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Sola

Escrito por sandrafaginas
4 de abril de 2011 a las 12:53h

A veces una no sabe muy bien por qué se produce una configuración de astros, de esas que pasan  un día cada cien años, y de repente te quedas sola. Pero sola, sola. Sin marido y sin hijos. Así he pasado yo la noche del sábado, y tengo que decir que, aunque me acosté bajo los efectos del alcohol, me levanté antes de lo previsto porque tanto silencio no es bueno para dormir, al menos ya en mi casa. ¿Qué hacer cuando una se queda sola? Además de pensar en todo eso que no se debe hacer, lo primero que se me pasó, pero por el estómago fue un cosquilleo similar al que sentí cuando me dejaron salir la primera vez en Fin de año. Tenía tantas esperanzas en la noche que el cansancio por haber trabajado ese día y toda la semana anterior, se me pasó cuando me subí (con esfuerzo) a uno de esos taburetes de moda en una vinoteca de moda. Por lo de pronto, un vino. Sola. Un vino sola y gente alrededor fue un comienzo de una noche básicamente gafada, pero que dio para alguna risa y para comprobar que las ansias no son buenas ni para salir, y que varios vinos  y un gin-tonic después, mi aspecto seguía impecable, pero mi estómago no. Falta de costumbre. Lo mejor, el despertar. Sola. Sola para desayunar, sola para leer el periódico, sola para ducharme, sola para vestirme, para recoger, para hacer la cama… ¡Sola! Esto quizás no lo entiendan muchos, pero creo que es la primera vez en muchísimos años, pero muchísimos años, en que hago pis SOLA!!!, sin que se me corte la meada!!! Estoy tan emocionada hoy (veinticuatro horas después) que, aunque estoy sola al cuidado de tres niños, he cogido fuerzas para la dura semana que me espera. Sola, sola con tres niños. Estoy animada.

¿Papi, qué ciudad queda al oeste de Tennessee?

Escrito por sandrafaginas
1 de abril de 2011 a las 20:29h

La pregunta es de la hija de un compañero que, como yo, sufre abiertamente las influencias televisivas de sus niñas. Con siete años, la hija de otra amiga respondía la semana pasada en el colegio a una cuestión vital para ella: ¿qué quieres ser de mayor? Y ni corta ni perezosa soltó su máxima aspiración, mientras movía la melena con la mano: “Miss España”. Y es que si ellos quieren ser balón de oro, ellas están en esa etapa Hannah Montana, que por si alguien no lo sabe es de Tennessee y se fue para Los Ángeles. Esta locura por el artisteo las convierte en adolescentes precoces sin que te des cuenta. La aspirante a Miss España se afanó el otro día en decorar su habitación con un corazón del cantante de 17 años Justin Bieber con un tiernísimo “Justin i llo”, que su madre leía como Justinillo, pero que viene a ser traducido: “Justin y yo”. Así que Justinillo va Justinillo viene, nos hemos convertido en madres de preadolescentes (sí, es exagerado, pero apuntan maneras) que cantan en inglés macarrónico sus singles de éxito, darían lo que fuera por salir a la calle con colorete y bolso, y sufren, pero no en silencio, las diferencias físicas, como la mía etíope: “¡Mamá, por qué no tengo el pelo largo y liso como tú!”. Y mientras le explicas las diferencias y cualidades que tiene, de repente te la encuentras en pijama transformada con una peluca a lo Beyoncé, y una extensión postiza mientras se aprende de memoria esos hits pegada a la pantalla. En esas andamos, mientras nos iniciamos en este Superpop televisivo que trae personajes y contextos tan distintos a los nuestros cuando éramos pequeños. Ahí va otra pregunta de gran influencia americana: “¿Mami, cómo era tu taquilla en el instituto?”. Como diría Luis Piedrahíta en uno de sus monólogos:  “Ni taquilla, ni taquillo, apaga la tele, y a dormir”.

“Messi no tiene pañal”

Escrito por sandrafaginas
16 de marzo de 2011 a las 9:43h

Por fin llegó el descanso en unas minivacaciones y dentro de esas minivacaciones ha habido un par de días sin niños, en un ejercicio de liberación que nos ha llevado a pasear por la gran ciudad sin necesidad de llevar las manos y los pies atados. Nos hemos oxigenado como nos gusta, con la contaminación y el ruido de la capital, entre gente de distintas razas y con el gusto de ver gente, y más gente. Así que la vuelta a casa ha sido también a lo grande, el primer día nos hemos vuelto a enfrentar -ya sin histerismo- a esos tratamientos preventivos en la cabeza enredada de mi niña y a la reflexión sobre la biología humana. Son tres, una niña y dos niños. Cada uno, ya sabéis, tiene una historia particular. Podríamos hacer estudios sobre qué es genético, qué heredado culturalmente, qué familiarmente, etcétera, en mi casa hay conejillos de india para todos esos experimentos. La etíope ha salido más de La Coru que ninguno. Sin embargo, tiene un orgullo genético distintivo de su raza. El que es hijo de la ciencia, el segundo, es el más hormonado en un sentido, hipersensible a la naturaleza y a la belleza, es el poeta. Y el tercero, que es hijo del instinto humano, siendo varón como el segundo, no se parece en nada a él, pero sin saber por qué hereda del abuelo el gusto por el fútbol hasta extremos desoladores. Si se le pregunta cómo se llama, responde que Messi (a veces Villa). Se levanta y se pone la camiseta del argentino, golpea cualquier cosa con la pierna derecha, se traga cualquier partido en la tele, y la última que me exige es de libro: se toma el bibe de desayuno y me pide (y no es una coña) que le abra el periódico por la sección de deportes. ¡Que tiene dos años!! Pero hoy me ha enternecido su estímulo futbolero, cuando a las nueve me pidió arrepentido que le quitara el paquetón lleno de pis: ¡Mamá, que Messi no tiene pañal!

Otro estudio sobre la no conciliación

Escrito por sandrafaginas
20 de febrero de 2011 a las 22:49h

Acabo de ver publicado en la web de La Voz que hay un nuevo estudio sobre la no concilación, según el cual el 85% de las mujeres españolas que trabajan renuncian a tener otro hijo. Y el 51% no los tienen por no poder llevar lo de casa y lo de fuera. Y entonces me he acordado de una cita un tanto pedorra, es de Alfonso X el Sabio, ¡dónde queda ya!, en la que explica por qué a la unión del hombre y la mujer se le llama “matrimonio” y no “patrimonio”. Vamos, que por qué pringamos siempre nosotras: mater frente a pater. Y dice así:

Matris et munium, son palabras de latin, de que tomo nome matrimonio, que quier dezir tanto en romance, como officio de madre. E la razon por que llaman matrimonio al casamiento, e non patrimonio, es esta. Por que la madre sufre mayores trabajos con los fijos, que el padre. Ca como quier que el padre los engendra, la madre sufre muy grand embargo, con ellos, demientra que los trae, e sufre muy grandes dolores quando han de nascer, e despues que son nascidos, ha muy grand trabajo en criar a ellos mismos por si. E demas desto, por que los fijos mientras son pequeños, mayor menester han de la ayuda de la madre que del padre. E por todas estas razoes sobre dichas, que caben a la madre de fezer, e non al padre: por ende es llamado matrimonio, e non patrimonio”.

 Con estos antecentes creo que sobran las palabras. Llevamos ya muchos siglos encima como para soportar más, creo que ya va siendo hora de que dejen los estudios (que han venido bien) y se pongan a ejecutar de una puñetera vez las medidas para que las mujeres que trabajan fuera no tengan que andar haciendo este sobreesfuerzo que todas tenemos encima. Yo no quiero ya más ayuda de mi marido, quiero ayudarlo yo, quiero que piense todo lo que tengo que pensar yo antes de salir de casa para trabajar y que siga pensando todo lo que pienso yo cuando vuelvo a casa. Estoy deseando delegar, deseando ayudar… Y entiéndase esto desde quien tiene toda la ayuda del mundo (pagada, sin pagar, del marido y de las abuelas). Me gustaría que los dos nos ayudásemos.

Basta de quejas y de estudios. A quien me lea, le propongo iniciar una batería de medidas concretas que favorezcan la conciliación. Va la primera: “que de una vez desgrave a Hacienda el tener contratada a una persona para el cuidado de niños”. Es un caso concretísimo. Muchas familias pagan ya como una empresa a un trabajador con todas las de la ley, como debe ser y debió ser siempre, con su contrato, sus vacaciones, su horario, etcétera, etcétera, sin recibir a cambio ni siquiera un pequeño estímulo.

 

 

Tengo celulitis…

Escrito por sandrafaginas
15 de febrero de 2011 a las 20:55h

Empezar con una confesión personal no es buen síntoma si se trata de este tipo de confesiones. Pero ya estoy harta de leer en revistas y en suplementos de belleza toda la artillería de aparatejos y soluciones inverosímiles para lo que ya no tiene remedio. Y así de repente me he puesto a pensar que un poco de ejercicio me vendría bien (no solo subir los cuarenta peldaños del colegio que es lo único que hago además de agacharme con los críos), y también unos masajes. Eso me vendría muy bien para quitarme este descolgamiento. Pero mientras pienso todo esto, me he dado cuenta de que me vendría bien simplemente ponerme un poco de crema reductora después de la ducha, o quizás un poco de crema hidratante en el cuerpo (recuerdo que hubo un tiempo que hacía eso antes de … antes de… ¿había antes antes de ahora?). Claro que me vendría bien tener un poco de tiempo para ducharme con calma. ¡La ducha! Sí, me aguanto con la celulitis si a cambio me puedo duchar sin gritos y con la puerta cerrada… Hace seis años que no lo hago, ¡qué exageración!

El tiempo

Escrito por sandrafaginas
3 de febrero de 2011 a las 10:19h

Cualquier madre sabe que si ya el tiempo es relativo, con los niños es superrelativo. Vamos, que ellos sí que están perdidos en busca del tiempo. La mía, la de 6 años, está obsesionada con la hora y con el tiempo atmosférico. Todos los días se pone el reloj y si se le olvida para ir al colegio es una tragedia, pero una verdadera tragedia. De esas de tener que volver a por él y de armarla en el ascensor. Sí, ella ha aprendido las horas y entonces quiere controlarlo todo, saber si le quedan cinco minutos de recreo o si hay por delante 3 duras clases. En realidad, no sé si luego en el colegio lo mirará mucho, ¡pero como es de Hello Kitty!!! (-puta gata de mierda, qué dirían mis compañeras de al lado-) pues lo llevará también para enseñárselo a sus amigas, en plan competencia desleal. Pero también le interesa el tiempo atmosférico, y cuando coge el periódico en la puerta (somos de esos privilegiados)  lo primero que mira (además de los ocho errores) es el tiempo. Se revisa el mapa de Galicia de arriba abajo, y me describe mejor que Mariano Medina todo lo que va a pasar en  tres días, que si sol, que si frío, que si lluvia… ¿Por qué les dará por ahí? Aunque lo mejor es cuando, pasada la Navidad, me soltó en plan confidencia -y es literal-: “Mamá, una vez pasados los Reyes, por mí podía ser primavera”. Y en esas andan, contando a su manera cuántos meses quedan para sus cumpleaños, quién cumple primero, cuánto falta para el verano, cuánto queda para ir a la playa, cuándo será carnaval, si queda mucho para que vuelvan los Reyes otra vez. Todos los días preguntan y se pelean por lo mismo, el tiempo. Esto es seguido y multiplicado por tres, con dos que no se coscan de nada, que no saben ni siquiera en qué día viven, pero que preguntan ya por el verano. Así viven, como me dijo el pequeño (de 2 años) el viernes pasado mientras yo me duchaba (hay que imaginárselo recién levantado, en pijama y con el chupete, pegado a la mampara): “¿Mamá, hoy es martes?”. ¡Cómo si le importara! “No, hijo, hoy es viernes”. Y entonces siguió la ronda y le preguntó a la hermana: “¿Sara, hoy es martes?” “No, nené, hoy es viernes”… Eso sí, cuando se sube al coche, todavía me pide los “peces en el río”, así que algunos deseando que acaben las fiestas, y otros seguiremos en pleno agosto con el “beben y beben y vuelven a beber”. Ni la marmota sale de este agujero de imprecisión temporal… ¿Qué día es hoy, por cierto?

