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“CASTILLOS DE ARENA”

2 de noviembre de 2010 a las 9:46

Nuestro amigo y compañero del GIAAS, Eladio Díaz Rodríguez, que es el Coordinador técnico del área de Juventud del Ayuntamiento de La Matanza de Acentejo en Tenerife, Licenciado en Pedagogía, Postgrado de especialización en Investigación y Metodología en Educación Social y Postgrado de especialización en Educación Sexual, Género y Adolescencia, nos ha enviado un artículo sobre un tema que ya tratamos hace tiempo en el blog y que denominamos “rescates singulares”.

Son casos que, por desgracia, están ocurriendo con una frecuencia mayor de lo que podemos considerar “normal”.

Hace unos días, en varias prácticas, entre ellas las de entrada al agua y las de extracción con tablero de un posible lesionado medular, realizadas en la playa de Porto Cristo (Manacor – Baleares), unos alumnos del curso que estamos impartiendo de Socorrismo Acuático, tuvieron diversos problemas por los hoyos, algunos muy grandes, que dejan los que prefieren jugar con la arena a bañarse en el mar. Está bien lo de jugar, no seré yo quien vaya contra el juego, pero después del juego no puede dejarse la playa como si hubiera habido un bombardeo, ya que los hoyos que no se tapan pueden provocar accidentes y perjudicar a los socorristas, pero también a los usuarios de las playas de diferentes edades, entre los que, una vez más, los más afectados suelen ser los niños y los mayores.

Eladio: ¡gracias por tu artículo!

 

 

“CASTILLOS DE ARENA”

Autor: Eladio Díaz Rodríguez

 

Siempre decimos que la prevención es la clave del socorrismo acuático y últimamente insistimos más en ello pues las investigaciones y sus datos así lo demuestran. A propósito de ello, creo más que justificado hacer una reflexión acerca de los últimos acontecimientos que en el verano que acaba de terminar este año, sucedieron en varios puntos de nuestra geografía costera.

 

Por qué pensar en “Castillos de Arena”… A principios del verano aparecía una noticia a nivel nacional sobre un niño de diez años que fallecía a consecuencia de “jugar en la arena”. Pues bien, no es que la arena pueda producir alergia, ni por contacto pueda acarrear alguna disfunción intestinal. No. Lo que sí puede suceder, es que a la vista de todos los visitantes de una playa y ante la mirada complaciente y hasta con el beneplácito de los padres, los niños se sienten seducidos por los juegos de arena, especialmente cuando se trata de hacer castillos, figuras o lo más novedoso: túneles; aquéllos que cuanto más profundos y largos mejor, en espera de un aplauso público por tamaña proeza de ingeniería casera.

 

Pues hasta ahí todo resulta muy divertido. No así cuando estos túneles tan atractivos para los niños se derrumban. Derrumbarse un túnel de arena simplemente no parece que tenga mayor riesgo, pero cuando hay un niño dentro la “cosa cambia radicalmente”.  El niño de una playa de Girona, moría en el acto, tras una parada cardiorrespiratoria después de quedar literalmente enterrado. No se pudo hacer nada por salvar su vida. Aquí no queda todo.

 

Un mes después y a la luz de todos los visitantes, un niño de trece años de una familia de turistas italianos junto a otros amigos, decidieron hacer un túnel de tres metros de profundidad por cinco de largo. Un día antes pasaba yo personalmente, para hacer la inspección de Bandera Azul. El niño quedaba atrapado sin que inicialmente nadie se diera cuenta. La playa denominada Grandes Playas ubicada en la espectacular reserva natural de “Las Dunas de Maspalomas” (Fuerteventura) posee actualmente la mitad de efectivos de socorrismo que hace apenas un año. El rescate desesperado duró veinte minutos, pues toda la carga de arena le había caído encima. Más de diez personas intentando rescatar al niño. Los socorristas, después de rescatarlo, intentaban una reanimación que lo llevaría hasta el hospital en estado de coma. A los tres días moría, después de debatirse entre la vida y la muerte.

 

Pero esto no es todo. En Tenerife y ante la mirada atónita de gran cantidad de usuarios de la playa de La Punta, un joven turista alemán decidió “divertirse” haciendo un agujero en la arena de seis metros de ancho y unos cinco metros de profundidad. La “gracia” terminó con final feliz después de la intervención de bomberos, socorristas y personal de salvamento marítimo con helicóptero incluido, que después de dos horas pudieron rescatarlo de una muerte segura, al tener más del 90% de su cuerpo cubierto por la arena. Sólo le quedó al aire libre parte de su rostro, por lo que se salvó. Por cierto, la diversión nos salió a todos los contribuyentes la bicoca de 20.000 euros y a este aventurero inconsciente, una “palmadita” y un aplauso, como si de una proeza heroica se tratara. Ya lo decía Carlos Vales en uno de sus artículos meses atrás, lo que nos cuestas a los cuerdos trabajadores de a diario, las “estupideces” de unos cuantos “demacrados cerebrales”.

