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Abril en París (o cómo correr mi segundo maratón)

Escrito por Susana Basterrechea
29 de abril de 2013 a las 19:50h

La gente viaja en avión. La gente normal, claro. Miyagi y yo preferimos cualquier otro medio de transporte antes que colocarnos a la altura de cúmulos y nimbos. Así que se podría decir que llegar a París fue el premaratón del maratón. Seis horas en coche hasta Vitoria y después otras 10 en un tren nocturno rumbo a la capital de Francia. Nuestro compartimento era, cómo decirlo, íntimo, de esa intimidad que da ser del tamaño de la casita de Pin y Pon. Y creo que no llegué a entrar en fase REM en ningún momento de la noche porque me sobresaltaba con el dichoso traqueteo pensando que descarrilábamos y nos caíamos puente abajo por un colosal precipicio. Luego, ilusa de mí, echaría de menos hasta esas pesadillas.
Pero llegamos de una pieza, como Sabina, a la Gare d’Austerlitz a primera hora de la mañana. Faltaban solo dos días para el día D. París, oh la lá, me distrajo bastante, pero creo que debí preguntarle a Miyagi una media de dos veces cada hora si me veía capaz de correr el maratón. “¿Tú que crees? ¿Estoy preparada? Dímelo con sinceridad, ¿podré o no podré?”, le insistía machaconamente. Al final, le arranqué una respuesta: “Susana, podrás. Solo queda saber en cuánto tiempo. Pero ahí está la gracia del asunto, ¿no?”.
Mis dudas eran lógicas. El invierno más lluvioso de los últimos años que acabamos de terminar (o no, en Galicia nunca se sabe) me dejó de regalo tres catarrazos y una infección de garganta que requirió antibióticos. A mayores, se me inflamó la rodilla izquierda, tuve una pequeña lesión en un aductor y una contractura bestial en cervicales y dorsales. En resumen, mes y medio sin poder entrenar en condiciones. No era lo que yo había imaginado, pero la suerte estaba echada.
Y llegó el día D. Tras un desayuno rápido a base de café con leche y pan con confitura (¡¡eh, que estábamos en París y allí no hay mermelada!!), bajamos al metro. Miraras donde miraras solo veías corredores, más o menos somnolientos, comprobando las lazadas de sus zapatillas, estirando los gemelos disimuladamente contra la barra del vagón, mordisqueando alguna barrita energética, sonrientes, con una mezcla de nervios e infinita ilusión, con la sensación de “eh, qué fuerte ¿no?”. Porque lo era. Éramos 40.000 personas y al salir de la boca de metro, en plenos Campos Elíseos, con tanta gente, con aquel frío helador, con aquellos imponentes edificios, con aquella luz y aquel cielo azul, simplemente me emocioné. Formaba parte de aquello, y pensé: “Dios, este es uno de los grandes”. Sí, en ese momento me sentí un poco como el Paco Martínez Soria de los maratones, lo confieso.
Pero no me arrugué. “Aquí estás, Su, con un par…”, me dije. Es verdad que el paisaje ayudaba (no todos los días corres ante el Museo del Louvre, por la plaza de la Bastilla, Notre Dame o junto al Museo d’Orsay), pero hay que echarle valor para correr 42 kilómetros con sus 195 metros. Mirad el recorrido:

Impone, ¿a que sí? Pues ahí estábamos Miyagi y yo, con los nervios de punta. Yo tirando ya a frenética y hasta exaltada, con ese punto de histeria que no sabes ya si ponerte a reír a mandíbula batiente o lanzarte a la chepa de alguien y estrujársela como si fuese el plástico ese de burbujas:

Si a eso le sumamos el frío y que así estaban otras 39.998 personas más, imaginaos las infinitas colas ante los WC portátiles. Bueno, fundamentalmente en los de las chicas. Desde aquí hago un llamamiento ya para que se aplique la discriminación positiva en los baños de las carreras populares. No puede ser que nos pongan el mismo número de baños que a los tíos. Así no hay manera de lograr la igualdad real, y mucho menos miccionar a gusto, ¡hombre!.
Y, por fin, casi una hora después que etíopes y keniatas, los del montón empezamos a correr nuestro maratón:

