Una cuestión de caché televisivo: el toro Ratón
Sin duda, uno de los protagonistas de este verano que decae bajo pactos constitucionales de dudosa estética, es el toro Ratón, famoso por sus cornadas mortales que abren telediarios. Originario de la ganadería de Gregorio de Jesús, Ratón saltó de nuevo a la palestra el pasado día 13 de agosto tras haber pinchado mortalmente a un joven de 29 de años en un concurso de recortadores en Xátiva. Con esta, el morlaco lleva dos muescas en su particular garrota, tras haberse llevado por delante en Sagunto a otro hombre de 54 años en el 2006. Si lo quieren ver, aquí se lo dejo.
Hasta aquí todo normal. En la piel de toro nos gusta la sangre y la arena, no serviría de nada negarlo. Pero la repercusión mediática de Ratón no es consecuencia de la jerarquización de las noticias sino que es una cuestión de audiencia. El share del informativo sube como la espuma cuando abres con un titular morboso, en busca de que los televidente mantengan sus posaderas pegoteadas al sofá. Nadie en su sano juicio se perdería algo tan estremecedor y anestésico como ver a un pobre desgraciado sucumbir bajo la pureza de la casta ratonera. Pan y circo, que hay mucho paro.
No me malinterpreten. No estoy hablando ni cuestionando la Fiesta Nacional, eso es otro tema. Demasiada polémica llevamos ya este año con los toros de marras. El fondo del asunto es otro.¿Es ético poner a ratón a pleno pulmón haciendo de las suyas en las fiestas patronales de turno y no lo es que salga, por ejemplo, un pitillo en pantalla?. Eso hay que pixelizarlo amigos, que hiere sensibilidades y va en contra de la salud pública. Mejor espantemos a los pequeños de la familia con la sangre de un paisano, para que se vayan acostumbrando.
Probablemente lleve más tiempo de televisión Ratón que los niños que se mueren de hambre, prácticamente abandonados a su suerte en el cuerno de África. Aunque ellos, por lógica, deberían tener mayor presencia. Seguro que mientras leen esto, o bien deciden pasarlo por alto, algún pequeño ha fallecido rodeado de moscas. Quizás el hijo del toro Caracol y de una vaca primeriza, a más señas llamada Fusilera, no sea más que otra muestra del esperpento en el que vivimos. De suerte que el caché del animalito por actuación ronda los 10.00 euros, cuando lo habitual son cifras muy inferiores. En la ganadería están encantados –claro– y tildan a Ratón de ser el toro más famoso de todos los tiempos de «listo, rápido y muy certero». A las muertes de esos dos hombres que, de todas maneras, acudieron libremente a sus finales, las denominan accidentes. Por su parte, los concejales de fiestas ajustan el presupuesto muncicipal para no quedarse sin la estrella del verano porque la crisis aprieta, pero no ahoga.
Y así nos va. Los periodistas adolecemos en ocasiones de falta de rigor e hincamos la rodilla a las audiencias. Está bien informar de estas cosas, aunque sin regodearse en las cogidas. Pero, ¿qué sería de la información taurina sin esos vídeos espeluznantes? Seguramente no le prestaríamos atención.
General, Televisión



