 

Pero bien, y con esto termino. Lo que nos trae es la reflexión con la que comenzaba este pequeño artículo. ¿Y la prevención? En todos los casos, había socorristas. ¿Llegará un día en que veremos a los socorristas “llamando la atención” de los usuarios cuando hacen cosas indebidas, ya no sólo en el agua, sino en el entorno de una playa? ¿Cuántos socorristas avisamos de un peligro porque lo visualizamos antes que el resto de personas que no están preparadas para ello? ¿Cuántos socorristas cuidamos del entorno? ¿Cuántos nos preocupamos de la limpieza, los accesos, el flujo de visitantes, las pasarenas, la limpieza de la arena, los animales domésticos o los “castillos de arena”? Cualquiera de todos estos acontecimientos, pueden llevar intrínsecamente un riesgo importante con resultado de muerte si no se prevé.

 

Si los socorristas hubieran captado el riesgo y se hubieran prohibido a tiempo estos túneles de arena; ¿hubieran sucedido las tragedias? La respuesta la meditamos cada uno. Pocos días después del caso de Fuerteventura, el ayuntamiento “se pensaba” el prohibir los huecos en la arena. ¿Es que tiene que haber un “bando” del ayuntamiento para esto? O por el contrario ¿Es menester del socorrista prevenir los accidentes como en estos casos?

 

La prevención ante todo y después de todo.

 

Un saludo, desde Canarias.

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Mi primer día de trabajo y mi primer rescate (Javier López Gil)

12 de junio de 2010 a las 10:44

En el artículo anterior, Raúl Pérez Tato dejaba claro que cuando no hay Servicio de Socorrismo las posibilidades de que comiencen los ahogamientos en las playas son altas y empezamos a ver noticias con los primeros ahogados.

Nosotros, desde nuestro Grupo de Investigación, estamos insistiendo en la necesidad de montar el Servicio de Socorrismo en playas teniendo en cuenta la afluencia de usuarios a las playas por buen tiempo y no en función de unas fechas oficiales de temporada de verano. O, al menos, adelantar la temporada del servicio lo más posible, organizando turnos de vigilancia en días buenos y/o fines de semana, sin necesidad de que estén todos los socorristas que después se tendrán en la temporada alta.

Está claro que esta medida requiere de una mayor y mejor organización en las ofertas de los municipios, pero no es complicado y, una vez más, repetimos que merece la pena, ya que son los ciudadanos los que salen beneficiados y no hace falta decir que son los ciudadanos los que dan sentido a los municipios y los que votan cuando hay elecciones municipales.

Hago esta introducción porque, como veremos, se comprueba claramente que en los municipios que ya han comenzado con el Servicio de Socorrismo, los socorristas ya están realizando su trabajo y en algunos casos ya han comenzado con los rescates y a salvar vidas.

Javier López Gil es uno de los alumnos que he tenido durante este curso en la Universidad. Ha cursado conmigo la asignatura de “Juegos y Recreación Deportiva” y, además, con nuestros profesores de Socorrismo Acuático y Primeros Auxilios ha realizado y aprobado los Cursos de Socorrismo en Instalaciones Acuáticas y Socorrismo en Espacios Acuáticos Naturales, que organiza el GIAAS y el Departamento de Educación Física y Deportiva en la Universidad. Ha conseguido trabajo de Socorrista Acuático para este verano en el municipio de Ferrol (A Coruña) y en su primer día de trabajo en la playa de Doniños, que destaca por su oleaje y corrientes, ya tuvo que realizar su primer rescate y salvar la vida de una niña. Me ha enviado un relato de lo sucedido que añado a continuación de mi comentario y que tiene gran interés por dos motivos:

- Nunca debemos confiarnos, hay que estar atentos hasta el final de nuestro horario de trabajo.

- Nunca debemos entrar al mar sin llevar aletas y material de rescate.

 

Mi primer día de trabajo y mi primer rescate

Autor: Javier López GilSocorrista Acuático en la playa de Doniños (Ferrol) y Estudiante en la Facultad de Ciencias del Deporte y la Educación Física de la Universidade da Coruña

 

Era un viernes, 4 de junio de 2010. Un día especial para mí, ya que era el primer día de trabajo como socorrista. Sentía una mezcla de nervios, emoción por conocer a mis compañeros de caseta y dudas sobre todo, por si estaría realmente preparado para realizar correctamente mi trabajo.

