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Actitudes profesionales y valores humanos

26 de febrero de 2012 a las 11:55

Este viernes pasado hemos comenzado dos nuevos cursos de Socorrismo en Instalaciones Acuáticas y Socorrismo en Espacios Acuáticos Naturales, en una de las aulas de la Facultad de Ciencias del Deporte y la Educación Física de la Universidad de A Coruña, que se encuentra en Bastiagueiro (Oleiros). Hemos comenzado con la misma dinámica que utilizamos el día 3 de febrero cuando se inició el curso en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Vigo. Y es la misma que utilizaremos cuando en las semanas próximas comencemos los cursos en los municipios de Narón (A Coruña) y Ponferrada (León).

Llevamos ya bastantes años comenzando cada curso con una presentación, con la explicación de nuestro plan de formación y con una primera conferencia sobre las “Actitudes profesionales en Socorrismo Acuático”.

En esta primera conferencia he podido apreciar que un grupo numeroso de alumnos (27 en Vigo y 30 en Oleiros) se quedaban impresionados y parecía que “avergonzados” ante las imágenes obtenidas en situaciones reales que yo les iba mostrando en mi presentación para intentar concienciarles acerca de lo que NO debe hacerse cuando alguien está cumpliendo con un trabajo en el que la VIDA es el “leitmotiv”, el sentido central de todo lo que se hace.

En algunos alumnos he visto miradas de extrañeza y algo de desconfianza, como si no supieran bien dónde se metían. En otros, muchos, he visto miradas decididas, miradas de comprensión total acerca de lo que yo mostraba y explicaba, miradas que me comunicaban que estaban decididos a ponerse del bando de los auténticos socorristas profesionales, de aquéllos que van a entender bien la trascendencia de su trabajo, de los que están dispuestos a pasar frío o calor, de los que ya al comienzo tienen claro que quieren ser socorristas por el principal motivo de serlo: AYUDAR A LOS DEMÁS con sus conocimientos y su preparación.

Para los que veo que no están muy convencidos en esta primera conferencia, suelo decirles directamente: “Si todavía alguien tiene dudas, que intente imaginar que la persona que necesita de esta ayuda es ella misma o su familiar más querido, seguro que así ya no hay dudas”.

También les he puesto una frase del Premio Nobel de literatura en 1915, el escritor francés Romain Rollad (1866-1944): “Basta un instante para hacer un héroe, y una vida entera para hacer un hombre”. Y les he comentado a continuación que nosotros no queremos formar a héroes, y mucho menos a héroes que arriesguen su vida y lleguen a morir. Para hacerlo nos bastaría un instante. Nosotros queremos formar a profesionales, a hombres o mujeres que tengan una vida entera para demostrar que hacen bien su trabajo.

Y para conseguirlo necesitamos un tiempo amplio en el que ellos participen al máximo, de tal forma que en el proceso de enseñanza-aprendizaje lleguen a consolidar una base sólida de valores humanos y actitudes profesionales, que les estimularán para llegar a ser buenos socorristas acuáticos dominando el medio acuático, teniendo una condición física idónea y adquiriendo los conocimientos necesarios para intervenir con eficacia en situaciones de emergencia.

Con una base sólida de valores y actitudes se puede llegar a ser un buen profesional en socorrismo.


Los valores humanos y las actitudes profesionales que van a precisar son fáciles de entender y a todos nos gustaría ser tratados cumpliendo lo que significan: altruismo, apoyo, ayuda, compromiso, cooperación, dignidad, entrega, fraternidad, honestidad, honradez, humanidad, integridad, justicia, lealtad, protección, prudencia, seguridad, servicio, solidaridad, voluntariedad… Pero les he comentado que no tienen por qué memorizar todo, que es muy sencillo porque todos estos valores y actitudes se pueden englobar en dos:
RESPETO y RESPONSABILIDAD.

Respeto por la vida, respeto por las personas. Responsabilidad en el trabajo, responsabilidad en la vida.

Sí, es lo que he vuelto a hacer una vez más y no me canso de repetirlo. Es, quizá, lo más positivo de mi trabajo, el esfuerzo por comunicar que somos útiles, que podemos ser buenos profesionales del socorrismo y que gracias a nuestro trabajo podremos prevenir muchos accidentes acuáticos y, en algunas ocasiones, muy pocas, salvar la vida de alguien.

