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En el camino

Martes, octubre 25th, 2011

Tal día como hoy, hace dos años, corrí mi primer maratón. El único realmente, pero insisto en lo de “primero” porque sé que habrá un “segundo”. Mi estado físico actual, voy a ser sincera, está a años luz del que logré tras meses de entrenamiento para correr aquellos 42 km y 195 metros. Si intentase correrlo hoy sería una misión imposible. Pero volveré a lograrlo, no sé cuándo, pero lo haré. Lo sé.

Hace unos días leí un reportaje de John Carlin a propósito de su nuevo libro sobre Rafa Nadal. Citaba el siguiente artículo de otro periodista, Juanma Trueba, acerca del tenista, de lo que sentía al verle jugar, de lo que le hacía sentir. Casi lloro de emoción cuando terminé de leerlo:

“Me gustaría compartir un sentimiento que me asalta cada vez que asisto a un gran partido de Nadal. Llegado el momento y al rato de iniciarse el juego, casi siempre pienso que el otro es mejor, que sus golpes son más largos y mortíferos, que su revés hace más daño y que su servicio no digamos… En cada caso percibo que Nadal tiene, además de un partido por jugar, un problema por resolver. Como si antes de derrotar al adversario tuviera que vencer su propia debilidad (el saque, la volea, los dolores crónicos…). El resultado es que cada partido de Nadal incluye, a mi modo de ver, un ejercicio de superación. Sus encuentros no están planteados desde la superioridad técnica (como hace Federer), sino desde el asalto salvaje, desde la inferioridad rebelde. De ahí que la épica sea consustancial a sus victorias, porque en esta historia David siempre mata a Goliat. Al margen de la victoria, el placer es observar cómo Nadal tuerce, en cada torneo, el destino que parecía contrario. Hay una lección moral en eso, un mensaje que cala rápido y que le distingue de otros tenistas, de otras personas. No dar una bola por perdida es un buen consejo para transitar por la vida. Sospecho que por eso nos gusta tanto Nadal. Porque en cada partido nos recuerda el camino”.
(El País Semanal, 16-10-2012)
 
PD: ¿No creéis que cualquiera, a su nivel, salvando las distancias, a veces siderales, puede ser un Nadal en lo suyo? En espíritu, en entrega, en pasión, en esa inferioridad rebelde. Rotundamente sí. Yo tampoco doy ninguna bola por perdida. Aunque vaya perdiendo. Aunque al final pierda.

Maratón en grupo

Jueves, noviembre 26th, 2009

Se pueden hacer muchas cosas en grupo (terapia, cantar, protestar, desesperarse en un atasco, hacer cola en el baño) y correr un maratón, también. Atención si no a este foro de spaniards, españoles en el extranjero.

Pues sí, van a quedar (aún no se sabe cuántos serán, yo espero que muchos) para correr el mismo maratón (todavía no han decidido cuál) dentro de unos meses. Será su primer maratón. El organizador de la quedada se llama Antonio y resulta que estudió conmigo el único año que cursé Ciencias Políticas en Santiago de Compostela; y hace solo unos días, buceando en Internet, dio con este blog, alucinó al ver que lo escribía yo, alucinó aún más todavía cuando descubrió que acababa de correr mi primer maratón y por estas casualidades de la vida me escribió, me contó la historia que ahora os estoy contando yo y me pidió que les animase a arrancar. Porque, aunque van a correr juntos un maratón, los spaniards entrenarán por separado, cada uno en el país en el que vive.

Vale, pues allá voy. Yo hice lo siguiente y me funcionó:

_Me compré un libro sobre cómo prepararse para correr un maratón y busqué en Internet algunos planes de entrenamiento. Adapté todo a mis circunstancias (trabajo, un hijo) y empecé a correr.

_Antes me compré unas buenas zapatillas (es fundamental para evitar lesiones) y un pulsómetro (mi guía para medir el esfuerzo de mi corazón y para no pasarme de la raya).

_Fui de menos a más para ir ganando resistencia. Mi primer día corrí 10 minutos. Antes del maratón, más de dos horas seguidas.

_Pese a las agujetas, aunque no apetezca, hay que salir a correr. Yo, cuando asomaba la pereza, pensaba en Katie Holmes: si ella acabó un maratón, yo también. Para correr, además de los pies, hace falta tesón.