Sí, así de sonrientes íbamos, acompasando zancadas y ritmo cardíaco. Pero al llegar al primer avituallamiento, a los 5 km, se me borró la sonrisa. ¡¡¡No había agua!!! ¿Cómo era posible eso? ¿Estamos de coña? Ni agua, ni eau, ni de toilette. Nada, rien de rien. Se la habían acabado los que habían llegado antes. C’est fini. Tampoco es que la necesitase, no estaba realmente sedienta, pero no sé, verla te da tranquilidad, ¿no? “Pues empezamos bien”, pensé. Despotriqué un poco contra la organización (“¡¡estos gabachos!!”) y crucé los dedos para que en el siguiente punto quedase algún botellín, aunque fuese ya abierto y a medio beber. Como dijo Miyagi: “Susana, ya tienes un motivo más para apretar el paso”.

Había más razones, claro. Como bordear el Sena:

Correr bajo los puentes atestados de gente animando. ¡¡Allez, allez!!:

O, qué pasada, ver a tu lado la mismísima Torre Eiffel:

Para cuando atravesamos el trágicamente famoso túnel del Alma (en el que murió Lady Di, ese, ese), a mí ya me dolía absolutamente todo. Las piernas se me empezaron a agarrotar a partir del kilómetro 22. Los últimos 10 fueron demoledores. Cada zancada me resultaba insoportable, cada metro, una tortura. Ya me daba igual la música del iPod y hasta el mismo París. Me dolían tanto los músculos y las articulaciones que cuando tenía que adelantar a otro corredor me daban ganas de empujarlo y pasarle por encima con tal de no salirme de la línea recta. Si es que todos parecíamos zombis, tambaleándonos sobre el asfalto, trastabillando unos con otros al ver un avituallamiento para coger agua. Yo me lanzaba a por los gajos de naranja y me los comía cual posesa, como si llevara tres semanas concursando en Supervivientes.
Confieso que pensé: “¿Pero qué hago yo aquí? No puedo más”. Había topado con el famoso muro. Ni el de Berlín, ni el de Pink Floyd ni el de las Lamentaciones (aunque de esto último tiene algo). Es el muro que crea tu cabeza, que se levanta cual gigante para hacerte creer que es mejor parar, tirar la toalla, que no vas a poder llegar, que es imposible, inhumano, infernal, que no merece la pena… Pero no me rendí. Pensé en Pedrito y en lo que le decimos su padre y yo cuando se cae jugando (“¿qué haces cuando te caes?” “Te levantas”, nos contesta). ¡¡Y le había prometido la medalla!! Así que me repetí varias veces, a lo Rambo, “no hay dolor, no hay dolor” y, como si de una epidural mental se tratase, decidí olvidarme de mi cuerpo de cintura para abajo y visualizar la meta. “Que corra mi cabeza, que salte el muro y corra”, me dije. Y lo hizo. Kilómetro 39, kilómetro 40, kilómetro 41, kilómetro 42… “¿Pero dónde está el puñetero Arco del Triunfo?”. Y entonces, unos metros después, lo vi delante de mí. Crucé la meta con Miyagi (¿cómo no?), el nudo de la garganta se me deshizo y lloré (discretamente) fundidos en un abrazo. Si estaba allí era gracias a él. Bueno, a él y a los seis geles de glucosa que devoré durante la carrera. Pero estaba donde tenía que estar:

Corrí el maratón, mi segundo maratón, en 4 horas y 42 minutos, 12 menos que en el primero. Para mí, todo un logro. Al día siguiente, Miyagi y yo volvimos a la Torre Eiffel a celebrarlo:

Parecemos frescos como lechugas, ¿verdad? Bueno, en realidad las agujetas me mataban, para qué os voy a engañar. Pero aún así ese día subimos y bajamos con gracia las escaleras del Louvre (es muy gracioso hacerlo de lado y poniendo cara de dolor) para ver los hits del museo: Victoria de Samotracia, Código de Hammurabi, Escriba sentado, Gioconda, Venus de Milo, Coronación de Napoleón… Como volver a una clase de BUP. Eso sí, si alguno de los carteristas de los que alertaban cada dos por tres los carteles colgados por todo el Louvre me afana la cartera, os juro que no corro ni un metro detrás para detenerlo.

