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Vigías

Vamos a peor: 155 muertes en el medio acuático en España entre el 1 de junio y el 31 de agosto.

13 de septiembre de 2013 a las 13:11

El ahogamiento es una de las causas de muerte accidental que se sitúa en los primeros lugares de las estadísticas (Organización Mundial de la Salud, 2002) y en algunos tramos de edad llega a situarse como la primera, por delante de los accidentes de tráfico. Esta alta incidencia hace que organismos internacionales como la UNESCO y la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo califiquen de asunto de salud pública que reclama atención mundial (OMS, 2008).  Además, estos mismos organismos advierten que las cifras reales de muerte por ahogamiento pueden estar subestimadas pues la clasificación y la forma de registro no es universal ni sistemática en todos los países.

También sucede en España, país en el que no contamos con una estadística sistemática y fiable de muertos en el medio acuático. Los datos que aporta el Instituto Nacional de Estadística con varios años de retraso aparecen reflejados en un apartado denominado “ahogamiento, sumersión y sofocación accidentales”, clasificándolos en varones y mujeres, por edades, por comunidades autónomas y por meses. Pero sin aportar datos de gran interés para poder realizar acciones de prevención como son el lugar donde suceden, la hora y las circunstancias relacionadas con la muerte.

Y esto a pesar de que en España todos los veranos asistimos a un flujo permanente de noticias de personas que pierden su vida en el espacio acuático. El verano de 2012 se contabilizaron 186 muertes entre el 1 de junio y el 30 de septiembre. Para conseguir estos datos se utilizaron las noticias que llegaban a través de la alerta en el buscador “Google” con las palabras “ahogado/ahogada”. De esta forma llegan diariamente enlaces a las páginas web en las que se informa de estas noticias, que son en su mayoría de medios de comunicación digitales (periódicos, revistas, canales de televisión y radio), regionales, nacionales o internacionales.

Teniendo en cuenta esta fuente de información indirecta es necesario reconocer que nuestro estudio sólo refleja una parte de la realidad, aquella que aparece en los medios de comunicación y que llega por la alerta establecida. Por lo tanto, deberíamos admitir casi con absoluta seguridad que la cifra total de casos de muertos en el medio acuático en nuestro país durante los meses de verano puede ser aún mayor. Además, es preciso advertir que sólo se han analizado las noticias en relación a actividades de ocio y tiempo libre, quedando fuera del estudio los casos relacionados con la inmigración ilegal (el intento de alcanzar la costa española en patera), los accidentes laborales, como los que pueden sufrir los pescadores profesionales, o grandes catástrofes como inundaciones o riadas.

El estudio realizado en el verano de 2012 se está realizando de nuevo en este verano de 2013. Y sin ánimo de alarmar, pero sí con una evidente preocupación, podemos empezar diciendo que este verano puede ser peor teniendo en cuenta los datos recopilados entre el 1 de junio y el 31 de agosto de 2013. Aunque el estudio se finalizará cuando acabe el mes de septiembre, hasta el 31 de agosto las noticias de muertes en el medio acuático se elevan a la preocupante cifra de 155.

Nuestro objetivo es divulgar los datos que conseguimos en el estudio realizado para intentar prevenir y, con ello, reducir o eliminar estas injustas muertes que suceden en un espacio que debería ser siempre maravilloso y saludable.

Insistimos en que si se desea solucionar un problema, lo primero que debe hacerse es aceptar que existe el problema. Y es aquí donde se falla, ya que son muchos (entidades públicas y privadas, personas que gobiernan o dirigen, profesionales que no ven o no quieren ver la realidad, dudosos expertos) los que todavía no aceptan que las muertes en el medio acuático son un grave problema, un asunto de salud pública, como indica la UNESCO y la OMS.

Comentarios sobre los datos obtenidos entre el 1 de junio y el 31 de agosto de 2013:

El mal tiempo durante el mes de junio de este año alejó a las personas del medio acuático y de ahí la baja cifra de muertes en este mes, pero fue comenzar el buen tiempo y se dispararon los trágicos sucesos, como se comprueba en las 70 personas que murieron en los 31 días de julio, más de dos diarios, con días fatídicos, como el 6 de julio con 7 muertos y los días 5, 14 y 20 de julio con 5 muertos cada día.

La inmensa mayoría de las muertes en el medio acuático se dan en hombres, el 79% (122 casos), mientras que en mujeres son el 21% restante (33). Este reparto coincide con lo sucedido en 2012 y con otras estadísticas a nivel nacional e internacional. 

