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Vigías

Actitudes profesionales y valores humanos

26 de febrero de 2012 a las 11:55

Este viernes pasado hemos comenzado dos nuevos cursos de Socorrismo en Instalaciones Acuáticas y Socorrismo en Espacios Acuáticos Naturales, en una de las aulas de la Facultad de Ciencias del Deporte y la Educación Física de la Universidad de A Coruña, que se encuentra en Bastiagueiro (Oleiros). Hemos comenzado con la misma dinámica que utilizamos el día 3 de febrero cuando se inició el curso en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Vigo. Y es la misma que utilizaremos cuando en las semanas próximas comencemos los cursos en los municipios de Narón (A Coruña) y Ponferrada (León).

Llevamos ya bastantes años comenzando cada curso con una presentación, con la explicación de nuestro plan de formación y con una primera conferencia sobre las “Actitudes profesionales en Socorrismo Acuático”.

En esta primera conferencia he podido apreciar que un grupo numeroso de alumnos (27 en Vigo y 30 en Oleiros) se quedaban impresionados y parecía que “avergonzados” ante las imágenes obtenidas en situaciones reales que yo les iba mostrando en mi presentación para intentar concienciarles acerca de lo que NO debe hacerse cuando alguien está cumpliendo con un trabajo en el que la VIDA es el “leitmotiv”, el sentido central de todo lo que se hace.

En algunos alumnos he visto miradas de extrañeza y algo de desconfianza, como si no supieran bien dónde se metían. En otros, muchos, he visto miradas decididas, miradas de comprensión total acerca de lo que yo mostraba y explicaba, miradas que me comunicaban que estaban decididos a ponerse del bando de los auténticos socorristas profesionales, de aquéllos que van a entender bien la trascendencia de su trabajo, de los que están dispuestos a pasar frío o calor, de los que ya al comienzo tienen claro que quieren ser socorristas por el principal motivo de serlo: AYUDAR A LOS DEMÁS con sus conocimientos y su preparación.

Para los que veo que no están muy convencidos en esta primera conferencia, suelo decirles directamente: “Si todavía alguien tiene dudas, que intente imaginar que la persona que necesita de esta ayuda es ella misma o su familiar más querido, seguro que así ya no hay dudas”.

También les he puesto una frase del Premio Nobel de literatura en 1915, el escritor francés Romain Rollad (1866-1944): “Basta un instante para hacer un héroe, y una vida entera para hacer un hombre”. Y les he comentado a continuación que nosotros no queremos formar a héroes, y mucho menos a héroes que arriesguen su vida y lleguen a morir. Para hacerlo nos bastaría un instante. Nosotros queremos formar a profesionales, a hombres o mujeres que tengan una vida entera para demostrar que hacen bien su trabajo.

Y para conseguirlo necesitamos un tiempo amplio en el que ellos participen al máximo, de tal forma que en el proceso de enseñanza-aprendizaje lleguen a consolidar una base sólida de valores humanos y actitudes profesionales, que les estimularán para llegar a ser buenos socorristas acuáticos dominando el medio acuático, teniendo una condición física idónea y adquiriendo los conocimientos necesarios para intervenir con eficacia en situaciones de emergencia.

Con una base sólida de valores y actitudes se puede llegar a ser un buen profesional en socorrismo.


Los valores humanos y las actitudes profesionales que van a precisar son fáciles de entender y a todos nos gustaría ser tratados cumpliendo lo que significan: altruismo, apoyo, ayuda, compromiso, cooperación, dignidad, entrega, fraternidad, honestidad, honradez, humanidad, integridad, justicia, lealtad, protección, prudencia, seguridad, servicio, solidaridad, voluntariedad… Pero les he comentado que no tienen por qué memorizar todo, que es muy sencillo porque todos estos valores y actitudes se pueden englobar en dos:
RESPETO y RESPONSABILIDAD.

Respeto por la vida, respeto por las personas. Responsabilidad en el trabajo, responsabilidad en la vida.

Sí, es lo que he vuelto a hacer una vez más y no me canso de repetirlo. Es, quizá, lo más positivo de mi trabajo, el esfuerzo por comunicar que somos útiles, que podemos ser buenos profesionales del socorrismo y que gracias a nuestro trabajo podremos prevenir muchos accidentes acuáticos y, en algunas ocasiones, muy pocas, salvar la vida de alguien.

Me he empeñado en transmitirles lo difícil que es ser un buen socorrista y lo fácil que es caer en los errores de siempre, en los fallos que tantas veces hemos visto y fotografiado durante el horario de trabajo. Errores y fallos que afectan negativamente a la imagen del socorrismo, al servicio de socorrismo en el que trabajan, a sus compañeros y, por supuesto, a las personas a las que se dirige su trabajo. Tales como llegar tarde al puesto de trabajo, dormir en el puesto de vigilancia, hablar con amigos-as durante el trabajo, leer (novelas, periódicos, apuntes), tomar el sol, flirtear con personas del otro sexo, trabajar sin la vestimenta identificativa, jugar a todo tipo de actividades (fútbol, voleibol, golf, palas, cartas) y un largo etcétera que por desgracia hemos visto en directo y hemos podido fotografiar.

Socorrista tumbado tomando el sol en su horario de trabajo.


Socorristas jugando al golf en su horario de trabajo.


Y les he dicho que estamos hartos de comprobar que los socorristas que tienen motivos única y puramente económicos, mercantiles y materiales suelen ser los que más caen en estos errores y fallos.

Pero lo que tengo claro es que he puesto todo mi empeño en animarles a convertirse en buenos socorristas profesionales, que lleguen a pensar en su trabajo como un servicio a los demás, sabiendo que cuando menos lo esperas alguien te necesita al cien por cien y de ti depende el salvar la vida de una persona.

Socorrista vigilando y cumpliendo con su trabajo.


Sí, les he hablado de la vocación y de la satisfacción que produce hacer bien tu trabajo.

¡Bienvenidos al socorrismo!

Formación, Laboral, Prevención, Vigilancia
Escrito por José Palacios 9 Comentarios
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FELIZ DÍA DEL GUARDAVIDAS

14 de febrero de 2012 a las 18:22

Nuestro amigo y compañero socorrista Tato, nos ha recordado esta conmemoración que en Argentina dedica un día al año al GUARDAVIDAS, hermosa palabra que dicho sea de paso nos gusta más que SOCORRISTA.

Por lo que he leído (y corregidme si me equivoco) se conmemora el triste fallecimiento del compañero guardavidas Guillermo Volpe el 4 de febrero de 1978, mientras llevaba a cabo un rescate en Playa Grande.

Aunque hoy es un día que asociamos claramente a los “enamorados”, pienso que es una buena ocasión para recordad a este compañero y a la vez felicitar el enorme trabajo que cada día llevan a cabo miles de guardavidas en Argentina, quienes comparten con nosotros cada año sus experiencias y conocimiento, muy especialmente en los intercambios que llevan a cabo con el Grupo de Investigación en Actividades Acuáticas y Socorrismo, asistiendo a programas formativos en Galicia e invitando a nuestro coordinador José Palacios y a otros miembros del Grupo en actividades que se realizan en Argentina.

Un abrazo muy fuerte a todos nuestros compañeros GUARDAVIDAS desde Galicia.

General
Escrito por Carlos Vales 9 Comentarios
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INVERTIR EN PREVENCIÓN Y FORMACIÓN: INVERTIR EN LOS VIVOS

5 de febrero de 2012 a las 0:54

Hoy, 4 de febrero de 2012, en la portada de “La Voz de Galicia” leo unas frases que me llaman la atención en el recorte “De Sol a Sol”: “Una vez más, pagan los trabajadores: menos sueldo, menos jornada, más impuestos, más paro. Mientras, sigue gastándose dinero a espuertas en obras suntuosas e innecesarias.” No sé quién escribe esta pequeña columna, pero creo que no se puede decir mejor con tan pocas palabras.
Después leo “El Faro de Vigo” y al llegar a la página 46 me encuentro con la noticia siguiente: “Salvamento mantiene la búsqueda del estudiante eslovaco desaparecido en la playa de A Coruña”. Como esta noticia me interesa mucho sigo leyendo y descubro que el operativo de búsqueda de un cadáver cuenta con los siguientes medios:
– Avioneta Serviola 303 de Salvamento Marítimo.
– Helicóptero Helimer 210 de Salvamento Marítimo.
– Helicóptero Abeja 28 de la Dirección General de Tráfico.
– Helicóptero Ángel 27 del Cuerpo Nacional de Policía.
– Helicóptero Ángel 29 del Cuerpo Nacional de Policía.
– Helicóptero Cuco de la Guardia Civil.
– Embarcación de intervención rápida Salvamar Mirfak de Salvamento Marítimo.
– Buque Sar Gavia de Salvamento Marítimo.
– Lancha Bianca de Cruz Roja.
– Buque Paio Gómez Chariño de la Xunta de Galicia.
– Embarcación Alcotán del Servicio de Vigilancia Aduanera.
– Embarcación Río Andarax de la Guardia Civil.
– Embarcación GCM-10 de la Guardia Civil.
Si la indignación que siento en estos momentos me deja sumar bien, creo que “únicamente” se están destinando 1 avioneta, 5 helicópteros y 7 embarcaciones a buscar un cadáver. Y eso con la crisis que nos está castigando.
Mi cabeza termina de procesar ambas noticias y encuentro una relación directa entre las obras suntuosas e innecesarias y el derroche de recursos destinados a buscar un cadáver. No puedo entender que haya tanto dinero para estos gastos que mi cabeza ha relacionado y, sin embargo, no haya inversión en dotar a los vehículos de la policía de unos sencillos y baratos materiales para el rescate, o se considere un derroche invertir en un servicio de emergencias acuáticas, o se recorte en la dotación de los socorristas acuáticos para las playas en la temporada de verano, o se piense que es un gasto muy grande e impensable poner retenes de socorristas para cubrir los fines de semana de buen tiempo en los que las playas se llenan de usuarios dispuestos a darse el primer baño del año (que algunas veces se convierte en el último por morir ahogados sin ayuda).

