos de a bordo, Míchel, Luís y Anxo, de los que hemos aprendido un montón de geología marina estas semanas en alta mar. Merece una mención especial el cartografiado digital que tiene Luís y que nos ha asombrado a todos. En su ordenador podemos ver todos los recovecos del entorno del banco de Galicia en 3D como si hubiésemos vaciado de agua el océano. Ya le gustaría a los de Google disponer de estas resoluciones en su famosa aplicación Google Earth, pero es que estos datos se han currado a bordo mediante el escaneo con sonar multihaz, y no de modo indirecto interpretando los fondos en función de los desniveles de la superficie del mar que registran satélites como el ya histórico Geosat.

Y de biología marina

En cuanto a los aspectos biológicos, la finalidad de la campaña dirigida por el profesor Victoriano Urgorri, es la de contribuir a obtener una estimación real de biodiversidad de las especies que viven en los fondos batiales y abisales, y obtener datos fundamentales para mejorar el conocimiento de los grupos de fauna más representativos, así como su distribución en función de la naturaleza de los fondos, la profundidad y las condiciones físico-químicas dominantes.

En fin, que esto de las montañas submarinas del entorno del banco de Galicia es un tema muy interesante sobre el que volveré escribir, pues es una gran oportunidad poder participar en estas campañas, más o menos duras en el día a día, pero muy gratificantes para quién le guste de verdad el mar y lo que éste sigue escondiendo.

Nota final.- Una experiencia única, deep blue.

Acabamos de vivir una experiencia de película. Willy me comentó que podíamos visitar el local de quillas aprovechando las tareas de mantenimiento del barco. Es la parte más baja del barco y está hueca en su base, es decir, da directamente al mar. Tan sólo un suelo de rejilla separa mis pies del agua, y a veces ni eso, pues el nivel fluctúa y moja los pies. Lo que se ve es indescriptible con palabras, sobrenatural. La oscuridad del local se ve iluminada desde abajo, por la propia luz del sol que penetra en el mar, un mar transparente, oceánico. Un azul fuerte y casi fluorescente inunda la sala y nos recuerda a películas como Abyss o Deep Blue. Y abajo de mis pies, directamente y sin intermediarios, 5.000 metros de agua. Fascinante.


P.D.- A mediados de agosto, en mi pueblo, encontré a un viejo amigo y vecino de toda la vida que ahora trabaja navegando por el Atlántico, cruzando el charco cada dos por tres. Me dijo que solía leer este blog allá donde se encontrara, y me recriminó que escribía poco. Así que dedico este post, escrito desde el mar a quién también está en el mar, a Rufino, a ver si se anima y deja un comentario.

Merluza, primeros frutos

Viernes, Julio 17th, 2009

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Una vez me dijeron que las empresas no existen, que lo que existe son las personas que están detrás de ellas, las que las mueven. Detrás de toda sigla institucional están los nombres de quienes realmente impulsan los proyectos, que en la práctica no suelen ser todos los que aparecen tras un éxito, sino los que realmente están a las duras y a las maduras.

Estos días pudimos leer en la prensa la noticia de que científicos del Centro Oceanográfico de Vigo habían conseguido reproducir merluzas en cautividad. Para conocer los detalles biológicos y técnológicos de este interesantísima investigación habrá que esperar a la publicación de la experiencia en Aquaculture Research. Sin embargo, no es necesario aguardar hasta entonces para comprender que se ha dado otro importante paso en este campo aplicado de la investigación marina.

Aunque en esta primera puesta el número de huevos fertilizados fue pequeño, ha sido suficiente para que los investigadores hayan podido realizar un estudio del desarrollo embrionario para, con futuras puestas, intentar ir completando el conocimiento de la biología de esta especie, sus requerimientos, y evaluar la potencialidad de su cultivo, empresa harto complicada en la situación actual de la merluza, con importaciones masivas y bajos precios.

Por ello es una satisfacción saber que los esfuerzos de José Iglesias, Rosa Cal y Javier Sánchez, comienzan a dar sus frutos. Y me refiero a la merluza, ya que todos ellos llevan un montón de años investigando -y teniendo éxito- con otras especies, algunas consolidadas como el rodaballo, y otras  que se resisten más, como el pulpo.