No existe una razón que pueda explicar esta enorme diferencia; es, más bien, un conjunto de factores, entre los que podemos enumerar los siguientes:

– Los hombres practican más actividades acuáticas de riesgo que las mujeres.

– A los hombres les gusta demostrar que son y siguen siendo competentes, aunque pasen los años.

– Los hombres son más competitivos que las mujeres y por alguna razón necesitan demostrar su capacidad, a veces a través de retos absurdos que se auto-imponen.

– Los hombres no perciben bien las consecuencias de los riesgos que asumen, o sobrevaloran su capacidad frente a situaciones potencialmente peligrosas.

– Los hombres sienten con más facilidad que las mujeres el concepto de invulnerabilidad (las desgracias sólo les ocurren a otros).

Si analizamos la edad de los ahogados, los datos también son muy claros y contundentes. Son los más pequeños y los más mayores los que reúnen un mayor número de muertes y es evidente que de 0 a 9 años y por encima de 60 años son las edades más sensibles a problemas relacionados con el medio acuático. En estas edades están las personas que menos llaman la atención cuando tienen un problema y llegan a morir en silencio.

Las zonas de baño naturales son los espacios en los que se producen la mayoría de las muertes, algo que es lógico si se tiene en cuenta que las condiciones del medio son más inestables que en instalaciones acuáticas y, además, en verano son las zonas con mayor afluencia de bañistas y usuarios.

Sin embargo, deberían preocupar las 31 muertes que han ocurrido en piscinas, que son considerados espacios acuáticos seguros. En el reparto, no es casualidad que 23 hayan sido en piscinas privadas, que carecen de socorristas, mientras que 1 ha sucedido en piscina de hotel y 7 en piscinas públicas, lo que es también alarmante y más si tenemos en cuenta que durante todo el verano pasado no hubo ningún muerto en este último tipo de piscinas que cuentan obligatoriamente con socorristas.

Pero algo que debe tenerse muy en cuenta para prevenir este tipo de muertes es que suceden en cualquier espacio acuático y no solo en los consideramos “oficialmente” como zonas de baño. Así lo demuestran las noticias de muertos en ríos, embalses, zonas de mar que no son playas, canales, estanques, acequias, puertos, balsas de riego, pozos y aljibes. Es un tremendo error considerar que un espacio acuático carece de peligro porque tenga poca agua.

A las autoridades les debería preocupar los datos obtenidos en cuanto a municipios, provincias y comunidades autónomas. El mapa que se presenta de España con puntos rojos en 47 provincias y en 17 comunidades autónomas diferentes no es para quedarse “relajados” ante los muertos en el medio acuático. Si se hiciera suficiente prevención, las autoridades que gobiernan sí que podrían pensar que los casos son inevitables y que nada más pueden hacer, pero es evidente que los esfuerzos en prevención son mínimos y casi nulos si los comparamos con lo que sucede en relación al tráfico de vehículos.

Los puntos rojos señalan las provincias españolas en las que hubo algún muerto en el medio acuático. Los puntos verdes indican las provincias en las que no se tiene noticia al respecto.

Y en cuanto a comunidades autónomas, este año destacan negativamente Andalucía con un 20% de los muertos en espacios acuáticos (31 casos), Comunidad Valenciana con el 16% (25 casos), Cataluña con el 13,5% (21 casos) y Galicia con el 11% (17 casos).

En cuanto a las franjas horarias, el mayor número de muertos se agrupa en las horas centrales del día, tanto de 10,00 a 15,00 h., como de 15,00 a 20,00 h., ambas con un 37% de los casos. Y es lógico que suceda así, puesto que son las horas con mayor afluencia de bañistas y usuarios de espacios acuáticos. Este verano vuelve a suceder lo que ya pasaba en el verano de 2012. Una vez más insistimos en que debería preocupar que  un 74% de los muertos en el medio acuático sucedan de 10,00 a 20,00 h.

Sobre la nacionalidad de los muertos, que no se menciona en muchas noticias (38), se debería pensar en que puede afectar negativamente al turismo, principal fuente de ingresos en España, el hecho de que haya muertos de 16 nacionalidades diferentes. Aunque es evidente que a cualquier persona con un mínimo de valores le debe dar igual la nacionalidad del muerto.