Y por todo esto es el título de mi artículo. Hay que invertir en los vivos, hay que invertir en prevención y en formación. Hay que dejar de lado los gastos innecesarios y suntuosos.
A estas alturas de mi vida, con mis años y mis experiencias, ya no estoy para cubrir expedientes, no necesito quedar bien con nadie en particular, ni estoy dispuesto a cambiar mi proceder habitual que siempre ha rechazado el engaño y la mentira. Es lo que pasa cuando uno lleva 36 años de dedicación al socorrismo acuático, como es mi caso, pasando por todo tipo de entidades y niveles, dedicando todo tipo de esfuerzos en dignificar nuestra profesión, consiguiendo que esta bella y humanitaria actividad tenga presencia en la Universidad y, entre otros logros, creando un Grupo de Investigación universitario del que están saliendo investigaciones, tesis doctorales, publicaciones de gran nivel, actividades formativas de enorme utilidad e intercambios internacionales que ya nadie podrá romper.
Y, como saben los que me conocen, “mojándome” siempre, siendo el primero en meterme al agua y el último en salir, compartiendo el esfuerzo, el frío, el calor o lo que haga falta con mis alumnos, y con los amigos y compañeros que viven el socorrismo con la misma vocación que yo. Cuando opino de algo es porque lo he vivido y experimentado antes, yo no soy de los del “sillón” o de los de la “orilla”, y si digo algo acerca del mar, del río, del frío, del esfuerzo o del calor, es porque sé lo que se siente y lo he sufrido o disfrutado antes.

En estos días, después de comprobar el nivel de participación en el debate que suscitó mi artículo: “3 policías mueren en la playa del Orzán intentando un rescate”, estuve pensando en hacer como mi compañero Carlos Vales, es decir agradecer y/o contestar alguno de los comentarios que iban entrando. Pero desistí por dos motivos: Carlos Vales lo ha hecho mucho mejor de lo que yo podría hacerlo y, además, pensé que era mejor aprovechar el tirón en el interés suscitado para escribir algo más completo, con otro artículo.
Y antes de seguir deseo agradecer a todos la participación, sin excepciones, sin tener en cuenta que yo esté o no de acuerdo con lo que se ha opinado. Nos gusta que la gente participe, con educación y respeto. Gracias.

Desde el 1 de marzo de 2010 tengo una alerta en mi correo de Google que me envía las noticias de los ahogados. Cuando la activé lo hice por dos motivos. El principal era recordarme a diario que todavía queda mucho por hacer, que todos los días siguen muriendo personas en el medio acuático y que debo seguir trabajando al máximo para intentar evitarlo. El otro motivo era el de llegar a conocer y poder analizar las causas de ahogamiento, para así elaborar propuestas o actuaciones que permitan evitarlas.
No voy a describir todas las noticias de ahogamientos que me han llegado, ni siquiera las de personas que han intentado un rescate, que no lo han conseguido y que, además, han muerto por intentarlo. Y no lo voy a hacer porque son muchísimas, en países diferentes (España, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Italia, México, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela y muchos más) y por intentar rescatar a personas (niño, hermano, hijo, amigo, desconocido, cadáver y un largo etc.), a animales (caballo, perro, gato, novillo), o a cosas (pelota, gorra, sombrero, anzuelo). Todos los casos me parecen injustos e innecesarios. Injustos porque no es justo que mueran 2 o más en lugar de 1. E innecesario porque no hubo ningún resultado positivo, fue inútil la entrega.
Voy a dar algunos ejemplos como muestra del “heroísmo equivocado” que desde 1991 llevo poniendo en mis publicaciones como una causa de ahogamiento. Heroísmo porque han entregado su vida por intentar salvar la de otro, pero equivocado porque con su muerte no sólo no lo han conseguido sino que han añadido una víctima más a la ecuación.