Me he empeñado en transmitirles lo difícil que es ser un buen socorrista y lo fácil que es caer en los errores de siempre, en los fallos que tantas veces hemos visto y fotografiado durante el horario de trabajo. Errores y fallos que afectan negativamente a la imagen del socorrismo, al servicio de socorrismo en el que trabajan, a sus compañeros y, por supuesto, a las personas a las que se dirige su trabajo. Tales como llegar tarde al puesto de trabajo, dormir en el puesto de vigilancia, hablar con amigos-as durante el trabajo, leer (novelas, periódicos, apuntes), tomar el sol, flirtear con personas del otro sexo, trabajar sin la vestimenta identificativa, jugar a todo tipo de actividades (fútbol, voleibol, golf, palas, cartas) y un largo etcétera que por desgracia hemos visto en directo y hemos podido fotografiar.

Socorrista tumbado tomando el sol en su horario de trabajo.


Socorristas jugando al golf en su horario de trabajo.


Y les he dicho que estamos hartos de comprobar que los socorristas que tienen motivos única y puramente económicos, mercantiles y materiales suelen ser los que más caen en estos errores y fallos.

Pero lo que tengo claro es que he puesto todo mi empeño en animarles a convertirse en buenos socorristas profesionales, que lleguen a pensar en su trabajo como un servicio a los demás, sabiendo que cuando menos lo esperas alguien te necesita al cien por cien y de ti depende el salvar la vida de una persona.

Socorrista vigilando y cumpliendo con su trabajo.


Sí, les he hablado de la vocación y de la satisfacción que produce hacer bien tu trabajo.

¡Bienvenidos al socorrismo!

Formación, Laboral, Prevención, Vigilancia
Escrito por José Palacios 8 Comentarios
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Mi primer día de trabajo y mi primer rescate (Javier López Gil)

12 de junio de 2010 a las 10:44

En el artículo anterior, Raúl Pérez Tato dejaba claro que cuando no hay Servicio de Socorrismo las posibilidades de que comiencen los ahogamientos en las playas son altas y empezamos a ver noticias con los primeros ahogados.

Nosotros, desde nuestro Grupo de Investigación, estamos insistiendo en la necesidad de montar el Servicio de Socorrismo en playas teniendo en cuenta la afluencia de usuarios a las playas por buen tiempo y no en función de unas fechas oficiales de temporada de verano. O, al menos, adelantar la temporada del servicio lo más posible, organizando turnos de vigilancia en días buenos y/o fines de semana, sin necesidad de que estén todos los socorristas que después se tendrán en la temporada alta.

Está claro que esta medida requiere de una mayor y mejor organización en las ofertas de los municipios, pero no es complicado y, una vez más, repetimos que merece la pena, ya que son los ciudadanos los que salen beneficiados y no hace falta decir que son los ciudadanos los que dan sentido a los municipios y los que votan cuando hay elecciones municipales.

Hago esta introducción porque, como veremos, se comprueba claramente que en los municipios que ya han comenzado con el Servicio de Socorrismo, los socorristas ya están realizando su trabajo y en algunos casos ya han comenzado con los rescates y a salvar vidas.

Javier López Gil es uno de los alumnos que he tenido durante este curso en la Universidad. Ha cursado conmigo la asignatura de “Juegos y Recreación Deportiva” y, además, con nuestros profesores de Socorrismo Acuático y Primeros Auxilios ha realizado y aprobado los Cursos de Socorrismo en Instalaciones Acuáticas y Socorrismo en Espacios Acuáticos Naturales, que organiza el GIAAS y el Departamento de Educación Física y Deportiva en la Universidad. Ha conseguido trabajo de Socorrista Acuático para este verano en el municipio de Ferrol (A Coruña) y en su primer día de trabajo en la playa de Doniños, que destaca por su oleaje y corrientes, ya tuvo que realizar su primer rescate y salvar la vida de una niña. Me ha enviado un relato de lo sucedido que añado a continuación de mi comentario y que tiene gran interés por dos motivos:

- Nunca debemos confiarnos, hay que estar atentos hasta el final de nuestro horario de trabajo.

- Nunca debemos entrar al mar sin llevar aletas y material de rescate.

 

Mi primer día de trabajo y mi primer rescate

Autor: Javier López GilSocorrista Acuático en la playa de Doniños (Ferrol) y Estudiante en la Facultad de Ciencias del Deporte y la Educación Física de la Universidade da Coruña

 

Era un viernes, 4 de junio de 2010. Un día especial para mí, ya que era el primer día de trabajo como socorrista. Sentía una mezcla de nervios, emoción por conocer a mis compañeros de caseta y dudas sobre todo, por si estaría realmente preparado para realizar correctamente mi trabajo.