PD: Este post estaba en parrilla cuando explotó la meta de Boston. No creí oportuno contar y bromear sobre mi maratón después de lo que había ocurrido. Nunca pensé que algo así podría llegar a pasar, y eso que tengo tendencia a la paranoia y la hipocondria. Pero, como dijo tras los atentados el escritor Dennis Lehane en un artículo, no saben con qué ciudad se han metido. Yo diría más: no saben con qué tipo de personas se han metido. ¿O es que tú vas a dejar de correr?

Corriendo se llega lejos

Escrito por Susana Basterrechea
29 de marzo de 2013 a las 0:48h

Ese título no es mío, es el del reportaje de unos periodistas de V Televisión sobre una persona normal y corriente a la que le gusta salir a correr de vez en cuando.

http://www.lavozdegalicia.es/video/tendencias/2013/03/27/corriendo-llega-lejos/00311364395329633905351.htm

Sí, ¡¡¡soy yo!!! Pero podrías ser . O tu hermano. Tu amigo, tu prima, tu tía o tu compañero de trabajo.

Y me gusta el título porque espero que mis piernas lleguen bien lejos y corran los 42 kilómetros y 195 metros del maratón de París, algo que ocurrirá dentro de 10 días.

Dios, qué nervios. Tengo miedo, como diría la mamachicho. Me asaltan las dudas _”¿podré? ¿no podré?”_ y cruzo los dedos para no pillar un catarro (sería el cuarto de la temporada) ni lesionarme (ay, mi rodilla izquierda). Pero también tengo ilusión, ganas y fuerza. Y voy con Miyagi. No hay fallo. Me siento…. como una ola:

O como diría otra grande:

PD: Seguiremos informando

A lo Dorian Gray

Escrito por Susana Basterrechea
2 de enero de 2013 a las 23:54h

He de confesar (es Año Nuevo, debo de estar algo sensible) que mi perfil del blog está más desactualizado que el hombre de este anuncio:

No, si ya lo sé, no puedo tener siempre la edad de la foto del perfil. Porque ya no tengo 38 años (tengo 40 y algo largos ya, la verdad) y, sobre todo, ¡¡¡¡Katie Holmes ya no está casada con Tom Cruise!!! Hombre, mantener eso era imperdonable. Mañana mismo lo cambio todo.

Lo que no cambio es la San Silvestre de Fin de Año en A Coruña. Y eso que llovió a destajo. Pero es que fue muy divertida (olé para los corredores disfrazados: novias que eran novios con velos de plástico de burbujas, jugador de básket con balón incluido y con pelo afro, Angus Young de AC/DC, abejas maya, caníbales,…). Y, además, me superé a mí misma: corrí los 7.700 metros en 40:44, es decir, empleé unos 5 minutos 15 segundos por cada km. Teniendo en cuenta mis tiempos hace tan solo tres meses…
Os dejo una foto post-carrera, con el Sr. Miyagi, Quique e Isa, que después de ver el ambiente ha prometido sumarse a la próxima San Silvestre:

PD: Feliz 2013 a todos. Yo solo pido algo más de justicia. Aunque me cobren las tasas.

Corre, Coruña, que chove

Escrito por Susana Basterrechea
29 de diciembre de 2012 a las 22:04h

No queda nada, apenas unas horas, para que termine el año y puedo decir sin miedo a errar que correré la San Silvestre coruñesa. Lo único que podía detenerme esta vez era el fin del mundo de los mayas, pero nada, aquí seguimos. No hubo catástrofe, apocalipsis ni armageddon. Ya tengo el kit (dorsal, chip, camiseta -muy chula, por cierto-, y gorro de Papá Noel en verde -qué detalle-) y ya tengo la predicción meteorológica: se prevén chuzos de punta. Pues nada, si hay que correr bajo la lluvia, pues se corre y punto. Que estamos en Galicia, hombre. Y además, tengo que entrenar para el maratón. Así que no valen excusas. Si dependiera de la meteorología para salir a correr, me quedaría en casa durante meses, y no es plan. Además, a mí me gusta correr con lluvia y a veces hasta disfruto pisando charcos.
Hoy mismo me ha sucedido. Justo cuando salí a correr, amenazaba chaparrón:

Y, efectivamente, a los 10 minutos empezó a llover. Y lo hizo de lo lindo.
Me calé. Y en la San Silvestre del lunes sé que también me calaré. Sé que me esperan casi 8 km con agua, pero es lo que hay cuando corres. Será muuuuuy divertido. ¿Estamos locos? Completamente:

PD: Después de correr bajo la lluvia, una buena ducha caliente. Para mí, una de las diez mejores cosas a disfrutar en la vida.

Pupas

Escrito por Susana Basterrechea
7 de diciembre de 2012 a las 21:22h

Bueno, la última han sido unas placas en la garganta que finalmente han requerido 10 días de antibióticos para poder tragar saliva con cierta dignidad. Según he leído por ahí, la faringoamigdalitis es una enfermedad infecciosa, por lo que (y esto va dirigido al Sr. Miyagi) conviene desterrar ciertos mitos como que se produce por no abrigarse lo suficiente o por beber líquidos fríos o comer helados. Así que, en este mundo, la única forma de no acabar así:

sería vivir así:

y no es plan.

En resumen, llevo una semana fuera de combate. No corro desde el pasado viernes, pero este fin de semana retomo. Tengo que seguir, recuperar la ilusión. Y para ello, nada mejor que ver esto:

PD: Ya nos imagino subiendo esas escaleras de metro, ante el Arco del Triunfo, con cara de dormidos, con frío, nerviosos, ansiosos, en medio de tantísima gente… Visualizarlo ayuda en momentos de flaqueza, que haberlos haylos. Allez, allez!!

Rodillas y catarros

Escrito por Susana Basterrechea
16 de noviembre de 2012 a las 0:17h

No me he ido, sigo entrenando, con un ojo puesto en París y otro, desgraciadamente, en mis rodillas. Sí, ya han empezado a quejarse. Ha sido aumentar el ritmo de rodaje y comenzar a notarlas. No me duelen hasta el punto de parar, pero sí tengo ciertas molestias. No todo el tiempo que corro, pero sí el suficiente como para mosquearme. “Tienes que mimarlas mucho”, me dice Miyagi. Vale, sus consejos son órdenes. Así que además de estirar bien, muy bien, después de correr, me pongo frío sobre ellas bastante a menudo y hago más bici y ejercicios específicos en el gimnasio para fortalecer los músculos de las piernas.
No hay que desesperar ni flaquear. Sufrir alguna lesión o tener una gripe o un catarro que te aparten temporalmente del entrenamiento es algo bastante habitual. Hay que contar con ello. Afrontar y superar contratiempos forma parte del entrenamiento. Hace unos 10 días, de hecho, me resfrié. El último domingo de octubre corrí la pedestre de Santiago (12 km en 1:12:20, voy progresando), con Miyagi y con un frío que pelaba. A las nueve de la mañana el termómetro marcaba 6 grados. Me encantó la carrera. Qué recuerdos -estudié y me divertí en Santiago ¡¡¡hace 20 años!!!-, qué cuestas -la de Vite es infernal, pero que gusto coronarla- y qué sudada, claro. El tramo de la meta al párking fue suficiente para enfriarme y, a los dos días, tener un estupendo catarro.
Pero bueno, sarna con gusto no pica, ¿no? O como dicen Depeche Mode:

Revival

 

PD: Pues eso. No tengo suficiente. ¿Próxima carrera?

Oh la la !!!

Escrito por Susana Basterrechea
23 de octubre de 2012 a las 17:20h

Ay, París, París. La ciudad de la luz, del amor… ¡¡¡ y de los maratoooooones!!! Que sí, que ya está hecho. Estoy inscrita en el maratón de París (próximo 7 de abril), uno de los grandes del mundo, con el dorsal 53192 y con todas las consecuencias, que no son pocas. Aquí os dejo un documento que lo atestigua: 

Ya somos 26.000 apuntados de los 40.000 para los que hay plaza. Dios mío, va a ser increíble. En el de Venecia éramos 6.000 y me parecía una multitud, así que en esta ocasión ¡¡¡voy flipar!!! (así, sin a). Mirad, mirad cómo se pone la salida:

 

¿Y el recorrido? ¿Qué decir del recorrido? Simplemente espectacular. Prácticamente llano, empieza y acaba junto al Arco del Triunfo, discurre a lo largo del Sena, pasando por calles y junto a plazas y monumentos míticos. Por si esto fuera poco, he leído en un sitio que en el kilómetro 35 dan vino tinto y queso. Estos franceses están en todo, ¿o no? Ya nos imagino al Sr. Miyagi y a mí brindando con una copita y pinchando un poquito de Camembert y algo de Roquefort, y luego: “¿Qué? ¿Hacen 7 km más?”. “Enchanté”, me respondería Miyagi.

Bueno, una locura. Ahora solo queda entrenar a fondo. De momento, este domingo 28 nos vamos a la carrera pedestre de Santiago, 12 km ni más ni menos y bastante cuesta empinada. Me apetece mucho. Sufrir, claro. Me río yo de la de “50 sombras de Grey”. 

PD: Me imagino ya corriendo junto a la Torre Eiffel. Y con esta canción de los Pixies dedicada al ingeniero que la diseñó (Alec Eiffel, Trompe le Monde)…

 

Echada “palante”

Escrito por Susana Basterrechea
16 de octubre de 2012 a las 21:42h

Estoy contenta. Mucho. ¿Por qué? Porque progreso, mejoro, evoluciono, avanzo. Poco a poco, cierto, pero sigo hacia delante. Hace poco más de una semana, en la carrera Coruña 10 terminé los 10 km en 1:01:03. Este domingo, en la Carrera del Agua en Sada, recorrí la misma distancia en 1:00:05. Es decir, he mejorado un minuto en una semana de entrenamiento y, todo hay que decirlo, aunque en A Coruña mataba el calor, en Sada asesinaban las empinadas cuestas. Daban ganas de dar media vuelta y tirarse a lo Baumgartner, pero entonces pensaba: “El maratón, el maratón, el maratón… Y esto es buenísimo para el culo, oye”. Lo del trasero fue definitivo. ¿Hay algún motivo mejor para continuar sufriendo y sudando la gota gorda que retrasar la caída gravitatoria de los glúteos?

Pues eso. Para la salida elegí esta canción:

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Me encanta y, al fin y al cabo, yo avanzo, aunque sea a rastras, a veces también me siento un bicho raro y corro, corro, corro, cooooooorrooooooo….

Al poco me encontré a Pedrito animándome. El Sr. Miyagi me contó luego que el niño estaba un poco mosca porque su mamá iba de las últimas. Yo, la verdad, creo que es se quedó un poco pensando “¿quién es ese de la foto ahí arriba que mira al infinito?”:

En fin, la carrera era “del agua” (en beneficio de Unicef para Níger), pero solo llovió al final (cuando llegué yo, me refiero. Los que entraron antes la hicieron toda en seco). A mí me gusta la lluvia, que conste, le da un toque épico al tema. Ya ni os cuento si coincide que cruzas meta escuchando esto:

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PD1: Yo no gané ninguna medalla, pero Pedrito, en la carrera de niños, sí (la ganaron todos, como tiene que ser). 

PD2: Mirad qué bonito día hacía en Sada para estirar y ponerse a correr:

“Hola, ¿hay alguien ahí?”