Pero además la satisfacción cobra una dimensión especial ya que tuve la oportunidad, junto con Toño Domínguez, de participar en la campaña de captura de las merluzas en julio de 2007, en el entorno de la Cíes, a bordo del B/O Francisco de Paula Navarro, del IEO. A nosotros nos interesaba participar ya que podría representar una excelente oportunidad de conseguir varias merluzas para su exposición en el acuario, como así fue y, de hecho, actualmente el Aquarium Finisterrae es el único acuario europeo donde se pueden ver varias merluzas vivas. Antes habíamos tenido alguna, pero nunca varias durante tanto tiempo, pues ahora se cumplen dos años de su captura.

En principio, los investigadores requirieron nuestra colaboración porque parte de la campaña se iba realizar en Coruña y se podrían aprovechar las infraestructuras y personal del Aquarium Finisterrae. Finalmente, como las capturas en la boca de la ría de Vigo fueron superiores a las esperadas, el jefe de Campaña descartó subir a Coruña. Nuestro trabajo a bordo consistió esencialmente en el apoyo a la manipulación de los peces para su primera aclimatación. Además filmamos todo el proceso, si bien el material audiovisual todavía no ha sido divulgado en atención a los requerimientos de la dirección del IEO, si bien ahora, con la inminente publicación de resultados, puede que pronto podamos mostrarlo.

Como decía al principio, detrás de las siglas están las personas, y por ello tras este éxito de los investigadores principales, también me viene al recuerdo la grata compañía de otra gente de a bordo, como Miguel, Chus y Javier, la tripulación en general y el incombustible Córdoba. Toda una experiencia.

Foto: La tomé en el tanque de merluzas del Aquarium Finisterrae.


Google Ocean, sin fondo

Miércoles, Febrero 11th, 2009
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Después del bombardeo informativo con el que los de Google nos asediaron hace unos días, actualicé Google Earth a la versión 5, que ciertamente incluye muchas novedades, destacando entre todas ellas la herramienta Google Ocean, algo así como el equivalente submarino de Google Earth. Aunque todavía no he tenido tiempo para sumergirme a fondo, la verdad es que me ha dejado gratamente impresionado.

Además del excelente resultado 3D y el muy aceptable renderizado de los escenarios, incorpora un lote de capas muy interesantes, a las que se irán añadiendo otras mejorando la aplicación, dotándola de utilidades prácticas que hoy en día ni imaginamos. En la versión actual ya se puede acceder a un montón de información: vídeos de National Geographic, BBC y Cousteau, naufragios, áreas marinas protegidas, censo de especies, rastreo de animales, estado de los océanos…

No tengo la menor duda de que Google Ocean fomentará no sólo la investigación, sino la afición al mar en un grado que no se recuerda desde que Cousteau llevó a nuestras casas su “Mundo Submarino”. Fuimos muchos los que, abducidos por sus documentales, decidimos probar suerte por este camino en lo profesional. Y ahora, a buen seguro que entre los más jóvenes navegantes virtuales de Google Ocean saldrán los futuros geólogos, biólogos, físicos, y químicos del mar. Serán éstos los que descubran los que falta por saber –casi todo-, y también serán ellos quienes, algún día, puedan sondear los fondos marinos y ofrecer un mapa real de las profundidades del océanos, en lugar de estimarlo virtualmente, como hace Google Ocean.

Y es que, a mi juicio, los de geomarketing de Google, por acción u omisión, han pasado de puntillas sobre un aspecto nada despreciable: informar que el fondo marino que nos muestran no es real sino simulado por ordenador, es decir, inventado. Por el contrario, el mensaje que se ha transmitido a través de los medios es que, con Google Ocean, “los internautas podrán localizar zonas por debajo de todos los mares y océanos y explorar su fondo en tres dimensiones”. Y esto, por el momento y en sentido estricto, no es cierto.

Sondeando la realidad

De modo esquemático para no aburrir demasiado, y por orden más o menos cronológico, voy repasar algunos aspectos:

  • Los mapas de Marie Tharp –partner de Google Ocean y publicados en National Geographic en 1967- eran muy bonitos y realistas (hechos con los datos de su marido y mentor Bruce Heezen y pintados por el artista Heinrich Berann), pero adolecían de algunos inconvenientes.
  • Primero, que en los citados mapas la dimensión vertical está ampliada hasta veinte veces, ya que de lo contrario el fondo oceánico se vería plano en su mayor parte. Evidentemente, esto supone una gran distorsión de la realidad.
  • Segundo, que aunque no se distorsionaran tampoco sería reales, ya que en su mayor parte el mapa de Tharp es inventado. Por ejemplo, el promedio de separación de las líneas de sondeo era de más de 200 km, lo que quiere decir que entre una y otra se inventaba todo. De este modo, cordilleras con montañas enormes situadas entre las líneas de sondeo pasarían desapercibidas, como así ocurrió.
  • En los años 80 el Geosat de la Armada norteamericana midió las diferencias de altura en la superficie de mar, por su interés militar para la defensa de los submarinos. Secundariamente, como estas variaciones están en parte causadas por la gravedad de la topografía submarina, permitió hacer un mapa submarino, de baja resolución y escasa fiabilidad, pero superior al de Tharp.
  • Tras varias mejoras, en 1997 se publicó un nuevo mapa basado en los datos del Geosat, pero filtrando anomalías de densidad de las rocas, lo que permitió descubrir enormes cordilleras que hasta entonces había pasado desapercibidas, como los montes Foundation en el Pacífico, de 1700 km de largo.
  • Pero con los satélites no se podía hacer mucho más. Para mejorar la resolución de los mapas debería buscarse algún sistema que pudiese penetrar en el agua: el sonido.
  • El sonar multihaz tiene su origen en la investigación espacial. Su aplicación, en los años 60, para el estudio submarino fue desarrollada por General Instruments. El buque, a medida que navegaba, barría un ancho de fondo equivalente a la profundidad a la que se hallaba el buque (3 o 4 kms de promedio).
  • En su versión militar registraba 61 puntos en el ancho de la banda, cuyos datos procesaban los precarios ordenadores de la época, pero que ya contaban con microchips y eran utilizables a bordo.
  • En los 80, la Armada de EEUU autorizó el uso de sonar multihaz para la ciencia, pero limitando su resolución a sólo 16 líneas en lugar de 61, el Sea Beam.
  • Poco después, por vía no militar, se desarrolló el Sonar de Barrido Lateral que, a diferencia del Sea Beam que sólo mide tiempo de eco, registra la intensidad con que éste regresa, lo que permitió hacer mapas submarinos casi fotográficos.
  • En la actualidad, con los SBL cada vez más eficaces y con mejores sistemas de posicionamiento global (GPS), diferentes países están cartografiando sus zonas económicas exclusivas (200 millas) a una resolución sorprendente considerando las dificultades inherentes al medio en el que se trabaja.
  • Se estima que para cartografiar por sonar todo el fondo marino se necesitarían entre 100 a 200 barcos equipados que trabajasen un año sin parar. Hoy en día apenas hay dos docenas de buques no militares, lo que llevaría no menos de diez años, y mucho dinero.
  • Numerosos científicos cuestionan la utilidad real del cartografiado por sonar de todo el fondo marino. Argumentan que es preferible conocer con detalle los fondos y perfiles tipo (lo que no ocupa más del 5%), mientras que para el estudio del 95% restante son suficientes los datos procedentes de sistemas menos costosos de tipo predictivo mixto satélite-sonar, pero menos resolución.
  • A día de hoy, sólo una pequeña parte de los fondos oceánicos han sido cartografiados por sonar.

Lo comentado no resta un ápice de credibilidad a la tremenda potencialidad de Google Ocean, si bien opino que los de Google incurren en un error al dar a entender poco menos que los misterios de los océanos han sido desvelados, nada más lejos de la realidad.

Me quedo con lo dicho por Stephen P. Miller, jefe del Geological Data Center en la Scripps Institution of Oceanography: “esperamos que uno de los resultados de Google Ocean sea que se comprenda lo mucho que falta por explorar. Aprendemos mucho más de la superficie de Marte en tan sólo unas semanas de exploración con radar en órbita de lo que sabemos del fondo del mar en dos siglos”.

Para saber más:

Google diving into 3D mapping of oceans

Ellis, Richard. “Deep Sea”.

Kunzig, Robert. 2000. “La exploración del mar”.

TACs: Otro cuento de navidad

Sábado, Diciembre 20th, 2008
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Llegados a estas fechas, como todos los años y unos días antes de la lotería de navidad, tiene lugar otra lotería, la que asigna las cuotas de pesca para el año entrante a cada país de la Unión Europea. Como en todos los cuentos, la historia cambia según quién la narre.