La mañana pasó tranquila, la bandera estaba verde y había muy poca afluencia en la playa, eso sí con alguna picadura de escarapote. Pasaba la tarde, el mar parecía estar muy tranquilo y mi compañero y yo sentados en la orilla charlábamos observándolo. A nuestra derecha teníamos a un grupo de niñas pequeñas, pegadas a las rocas, que jugaban  vigiladas por su abuelo. No le dimos mayor importancia, ya que, además de que el mar estaba tranquilo, a escasos metros del agua estaba un adulto vigilando a las niñas. Pasaron escasos minutos y sin saber cómo, la imagen había cambiado por completo: el abuelo alzaba los brazos como avisando de que algo estaba ocurriendo y una de las niñas se encontraba alejada de la orilla. Sin saber cómo, en ese mar aparentemente tranquilo, había una gran corriente al lado de las rocas que alejaba a la niña pequeña de la orilla. Mi compañero y yo salimos corriendo hacia las rocas y sin pensarlo me metí en el agua.

Mi compañero disponía de un tubo de rescate y yo llevaba las aletas en la mano. Cuando pasan cosas así, realmente no estás completamente preparado y seguro al cien por cien y en ese momento, por lo menos en mi situación, no piensas en todo lo que te han enseñado, simplemente piensas en sacar a la persona del agua. No quería ni perder el tiempo en ponerme las aletas y las solté (algo mal hecho por mi parte) y me puse a nadar. Llegué en escasos segundos a la niña, ya que, al meterme por la corriente, a mí también me empujaba lejos de la orilla, pero conseguí acercarme y hablar con ella. Ella estaba asustada y yo intentaba tranquilizarla, aunque mis nervios también estaban más que presentes. Hablaba con ella. Me sorprendió que la niña, incluso antes de que tocase la arena, me repitiese una y otra vez “gracias”, “muchas gracias”.

El abuelo, asustado, también se había metido en el agua para intentar sacar a su nieta pero mis compañeros le decían que se quedase en la arena y estuviese tranquilo. Me veía con la niña en una corriente que nos arrastraba mar adentro. Enseguida giré la cabeza y me vi apoyado por dos de mis compañeros con el material apropiado de rescate. Ya estábamos cerca de la orilla, la niña salió del agua y yo realmente me sentí muy aliviado, ya que todo había salido bien.

Minutos después la niña volvió a darme las gracias de la mano de su abuelo, que también me agradeció lo sucedido enormemente. En ese momento me di cuenta de que ser socorrista es algo más que un trabajo. Sentía una sensación de orgullo, de alivio, de felicidad y de tranquilidad que jamás antes había experimentado. Ahora sé que estoy preparado para futuros rescates, que el material es algo más que esencial a la hora de realizar cualquier rescate, y que desde luego, agradezco haber estado apoyado por mis compañeros en todo momento. Nunca más dejaré mis aletas tiradas en la arena, como dice Pepe Palacios, son y serán mis mejores amigas.

Playa de Doniños (Ferrol)

Playa de Doniños (Ferrol)

Consejos, General, Materiales, Rescates Singulares, Vigilancia
Escrito por José Palacios 8 Comentarios
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Primer “mandamiento”: Vigilaremos la lámina de agua

13 de agosto de 2009 a las 15:28

Os he comentado en anteriores entradas el trabajo que estamos llevando a cabo en el análisis de datos de ahogamientos en España este verano. A expensas de los resultados finales, os adelanto que hay muchas jornadas diarias en las que se ahogan dos y tres personas. Por ello, y dado que parece que por fin tenemos buen tiempo en las playas, nos ha parecido apropiado dedicar algunas líneas a la importancia de la vigilancia en los arenales.

Socorrista vigilando en la playa de O Vao en Vigo

Socorrista vigilando en la playa de O Vao en Vigo

La lámina de agua
Si bien cada día se producen numerosas atenciones en la arena (golpes de calor, lipotimias, picaduras de faneca o escarapote, heridas, contusiones, etc), nuestro principal objetivo es llevar a cabo la prevención, vigilancia y actuación en el espacio acuático de baño.
Para ello el servicio de socorrismo en playas debe garantizar la vigilancia permanente de la lámina de agua durante todo el período de prestación de dicho servicio.