Suplantación de identidades

Escrito por sandrafaginas
24 de enero de 2011 a las 14:57h

La locura diaria con los hijos supone un perderse en la imaginación que ya querrían para sí los mejores guionistas de televisión. De ahí que los padres seamos como aquel Zelig de Woody Allen y nos vayamos amoldando en el juego a sus necesidades, según los críos vayan pidiendo. En mi casa, por ejemplo, eso ya lo he contado aquí en alguna ocasión, tuvimos una temporadita larga una época disney, con princesa incluida: “Venga, Cenicienta, arrriba que son las ocho”. Que luego se prolongó en forma masculina: “Buzz LightYear, a la cama, que mañana hay cole”. Esa suplantación de identidades es un clásico. Como todas las imitaciones de ellos, más de ella, si cumplimos con las estadísticas (Hannah Montana, Antonella, Shakira, etcétera). Pero lo último en mi dulce hogar es que se conviertan en uno de sus compañeros del cole, en uno más del día a día, en otro ser normal y corriente de su edad que por una circunstancia especial les ha hecho gracia en un momento puntual de las ocho horas diarias que pasan juntos. Así que ayer, de sopetón, me encuentro con que dos de mis hijos se habían intercambiado por dos amigos, Arturo y Jorge. Y con esa naturalidad impuesta de repente di de cenar a mi “nuevo hijo Arturo” y a mi ‘nuevo hijo Jorge’. Pero lo mejor es que además de que no te hacen caso si no los nombras correctamente, entre ellos no se dirigían la palabra más que con esa nueva personalidad: “Quiero jugar con Jorge, mami, ¿puedo ir a su habitación ahora?”… A mí, un domingo, a las nueve de la noche la cabeza ya me da para poco, pero entré lógicamente en el juego de roles, esperando a que el sueño deshiciese el final de la historia. Pero hoy por la mañana, cuál fue mi sorpresa, que el lío continuaba. Me había hecho muchas veces a que en casa tenía a Messi y a Casillas jugando en el pasillo, con la camisa puesta, por supuesto, pero que Pablo y Martín se hayan convertido en Jorge y Arturo, que además conozco a las madres, me ha sobrecogido un pelín. Pero como dice el eslogan, donde caben dos, caben tres. Así que los he recibido con ánimo, qué remedio. ¡Ahora que a lo mejor por la noche me encuentro en la cama a Don Draper, el de Mad Men, y me llevo otra alegría!!