Contado por la UE, suena muy bonito: El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) reúne información sobre el estado de las poblaciones, emitiendo dictámenes sobre el estado de los diferentes stocks y determinando la cantidad máxima de peces que se deberían pescar sin poner en peligro la reposición natural de las poblaciones. A su vez, la Comisión Europea también consulta a su propio Comité científico (CCTEP), negociando también con terceros países interesados en pescar en esos caladeros. Finalmente envían las propuestas al Consejo de Ministros de la UE, quienes, días antes de la Navidad, deciden cuanto se podrá pescar en el año entrante, determinando los totales admisibles de capturas (TACs), asignando las cuotas y las medidas complementarias, que luego cada país distribuirá entre las diferentes asociaciones y armadores. Y hasta aquí la versión oficial del cuento.

Cuando los peces voten

Desafortunadamente, la realidad es bastante más complicada. Ni las especies marinas viven unas separadas de otras, ni los barcos faenan en caladeros diferentes según su nacionalidad. Las especies, como no podía ser de otra forma, ocupan las mismas zonas, compiten por los recursos disponibles –espacio, alimento- y cualquier hueco que se genere en un nicho ecológico debido a la sobrepesca de una especie, puede ser ocupado de forma irreversible por otra, como de hecho sucede. Con los pesqueros sucede otro tanto, diferentes banderas con distintos intereses faenando en los mismos caladeros. Y esto dificulta que los a priori loables fines de las medidas de conservación de la UE tengan un final feliz.

Llevar a la práctica medidas concebidas desde la comodidad de las poltronas al día a día del sector pesquero no sólo no es sencillo, sino que la experiencia acumulada en todos estos años demuestra que el estado global de los stocks ha ido empeorando a un ritmo muy preocupante. Aún en aquellos casos puntuales en los que parece que han mejorado, no consta que haya sido gracias a los TACs, sino que los biólogos pesqueros suelen apuntar hacia otras medidas, tales como vedas espacio-temporales adecuadas, restricciones a determinadas artes destructivas, o gracias a la interacción compleja de factores hidrográficos y biológicos.

Los críticos a como ha venido funcionando el sistema basado en los TACs, basamos nuestros argumentos en que apenas se hace caso de las recomendaciones de los científicos. Una vez que las propuestas técnicas entran en el ámbito de lo político, éstos hacen lo que tienen que hacer: obedecer las directrices de sus partidos, y votar a favor o en contra de lo que les digan. Y las directrices de los partidos no parecen ser otras que las mirar por el voto… pero los peces no votan.

Celebran reuniones y larguísimos debates que luego nos venden como “duras negociaciones”, pero lo que en verdad se está negociando gira más en torno a la conveniencia política que a las propuestas científicas. Así, a menudo el resultado es que cualquier parecido entre las recomendaciones técnicas y las decisiones políticas sea pura casualidad.

Una vez repartidas las ya de por sí desajustadas cuotas entre las asociaciones del sector y armadores, éstos han de cumplir una serie de requisitos para facilitar el control de las descargas, de manera que las cuotas asignadas realmente se cumplan y no queden en papel mojado. Las preguntas son obvias: ¿existen los mecanismos necesarios para controlar las descargas? ¿Se están controlando de forma efectiva? ¿Son fiables las estadísticas de descargas respecto a las capturas reales? ¿Existe voluntad política real de controlar e inspeccionar cada país a “los suyos”?

Recuerdo que hace años me comentaban la historia de un pesquero cuyo cupo anual venía a ser el equivalente a una marea de catorce días y, sin embargo, se pasaba todo el año pescando. Cierto que este dato no dice gran cosa, ya que puede que sea la excepción… o puede que sea la norma.

Lo que dice Oceana

Hace unos días, la gente de Oceana nos recordaba que las decisiones de los Ministros de Pesca de la UE han fomentado que el 88% de los caladeros de pesca europeos estén sobreexplotados.

En el boletín informativo que circularon el 17 de diciembre dicen cosas como estas:

  • El agotamiento de peces en Europa y el incremento de la demanda obligan a importar más de 4 millones de toneladas de pescado al año.
  • Al menos 3 de cada 4 bacalaos que se consumen en la UE no proceden de las capturas de sus flotas, sino que son importados. Lo mismo ocurre para otras especies.
  • Por cada merluza procedente de aguas europeas se consumen 6 de importación.
  • Oceana ha reiterado durante años que este proceso, básico para garantizar la explotación sostenible de los recursos pesqueros, se ha caracterizado siempre por desarrollarse completamente al margen de las recomendaciones que los científicos del Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) efectúan cada año a petición de la UE.
  • Una de las principales causas por las que el 88% de los stocks pesqueros europeos están sobreexplotados.

