“The full catastrophe”
Siento el retraso, pero es que la semana pasada fui atacada a traición por un virus que me pasó el niño (también al Sr. Miyagi, los virus son asà de democráticos) y no tenÃa el cuerpo para mucha jarana. Esta semana me he encontrado mejor y he retomado el ejercicio, pero la mucosidad en mi interior parece no tener fin. En la piscina (no os lo habÃa contado, pero voy a clases de natación desde septiembre, dos dÃas por semana) casi afogo. Literalmente. Lo de respirar nunca ha sido mi fuerte (tengo asma) y con el catarro agarrado al pecho nadé algún largo que pensé que iba a ser el último de mi vida. Entre brazada y brazada, yo no sacaba la cabeza para tomar aire, la sacaba para aferrarme al último hilo de mi vida. Qué agobio, por Dios.
Asà que hoy fui a correr. Me pesa todo. El moco que se ha instalado en mi interior. Las piernas. El culo. La barriga. Y no sigo porque me deprimo. Pero corrÃ, 7 km. Otros, malditos, se solazaban al sol:
El caso es que casi al final empecé a notar pinchazos en la rodilla izquierda. Oh, no. Como dirÃa Zorba, el griego, “the full catastrophe”:
(me encanta la escena, recomiendo la música y aprovecho para acordarme de Grecia)
Volviendo a lo de la piscina, estoy contenta porque el monitor me da caña y en los 45 minutos que dura cada sesión solo nado. Me refiero a que no hago ni una mÃsera pausa para hablar con el de al lado. Y no porque no tenga compañeros, pero es que no hay nadie de mi edad ni más joven, son todos mayores y van a otro ritmo. Asà que yo voy por una calle, sola, y ellos por otra. Y no es que mi ritmo nadando sea muy marchoso que digamos. De hecho, esto es lo más bonito y motivador que me ha dicho el monitor en mes y medio: “El estilo que mejor haces es braza”. Solo le faltó decir: “Y el del perrito”. The full catastrophe, vamos.
Y aunque es cierto que mis compañeros de agua clorada van a otro ritmo, también son de otra escuela. Uno de ellos, de 74 años, solÃa ver desde el piso de arriba, montado en la bici estática, cómo nadaba la gente en la piscina. ”Hasta que un dÃa me dije: Adriano, tienes que aprender a nadar”. Y bajó al agua. Sà señor. “Por cierto”, me dijo el primer dÃa de clase, ”soy Adriano, Adriano del Valle”. Por un momento pensé que añadirÃa: “Para servirle”. No lo dijo, pero me cedió galantemente el paso en la escalerilla. Y yo, nostálgica como soy de los buenos modales, pensé: ¿Pero dónde se ha ido la buena gente?
PD: Desde hace meses vivimos inmersos en “the full catastrophe”, pero Zorba termina la peli bailando. ¿O no?

noviembre 11th, 2011 at 9:29
La verdad, no recuerdo cómo termina la pelÃcula Zorba, el griego, pero ojalá podamos empezar a bailar dentro de poco, aunque la realidad apunta a una pista de baile vacÃa (será culpa del dj? la acústica del local?…), porque últimamente no hay noticia esperanzadora que no sea fulminada inmediatamente por otra devastadora….
Y siguiendo con las pelis, esperemos no terminar al ritmo de “danzad, malditos”.
[Responder]
noviembre 14th, 2011 at 17:32
Me gustan los delfines, pasa algo????
[Responder]
noviembre 20th, 2011 at 22:24
A mi tambien me gustan los delfines, pero segun las noticias que nos traen los perodicos, hay poco delfin y mucho tiburon. Sera cuestion de aprender a correr. Bueno susana, quiero verte animada !!!
[Responder]