Estrategias de vigilancia
En primer lugar pensemos que toda la zona de baño debe disponer de medios para poder detectar cualquier incidencia. Para lograrlo os planteamos las siguientes propuestas centradas en tres frentes de actuación:

1.- Vigilancia estática desde puestos o torres elevadas
Uno o dos socorristas realizan “barridos” de vigilancia de su sector. Cada 5 o 6 minutos debemos llevar a cabo al menos dos barridos completos de nuestra zona mediante el uso de prismáticos. En cada barrido, pensemos que lo recomendable es comenzar por un lado de la playa (por ejemplo la izquierda) y finalizar en el lado contrario (derecha en este caso). Aunque este comentario parece de “perogrullo” es importante sistematizar nuestra vigilancia porque de otro modo lo dejamos al azar e irremediablemente nos llevará a cometer errores. El hecho de comenzar en cada barrido nuevamente por el mismo lado de la playa nos permite mantener un tiempo máximo sin observación en cada punto dado, independientemente de en qué zona esté.
En un primer barrido es recomendable llevarlo a cabo de manera más rápida y centrando la atención en la búsqueda de aglomeraciones o un posible problema. Tras completar esta primera búsqueda más “gruesa”, comenzaremos una segunda en la que con mayor detalle repasaremos más lentamente todos los grupos de bañistas, dedicando el tiempo necesario a cualquier situación susceptible de atención (un niño solo en la orilla, un bañista nadando “forzado” hacia las boyas, personas a flote en el agua, adolescentes tirándose de cabeza desde zonas de rocas, etc).
Una vez finalizados estos dos barridos con prismáticos, podemos continuar observando del mismo modo sin ellos, hasta un máximo de 5 minutos tras los que iniciaremos de nuevo esta rutina. Es recomendable que en cada punto fijo de observación haya dos socorristas que puedan turnarse en el uso de los prismáticos, pues su uso prolongado durante toda la jornada puede provocar una disminución en la atención y un mayor cansancio en la vista.

Típica agrupación de usuarios ante una actuación de los socorristas. Vigo, 11 de Agosto de 2009

Típica agrupación de usuarios ante una actuación de los socorristas. Vigo, 11 de Agosto de 2009

2.- Vigilancia dinámica por la orilla
En patrulla de uno o dos socorristas, recorreremos el sector de vigilancia por la orilla de un lado a otro, observando de manera más directa y presencial cualquier posible situación de riesgo. En estas patrullas se puede llevar a cabo una labor de prevención mayor, al estar en contacto directo con los bañistas. Podemos informar de los efectos de la radiación solar a usuarios visiblemente “quemados”, aconsejar a familiares que estén cerca de los niños pequeños en la zona de baño, recomendar a bañistas que naden de forma paralela a la orilla en vez de ir y volver hacia las boyas del balizamiento, etc. Evidentemente esta patrulla en caso de precisar una actuación en el medio acuático, puede responder de manera más inmediata al estar en las inmediaciones de la zona de “rescate”.

Socorristas de Cruz Roja actuando en Arzagada. Vigo, 11 de Agosto de 2009

Socorristas de Cruz Roja actuando en Arzagada. Vigo, 11 de Agosto de 2009

3.- Vigilancia dinámica desde el mar
Mediante el uso de embarcaciones semirrígidas de normalmente 4 a 8 metros de eslora podemos llevar a cabo una importantísima vigilancia desde un punto de vista totalmente diferente al de tierra. Desde el mar se puede apreciar otro ángulo de visión y una mayor cercanía a aquellos bañistas que se separan de la orilla y se acercan a las líneas de boyas de los balizamientos. Esta labor se lleva a cabo mediante patrullas de un lado a otro de la playa, normalmente “a ralentí” o adecuando la velocidad de la embarcación a las circunstancias de cada momento. Estas acciones permiten delimitar claramente una línea de nado que los bañistas no deben pasar, y que normalmente viene dada por los balizamientos de playas pero que muchos pretenden superar. En estas patrullas se les informa de la peligrosidad de salir de la zona habilitada para el baño pues es espacio de navegación por donde cualquier embarcación de recreo o trabajo lleva a cabo sus travesías. Se consulta también a cualquier bañista sobre su estado y si precisan de ayuda, y se lleva a cabo una labor de gran importancia en las zonas de rocas o cabos entre playas, en los que numerosos usuarios se bañan y es prácticamente imposible detectar problemas desde las torres de vigilancia por los numerosos obstáculos que se presentan en medio.

Informacíon más detallada
Para todos aquellos que os interese conocer más datos sobre los criterios de una vigilancia eficaz, os recomiendo la consulta de la publicación de nuestro compañero José Palacios, “Socorrismo acuático profesional. Formación, preparación y organización para tener éxito en socorrismo acuático”, publicado por SADEGA-Publicaciones didácticas, y que se encuentra actualmente en su segunda edición. Esta publicación dedica un capítulo entero a la vigilancia, que todos los socorristas deberíamos leer y aplicar.

Aún queda un mes de verano, compañeros! No dejemos de vigilar a aquellos que lo necesitan.

Un saludo muy cordial a todos

Vigilancia
Escrito por Carlos Vales 6 Comentarios
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