Según Ricardo Aguilar, Director de investigación y proyectos de Oceana en Europa: “Es un círculo vicioso sin sentido. Para incrementar la rentabilidad del sector, aunque no queda apenas pescado, se le otorgan cuotas irresponsables que empeoran la situación de unos stocks ya sobreexplotados. El agotamiento de los caladeros no se refleja, puesto que la voracidad del mercado queda aplacada a través de las importaciones. En las manos del consejo de Ministros está romper el ciclo empezando por la base: respetar las recomendaciones científicas y acordar unos TACs y cuotas que garanticen la explotación sostenible de los stocks”.

P.D.- Podeis descargar un interesante documento técnico de Oceana sobre el tema en cuestión aquí.

Más medusas… y más incertidumbres

Martes, Diciembre 2nd, 2008

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A finales de septiembre, cuando nos tocaba turno de noche en la campaña DIVA Artabria II a bordo del Hespérides, asistíamos a un llamativo espectáculo de la naturaleza. Durante horas, hasta que la luz del amanecer ponía fin a las migraciones verticales nocturnas -esa procesión nictimeral diaria, cuyo fin último es comerse los unos a los otros-, desfilaba ante nuestros ojos una legión interminable de medusas. Contemplando aquella infinidad de individuos no resultaba difícil percatarse de que, tarde o temprano y aún hallándonos varias decenas de millas mar adentro, parte acabarían en la costa en cuanto las condiciones meteorológicas fueran propicias.

Y es que las arribazones de medusas no son un fenómeno nuevo. En todo caso, lo novedoso sería su cantidad. Como cabe suponer, las probabilidades de arribazones de medusas aumentan cuando las poblaciones en mar abierto están en su apogeo y siempre que soplen los vientos adecuados. También es lógico que cuando se dan otoños benignos, las poblaciones oceánicas perduren más, pudiendo acabar masivamente en la playas.

Por otra parte, conviene tener presente que la afluencia de personas a las playas en las estaciones frías no es la del verano, y menos todavía si consideramos que los vientos que traen las medusas -en Galicia, los de oeste y suroeste- están asociados al mal tiempo y tempestades. De ahí que numerosas arribazones “fuera de estación” suelen pasar desapercibidas.

Otro factor de corrección a considerar es que, hace años, cuando las medusas invadían una playa el evento dificilmente trascendía el ámbito local. Pero en estos tiempos de móviles con cámara fotogáfica y de internet, las noticias vuelan. Así, la foto tomada por un paseante madrugador puede estar a mediodía ilustrando las portadas digitales de diversos medios de comunicación y blogs.

Una vez que los periodistas profesionales han sido puestos sobre la pista, éstos –como profesionales que son- suelen hacer las consultas pertinentes a supuestos expertos. Y es aquí donde topamos con uno de los grandes problemas de la comunicación científica actual. En primer lugar, porque no es sencillo dar con las personas que realmente saben, y en segundo lugar, porque a menudo se suele acabar consultando a “expertos” a los que las ganas de figurar en los medios les puede más que las serias posibilidades que tienen de meter la pata. A menudo ocupan cargos relevantes en centros de cierto prestigio, como si ello sirviese de aval para ir por la vida sentando cátedra de lo que se tercie. Así, ya sea por irresponsabilidad, por vanidad, o por lo que sea, se aventuran a opinar sobre cualquier tema sobre el que, a la vista de lo que sueltan, parecen haberse documentado bastante menos que el propio periodista que, con buena voluntad pero mala puntería, les consulta.

Algunos ejemplos

Hace unos días uno de los preguntados fui yo, que no soy experto en nada y menos en medusas, circunstancia que me apresuré a aclarar al periodista, al que sí le di una opinión estrictamente personal sobre el asunto, que es la que ahora cuento, sobre todo, al estar un poco harto de lo que se pueder leer de algunos supuestos especialistas autoconvencidos del carácter indocto de las masas -a las que subestiman-, y de ello sacan provecho. Actúan con el convencimiento de que a la mayoría les cuelan sus letanías y, de hecho, les va bien. Pero después, al ver las diferentes noticias publicadas, uno –siendo profano- queda perplejo y se imagina la verguenza ajena que tendrán los verdaderos expertos.

