
Decía Stephen Jay Gould que un buen divulgador científico debe recurrir a las fuentes originales de la información. Pero a la vista de lo que solemos ver publicado en medios generalistas, parece que no se le hace mucho caso. Salvo en raras ocasiones la noticia que llega al ciudadano de a pié poco o nada tiene que ver con la habitual prudencia de la publicación científica original. Probablemente, las propias agencias de noticias ya distribuyen la información ligeramente retocada para ser más vendible, luego en las redacciones se les da otra vuelta y se discurren unos titulares tan atractivos como faltos a la verdad. Lo que finalmente llega al lector poco tiene que ver con la descripción original. Y para rematarla aparecen los divulgadores de serie B, que no dudan en subirse al carro del trabajo ajeno y sentar cátedra sin ruborizarse en calidad de googleexpertosentodo. Éstos, fieles a la ley del mínimo esfuerzo, se encomiendan a lo que encuentran por internet sin pararse a contrastar ni a cuestionar lo que leen, y mucho menos, a estudiar las investigaciones originales. El resultado es el de casi siempre. Los lectores o audiencia recibe información engañosa que no sólo no contribuye a mejorar la formación científica, sino que fomenta la confusión.
Estos días pasados se difundió en los medios de comunicación un curioso video en el cual un pulpo se desplazaba llevando consigo cáscaras de coco de una manera bastante peculiar. En cuanto se paraba se metía dentro de una de las cáscaras y, si tenía otra, la ponía encima con el fin de protegerse de una eventual amenaza.
Pero, de nuevo, la información que nos ha llegado a través de los medios dista mucho de lo que argumentan sus autores originales. Después de leer diferentes titulares y artículos que han proliferado estos días, uno se queda con la sensación poco menos de que los pulpos están aprendiendo a usar herramientas, y que cualquier día se rebelarán y se harán con el control del planeta. Hemos podido leer, literalmente, que estos cefalópodos son los únicos invertebrados que han logrado utilizar herramientas. Sin embargo, en ninguna parte del estudio original se dice que hayan aprendido nada y, por otra parte, el término “herramienta” en el mundo animal es todavía muy confuso y sujeto a debate, lo que también nos recuerdan los autores del estudio. Pero hay algunos aspectos que a mi modo de ver no están muy claros.
Cocos que no encajan
Lejos de ser expertos en el tema ni mucho menos, en nuestro trabajo cotidiano hemos hecho también algunas cosillas con los pulpos. En el año 2004 tuvimos la oportunidad de tener ejemplares de Amphioctopus marginatus, el pulpo venoso, procedentes de Bali creo recordar, para la exposición sobre cefalópodos que se hizo en el Aquarium Finisterrae. A esta especie también se le conoce como pulpos de los cocoteros precisamente por su costumbre de ocupar las cáscaras de coco que encuentran en su entorno. Lo cierto es que en el tiempo que estuvieron con nosotros nos les vimos habilidad alguna que no fuesen capaz de hacer sus primos galegos, los Octopus vulgaris, o los pulpos gigantes, los Enteroctopus dofleini que trajimos de Pacífico canadiense.
En cualquier caso, después de leer con detenimiento el artículo del pulpo y los cocos, y ver el vídeo, ante todo hay que felicitar a sus autores, especialmente porque estas difusiones a gran escala fomentan el interés general por el mundo marino y el respeto por quienes lo habitan. Y como me surgieron algunas dudas me puse en contacto con Julian Finn, quién cortesmente adjuntó el enlace a Current Biology, para que si os apetece leer el paper original, lo podéis descargar aquí.
Después de ver el vídeo en varias ocasiones, no puedo evitar que me venga a la cabeza la idea de que quizás se estén equivocando cuando dicen que el coco solo le resulta útil cuando el animal se para y se protege con él. En mi opinión, y puedo estar completamente equivocado, si el pulpo simplemente quisiera trasladar la cáscara de coco no tendría que recurrir a un método tan complicado como ponerlo bajo su cuerpo a la vez que queda totalmente expuesto a los depredadores. Es incómodo y además no ayudaría mucho, pues el ataque puede venir en cualquier momento, visto y no visto. Por ello, no me parece una explicación suficiente, sino un tanto forzada.
En base a nuestras observaciones relativas a como trasladan objetos los pulpos galegos, O. vulgaris, creo que podría resultar más eficaz que la cáscara la portaran algunos tentáculos, o incluso desplazarse bajo ella. Entiendo que podría ser más efectivo -y por tanto seleccionable evolutivamente- llevar la cáscara ya dada la vuelta sobre medio cuerpo a medida que se avanza. Se ganaría en protección durante la marcha y también en rapidez para meterse dentro y cubrirse con el coco. Y sin embargo, prefieren la complicarse la vida… Flin y sus colegas mantienen que el coco solo es útil cuando el pulpo se para, y que precisamente por este motivo, el coco es una herramienta, es decir, un elemento ajeno que llevan consigo para un uso futuro, según su propia definición de herramienta.
Y he aquí el quid de la cuestión, a mi modo de ver, claro. Numerosas especies de pulpos indonesios han desarrollado la habilidad de imitar a otros animales con el fin de confundir a sus depredadores. Esto lo saben muy bien los autores del estudio, pues creo recordar que uno de los coautores, Mark Norman, fue quién realizó la famosa filmación de los mimic octopus. Pues bien, al ver la secuencia del pulpo desplazándose con el coco se podrían apreciar grandes similitudes con el modo en el que un cangrejo de desplaza, tanto en el perfil que se observa como en la forma de caminar. No olvidemos que la agudeza visual de la mayor parte de los depredadores marinos, incluídos los propios cefalópodos, es considerablemente inferior que la nuestra, y estamos hablando de aguas someras, poco profundas. Quizás no estén imitando exactamente a un cangrejo, sino a cualquier otro crustáceo decápodo, o a lo que sea. Pero creo que éste es el motivo subyacente para haber recurrido a un método tan extravagante para desplazarse, a la vez que arriesgado, al poner ante los depredadores poco menos que un pulpo ya en su plato. Debe haber una razón para ello, y puede que sea esta: que está imitando a otro animal y gracias a ello sus probabilidades de supervivencia aumentan.