_Y cabeza, porque no hay que obsesionarse. Si un día no me encontraba bien, si había pasado mala noche o si me dolía una rodilla, descansaba. Una vez leí en algún sitio que el descanso es la parte más importante del entrenamiento.

_Antes del maratón hice dos carreras de 10 km, una de 14 km y un medio maratón. Hay que probarse en vivo y en directo, con sonido ambiente, unos meses o semanas antes de la gran cita.

_En dicho medio maratón me lesioné. Parón de dos meses, visita al traumatólogo, sesiones de fisioterapia, unos kilos de más y vuelta a empezar. Aunque a veces no ves la luz al final del túnel, hay salida. Volví a correr.

_Y llega el día del maratón. La clave: correrlo a tu ritmo, sin forzar, para saborearlo al máximo. Tan importante es terminarlo como querer seguir corriendo después. Conozco a alguno/a que forzó la máquina y ahora no quiere ni oír hablar de repetir experiencia. Para mí, en cambio, fue de lo más emocionante que me ha pasado en la vida. Y ya pienso en el segundo maratón.

Pero si creíais que esto iba a quedar así, os equivocábais.

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“Quid pro quo, Clarice”. A cambio de esta información, yo quiero que, de vez en cuando, mandéis un comentario al blog para contar vuestras andanzas y saber así de vuestros progresos. Y, sobre todo, ¡¡¡quiero una foto de los spaniards llegando a la meta de su primer maratón!!!

Ánimo, fuerza y a correr.

PD: ¿Cómo les irá a los spaniards en su aventura maratoniana?

Réquiem

Domingo, noviembre 15th, 2009

En este domingo pasado por agua digo adiós a mis Asics GT-2120. Las zapatillas que me han acompañado durante un año largo en cada uno de mis entrenamientos y que aguantaron cada uno de los 42.195 metros de mi primer maratón.

He de confesar que les fui infiel una vez. Fue con otras Asics, con un diseño más bonito, pero la cosa no funcionó. “¿Para qué comer hamburguesas fuera de casa si dentro tengo un filete de primera?”, que diría Paul Newman. Pues lo mismo pensé yo. Al día siguiente del desliz volví a mis GT-2120, las únicas que han sabido sujetarme bien los tobillos y darme seguridad.

Aquí las tenéis a las pobres, algo sucias y con la amortiguación machacada, pero qué clase y cuánta dignidad en sus suelas.

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Por cierto, casi las pierdo y me llevo un disgusto. El Sr. Miyagi quiso inmortalizarlas al final de su camino y se fue el viernes (el día del temporal) con su cámara de fotos a Riazor. Las posó sobre una roca y un golpe de mar se las tragó. Menos mal que por allí nadaba José (sí, en noviembre y con temporal este septuagenario estaba metido en el agua), que, con un par de brazadas, las rescató del naufragio. Gracias, José. Ahí lo tenéis en pleno rescate.

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Y en este domingo pasado por agua doy la bienvenida a las sustitutas que a partir de ahora calzarán mis pies, unas Saucony Progrid Phienix 4 XT-900. Aquí os las presento, tan lustrosas ellas y con ese nombre tan largo y rimbombante.

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Solo os digo una cosa, zapatillas Saucony: vuestras predecesoras os han puesto el listón muy alto. Queréis la fama, pero la fama cuesta. Y aquí es dónde vais a empezar a pagar. Con sudor (el mío, claro).

PD: ¿Tenéis unas zapatillas favoritas para correr (o para hacer cualquier otro deporte)?

De rodillas

Jueves, noviembre 12th, 2009

Mañana viernes voy al traumatólogo. Me va a ver las rodillas. Y tras la revisión dará su veredicto. ¿Estarán mis rótulas muy tocadas tras correr el maratón? ¿Demasiado tocadas? ¿Mañana se escribirá el final de mi, reconozcámoslo, corta carrera de runner?

¡Tengo miedo!, que diría aquella Mamachicho. Porque yo, como ya he explicado, ya estoy enganchada a este ir y venir calzada con unas zapatillas con amortiguación. Por eso, si hace falta, hincaré mis desvencijadas rodillas en el suelo de la consulta del traumatólogo y le suplicaré: ¡¡¡¡Déjeme correr, doctor!!! ¡¡¡Quiero correr!!! ¡¡¡Quiero hacer un maratón al año!!! ¡¡¡Lo necesitooooooo!!!