Regresando al tema que nos ocupa, ilustraremos lo dicho con unos cuantos ejemplos reales, pero hay muchos más. Lo que sigue, escrito en cursiva, ha sido extraído literalmente de algunos artículos recientes, expresando –según el periodista de turno- las opiniones de científicos de organismos de investigación y de técnicos de centros de divulgación:

“(La presencia de medusas) se debe a que las condiciones climáticas de la costa están cambiando, ya que casi siempre que una especie oceánica llega a las costas es porque las aguas son más cálidas”.

  • No deberían meter a las medusas en el mismo saco que los peces meridionales. Las medusas no son capaces de navegar contracorriente. Por ello, no vienen a la costa porque el agua sea más cálida, sino que viajan en esa propia masa de agua.

“Que lleguen a las costas se debe a los fenómenos climáticos y meteorológicos, y al calentamiento global”.

“La presencia de medusas, aunque es típica de cada verano, “ha ido en aumento” en los últimos años, debido al cambio climático, que hace que “suba la temperatura del agua”.

“Pese a que las causas de este incremento están por confirmar, todo apunta a que tienen relación con el cambio climático”.

  • Según Ignacio Franco, experto en medusas del Instituto Español de Oceanografía, de momento nadie ha demostrado que el problema de las medusas tenga relación con el calentamiento global. Que el cambio climático sea un hecho no debería habilitar para culparlo alegremente de casi todo.

¿Túnidos que comen medusas?

“Hay que cambiar la filosofía de pezqueñines no, gracias por la de algún pez grande, tampoco, porque son los únicos que pueden depredarlas”.

Esta no tiene desperdicio: «están desapareciendo parte de sus depredadores naturales, como el pez luna, varios tipos de tiburones, las tortugas o mismo el atún».

  • Al respecto, podemos leer en la web del IEO: “Hemos tratado de localizar sin éxito alguna publicación científica que corrobore esta información. Creemos que los atunes no comen medusas. Por una parte hay que tener en cuenta que todas las especies que comen medusas (como las tortugas, el pez luna y otras especies de peces como Centrlophus niger y Schedophilus medusophagus) tienen un metabolismo muy lento (lógico ya que una medusa es 95 % agua y no puede aportar mucha energía). Por otro lado hemos hablado con algún buceador que trabaja en el cultivo de atunes y nos ha comentado que en ocasiones las medusas entran en las jaulas y los atunes no solo no se las comen sino que se alejan de ellas.”

Y es que, considerando el elevado gasto energético de los túnidos y de los escualos pelágicos, ¿los imaginan comiendo medusas? Por otra parte, la caída de las poblaciones de túnidos deberían generar el efecto contrario al permitir que sus presas -sardinas, anchoas…- proliferen. De este modo, cuantos más peces pelágicos haya, menos zooplancton, pececillos y pequeños crustáceos quedarán a disposición de las medusas, por lo que, en principio, lo razonable sería justo lo contrario de lo que dice el último artículo: cuanto menos atún, menos medusas.

Dejando ya al margen túnidos y escualos, dicen estos “expertos” que han disminuido las poblaciones de tortugas, peces luna… Vamos a ver: si ahora hay más medusas que hace veinte años, ¿acaso por entonces había muchos peces luna y tortugas que las devoraban? Hasta donde sé, la presencia de tortugas fue siempre esporádica (véase el registro de varamientos de la CEMMA en los 90), mientras que los peces luna, al igual que los peces ballesta y otros originalmente subtropicales, no sólo no han disminuido, sino que las evidencias basadas en capturas y en los comentarios que frecuentemente mantenemos con los pescadores parecen indicar que su presencia ha aumentado.

Más investigación

En Galicia, a día de hoy, no me consta que se haya realizado ningún estudio científico que haya demostrado que las poblaciones de medusas han aumentado, si bien empíricamente las frecuencias y cantidades de individuos en las arribazones parecen indicar que probablemente así sea.

Una vez demostrado, habría que investigar cómo y cuanto han variado los distintos factores que influyen en esta hipotética proliferación. Como hemos visto, la teoría de la desaparición de predadores, al menos en Galicia no parece consistente, menos aún lo del cambio climático, y probablemente tampoco será sencillo establecer vínculos con los contaminantes.

