La misión era salvar un festival venido a menos, introducir un soplo de aire fresco y democratizar al máximo el sistema de elección y esta vez con un medio tan potente como la red social de myspace.
Desde el primer momento a través de internet los aspirantes eurovisivos se lanzaron sin miedo a colgar sus interpretaciones más frikis o surrealistas, algunas con más acierto que otras pero siempre con mucho sentido del humor.
Desde hace algunos años Eurovisión ha introducido un tono gamberro, más allá de las grandes voces, con puestas en escena dalinianas o personajes grotescos que consiguieron captar muchas miradas y en ocasiones bastantes puntos.
Salido del programa de Buenafuente y con una gran campaña de promoción por su parte , Rodolfo Chikilicuatre se introdujo poco a poco en el círculo eurovisivo y sin saber muy bien cómo, su controvertido baile del chiki chiki, pasó a encabezar la lista del los cinco finalistas elegidos a través de myspace que llegaron a la final de “Salvemos Eurovisión” este sábado, junto los otros cinco escogidos por un jurado de expertos de televisión española.
Por primera vez el espectador medio pudo ver en el escenario una selección llena de diversidad, desde ritmos hiphoperos (Marzok Mangui) a electropop indie (Lorena C. o La Casa Azul) además de los aires pop propiamente eurovisivos (Coral o Innata).
La posibilidad de que una canción tan extravagente como el chiki chiki cantada por un rockero con guitarra de juguete y tupé falso se colase entre las más votadas y llegase a representar a España en Eurovisión era una opción algo disparatada que sin embargo resonaba profundamente en las cabezas de todos.
Y se hizo realidad, el sábado, Rodolfo Chikilicuatre se impuso a la “ganadora moral” para algunos, Coral con su coreografía bizarra. El público lo ha decidido, no ha ganado el sentido crítico de un jurado impasible, simplemente la elección popular que hartos de sentido común, de rancios ritmos latinos y encorsetadas canciones festivaleras que nunca consiguen los ansiados “twelve points” han optado por aparcar el sentido común y dejarse llevar por el aire de locura, diversión y espectáculo que al fin y al cabo es lo que define Eurovisión. Si Irlanda concurre con un pavo de gomaespuma o Bosnia con una granja de pollos, Rodolfo Chikilicuatre parece una opción de lo más moderada.
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