Escrito por Susana Basterrechea
8 de octubre de 2012 a las 22:58h

Lo sé, lo sé, no tengo perdón de Dios. El post anterior es del 31 de diciembre del 2011, hace casi 10 meses. Uf. Tengo que decir que hubo varias razones para la “espantá”, pero la principal es que dejé de correr y no me parecía honesto escribir un blog de correr sin hacerlo. He de confesar que en este tiempo ausente he tocado fondo. Me convertí en una piltrafilla humana, al estilo Ronaldo, en una excorredora fofa, floja, flácida (¿hay más adjetivos chungos que empiecen por “f”? Ay, sí: fondona y foca), cada vez más mustia, deprimida, decaída y desanimada. Me sentía más o menos así:

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Sí, es verdad, en estos meses parada yo también me he puesto alguna canción lacrimógena en casa y he hecho solos de batería al aire. Y pensaba: “Dios, ¿qué va a ser de mí?, ¿de mis piernas?, ¿de mi culo?, ¿pero qué me ha pasado?, ¿dónde está la Susana que corrió un maratón?”. Muchas preguntas y no hallaba las respuestas. Hasta que, sin saber muy bien cómo, un buen día vi la luz (sin túnel, menos mal) y me dije: “Ya está bien de tanta tontería y tanta lagrimita. Se acabó la autocompasión“.

Así que he vuelto. Y conmigo, el Sr. Miyagi. Él me mostrará de nuevo el camino a seguir. “Determinación, Susana, necesitas determinación. Y quitarte unos kilos de encima, claro”. Vale. Solo llevo un mes entrenando en serio otra vez. Las agujetas del principio fueron a-lu-ci-nan-tes, pero ya han pasado. ¿Y el futuro?: correr otro maratón en abril. Tengo 6 meses más por delante para lograrlo. ¿Alguien se apuesta algo?

PD: Por cierto, ayer volví a correr Coruña 10. En 1:01:03. Qué lejos parecen mis 57:05. Bien, esto lo puedo ver de dos maneras: a) “Menudo tiempo de m***** que he hecho (lo cual es rigurosamente cierto)”, o b) He mejorado el tiempo del año pasado (lo cual no era muy difícil) y no he notado ni el más mínimo pinchacito en mis rodillas (gran noticia). Bueno, siempre hay que tener un plan B, ¿no? Pues eso. Ahí os dejo una foto para el recuerdo tras llegar a la meta (la que está a mi lado es la perrilla de mi cuñada Sara: me ganó de calle, sin piedad, con unos estupendos 58:49. ¡¡¡Enhorabuena!!!).

Necesito un año nuevo

Escrito por Susana Basterrechea
31 de diciembre de 2011 a las 0:52h

El otro día salí a correr por A Coruña. Como estaba cerca del parque de Santa Margarita, allá me fui. El parque, aunque pulmón verde coruñés, no es Central Park, así que pronto ya me lo había pateado entero. Y, en un acto de valentía, decidí hacer unas cuestecitas por aquello de mejorar la resistencia y endurecer algo el trasero, si es que eso es ya posible. Llegué a casa contenta, con la sensación del trabajo bien hecho, pero por la noche empecé a notar un dolor extraño dentro de la rótula de la rodilla derecha, no en un lateral como me ocurrió hace tiempo, sino por arriba. Y aquí sigue el dolor, acompañándome desde entonces: cuando camino, cuando subo o bajo escaleras, cuando me agacho… Qué majo

Así que mañana, 31 de diciembre, no correré la San Silvestre coruñesa, aunque estaré allí para animar al Sr. Miyagi y a su hermana (mi cuñada le ha cogido el gusto a esto de correr) y para disfrutar del ambiente de la carrera. Solo voy a dar un dato: en solo dos días se inscribieron las 1.000 personas del cupo previsto por la organización y sé de muchos que correrán sin dorsal, solo por pasar un rato muy divertido.

Yo, que no acabo de recuperar la forma, ni el fondo, me aplicaré la frase de esta pintada:

Pues eso, Susana, respira. Porque aunque no me voy a quejar del 2011 (me han pasado cosas, cómo lo díría, “interesantes”), espero (necesito) un nuevo año, uno a estrenar. Feliz 2012 y feliz noche:

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(Noches reversibles, Love of lesbian)

Esa canción le encanta a mi hijo. En cambio esta otra es de cuando él aún no existía y yo salía de noche, de mi grupo favorito. Escucharlas siempre me ponen de buen humor:

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(Here comes your man, Pixies)

PD: ¿Algún otro deseo para el nuevo año? ¿Qué tal vivir sin crisis (económica, personal, de ansiedad, de la mediana edad…)?