Sin embargo, si acotamos la escala temporal a los últimos treinta años, veremos que hay un factor que ha cambiado notablemente a peor: el estado de los stocks de peces pelágicos. Así, la sobrepesca se conformaría, a priori,  como la principal causa al haber reducido la competencia por el alimento, y de ahí que las medusas puedan haber proliferado.

En cualquier caso, todo lo dicho seguirá perteneciendo al ámbito de las hipótesis entretanto no se lleven a cabo estudios serios y rigurosos.

Foto: La tomé la semana pasada en el módulo de medusas de la sala Maremagnum del Aquarium Finisterrae.

As reservas mariñas en Galicia

Miércoles, Octubre 22nd, 2008

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Aínda que vou deixar para mellor ocasión o proxecto de Lei de Pesca de Galicia que se debatiu onte no Parlamento Galego, hai un aspecto concreto que, ao meu xuízo, merece ser comentado agora. No artigo 18 do borrador da nova Lei fálase de “reservas mariñas”, describindoas como “zonas de especial interese para a preservación e rexeneración dos recursos mariños e dos ecosistemas mariños que os sustentan”. Curiosamente xa o artigo 18 da Lei de Pesca anterior (Lei 6/93) trataba máis ou menos do mesmo: “nos bancos naturais poderán establecerse áreas vedadas de reserva”. Sen embargo, é xusto recoñecer unha diferencia substancial: nesta ocasión as ideas saen do papel á realidade.

Tampouco quero entrar -polo momento- a debatir a idoneidade de encher Galicia de reservas mariñas. Preferiría centrarme nunha cuestión concreta, e é que, tal como están concebidas, as reservas mariñas non semellan ser tales e, polo tanto, quizáis non deberían chamarse así.

Como en todo, os grises adoitan ser o camiño entre o branco e o negro. En calquer publicación seria de xestión dos recursos do mar atoparemos algún capítulo que trate sobre “áreas mariñas protexidas” e que fale acerca diferentes xeitos de establecer graos de protección. Aínda considerando que cada autor fai a súa interpretación persoal, non atopei nengún que defina como “reservas mariñas” aquelas zonas nas que se permite seguir pescando, por moito control que haxa (ver notas ao pé). Poden chamarlles zonas vedadas, areas experimentais de pesca, zonas suxeitas á investigación e supervisión científica, ou como queiran. Pero só deberían ser definidas como auténticas “reservas mariñas” aquelas nas que calquer tipo de explotación esté prohibido.

Por outra banda, non son alleo ao interesado compoñente político desta denominación, xa que todos coñecemos a simpatía da cidadanía -dos votos- por toda terminoloxía que teña reminiscencias de preocupación pola protección do mediambiente.

Neste mesmo sentido exprésase o controvertido pero prestixioso ecólogo Paul K. Dayton, do Scripps Institution of Oceanography de California. Na entrevista que lle fixeron para o Anuario 2006 de Mètode, expón o seu xeito de entender o concepto de “reservas mariñas”.

Dayton argumenta que, a pesar de que no mundo hai máis de 1.500 áreas mariñas protexidas, na meirande parte delas a pesca está permitida, sendo esta actividade a que está destruíndo estas zonas, máis que a contaminación ou calquer outra causa. Dí que “si quero que o meu neto chegue a ver algo de natureza, preciso apartar unha fracción do mar e protexela. Isto sería unha reserva onde non se poida pescar (no-take reserve), e que non fai nengún tipo de promesas aos pescadores. A controversia xurde cando moitos dos meus colegas prometen que os seus parques naturais melloran as capturas dos pescadores. Entón, estás utilizando as reservas como unha ferramenta de xestión pesqueira”.

Reservas mariñas vs. Áreas mariñas protexidas

Volvamos a aquí e agora. En Galicia hai un grupo de expertos que leva anos traballando no eido das áreas mariñas protexidas. Na web deste grupo de Recursos Mariños e Pesqueirías da Universidade da Coruña podemos atopar moita información e moi interesante, como é o caso da conferencia que Juan Freire impartíu sobre áreas mariñas protexidas. Na exposición, coloca no cumio dos niveis de protección que establece ao que denomina “reservas integrais”, e baixo ésta, ás “áreas mariñas protexidas”. Cando describe as características das reservas mariñas (integrais), coincide plenamente co que dí Dayton -e que ao meu xeito de ver é correcto-: son zonas onde está prohibida todo tipo de pesca e de calquer tipo de explotación mineral e áridos.

