“CASTILLOS DE ARENA”
Nuestro amigo y compañero del GIAAS, Eladio Díaz Rodríguez, que es el Coordinador técnico del área de Juventud del Ayuntamiento de La Matanza de Acentejo en Tenerife, Licenciado en Pedagogía, Postgrado de especialización en Investigación y Metodología en Educación Social y Postgrado de especialización en Educación Sexual, Género y Adolescencia, nos ha enviado un artículo sobre un tema que ya tratamos hace tiempo en el blog y que denominamos “rescates singulares”.
Son casos que, por desgracia, están ocurriendo con una frecuencia mayor de lo que podemos considerar “normal”.
Hace unos días, en varias prácticas, entre ellas las de entrada al agua y las de extracción con tablero de un posible lesionado medular, realizadas en la playa de Porto Cristo (Manacor – Baleares), unos alumnos del curso que estamos impartiendo de Socorrismo Acuático, tuvieron diversos problemas por los hoyos, algunos muy grandes, que dejan los que prefieren jugar con la arena a bañarse en el mar. Está bien lo de jugar, no seré yo quien vaya contra el juego, pero después del juego no puede dejarse la playa como si hubiera habido un bombardeo, ya que los hoyos que no se tapan pueden provocar accidentes y perjudicar a los socorristas, pero también a los usuarios de las playas de diferentes edades, entre los que, una vez más, los más afectados suelen ser los niños y los mayores.
Eladio: ¡gracias por tu artículo!
“CASTILLOS DE ARENA”
Autor: Eladio Díaz Rodríguez
Siempre decimos que la prevención es la clave del socorrismo acuático y últimamente insistimos más en ello pues las investigaciones y sus datos así lo demuestran. A propósito de ello, creo más que justificado hacer una reflexión acerca de los últimos acontecimientos que en el verano que acaba de terminar este año, sucedieron en varios puntos de nuestra geografía costera.
Por qué pensar en “Castillos de Arena”… A principios del verano aparecía una noticia a nivel nacional sobre un niño de diez años que fallecía a consecuencia de “jugar en la arena”. Pues bien, no es que la arena pueda producir alergia, ni por contacto pueda acarrear alguna disfunción intestinal. No. Lo que sí puede suceder, es que a la vista de todos los visitantes de una playa y ante la mirada complaciente y hasta con el beneplácito de los padres, los niños se sienten seducidos por los juegos de arena, especialmente cuando se trata de hacer castillos, figuras o lo más novedoso: túneles; aquéllos que cuanto más profundos y largos mejor, en espera de un aplauso público por tamaña proeza de ingeniería casera.
Pues hasta ahí todo resulta muy divertido. No así cuando estos túneles tan atractivos para los niños se derrumban. Derrumbarse un túnel de arena simplemente no parece que tenga mayor riesgo, pero cuando hay un niño dentro la “cosa cambia radicalmente”. El niño de una playa de Girona, moría en el acto, tras una parada cardiorrespiratoria después de quedar literalmente enterrado. No se pudo hacer nada por salvar su vida. Aquí no queda todo.
Un mes después y a la luz de todos los visitantes, un niño de trece años de una familia de turistas italianos junto a otros amigos, decidieron hacer un túnel de tres metros de profundidad por cinco de largo. Un día antes pasaba yo personalmente, para hacer la inspección de Bandera Azul. El niño quedaba atrapado sin que inicialmente nadie se diera cuenta. La playa denominada Grandes Playas ubicada en la espectacular reserva natural de “Las Dunas de Maspalomas” (Fuerteventura) posee actualmente la mitad de efectivos de socorrismo que hace apenas un año. El rescate desesperado duró veinte minutos, pues toda la carga de arena le había caído encima. Más de diez personas intentando rescatar al niño. Los socorristas, después de rescatarlo, intentaban una reanimación que lo llevaría hasta el hospital en estado de coma. A los tres días moría, después de debatirse entre la vida y la muerte.
Pero esto no es todo. En Tenerife y ante la mirada atónita de gran cantidad de usuarios de la playa de La Punta, un joven turista alemán decidió “divertirse” haciendo un agujero en la arena de seis metros de ancho y unos cinco metros de profundidad. La “gracia” terminó con final feliz después de la intervención de bomberos, socorristas y personal de salvamento marítimo con helicóptero incluido, que después de dos horas pudieron rescatarlo de una muerte segura, al tener más del 90% de su cuerpo cubierto por la arena. Sólo le quedó al aire libre parte de su rostro, por lo que se salvó. Por cierto, la diversión nos salió a todos los contribuyentes la bicoca de 20.000 euros y a este aventurero inconsciente, una “palmadita” y un aplauso, como si de una proeza heroica se tratara. Ya lo decía Carlos Vales en uno de sus artículos meses atrás, lo que nos cuestas a los cuerdos trabajadores de a diario, las “estupideces” de unos cuantos “demacrados cerebrales”.
Pero bien, y con esto termino. Lo que nos trae es la reflexión con la que comenzaba este pequeño artículo. ¿Y la prevención? En todos los casos, había socorristas. ¿Llegará un día en que veremos a los socorristas “llamando la atención” de los usuarios cuando hacen cosas indebidas, ya no sólo en el agua, sino en el entorno de una playa? ¿Cuántos socorristas avisamos de un peligro porque lo visualizamos antes que el resto de personas que no están preparadas para ello? ¿Cuántos socorristas cuidamos del entorno? ¿Cuántos nos preocupamos de la limpieza, los accesos, el flujo de visitantes, las pasarenas, la limpieza de la arena, los animales domésticos o los “castillos de arena”? Cualquiera de todos estos acontecimientos, pueden llevar intrínsecamente un riesgo importante con resultado de muerte si no se prevé.
Si los socorristas hubieran captado el riesgo y se hubieran prohibido a tiempo estos túneles de arena; ¿hubieran sucedido las tragedias? La respuesta la meditamos cada uno. Pocos días después del caso de Fuerteventura, el ayuntamiento “se pensaba” el prohibir los huecos en la arena. ¿Es que tiene que haber un “bando” del ayuntamiento para esto? O por el contrario ¿Es menester del socorrista prevenir los accidentes como en estos casos?
La prevención ante todo y después de todo.
Un saludo, desde Canarias.
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