Tal dÃa como hoy, hace dos años, corrà mi primer maratón. El único realmente, pero insisto en lo de “primero” porque sé que habrá un “segundo”. Mi estado fÃsico actual, voy a ser sincera, está a años luz del que logré tras meses de entrenamiento para correr aquellos 42 km y 195 metros. Si intentase correrlo hoy serÃa una misión imposible. Pero volveré a lograrlo, no sé cuándo, pero lo haré. Lo sé.
Hace unos dÃas leà un reportaje de John Carlin a propósito de su nuevo libro sobre Rafa Nadal. Citaba el siguiente artÃculo de otro periodista, Juanma Trueba, acerca del tenista, de lo que sentÃa al verle jugar, de lo que le hacÃa sentir. Casi lloro de emoción cuando terminé de leerlo:
“Me gustarÃa compartir un sentimiento que me asalta cada vez que asisto a un gran partido de Nadal. Llegado el momento y al rato de iniciarse el juego, casi siempre pienso que el otro es mejor, que sus golpes son más largos y mortÃferos, que su revés hace más daño y que su servicio no digamos… En cada caso percibo que Nadal tiene, además de un partido por jugar, un problema por resolver. Como si antes de derrotar al adversario tuviera que vencer su propia debilidad (el saque, la volea, los dolores crónicos…). El resultado es que cada partido de Nadal incluye, a mi modo de ver, un ejercicio de superación. Sus encuentros no están planteados desde la superioridad técnica (como hace Federer), sino desde el asalto salvaje, desde la inferioridad rebelde. De ahà que la épica sea consustancial a sus victorias, porque en esta historia David siempre mata a Goliat. Al margen de la victoria, el placer es observar cómo Nadal tuerce, en cada torneo, el destino que parecÃa contrario. Hay una lección moral en eso, un mensaje que cala rápido y que le distingue de otros tenistas, de otras personas. No dar una bola por perdida es un buen consejo para transitar por la vida. Sospecho que por eso nos gusta tanto Nadal. Porque en cada partido nos recuerda el camino”.
(El PaÃs Semanal, 16-10-2012)
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PD: ¿No creéis que cualquiera, a su nivel, salvando las distancias, a veces siderales, puede ser un Nadal en lo suyo? En espÃritu, en entrega, en pasión, en esa inferioridad rebelde. Rotundamente sÃ. Yo tampoco doy ninguna bola por perdida. Aunque vaya perdiendo. Aunque al final pierda.