De paso, le preguntaré por la contractura cervical que me mata desde hace una semana y que no sé yo si será un efecto secundario del maratón (el sube y baja de mis vértebras durante casi 5 horas no puede ser bueno del todo).

Menos mal que mi traumatólogo no se parece a este colega suyo de profesión:

Imagen de previsualización de YouTube

PD: ¿Podré seguir corriendo o acabaré coja como House?

¡Sooooo!

Jueves, noviembre 5th, 2009

Hoy fui a correr a la playa para aplacar el ansia de movimiento. Solo había tres chicos y los tres estaban corriendo. “Otros frikis”, pensé. Llovía algo, el viento soplaba con ganas y las olas se columpiaban lo más alto que podían. Era una mañana plomiza y a mí lo que más me apetecía era correr por la arena.

Y así estuve media hora. Empecé súper emocionada, escuchando la lista de canciones que me hice para correr en Venecia. A los 20 minutos, sin embargo, noté mis rodillas (las dos, ¡¡oh, cielos!!) algo cargadas y ciertas molestias (sin llegar a ser pinchazos, ¡eh!). Seguí 10 minutos más para ver cómo evolucionaba la cosa y como no iba a peor, pero tampoco a mejor, paré.

Ya me iba de la playa algo cabizbaja, enfrascada en mis pensamientos rotulianos, cuando me topé con Toni, un amigo que se puso a tirar briznas de hierba al aire para comprobar si el viento era el adecuado para hacer kite-surf. “Susana, no me extraña que te molesten las rodillas. Tienes que dejarlas en paz una temporada, no te agobies”, me dijo. “Tienes razón”, le contesté. Y lo dejé en la playa, con su cometa y sus briznas.

Conste que no estoy deprimida, porque en el fondo sabía que esto podía pasar, que tras el esfuerzo del maratón debo descansar más y, como ya me ha dicho también alguien en algún comentario en este blog, tengo que tomármelo con calma. “Amodiño, Susana”, me repito una y otra vez, a ver si se me mete en la mollera.

La próxima semana veré al traumatólogo, volveré al fisio y me dedicaré a nadar, hacer bici y otros ejercicios para fortalecer los músculos de las piernas, que son los que aguantan a las pesadas de mis rodillas. Espero que el médico me deje correr aunque sea un poquito. Pero me temo que este mes ni medias ni carreras de 10 km ni nada de nada, ni aunque se corran de noche. A ver en diciembre.

Mientras, me consolaré con esta foto. Es de la llegada del maratón. Sr. Miyagi, siempre nos quedará Venecia (prometo no dar más la vara con el maratón).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PD: ¿Algún consejo para sobrellevar la era post-maratón?

El día D

Lunes, noviembre 2nd, 2009

Perdón por este paréntesis de varios días, pero es que he estado DE VACACIONES DE VERDAD y me he desenchufado del ciberespacio (y de muchas cosas más). Pero vuelvo por mis fueros para contar mi día D.

Me parece que hace siglos que corrí el maratón, aunque fue hace apenas una semana. A veces aún no me lo creo, pero miro la medalla tan chula de “finisher” que me dieron al llegar a la meta y ese trocito de metal con forma de peine (es una reproducción del adorno de hierro que llevan las góndolas venecianas en la proa) me recuerda que sí fue verdad, que corrí 42 km y 195 metros con mis piernas y, sobre todo, con mi cabeza.

¿Que cómo fue correrlo? Fue tremendo. Increíble. Fantástico. Duro. Doloroso. Divertido. Único. Simplemente emocionante. De principio a fin.

El día anterior al día D la excitación apenas me dejó conciliar el sueño y luego, tras dormir menos horas de las recomendables, el Sr. Miyagi y yo nos metimos un buen madrugón. Salimos del hotel a las 6 de la mañana y la carrera no empezaba hasta las 9.30, así que los nervios crecieron aún más si cabe. Y con ellos las visitas al baño.