Pequeños trabajitos imprevistos

Escrito por sandrafaginas
18 de enero de 2011 a las 10:06h

Con los niños hay situaciones especialmente ridículas que uno tiene que ir superando con la naturalidad habitual. A mí ya me ha pasado que en el ascensor mi hija en medio minuto le contase las intimidades más íntimas de nuestra casa al primer vecino que se subiese, y he tenido que responder, gracias a ellos, a preguntas incómodas en momentos clave. Pero luego están todos esos pequeños momentos ridículos que querrías evitar a toda costa y que te llevan, por ejemplo, a refregarte por el suelo ya a última hora de la tarde cuando te recoges de un domingo al aire libre y paseo porque a tu niño se le ha quedado el balón encajado debajo de un coche. Y ahí no vale decir no. Ni siquiera pensarlo. Ni mucho menos no intentarlo. Ahí lo que te queda, como le pasó el otro día a un íntimo amigo, es -a pesar del frío y de la lluvia y de la hora (noche cerrada)- agacharte, extenderte totalmente en el suelo, mancharte la ropa y el abrigo, hacerte con un palo largo en medio de donde estés y conseguir el objetivo. Estas cosas pequeñas del día a día son las que los padres resolvemos con la imprevisión que tienen continuamente. Que estás en el coche, justamente se le cuela por la ranurita del asiento la postalilla que tenía entre las manos y que es imprescindible para él. Y entonces sacas del bolso cualquier artilugio y racarraca lo intentas todo para salvar a tu niño del llanto. Y te afanas obsesiva mientras sueltas el clásico (¡Venga, tranquilo, no llores, vale? Que mamá ya te lo arregla). Con los juguetes otro tanto, si se le rompe el brazo a la Barbie recoses el brazo de la Barbie; si encaja unas monedas en la caja registradora por el único agujero que no debía, pues te vuelcas con destornillador en mano en la tarea de recuperar la recaudación. Cuando no estás secando al sol aquello que mojaron en el baño, o que colaron por el váter, etcétera, etcétera. Y así día tras día, mientras ellos discurren jugando, tú discurres cómo resolver todos estos pequeños trabajitos que nos mandan… los hijos.

Por fin llegaron!!

Escrito por sandrafaginas
6 de enero de 2011 a las 9:40h

A las ocho, así en punto, nos arrancaron de la cama. Los tres entraron en el salón cuando aún era de noche fuera y solo se veían las luces encendidas en mi casa. Y hubo gritos, y aplausos, y más gritos, “¡¡lo que me pedí, lo que me pedí, mamá!!”. Porque los Reyes cumplieron. La Nancy (la nueva y la antigua), los Gormiti, los cacharritos, los cuentos, la plastilina, las películas… Su padre y yo en estos momentos parecemos encargados de Sogama, y nos hemos afanado en el un reciclaje de papeles, cartones y plásticos para dejar el mayor orden posible por lo que nos espera a la vuelta. Porque ahora, que son las 9 de la mañana, y ya hemos desayunado el roscón (sin cola, pero roscón) aún tenemos por delante una infinidad de visitas para seguir con la recogida de paquetes: abuelos, tíos, bisabuelos… Son tres y la mayor se ha dado cuenta en estos momentos de la ventaja de ser tres: ¡Cuántos regalos, mira, qué suerte como somos tres!! Aunque su reflexión a la hora del desayuno también fue magnífica: ¿Mamá, cuál es el día que más te gusta del año? Su respuesta es clara. Ahora los tres están jugando juntos en pijama y haciendo recuento de lo que tienen alrededor.

Examen tipo test

Escrito por sandrafaginas
5 de enero de 2011 a las 11:17h

Son las 4 de la mañana (hora real) y mi hija Sara no puede dormir por la emoción. Son las 4 de la mañana y la acurruco en mi cama mientras empieza un examen tipo test.

1. Mamá, los Reyes cuántos años tienen? Tienen todos los mismos años? (Deduzco que a alguno lo ve más envejecido)

Respuesta. Muchísimos, no ves que son magos, pero duérmete que si no no vienen mañana.

2. Mamá, Baltasar realmente es de Oriente?

Respuesta a una hija nacida en África. A ver, es de Oriente, pero probablemente su ascendencia sea africana, sí, pero llegar llegó de Oriente. Pero duérmete.

3. Mamá, qué les vamos a dar de comida a los Reyes?

Respuesta: Ya veremos, habrá que ponerles agua a los camellos, y algún dulce para comer. Mañana lo pensamos. Duérmete.

4. Mamá, exactamente por dónde entran en casa?

Repuesta: Me imagino que por la puerta, pero ya sabes que son magos… Lo importante es que si os portáis bien os dejan regalos. Pórtate bien y duerme que si no mañana vas a estar cansada en la cabalgata.

5. Mamá, los Reyes que vimos hoy no son los de verdad, los de verdad llegan mañana, no?

Respuesta: sí, los de verdad llegan cuando estéis muy pero  muy dormidos.

LA CUENTA ATRÁS YA HA EMPEZADO, MAÑANA ESTA CASA SERÁ UN FELIZ CAOS.