La mañana pasó tranquila, la bandera estaba verde y había muy poca afluencia en la playa, eso sí con alguna picadura de escarapote. Pasaba la tarde, el mar parecía estar muy tranquilo y mi compañero y yo sentados en la orilla charlábamos observándolo. A nuestra derecha teníamos a un grupo de niñas pequeñas, pegadas a las rocas, que jugaban  vigiladas por su abuelo. No le dimos mayor importancia, ya que, además de que el mar estaba tranquilo, a escasos metros del agua estaba un adulto vigilando a las niñas. Pasaron escasos minutos y sin saber cómo, la imagen había cambiado por completo: el abuelo alzaba los brazos como avisando de que algo estaba ocurriendo y una de las niñas se encontraba alejada de la orilla. Sin saber cómo, en ese mar aparentemente tranquilo, había una gran corriente al lado de las rocas que alejaba a la niña pequeña de la orilla. Mi compañero y yo salimos corriendo hacia las rocas y sin pensarlo me metí en el agua.

Mi compañero disponía de un tubo de rescate y yo llevaba las aletas en la mano. Cuando pasan cosas así, realmente no estás completamente preparado y seguro al cien por cien y en ese momento, por lo menos en mi situación, no piensas en todo lo que te han enseñado, simplemente piensas en sacar a la persona del agua. No quería ni perder el tiempo en ponerme las aletas y las solté (algo mal hecho por mi parte) y me puse a nadar. Llegué en escasos segundos a la niña, ya que, al meterme por la corriente, a mí también me empujaba lejos de la orilla, pero conseguí acercarme y hablar con ella. Ella estaba asustada y yo intentaba tranquilizarla, aunque mis nervios también estaban más que presentes. Hablaba con ella. Me sorprendió que la niña, incluso antes de que tocase la arena, me repitiese una y otra vez “gracias”, “muchas gracias”.

El abuelo, asustado, también se había metido en el agua para intentar sacar a su nieta pero mis compañeros le decían que se quedase en la arena y estuviese tranquilo. Me veía con la niña en una corriente que nos arrastraba mar adentro. Enseguida giré la cabeza y me vi apoyado por dos de mis compañeros con el material apropiado de rescate. Ya estábamos cerca de la orilla, la niña salió del agua y yo realmente me sentí muy aliviado, ya que todo había salido bien.

Minutos después la niña volvió a darme las gracias de la mano de su abuelo, que también me agradeció lo sucedido enormemente. En ese momento me di cuenta de que ser socorrista es algo más que un trabajo. Sentía una sensación de orgullo, de alivio, de felicidad y de tranquilidad que jamás antes había experimentado. Ahora sé que estoy preparado para futuros rescates, que el material es algo más que esencial a la hora de realizar cualquier rescate, y que desde luego, agradezco haber estado apoyado por mis compañeros en todo momento. Nunca más dejaré mis aletas tiradas en la arena, como dice Pepe Palacios, son y serán mis mejores amigas.

Playa de Doniños (Ferrol)

Playa de Doniños (Ferrol)

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“Rescates singulares” – Rescate en la arena: ¡una persona enterrada!

25 de septiembre de 2009 a las 16:58

Comenzamos una nueva temática en nuestro Blog. Una temática dedicada a los RESCATES SINGULARES; es decir, rescates que, por su rareza, por las dificultades que implican o por lo extraños que son, se convierten en “singulares”, casi únicos. Pero, como veremos, posibles, ya que son reales y sucedidos en relación con los servicios de socorrismo.

La única limitación en esta temática es que sólo se admiten casos reales, no deseamos cuentos o historias inventadas. Deseamos divulgar situaciones que, al haberse producido una vez, se pueden repetir y ya podrán ser conocidas por los lectores de este blog.

Estamos convencidos de que el conocimiento de este tipo de casos extraños es muy útil, ya que así todos los socorristas podrán saber que se pueden encontrar de todo en su profesión.

Por lo tanto, os animamos a que nos enviéis rescates extraños, incidentes complicados, anécdotas, curiosidades, relacionadas con el Servicio de Socorrismo, sea en instalaciones acuáticas o en espacios acuáticos naturales. Algunas veces podremos reírnos porque el caso es gracioso y el resultado favorable, otras veces tendremos que entristecernos porque el caso tuvo consecuencias muy negativas. Pero todo será positivo para la formación continuada.

El conocimiento de algo que nos ha sucedido a nosotros puede ser útil a todos los demás.

Por este motivo, agradezco la primera aportación, cuyo autor es Alejandro Alfaya, al que, además, siempre le estaremos agradecimos por la sugerencia de incluir esta temática en el blog Vigías. A él le debemos la idea.