Tuve que hacer pis como cuatro veces antes de empezar a correr, la última ya a punto de salir, a solo unos metros del resto de participantes, aunque tapada por un amable matrimonio italiano que pasaba por allí. ¡Grazie mille! Pero luego (y eso que era uno de mis temores) ya no me entraron más ganas, lo que significa que durante la carrera bebí justo lo que luego sudé.

Y así empezamos a correr. Al principio iba muy pendiente de mis rodillas y, aunque sonriente, avanzaba muy concentrada. De vez en cuando miraba al Sr. Miyagi con una cara mezcla de ilusión y determinación, como diciendo: “Yes, we can”. Pero al ver que la cosa iba bien, me relajé y empecé a disfrutar: hablando con el Sr. Miyagi, escuchando mi música, disfrutando del paisaje y, sobre todo, entretenidísima con el paisaje humano, que me gusta más.

Siempre me acordaré de las cuatro norteamericanas cincuentonas escandalosas y rubísimas ellas, como recién salidas de Beverly Hills, enfundadas en sus mallas y pintadas como puertas. Ya lo conté en un post, las apaciencias en el “running” engañan: las cuatro nos tomaron la delantera, aunque a una la dejamos atrás al final. Las otras tres nos ganaron, claro. También me acordaré de un octogenario clavadito a Luis María Ansón que cuando parecía que por fin lo dejábamos atrás, siempre volvía a adelantarnos, cual mosca cojonera (al final la espantamos).

 Y así íbamos cuando, de repente, ahí por el km 11, las piernas me empezaron a doler. No eran las articulaciones (menos mal), sino los músculos. Los empezaba a notar agarrotados. Lo que nunca me había pasado en los entrenamientos, me estaba sucediendo el día de la carrera. Ahí me agobié. “Joder, que me quedan 30 km y esto irá a más”, pensé. Miré al Sr. Miyagi y le dije: “Me enchufo la música, necesito concentrarme”.

Dicho y hecho. Así estuve hasta el km 16-17, cuando asumí el dolor y me acostumbré a él. Seguí hacia delante, no quedaba otra, y volví a charlar con mi compañero de maratón y a reírme con los niños que, a ambos lados de la carretera, animaban sin parar y ponían cara de asco cuando chocaban su mano con la mano sudorosa de algún corredor.

Ver el cartel de los 21 km (medio maratón) me animó muchísimo. Y al Sr. Miyagi. Llevábamos la misma lista de música y entonces en nuestros iPods empezó a sonar Freedom, de George Michael. Cantamos el estribillo como dos auténticos horteras, pero qué bien nos sentó.

Y así, zancada a zancada, y tras consumir algún gel de glucosa sabor lima-limón (por favor, que le pongan una estatua al que tuvo la idea de empaquetar estos chutes de energía) llegamos al km 25, luego al 30 (¡eh! ¿dónde está el famoso muro? Ni rastro, yo creo que lo dejé atrás con la pájara del km 11) y tras un par de km por un parque (este tramo se hizo pesado, la verdad), enfilamos el puente de la Libertad, en el km 32-33. Eran 7 km de soporífera línea recta que parecían no tener fin (con la silueta de las torres y cúpulas de Venecia al fondo), pero que yo los encaré con optimismo.

Ya no quedaba nada aunque, a estas alturas de la película, he de reconocer que las piernas me dolían tanto que si pudiese me las quitaba allí mismo. Por eso ni paraba en los puestos de avituallamiento. Cogía el agua o la bebida isotónica al vuelo, por miedo a que mis extremidades inferiores dejasen de responderme si les daba una mínima tregua.

Solo faltaban 2 km. Eran los últimos. El Sr. Miyagi y yo aún no lo sabíamos, pero además eran los más duros. Los 14 puentes-rampa que había hasta llegar a la meta acabaron por descuajaringar nuestras maltrechas piernas (sobre todo las bajadas, ¡por favor, qué dolor de rodillas!).

Pero entonces vimos la meta y a mí se me empezaron a saltar las lágrimas. Miré al Sr. Miyagi, más feliz que unas castañuelas, y en un segundo pensé en el año largo de entrenamiento que me había tirado y, cómo no, en mi hijo. Y en mi cabeza escuché a Russell Crowe en Gladiator: “Lo que haces en la vida, resuena en la eternidad”. Más que una corredora de maratón parecía una corredora de marcha (las piernas ya iban casi por libre), pero llegué. Acababa de ganarme mi medalla y mi pedacito de gloria.