– 19 de julio de 2010: Tres integrantes de una misma familia murieron ahogados en el pantano de Santolea, en el término municipal de Castellote (Teruel), cuando un hombre de 50 años de edad solicitó ayuda para poder salir del agua, acudiendo primero su hija, de 20 años, y, después, su mujer, de 51 años. Los tres perecieron ahogados.
– 26 de julio de 2010: Florián Matellanes, camionero jubilado, murió en las aguas del embalse de Valparaíso cuando intentaba rescatar de las aguas a un nieto de cinco años que había volcado con la barca que manejaba. El niño fue rescatado por un joven de 17 años. (laopinióndezamora.es)
– 8 de septiembre de 2010: Dos hombres de 45 y 65 años y nacionalidad extranjera murieron en la playa de Almuñécar (Granada). Uno de los fallecidos mostró que tenía problemas en el mar y el otro bañista más joven se lanzó al agua para intentar salvarlo. Ninguno pudo alcanzar la orilla con vida. (ELPAIS.com)
– 15 de noviembre de 2010: Dos jóvenes de 21 y 33 años perdieron la vida en la laguna de Zapata, en Michoacán (México), cuando intentaron rescatar el anzuelo de un pescador. (www.cambiodemichoacan.com.mx)
– 11 de octubre de 2011: Un abogado de 55 años murió ahogado en las aguas del canal de riego del Genil–Cabra en las inmediaciones de Santaella (Málaga) al intentar rescatar a su perro. (http://www.diariocordoba.com)
– 14 de febrero de 2011: Diego Liquen, de 36 años, falleció al intentar rescatar a la joven Melina Gaspar, de 18 años, que se encontraba bañándose en el espejo de agua de la finca Pompayan (Argentina). Ambos fallecieron de “asfixia por inmersión”. (http://www.cronica.com.ar)
– 2 de marzo de 2011: Fernando Veas, de 23 años, murió ahogado en un canal de regadío en Pirque (Chile) por intentar rescatar a su hermano, supuesto suicida, que fue sacado del lugar por efectivos de Carabineros. (http://www.chile.com)
– 1 de agosto de 2011: Un trabajador de la construcción trató de recuperar su cachucha en el arroyo de Camarones en su desembocadura en el mar en Puerto Vallarta (México), fue arrastrado por la corriente y murió ahogado. (http://www.informador.com.mx/jalisco)
– 3 de agosto de 2011: Alfredo Robinson Collazos Huamán, de 15 años, se ahogó en las aguas del río Santa en el poblado de Pingua, distrito de Mancos, provincia de Yungay (Perú) al intentar sacar el sombrero de una mujer que le ofreció dinero si lo recuperaba. (http://www.rpp.com.pe)
– 3 de agosto de 2011: Ángel Manuel Milla Saba, sevillano de 40 años, falleció en Zahara de los Atunes (Cádiz) cuando pretendía salvar a su hijo de 6 años. No consiguió nada y otra persona con una tabla pudo rescatar al niño. (http://www.diariodesevilla.es)
– 27 de agosto de 2011: Ramón Suárez Santana María, médico de 35 años, falleció ahogado tras ser arrastrado por la corriente del río Haina (República Dominicana), cuando se tiró a sacar el cuerpo de un amigo que flotaba en las aguas y que había desaparecido a comienzos de semana al intentar cruzar el río. (http://www.noticiassin.com)
– 18 de octubre de 2011: Jonathan Alfonso González, policía de 25 años, murió ahogado al intentar salvar a un hombre que se tiró al río en San Rafael (Argentina) después de discutir con su esposa. Este hombre fue arrastrado por la corriente y también falleció. (http://www.losandes.com.ar)
– 24 de octubre de 2011: Niu Zuotao, un soldado retirado de 31 años, se lanzó a las aguas de un río en Guangzhou (China) para tratar de salvar a una mujer. Ambos se ahogaron. (http://spanish.peopledaily.com.cn)
– 11 de diciembre de 2011: Gustavo Adolfo Orellana Leiva, de 32 años, murió ahogado al intentar rescatar una pelota en la playa Costa Azul, comuna de Cartagena (Chile). (http://www.soychile.cl)
– 26 de diciembre de 2011: Ciricia Reyes Cristóbal (de 52 años) se arrojó a las aguas del río Conchumayo (Perú), para salvar a su caballo que era arrastrado. Ambos perecieron en el intento. (http://diariocorreo.pe)
– 16 de enero de 2012: Diego Martín, de 30 años, se ahogó al buscar una pelota en una playa no habilitada del Paraná (Argentina). (http://www.el-litoral.com.ar)