¡Gracias Alejandro!

 

Playa de Portocelo (Marín - Galicia), donde sucedió este "singular" rescate.

Playa de Portocelo (Marín - Galicia), donde sucedió este "singular" rescate.

Rescate en la arena: ¡una persona enterrada!

 Autor: Alejandro Alfaya

Sucedió en Marín, en un domingo bastante gris a principios de agosto, en la playa de Portocelo. Eran las 12,00 h. y los socorristas Adrián Torres y Paula Pazos formaban el equipo encargado del servicio de socorrismo para ese día en la playa. El coordinador del servicio también se encontraba con ellos.

En el extremo izquierdo de la playa se veía a 2 niños con edades comprendidas entre 10 y 15 años que tenían unas palas plásticas de grandes dimensiones. A todos los componentes del servicio de socorrismo les llamó la atención el tamaño, pero estaban jugando con ellas.

Aproximadamente a las 12,15 h., y tras dar la primera patrulla, los socorristas preguntaron a los niños, que les confirmaron que estaban haciendo un agujero.

Al poco tiempo llegó la embarcación con los patrones Marcelino Chouza y David Carabelos, que, tras informar sobre las playas, estaban casi sin gente, se decide planificar un ejercicio entre todos.

Aproximadamente a las 12,45 h. una mujer reclamó la atención del servicio de socorrismo a gritos y gesticulando con aspavientos. El socorrista Adrián Torres salió corriendo hacia ella, mientras el resto, patrones incluidos, empezó a recoger el material de rescate, aún no sabían muy bien qué sucedía. Adrián fue el primero en llegar y la mujer le informó de que su marido estaba ¡¡ENTERRADO!!

Tras un primer momento de incredulidad, Adrián se percató de la gravedad de la situación y se puso a excavar con las aletas donde le indicaba la mujer. En poco tiempo, el resto del equipo de  rescate se unió al trabajo de excavación. El tiempo corría en contra del equipo de rescate y de la vida de la persona enterrada. Desde el principio se tuvo claro que cuanto más tiempo pasara menos posibilidades de supervivencia tendría la víctima.

En este rescate singular las aletas sirvieron para excavar en la arena.

En este rescate singular las aletas sirvieron para excavar en la arena.

 

El tiempo pasaba sin resultados, hasta que en un momento uno de los patrones dijo literalmente: “¡Hostia, una calva!”. Rápidamente se liberó a la víctima sus vías respiratorias.

Pero los problemas continuaron, los usuarios de la playa al ver la situación se acercaron a curiosear, lo que ocasionó un grave problema, ya que tras haber liberado la cabeza y las vías respiratorias de la victima, esos curiosos provocaron que otra vez cediera la arena sobre la cabeza del atrapado.

Se decidió entonces dividir al equipo en dos grupos: 3 excavaban y 2 expulsaban a los curiosos.

Se consiguió, finalmente, liberar las vías respiratorias y desenterrar el pecho. Sólo quedaban las piernas y todo saldría “perfecto”.

La víctima, un hombre de unos 40 años, salió de una situación mucho más grave de lo que al parecer él mismo provocó, con su propio atrevimiento y el de su inconsciencia. Sus hijos realizaron un túnel en la arena de la playa de dimensiones tan enormes que el padre decidió pasar de un lado a otro. Mientras pasaba el túnel cedió y pilló a la víctima con los brazos pegados al cuerpo y unas 3 cuartas de arena sobre su pecho. Evidentemente sin posibilidades de salir por sí mismo.

Al final, la situación terminó con un susto tremendo y con la víctima con arena por todo su cuerpo.

El rescate se realizó con éxito por varios factores fundamentales:

-         Primero, la mujer se percató de la gravedad de la situación y no dudó ni un instante en pedir ayuda.

-         Segundo, el hombre víctima del suceso tuvo una sangre fria increíble y mantuvo la calma en todo momento, sin alarmarse y sin hacer movimientos que le consumieran aún más el aire de sus pulmones.

-         Tercero, el equipo de socorrismo actúo rápidamente y con un total de 5 personas para desenterrar.

La respuesta fue inmediata y eso fue lo que le salvó de una muerte, sin duda ridícula y angustiosa.
Está claro que éste es un ejemplo más de las estupideces que se hacen en las playas, fruto de la temeridad y de la inconsciencia. El peligro está a la vuelta de la esquina y cualquier día, no hace falta que haga un sol radiante ni estar la playa llena de gente, las cosas pasan y hay que estar preparados para afrontarlas.

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Escrito por José Palacios 3 Comentarios
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