Y ahora, una semana después, ¿qué? Eso lo contaré en el próximo post pero ya adelanto que no voy a dejar de correr. Si mis rodillas me lo permiten, claro.

PD: ¿Alguien quiere describir lo que sintió en su día D?

Corro, luego insisto (en llegar)

Domingo, octubre 25th, 2009

Pase lo que pase, muchas gracias a todos los que habéis mandado comentarios, sobre todo por aguantar mis neuras, porque he sido una pesada. Plomísima, dice el Sr. Miyagi.

Faltan solo nueve horas para empezar a correr mi primer maratón y ya no hay vuelta atrás. El Sr. Miyagi y yo tenemos todo el equipo preparado. Hasta una bolsa con el desayuno, que tomaremos en el vaporetto (ya no están de huelga, menos mal) porque hay que salir del hotel a las seis de la mañana.

A las 6.19 cogemos el barquito y a las 7.10 nos montaremos con otros corredores en un bus que nos llevará a Stra, un pueblo lleno de villas donde empezará la carrera. Vamos, una agenda tan milimétrica que ni la de Obama. Total, que llegaremos a las 8 a la salida y el pistoletazo no se oirá hasta las 9.30. Y ya se sabe, el que espera, desespera.

No le temo a la distancia ni al muro, pero por favor que no me fallen las rodillas.
Nada más. Ahora, a intentar dormir. Las apuestas están hechas. Que gane el mejor.
Buenas noches y buena suerte. Para Pedrito, el beso más grande.

PD: Para los más morbosos, es posible seguir en tiempo real el maratón a través de la web oficial (www.venicemarathon.it). Para los chalados como Guisande, lo retransmite la Rai Tre. Por la tarde, si no estoy muy hecha polvo, os cuento cómo me ha ido. Por cierto, como diría Camilo Sesto: Venecia mola mazo.

Preparados, listos, blog

Martes, septiembre 29th, 2009

Comienza aquí y ahora la aventura de contar en el ciberespacio la aventura que supone correr con los pies en la tierra. Y nada mejor que comenzar por el principio.

Empezar a correr cuesta, no nos engañemos. Y cuando has pasado de los 35, tienes un bebé y varios kilos extra, cuesta mucho más. Mi pasado deportivo es eso: pasado. Desde los 18, todo el ejercicio que he hecho se resume en unos cuantos largos de piscina y algunas clases sueltas de step en el gimnasio.

Así que el primer día que te calzas unas zapatillas te pones a sudar como un pollo y te quedas sin aliento a los 15 minutos de empezar. Y eso que vas a trote cochinero. Pero el segundo día, pese a las agujetas que te hacen andar como Robocop, sales a correr otra vez. Y, al poco, ya estás de nuevo sudando y con el corazón que parece que se te va a salir del cuerpo de un momento a otro. Entonces piensas: “¡Dios, esto no puede ser sano!” Y es ahí cuando una de dos: o lo dejas con la excusa de que ya no estás para esos trotes o decides continuar con la tortura.

Yo seguí. Ahora, año y pico después, sigo sudando al correr, claro, pero ya hago 40 km a la semana y en 26 días correré mi primer maratón. Y si la voluntad flaquea, pienso en Isabel Brea, coruñesa, campeona gallega de media maratón de veteranos, que empezó a correr pasados los 40 y ahora ronda los 60. O pienso en Julián Bernal, un incombustible ferrolano de adopción de 90 años, que corre desde los 78 y lleva más de 700 carreras en sus piernas. Él no hizo deporte antes y dice que corriendo disfruta como un niño. 

Aquí lo tenéis en plena acción.

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La clave para correr no está en los pies, sino en la cabeza. Tanto para llegar primero y batir una marca como para simplemente terminar un maratón (como es mi caso). Coger fondo es cuestión de paciencia. Porque, que yo sepa, Karate Kid no hizo su espectacular salto de la grulla en el primer día de entrenamiento. Antes, el señor Miyagi le hizo dar cera y pulir cera hasta hartarse.

 

PD: ¿Tú también eres un corredor principante o estás pensando en empezar a correr?

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