Cansa ver tantos casos similares. Se repiten y, entonces, algo está fallando. Es como cuando en el mismo punto de una carretera mueren personas en accidentes que se repiten día sí y día también.

Debo advertir que las opiniones que damos en nuestro Grupo de Investigación surgen desde el conocimiento de la realidad de forma directa, interaccionando con ella y también, en muchas ocasiones, como fruto de investigaciones con metodología y rigor científicos.
En esta ocasión me he dejado llevar más por el sentimiento, aunque eso sí, con datos.
Hay accidentes desgraciados que se producen por causas que muchas veces no se conocen. Y porque somos personas no somos perfectos y nadie hay en este mundo que no tenga fallos.
Pero en el socorrismo hay que centrarse en prevenir accidentes, en recuperar vidas humanas, en rescatar personas, y no en preocuparse por cosas ni pertenencias físicas (sean embarcaciones o sea el mejor de los diamantes).

Hay que reconocer lo que es fácil ver y no hablar de lo que es difícil demostrar. Hay que estar orgulloso de lo que hace grande a una persona, a un pueblo o a un país. Hay que seguir con los esfuerzos útiles para conseguir la formación digna y profesional de las personas que se dedican a prevenir accidentes y salvar vidas en el medio acuático. Hay que dotar de recursos materiales a aquéllos que en ocasiones exponen sus vidas por intentar ayudar a los demás. Hay que mirar para el futuro y no pararse por desgracias que ya no tienen solución. Sí entristecerse, pero no lamentarse sin sentido o con revancha.
Yo estoy seguro de que los tres policías que han muerto, y a los que admiro por su entrega, si se pudiera retroceder en el tiempo, si hubieran recibido formación en socorrismo, si se les hubiera dotado de unos recursos para el rescate muy baratos y eficaces, en la misma situación hoy estarían vivos y es posible que, además, hubieran rescatado con vida al estudiante. Pero como no podemos cambiar el pasado, intentemos cambiar el futuro. Es de lo que he escrito y de lo que escribo ahora. Lo demás es secundario o anecdótico. Y el que lo quiera entender, pues muy bien. Y el que no quiera entender, o por su cuenta interprete de forma tergiversada lo que yo escribo, pues lo siento.
Yo voy a seguir trabajando para que haya más prevención y más formación.
Es lo que tengo más claro.

General, Noticias, Prevención
Escrito por José Palacios 24 Comentarios
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3 policías mueren en la playa del Orzán intentando un rescate

1 de febrero de 2012 a las 11:30

Desde el día de la tragedia de la playa del Orzán (27 de enero de 2012), en la que los policías Rodrigo Maseda, José Antonio Villamor y Javier López murieron intentando el rescate de un estudiante (también desaparecido) que al parecer se encontraba en la playa celebrando el final de una larga noche de juerga, han sido muchas las personas que me han preguntado por qué todavía no habíamos escrito algo sobre este tema en nuestro blog.
En este caso he preferido esperar el paso de unos días para tratar este asunto de forma más tranquila y con el claro objetivo de que mi opinión pueda ser útil.
Puedo asegurar que los primeros días después de las muertes injustas e innecesarias de tres buenos policías no me sentía capaz de escribir por la rabia y la indignación que me desbordaban.
Ahora repaso los contenidos de nuestro blog y compruebo que algo parecido ya habíamos tratado en un artículo que escribimos juntos Martín del Gaiso y yo, titulado “Los héroes en Socorrismo Acuático” y publicado el 7 de julio de 2011.
Lo que decíamos en aquella ocasión me vale también ahora, ya que no estoy buscando debate, ni opiniones a favor o en contra, ni culpables o inocentes. Mi intención es honesta, no quiero ofender a nadie, mi opinión no va dirigida a nadie en particular y sí puede ser entendida por todos en general. Pero lo que tengo más claro es que no quiero que se vuelvan a repetir muertes tan injustas e innecesarias como las que hemos tenido en la playa del Orzán.
Está claro que es muy difícil tratar un tema en el que ha habido muertos, pero hay que hacerlo si queremos evitarlo en ocasiones futuras, tal y como se hace con los accidentes de tráfico en los que, precisamente, España es un modelo a seguir al haber conseguido una disminución enorme y constante en los últimos años (de 5.478 muertos en 2003 a 1.730 en 2010 y en torno a 1.400 en datos provisionales de 2.011).
Lo primero que quiero hacer es recordar que en casi todas mis publicaciones (ya desde 1991) siempre he incluido como una de las causas más frecuentes de ahogamiento la siguiente: “Heroísmo equivocado ante la visión de personas en peligro, a las que se intenta rescatar sin los conocimientos ni los medios adecuados”. Para que nadie se sienta ofendido aclararé que considero héroes a los 3 policías que han muerto, pero como experto tengo que decir que se equivocaron en su actuación. Y lo único que necesitaban para no haberse equivocado es muy sencillo: formación y recursos adecuados.
En esa formación es evidente que en lo primero que habría que incidir es en el orden de prioridades lógico e imprescindible ante cualquier accidente o situación de emergencia:
1º. Conservar la vida y la seguridad del propio rescatador (sin él no es posible que la víctima tenga posibilidades). Nada mejor que conocer las propias capacidades y limitaciones, así como el entorno en el que se interviene para asegurar este primer punto.
2º. Conservar la vida y la seguridad de los componentes del equipo de rescate (los compañeros siempre permiten incrementar las posibilidades de éxito ante cualquier intervención y sería imprudente cuando ya hay una víctima o persona en peligro poner a nuestros propios compañeros en esta situación). Nada mejor que haber practicado o entrenado en equipo cualquier tipo de intervención.
3º. Intentar rescatar lo mejor posible a la víctima del accidente, siempre y cuando se cumplan los dos puntos anteriores. Y la afirmación “lo mejor posible” significa tener y utilizar los recursos adecuados, a veces un sencillo sistema de tirantes y cuerda, o un buen par de aletas, o un Marpa o tubo de rescate, y en otras ocasiones más complicadas materiales más sofisticados como embarcaciones, motos acuáticas o helicópteros. Es fácil entender que un policía en su labor diaria no lleva encima ninguno de estos materiales, pero sí es factible que en el coche patrulla se disponga de algo tan sencillo y barato como un sistema de tirantes y cuerda.

Cuando muere una buena persona, sea un policía o un socorrista, en un rescate o a causa de él, a todos los que sentimos el socorrismo profesional nos invade la tristeza, pero siempre pensamos que se podría haber evitado, que es posible que no se tomaran todas las medidas preventivas necesarias, que nada habría sucedido si el compañero hubiera tenido más ayuda o más recursos materiales. Pensamos que seguramente las cosas hubieran sido diferentes si el policía o el socorrista hubiera tenido más descanso, o hubiera estado mejor preparado porque en su puesto de trabajo le han apoyado en su preparación, facilitándole tiempo y medios para hacerlo.
Sí, estamos convencidos de que con formación, preparación, descanso adecuado y con suficientes recursos materiales para el rescate es muy difícil (casi imposible) que suceda algo negativo a policías o a socorristas acuáticos. Y las pruebas que lo confirman son evidentes, ya que son innumerables las intervenciones que se realizan en muy diferentes espacios acuáticos todos los años sin ninguna complicación y sin desgracias personales.
Es difícil conocer y aceptar las limitaciones de cada uno en una situación en la que se ve en peligro a una persona, ya seas policía, bombero o socorrista, es algo que todos entendemos. Pero es imprescindible hacerlo cuando se está trabajando en emergencias y, sobre todo, cuando el espacio acuático se complica por olas, corrientes, temperatura del agua y otros posibles factores adversos.
Es muy difícil llegar a aceptar que no estás en condiciones para salvar la vida de alguien en peligro, pero más difícil y triste es ver que un compañero ha muerto al realizar o al intentar un rescate.
Mi reflexión final es un homenaje a Rodrigo, José Antonio y Javier: ¡ojalá vuestras muertes hayan sido tan útiles como vuestras vidas y nunca más suceda nada parecido!

Consejos, Formación, Noticias, Prevención
Escrito por José Palacios 53 Comentarios
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