De ser así, el cuento cambia radicalmente. Ya no estaríamos hablando de herramientas, pues no llevan el coco para uso futuro, sino para uso permanente. Dejando al margen la espectacularidad de la estrategia, esto les equipararía en cierta medida con cualquier cangrejo ermitaño, con centollas, o con cualquier otra bichería que usa elementos ajenos a su cuerpo para protegerse o camuflarse, pues tiene el mismo fin último: aumentar las probabilidades de seguir vivo. En resumen, probablemente ya no sería noticia excepto por la originalidad del plan, no olvidemos que el gran titular (de prensa, no de la publicación original) fue que nos hallábamos ante “el primer invertebrado que usa herramientas”.
En fin, lo dicho no es más que una hipótesis, una idea que surge después de leer el artículo y que podría ser interesante verificar. Ni más, ni menos.
Instinto y aprendizaje
Por otra parte, el debate sobre si el coco es o no una herramienta me parece de bastante menor trascendencia que, por ejemplo, si se pudiera demostrar que el uso de los cocos, o de lo que sea, fuera aprendido y no instintivo. Es decir, que un individuo hiciese uso de esa habilidad después de haber visto a otro haciéndola. En diversas experiencias en laboratorio ya se ha conseguido que unos pulpos aprendan determinados comportamientos sin haberlos ensayado, sino simplemente viendo a otro especimen llevarlas a cabo.
Pero en este caso incluso los propios autores de la publicación reconocen esta limitación, señalando que este comportamiento es muy probablemente el fruto evolutivo del uso de conchas vacías de bivalvos durante mucho tiempo y sólo recientemente, de cocos, resultado de los descartes de las comunidades humanas costeras que tiran las cáscaras al mar. Y es que, si realmente aporta alguna ventaja -por mínima que sea- para la supervivencia, se reproducirán más los individuos que tengan estas pautas, de modo que las siguientes generaciones tenderán a favorecer este comportamiento extendiéndose en la población. Darwinismo en sentido estricto, y si antes no había tanto coco, pues probablemente la historia habría empezado con menos cocos, pero con otras valvas, cortezas, o lo que fuera que hallaran por su entorno.
Hablando de pulpos, y entendiendo la inteligencia como la capacidad de resolver problemas y el aprendizaje como la habilidad de cambiar la estrategia ante experiencias fallidas para luego retenerla en la memoria, no cabe duda que los pulpos son en gran medida inteligentes. Pero en este caso no parece que debamos hablar de inteligencia sino de comportamiento instintivo. Otra noticia más que se cae de los titulares de estos días, empecinada en relacionar el uso del coco -no metafórico- con la inteligencia.
Epílogo: Nuestro pulpo, el Octopus vulgaris.
Decidí no perder el tiempo debatiendo las sandeces que se han publicado en la prensa acerca este tema, pero sí quiero comentar, a modo de desagravio, que a lo largo de todos estos años compartiendo lugar de trabajo con pulpos galegos os puedo asegurar que nunca han dejado de sorprendernos.
Este año que ahora termina tuvimos la oportunidad de participar en la filmación de un documental francés en HD sobre la inteligencia de los pulpos, actualmente en postproducción. Cuando estábamos filmando, Jerome Julienne y John Jackson, co-directores, no daban crédito a las asombrosas habilidades de nuestros pulpitos, que de vulgaris no tienen nada. Y no me estoy refiriendo a dos legos en la materia, sino de cineastas con una larguísima trayectoria y que estuvieron un montón de años a las órdenes del mismísmo Jacques Cousteau en el Calypso. Lo que no habrá visto esta gente… y se quedaban atónitos con Pepiño, el George Clooney de los pulpos.
Durante el rodaje, en una ocasión hicimos pruebas de resistencia al agua de unos plásticos con vinilos de colores. En el tanque estaba Pepiño, que se apresuraba a coger el plástico, llevarlo hacia una esquina y colocarlo sobre su cabeza a modo de refugio. Si le molestábamos a posta, recogía el petate y se montaba la guarida en otra esquina, en plan tienda quechua, en segundos. Semanas después del rodaje, Pepiño nos dejó, DEP, pero quedan sus películas… Y un día de estos lo mismo le damos un coco a otro Pepiño. A ver la que lía.
Nota.- Por otra parte, una TV Online sueca ha realizado un vídeo mezclando secuencias del vídeo del pulpo y el coco, con otras de la BBC y también nuestras, que filmamos en el Aquarium Finisterrae. Si queréis verlo, pulsar aquí.
Foto que ilustra el post.- La hice durante la toma de la secuencia de camuflaje. Se ve a Alberto Castellanos apoyando a Roberto Rinaldi, rodando en la sala Nautilus del Aquarium Finisterrae. Roberto, uno de los mejores fotógrafos y cámaras submarinos del mundo, comenzó en el Calypso y hoy en día es freelance para las más prestigiosas publicaciones y empresas audiovisuales. Tiene entre su haber hitos como haber buceado bajo una capa de metro y medio de hielo en el lago Baikal, con una temperatura exterior de… ¡menos 50ºC! Por cierto, el del Baikal fue el ultimo documental encargado y firmado por el Comandante Cousteau antes de su muerte.
El coco.- Aquí podéis ver el video del pulpo venoso con su coco: