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“Estoy nerviosa”

Escrito por sandrafaginas
4 de Enero de 2011 a las 21:39h

La frase es de mi hija de 6 años que cuenta las horas que quedan para que los Reyes dejen los regalos. Su ilusión es tal que dice que no quiere ni comer y que le cuesta dormir. Hoy se levantó a las ocho y el día se lo ha pasado contando también las horas para ver a sus majestades en persona porque ha ido a verlos esta tarde. Pero con tres la felicidad nunca es completa, así que cuando me dirigía a llevarlos a la gran fiesta del Palexco para que vieran a sus majestades, el del medio (de 3 años) se puso histérico en la puerta y empezó a temblar porque le dio terror lo que veía dentro: cientos de críos nerviosos, hinchables, chicas disfrazadas, globos y por su puesto la imaginación hizo el resto. Se bloqueó y se negó a entrar. Y ahí una echa en falta el don de la ubicuidad, porque con tres, dos queriendo entrar (especialmente una)  y uno paralizado, la verborrea de una madre no da para tanto. Llegó la ayuda en forma de amistad, que consiguieron meterme a dos dentro, pero el otro erre que erre no pudo. Lo forcé solo a la entrada, para buscar un rincón tranquilo, pero ni por esas. Cada vez que la megafonía anunciaba la llegada de sus majestades los magos de Oriente palidecía y empezaba a llorar histérico. ¡Nadie te cuenta esto nunca! ¡Con lo bonita que se presuponía la tarde! Dos llorando, uno por contagio, y otra alocada tirándome del abrigo (no me dio tiempo ni a quitarlo) pidiéndome por favor que me apurase para llevarla a la cola de los Reyes. Así que una vez más me rescataron los abuelos, y sí, a golpe de móvil conseguí resolver: uno de vuelta a su rutina, y los otros de vuelta a la fiesta. Hicimos la cola, ¡qué cola! pero valió la pena. Mientras dos disfrutan con estas fiestas, hay uno que pide volver a la normalidad cuanto antes. Eso sí rodeado de juguetes. Así que yo también estoy nerviosa, por la tarde que pasé y porque mañana habrá que enfrentarse a la cabalgata, y no sé si con una, con dos o con tres. Conclusión: tenían razón nuestras madres y abuelas, cada hijo es un mundo, y lo que uno goza, el otro lo detesta.

La familia por Navidad

Escrito por sandrafaginas
2 de Enero de 2011 a las 22:01h

No he podido resisitirme a mostrar parte de la Navidad (en este caso de la Nochebuena) en mi casa (es en la de mis padres, pero tanto tiene). Esta vez las protas somos mi abuela y yo, que en un arranque de salero, cual teatrillo argentino, nos levantamos a cantar una canción que ella me enseñó hace más de 30 años (ella la vio representada hace más de sesenta) y que no habíamos vuelto a cantar desde entonces.Pero la Nochebuena tiene estas cosas, que unen, y así como por arte de magia las dos al unísono nos levantamos a interpretar este cuplé a nuestro estilo casero. Eran casi las tres de la mañana y el mérito es todo de ella. Yo aún tengo la suerte de vivir rodeada de mis cuatro abuelos . Así que mi familia por Navidad tiene estas cosas. Va por ellos esta canción del PIJAMA, pronunciado PIYAMA, a lo argentino! Con todo mi cariño para mi abuela, que ya está en Youtube! Feliz 2011!

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Adiós 2010

Escrito por sandrafaginas
29 de Diciembre de 2010 a las 10:36h

En el año que se acaba pasaron muchas cosas en esta casa, tantas que sería imposible reproducirlas una a una. Pero ha habido grandes avances, de hecho empiezo ya a ver algo de luz al final de esta etapa de angustia. Eso que dicen siempre de que son dos o tres años y luego se escapan, se está empezando a cumplir. No que se escapen, pero sí que cuando el pequeño pasa de los dos años, como es mi caso, las cosas parece que de repente se empiezan a recolocar. El año que viene, meigas fóra, se iniciará la liberación casi definitiva de una madre, a la que le toca cumplir 40, con tres por fin en el colegio, y eso que parece una tontería será un cambio brutal en esta casa, se habrán acabado los dobles y triples viajes en el coche, y se habrán acabado los pañales, y los biberones, y vendrá toda esa normalidad que se les ve a las madres escolarizadas.

 El 2010 nos ha dejado también momentos memorables: Martín se comió su primera merluza a cucharadas en el verano, así de repente. Soltó su papilla y una noche en un restaurante se lanzó como un loco al pescado (un avance que ha supuesto en nuestras vidas no tener que recurrir a los dichosos purés). Y ahora, tan solo unos meses después, es también una cotorra que narra minuto a  minuto todo lo que le pasa por la cabeza (“¿y por qué llueve? ¿Y por qué viniste? ¿Y por qué te vas? ¿Y por qué trabajas? ¿Y por qué no me contestas?).

Pablo cumplió 3 años y se ha hecho mayor en el colegio de mayores, y nos ha dejado también frases memorables, como cuando en conversación de sobremesa con su hermana de 6 años explicó a su manera qué era la poesía: “La poesía está hecha de papel, de cielo, de agua… Ah, y se me olvidaba, de carne”. Para dejarnos a todos boquiabiertos. Ha desarrollado su hipersensibilidad en forma de dibujos maravillosos y se ha abierto a los Gormiti, como corresponde a su edad.

Y Sara…, pues no ha abierto un blog de moda porque no le dejo, pero se ha demostrado a ella misma y a su entorno todas las combinaciones posibles. Ha sido Shakira, Hannah Montana, Selena Gómez, iCarly, Antonella… ha memorizado todos los guiones de las series que le interesan y se ha puesto a leer y a escribir, todo un avance que ha dejado frases también antológicas a las 9 de la mañana: ¿Mamá esos dos puntitos que lleva la “u” encima se llama diéresis, no? O como cuando decidió que mejor no iba a tener hijos de la barriga, solo de imaginarse el desagradable cambio de cuerpo.

El 2011 vendrá cargado de novedades. Tantas que tendremos que enlazarlas en este blog para desahogo vital, como este post nostálgico porque atrás dejamos el esfuerzo que arrastran su edades: se van los 6, los 3 y los 2.

FELIZ AÑO A TODOS!

Navidad Pekín Exprés

Escrito por sandrafaginas
21 de Diciembre de 2010 a las 15:42h

Imagen de previsualización de YouTubeCon tres niños la Navidad es la meta, solo que todavía quedan unos días para llegar. Así que en estos días a las madres nos entra unrollo Pekín Exprés que no podemos con el cuerpo. En serio. A mí me da un subidón terrible, estoy animadísima, y si ya normalmente hago varias cosas a un tiempo, en Navidad se me pone, además de cara de centro comercial, un cuerpo de yincana, porque en esta época lo sumas todo (además de los precios). No solo quieres salir tú más, sino que quieres hacerlo con menos días de los del calendario. Para librar un par de días en el curro, curras el triple los días que curras, y como quieres salir y no perderte ningún sarao con compañeros, te desdoblas de día y de noche, y sumas a tus noches en vela por las crianzas, tus noches en vela por querer beber, comer y bailar lo que no comes ni bebes ni bailas en todo el año (porque en Nochebuena y en Navidad, comer lo que se dice comer no comes, solo de andar pendiente de tus hijos. Y ya no te digo si te toca poner la casa!!) Pero en este Pekín Exprés, sumas como digo, al cansancio y a los kilos, el himno en forma de villancicos que resuenan con alegría desde por la mañana hasta la noche, y las variaciones en forma de carta que tus hijos van añadiendo para que en tu agotador día a día, Papá Noel y los Reyes trabajen lo justo. Desde hace aproximadamente dos semanas, la carta ha variado como la del mejor restaurante. Primero piden lo que les apetece, luego lo que piden sus compañeros, después lo que ven en la tele, y por último lo que descubren en el escaparate. Y así no hay paje ni mensajero real que resista. Por no hablar de esos misterios que ocultan en forma de secreto, joder, que ni que fueran Zapatero, no se lo sueltan ni a su madre que soy yo: “Nena, que te pides?” “Ay, mamá, ya te lo dije mil veces, lo he marcado en el catálogo de Fulanita, que lo trajo a clase!”. Y entonces a mí se me pone la cara estresada de las mujeres-madre de Maitena: “¡Qué catálogo! ¿Dónde lo has marcado? ¿Qué has cambiado?”. Y entre cambio y cambio, intentas convencerlos de que los Reyes y Papá Noel tienen mucho que repartir y que no siempre pueden traerlo todo y que es mejor escribirlo clarito en la carta oficial, que si no no llega. Aunque lo mejor de estas fechas, además de sus caras de felicidad, es que funciona la amenaza: “¡Mira que Papá Noel y los Reyes lo ven todo y si no te portas bien no te traen nada!”. Sí, si. Me quedo con esta frase que por lo menos funciona. Y mientras, a seguir en este Pekín Exprés, a ver si me corono entre tanta madre afanada en lo mismo que yo, que mañana es día de gran final: por la mañana uno va de pastorcito al cole (ya está todo listo), otro por la tarde recibe a Papá Noel en la guardería, y además los tres empiezan SUS VACACIONES!! ¡¡Nos vemos en la meta o en la función de Navidad!!

FELICES FIESTAS!

La maternidad y el asco

Escrito por sandrafaginas
10 de Diciembre de 2010 a las 13:54h

Lo cuento ahora porque ya lo he superado y puedo expresarlo sin miramientos. La maternidad da asco, eso lo saben todas aquellas que se tragan mocos, pises, cacas y vómitos a diario. No hace falta entrar en detalles porque cada una sabe bien cuántas veces se traga -con normalidad- todas esas pestilentes y viscosas substancias en el día  a día. Sufrirlo multiplicado por tres, lo que te da, además del ya asumido asco, es un desparpajo natural para enfrentarte al cuarto de baño y todo lo que de él se deriva sin repelús. Es cierto. Yo cambio pañales y a veces ya no huelo. Yo limpio mocos, y a veces ya no veo. Y a mí cuando se me mean encima (porque en la cama eso siempre sucede) más que la fría humedad lo que me entra es una pereza terrible porque hay que iniciar todo ese proceso latoso de cambiar sábanas, pañales, pijamas, etcétera, etcétera. He pasado ya por los vómitos a dúo en hoteles de verano, por virus verbeneros que buscan en la madrugada el baile de san vito, para desorden del sueño y agobio de sus padres. Pero ahora, he de confesarlo, al asco natural se han venido a sumar el espanto y el horror insecticida. Me han contagiado de todo y lo he asumido sin vergüenza, pero no he podido controlar la presencia de piojos en mi casa. Todos los años me descompongo por lo mismo. NO LO AGUANTO!! Podéis llamarme exagerada, pero no sé por qué tengo que seguir sufriendo por este tema cada semana de colegio. Cada vez que empieza el curso empieza la psicosis, reviso cabezas a diario, cada vez que “toca pelo” me afano en buscar algún bichejo para que no me sobresalte su aparición, pero los muy condenados siempre se muestran cuando una menos se lo espera. Y como son tres, me desquicio en sus cabezas. Entrar en la de mi hija etíope es penetrar en la selva, por eso los mato a cañonazos evitando más el sufrimiento de quien ya sufre por su pelo más que otros solo por lavarlo y desenredarlo. Y ahora se me ha sumado el pequeño, ya en la guardería!!! Alguien me puede explicar por qué hay piojos hoy en día? Alguien me puede explicar por qué me gasto quince euros en cada puñetero bote para matarlos cada poco tiempo?…  Lo siento, estaba preparada para aguantar la parte asquerosa de la maternidad, pero con la aparición de los piojos me he desequilibrado, también emocionalmente.

El puente y el árbol

Escrito por sandrafaginas
7 de Diciembre de 2010 a las 16:18h

Empiezo a ser una madre previsible, de esas que ponen el árbol siempre el mismo fin de semana y que como todas las madres se chuta con el cedé de los villancicos mientras va colgando los adornos y las luces. Con o sin controladores, a mí el puente siempre se me antoja igual: trabajando algunos días, encerrada por la lluvia otros y con el árbol y los villancicos. Pero ahora, 72 horas después, he de reconocer que como la reportera Samanta Villar empiezo a dar síntomas de flaqueza. Son 72 horas (pero va para más de 21 días) soportando el mismo DVD del Cantajuego, pasando del “Mira cómo beben” al “Campana sobre campana” y de ahí al “Ande, ande, ande la Marimorena”, pero hay muchos más. Y cuando se acaba uno empieza otro. Y como son tres, pues siempre hay uno motivado con la Navidad cuando otro flojea. Es el espíritu que ya se ha instalado en mi casa, multiplicado al cubo, y sin salida hasta el 7 de enero, que como las madres previsibles habré quitado el árbol… “Resuenan, con alegría, los cánticos de mi tierra”…

Campanas de belén, que ‘Huelva’ nos traéis.

Escrito por sandrafaginas
1 de Diciembre de 2010 a las 11:43h

En esas pequeñas cosas del día a día, cada una se estresa por algo. A mí que por las mañanas soy totalmente prusiana, me entra un rollo competitivo para hacer todo en el mínimo tiempo posible, de modo que me parece que estoy compitiendo en el arte de ducharme, hacer desayunos, dar desayunos, desayunar, vestir, peinar y vestirme (yo ya no me peino) con otra madre imaginaria al otro lado de la calle. Y pocas veces doy tregua, todo se cumple en una rutina en la que parezco el verdadero sargento de hierro, aunque  todo ese control se me cae de la cabeza cuando tengo que llegar al colegio, pelearme para aparcar, bajarlos del coche y llevarlos hasta la entrada en una distancia que se me hace interminable cuando la lluvia descarga. Porque esa es otra maldición que sufrimos las madres (y los padres) de ahora, que pocos van en autobús, y muchos andando o en el coche particular. Así que tú ya puedes ir arregladísima de la muerte por una reunión de trabajo, calzada en tacones, con tu pelo fijado con la mejor laca y la cara perfecta, que a la primera ráfaga rachada a lo gallego, se te cae la imagen a los pies. Y entonces no valen ni paraguas ni plumíferos, solo correr. Ahí te ves tú arropando como puedes a tus criaturas, en una lucha por multiplicar tus extremidades en las del pulpo Paul y recogerlos a todos bajo tu piel. Pero es imposible, entonces notas que tener tres no es igual a tener uno, porque cargas con todo multiplicado por ese número de hijos, abrochas a tres, proteges a tres, sus tres bufandas, sus tres pares de guantes, sus tres gorros, sus tres mochilas, y ese camino se te hace entonces cuesta arriba porque lo es. Pero claro cuando hay tres también el día se te anima de otra manera cuando se despiertan, como hoy, después de una noche orgiástica en que todos hemos acabado durmiendo juntos, pero al salir la luz de la mañana los besos se multiplicaron y alguien sonrió abrazándome: ¡Mamá, feliz diciembre! Y otro empezó a cantar: “Belén, campanas de belén, que los ángeles cantan que Huelva nos traéis! (Las vacaciones en el sur dejaron su huella en la memoria). Mientras el pequeño reclamó su espacio cantando: “Pero mira como beben los peces en el río”. Así que como en una película de Capra el camino al colegio se hizo hoy menos fatigoso. De todas formas, para mañana anuncian lluvia.

Hoy nos toca!!

Escrito por sandrafaginas
22 de Noviembre de 2010 a las 11:18h

Después de doce años de matrimonio, tres hijos y trabajos que ofrecen la posibilidad de no estar en casa a horas y días digamos normales, me he convencido de que el método de la top Cindy Crawford está a punto de cuajar en mi vida conyugal. Cindy lo que propone es fijar como un menú el día que toca (con tu pareja). Que fijas los lunes porque te inspiran, perfecto! Que mejor dos días en lugar de uno, pues, oye, maravilloso! Porque, y eso lo dice Cindy, la vida matrimonial al final pues empieza por volverte perezosa sin necesidad de recurrir al dolor de cabeza. Hoy porque juega España, mañana porque tengo que levantarme temprano, pasado porque tengo que quedarme en el chollo hasta más tarde, otro día porque no me inspira, en fin, cualquier excusa es mala, según la modelo americana. Así que ella propone aplicarse y, aunque suene rutinario prefiere fijar un día con su marido para  ir en contra de la rutina sexual que impone el matrimonio. Y así reflexionando yo en el coche, pues, he pensado que esto puede no estar mal, dado que por exceso yo nunca peco, y le debo horas a la empresa matrimonial. Y entonces me he imaginado un mundo de situaciones cómicas en las que, por ejemplo, veo a mi marido dejar una reunión con un cliente: “Lo siento, fulano, pero son las ocho y me tengo que ir a PIIIIIIIIII a mi mujer”, o yo misma, al revés, aclarándolo en el trabajo. “Ya sabes que cualquier otro día podría quedarme, pero este viernes, imposible, porque me toca con mi marido”… Claro que luego tenemos el problema de los niños, y eso lo estropearía todo. ¿Cómo hará Cindy? Yo si estoy en casa y no tengo excusa, pues si me pongo a ello, siempre hay uno que despierta (de día no se puede)… Y ante ellos no hay explicación. Otro interruptus. Va a ser mejor dejarlo así, que surja, o que no surja, solo de pensar en todo lo que tengo que organizar para fijar una hora sin cámaras un día a la semana me da yuyu. Porque más de un día ya sería una locura! Quita, quita, virgencita, virgencita, que me quede como estoy… ya vendrán otros tiempos (o no). Es un método demasiado preciso para mí. ¡Y la alegría que te da cuando te toca y no contabas con ello!

Cómo reconocer a una madre

Escrito por sandrafaginas
16 de Noviembre de 2010 a las 11:52h

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En esa faceta de analista social que me nace y se me ha impuesto ya, descubrir aquellos pequeños secretillos que distinguen a una madre de otra que no lo es parece tarea difícil, dicho así a lo bruto, pero a estas alturas he de decir que ya no tiene dificultad para mí, después de haber observado y padecido en mi propio cuerpo esas transformaciones naturales, superficiales y profundas, de la maternidad. Por eso sé como distinguirlas. Una madre se maneja estéticamente en una polaridad sorprendente y como siempre lo da todo. Así puede ir al colegio descompuesta por el dolor o por el cansancio, con un careto de quién me mandaría a mí meterme en estos fregados, ataviada con sus vaqueros, su plumífero, sus botas y todo ese arsenal de mochilas a sus espaldas (un fiel reflejo de mi atuendo personal diario, a qué negarlo), pero luego ser la más exigente estilista. Así que cuando se arregla, joder, si se arregla, lo da todo. Esa es la diferencia. Antes, cuando una salía de noche, podía echarse dos horas peinándose frente al espejo, con varias combinaciones de ropa encima de la cama, haciendo y deshaciendo. Pero ahora no, así que como no hay tiempo, ahora una madre paga la pelu, se recoge sus excesos en el mejor de los cortes de pantalón, se recoge su buen par en una talla que no deje lugar a movimientos, y se calza los tacones como nadie. Una madre cuando se entrega a la noche es la locura. Yo no he visto tal despendole desde mis años mozos, una se lo baila todo, se lo come todo (literalmente, ojo) y se lo bebe todo. Porque hay ansiedad de no hacerlo, claro. En una boda, por ejemplo, las primeras entregadas a la pista son las madres (que saben que no van a volver a moverse así en meses), y ya no digamos en una fiesta de Navidad (no sé si la crisis permitirá alguna ahora), o en una reunión de amigas. A las madres se nos nota las ganas cuando de repente pasamos de varios días de coleta y cara lavada a un viernes coquetón de minifalda, muchas veces más por lo que pensamos que puede pasar que por lo que pasa realmente, pero que nos pille preparadas, como en el chiste. Pero sobre todo distingo a las madres que salen porque cuando ya están en el medio de la euforia y suena el Waka-Waka, lo bailan como poseídas sabiéndose toda la coreo y lo tararean sin perder una sílaba del estribillo (que ya hay que haberlo oído veces, ¿eh?: “samina, mina, zangalalewa, eh, eh”). Son esas pequeñas cosas que te aportan los hijos…

Berlangas

Escrito por sandrafaginas
14 de Noviembre de 2010 a las 12:19h

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Han cuajado en mi código familiar frases que uno sabe de donde vienen, pero otros, los que se incorporan al micromundo humorístico en que se mueven mi matrimonio, mis amigos, mis hijos, y otras muchas circunstancias familiares no tienen ni idea. Pero detrás de muchas de esas formas lingüísticas de ver el mundo estaba Luis G. Berlanga (y Azcona, claro) y se las hemos arramplado para sobrellevar la vida con humor “esa gran invención de la humanidad” que decía él. El humor “como seriedad envuelta en broma”, que diría el filósofo. Y sí, en mi código siguen funcionando como el primer día. Por eso si yo digo aquello de “Que soy yo, tu Concheta” mi interlocutor conyugal sabe que se nos abre un mundo y enseguida  nos hemos ido a Plácido, cuando quieren forzar al viejete chocho a casarse por la iglesia y él “contumaz” niega con la cabeza, y su mujer, Concheta, intenta ablandarlo. Y así en una transformación humorística cotidiana una se convierte de pronto en Concheta. Otras veces Berlanga aparece como visionario, así que con esta crisis global y a vueltas con la catalanofobia, se enciende nuestra mente y en conversación informal de sobremesa sale aquel Saza grande influyendo sobre el hijo en la magnífica Escopeta nacional. El futuro pasa por hacerse (en catalán) viajante con comisión, “Jaume, viatjant amb comissió” (con la vehemencia de Sazatornil, evidentemente). Cuando la vida se tuerce y el mundo se nos hace terrible, en nuestro código matrimonial y familiar nos hemos salvado gracias a  Pepe Isbert y a su papel en El Verdugo, un oficio que  “al principio impresiona un poco, pero luego te acostumbras”. Otra frase que hemos hecho nuestra como resistencia humorística. Y sí, como ahora, cuando se acerca la Navidad, Plácido vuelve a reconfortarnos ante la hipocresía familiar y social, por eso cuando no apetece ir a cenar o a comer a casa de los parientes políticos, de fondo se vuelve a abrir la risa con aquella frase lúcida de los pobres cenando en casa de los ricos: “Que por una noche seamos todos hermanos, que por una noche los duros de corazón sean generosos”, y tantas, tantas otras. En mi casa  somos Berlanguianos, (también Allen respira por nuestros cuerpos, y a Almodóvar lo adoramos como icono de juventud), y eso lo saben quienes nos han visto recitar sus frases como himnos de sátira para liberarnos con la risa. La risa también que da ver en una escena berlanguiana sin igual a Dolores de Cospedal despedirlo diciendo aquello de “se nos ha ido un genio del humor, de un humor sin acidez…!!”. Una gloria nacional, como a él le hubiera gustado. Se ha ido Berlanga y a esta hora no se me ocurre mejor forma que homenajearlo con las imágenes de su hijo Carlos, joven, lleno de vida, cantando con Alaska ese otro himno que en días como los que estamos viviendo siempre rellena con un poco de feliciadad (Ni tú ni nadie). Dos formas diferentes de hacernos vibrar en su compañía. Los Berlangas descansan juntos en paz.