Sen embargo, na mesma exposición pero un pouco máis adiante, pode que se estén a confundir de novo os termos, ou ben que se entendan diferentes niveis de reservas mariñas (abertas á pesca ou pechadas). Entón xa non deberíamos estar a falar de “reservas mariñas” sensu strictu, senón de “áreas mariñas protexidas” coa fin de mellorar a xestión pesqueira. O resto da presentación segue enfocada neste meritorio sentido, é dicir, en como optimizar a explotación de determinados espacios mariños.

Definir nunca é doado, pero neste caso non semella complicado. As zonas sometidas a unha regulación específica poderían chamarse perfectamente “areas mariñas protexidas” ou como queiran, pero estou convencido de que non é bo que se malgaste o uso da denominación “reserva mariña”. En primeiro lugar, porque as que hai non o son, e segundo, porque algún día pode haber auténticas reservas mariñas, e entón precisaremos que esta definición esté virxe e libre de equívocos.

Nota 1.- Na búsca feita en literatura técnica en lingua inglesa as zonas mariñas protexidas denomínanse igual -marine protected areas, MPAs-, mentres que o equivalente ás reservas mariñas (integrais) adoitan chamarlles preservation zones, cando nin sequera o acceso está permitido, ou ben wilderness zones cando pódese acceder pero non se autoriza nengún tipo de explotación.

Nota 2.- As propias Reais Academias da Lingua, Castelán e Galega, avalan esta postura. RAE: Reserva: 1. f. Guarda o custodia que se hace de algo, o prevención de ello para que sirva a su tiempo. Sinónimo: “Parque Nacional”: 1. m. Paraje extenso y agreste que el Estado acota para que en él se conserve la fauna y la flora y para evitar que las bellezas naturales se desfiguren con aprovechamientos utilitarios. RAG: (Reserva: 2. Aquilo que se ten gardado ou almacenado para máis adiante, ou para un caso de necesidade. 4. Territorio destinado á protección de especies animais e vexetais. Unha reserva zoolóxica.)

P.D.- Un apunte final: Do mesmo xeito que Dayton, non creo que a xestión tradicional das pesqueirías fracasara. Pode e debe convivir con outras ferramentas como as propias MPAs. Non son excluíntes senón complementarias cun mesmo fin, racionalizar e equilibrar no posible a explotación do mar coa súa conservación, primando sempre esta última. Pode que o que fallara na xestión tradicional fora que este método precisa gobernos fortes e consensos sólidos entre os partidos que garantan o mantenemento de políticas pesqueiras a longo prazo, alleas ao vaivén electoral de cada poucos anos.

Maniobras en la oscuridad

Sábado, Septiembre 13th, 2008

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Desde los primeros textos de nuestros años escolares, pasando por las intensas narraciones de Rodriguez de la Fuente o las pioneras filmaciones de Cousteau, hasta llegar a los modernos documentales que nos acercan el Serengeti, o nos cuentan las penurias que pasa el pingüino juanito para librarse de las focas leopardo, siempre nos han dicho lo mismo.

Que sobrevive quién más corre, triunfa el más fuerte. Que el pez grande se come al chico. Que en primavera nacen las flores y prolifera el plancton, provocando que el ciclo de la vida arranque y lo inunde todo.

Pero hay un lugar donde las cosas funcionan de otro modo. No sobrevive el más rápido, ni el más fuerte, sino el que menos gasta. No hay verano ni invierno, porque no hay luz y la temperatura es siempre la misma, muy fría, de unos pocos grados sobre cero. La presión es de varios cientos de veces superior a la superficie, y los espacios son inmensos, casi infinitos.

Allá abajo, encontrar pareja es tan difícil que la bichería recurre a las argucias más inverosímiles, como emitir luces a ver si así, pero alumbrando lo justo y de forma “codificada”, para evitar ser descubiertos comidos por otros. Hallar comida es también muy complicado. Así que, cuando se pone a tiro algo no se puede despreciar, aunque sea de mayor tamaño que uno mismo, y para ello algunos tienen bocas tan descomunales que se podría decir que son todo boca. Y muchísimas curiosidades más…

En contra de lo que pudieran imaginar, no es un lugar pequeño, ni siquiera remoto. Es el mayor ecosistema de la Tierra y empieza aquí, al ladito, a un centenar de kilómetros mar adentro. Todavía hoy, en plena era de internet y de viajes a Marte, apenas sabemos nada de lo que hay por allá abajo. Merece la pena echar un vistazo.

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