Entre los datos obtenidos es posible que haya uno que por su interés destaque sobre los demás, nos referimos al hecho de que la inmensa mayoría de las muertes, el 68% (106 casos), suceden en lugares en los que no había servicio de socorrismo o fuera del horario de este servicio, mientras que un 32% (49 casos) sucede en espacios con la presencia de socorristas, que inician las maniobras de reanimación pero sin éxito.

En el verano pasado el 63% de todas las muertes sucedieron en espacios acuáticos sin socorristas, o fuera del horario del servicio de socorrismo, y, por lo que vemos, este verano se ha superado este porcentaje. Este dato debería relacionarse con una falta de prevención de los usuarios, al elegir lugares u horario que no disponen de suficiente seguridad, y también es obligatorio denunciar que todavía son muchos los lugares destinados al baño público que no disponen de servicio de socorrismo, o que este servicio tiene un horario insuficiente.

En cuanto a los 49 casos de muertes que suceden en espacios acuáticos que cuentan con servicio de socorrismo también deberían incidir en una disposición para intentar aún más este tipo de muertes. Y, en este sentido, no nos cansaremos de insistir en la necesidad de una vigilancia permanente y eficaz, y tampoco dejaremos de repetir la importancia que tiene el detectar cuanto antes la situación de emergencia y, en caso necesario, iniciar lo antes posible la RCP básica, ya que las posibilidades de supervivencia se incrementan enormemente.

Otra circunstancia que no debería tranquilizar lo más mínimo es saber que en 42 casos (27%) las víctimas con sacados del agua por bañistas o testigos presenciales que se encontraban en el espacio acuático, porque en ocasiones este afán por ayudar se puede convertir en una trampa mortal, como de hecho sucede con 4 personas que murieron intentando el rescate de otras, en un acto de heroísmo equivocado, injusto e innecesario. Para realizar rescates en el medio acuático es preciso tener formación, preparación, conocimientos y, casi siempre, recursos materiales adecuados para garantizar la seguridad de rescatador y víctima.

Como ya se ha mencionado, el dato más preocupante, y el que a nosotros nos parece más injusto y trágico, es el relacionado con los niños. Es desolador que 17 niños de 0 a 9 años hayan muerto en diferentes espacios acuáticos, porque cuando un niño muere en cualquier espacio acuático siempre es una muerte evitable, bastaba con haber prevenido de una forma tan sencilla como vigilando de cerca. Los niños murieron en piscinas privadas (10 casos), en piscinas públicas (3 casos), en ríos (3 casos) y en playa (1 caso). Quién puede contestar a estas preguntas: ¿dónde estaban los adultos que deberían estar vigilándolos?, ¿qué educación preventiva recibieron en relación al medio acuático?, ¿de qué sirven las lamentaciones cuando ha llegado la muerte del niño?

Es muy interesante conocer que en 45 de las noticias (29%) se informa que la víctima se encontraba inconsciente y “flotando boca abajo”, ya que refleja una circunstancia que todos deberíamos tener en cuenta. Es decir, a la víctima se la detecta demasiado tarde, siendo una patraña lo de creer que todas las víctimas en el medio acuático piden auxilio de forma llamativa, lo que sucede únicamente en 3 casos (2%). Y la posición de la víctima “flotando boca abajo” debería tenerse en cuenta en las dos primeras acciones del rescate, que deberían ser colocarla “boca arriba” y comenzar a insuflar aire con la técnica del boca a boca, sin esperar a llegar a la orilla. Quizás estas dos primeras acciones salvarían a muchos de la muerte.

Los datos obtenidos también nos informan de otra farsa, que es la de creer que los muertos suceden solo en espacios acuáticos peligrosos. En 13 casos (8%) se informa que en el momento de la muerte el mar estaba en calma y en la playa ondeaba la bandera verde, mientras que 3 casos (2%) suceden cuando en la playa ondeaba bandera amarilla. Fueron 6 casos (4%) los que sucedieron en zonas de baño prohibido, o cuando en la playa ondeaba la bandera roja, y en 3 casos (2%) se informa que la víctima se encontraba en zonas de fuerte oleaje.

Únicamente son 6 las noticias (4%) que informan que se sospecha de una parada cardiorrespiratoria por sobre-esfuerzo o patología previa, aunque imaginamos que esta causa está relacionada con muchos más casos, sobre todo entre los más mayores.

Y otros casos que son más difíciles de evitar de forma externa a las víctimas son los que suceden por caídas accidentales (10), los ocasionados por realizar prácticas de buceo (4), prácticas de vela o kayak (4), o los que suceden por haber consumido drogas y/o alcohol (3). Aunque sí es cierto que en todos estos casos, la muerte se hubiera evitado con conductas preventivas, muchas de ellas desconocidas por no existir suficiente divulgación.

Consejos para evitar las muertes en espacios acuáticos:

  1. Organizar un servicio de socorrismo en los espacios acuáticos en los que existan afluencia de bañistas, en horario comprendido entre las 10,00 y las 20,00 h., informando mediante carteles de este horario y aconsejando no bañarse fuera del mismo.
  2. Bañarse en espacios acuáticos que cuenten con servicio de socorrismo y dentro del horario en el que se presta este servicio.
  3. Prevenir (prohibir) las conductas de riesgo y el baño en zonas peligrosas por corrientes, oleaje, temperatura, rocas, etc.
  4. Ante situaciones en las que se ve en peligro a otras personas, no hay que intervenir sin plena seguridad, hay que aceptar las limitaciones, pensar en los recursos y preparación que se tiene y activar el sistema de emergencias.
  5. Nunca hay que dejar a los niños solos o bajo el cuidado de otros niños, ni siquiera un momento, y en ningún tipo de espacio acuático por muy pequeño que sea.
  6. La vigilancia de los niños en el espacio acuático debe realizarse a distancia “de contacto”, de forma que si hay que intervenir, alargando el brazo se pueda agarrar al niño.
  7. Los adultos que vigilan a niños deben estar centrados sólo en eso, sin distraerse con otras ocupaciones (hablar por teléfono, charlar con amigos, atender otras tareas de casa, tomar el sol, leer).

Consejos para los socorristas:

  1. Realizar una vigilancia activa, permanente y completa.
  2. Vigilar con mayor atención a los hombres, principalmente a los niños y a los más mayores.
  3. Vigilar con constancia y paciencia el espacio acuático, sobre todo en lugares naturales, de tal forma que se intervenga de manera inmediata ante la situación de emergencia y no solo por avisos de usuarios o bañistas.
  4. Comenzar a insuflar aire con la técnica del boca a boca nada más llegar a la víctima si se encuentra inconsciente y “boca abajo”, sin esperar a llegar a la orilla.
  5. Exigir condiciones dignas de trabajo, con recursos materiales suficientes y con un reparto adecuado entre trabajo y descanso.

Conclusiones:

En España, en tres meses, después de transcurridos 92 días han muerto 155 personas en el medio acuático. No nos cansaremos de repetir que la mayor parte de estas muertes se podrían haber evitado si el espacio acuático en el que han sucedido hubiera contado con un Servicio de Socorrismo suficiente y digno, o si estas personas hubieran preferido bañarse en lugares con este servicio.

Los profesionales que tenemos relación directa con la seguridad, la educación, la medicina y las emergencias nunca deberíamos olvidar que nuestro objetivo principal es la vida y la salud de nuestros ciudadanos. Debemos hacer todo lo posible por conseguir este bello, noble y humanitario objetivo.

La función del socorrista acuático es actuar como primer interviniente en cualquier suceso o situación de emergencia que se produzca en el medio acuático, con independencia de la causa u origen. En todos los casos interviene en un espacio que le obliga a una formación actualizada y al uso de materiales con los que mejora su nivel de eficacia y la calidad de su trabajo. El socorrista acuático debe cumplir y exigir tanto la formación actualizada como los materiales de intervención (aletas, Marpas, embarcaciones, tirantes y cuerda, oxígeno, desfibrilador, férulas semirrígidas, manta térmica, collarín, tubos oro-naso-faríngeos, etc.).

Las inversiones en educación, en salud, en investigación y en seguridad no se deben reducir, ni por la crisis ni por nada. Como ciudadanos, tenemos derecho a exigir seguridad en los espacios acuáticos en los que nos bañamos o nadamos, de igual forma que reclamamos la seguridad en nuestras carreteras o ciudades.

La vida es algo que no tiene precio. Y para recordarlo nada mejor que una frase de Tomas Moro: “Creo que la vida de un hombre es superior a todas las riquezas que pueda proporcionar la fortuna”, que se puede encontrar en su libro Utopía, escrito en 1516, en el que también podemos leer esta otra sentencia llena de sabiduría: “Es propio del sabio prevenir el mal, más que emplear remedios para curarlo.”

Gracias a todos los que día a día realizan esfuerzos para hacer realidad la prevención en los espacios acuáticos.

Se puede acceder al artículo completo en el siguiente enlace.

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Escrito por José Palacios Comentar
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